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Épater le culé

Épater le culé

Escrito por: Mario De Las Heras5 septiembre, 2016
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No es que al madridismo, puede que al galernarismo en particular, le haya salido una vena romántica como a los fustigadores del burgués de finales del XIX. Es que el romanticismo del Madrid es natural (y contundente como afirman sus títulos), aunque cabe la posibilidad de que en los últimos años, debido a la preponderancia y aburguesamiento del rival, se haya producido una exaltación del artista.

El Madrid es el epatante y el Barcelona el burgués. De ahí que a la expresión épater le bourgeois en este caso haya que añadirle la versión caprichosa de épater le culé, que significa "hacer caer abierto de piernas, por algún hecho o dicho asombrosos, al culé".

Yo he visto producirse eso, literalmente (con gran escándalo en la consecución de las dos últimas Copas de Europa logradas por el Madrid: rumores de asombro, gritos ahogados, desmayos y enaguas al descubierto, y sombreros y tocados y puros y sombrillas al aire) en grupos enteros de culés, aunque cualquiera puede verlo a diario en las declaraciones de sus portavoces o en las publicaciones de la prensa del Nou Periodismo.

El Portanálisis de La Galerna epata cada día aquí al burgués a fuerza de inmoralismo, del mismo modo que Jesús Bengoechea individualizaba ayer la burla en el culé de Toni Freixa en "[...] un trabajo beneficioso, un trabajo meritorio, y más en sociedades como la nuestra, llenas de prejuicios rancios y de preocupaciones arcaicas", decía Baroja. Freixa es un buen ejemplo, una buena metáfora de aquel burgués al que empezaron a despatarrar por su mediocridad los poetas como Baudelaire.

MetalurgiaPorque este barcelonismo que amasa títulos como posesiones terrenales tiene una raíz industrial que quisiera ser romántica, pero no puede. Este barcelonismo, que en los últimos tiempos ha pasado, incluso pasa, por la mejor época de su historia, tiene la misma poesía que una planta metalúrgica y lo sabe, y quisiera ser Flaubert con sus atavíos extraños pero le resulta imposible soltar el bastón y destocarse de la chistera y quitarse de las falsas buenas costumbres. Así le hemos visto, le vemos, aferrarse a la mera provocación del niño Piqué como si en ella estuviese su humana salvación.

Al Madrid, en cambio, le hemos visto con el chaleco rojo de Gautier o con el sombrero de ala ancha de Gidé ganar la Copa de Europa casi desde la bohemia, pero una bohemia más rica y floreciente que la industrialización sobre la que se sustenta el burgués barcelonista. Un dandismo que deja turulato al culé que le pregunta al madridista, como Clarín a Unamuno: "¿Es empeño de ser inaudito, de épater le bourgeois? No, es que soy así".

Y no es sólo cosa madridista esta actitud sino producto de las humeantes fábricas barcelonesas con sus vapores malsanos y sus prensas que crean inconscientemente cada día Valle Inclanes y Villaespesas aunque quisieran crear hombres salvajes nacidos en una caverna. Ellos quisieran, y lo intentan, dejarse crecer la barba de Valle y llevar el paraguas rojo de Azorín, incluso aparecer en las tertulias vestidos con alquicel y babuchas igual que Villaespesa, pero eso es algo, todos lo saben, que sólo puede hacer el Madrid.

Bibliografía: Épater le bourgeois, de Gonzalo Sobejano. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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