Las mejores firmas madridistas del planeta

Tápense

Escrito por: Jesús Bengoechea6 diciembre, 2016
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El muy meritorio empate del Real Madrid en el Clásico del sábado, sobreponiéndose a una incalificable actuación arbitral, ha sido el salami de un sándwich mediático de gusto raro. Salvo La Galerna y alguna otra excepción, los medios no se han manifestado por la labor de denunciar el espolio sufrido por el Madrid a manos de Clos Gómez, habiendo optado en cambio por un batiburrillo ininteligible de informaciones sobre supuestas evasiones fiscales de jugadores del Real Madrid (con Cristiano Ronaldo al frente) en el que por no entenderse no se entiende muy bien ni de dónde viene el mensaje. No se entiende, por ejemplo, si realmente hay ciertos jugadores del Madrid que están siendo investigados por evasión fiscal, si podrían haber sido investigados pero ya no aunque a lo mejor sí, o si las propias informaciones publicadas por los medios podrían instar a Hacienda a investigar (con lo que el batiburrillo manifestaría implícitamente su vocación de profecía autocumplida). No se entiende tampoco, y he consultado con fiscalistas, desde qué versión retorcida de Back to the future se puede entender eso de que un jugador ha defraudado entre 2009 y 2020 cuando apenas estamos rozando el 2017.

Hay una cosa, en cambio, que se entiende perfectamente: que todo esto sobre lo que no se sabe casi nada se quiere equiparar a cosas que son sobradamente conocidas y que todo el mundo entiende a la perfección, a saber: que el FC Barcelona tiene varios jugadores no ya investigados sino imputados, y no ya imputados sino de hecho condenados por fraude fiscal, entre ellos su gran estrella Leo Messi. Y que de manera institucional el FC Barcelona ha sido no ya investigado sino imputado, y no ya imputado sino condenado por fraude fiscal en el escandaloso caso Neymar, que muy bien podría acabar con los huesos de la estrella brasileña en prisión si se estima en algún grado la demanda de la entidad DIS por un presunto delito de estafa en su fichaje por el club catalán. Los mismos que se saben protagonistas de todo esto, que ha trascendido la vía administrativa para pasar a lo penal, y que ha entrado en dicho territorio penal con resultado de condena sin cárcel para algunos y de posible cárcel para otros, pretenden que se equipare su miseria moral y legal con algo que por el momento, mientras no se demuestre lo contrario, no ha superado aún el ámbito de la especulación periodística. Es un caso flagrante de eyaculación precoz que demanda la pronta terapia de un especialista. Carles Vilarrubí tardó veintidós segundos en alcanzar el éxtasis, cuando casi ni habían comenzado los preliminares. “Que se juzgue a Cristiano del mismo modo implacable que se ha juzgado a Messi”, reclamó, entre aullidos de placer precipitado. Tápese un poquito, señor, que a su edad no son edificantes estos espectáculos de premura, más propios de adolescentes en sus primeros escarceos. Claro que no es el único. Mundo Deportivo alcanza hoy el éxtasis sin ni siquiera conocer a la chica: señala en portada al Real Madrid como “instigador” del presunto fraude de Cristiano mientras uno de los periodistas tras la investigación afirma taxativamente en la radio que esto es cosa de Mendes y que el Madrid no tiene absolutamente nada que ver en esta historia.

vilarrubi

De la noticia periodística a que se entienda la noticia hay un trecho. De que se entienda la noticia a que sea cierta hay otro trecho más. Entre que esa noticia sea probada y que derive en una investigación de Hacienda -confirmada por sus responsables, y no por quienes están deseando que sus responsables la confirmen- media un tercer trecho. Y aún faltan varios trechos más para que el Madrid se parezca en algo al Barça: que de la investigación se pase a una sanción administrativa, que de lo administrativo se pase a lo penal y que lo penal conduzca a la condena. Esta es (aparte de los seis puntos, que deberían ser nueve de no ser por Clos Gómez) la distancia actual entre un club y otro.

¿Pueden acercarse más? Sí. Pueden, y hay madridistas justificadamente preocupados por ello. Pero de momento no lo han hecho, y nadie sabe qué va a pasar. El madridismo, entre tanto, esperará para ver la evolución del asunto sin lanzar bochornosos hashtags al ciberespacio, sin proclamarse víctima de Aznar ni de Idi Amin y sin pretender ni por un segundo que sus ídolos no paguen por lo que deban pagar, si y solo si se demuestra que deben hacerlo. Si algún día Cristiano es condenado por fraude fiscal, como le ha pasado a Messi, el madridismo se sentirá en su mayoría triste y decepcionado por una conducta inapropiada de su jugador más querido. Pero estamos a años luz de que eso ocurra, tanto que podría no suceder jamás. Si no sucede jamás, el culerío lo atribuirá al buen hacer de Franco y seguiremos con las risas.

Tápense, señores.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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