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Gatopardismo

Gatopardismo

Escrito por: Antonio Valderrama12 septiembre, 2023
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El Gatopardo, la novela que escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa y que publicó la Feltrinelli en 1958, es quizá más conocida por el concepto de filosofía política a que dio lugar (el gatopardismo) que por su extraordinaria dimensión literaria y artística. Así son las cosas, qué le vamos a hacer. La expresión está ya tan asentada en la lengua que hablan los españoles (o que hablaban) que, a pesar de no haber sido recogida aún por el Diccionario de la Real Academia, sí está, por ejemplo, en la FUNDEU: “término con el que se alude al principio expuesto a menudo como cambiar todo para que nada cambie”. Me acordé de esto el otro día cuando vi la alineación con la que el Madrid empezó su partido contra el Getafe.

En el equipo titular que Ancelotti dispuso sobre la capa verde que recubre el fabuloso hipogeo del Nuevo Santiago Bernabéu sólo había tres futbolistas que también partieron de inicio en la final de la Copa de Europa jugada en París en mayo del año pasado, es decir, solamente quince meses antes. Están, por supuesto, las obvias salvedades de Courtois y Militao, lesionados de larga duración y que sin duda habrían formado parte del equipo si hubieran estado en condiciones, y de Vinicius, temporalmente fuera de servicio. No obstante la cuenta sigue resultando asombrosa, pues el equipo que se coronó contra el Liverpool hace, por así decirlo, dos telediarios, ha renovado más de la mitad de sus efectivos titulares en un tiempo récord y sin que, como suele pasar casi siempre, haya mediado ninguna catástrofe deportiva. Todas las líneas contemplan cambios sustanciales: el lateral izquierdo, la media al completo y lo nuclear del ataque son completamente nuevos. ¿No es excepcional?

Alineación Real Madrid Getafe

El centro del campo más dominador del fútbol europeo contemporáneo, es decir, Casemiro, Modric y Kroos, ya no existe. Se dice pronto. Era, grosso modo, lo que quedaba del increíble mecano de naturaleza histórica del Madrid de los Jerarcas, que empezó con Mourinho, maduró con Ancelotti y culminó con Zidane. Sin Ramos y sin Cristiano Ronaldo, sin el alfa y sin la omega, quedaban Benzema y los triunviros, que no es moco de pavo: quedaba el mecanismo de tracción de un equipo legendario. Con eso solo ya está dicho todo: la sala de máquinas del tirano de la Copa de Europa en la última década se ha renovado en un abrir y cerrar de ojos. La FUNDEU, que también habla de lampedusismo, debería ampliar la definición integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador. O sea, de inmovilista, según la acrisolada prensa deportiva patria, tan estúpida, por lo general, como miope.

La FUNDEU debería ampliar la definición de gatopardismo integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador

Mendy, los tres emperadores del centro del campo, más Benzema, no son cualquier cosa. En particular, la ausencia de los cuatro últimos implica una reformulación absoluta de la idea de juego, tal es el peso de estos futbolistas en el movimiento global del equipo. Su presencia en el terreno de juego conduce a todo el equipo en un sentido u otro. Son figuras determinantes. Sus apogeos, declives y regularidad han establecido pautas. Movieron al 4-3-3, las ausencias de unos u otros llevaron al 4-3-2-1, a sistemas más audaces o de mayor contención. Su liderazgo va mucho más allá de lo deportivo, es una cuestión espiritual, una jefatura. Que no estén remueve los cimientos. Es como cambiarle la identidad al grupo, resetearle el cerebro, obligarlo a hablar en otro idioma. Como no hay otro Benzema, ni otro Kroos, ni otro Modric ni tampoco, verbigracia, otro Carlos Henrique Casemiro, la reinvención ha tenido que pasar por fichajes de “perfiles” parecidos, complementarios y sobre todo, modernísimos, que respondan también al estado de cosas del mercado internacional, plagado de petrotiburones con los que no se puede competir, y de la liga nacional, competición en evidente degeneración. Camavinga, Tchouaméni, Valverde y Bellingham constituyen los ejemplos perfectos de la lamarckiana adaptación al medio del entrenador más experimentado del fútbol de élite actual: chicos muy jóvenes y llenos de talentos cuya principal virtud es la polivalencia. Como la versatilidad es buena pero peligrosa, pues siempre acecha la ambigüedad y, en último término, la terrible indefinición, el scouting del club, origen y rector de este proceso iniciado en la dirección deportiva desde hace algunos años, pone en manos de un viejo zorro con un palmarés inigualable la fase final de la formación de las futuras estrellas.

JAS y Florentino

Esto es algo revelador. Desde siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo, esas nociones vaporosas con las que la prensa enemiga del club ha pretendido siempre ensuciar los éxitos del Real, sobre todo desde que está Florentino. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador. Un sentido de las cosas, una lógica empresarial que en fútbol suele denominarse “cultura de club” y que, decían, el Madrid nunca tenía: el Madrid ganaba a dentelladas absurdas de un Leviatán fatal, acaparador de títulos sin entrañas, devorador de las ilusiones de los pueblos. Sin embargo este es un proceso no azaroso ni aleatorio, sino guiado, orientado por una idea clara de qué tipo de equipo de fútbol quiere tener el Madrid en el corto, medio y largo plazo. El proceso es evidente que funciona: que en quince meses el Madrid ha reemplazado a la mitad de su equipo titular es un facto, como lo es que por el camino ha cambiado su manera de jugar, ha recuperado el rombo, añoranza vintage de un fútbol hoy obsoleto, ha cambiado de estrella y además ha seguido ganando.

Siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador

La renovación de un grupo eminentemente ganador es siempre una mar embravecida, una cuestión delicada que a menudo acaba en tragedia. Los grandes difícilmente tienen recambio, es algo natural, la vida misma. El Madrid galáctico, el Barcelona de Messi, la primera SuperFrancia mestiza, la España del “Tikitaka”, son algunos ejemplos de extraordinarios equipos ganadores a los que siguió el abismo. Lo ideal es renovarse cuando uno está en la cresta de la ola, pero las cosas casi nunca se acercan a lo ideal. El Madrid lo intentó cuando Zidane se fue de improviso tras el threepeat pero entonces todo descarriló. Este tipo de procesos siempre están expuestos a riesgos no calculados y a inopinadas tormentas. Con todo, a pesar de los errores, la dirección parece clara. Hoy a Casemiro lo sustituye el pivote de la selección subcampeona del mundo y a Modric y Kroos, dos de los centrocampistas con más proyección del fútbol mundial. De Benzema se ha puesto a hacer un chaval inglés que con 19 años se mueve como si fuera Di Stéfano y parece llevar lo madridista tan en la sangre que, se diría, encarna la esencia de todos los carismas que han ejercido el liderazgo moral del club en 120 años.

Jude Belllingham

Ancelotti, mientras tanto, articula, en este inicio de temporada, una suerte de capellismo champán que ha puesto líder al equipo, con sólo dos goles encajados a pesar del baile de defensas y porteros y no muchos más a favor, sino los justos. Sin Benzema el Madrid necesitaba otro punto de apoyo para mover el mundo y Carletto lo está encontrando pues esa es la razón de que, desterrado de la primera línea de la élite mundial, alguien pensara en él cuando Zidane, en mayo de 2021, decidió volver a irse. En un panorama desolador, mientras que el fútbol pierde a chorros el simbolismo inherente a su naturaleza y sin que se diera cuenta ninguno de nuestros listos, tan atentos a las majaderías de nuestro tiempo, el Madrid tardoflorentinista lleva un lustro implementando una singular kulturkampf con la que está resignificándose a sí mismo con el objeto elemental, único, de que todo siga, claro, como siempre. Con él por encima de todos los demás.

 

Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

2 comentarios en: Gatopardismo

  1. 1) "Running" es un término aparecido en la FUNDEU pero no recogido, afortunadamente, por la R.A.E...otro día hablaremos de la RAE, que tiene a algún español de bien un tanto moscatel con sus "aggiornamentos" y "cursipopulismos" varios. ¿Running? ¡Sapristi! lo que toda la vida ha sido "salir a correr"...
    2) ¿El farça de messi? No , home no, ¡el farça de Negreira! No neguemos la mayor.
    3) Bellingham es un futbolista top, de acuerdo. Pero..., por favor , no saquemos las cosas de madre. Si algo odio en la vida es incurrir en conductas Mas propias de culetufo.

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"Aquel gol agitó como pocos el corazón blanco y modificó el destino de un partido clave, costumbre arraigada en Chamartín".

Vía @lagalerna_

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Se cumplen 10 años del no gol más importante de nuestras vidas. Hubiese dado años de vida por que ese cabezazo de Ramos en el 93 hubiese entrado. Qué felices hubiésemos sido.

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«Decían de Van Basten que te devolvía la pelota perfumada. @ToniKroos te hace lo mismo y además te regala bombones, y te pasea al perro si tú andas liado».

Es un gusto cuando @Laboreiro viene a echar un rato con nosotros.

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