Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El olor del napalm

El olor del napalm

Escrito por: Antonio Valderrama23 junio, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Hay indicios ciertos de que el Madrid puede ganar la Liga que no tienen que ver con los puntos si, cuando quedan menos de diez partidos y el Madrid va líder o está cerca de serlo, empieza a funcionar lo que podríamos llamar el ventilador de mierda. Pablo Iglesias lo llamaría la máquina del fango, las cloacas. El concepto está claro, no importa cómo se le llame. Uno de los que suele encender ese ventilador en los últimos años es Gerard Piqué. Desde que su Barcelona se dejase dos puntos en Sevilla, se comporta como si hubiera atravesado una puerta dimensional y aparecido en la primavera de 2017. Sí, en efecto, aquel año el Madrid de Zidane ganó la Liga, rotando a James. Quizá ver al colombiano en la alineación del domingo lo puso nervioso, porque tuiteaba cosas muy raras. Juanma Castaño habla por la radio con voz de lamento fúnebre, como si hubiera pasado una noche toledana, y Rubén Uría vuelve a escribir una homilía en alguna sentina digital. El Madrid puede perder esta Liga, no en vano quedan ocho partidos todavía y sólo es líder por la diferencia de goles particular con respecto al Barcelona. Pero está fuerte y van en serio. Por eso huele a napalm.

El olor del napalm. A Robert Duvall le gustaba el pestazo a gasolina quemada que dejaba la aviación americana en las colinas de Vietnam cuando las achicharraba despejándolas de vietcongs escondidos tras las palmeras. Así olía la victoria. Así olían las declaraciones de Quique Setién en la mañana de este lunes. El entrenador del Barcelona, que tiene toda la cara de un cura amargado de pueblo, ha dicho, en un estilo muy guardiolesco, es decir, ha dicho sin decir, ha amagado, ha insinuado en el consabido estilo jesuítico del norte de España, que el VAR favorece al Madrid. Y que, por eso, se colige, el Madrid ha recuperado el liderato. Porque le ayudan los árbitros.

Dice mi amigo Ángel en Twitter, que es de Barcelona y algo entiende de esto, que era sabido que Setién tenía ADN barcelonista mucho antes de fichar por ellos, y es verdad. Setién no hace sino imitar a Guardiola también en esto, pero con el carisma de la fotocopia. Sigue la senda abierta por Piqué en Sevilla, el viernes. El guante ya lo han recogido los iñakos, que acaparan las tribunas, a priori serias, para abundar en el camino del remedo, epígonos de la escuela Segurola. Porque ellos no son forofos, sino intelectuales.

Piqué difama al Madrid delante de un micrófono y luego, en Twitter, pone de cocainómano a un periodista, igual que hace tres años montó la performance —al fin y al cabo, es catalán, y eso viene en la catalanidad— en el campo del Villarreal, señalando a Tebas con el dedo desde la boda del vestuario. Acusándole, también, de conspirar para que la Liga la ganara el Madrid. Aquel año se extendió en Twitter mucho. Recuerdo un mensaje tras el 2-3 en el Bernabéu, One more time, o algo así. Un tuit muy compartido por los madridistas un mes más tarde, cuando cayó la Liga número 33 en Málaga.

Piqué, que es muy listo y muy gracioso, se aprovecha de estar en el lado correcto de las cosas para decir lo que le da la gana. Es un personaje público absolutamente mimetizado en el entorno mediático español de hoy. Podría salir de extra en el programa de Broncano, tranquilamente. Tiene el humorismo factoría El Terrat, el humorismo Cadena SER, ese que sirve para insultar a alguien en público y ser aplaudido por ello. Da lo mismo, de tontos seguirán rezando otros, hasta el fin de los días. Pero Piqué es, en realidad, la punta de un iceberg que es ya bien visible. Uno puede sentir revolverse en los intestinos de España a las fuerzas vivas. Esas que se invocan en los momentos críticos, es decir, cuando el Madrid asoma por el horizonte con un millón de velas desplegadas, los cañones asomando por las bocas abiertas de los puentes de los barcos. Como cuando se viene un tsunami y los animales lo presienten, y abandonan los llanos para esconderse en las cumbres, están saliendo los antimadridistas a flote como si alguien le hubiera echado veneno a la charca.

Después del partido en Anoeta ha graznado hasta Mikel Erentxun, gracias a lo cual hemos recordado que seguía vivo. También la cuenta oficial de la misma Real Sociedad, otro club amigo, todos incidiendo con mucho puñito apretado en la supuesta inevitabilidad del hecho delictivo madridista. Llegados a este punto y tras años de larguísima experiencia, a uno le producen ternura los intentos de demostrarles con pruebas a toda esta gente que los puntos calientes de la actuación del árbitro estaban totalmente respaldados por el reglamento; que en el Camp Nou, cuando fue el Madrid este año, el VAR lo manejaba Puigdemont con un joystick, o que a Vinícius le hiciera el portero de la misma Real, en enero del año pasado, uno de los penaltis que se ven pasar en las páginas de los libros, años después, mientras uno se pregunta cómo era posible semejante escándalo. En un momento dado, no saber estas cosas sólo es posible si se es un enfermo de sectarismo o un idiota, en el sentido que le da San Lucas, de persona indocta, sin letras ni escuela formal, además de bobo e ignorante.

Por lo tanto, está fuera de lugar intentar rebatir la propaganda, porque eso sólo lo alimenta. La propaganda hay que despreciarla, escupirla, masticarla y alejarla de uno. La alegría del liderato recuperado en San Sebastián después de tanto tiempo me permitió reunir las tragaderas para leer a Uría en goal.com. “Sostengo”, escribía tras una melosa introducción en la que se ponía como un Bogart en El cuarto poder, como poco, “que desde que tengo uso de razón, el Real Madrid es, con sideral diferencia, el club más beneficiado por los árbitros. Es posible que eso me haga menos periodista a ojos de los demás, pero mentiría si no lo dijera y no podría seguir mirándome al espejo si no lo escribiera”. ¡Qué valor, ni un periodista crítico con Putin en Rusia, hoy!

Este párrafo sólo lo puede escribir alguien bajo los efectos de las drogas. Aquí tuve que dejarlo. Es sólo un ejemplo del delirante mensaje con el que se bombardea al español futbolero, no muy distinto de otro tipo de mensajes en el periodismo generalista hoy con respecto al Gobierno:

“El orden de los factores no altera el producto, gane legal o ilegalmente, el Madrid es intocable. Primero, porque el Real Madrid sostiene las ventas del negocio. Segundo, porque es el equipo de la mayoría de periodistas que viven del negocio. Y tercero, porque la mejor manera de vender periódicos es escribir justo lo que quiere leer la mayoría de gente, porque el Madrid es lo que vende y el resto no son de Dios. No se puede decir que al Madrid le ha favorecido un arbitraje, no se puede decir que el Madrid ha ganado un título de manera ilegal y por supuesto, en este país, no se puede cometer el terrible e intolerable crimen de reírse de algo relacionado con el sacrosanto Real Madrid”.

Artículos así reflejan un magma, aunque no son en absoluto los peores: esos se escriben en El País, por lo general. Uría tiene la cualidad melodramática para escribir en esas tribunas, pero le falta lo demás. Es decir, el talento, no así el odio. En España, el Madrid sólo será perdonado el día que el halo que rodea su nombre deje de inspirar miedo y admiración. Sólo se puede odiar lo que se teme, que a menudo es el reverso de lo que se ama, y tanto lo que se quiere como lo que se detesta implican una comprensión profunda: no hay nadie en este país que entienda mejor al Madrid que Xavi Hernández. Es decir, cuando ni gane ni se defienda a