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Raúl y su destino

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Raúl y su destino

Escrito por: La Galerna21 marzo, 2018
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Buenos días. Raúl quiere ser entrenador. Lo dice José Félix Díaz en Marca, que refleja el asunto en portada, y José Félix Díaz suele estar bien informado.

Raúl entrenador. ¿Acaso alguna vez no lo fue? Valdano lo descubrió, le dio la alternativa y al cabo de unos cuantos partidos llegó otro para el cual el argentino decidió dejarle en el banquillo. "Te estás equivocando", le soltó a quien se convertiría en su amigo. Tenía 17 años.

Parece por un lado la pose de un niño lleno de ego y furia, pero por otro es un entrenador maduro hablando a otro que no lo es tanto pese a parecerlo (a veces la experiencia es una cuestión de confianza). Se diría que Raúl le dijo a Valdano "Te estás equivocando" por razones completamente egoístas (era él, era Raúl quien se quedaba en el banquillo), y sí pero no. Era (ya) el entrenador Raúl enmendando la plana, con el descaro que luego le haría grande, a otro entrenador teóricamente más capacitado. La ira del futbolista abanquillado se daba la mano con la sabiduría del técnico en ciernes. Era verdad, Valdano se equivocaba.

Años después, en un entrenamiento, varios jugadores del Madrid correteaban lánguidamente, entre risitas y comentarios banales. El aliento de un perro en celo (huelga de celo) silbó de pronto en sus oídos, asustándolos. Era Raúl, que se les aproximaba por detrás con el ceño fruncido. "Si yo fuera vuestro entrenador, ya estabais todos en la ducha". Para entonces Raúl era ya todo un veterano. Veinte años tendría. Los compañeros a los que se dirigía le superaban en edad y (teórico) mando.

"Si yo fuera vuestro entrenador". De momento la cosa va a caer por su propio peso y Raúl va a ser el entrenador de alguien. Estaba escrito. No se puede soplar contra el viento. Tanta pasión por el juego, tantísimo carácter, tanta y tan desbocada ansia de ganar. Hay desenlaces forjados en la noche de los tiempos, a la luz desnuda de las estrellas. Raúl tiene que entrenar porque tenía que hacerlo, porque siempre tuvo que.

Desde que dejó el fútbol, Raúl ha flirteado con ocupaciones que han mosqueado no poco a parte de la afición blanca. Su efímero cargo como embajador de la Liga le condujo a abrazarse a Stoichkov y decir aquello de que de trabajar para el Barça, pues hombre, nunca se puede saber. Sus devaneos con la profesión de comentarista de televisión (al lado de Valdano, de nuevo) le llevaron a lacónicos comentarios que solo gustaron a Mascherano. Era un profesional ganándose el sustento y nadie (ni el más grande, es decir, Raúl) está libre de meter la pata. También, para qué negarlo, es posible que Raúl se sienta primero hombre de fútbol, y segundo ex jugador del Madrid, por mucha fuerza que tenga (que la tiene, huracanada) esta segunda condición. En esa dualidad se ha producido alguna perturbación en la fuerza. Nada que pese lo más mínimo si en el otro lado de la balanza situamos su compromiso pétreo, su desvelo perenne por la victoria y esa seriedad prusiana que le hace tan refractario a la derrota como cualquier otro madridista.

Sí, amigos. Esa es la grandeza de Raúl. Para Raúl es tan inaceptable que el Madrid pierda como lo es para ti. Y por eso las ligas y por eso el aguanís y por eso Old Trafford y por eso Ámsterdam y París y Glasgow y por eso el dedo en los labios al Camp Nou (ha dicho que no volvería a hacerlo y nosotros hemos dicho que por qué).

Hay muchas razones por las que Raúl ha vuelto al Madrid. Es posible que algunas tengan que ver con el cálculo, la prudencia y la desactivación de amenazas. Lo importante ahora es que está. Es un privilegio para el madridismo tenerle cerca, un lujo solo merecido por los más grandes (léase nosotros), y es una estupenda noticia que haya decidido que quiera entrenar. El Madrid y Raúl están hechos el uno para el otro.

Os dejamos las sosísimas restantes portadas del día porque querréis verlas.