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Lo que se ama y cómo se muere

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Lo que se ama y cómo se muere

Escrito por: La Galerna13 octubre, 2017
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Buenos días. Sí. Zidane cumplirá mañana, ante el Getafe, sus primeros 100 partidos dirigiendo al Real Madrid, y hay un madridista que no podrá verlo. El Capitán Borja Aybar falleció al término del desfile del 12 de octubre al estrellarse su Eurofighter en la base aérea de los Llanos (Albacete). Hemos sabido hace pocas horas que el Capitán Aybar era seguidor del equipo que nos hace felices y por el cual existe La Galerna. Era miembro de la Peña Madridista de Socuéllamos.

Todo hace indicar que podría haber salvado su vida si hubiese eyectado, aterrizando después sano y salvo en paracaídas. Todo hace indicar que no quiso hacerlo porque, en tal caso, el avión se habría estrellado en un bloque de viviendas cercano a la base. Se privó de la opción de salvar su vida para no poner en riesgo las de otros. Murió por los demás.

Por supuesto, si el Capitán Aybar hubiese sido del Atleti o del Talavera, en lugar de ser madridista, no sería ni un ápice menos héroe de lo que es. Pero resulta que era del Madrid, lo que si cabe nos hermana aún más con él de manera póstuma. Sería para nosotros un modelo de la misma magnitud si hubiese sido del Barça o del Oviedo, por supuesto, pero no podemos evitar echar de menos una afinidad que nunca llegó a producirse (echar de menos algo que no tuvo lugar: ¿será posible?). Quizá nos conocía. Quizá nos leía o nos leyó. Esta afinidad potencial, pero por desgracia ya imposible, rescata inevitablemente (pero cómo puede ser si no le conocimos) los versos eternos de Miguel Hernández. No te conocimos y aun así tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

Como decía hace poco en esta misma página Gonzalo Gómez, ver el fútbol es una mera excusa para hablar de fútbol (hablar de muchas cosas, compañero), y hablar de fútbol es un modo solapado de hablar de la vida restándole petulancia al intento. Hay en el seno del madridismo debates que nos definen como seres humanos. ¿Hasta qué punto nos habría servido para conocerle mejor, mi capitán, el saber lo que opinaba sobre las lesiones de Bale o sobre el frágil equilibrio defensa-ataque en la figura de Marcelo? ¿Cuánto habríamos podido profundizar en nuestro mutuo conocimiento diseccionando los 99 partidos del equipo con Zidane al frente, o al menos aquellos que el destino, siempre veleidoso, nos hubiera permitido ver juntos? ¿Puede llegar a filtrarse un atisbo del héroe en ciernes en una simple discusión sobre fútbol? La Séptima o la Décima, Mourinho o Casillas, el Madrid o la vida. Querríamos haber hablado con usted, Capitán, de tantas y tantas cosas, y quién sabe si en el hombre que esas opiniones habrían dejado intuir no se hubiese manifestado también, implícitamente, el armazón inopinado del héroe.

 

Volad, alas gloriosas de España, 

estrellas de un cielo radiante de sol. 

Escribid sobre el viento la hazaña, 

la gloria infinita de ser español. 

 

Escribir sobre el viento la hazaña, mi capitán. La hazaña que tú hiciste y la hazaña por hacer. Somos quizá algo frívolos buscando estas coincidencias pero cómo puede haber frivolidad en el idealismo -el pequeño y el grande-, cómo puede haber frivolidad en las cosas que se aman -las que se aman importando y las que se aman sin importar aunque importen-. Cómo puede no haber conexiones entre lo que se adora y cómo se muere, por remotas que dichas conexiones sean.

Que la paz, cada día más frágil aquí abajo, le siga acompañando en el cielo, Capitán Borja Aybar. Gloria y honor por siempre.