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Iker: Adiós ¿con el corazón?

Iker: Adiós ¿con el corazón?

Escrito por: Jesús Bengoechea11 julio, 2015
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Es ya oficial que Iker Casillas se va del Real Madrid. Es una magnífica noticia para el club que amamos. Si en este país se dijo sin rubor que Iker tenía que jugar en aras de la paz social, y no sucedió absolutamente nada, no causará escándalo el que ahora indiquemos que la paz social va a agradecer su ausencia. Las cosas se simplificarán: los porteros jugarán de titulares u ocuparán una plaza en el banquillo con arreglo a criterios mucho más prosaicos que dicha paz, como la seguridad en los saques de esquina o la eficiencia en el uno contra uno que día a día acrediten dichos guardametas. Eso es al menos lo que queremos pensar que sucederá.

La presencia de Iker en el Real Madrid, a lo largo de las últimas tres temporadas, ha traído consigo una presión mediática sobre el club completamente desproporcionada, dándose la circunstancia de que la presión, además, se incrementaba a medida que el declive de Iker iba haciéndose cada vez más innegable. La prensa, y con ella gran parte de un madridismo seguidista con sus postulados (y, lo que es más significativo, gran parte del antimadridismo también) ha llegado a exigir al Real Madrid la titularidad de Iker Casillas como si el club fuese un subsecretariado, dependiente del Ministerio de Cultura, al que se encomienda la protección de una obra artística del patrimonio nacional. No tengo la menor duda de que en el plazo de pocos años, cuando miremos atrás, existirá un consenso sobre la grosería y ridiculez de los comentarios que imponían su presencia en el once. A él no podrán sustraerse, estoy seguro, ni los propios impulsores de la campaña, que se avergonzarán viendo en youtube sus enlatadas soflamas chiringuiteras a poco que les reste algún sentido del recato.

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Los últimos tres años han consistido en una progresiva asunción del visible ocaso de Casillas por parte del casillismo, que se aferraba en cambio al mantenimiento de la inocencia de Iker en lo relativo a esa presión mediática. “Él no tiene la culpa de que la prensa le quiera”. Discutible. En un hecho sin precedentes y probablemente sin réplica posible, la pareja del capitán del Real Madrid apareció en un programa de televisión para, en el ejercicio de su labor de periodista, desvelar que la plantilla del Real Madrid no apoyaba a su entrenador. Si eres el capitán del Real Madrid y te pasa eso, tienes un problema. O no lo tienes en absoluto, lo cual sería mucho peor y se ajusta (nos tememos) mucho más a la realidad.

La sensación de que Iker atizaba sus contactos mediáticos en busca de su propio beneficio fue cobrando fundamento a medida que, en su quehacer como guardameta, problemas técnicos que nunca se preocupó en solucionar agravaban con el paso del tiempo su potencial mortífero. Mortífero para el Madrid y mortífero para su carrera en el club, que ha conocido un final prolongado y precario, absolutamente indigno de su brillantísimo desempeño hasta entonces y su innegable talla como leyenda del club. La astracanada final, con un sí pero no que dejó al club plantado en los altares de un homenaje preparado (y, pese a todo esto, merecido), no ha hecho sino acrecentar estas sensaciones aciagas. Nadie quiere que la gente suplique tu retirada. O quizá hay quien sí lo quiere, o a quien no le importa demasiado: esa puede ser una de las enseñanzas.

En nuestro Portanálisis de hace unos días, señalábamos lo siguiente: “…queremos pensar que (…), si se confirma la noticia, seremos capaces de trascender el pasado más reciente y vibrar con el recuerdo de las gestas de aquel a quien tanto quisimos. Queremos creerlo pero en este momento, la verdad, no lo creemos demasiado. El respeto, el reconocimiento y la gratitud siempre; el amor, si el corazón quiere. Y el corazón manda”. Han pasado apenas horas desde que escribimos eso y el corazón no ha mandado nada distinto de lo que mandaba entonces. No tenemos tantos reflejos en el corazón como tuvo él bajo los palos en su momento de gloria. Lo que sí hemos logrado, con el transcurso de las horas y la cercanía del momento, que es real, que se acerca, es brindar a esta idea los necesarios matices.

El corazón manda pero, en momentos de ofuscación, agradece ser sorprendido con órdenes, que en ocasiones incluso obedece. Yo creo que un madridista que se haya sentido decepcionado con Iker en los últimos tres años debe ordenar a su corazón que mejor se acuerde de lo bueno, y a ver qué pasa. Podría haber sorpresas.

Personalmente, yo me he ordenado acordarme de Glasgow, donde estaba yo, donde Iker Casillas me salvó del viaje de vuelta más amargo del mundo, lo que viene a ser casi como salvar el pellejo. Me he ordenado acordarme de la última liga de Del Bosque, la que a pesar de las numerosas jornadas en que el equipo sesteó galácticamente, ajeno al menor espíritu competitivo, ganaron Ronaldo Nazario e Iker Casillas (pocas exageraciones menos exageradas que la que acabo de emitir). Me he ordenado acordarme –un amigo atlético me conminaba hoy a hacerlo- de los catorce años ganando consuetudinariamente al Atleti, con Iker desesperando a Fernando Torres. También me he ordenado acordarme de cuando Iker era alguien que ignoraba el ruido en lugar de sacar partido de él (porque hubo ese momento), de cuando Iker era de verdad un modesto muchacho de Móstoles, pleno de carisma y naturalidad, antes de convertirse en una impostura interesada de eso mismo. Porque sí: hubo ese momento.

He ordenado todas esas cosas a mi corazón y, aunque de momento parece bastante impermeable, sé porque me conozco que tarde o temprano terminará haciéndome caso. El corazón manda, sí, pero nada hay más aburrido que regodearse perpetuamente en las afrentas. Por eso recomiendo iniciar el proceso que yo he iniciado. No hay garantías de éxito pero está bien saberse en el camino adecuado. Quizá mi adiós a Iker no sea enteramente un adiós con el corazón, pero sí es uno donde el corazón ha sido programado para recordar con el afecto y la admiración que mereció.

Buena suerte, Iker. Te mando el abrazo que algún día (porque lo sé) será sincero.