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Locura normal

Escrito por: Angel Faerna29 mayo, 2015

En el debut galernario de la familia, el hermano Número Tres hablaba con desparpajo de la “irracionalidad consustancial” al fútbol, lo que podría sonar a confesión de su propia burricie —y también de la nuestra— al deleitarnos con él. No descartemos ni mucho menos esa posibilidad, pero veamos de buscar alguna coartada para tranquilizar nuestras conciencias; ante todo, la del que suscribe, que por oficio debería promover el raciocinio en todo lugar y ocasión.

Decía Chesterton que un loco es alguien que lo ha perdido todo excepto la razón. Como casi siempre sucede con las originales ocurrencias de este escritor, la aparente boutade esconde una verdad como un templo. El loco encuentra una razón para todo, y si no la encuentra se la inventa, y si no da con una que le valga se suicida... aunque a un loco como es debido cualquier razón le vale, cosa que precisamente no ocurre con los cuerdos. La persona cuerda —proseguía el gran G. K.— admite en su interior un gramo de locura. Es decir, admite que a veces la razón está de más, que las explicaciones no funcionan, que algunas cosas ocurren simplemente para que nos maravillemos de que hayan ocurrido. El loco es incapaz de maravillarse, sabe demasiado bien que tras cada milagro aparente hay una secreta y, por lo general, perversa explicación. Tampoco puede comprender que los demás se maravillen. “¿Estáis ciegos?” —les dice— “¿No veis que os están embaucando, que todo es terriblemente lógico, que esto no es casualidad?” El verdadero sello del loco es pensar que él es el único cuerdo y que los locos son todos los demás.