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Lo que ha unido Luka

Lo que ha unido Luka

Escrito por: Luis Alonso15 marzo, 2024
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En septiembre me instalé en la casa desde la que escribo estas líneas, y entre la mudanza, la constitución de los nuevos hábitos comunes a todo cambio de coordenadas, el ir acostumbrándome a las manías de mis nuevos compañeros de piso y de paso enseñarles las mías he obviado un trámite tan aburrido como necesario, a saber, cultivar la relación con el vecino. No sólo no he hecho el menor esfuerzo por conocerle, es que ninguno de los dos sentimos siquiera pudor por disimular que nos es indiferente caernos bien, resultarnos mínimamente simpáticos.

Por las pocas veces que he coincidido con él deduzco que es un señor huraño, con tendencia a la melancolía, acastillado en unos hábitos y una rutina ya incorregibles y con una nada subrepticia muy mala hostia. Esto último no se debe al ejercicio de la observación sino al testimonio de mis compañeros, quienes desde bien pronto me advirtieron de que el hombre se la tiene jurada a los inquilinos de este piso —a mí también, a pesar de mi completa inocencia—, por desavenencias en el pasado relacionadas con montar fiestas y escandaleras algún sábado tonto antes de mi llegada. En fin, cosas de chavales, las nuestras, y cosas de adultos serios, las suyas.

En septiembre me instalé en la casa desde la que escribo estas líneas y he obviado un trámite tan aburrido como necesario, a saber, cultivar la relación con el vecino

La única interacción que hemos tenido más allá de los burocráticos buenos días buenas tardes del rellano ocurrió una tarde de enero, cuando vino a recriminarnos con cierta hostilidad no sé qué historias sobre una plaza de garaje y sólo me halló a mí en el piso. La historia a mí ni me iba ni me venía, pues el coche al que se refería no era mío sino de un compañero, y así se lo expliqué, templado y comprensivo con su situación, pero advirtiéndole de mi incapacidad para hacer mucho más que trasladar al dueño del auto sus lamentos. Fue inútil, el tenaz vecino no atendía a razones y ahí seguía, erre que erre, que si estaba harto, que si no era la primera ni la segunda vez que nos lo decía, que si así no se podía seguir y tres o cuatro lugares comunes más que daban forma a una letanía francamente bien estructurada en cuanto a forma y fondo.

Jack Nicholson vecino

Desde entonces yo adivinaba en él cierta animadversión hacia mí, en ningún caso correspondida. Más si cabe cuando un día me descubrió en actitud cariñosa hacia su hija, un poco más joven que yo y que gracias a Dios no ha heredado el carácter paterno. La chica y yo nos sonreímos cada vez que coincidimos en el rellano, nos preguntamos qué tal, yo le sostengo la puerta del ascensor y ella me da las gracias. Tampoco mucho más, entre nosotros existe una relación más cercana a la cordialidad que al tonteo. En una de esas el padre un día nos pilló, y aprovechó el momento de incomodidad para fulminarme con una mirada de “este cabrón no solo ocupa mi plaza de garaje y me chulea, sino que encima se quiere beneficiar a la santa de mi hija”.

Pues bien, hace unos días sucedió algo mágico. Como vivimos salón con salón y se escucha prácticamente todo, pude adivinar cómo ambos calcábamos rutina de noche de domingo de fútbol. En este caso se enfrentaban Real Madrid y Sevilla en el anteriormente conocido como el partido del Plus, es decir, el de las nueve de la noche. Está muy bien el partido del domingo a las 21:00 porque te sientas frente a la tele con la desesperación de saber que del resultado dependerá tu estado anímico del lunes y casi que de la semana entera si no hay Champions de por medio. Y así afronté yo el duelo, que no mis compañeros, pues, excepto a uno, que es abonado al Bernabéu, al resto les gusta el fútbol de aquella manera, como al que dice que le gusta viajar o la música. Desde luego su forma de acercarse al fútbol no coincide con la mía, que organizo mi semana en función de los partidos del Madrid. Es lo mínimo que se le puede exigir a cualquier aficionado de su equipo si quiere recibir la condición de tal.

El caso es que el partido avanzaba y con él un 0-0 como un castillo, fiel a la sanísima costumbre del Madrid de dejarse puntos los días menos pensados y dar picante así a una liga necesitada de emociones y relevancia social. Andaba yo pensando en eso, en el compromiso admirable de mi equipo con el campeonato doméstico y con la sociedad, cuando a Modric le dio por soltar un zurriagazo poco antes del descuento y amarrar así los tres puntitos. Joder, qué grito liberador pegamos el vecino y yo, cada uno desde nuestros correspondientes y colindantes salones. Al berrido de gooooool inicial le sucedieron en ambos domicilios los clásicos gritos de “vamos”, “joder”, “hostia” y el resto de cosas indescifrables que se dicen cuando tu equipo mete el gol de la victoria a partir del 80. Golpes en el mobiliario, exabruptos, insultos porque sí, frases que mejor que la Fiscalía no escuche nunca.

Alzamiento de Modric

La escena se produjo un domingo, y no fue el lunes ni tampoco el martes sino el miércoles cuando sucedió lo inevitable. El azar o las prisas o quizá la suma de ambas nos hicieron coincidir a los dos vecinos en el rellano de nuevo, pero esta vez todo era distinto. Desde el gol de Modric algo había nacido ahí, un vínculo silencioso, inesperado y precisamente hermoso por ello, porque ambos ignorábamos en el otro su condición de primero futbolero y luego madridista.

Nos dimos unos buenos días sinceros, reconociéndonos cómplices, hermanados en la fe blanca, él con un aire de pero qué estúpidos y orgullosos hemos sido todo este tiempo y yo con un aún estamos a tiempo de todo tatuado en la frente y mi sonrisa más estúpida del catálogo, más si cabe que las que le dedico a su hija.

Qué grito liberador pegamos el vecino y yo tras el gol de Modric al Sevilla, cada uno desde nuestros correspondientes y colindantes salones. Al berrido de gooooool inicial le sucedieron en ambos domicilios los clásicos gritos de “vamos” y el resto de cosas indescifrables que se dicen cuando tu equipo mete el gol de la victoria a partir del 80. Golpes en el mobiliario, exabruptos, insultos porque sí, frases que mejor que la Fiscalía no escuche nunca

Encima el muñidor de la nueva amistad tuvo que ser precisamente Modric, que si hay un jugador por el que te vas a alegrar de verdad de que le pasen estas cosas es él. Porque el gol llega a ser en propia o de penalti o de Ferland Mendy y ahí queda la cosa, en simpática coincidencia, pero no, lo tuvo que meter Luka Modric, quizá el más querido entre todos los integrantes del martirologio blanco. El croata tiene esa insólita virtud, la de hacernos mejores personas al resto. Cuando uno ve a Modric feliz, las tiranteces y preocupaciones superficiales pasan a un segundo plano, y uno acaba reconciliándose con quien haga falta.

Me quedé con ganas de hablarle de algo frívolo, de soltarle un caray Ancelotti qué tarde hace los cambios siempre o de compartir con él cómo de imprescindible me parece Fede Valverde en este equipo, pero no me atreví, sospecho que aún paralizado por la emoción del inesperado reencuentro. Siento que algo cercano a la ilusión está empezando a brotar en cada uno de nosotros. No veo el día de volver a coincidir tontamente en el ascensor.  Por alguna extraña razón intuyo que si antes quisiera castrarme con sus propias manos ahora me elegiría entre un millón como yerno y compañero de sofá los días de partido.

Lo que ha unido Luka que no lo separe la vecina.

 

Getty Images.

Luis Alonso
Delantero sin velocidad ni fuerza; trequartista cuando el rival lo permite. @agundez__ en Twitter y @luisalonsoagun en Medium.

2 comentarios en: Lo que ha unido Luka

  1. Me pasó justo lo contrario con un vecino. Fue dejándonos de hablar conforme se iban sucediendo las victorias a la desesperada del Madrid. ¡Vaya berridos pegábamos! Puro Real Madrid.

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Tweets La Galerna

Se pasó ocho años @antoniohualde despotricando de Bale porque no hablaba español. Ahora le parece que Bellingham en cambio bien... aunque tampoco habla español.

Sin embargo, creo que le entiendo, aunque no comparta su texto.

Estamos ante un escenario -en fútbol y baloncesto- que puede hacer de 2024 el mejor año deportivo de nuestras vidas.
Concentración, humildad y ¡a por ello!
¡VAMOS REAL!

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