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Zidane y la fuerza de la niñez

Zidane y la fuerza de la niñez

Escrito por: Antonio Valderrama27 mayo, 2017
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Cuando Florentino Pérez fichó a Zinedine Zidane en el verano de 2001, sólo tres jugadores de la plantilla actual del Real Madrid tenían más de 15 años: Pepe, Modric y Ronaldo. Uno de los enigmas que más han perturbado a periodistas y opinadores habituales de la prensa deportiva española ha sido el truco de Zidane para mantener hipermotivados a todos sus futbolistas a lo largo de los meses. Incluso la recuperación taumatúrgica de un desahuciado como James ha causado pavor y espanto: ¿cuál es el secreto de este tío?, se preguntan, mientras en torno a su madrid los debates estériles, propios de este subgénero periodístico, no han cesado, según el momentum de la campaña. Keylor o Kiko; Nacho o Danilo; Isco o Bale; Morata o Benzema. Tenían la clave del asunto frente a ellos, todos los días. Incluso les daba una rueda de prensa todas las semanas, en la víspera de cada partido.

El acto de presentación de Zidane como jugador madridista tuvo lugar en la vieja ciudad deportiva. Lo esperaban más de 300 periodistas acreditados de medios de comunicación de todo el mundo. Se dispararon los derechos televisivos, y las audiencias, incluso de los amistosos que el Madrid jugó aquel verano en España y en Europa. El impacto de su fichaje, como seguramente calcularía Florentino, alcanzó una magnitud todavía mayor en el plano emocional: toda una generación de niños madridistas, también de no madridistas, crecieron fascinados por el halo místico que envolvía a Zidane, un hechicero de fútbol magnético que blasonó mejor de lo que el presidente Pérez hubiera imaginado la política con que éste llegó al Bernabéu el verano anterior: evangelizar al mundo, convertir el madridismo en una fe global.

Toda una generación creció fascinada por el halo místico que envolvía a Zidane

Isco, James, Morata, Asensio, Kovacic, Varane, Marcelo, Bale y Benzema son algunos de esos niños. El Madrid del Zidane entrenador es hijo del Madrid del Zidane jugador. El otro día, en la tele del club, Asensio contaba que dormía en su habitación con un póster del 5. El carisma es una cualidad innata que distingue a los líderes que lo son por naturaleza. Zidane, a lo que parece, tiene la inteligencia y el talento necesarios para gestionar esa herencia moral y convertir el embrujo inicial en una fuente de motivación para sus futbolistas. El ejemplo de lo contrario es Maradona, quien fracasó dirigiendo a la selección argentina en un Mundial partiendo de la misma posición que Zidane: el altar del ídolo absoluto, ante cuya efigie los egos y las vanidades de titulares y suplentes se diluyen y van a parar a una laguna que se parece a un bálsamo. Por que, ¿quién puede reprocharle algo al ídolo de la infancia? Esas cosas se llevan en lo más dentro del hombre, que es el recuerdo de la niñez, lo que los cursis llaman la única patria del ser humano. No sé si es la infancia es una patria, pero sí que es un territorio luminoso que pervive con mucha fuerza en la edad adulta.

No vale sólo con el carisma, ni siquiera con representar lo mejor y más santo en la imaginación de unos chavales ensimismados por el héroe. Tampoco con tener buenos futbolistas: Maradona tenía todo eso. Sin embargo, Zidane ha modulado el bagaje moral inherente a su figura, haciéndola fuerza motriz de su dirección técnica. Le ha dado a cada uno lo suyo, poniendo en evidencia que en la aristocracia del fútbol es más importante convencer a los jugadores de lo que pueden hacer, que enseñarles a jugar. Casi nunca nadie en su lugar dispuso de tanto talento acumulado en una misma plantilla madridista; acertó donde técnicos con más experiencia y reputación fracasaron. Se habla de la repartición de minutos y protagonismo como un éxito menor de Zidane, consecuencia de la inercia competitiva del vestuario: el legado de los entrenadores vedettes todavía es poderoso en analistas y aficionados, deslumbrados por el afán absolutista de Mourinho, Guardiola o Klopp. Zidane puso a jugar en su equipo a los niños que lo veían embobados a él por la tele. Ahora son sus soldados. Como los mejores generales de la Historia, le acompañan sus legiones porque están convencidas de que a su lado la victoria es inevitable.

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio