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Sociedades Anónimas Deportivas

Sociedades Anónimas Deportivas

Escrito por: Angel Ruiz17 julio, 2019
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En verano de 1995 tuvo lugar uno de los momentos más pintorescos e icónicos de la historia reciente del fútbol español. Tras la decisión administrativa de descender a Sevilla y Celta por la no presentación de los avales requeridos a sus directivas, las aficiones de ambos equipos tomaron las calles de sus ciudades e iniciaron una presión que, tras varios acontecimientos que aún hoy hacen repasar la hemeroteca de aquellos días, acabó con la famosa y delirante decisión de inscribir a 22 equipos en Primera División. Se cumplían sólo tres años desde que la gran mayoría de los equipos españoles fueron obligados a convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas, y aún no había calado la idea de que un equipo de fútbol es, además de un descomunal catalizador de emociones, una empresa que debe ser gestionada con responsabilidad por sus administradores y directivos.

Se han vertido innumerables palabras en tertulias y artículos de opinión sobre la conveniencia de llevar a cabo, o no, el proceso de conversión del Real Madrid en Sociedad Anónima Deportiva. En 1992, el equipo blanco fue, junto a F.C. Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna, el único equipo de Primera cuya situación económica le permitió seguir compitiendo bajo la figura jurídica de club deportivo. Desde esa fecha, y tal vez como parte de la propia evolución económica y empresarial que ha experimentado España en su conjunto, hemos visto cómo se ha profesionalizado la gestión de aquellos equipos que fueron obligados a su conversión en S.A.D. -aún asustan las cifras de endeudamiento que presentaba el fútbol español en aquellas fechas-. Es difícil saber si esta mejora se debe a las exigencias de control y estabilidad financiera que afectan a las S.A.D., o si es fruto de la acción de unos equipos gestores que cuentan con estructuras de ingresos aún muy dependientes de los derechos de televisión, pero es una obviedad que la conversión llevada a cabo en 1992 fue determinante para la supervivencia de gran parte de los equipos de fútbol de este país.

Yo soy de los que opinan que, en términos de gestión, existe un cierto sobredimensionamiento del efecto de conversión de un club en S.A.D. Ya sea mediante la propia legislación de la figura jurídica del club deportivo, o del desarrollo de los Estatutos internos de éste, es posible conseguir mecanismos de control que garanticen la gestión responsable y empresarial de un equipo de fútbol, imponiendo la obligatoriedad de equilibrar las cuentas anuales de la entidad, o la presentación de avales que aseguren el compromiso de la Junta Directiva con la gestión del Club. De hecho, el Real Madrid es un ejemplo de gestión garantista, algo que acredita el equilibro contable continuado del club en los últimos ejercicios, así como la ejecución y/o renuncia de proyectos de inversión directamente vinculados al crecimiento y la estabilidad económica de la institución.

Llegados a este punto, es importante remarcar que sólo tendrá sentido renunciar a ser una S.A.D. si el marco de desarrollo y las posibilidades del Club le permiten seguir siendo competitivo. La figura del club deportivo impide el acceso al mercado de capital -mecanismo clásico del sector empresarial para la obtención de recursos-, con lo que toda la captación de ingresos del club se produce mediante la explotación de sus propios activos (entradas, merchandising, derechos de imagen, derechos de televisión, patrocinio, venta de jugadores..), y todas las necesidades de financiación u inversión dependen de financiación o de acuerdos de partnership ad-hoc. Pongamos el ejemplo de la reforma del Santiago Bernabeu. Una S.A.D. podría haber realizado una ampliación de capital, incrementando su patrimonio neto, y únicamente afectando a la dilución de los accionistas vigentes. Un club deportivo en el que la figura del accionariado no existe, sólo tiene dos posibilidades de acceso a ese capital: el endeudamiento público o privado (figura finalmente elegida para la citada reforma), o el acuerdo con un socio comercial (figura inicialmente planteada, canjeando el naming del estadio por el cash necesario para la reforma). Esta lógica es igualmente aplicable al mundo de los fichajes, con lo que podemos llegar a encontrarnos con un escenario -que puede llegar a ser limitante para el Real Madrid- en que la mayor facilidad en el acceso al capital sea determinante para que una estrella mundial acabe en un PSG o Manchester City, y no en el Real Madrid.

Otro de los elementos que suelen ser relevantes en la decisión de convertirse en S.A.D. es la pérdida de control del Club por parte de los socios. En el caso del Real Madrid, hay que partir de una premisa muy importante, y es que hablamos de una institución que -según estimaciones- cuenta con más de 125 millones de aficionados en el Mundo. Esta cifra pone de manifiesto la enorme dificultad de representar a todo el madridismo, ya sea mediante el Consejo de Administración de una S.A.D (formado por pocas personas), o incluso mediante la representación que ostentan los socios compromisarios (unos 1.200) que dan su voto cada año en la Asamblea General del Club. Es indudable que la permanencia como Club Deportivo ofrece una mayor calidad democrática y una cierta sensación de custodia del Club frente a terceros, ya que los Socios tendrán siempre la capacidad de relevar a una directiva si esta opera con ineficacia, o incluso mala praxis. De todos modos, los ejemplos de Sociedades Anónimas en el fútbol de primer nivel -con excepciones como la que afectó al Logroñés- demuestran que la conversión en S.A.D. no debe implicar, ni mucho menos, la aparición de lógicas de gestión irresponsables y ajenas al fútbol. Por utilizar una expresión coloquial, la historia del fútbol español nos demuestra que han aparecido tantos o más cortijos en el entorno de los clubes deportivos como en el de las sociedades anónimas.

Yo considero que el foco de atención no habría que ponerlo tanto en la figura jurídica elegida -que ya cuenta con mecanismos de control intrínsecos a su propia naturaleza-, como en el equipo de gestión. El Real Madrid lleva años siendo gestionado de forma eficiente y responsable sin haber llegado a ser S.A.D., -para ser justos, también hay que decir que hubo tiempos realmente oscuros- y tampoco es difícil imaginar que pueda seguir siéndolo si en un momento dado la figura jurídica del Club fuera otra. Es mucho más relevante el nivel del equipo de personas encargadas de llevar la gestión, algo que no está -la historia así lo demuestra- directamente vinculado a la figura jurídica de la institución.

No podemos saber qué ocurrirá en el futuro, pero sí podemos anticipar algunas cosas: llegará un día en que los equipos españoles podrán cotizar en bolsa, y cuesta imaginar que esto no tenga un efecto de arrastre para Real Madrid o Barcelona. También seguirá normalizándose la aparición de grandes fortunas o grupos empresariales que usen su poder económico para controlar y gestionar equipos de fútbol de diferentes magnitudes, hecho que tendrá un impacto en el nivel competitivo de muchos de ellos. De igual modo, los mecanismos de control tanto nacionales como internacionales seguirán desarrollándose -el Fair Play Financiero es un claro exponente-, y también seguirá habiendo modificaciones jurídicas en la naturaleza de los clubes deportivos o las sociedades anónimas deportivas. Todo ello hace difícil precisar hacia dónde se dirigirá un Real Madrid que se ha apartado explícitamente de su conversión en S.A.D. pero creo que es apropiado que el debate se pueda desarrollar con normalidad en un entorno de naturaleza tan cambiante que derriba por pura inercia los pronunciamientos categóricos.