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El reencuentro

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

El reencuentro

Escrito por: La Galerna29 septiembre, 2015
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La película de Ridley Scott Los duelistas, una obra maestra que os recomendamos sin la menor vacilación, planteaba el tema del eterno encuentro frente al brillo de los sables de dos caballeros destinados a batirse en duelo sempiternamente. Transcurrían los meses, los años, los lustros. Y los dos caballeros, a consecuencia de la persecución sobre el otro orquestada por uno de ellos, que seguía a su oponente hasta los últimos confines de la tierra a fin de perpetuar el choque del acero, continuaban batiéndose al amanecer, en las más variadas latitudes y circunstancias, sin que ni la muerte ni la rendición ni la misericordia fueran nunca capaces de clausurar el peso de la maldición.

portada as reencuentro mou-ikerEn el caso de Mourinho y Casillas, la maldición no se concreta en duelos al amanecer más que muy raramente. De hecho, no habíamos tenido un enfrentamiento cara a cara entre ambos hasta esta noche, cuando la Champions les ponga frente a frente en la ciudad de Oporto. Sin embargo, un duelo soterrado, implícito, lleva dirimiéndose en las portadas de los principales periódicos deportivos desde el mismísimo día en que Mou abandonó el Real Madrid. Esta noche, a las 20:45, el rencor irrestañable va a hacerse carne y habitar entre nosotros.

Este duelo se diferencia del de la película en que no viene propiciado por la voluntad o la obsesión de ninguno de los contendientes por medir la fiereza de la espada del rival. No viene propiciado, ni siquiera, por la voluntad ni la obsesión de la prensa deportiva española: aunque lo deseaban, pues el morbo asociado les hará (potencialmente) vender más periódicos, no es ese deseo, sino el emparejamiento azaroso del sorteo de la fase de grupos de UCL, lo que ha hecho concretarse su sueño húmedo y chabacano.

El combate se diferencia en eso del de la película, pero a cambio se parece en el carácter aparentemente inexorable del enfrentamiento, en la animadversión inaplazable y eterna que lo preside. Lo que se abre hoy durante algo más de hora y media no es más que un paréntesis de materialidad dentro de un duelo que es meramente conceptual, sin por ello perder un ápice de fiereza y sin por ello remitir jamás en la incandescencia de su bullir. O estás con uno o estás con otro, entendiéndose por uno y otro dos personas con nombres, apellidos y (en su caso) apodos, pero también dos formas de ver el mundo absolutamente contrapuestas.

Por un lado, está esa contemplación del mundo como lugar de placidez y aversión al conflicto, aun cuando todo haga indicar que el conflicto es insoslayable en el camino a la meta (¿pero no importa más el camino que la meta en sí?). Esa aversión al conflicto deviene inevitable egoísmo cuando lidiamos con el conflicto propio: la aversión a mi propio conflicto consiste en un ande-yo-caliente de manual, máxime cuando mi palmarés parece respaldar mi burgués propósito.

En la orilla opuesta, por supuesto, late esa concepción denodada de las cosas, esa cizaña perenne en la búsqueda de la excelencia, ese andar siempre de puntillas para poder exigir a todos que eleven asimismo los talones. Aquí, como en la legión, nada cuenta tu vida anterior si no te aplicas en el día a día de tu tarea, porque tu tarea forma parte de la nuestra, y yo usaré cualquier dispositivo, accionaré cualquier palanca, con tal de llevar a buen puerto esa tarea colectiva. Y estaré dispuesto a arrostrar cualquier conflicto que se manifieste asociado a la acción de esas palancas por mi parte. Es frecuente, hay que indicarlo como es, que a quienes abrazan esta filosofía no les haya llamado el Señor por el camino del buen uso de la mano izquierda.

Son formas irreconciliables de ver el mundo, sí, pero ¿está justificada la mutua inquina? Y, en su caso, ¿hasta cuándo lo está? ¿Existe la inquina, por cierto? ¿Será tan marcada como se nos vende? Y, de serlo, ¿hasta cuándo lo será?

Francamente, y aceptando que Casillas ha de ser persona capaz de abstraerse de la visceralidad, se nos antoja difícil saber qué podría tener Casillas contra Mourinho a día de hoy. Mourinho, en el ejercicio de su potestad como técnico, y por razones deportivas, dio un toque de atención a Iker (que el propio interesado reconocería después como procedente) quitándole la titularidad, situación que después se prolongó por la lesión de Iker (de la que ninguna culpa tuvo el portugués) y por la excelente labor llevada a cabo por su sustituto, que nunca mereció volver al banquillo aun cuando Iker se hubo recuperado. ¿Hay aquí materia para el rencor? Nos parece que no.

Si alguien está legitimado a mantener ardiendo el rescoldo de la rabia (y decimos "SI alguien...", en condicional), ese es Mourinho hacia Iker y no al contrario. Aprovechando su permanente connivencia con la prensa deportiva (su mujer -¡la mujer del capitán del Real Madrid!- salió en TV anunciando que la plantilla había dejado de estar con el entrenador), Iker trató de dinamitar el proyecto deportivo de su entrenador, o al menos no movió un dedo (cuando pudo haber movido diez, incluido el que se rompió) para impedir que lo dinamitaran. Nos parece muy difícil, con la perspectiva del tiempo, negar todo esto, como lo sería negar que Iker jamás se ha disculpado públicamente por esta actitud.

Iker Casillas tiene a sus espaldas una trayectoria larga, incontestable (en sus inicios y su nudo) y gloriosa en el Real Madrid. Mourinho luce una trayectoria corta, con luces y sombras pero anclada en una filosofía de club con la cual La Galerna se identifica sin furia pero también sin rubor. Ambos son historia del Real Madrid, con aciertos y errores. En el caso de Iker, debería primar en nuestra memoria lo prolongado y exitoso de su historial, por encima de su triste tramo final. En el caso de Mou, que prevalezcan su compromiso e insobornable afán de perfección por encima de su falta de sutileza. Quedémonos con lo bueno de ambos y que gane el mejor.

Qué le vamos a hacer si el mejor es el Chelsea.

2 comentarios en: El reencuentro

  1. Inmejorable descripción de ambos. Lamentable que esto sea una portada de un periódico nacional y hoy amanezca con "Iker se vengó de Mou". ¿Vengarse de qué? Y, además, como si hubiese sido el único que jugó. Recordemos: Casillas gana él solo, pero pierde el equipo. Fanáticos.
    pd: ahora, aparte de estar delgado y entrenar, incluso se atreve a reconocer sus errores. Igual que cuando en el Madrid, con esa cara de prepotencia, preguntaba: ¿Error? ¿Tú crees que ha sido un error? Igual es que no sabes de fútbol.

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