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Héroes vs Fuerzas del Mal (x3)

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Héroes vs Fuerzas del Mal (x3)

Escrito por: La Galerna2 febrero, 2019
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Buenos días. El sorteo de Copa ha sido veleidoso y los Héroes se van a enfrentar a las Fuerzas del Mal tres veces en 24 días, a saber, la ida y la vuelta de estas semifinales y el Clásico de Liga del Bernabéu somewhere in between. También por ahí en medio caen unos octavos de Champions con el Ajax y un derbi liguero contra el Atleti, que no son las Fuerzas del Mal aunque vayan de malotes donde otros van de que juegan para los niños del mundo.

Nos disculpamos si lo de Héroes vs Fuerzas del Mal os ha resultado maniqueo. Es lo que hay. La Galerna proclama lo que todos sabemos pero otros (llevados de una corrección política exacerbada, o de que Roures no les deja, o de un mal entendido sentido de la ecuanimidad, o de que son del Barça o profesan cualquier otra confesión del antimadridismo) no se atreven a decir: que una lucha Madrid-Barça es una lucha de los buenos contra los malos (respectivamente, claro) y que una lucha Madrid-Barça por triplicado es un triple desafío entre una forma decente de entender la vida y la más amanerada y vil combinación de hipocresía y trampas que han conocido los siglos en el ámbito del deporte. ¿Nos explicamos?

La Galerna no odia al Barça. La Galerna no odia a nadie o, mejor, reserva su odio para las cosas objetivamente detestables de ese planeta, el terrorismo, el hambre, la guerra. Como paradigma, sin embargo, y con todo el respeto para los barcelonistas sensatos que pese a serlo no abjuran de su barcelonismo, pocas cosas más rigurosamente odiosas que el actual FC Barcelona quedan en este universo. Cuando el Barça cambie para bien (pleonasmo: solo tiene margen de maniobra en ese sentido), nosotros cambiaremos en consonancia nuestra opinión sobre el Barça, que de momento es la siguiente: es el instrumento de propaganda de una causa política desatinada que ejerce su misión con buen fútbol pero sobre todo con un modus operandi caracterizado por constantes (y constantemente impunes) muestras de chulería, violencia, acoso al árbitro, atildamiento y simulación. Es el Barça de Chumi que alinea a quien le da la gana sin respeto a la competición y sin recibir castigo por ello. Es el Barça de Suárez y Alba y Messi que han convertido el pateo del césped como modo de simular penalti en su marca de la casa, por encima de su excelencia futbolística. Es el Barça de ese Busquets que nos sonroja, un día sí y otro también, fingiendo ser receptor de agresiones que ya no existen ni en su imaginación. Es el club que hace jugar 90 minutos a su equipo y al rival bajo una pancarta que tilda de dictadura al país que les acoge. Es el club que hace todo esto de manera perenne con la connivencia de las instituciones. Y una cosa más: es todo eso y merece una lección deportiva (triple, a ser posible) por serlo.

Se dirá que escribirnos todo esto porque somos del Madrid. Y somos del Madrid. Apasionadamente del Madrid. Insobornablemente del Madrid. Pero no escribimos todo esto por serlo. Lo escribimos porque tenemos dos ojos en la cara. Lo escribimos porque amamos la deportividad y la decencia. Lo escribimos porque pensamos que en esta vida quien hace el mal merece un correctivo, que lo merecería incluso aunque pululara desenfadadamente por su cortijo, que es por donde alegremente ejerce el Barça su patente de corso arbitral e institucional. Tres ligas y medias con dos penaltis en contra. Messi golpeando el césped y el árbitro, a tres metros, pitando penalti con el visto bueno del VAR, ese instrumento de desfachatez que se usa para que se nos quede más cara de idiotas a los que nos rebelamos ante la verdad silenciosa, a los que emitimos acuse de existencia del elefante en la habitación. Somos pocos y (en este caso) somos del Madrid, pero no reaccionamos porque lo seamos sino porque es precisa y absolutamente un asco, y el constatar el asco nos refuerza en nuestro madridismo.

Causa y efecto no son lo que parecen. No nos pronunciamos con este aparente maniqueísmo por nuestra filiación futbolística, sino que nuestra simple observación de la realidad refrenda esa filiación. Si volviéramos a nacer mañana encontraríamos más razones que nunca para ser lo que ya somos, es decir, madridistas, o al menos no (bajo ningún concepto) barcelonistas. ¿Cómo se puede ser barcelonista a día de hoy? ¿No ven -y por desgracia lo decimos completamente en serio- que son los malos? Quizá no siempre lo fueron. Quizá algún día dejen de serlo. No es algo que suceda por definición. Sucede porque han abrazado la iniquidad con el visto bueno de los estamentos y los medios.

Alguien tiene que reaccionar contra esto, por triplicado si es posible.

Y ese alguien solo puede ser el viejo Real Madrid, que lleva la antorcha opuesta a la que blande su némesis: la de todo aquello que hace loable el deporte, ni más ni menos. El Madrid no es perfecto, pero no hace falta serlo para servir de contrapunto a tanta inmundicia como la que hoy el Barça representa. Basta con aspirar a la verdadera ejemplaridad.

Pasad un buen día.