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Modric en nuestro patio

Modric en nuestro patio

Escrito por: Rafa Moreno29 mayo, 2018
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Esto no es un patio de colegio. Aquí hablamos de profesionales que viajan en traje y corbata, de excelencia, de análisis, de rigor táctico y organizativo, de empresa, derechos de imagen y patrocinio. Hablamos de una estructura que debe funcionar y funciona como el reloj que mejor funciona del mundo. Hablamos de hipertecnificadas ciudades deportivas, de aviones y autobuses serigrafiados con escudos y logotipos, de medir cada pulsación, de registrar y calcular cada esfuerzo, de planes de trabajo y recuperación, de staff técnico y dirección deportiva, de 4-4-2 y 4-3-3, de contragolpe y posesión, de abrir por banda izquierda y desdoble, de venir a recibir para devolver en dos toques. De todo eso hablamos y sin embargo…

Esto no es un juego. Se trata de una responsabilidad y un oficio, se trata de cuidarse al máximo para estar a pleno rendimiento el mayor tiempo posible, el domingo y el miércoles, el sábado y el martes, en Liga y Champions, en Copa y en el Mundial de Clubes, con la selección y en un bolo de pretemporada, ya sea en China o en Wichita, ciudad del estado de Kansas. Cero bromas. El Real Madrid es el Real Madrid y aquí no se descansa, más o menos como Nueva York ha llegado a ser Nueva York precisamente porque Sinatra dejó cantado que I wanna wake up in a city that doesn’t sleep. Dormir es de vagos o de cobardes. Dormir es cosa de ociosos. La única acepción de dormir aquí admisible es aquella que asume la necesidad de tal actividad (de tal cese de toda actividad) porque hace posible el regreso a la acción con mayor brío, la vuelta al entrenamiento, a la carrera, al rondo, al test de resistencia, al paso siguiente, otro más, y luego otro y otro, ahora 13, pero ya a por la 14. De no parar hablamos, de seguir sumando y nunca restar, tal vez porque rest significa descansar y ya hemos dicho que aquí solo se descansa para no tener que descansar definitivamente. De todo eso se trata, casi con la lengua fuera, y sin embargo…

Y sin embargo, llega Luka Modric y se para. Llega Luka Modric y simplemente juega como quien solo sabe hacerlo en el patio de colegio, con toda la hondura insospechada de aquellos días que no volverán porque están siempre aquí. No es el pasado esa cosa que suele contarse para mayor temor y parálisis y añoranza del adulto que se supone que somos. No es ese cuento de brujas y espectros, esa neblina, ese fulgor del ya no, ese suspiro por recuerdo y a otra cosa. El pasado es Luka Modric sonriendo. El pasado es una de sus fintas con tirabuzones rubios, porque el rubio es el color de todas las fintas. El pasado es su mirada de niño travieso y sabio, profundamente sabio, de esos sabios que lo son porque saben que jugar por jugar es la mejor manera de jugar para ganar, de haber ganado ya de antemano. El pasado es el beso de Luka Modric a la decimotercera Copa de Europa del Real Madrid. El pasado es cerrar los ojos cuando se besa porque el beso va en serio, porque en el beso va el que besa, concentrado y decidido, agradecido y completo, ajeno a todo lo que no sea el beso porque en rigor qué puede haber fuera del beso que merezca la más mínima atención. El pasado es que basten apenas una foto, un gesto, un beso, un jugador y un trofeo para que vuelva a quedar claro que efectivamente aquí no se duerme porque en realidad se sueña. Aquí se trabaja, se entrena, se planifica y se viaja a Wichita para guardar el secreto del patio de colegio y así preservarlo, cuidarlo, protegerlo y hacer que comparezca más acá de los trajes y las corbatas, más acá de los aviones y autobuses, de los staff y los contratos, del cuento de brujas y el no parar de un tiempo que dicen –y mienten- que se escurre, más acá de todo aquello que solo los olvidadizos, los tristes o los necios creen que el fútbol profesional significa, anega o desmiente.

No se engañen. Esto va del pasado como vigente posibilidad más de presente que de futuro, como actualidad en presente continuo que late aquí y ahora. Sepan entonces los ilusos, los incrédulos y los cretinos que aquello del blanco y negro es siempre en color porque así lo volvió a ser por decimotercera vez en Kiev, sepan que es Cinemascope, que son las ropas de El Greco, que es Pop Art, el camino de baldosas amarillas, el cielo color John Ford de Monument Valley, una canción de los Beach Boys, un giro de Gene Kelly, dónde si no, un día en Nueva York.

No se engañen. Esto va del pasado que todos tenemos agarrado al pecho como si fuera ayer cuando en realidad es hoy, siempre hoy, esta vez por obra y gracia de los sueños hechos realidad de Luka Modric, que besa como juega, que juega como baila, que baila como sonríe en nuestro patio de colegio.

Tras la Séptima, estudié Filosofía y Periodismo. Intenté una vez el aguanís, envidio el karma de Karembeu, vi a Zidane parar el tiempo y a Ronaldo acelerarlo, tomaba apuntes cuando jugaba Redondo, escribo para inclinar el campo. He visto cosas que vosotros no creeríais de no ser madridistas.