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La segunda motivación

La segunda motivación

Escrito por: jorgeneo27 noviembre, 2015
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Hace tiempo que tengo ganas de dar una visión diferente de todo lo que rodea a este equipo. No solo ahora, sino, desgraciadamente, desde hace bastante.

En este artículo no esperéis encontrar explicaciones tácticas al hundimiento paulatino que lleva sufriendo el equipo casi desde principios de año. Primero porque realmente creo no las tiene. Puede ser que Benitez haya tenido fallos en sus planteamientos, sí. ¿Se percibe  una ausencia total de preparación en la presión? Sí. ¿Hay jugadores a los que aún no hemos encontrado sitio? También.

Pero no quiero centrarme en eso. Cuando te pasan por encima de la manera que lo han hecho equipos como Barça, Atleti, Dortmund o PSG  en las últimas temporadas, es que dentro de ese vestuario hay algo más grave, a mi juicio, que cualquier disertación táctica sobre si la culpa fue de Casemiro, del 4-4-2 o del cha cha cha. Por cierto, me ha sorprendido leer a varios entrenadores de la esfera tuitera dejar caer que con Casemiro se hubieran evitado muchas cosas el sábado pasado. Eso no es dar la espalda al problema. Eso es, directamente, desconocerlo.

Desde hace varios años me dedico a gestionar equipos comerciales. Si algo he aprendido durante todos estos años, aparte de que soy un blando (quizá por eso me identifique más con Ancelotti), es que para tener éxito con un equipo de trabajo debe darse una condición indispensable: la motivación. Lo que podríamos llamar “el efecto actitud”.

Hace unos años, Victor Küppers, un gurú en materia de motivación en la gestión de equipos, me enseñó una fórmula muy sencilla para evaluar el potencial de un trabajador: C+H x A

En esta fórmula, C serían los conocimientos adquiridos en nuestra trayectoria profesional y H nuestras habilidades individuales (trasladado al fútbol, la técnica y el talento), mientras A es la actitud y la motivación con la enfoques tu tarea a diario.

No es difícil imaginar, que lo que verdaderamente marca la diferencia entre unos y otros es aquello que supone el multiplicador.

Al principio, dediqué muchas horas a aprender y a perfeccionar pequeños trucos para conseguir que un equipo de trabajo se sienta motivado. Hay mucha literatura escrita sobre ello. Llamemos a esta motivación extrínseca. Un jefe, por el mero hecho de serlo y disponer de cierto poder, tiene muchas herramientas a su disposición para conseguirla: dinero, horarios, distribución de funciones, recompensas, promociones. Para sacar en tu equipo este tipo de motivación es donde se hace clave la capacidad de liderazgo que tengas como jefe. Un jefe incapaz de convencer a su equipo de que él es la persona adecuada para dirigirlo está abocado al fracaso irremediablemente. Salvo que se dé la otra motivación, que es de la que realmente quiero hablar. Una motivación que tardé tiempo en comprender que era mucho más importante que la primera.

Hasta esta parte, quiero personalizar en la figura de Benítez como entrenador y de Sergio Ramos como capitán la alarmante ausencia de liderazgo en ese vestuario.

Que Benítez no guste a sus jugadores es, sencillamente, culpa de Benítez. A mí no me vale aquello tan manido de jugadores caprichosos. Simplemente por la sencilla razón de que TODOS somos caprichosos.

Parte de mis años de experiencia (en concreto ocho de ellos), los he pasado entrevistando gente. Mucha gente. Un día conté las entrevistas que había realizado y ya llevaba más de 4.000 a mis espaldas. ¿Y sabéis por qué en un gran porcentaje la gente se cambia de trabajo? Por su jefe y por sus compañeros.

¿Por salario? Sí, también. Pero sólo en casos de necesidad real (es decir, que no lleguen a cubrir sus gastos totales). En todas las empresas la parte económica es siempre la peor valorada en los estudios de clima, pero cuando uno analiza realmente el porqué de una rotación excesiva de plantilla nunca encuentra en esa parte la razón principal de la misma. Salvo que se apellide Ramos.

Guardiola y Mourinho han marcado las diferencias en sus carreras como entrenadores en este punto: liderazgo. Y solo cuando han visto ese liderazgo tambalearse han fracasado o han decidido salir por su propio pie. Así lo hizo Pep en su último año en el Barça, o Mourinho en aquella nefasta tercera temporada. Ni qué decir tiene por dónde se le está desangrando el Chelsea este año.

Siempre dije que el principal éxito de Guardiola no fue conseguir el sextete en su primer año en la élite con un equipo que venía de hacerle pasillo a Guti y al mejor Relaciones Públicas de Budha de ese año (Sneijder), sino que nada más entrar decidió prescindir de Ronaldinho y Deco, dos vacas sagradas, y (tras su primera temporada, incluso siendo perfecta) de Etoo. Fue un golpe de autoridad. Un toque de atención que aumentó la implicación y motivación de todo el grupo. Más allá del juego desplegado durante esa etapa, la clave del éxito de Pep fue que no les dejó relajarse nunca. No perdieron el hambre por seguir ganando.

Cuando hablamos de Juanito, del espíritu de las remontadas, de los partidos históricos que todos conocemos, no solemos caer en una cosa: antes de la proeza, hubo un equipo que nos pasó por encima. El Real Madrid, históricamente, se ha dejado ir. El éxito continuado, las alabanzas constantes suelen ser buenos aliados de la displicencia. Y la displicencia es el principal enemigo de la motivación. El 0-4 del Clásico es otro buen ejemplo de esto. Nuestro vestuario está enfermo, lo tengo claro.

Simeone, otro nuevo gurú de la motivación que ha llegado a la élite explotando esa vía, hablaba también de la importancia y los beneficios de esta renovación y saneamiento constante del vestuario:

“El club es el responsable de promover la competencia interna de la plantilla. Esto no depende del entrenador. La entidad debe fichar buenos jugadores para que exista más competencia entre los miembros del grupo. Los jugadores crecen futbolísticamente cuando observan que hay un compañero que lo está haciendo bien en su mismo puesto. Y si no lo hacen, ellos mismos son los que optan por irse. El que no está preparado para competir debe irse a otro equipo”

No hablaba de la insistencia constante en la BBC ni de jugar por decreto, pero yo eso lo leo entre lineas.

“Ellos mismo optan por irse…” ¿Di María? ¿Özil? ¿Hola? ¿Os suenan estos casos? ¿Y recordáis a Amavisca y Zamorano? Pongamos en perspectiva las capacidades (C+H) de cada uno  y sus trayectorias. Su motivación extrínseca, la que les empujaba a dar más de sí para mantenerse en la plantilla, no solo les hizo ser parte de los 22 elegidos finalmente, sino que fueron titulares indiscutibles y claves en los éxitos de aquél primer Madrid de Valdano en el 94. (C+H x A).

liderazgo

Igual la clave de esos 5-0 de ida y vuelta entre Barça y Madrid de ese año algún iluminado la vio también en Casemiro. Yo desde luego tengo claro lo que marcó esa diferencia. Y mi amigo Victor Küppers también.

El Atleti se tiró más de quince años sin ganar al Real Madrid hasta que llegó Simeone. Me hubiese gustado saber cómo era ese vestuario antes de un derbi y como es ahora. El 4-4-2 o el 4-3-3 me la soplan bastante (y es probable que ni Simeone hablara de eso en la previa). Pero como comentaba antes, todo esto forma parte del trabajo de un líder, sea el jefe o capitán de un grupo: sacar el máximo partido a la motivación…extrínseca.

Yo tardé tiempo en darme cuenta. No recuerdo el día ni con quién. Bueno, sí, pero no lo diré por si me está leyendo. Pero hay como decíamos una segunda motivación mucho más importante que todo gestor de grupo debe identificar en sus equipos para garantizarse el éxito: la motivación intrínseca.

Sí, esa motivación que nos lleva a hacer las cosas bien simplemente por el hecho de que queremos hacer las cosas bien. Parece obvio, simple, sencillo…Pero no todo el mundo la tiene a la hora de afrontar cualquier tarea, sea trabajo, hobby, o lo que os venga a la cabeza. Es algo que está más relacionado con el orgullo personal y con la responsabilidad y el respeto por uno mismo. Llevado al tema que nos ocupa, no se trata de correr y dejarse la piel por unos colores. Se trata de hacerlo por uno mismo. Por evitar sentirse humillado.

No, mira, es que yo si presento algo con mi nombre quiero que esté bien hecho simplemente porque lleva mi nombre. Punto.

En este caso, la responsabilidad en la ausencia de dicha motivación se encuentra en el mismo grupo. Pocos jugadores veo en ese vestuario a los que se les caiga la cara de vergüenza por haber sufrido durante estos años resultados vergonzantes como aquel del Alcorcón, el 2-6 y el 5-0 del Barça de Pep, y los últimos 4-0 de Barça y Atleti.

El cabreo de Piqué por no conseguir ese quinto gol es un buen ejemplo de este punto. Cuando juega contra el Madrid le mueve algo más que una táctica bien trabajada, incluso algo más que una charla previa de vestuario. Cuando juega contra el Madrid sabe que no quiere irse a casa humillado.

¿Qué le falta a este proyecto? Preguntan algunos.

Mi respuesta es clara: motivación extrínseca ahora mismo (responsabilidad de Benitez) y motivación intrínseca (desde hace años) en el grupo.

Ni contamos con un líder al que crean, ni contamos con una mayoría de jugadores a los que les importe una abultada derrota. Porque aunque suene tópico y muy manido, la realidad es esa. Es gente que no tiene ese punto de amor propio que hace que, en momentos de ausencia de todo, no te pasen por encima.

Yo ya he encontrado formas de identificar esa motivación intrínseca (el efecto multiplicador de la actitud) en una entrevista de trabajo. Y bien haría el club en ponerlo como un filtro más a la hora de elegir un jugador.

Yo a veces me imagino a Florentino preguntando a sus más íntimos: ¿ttécnicamente la mejor plantilla en años? Sí. ¿Está siendo eso suficiente? No. ¿Está el problema en que juegue Casemiro o que lo hagamos con un 4-4-2? No. Y creo que bien haría Florentino en echarle un ojo a esta parte a la hora de valorar próximos fichajes. Y si hace falta, que pida ayuda. (Tengo guardado el teléfono de Victor).

Pero…¿Hemos tenido en la historia reciente de nuestro club un jugador que, empujado por su motivación intrínseca, llegó a superar todas las barreras que le pusieron por delante (entre ellas su propias capacidades, C+H)?

Sí. Raúl.

Y ahí lo dejo.