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La conquista de la Undécima (Una epopeya)

La conquista de la Undécima (Una epopeya)

Escrito por: Athos Dumas24 mayo, 2023
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La sabiduría ha edificado su casa, ha labrado sus siete columnas.

(Libro de los Proverbios. 9.1.)

 

La fabulosa epopeya de nuestro equipo de baloncesto tenía que tener un final digno de un recorrido plagado de hazañas descomunales. El 10 de mayo, como bien recordaremos todos los que presenciamos el vuelco de una eliminatoria perdida, con tintes envenenados, cayó luchando hasta la extenuación el bravo conjunto de Zeljko Obradovic, nuestro general en jefe de la Octava, allá por los años finales del siglo pasado.

Quedaban dos enormes escollos. Pero si no se lograba evitar el primero de ellos, no habría un segundo escollo. Viernes 19 de mayo, toda la gent blaugrana se relamía ante una semifinal, a priori, sencilla para ellos. Llevaban descansando en Euroliga desde la paliza (3-0) que habían infligido al equipo que, precisamente, cedía su pabellón en Kaunas para la celebración de la Final Four. Apenas contaban con la baja -sensible- de Cory Higgings, ya que el pívot Vesely se había recuperado de un golpe una semana antes.

El penúltimo clásico de baloncesto

Todo hacía indicar que iba a ser una batalla desigual, con 4 torres (5 con Tobey, que acabó por no jugar) por un lado (Sanli, Vesely, Nnaji, Mirotic) por 1 del Madrid, Tavares (ayudado por un Randolph mermado todo el año y un crío exultante de ganas como Ndiaye). El roster catalán daba miedo (quizás la plantilla más poderosa y completa del continente) y la eficacia que mostraron desde la línea de 6,75 en los primeros minutos (6 triples seguidos al principio y 9 de 14 al descanso) hacía presagiar lo peor (¡una vez más!).

Enfrente, Chus tenía un plan, con una zona 2-3 que de vez en cuando hacía aguas, sobre todo al defender a los tiradores de élite (Abrines, Kalinic, Kuric). La idea era proteger a Tavares de las faltas, defender con NWG, Hanga y Hezonja, y, sobre todo, no dejar escapar a los contrincantes. Aunque a mediados del segundo cuarto ya tuvieran que salir los mosqueteros reales (de Real Madrid, por supuesto), la vieja guardia para llegar al descanso con 6 puntos de desventaja, tras mandarina patentada por Sergio Llull.

El tercer cuarto fue decisivo, ya que, tras un despegue del Barça, que se fue más allá de los 10 puntos, comenzaron a fallar sus snipers (apenas Kuric mantenía buenos porcentajes), mientras Mirotic seguía nulo en ataque (0 puntos en los 3 primeros cuartos). Tavares ya era el dueño absoluto de ambos aros, masacrando la zona rival, y sus lugartenientes, sobre todo Chacho Rodríguez y Hezonja, daban la vuelta al marcador (55-58). Los minutos finales, con un Tavares estratosférico (20 puntos y 15 rebotes, llegando a un +39 de valoración), bailando a un ritmo infernal propulsado por Chacho (12 puntos y 5 asistencias), junto al mejor partido en defensa jamás jugado por Súper Mario Hezonja (14 puntos pero, sobre todo, 9 rebotes de inmenso valor), unidos a la brega incesante de Llull y de Rudy Fernández, derribaron sin piedad el poderío azulgrana, acabando el partido con una clarísima ventaja de 12 puntos, sin apenas sufrir en los 2 últimos minutos, en el célebre Crunch time.

Nikola Mirotic reconocía caballerosamente, tras el partido, la superioridad merengue y entonaba su mea culpa, monopolizando él solo el fracaso de su equipo, lo cual le honró de manera destacable.

Desde el viaje a Belgrado, el Madrid había superado uno a uno 4 matchballs que le habían puesto en muchos momentos al mismo borde del precipicio, en particular en el primer partido en tierras serbias, también en el quinto partido en el Wizink, tras superar una desventaja de 18 puntos, y por último en casi 3 cuartas partes de la semifinal ante el rival barcelonés.

Para todos los madridistas, la temporada ya estaba prácticamente salvada: tras el año complicadísimo del post lasismo, con bajas fundamentales como las de Poirier, Deck y Yabusele, dejando a Tavares como el mítico sheriff Will Kane (eterno Gary Cooper) de “Solo ante el peligro”, en la lucha por el dominio de los aros, nadie podía exigir nada más.

Pero Chus Mateo y su equipo sí que se exigían todavía dar un paso más. Y ya que estaban en Kaunas, a 40 minutos de la gloria eterna, durante el sábado 20 de mayo (día del 25º aniversario de la Octava de los compañeros del balompié) seguro que pensaron en la - para muchos - disparatada idea de lograr la Copa de Europa de baloncesto número 11 para el club.

Quien les escribe estaba muy tranquilo la tarde del domingo 21 de mayo, por supuesto con muchas ganas de victoria, pero con la conciencia tranquila ante el deber cumplido por los integrantes de su equipo predilecto. Real Madrid TV me invitó, junto a mi sabio camarada Joe Llorente, a comentar la final, y lo primero que dije fue precisamente eso: “Estoy muy tranquilo, porque confío en los míos”. Y es que jugar la final, contra el mejor equipo de la liga regular y quizás también de Europa, suponía a mi juicio un regalo preciado y, sobre todo, inesperado.

a 40 minutos de la gloria eterna, durante el sábado 20 de mayo (día del 25º aniversario de la Octava de los compañeros del balompié) seguro que pensaron en la - para muchos - disparatada idea de lograr la Copa de Europa de baloncesto número 11 para el club.

El Real Madrid, siempre por delante, de su tiempo y de sus propios amantes seguidores, tenía clara su misión en Kaunas, el domingo a las 7 de la tarde: recuperar una corona ganada con anterioridad 10 veces (desde la primera, allá por 1964), la última de ellas precisamente en la ciudad talismán de Belgrado (“la ciudad blanca” en el idioma serbio) en 2018. Para muchos, una misión imposible, casi insensata.

Sin duda planearon por la mente de los nuestros los 7 Pìlares de la Sabiduría que escribió el mítico Lawrence de Arabia, el escritor Thomas Edward Lawrence, título que está a su vez basado en los Siete Pilares de la Sabiduría de la Biblia, donde se mencionan en el Libro de los Proverbios.

Aquí pretendemos adaptar dichos siete pìlares, dichos siete fundamentos, a las claves del Real Madrid en la Final Four 2023 de Kaunas.

La Pureza: encarnada por el blanco inmaculado de su uniforme. También por el corazón puro y generoso de Chus Mateo, entrenador discreto, respetuoso y adalid de los valores aprendidos del madridismo desde muy niño: respeto, humildad, perseverancia. Todo ello aderezado con un perfecto auto control mental.

El Respeto: todas las declaraciones anteriores a la final mostraban, como es costumbre en esta casa, el profundo respeto por la competición y por el rival, con elogios hacia su entrenador Georgios Bartzokas y para todos sus pupilos.

La Tranquilidad y la Paz interior: ante el deber ya cumplido de llegar a donde nadie les esperaba, el equipo, lo mismo que en la semifinal, saltó a la cancha con la cabeza absolutamente tranquila y tremendamente fría.

La Humildad: se presentó el Madrid en Lituania en teoría como el equipo menos fuerte, por las bajas acumuladas y tras la tremenda tensión que supuso el play off de cuartos de final ante el Partizán. Y siendo plenamente conscientes de las limitaciones propias de la plantilla disponible para esta Final Four, en especial por la carencia de hombres altos.

La Solidaridad y la Empatía: la importancia capital de saber meterse en la piel del compañero que lo está pasando mal – con el ejemplo del apoyo increíble de todos en todo momento, desde Chus hasta el utilero, a Gabi Deck -. También el poder compartir los unos con los otros sabios consejos; el poder consolar al que está menos acertado. El crear, en definitiva, un ambiente de una verdadera piña, sin fisura alguna, que de esta manera hacía potenciar las relaciones entre los miembros del grupo y que tenía por tanto que aumentar inequívocamente la motivación de todos ellos.

Honestidad: un pilar básico que se refleja en, aun reconociendo las limitaciones propias, darlo absolutamente todo, hasta la última gota de sudor y el último aliento, por los compañeros y por el bien del equipo, anteponiendo siempre el interés común por encima de los egos y de los afanes individuales.

La Biblia resalta como último pilar el procurar siempre ser imparcial. En otras facetas de la vida, por supuesto, es una gran virtud la imparcialidad. Pero en este caso ni nuestro cuerpo técnico, ni nuestros jugadores, ni nosotros como seguidores podemos ser imparciales, aunque sí que en todo momento podemos reconocer los méritos de nuestros rivales antes y después de cada partido. En cierto modo, es practicar la benignidad dentro de la no imparcialidad, con lo cual ya obtendríamos los siete pilares de la sabiduría para la aventura única de la conquista de la Undécima.

El principio del partido final fue muy similar al de la semifinal. Intercambio de canastas por ambas partes y acierto estratosférico desde la línea de triples de los griegos, con mención especial para el base de nombre y apellido bíblico de la final, Isaiah Canaan. Poco a poco, la buena defensa de los nuestros empezó a desfallecer ante el talento rival, en particular del MVP de la fase regular de la Euroliga, el búlgaro nacido en Chipre, Aleksander Vezenkov, un verdadero martillo pilón.

Tras salir de inicio Ndiaye, Randolph también dio minutos de respiro para el gran Edy Tavares, pero la brecha de puntos a favor de Olympiakos iba ascendiendo conforme se llegaba al final del primer periodo. Llamaba la atención, una vez más, la tranquilidad de los nuestros, que no daban signos de nerviosismo pese a la superioridad helena.

En el segundo cuarto, ya con Chacho a los mandos, poco a poco se fueron aminorando las diferencias e incluso se puso brevemente el Madrid por delante, con buenos minutos corales del equipo, con especial mención a Hezonja y a Sergio Rodríguez, mientras Vezenkov, más los puntos de McKissic, sostenía a los del Pireo. Al descanso, empate a 45 y muchísima igualdad.

El tercer cuarto fue, en cuanto a evolución del marcador, un calco del primero. El Madrid se aferraba a hacer la goma para que su rival no se escapara, pero poco a poco, coincidiendo con la vuelta de Canaan a la pista, el Olympiakos iba tomando ventaja, pulgada a pulgada, punto a punto. Costaba encestar por ambos equipos, el Madrid tan solo logró en esos 10 minutos 14 puntos. La intensidad del primer tiempo pasaba factura, las defensas eran más cerradas y los tiradores no encontraban hueco. En los nuestros, nadie destacaba excesivamente sobre los demás, pero nadie deslucía tampoco.

6 puntos arriba para los de Bartzokas, con Vezenkov como gran referencia en ataque, mientras que su pívot Fall apenas aportaba en ataque, aunque su duelo de gigantes de 2,20 con Tavares hacía saltar las chispas. Iba a llegar el momento de los grandes de verdad, en particular de Chus Mateo, aferrado a su zona y buscando puntos en ataque que sumaran a los goteos de Tavares, de Chacho y de Hezonja.

Canaan había vuelto al parqué y era la gran pesadilla de los blancos en defensa. El Olympiakos mantenía entre 4 y 7 puntos de diferencia y el ritmo lento del encuentro tan solo lo desquiciaba a ratos Chacho y su dirección de juego más dinámica. Ya estaban en pista los fabulosos Space Cowboys - copyright de @lagalerna_ -, Chus Mateo se la iba a jugar con ellos, alternando entre 6 jugadores el “cinco” en pista: los tres mosqueteros irreductibles (Llull 35 años, Rudy 38, Chacho próximo a los 37) en – quizás - uno de sus últimos y valiosos servicios a la corona madridista, Tavares, cómo no, Hezonja y el bretón que florece siempre en primavera  (Euroliga 2018, Liga ACB 2022…), Fabien Causeur, con una espectacular forma de defender y su valiosa aportación en ataque en forma de bandejas de premio World Press Photo  y de triples imposibles.

Y los nuestros seguían tan tranquilos. Y eso, pese a que el concierto del trío arbitral (el lituano, el esloveno y el francés de los musculitos) barría descaradamente para El Pireo, con formas distintas de interpretar los pasos y tolerancia cero para las protestas de nuestro banquillo, que supusieron unas cuantas posesiones para los griegos.

No había forma de reducir diferencias, Chacho y Tavares anotaban de dos en dos, mientras que Vezenkov respondía a cada ataque, junto al acierto de Canaan, que batió su récord anotador de siempre. El marcador se congeló casi dos minutos en un inquietante 75-70 a falta de 3 minutos. Los brazos temblaban y las piernas flaqueaban.

A falta de 2, una bandeja del Chacho puso el 78-74 en el electrónico. Era el momento de la final. En el siguiente minuto se sucedieron los fallos por ambos lados: fallo de Sloukas en el triple, pérdida de Tavares, personal de Causeur - afortunadamente sin tiros -, fallo de Vezenkov en el triple.

Quedaban 47 segundos cuando Chacho, que, como recordarán, nos debía una final que prácticamente él solo nos hurtó en Vitoria 2019 con una actuación sublime con su CSKA, Chacho, que volvía en el verano pasado a su casa de siempre como el hijo pródigo -otra referencia bíblica, esta vez del Nuevo Testamento -, Chacho, insistimos, acertó a clavar un triple en la cara del capitán Kostas Sloukas (su viejo rival en las finales de 2013 y de 2015, con una victoria para cada equipo) y ponía el 78-77.

Habría pues, por lo menos, 2 jugadas de ataque más. La pizarra de Mateo volvió a funcionar, y es que en defensa tenía a su mejor hombre todavía en cancha, Tavares, tras jugar casi 34 minutos, pero poco cargado de personales. Y Edy, con paciencia y también con astucia, provocó el fallo de tiro de Moustapha Fall - quien realmente tuvo una noche aciaga - y rebañó su rebote.

El Madrid, que en 39 minutos apenas había comandado el tanteador durante 2 de ellos - recordando a la célebre semifinal de Champions 2022 ante el City, cuando desde el minuto 1 hasta el minuto 182 de la eliminatoria el equipo merengue estuvo siempre eliminado -, tenía una bala, pero menuda bala, para llevarse el máximo trofeo europeo de baloncesto.

A falta de 12 segundos y poco, falta de Walkup sobre el Chacho. Y los dos equipos, al tiempo muerto. Era el momento Llull, y Chus Mateo, que lleva 12 años entrenando al de Mahón, le preparó la jugada. Era arriesgado. Mateo, que ha recibido esta temporada injustamente todas las críticas habidas y por haber, tras heredar la alargada - y muy exitosa - sombra de Pablo Laso, lo tenía claro: Sergio Llull, el hombre mágico de los últimos segundos que tantos títulos ha dado al Madrid, desde aquella lejana Copa del Rey en el Palau Sant Jordi en las barbas del FC Barcelona, era una vez más el elegido.

Los 600 madridistas del Zalgirio Arena, los valientes Ojos del Tigre y los Berserkers. Los veteranos del club. Los directivos. Los familiares. Todos miraban al techo del pabellón en busca no ya del milagro – milagro era haber llegado hasta allí, hasta ese preciso instante –, sino en busca del único final que podía tener esta maravillosa aventura de la Euroliga 2022-23. Del triunfo, in extremis, de su Real Madrid. De nuestro Real Madrid, al que cientos de miles de personas estábamos enviando aliento, ánimos y fuerzas desde tantos puntos de la Península, de las Islas Baleares de Rudy y de Sergio, de las Islas Canarias del Chacho (nuestros 3 mosqueteros, nuestros 3 Space Cowboys aterrizaron hace años en Madrid desde sus preciosas islas), y del resto del planeta.

Cartas de un madridista millennial: ... you get what you can

Y Llull lo volvió a hacer. Con un escorzo magnífico, de una plasticidad bellísima, a 5 metros del aro, se detuvo en el aire, con el cuerpo ligeramente doblado hacia atrás, y superó la envergadura infinita de Mous Fall, para convertir una mandarina de ensueño que penetró en la red de los helenos, cuyos 7.000 seguidores no podían dar crédito a lo que estaban viendo, tras haber dominado el 95% del transcurso del partido. En los 3 segundos que quedaban, Sloukas falló un tiro que pareció bastante más sencillo que el de Llull.

¿Fue suerte? Como decía Chacho ayer en la Comunidad de Madrid, sí, fue suerte. “Pero la suerte también hay que trabajarla”, afirmó, con su sabiduría infinita.

Fue un premio glorioso, en primer lugar, para el propio Llull, galardonado una vez más de forma merecida: un premio a su fidelidad indestructible por el Real Madrid, a quien siempre priorizó ante los cantos de sirena de la NBA y de otros transatlánticos europeos.

Fue el triunfo de la humildad y de la sencillez de Chus Mateo, que minutos después protagonizó, junto al cariño de Tavares, una de las ruedas de prensa más emotivas que se recuerdan.

El del propio Tavares, por supuesto, elegido MVP de la Final Four por su magnífico desempeño. El de Chacho, máximo anotador madridista de la final. El de Causeur, “la gauche divine” como le bautizó Siro López. El de Rudy, magullado tras mil y una batallas este año y los anteriores, que es realmente la piedra angular de este equipo de leyenda, el Porthos capaz de sostener con su fuerza y su espíritu todo el peso del equipo. El de Mario Hezonja, enorme su trabajo en defensa en Kaunas y con buenas aportaciones en ataque.

Fue el triunfo de la humildad y de la sencillez de Chus Mateo, que minutos después protagonizó, junto al cariño de Tavares, una de las ruedas de prensa más emotivas que se recuerdan

También el triunfo de los secundarios, entre ellos Musa, protagonista todo el año y algo menos en Kaunas, aunque anotó 2 triples en la final, que nos dieron mucho aire. Y Nigel, bravo en defensa y encestando, y Randolph, y el incansable Hanga, y el joven Ndiaye. Y Abalde animando como un loco desde el banquillo, como Deck, como Poirier, como Yabu, como el querido Alocén.

Nada más acabar el partido, en el plató de RMTV, vi llorar a mi amigo Joe Llorente, unas lágrimas de orgullo y de felicidad, que comentó que era la final más bella que había contemplado jamás. No fue el único que lloró. Hubo lágrimas de Chus, de Causeur, de Deck, de muchos más. También de Juan Carlos Sánchez, que acaba una vez más una temporada con el trabajo bien hecho y con una victoria incontestable.

Mencionar a todo el cuerpo técnico, a Redondo, a Calín, a Frutos, a Trapero y al resto de componentes.

Ya son 25 Copas de Europa. Culminada la última de ellas con un final de ensueño, maravilloso, a la altura de una gesta que se recordará, por lo sinuoso del recorrido, tanto como aquella de 1995, tras 15 años de sequía, de Sabonis y de Arlauckas, o la de 2015, 20 años después (como el título de la novela continuación de Los tres mosqueteros), en el Palacio, ambas, curiosamente, ante el mismo Olympiakos batido por tercera vez en una final.

 

6 comentarios en: La conquista de la Undécima (Una epopeya)

  1. Buenas noxhes. Este precioso artículo (me encanta su trasfondo bíblico sapiencial) merece al menos un comentario, por parco que sea. Ya lo conté: pude ver de cerca a los jugadores del Madrid al salir de La Frontera tras ganar en partido de Liga ACB al Valencia Basket, tras las batallas serbias y antes de la final lituana. Muy cercanos con todos los aficionados. Pero....ahora caigo: ya tenían cara de campeones. No acerté a verlo en el momento. ¡Qué orgulloso me hicierom sentir como madridista, y como español! Compensaron con creces, el ciento por uno (por estar a la altura bíblica de Athos Dumas), compensaron con creces, digo, el amargo trago de hielo (Padre, aparta de mí este cáliz) del racismo contra Vinicius en mi misma bendita tierra de Valencia, en mala hora ahogada por la mala hierba del odio antimadridista. Gracias por tan bello y profundo artículo.

  2. Yo no pude ver la final, porque no soy capaz de encontrar nada fiable donde ver los partidos de forma pirata, ya que uno no puede permitirse pagar la barbaridad que hay que pagar si quieres ver todo aquello que te gusta: fútbol, baloncesto, fórmula 1, series, películas, etc. Al final tienes que estar abonado a tropecientas plataformas o buscar alternativa pirata, y lo que he encontrado para ver baloncesto, se bloquea, se va la imagen....un desastre completo. Es como con el fútbol, que un colega lo ve en webs árabes y a mí se me corta bastante, no sé como demonios a él no, y al final lo veo con el plus de mi hermano.
    ¿Cómo es posible que un equipo español juegue la final de la Euroliga y no lo echen en abierto a toda España? En fútbol nos comemos la final de la Champions en abierto aunque no la juegue un equipo español, y en baloncesto ni con esas. No sé que audiencias tendrá el baloncesto en DAZN, pero desde luego que dudo que sea algo muy elevado, máxime teniendo en cuenta los precios...pero a mí me encanta el baloncesto, lo practiqué de pequeño, pero no estoy dispuesto a pagar 30 pavos al mes para ver el baloncesto, fútbol y fórmula 1 que dan, porque ya estoy abonado a varias plataformas más, y se me va de presupuesto.

    Al margen de todo esto, gracias Athos por este artículo, porque uno se transporta como si hubiera visto el partido realmente. Fui siguiendo a través de Real Madrid TV, las webs deportivas, etc, el partido....pero me pone nervioso no verlo, e iba desconectándome. Los 5 últimos minutos estuve pendiente, y me llevé subidón igualmente. Gran artículo, como es costumbre en tí.

  3. No podría asegurar con toda certeza si este título ha sido el que mayor placer me ha producido de entre los numerosísimos que ha ganado el Real Madrid. No sería capaz ,puix no dispongo de un método (científico) que así lo certifique o, por lo menos, concluya. No dispongo de orgasmómetro. Lo que sí puedo atestiguar es que seguí, en directo, toda la final de Kaunas. Fue una gozada. Les estuve siguiendo , de inicio a final ,por mi pasión blanca y como agradecimiento a la machada que se han marcado. Solo ,y me siento orgulloso de ello, el Real Madrid lo ha hecho. No me quiero extender, pero todos sabemos el extraordinario merito que supone haber superado la eliminatoria ante el gran equipo que dirige un tipo entrañable y muy querido por el madridismo: Zeljko Obradovic. Ironías del destino, fue otro entrenador del mismo apellido el que estuvo presente en la final a cuatro, el entrenador del Monaco. Precisamente este equipo obtuvo su primera victoria en una final four ante el "més que un club". Cosas de la vida (alegre y divertida).
    Al respecto quiero decir que el equipo de la liga francesa batió al innombrable por idéntico resultado al que se obtuvo un par de días en el clásico.

    Acabaré informando al personal sobre el vomitivo hastío que me producen los comentaristas y realizadores de Dazn, llevan el antimadridismo en vena y ante las victorias blancas hacen de tripas corazón. Al final del partido dónde los babaugranas fueron derrotados por un equipo sin su jugador franquicia (James) , va y uno de los comentarista se puso a elogiar al farça , llegando incluso a dirigir unas palabras de ánimo a sus sosis y asfixionaos. Mis oídos , y mira que los conozco, no daban crédito: En un catalán bastante correcto , aunque con acento charnego, dijeron: "Ànims al culés, que ben aviat les coses aniràn molt millor". Hasta aquí hemos llegado. Lo peor de todo es que estas cosas son habituales.

    Por cierto, es agradable constatar que Athos Dumas no pierde su amor por el Real Madrid ni ceja en su empeño por escribir desde el corazón.
    Así lo borda.

  4. Añadido al comentario anterior, si acaso emerge y se publica, decir que el partido fue muy emocionante. Mi intervalo de pulsaciones , en estado normal de reposo durante el día, es de 61-66. Pues ,bien, durante el partido estaba a 80-82 . Y en el penúltimo tiempo muerto , a falta de no muchos segundos, con los nuestros perdiendo por un punto, quise comprobar lo que marcaba el pulsioxímetro: 98 % (saturación en oxígeno) y 109 pulsaciones por minuto.

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Tweets La Galerna

Se pasó ocho años @antoniohualde despotricando de Bale porque no hablaba español. Ahora le parece que Bellingham en cambio bien... aunque tampoco habla español.

Sin embargo, creo que le entiendo, aunque no comparta su texto.

Estamos ante un escenario -en fútbol y baloncesto- que puede hacer de 2024 el mejor año deportivo de nuestras vidas.
Concentración, humildad y ¡a por ello!
¡VAMOS REAL!

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