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Real Madrid de ajedrez

Real Madrid de ajedrez

Escrito por: Federico Garcia "Lurker"30 junio, 2019
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Esto no va a ser fácil. A ver, que levanten la mano los que sean partidarios de crear una sección de ajedrez.

Era de esperar. Gracias, mamá, ya puedes bajar el brazo. La verdad es que me imaginaba que la propuesta no iba a ser recibida con gritos de entusiasmo, precisamente. Pero déjenme que les explique. Pónganse cómodos.

Desde hace muchos años, el Real Madrid es un club con sólo dos secciones: la de fútbol y la de baloncesto. Pero eso es algo circunstancial: ni siempre fue así ni tiene por qué seguir siendo así en el futuro; cuando Manolo Santana ganó el torneo de Wimbledon en 1966, vestía una camiseta del Real Madrid, y ese trofeo luce en nuestras vitrinas como prueba de que en una época tuvimos una sección de tenis, de la que, por supuesto, formaba parte el mejor jugador español (y digo sólo el mejor de los españoles, porque en los años sesenta no era realista pensar en tener a Rod Laver en nuestras filas).

De hecho, son docenas las modalidades deportivas que han tenido su hueco en el Real Madrid, entre ellas algunas tan entrañables o exóticas como la petanca, el remo, la pelota, el boxeo y la esgrima.

Si están ustedes pensando que aquello no pasaría de ser un detalle folclórico, unos meros coros y danzas, o adornos florales para lucir en los desfiles, permitan que les diga que se equivocan de medio a medio: junto al mencionado trofeo de Wimbledon que ganara Santana para el Real Madrid en 1966, podemos presumir de varios campeonatos de España en disciplinas tan variadas como el béisbol, la pelota (en pala y en cesta punta), el balonmano, la halterofilia y la lucha grecorromana, así como de dos campeonatos de Europa de boxeo (¿les suena Fred Galiana?), un récord nacional de lanzamiento de disco (del polifacético Miguel de la Quadra Salcedo) y uno del mundo de 1500 metros (gracias a José Luis González). No sigo, para no aburrir con datos. Pero queda claro que no se trataba de comparsas. Alberto Cosín escribió hace tiempo un magnífico artículo, un alarde de erudición, cuya lectura recomiendo. El que está usted leyendo en estos momentos va enfocado a una disciplina casi marginal y algo exótica.

Y el ajedrez, ¿qué? Otra vez campeones de Europa, ¿no? Pues no, campeones de Europa no hemos sido nunca, por la sencilla razón de que los españoles no hemos pintado (casi) nada desde los tiempos de Lucena y Ruy López, pero dentro de nuestras limitaciones, el Real Madrid ha mantenido una división de ajedrez en la que han militado los primeros espadas del país, encabezados por el legendario Arturo Pomar, acaso el único ajedrecista español al que se pueda calificar verdaderamente de popular. Junto a él, hemos contado con notables jugadores, entre los que no puedo dejar de nombrar a José Sanz Aguado, que dejó para la historia una partida (Ortueta – Sanz, 1933) con un extraordinario remate. Con Pomar, Sanz y otros deportistas conquistamos varios campeonatos nacionales, tanto en individual como por equipos.

La sección de ajedrez del Real Madrid se clausuró hace muchos años, y seguramente nadie la echa de menos. Pero yo me atrevo a lanzar la sugerencia, puede que temeraria, de volver a abrirla, ahora que se dan varias circunstancias favorables (entre otras, el asunto del fútbol femenino) . Con la venia:

  1. La división de ajedrez facilitaría la penetración de la marca “Real Madrid” en tres mercados enormes y poco explotados por nuestro club: el ruso, el chino y el indio. Rusia es la gran potencia histórica, donde la popularidad del ajedrez es inmensa; el Real Madrid podría potenciar su imagen incorporando al equipo a jugadores como Karjakin (que fue aspirante al título mundial), o los jóvenes Artemiev y Fedoseev. China es el futuro (que ya está aquí); seguramente el próximo campeón del mundo será un chino; Ding Liren y Wang Hao serían unos fichajes magníficos, el jovencísimo Wei Yi podría ser el Vinicius del ajedrez. La India, además de tener una gran tradición, es la patria del anterior poseedor del título, Vishy Anand; traerlo a Madrid a que dejara aquí sus últimas gotas de talento sería un acierto indudable, y no debe de resultar muy difícil, puesto que vivió bastantes años en Collado Mediano, cerca de Madrid.
  2. Nuestra principal baza es el actual campeón mundial de ajedrez, el noruego Magnus Carlsen (¡qué nombre tan madridista!), declarado seguidor de nuestro club. Con motivo de su vigésimo tercer cumpleaños realizó el saque de honor en el partido Real Madrid – Valladolid de liga, y se le veía entusiasmado. No creo que costara convencerlo para que fichara por un equipo de ajedrez llamado Real Madrid. Sin duda, sería el Alfredo Di Stéfano de la sección.
  3. En ajedrez no hay razón para distinguir entre hombres y mujeres, lo que nos ofrece una ocasión pintiparada para romper moldes. Ni sección femenina ni gaitas. Yo incluiría en el equipo, junto a los varones citados y con la misma tarea, a la china Hou Yifan, a la india Koneru Humpy y a las hermanas Muzichuk (de Ucrania), reforzando los mercados asiáticos y de la Europa del este. Además, escogería como entrenadora y directora general del equipo a un mito como Judit Polgar. Arrasaríamos.
  4. Ahora que en España estamos atravesando una de nuestras mejores épocas podríamos acompañar a esa pléyade de figuras con jugadores nacionales de calidad. Iván Salgado, David Antón y Paco Vallejo (que ya inicia su declive, pero aún tiene varios años buenos por delante) podrían ser los Isco, Asensio o Nacho del equipo de ajedrez.
  5. Junto a ellos, también cabe pensar en algún veterano dispuesto a terminar aquí su carrera con honores. Además del citado Anand, estoy pensando en Topalov, en Adams o en un jugador extraordinario y poco conocido: Simen Agdestein, que fue profesor y entrenador de Carlsen y reúne dos condiciones inusuales, pues además de haber sido campeón de Noruega de ajedrez también ha sido internacional con su selección de fútbol.
  6. La inversión no tendría por qué ser muy alta; los sueldos de los ajedrecistas están muy por debajo de los de otros deportistas, con la posible excepción de Carlsen, y la repercusión sería enorme. Apuesto a que se le sacaría rendimiento en pocos años, quizá desde el principio.
  7. Un argumento oblicuo, que contribuye a apoyar la propuesta, recoge la tradición reciente del torneo de Linares, que fuera el más prestigioso del mundo hasta su desaparición hace diez años. El recuerdo sigue fresco, y un club de ajedrez llamado Real Madrid podría aprovechar el tirón y las sinergias indudables.
  8. El ejemplo del Real Madrid podría estimular a otros clubes con solera; en Holanda se disputa anualmente el torneo de Wijk aan Zee, y en Alemania el de Dortmund, ¿no sería precioso disputar la copa de Europa de ajedrez frente a un Ajax o un Borussia?

 

El proyecto está apenas esbozado; hay muchas dificultades que vencer y muchas preguntas que responder. Quizá al principio leeríamos en las crónicas párrafos como “avanza Carlsen con la torre hasta la línea de fondo, donde le sale al paso Caruana con su caballo y despeja el peón al centro del tablero; Karjakin le pasa el alfil a Yifan que se interna en diagonal hacia el área rival donde Anish Giri consigue alejar el peligro cuando Vallejo se disponía a dar jaque de cabeza”, pero los periodistas terminarían por aprender (algunos). También hay que resolver la cuestión de los horarios de emisión, por tratarse de un deporte violento, del que habría que proteger al público infantil, y el asunto de la colocación de las cámaras, los comentarios técnicos, los arbitrajes y muchos otros, pero ninguno de esos problemas es irresoluble.

Con todo, reconozco que la idea es descabellada, ¡por eso la propongo! Antes de que los amables enfermeros que me han regalado esta camisa terminen de atar las mangas a la espalda, déjenme concluir: el Real Madrid ha llegado a ser lo que es por atreverse con proyectos visionarios, en los que no creían las personas sensatas, y por realizarlos a lo grande, con los mejores del mundo. Ese es el reto que planteo, el guante que lanzo aquí. Quedan muchos detalles por discutir, mucho por limar, corregir y descartar; pongámonos a la tarea.

La partida es larga, pero yo me atrevo a comenzarla con una jugada audaz, que declara mis intenciones de jugar al ataque: 1.e4

Mueven negras.