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Once razones por las que "Sin Perdón" es madridista

Once razones por las que "Sin Perdón" es madridista

Escrito por: Roberto Santiago31 mayo, 2020
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A propósito del 90 cumpleaños del actor, director, productor y músico Clint Eastwood, a continuación una pequeña reflexión acerca del carácter madridista de su gran obra maestra: “Sin Perdón”.

 

Lo voy a decir cuanto antes: 1992 fue el mejor año de la historia del cine. Es una opinión totalmente subjetiva, por supuesto, como todo lo que voy a escribir aquí. Pero se sustenta en algunas razones (y sobre todo en algunos títulos) de peso.

Ese año se estrenó Reservoir Dogs, una película que cambió la narrativa cinematográfica tal y como la conocíamos y alumbró al mayor fenómeno cultural (no solo cinematográfico) de los últimos treinta años, el señor Tarantino.

También se estrenó Algunos hombres buenos, la primera película del guionista que nos reventó a todos la cabeza y que sigue siendo escritor de cabecera para cualquiera que se dedique a esto: Aaron Sorkin. Mítico duelo final entre Jack Nicholson y Tom Cruise, diálogo que se estudia en todas las escuelas de cine.

Por supuesto, ese año se estrenó Leolo. Una película que marcó a toda una generación de cinéfilos y cinéfagos, entre los que me cuento, con su mirada única, melancólica, triste, soñadora y poética. Nunca la imaginación y la locura habían llegado tan lejos de la mano en una película.

Ojo, porque ese mismo año se estrenó El último mohicano, y eso son palabras mayores. Cada año la reviso, y me siguen dejando hipnotizado esos minutos finales en el acantilado con una alegoría sobre el suicidio y la supervivencia nunca antes rodada. Lanzó a Daniel Day Lewis como el mejor actor de nuestra época.

Esto será más controvertido, pero también llegó a las pantallas ese mismo año Instinto Básico, un fenómeno socio-cultural-cinematográfico que convirtió a Sharon Stone y su entrepierna en un icono eterno. Con un Paul Verhoeven en la cumbre de su sabiduría cinematográfica y un Joel Estherzas pionero de los guionistas de raza.

En España, tampoco fue mala cosecha. Con al menos tres películas que pasarán a la Historia: Belle Epoque, del mejor Fernando Trueba, que ganó merecidamente el Óscar y dijo aquel inolvidable “Quisiera creer en dios para darle las gracias, pero solo creo en Billy Wilder”. También se estrenó Jamón, Jamón con Penélope Cruz y Javier Bardem comiéndose la pantalla y avisando de que iban a ser los mejores actores españoles de toda una generación. Y sobre todo El sol del membrillo, elegida por la federación de críticos internacionales una de las cien mejores películas jamás rodadas, en la que el talento de Víctor Erice y del pintor Antonio López explotan y se multiplican, con un resultado que es pura dinamita para el alma, una alegoría sobre la creación y el trabajo como nunca se ha hecho.

Podría seguir, porque también se estrenaron ese año Los amigos de PeterJuego de Lágrimas, el Drácula de  Coppola, El lado oscuro del corazón, Regreso a Howards End, Maridos y mujeres, Glengarry Glen Ross o Un lugar en el mundo. Todas ellas obras maestras.

Pero 1992 fue el año de Unforgiven, aquí estrenada como Sin Perdón. La obra cumbre de Clint Eastwood como director. Y una de sus interpretaciones más sombrías, inolvidables y demoledoras. Nada más salir del cine, tuve la inmediata necesidad de volver a entrar a verla en la siguiente sesión. Para asegurarme de que aquello que había visto era real.

Era el final del verano, y recuerdo perfectamente el calor que hacía en el exterior del cine Roxy, en la calle Fuencarral. Después de ver en pantalla grande Sin Perdón (dos veces), regresé a casa aturdido y entusiasmado y extasiado y, como siempre que me sucede algo así, me puse a escribir. Ese fue el germen de mi primer guión cinematográfico, pero esa es otra historia.

Si alguien todavía no ha visto Sin Perdón, debería dejar de leer esto y correr a la pantalla más cercana que tenga a mano.

Y si algún madridista de bien no ha tenido el placer de disfrutarla, entonces, amigos, no es obligatorio su visionado, es absolutamente imprescindible. Estoy hablando muy en serio. No hay película más madridista a lo largo de la Historia.

Ahora sí, ahí van:

Once buenas razones por las que SIN PERDÓN es madridista.

Razón número 1. Te da lo que promete. Nada más y nada menos. Cuando se estrenó Sin Perdón, un crítico mencionó la falta de sorpresas como una carencia de la película. Al contrario: es una de sus grandísimas virtudes. No intenta sorprenderte, ni engañarte con fuegos de artificio ni giros de guión tramposos. Te promete una película cruda, directa, violenta, crepuscular, grandiosa. Y es exactamente lo que te da. Los madridistas valoramos mucho eso. No queremos giros inesperados de última hora. Queremos que el Real Madrid despliegue un juego espectacular y que gane y que sea el club más laureado de todos los tiempos. Sin sorpresas.

Razón número 2. Es una película ganadora. Hay otras películas de culto tan buenas como Sin Perdón (no muchas, en realidad). Sin embargo, muy pocas que desde el primer momento fueran un éxito rotundo. Con más de cien millones de euros de recaudación de la época. Y con el Óscar a Mejor Película por bandera. La Champions del cine. Sobre el paralelismo ganador del Real Madrid, es algo tan obvio que poco hay que añadir. Mal que les pese a muchos, por encima de otras muchas, la principal característica del club merengue ha sido y sigue siendo precisamente esa: su voracidad ganadora.

Razón número 3. Los mitos. El Madrid siempre ha sido un club mitómano. Nos gustan los ídolos (y por desgracia a algunos también les gusta derribarlos una vez que se han exprimido). Di Stéfano. Gento. Puskas. Amancio. Pirri. Del Bosque. Santillana. Raúl. Casillas. Zidane. Cristiano. Solo menciono once, pero la lista es muy larga. Ahora veamos los mitos en Sin Perdón: Gene Hackman. Morgan Freeman. Richard Harris. El propio Clint Eastwood. Es difícil, casi imposible, juntar a cuatro más grandes en una misma película. Nos gusta ver a los mejores codo con codo, defendiendo el escudo madridista. Es más, lo necesitamos. Y no hablo solo de los mejores en un momento determinado. Hablo de los mejores de la Historia, con mayúsculas.

Razón número 4. La cantera. Al lado de los fichajes estratosféricos, el Real Madrid siempre se ha caracterizado por potenciar su cantera. Jugadores formados en la casa, completamente desconocidos, que luego dan el salto al primer equipo, o a otros clubes. A todos nos viene a la memoria inmediatamente Míchel, Butragueño, Sanchís, Guti, o más recientemente el pirata Granero, o el gran Carvajal, muchos y muchos nombres inolvidables. Exactamente igual pasa en las películas de Clint Eastwood, y especialmente en Sin Perdón. A diferencia de otros directores, no necesita en absoluto que todos los roles estén interpretados por rostros conocidos. Siempre le da juego a nuevos talentos. Tras los cuatro mitos que he mencionado, ahí están Jaimz Woolwett (al que luego veríamos en infinidad de títulos como Nikita o El fugitivo) la maravillosa y en aquel momento desconocidísima Frances Fisher (después la hemos disfrutado en Titanic o Anatomía de Grey), o la propia Anna Levine (fabulosa en Amor a Quemarropa o hace poco en Bad Boys). La lista es interminable. Por cierto, nótese que todos los títulos en los que han terminado actuando después los “canteranos” de Eastwood son interesantes y muy loables, pero ninguno una obra maestra rotunda como "Sin Perdón". Exactamente lo mismo ocurre con los canteranos del Madrid que viajan defendiendo los colores de otros equipos.

Razón número 5. Soberbia y orgullo. A muchos les molesta ese orgullo madridista. Esas trece Champions, que doblan al siguiente club en títulos. Esa muchas veces mal entendi