Las mejores firmas madridistas del planeta

Eureka

Escrito por: Antonio Escohotado28 enero, 2019
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El Madrid ha dejado de jugar a no perder y lo hace con el alma entera: peleando todo, ganando los balones divididos, recuperando en campo rival y perfeccionando el sistema de no rifar una pelota, quizá nacido con el fútbol total de Rinus Michels, que hoy consiste en tener al contrario presionándote en vano, pues a la media hora o así estará derrotado física y mentalmente. Desde luego, para eso hay que saber jugar al toque y también esconderla; abrir y cerrar huecos, a veces con jugadas de cien pases, cosa reservada en primera división al exquisito técnicamente, pero también al sobrado en términos musculares, y ambas cosas reparte con prodigalidad el equipo estos últimos tiempos.

Reguilón brilló a mi juicio por velocidad, criterio y fuerza, presagiando un Carvajal de la banda izquierda que casa bien con Kroos y Modric, dos superclase cuyo racionalismo desequilibra las defensas añadiéndoles el brío de ambos canteranos. Marcelo, a quien tanto admiro, rompió el fuera de juego que habría evitado el segundo gol –por cierto, una obra maestra de Rosales-, y veremos hasta qué punto un foco de iniciativa como el suyo compensa las grietas, aunque dosificarle y atender a lo singular de cada partido podría minimizar riesgos. Por lo que respecta a Kroos, venir de una lesión relativamente larga no le impidió dictar otra lección magistral, y exhibir un margen de mejora tan factible como evitar que los tiros le salgan altos.

Lucas y Casemiro cumplieron sobradamente en el capítulo defensivo, no tanto en ofensivo, y Varane lo estaba haciendo bien hasta que zancadilleó sin querer, ganándose la expulsión, a raíz de lo cual empezaron a proliferar malos pases y el Real pareció un equipo corriente, deseoso de conservar el marcador favorable. Vinicius tuvo al fin una noche gris, que no empaña sus indiscutibles virtudes ni la asistencia a Benzema, y a Nacho le falta todavía un punto de forma, como si arrastrase algún grado de molestia. En cualquier caso, atrás está el capitán Ramos, fuerte, hábil e inasequible al desaliento, que ratificó su condición de monstruo en el juego aéreo. Su tarjeta amarilla clama al cielo, pero son pelillos a la mar comparados con lo exuberante de su aportación.

Por lo demás, la capitanía intelectual corresponde a Modric y Benzema, dos focos volcánicos de creación que en el caso del segundo agotan los adjetivos. No le hemos visto jugar tan bien nunca, y si persiste logrará aunar las funciones del 9 y el 10 en medida inaudita. No menos esperanzador es que Bale vuelva a hacer de las suyas, y en un metro de terreno logre pasársela de tacón a tacón, culminando la délicatesse con un obús.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

11 comentarios en: Eureka

  1. Desde luego qué diferencia cuando el que aprieta el gatillo es Bale, por fin vuelve el cañonazo sin concesiones. Un gol así parece que cuenta doble.