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"Niños, alejaos del trol madridista"

"Niños, alejaos del trol madridista"

Escrito por: Mario De Las Heras13 marzo, 2016
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En lugar de estar leyendo La Galerna donde quiera que la lean habitualmente, imagínense que están sentados en el sofá de su casa, con una cálida temperatura de ambiente, recién empezada la digestión de una agradable comida y con el sopor creciente acariciando sus párpados, que aletean como mariposas mientras la luz anaranjada del atardecer se filtra entre las cortinas del salón sumiéndole en una paz tan perfecta como efímera.

Ahora piensen en la misma situación, pero en lugar de encontrarse bajo los efectos vivificantes de la placidez y el silencio del hogar, véanse en el campo, tumbados en una hamaca bajo una encina al tiempo que cantan las cigarras y un libro de cuentos de Scott Fitzgerald queda abandonado sobre una silla de hierro y una suave brisa acaricia su cabello y casi no puede sentir sus miembros, posesión que les recuerda el zumbido cercano y familiar del abejorro al que no temen.

Yo no sé por qué les estoy hablando de esto. Supongo que es una necesidad. La necesidad por la que uno escribe. El dolor que necesita ser paliado y que se atenúa a medida que aparecen las palabras sobre la pantalla. Yo me siento mejor cuando escribo. Salen las palabras y descanso como si a la vista las nubes enmarcaran, ayudadas por los árboles y los montes y la imaginación, un paisaje que me serena, dejándome a cubierto de mis propias tormentas.

bosque lectura

Hay gente que escribe y gente que escribe. Uno puede leer a esa gente que escribe en Twitter para paliar su dolor sin plantearse siquiera remotamente de dónde proviene, lo cual debe de suponer un peso insoportable. Es el tuitero trolificado, y en el caso que nos ocupa el tuitero trolificado madridista (evolución pornográfica del pipero, ante el que se ofende) que encuentra en el mejor equipo deportivo nunca conocido la tierra donde enraizarse. Al tuitero trolificado (de trol) madridista se le reconoce porque lleva invariablemente, y sin saberlo (podrán ustedes sentirlo pero no verlo), un moco colgando de la nariz y sorbe haciendo el efecto del yoyó, el moco-yoyó, como aquel de David el Gnomo.

Muchos de estos individuos probablemente no hayan visto nunca David el Gnomo, lo cual no significa que no provengan (sin saberlo ellos mismos, también) del mismo bosque. A los troles la luz directa les convierte en piedra, de ahí que siempre se presenten tapados, incluso suplantando gloriosos nombres madridistas, para cometer fechorías y proferir ofensas que ellos creen heroicidades y finos humorismos: el señorío ese tan violentado.

Naturalmente el trol tuitero madridista tiene un estilo de perros de paja característico (aunque tampoco lo sabe, no deben de saber nada) y un tono que sienten personalísimo y que para hacerse rico ya quisiera mi amigo Paco, el del puesto de frutas del mercadillo de los sábados por la mañana, que es un hombre muy educado y, naturalmente, pobre. Pero esto tampoco lo saben, por supuesto.

El trol tuitero madridista se cree un álter ego de Mourinho porque utiliza palabras y frases malsonantes e insulta por norma, edificándose orgulloso sobre su grosería, cuando Mourinho jamás hizo algo similar. Quizá uno de los mayores problemas del entrenador portugués sea que ejerce de tótem apócrifo de esa nación echada al monte (un monte sin nombre), y eso es algo que aquí, en la Galerna, intentamos reflejar como una anomalía.

Niños, alejaos del trol. No permitáis que el dedo en el ojo se convierta en la costumbre que nunca fue sino el error en vuestras jóvenes cuentas tuiteras. Leed La Galerna como manual de buenas y sanas y humildes costumbres (no a un servidor, aunque también, sino más bien a mis queridos y respetuosos y talentosos compañeros) donde el ritmo, como en casi todo, es el secreto para hacer buen o mal vino, pero vino al fin y al cabo. El vino se enriquece con el silencio. Las vides necesitan del silencio y de la quietud de la naturaleza, de la observancia de la verdad de los dones de Dios, de la música y de la literatura. ¿De dónde si no podrían salir semejantes añadas madridistas sin descanso, aunque acaben las temporadas sin premios?

¿Cómo puede ser menospreciado, tan ligeramente, tan vulgarmente, un caldo mítico como el Ronaldé- Bandol, o el Benzema-Conti o el Bale-Petrus? Hay paladares negados para el buen gusto, y debe de ser debido al moco, entre otras cosas, siempre colgante, siempre sorbido, que incapacita para el disfrute del vino y de las grandes cosas de la vida como es el Real Madrid. El tuitero trol madridista es incapaz de advertir la belleza de la flor blanca del cerezo que ya asoma a pesar de este invierno tan cambiante como el curso de este equipo. Y eso es como si no pudiera sentir la caricia del viento bajo una encina o el aleteo de sus párpados al atardecer donde yace el libro de cuentos de Scott Fitzgerald, esas mariposas que anuncian el amor que el pobre trol (llamémosle pobre, qué menos), inevitablemente, se perderá.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.