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Neymar y el puritanismo

Neymar y el puritanismo

Escrito por: Antonio Valderrama21 marzo, 2018
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Hay una cosa que pasa cada vez que el Madrid parece que quiere fichar a alguien, ahora que en los mentideros suena fuerte el rumor de Neymar, que siempre me llamó la atención. No es tanto una cuestión propiamente del club sino de los medios que viven de la actualidad madridista. Es el puritanismo que súbitamente se apropia del relato. El último ejemplo es este de Neymar que digo, relacionado directamente con el de Harry Kane, el otro jugador que viene ocupando titulares y portadas sobre el calciomercato. Cuando digo puritanismo me refiero a ese modo condescendiente que se apodera del tono de las noticias acerca de los posibles fichajes. ¡Y no sólo de los periodistas! El comentario sobre la vida íntima de los futuribles es la comidilla del aficionado, tanto en Tuiter como en la vida real. De repente, todo el mundo se vuelve juez de la vida personal de los futbolistas. Tal es el rictus colectivo con que se examinan las ganas de juerga de los muchachos o sus estados civiles, presentes, pasados y futuros, que en la ponderación estas circunstancias extradeportivas adquieren más peso que lo puramente futbolístico. Es interesante por lo anecdótico, aunque también revela uno de los rasgos sustanciales de la naturaleza presidencialista del club: el paternalismo institucional.

Lo extraigo de una nota publicada en ABC por Tomás González-Martín el pasado 7 de enero, en relación al supuesto interés del Madrid por fichar a Harry Kane: “Hay otros dos factores determinantes en el «informe del ciudadano Kane». El primero es deportivo y precisa que sus condiciones son complementarias a las de Cristiano, que necesita un ariete que fije a los centrales para entrar con más metros al remate. El segundo es privado: Se cuida como Nacho. Solo piensa en el fútbol. Bueno, tiene un único vicio, el golf, como Bale. Harry no bebe alcohol, no sale de noche, duerme nueve horas diarias porque sabe que para rendir en cada entrenamiento hay que llegar descansado. Vigila su alimentación. Lo mejor de todo es que es un hombre normal. No le gustan las candilejas de la fama, no sigue las modas de ropa ni de peluquería. Es tan discreto que para los paparazzi es aburrido. Nunca se dejará una cresta de pelo como Neymar. No vende. Mejor para él”.

Dicen que Florentino, cuando llegó a la presidencia por primera vez en el verano del 2000, se encontró apalabrado el fichaje de Diego Tristán, y que al preguntarle por su modo de vida para decidir si ejecutaba el traspaso o no, el sevillano le inquirió a su vez si quería fichar a un delantero o a una monja de clausura. La historia, probablemente apócrifa, está sin embargo en sintonía con lo que se escribe en los periódicos. En relación a esto el observador puede comprobar cómo cuando se habla del Madrid en la prensa emerge una especie de ente autónomo, impersonal, puede decirse que etéreo, llamado “zona noble del Bernabéu”.

La Zona Noble (es mejor usar las mayúsculas ya que tiene rango de nombre propio) es una cosa como el Club Bilderberg o Los Poderes Fácticos, quizá el análogo a Los Mercados de la prensa económica y política. Quizá uno sospeche que este sintagma aluda veladamente a Florentino Pérez, o por el contrario, no haya sino enmascarar la ausencia absoluta de fuentes fiables que sustenten dichas notas de prensa, aunque tratándose de periodistas españoles, y más deportivos, cualquiera sabe. Todo es posible. La Zona Noble es una vida propia, como una comisión superior o un Gran Hermano que todo lo ve y que tiene como cualidad más notable la ambigüedad: es un ente vaporoso que sólo emite juicios morales. “En la zona noble del Bernabéu gusta” o “no ha caído bien en la zona noble del Bernabéu”. Valgan dos ejemplos recientes. José Félix Díaz el 30 de diciembre del año pasado, en Marca, también sobre Kane: “por la zona noble del Santiago Bernabéu ya saben que tienen que fichar a un 9 y ese podría ser Harry Kane, el mejor goleador de 2017”. Hace poco, Fermín De la Calle en El Confidencial, un hombre notable por su antiflorentinismo y por su aversión a los hechos contrastados, sobre un supuesto conflicto entre Zidane y Florentino: “Demasiadas idas y venidas en sus declaraciones para el gusto de la zona noble blanca, donde prefieren dar la callada por respuesta y posicionarse siempre a favor del club".

La Zona Noble vigila por el cumplimiento de los requisitos de austeridad y buena conducta de todo el madridismo. Es la virtus del emperador Augusto, actualizada. Neymar es un jugador al que se ha vinculado con el Real Madrid desde que estaba en el Santos. Con la posibilidad de su llegada se polemiza más acerca de si sale mucho por la noche, su padre es un pillo codicioso, lleva crestas rubias y sube fotos a Instagram, que sobre su talento como futbolista. No es algo nuevo. Cuando Cristiano Ronaldo estaba por venir al Madrid se debatió mucho sobre si desestabilizaría el supuesto ecosistema del vestuario por aquel entonces, e incluso muchos madridistas puritanos desaprobaron su venida por las camisas extravagantes de Cristiano y su sólido amor propio. Es decir: Cristiano no respondía a los parámetros que esa mente colmena había establecido como los requeridos para ser jugador del Real Madrid. ¡Como si eso le hubiera hecho meter más goles!

Normalmente la preocupación por el estilo de vida de los jugadores se asocia con su nacionalidad. Brasileños y argentinos siempre están bajo sospecha, sobre todo los primeros, quizá por lo que decía Bernabéu de que todo equipo ganador que se precie no puede tener ninguno. Al contrario, ingleses, alemanes y holandeses siempre gozan de buena fama, puede que por el complejo de inferioridad hispano respecto de los países protestantes, aún en plena vigencia. Salvo Sneijder, claro, al que se empezó a motejar como Whiskey Sneijder por juntarse mucho con Robinho y bajar su rendimiento al segundo año de jugar aquí.

cuando cristiano estaba por venir se debatió mucho sobre si desestabilizaría el supuesto ecosistema del vestuario

El Madrid es una institución diseñada y moldeada por Santiago Bernabéu, el gran arquitecto y escultor. El presidencialismo paternalista y autoritario, omnisciente, con el que se maneja el club, tiene sus cosas buenas, muchas, y sus cosas malas. Como todo. Parece probado que el Real funciona muy bien de este modo aunque nada hace suponer a priori que no podría funcionar igual o mejor de otra manera. En cierto modo hereda modos antiguos de la España que lo alumbró, en la que se pagaba más a los futbolistas casados que a los solteros. Es fama que Bernabéu despidió a Rial por correrse una juerga en Río una vez que el Madrid estaba de gira por Sudamérica, y que Luis de Carlos multó con un millón de pesetas a Laurie Cunningham por salir de copas con la pierna escayolada. También aquella ocasión en la que Bernabéu hizo que una grúa se llevara el ferrari de uno de sus futbolistas de la Ciudad Deportiva por contravenir el código tácito de austeridad y sobriedad con la que se manejaba el club.

Todo eso se ha ido filtrando con los años a los hinchas, quienes, además, siempre encuentran placentero el juzgar las menudencias de sus ídolos multimillonarios aplicándoles un rigor moral extraordinario que es dudoso se exigieran a ellos mismos en sus propias vidas. Es difícil compaginar las necesidades de un club de fútbol profesional que, ítem más, no es uno cualquiera, sino el mejor, el más reputado y el que marca la pauta del resto, es decir, el líder de una industria colosal que mueve cantidades ingentes de dinero, con esta angosta moralidad comunitaria, cuasi espartana