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Los veranos de Florentino

Los veranos de Florentino

Escrito por: José Luis S. Ortiz6 agosto, 2016
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Querido presidente Florentino Pérez:

Espero que a la recepción de la presente te encuentres bien (permíteme el tuteo), yo bien, gracias. Sé que eres persona muy ocupada pero también sé a ciencia cierta que tienes la buena costumbre de leer los artículos de opinión de La Galerna, de ahí las presentes letras. Si cuela, cuela.

Nuevamente estamos en verano y mientras los chicos pretemporadean, tú estás en pleno apogeo; enredando, que dirías tú mismo y provocando el pánico entre propios y extraños. De tu temporada, la que abarca los meses de julio y agosto, es de lo que va lo que sigue a continuación.

En primer lugar te trazaré una breve reseña sobre mi perfil de aficionado madridista, por si te ayuda a tomar en consideración mi humilde opinión. No soy un madridista permanentemente cabreao, de esos a los que todo les viene a contramano…las camisetas siempre son feas, las/los chicas/os de RMTV no están lo suficientemente buenas/os, los fichajes son muy caros, innecesarios, muy malos o para vender camisetas y el fax que falla siempre es el nuestro y nunca el del otro. Todo ello dentro de un universo de maldades, ineficacias e inutilidades. Tampoco soy un irreductible florentinista o, como se diría ahora, un mojabragas tuyo. Menos aún soy un cagaprisas veraniego de esos que están diez meses hibernando y de repente, una vez acabado el último partido de clubes de la temporada, florece. Tanto tiempo de hibernación hace que el cagaprisas se despierte con un hambre voraz. Hambre de fichajes. Hay que fichar, fichar y volver a fichar. Fichar lo que sea por lo que sea y al precio al que sea. Un cagaprisas quiere caras nuevas y haría cola en el estadio Santiago Bernabéu para asistir a la presentación de Toquero, llegado el caso. Has de reconocer, estimado presi, que tú has hecho lo tuyo para que esto sea así. Todos llevamos un cagaprisas en potencia en nuestro interior, dispuesto a reventarnos el esternón en cualquier momento.

El cagaprisismo este año se ha multiplicado dado que nos han adelantado por la izquierda y por la derecha. Dicen que Mou nos ha quitado a Pogba. Dicen que el City nos ha quitado al nuevo Pelé de cada temporada. Hasta el Barcelona, afirma el cagaprisas de turno, nos ha quitado un jugador, cosa que ha hecho muy feliz al culeríonacionalismo y a su franquicia de la horchata. Sin olvidarnos de la posible sanción de la Fifa. Todo ello ha dado con el cagaprisismo al borde del suicidio ante la falta de fichajes. Tenlo presente, presi, así comprenderás mejor el estado de histeria que se ha desatado. Conserva la cabeza fría y olvídate de ellos o acabaremos malamente. Es en todo caso muy importante lo que hagas (o no hagas) de aquí al 31 de agosto y te lo demostraré yéndome al pasado más reciente.

Esta temporada ha acabado muy bien, presi, pero podría haber acabado en tragedia griega. Todo lo que llevamos vivido en estos dos años, desde la conquista de la Décima, tiene su origen (así lo veo yo) en el verano del 2014. Con dos títulos en las vitrinas, la ocasión la pintaban calva para solidificar algo muy grande entre los grandes. Y creo que te equivocaste, presi, permíteme que te lo diga. Recién ganada la Décima y recién acabado el mundial  nos trajiste a Kross, James y Keylor Navas. Recuerdo perfectamente unas imágenes de RMTV de un entrenamiento en Valdebebas. Aquella era la mejor plantilla que ha tenido el Madrid, en mi modesto entender, en toda su historia y que nunca más volverá a tener. Estaba toda la plantilla campeona de Europa más los tres aludidos anteriormente. Naturalmente, aquello era insoportable, había que aligerar esa plantilla; eso mismo debiste pensar tú y te pusiste a ello…¡y vaya si te pusiste!

james-floper

Empezaste a despachar gente y se fueron largando paulatinamente Casemiro, Di María, Morata, Diego López y la traca final se la llevó Xabi Alonso, casi sin tiempo para contratar recambio. Nos quedamos sin centrocampistas de esos de los que reparten y “reparten” y Carlo se vio obligado a exprimir (y lo hizo a conciencia, incluso cuando no tenía por qué) a los centrocampistas que le quedaban y lo pagó. Pasó lo que pasó, claro. Los recursos que quedaban eran muy buenos pero muy escasos para los títulos a disputar. Y no siempre lo corto y bueno es el doble de bueno. Desgraciadamente había jugadores dentro de esa plantilla que, por unos motivos u otros, ejercían de floreros y poco más. Todos lo sabíamos. Acuérdate, presi, estaba Khedira que se pasó un extraordinario año de vacaciones en Madrid pensando en el talegazo que iba a dar a quien le fichase; estaba Jesé, todavía recuperándose de su gravísima lesión; estaba Illarramendi con su cara de susto desde que llegó;  y estaba el sospechoso habitual, Fabio Coentrão. Por unas causas o por otras, al final la cosa quedó casi reducida a una plantilla de fútbol sala. Las lesiones fueron creciendo al mismo ritmo que el agotamiento por sobreutilización. Cuestión de kilómetros y simple juego de probabilidades. Cuanto más cansancio más fácil es lesionarse. Y pasó lo que tenía que pasar.

Cuando, sorpresivamente, dejaste que Xabi Alonso se fuera (o le fueran las circunstancias), se montó la Dios es Cristo y el personal se enfadó. Conseguiste la cesión del Chicharito, con el aroma de que aquella extraña operación fue una improvisación. Así pues el verano, que empezó como un tiró, acabó en cuasi-depresión. Yo pasé de tener mi florentinismo disparado, a mediados de julio, a desear tu dimisión el 31 de agosto. Te lo reconozco, estimado presi. Por dicho motivo, el verano pasado, con independencia del episodio de De Gea, para mí fue una bendición.  Danilo, Lucas Vázquez, Kovacic, Casilla más el bendito regreso de Casemiro (y tampoco olvido el más que necesario finiquito de cierta leyenda venida a casi nada). Cinco buenos jugadores, sin grandes alharacas, con independencia de las gilipolleces dichas por los gurús de la prensa deportiva, empeñados en acabar con dos de ellos (pero ese es otro tema ya muy trillado). Cinco buenos jugadores de equipo y casi ninguna salida significativa. Y muy necesarios, como hemos podido constatar, en mayor o menor medida. Solo salió mal (o muy bien) lo de De Gea. Y si no hubiera sido por la benitada de los jugadores y la cheryshada, vete tú a saber. Carlo no cumplió y fue largado. Los muchachos, que decían querer mucho a Carlo, se enfadaron y lo pagaron con Benítez. Y todo iba al desastre.

Apareció Zinedine y parece ser que los recondujo al camino de la profesionalidad, que no es otro que el de entrenar al máximo de la capacidad física, acabar exhaustos los partidos y mantener la boca cerrada para aquellas cosas que no les competen. Y fue una sorpresa, ciertamente. Yo no esperaba gran cosa del Zinedine entrenador. Le había visto con el Castilla y no me decía nada, la verdad. Pero claro, era Zizou, el último ídolo del madridismo, el de la volea de Glasgow. No era Benítez, ni siquiera Carlo. Y los jugadores fueron los primeros en captar la diferencia. A ver quién era el guapo que tenía los cojones de escrachear al francés delante de la gente que le adoraba. Es más querido y respetado que la mayoría de los jugadores, lo que le hace inescracheable. Ahí estuviste bien, presi. No sé si lo hiciste a sabiendas o te salió de carambola.

Sea suerte o sea decisión meditada, el caso es que nos hemos salvado por la campana. Todo apuntaba a un desastre tras otro desastre. Y tú, querido presi, estabas en el centro de la diana de todos esos que tan bien conoces. Este año los has padecido en tus propias carnes con mayor virulencia. Y todo ello a consecuencia de una serie de decisiones muy mal tomadas en agosto de 2014 al socaire de la Décima. Diría que Zinedine te ha salvado. O puede que te hayas salvado tú mismo; a fin de cuentas tú lo fichaste hace mucho tiempo y tú le pusiste en el Castilla, de donde lo sacaste para el primer equipo. Ahora tenemos la Undécima, es una segunda oportunidad.

Gracias al buen hacer, la imagen, mano izquierda o la baraka de Zinedine, parece ser que todo permanecerá igual para que todo cambie. Toca, como diría JB, jugársela con los mismos cabrones de siempre. No habrá fumigación ergo no habrá fichajes a mansalva. Llegado a este punto, presi, permíteme una serie de bienintencionados consejos (que se siguen a continuación) con la idea de evitar la creación un caldo de cultivo que dé lugar a situaciones parecidas a las del verano del 2014 y que fueron el germen de todo lo que ha ocurrido en la temporada recién acabada. Todo lo ocurrido en la primera parte de la pasada temporada viene de la nefasta temporada anterior (2014/2015), y todo lo ocurrido en esa temporada se gestó el maldito verano del 2014. Las Champions las empiezas a ganar tú, presi, con tus decisiones veraniegas y las rematan los jugadores y el entrenador. Diría yo que merece la pena pensárselo dos veces antes de.

Fichar o no fichar, he ahí el dilema, e íntimamente unido a desfichar o no desfichar. Por si te sirve mi humilde consejo: presi, haz lo que quieras. Si te decides por uno de esos “fichajes estratégicos” que tanto te gustan, bien estará. Solo un humildísimo consejo, salvo mejor opinión de Zinedine: que no nos desvistas a un santo para vestir a otro, es decir, que no nos cambies un cromo por otro. Seguro que alguno de tus consejeros te lo han dicho, pero por mí que no quede: tal y como está la cosa, barrunto que en cualquier cambio de cromos vamos a sa