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El madridismo de Franz Beckenbauer

El madridismo de Franz Beckenbauer

Escrito por: Athos Dumas9 enero, 2024
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En 1972, no se sabe cómo, cayó en las manos de este humilde escribano un pequeño álbum de cromos correspondiente a la fase final de la Eurocopa de fútbol de aquel mismo año. En los inicios de dicha competición, y hasta 1976, la Eurocopa se jugaba entre 4 selecciones, con 2 semifinales y una final. Se jugó en Bélgica entre el equipo anfitrión, la Unión Soviética (que ya había ganado en la primera edición, celebrada en 1960), Hungría y Alemania Occidental (también conocida como República Federal de Alemania).

Álbum Alemania 1972

Televisión Española no siguió (al menos, no lo recuerdo) dicha competición, cuyos resultados conocíamos a través de “Radiogaceta de los deportes” (programa nocturno de Radio Nacional de España) o, al día siguiente, leyendo el Marca. La final la ganó la fabulosa selección alemana por 3-0, y en el álbum aparecían los 11 protagonistas teutones de la final, su seleccionador (Helmut Schön), los 3 goles marcados (2 de Torpedo Müller y uno de Wimmer), y algunos cromos con los dos equipos finalistas, más uno con el capitán alemán, exhibiendo orgulloso el trofeo conquistado.

Era la primera vez que vi el rostro del gran Franz Anton Beckenbauer, que a sus 26 años ya lucía el brazalete, tras heredarlo del mítico Uwe Seeler. Todas las crónicas del momento hablaban maravillas de la apisonadora alemana, que aplastó sin piedad a la URSS, cuyo portero, Rudakov (digno sucesor de Yashin) había sido el héroe de la semifinal ante los húngaros.

El 11 ganador lo compusieron Maier, Wimmer, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Breitner, Höttges, Netzer, Hoeness, Kremers, Müller y Heynckes. Por cierto, que fue el campeonato donde se consagró Günther Netzer como mejor centrocampista del continente. Ese éxito en la Euro 72 supuso el primer Balón de Oro para Beckenbauer.

Alemania 1972

Desde aquel momento, pude seguir desde la distancia la trayectoria del Káiser Franz (dicho apodo se lo pusieron en 1971 tras posar en Viena junto a la estatua del emperador Franz Joseph I). Retrospectivamente, supe que, en el Mundial 66 jugado en Inglaterra, Beckenbauer fue, a sus 21 años, el mejor teutón, jugando por entonces de medio centro, con mucho gol (4 tantos anotados, entre ellos uno a Uruguay en cuartos de final y uno a la Unión Soviética en la semifinal) y llevando a los suyos a la final ante el anfitrión, Inglaterra. Y que en el Mundial de México 1970 ya jugaba de segundo central (o más bien de líbero) y que jugó parte de la histórica semifinal ante Italia (victoria transalpina por 4-3 tras una prórroga sublime) con el hombro dislocado tras un encontronazo con el defensa Facchetti.

Precisamente, el caballeroso Franz, ante la creencia unánime de los especialistas futbolísticos de que él había inventado el puesto de líbero, proclamó más de una vez que realmente el primer líbero de la historia, es decir, el defensa que, en lugar de jugar al patadón cruzaba las líneas ofensivas de sus rivales con el balón cosido a sus pies y convenientemente mimado, no había sido él, sino la leyenda madridista de los años 50 y primeros 60 D. José Emilio Santamaría.

Beckenbauer, ante la creencia de que él había inventado el puesto de líbero, proclamó más de una vez que realmente el primer líbero de la historia no había sido él, sino la leyenda madridista de los años 50 y primeros 60 D. José Emilio Santamaría

Posteriormente a 1972, ya sí que quien les escribe siguió más de cerca la trayectoria del gran Franz, primero como adalid de su Bayern de Múnich, con la victoria en la final de la Copa de Europa de 1974 ante el Atlético de Madrid (también en Bruselas, como la Eurocopa de 1972), en partido de desempate, 4-0 (tras el gol milagroso de su compadre Schwarzenbeck a Miguel Reina en los últimos segundos de la final) y, un par de meses después, liderando la máquina trituradora alemana en el Mundial de 1974.

Beckenbauer en la final de Copa de Europa entre Bayern y Atleti

Casi todos los madridistas que habíamos padecido esa misma temporada al majestuoso Johan Cruyff en la liga 73-74 queríamos que en la final Alemania pasase por encima de la Naranja Mecánica de Rinus Michels: también se trataba de la reedición del eterno duelo entre el Real Madrid (con Netzer, aunque apenas jugó durante el mundial, ya que Wolfgang Overath, el cerebro del Colonia, ocupó su demarcación, y Paul Breitner, fichado ese verano por Don Santiago Bernabéu) contra el Barcelona de Cruyff y su reciente fichaje, Johan Neeskens. Curiosamente, en 1974, tras alzar la Copa de Europa y la Copa del Mundo, el Káiser no logró el Balón de Oro, que fue a parar a manos de su mediático rival holandés, Johan Cruyff.

Aparte de vivir los éxitos de Beckenbauer, también tuvimos que padecer los madridistas el buen juego del alemán y de aquella máquina fría y destructora que era el Bayern de Múnich, que logró el triplete de Copas de Europa en 3 años (tras ganar, además de al Atleti, al Leeds United y al AS Saint Étienne francés), desde 1974 hasta 1976, tras pasar por encima del Real Madrid en la semifinal de ese último año, la del loco del Bernabéu que agredió al árbitro Linemayr y la del último partido de Amancio Amaro en Europa, expulsado en el Olímpico de Múnich la noche en la que el Torpedo Gerd Müller apuntilló a los merengues (2-0). 1976 fue el año en el que obtuvo el Káiser su segundo Balón de Oro, pese a que su selección perdió por penaltis ante Checoslovaquia (con el célebre lanzamiento de Panenka) en la final de la Euro 76.

Beckenbauer fue, sobre todo, un jugador de una elegancia extrema, que hacía todo fácil, ya que manejaba el balón como poquísimos jugadores lo han hecho saliendo desde la cueva. Además de su visión de juego y su frialdad jugando, disponía de una especial intuición a la hora de colocarse (y dirigir a sus compañeros de defensa) y de prever muy a menudo los movimientos de los atacantes rivales.

Beckenbauer fue, sobre todo, un jugador de una elegancia extrema, que hacía todo fácil, ya que manejaba el balón como poquísimos jugadores lo han hecho saliendo desde la cueva

Por añadidura, nunca dejó de tener una notable producción goleadora desde la media distancia y también con un notable remate de cabeza: y es que, por ejemplo, en su segunda temporada con el Bayern, a sus 19 años, llegó a anotar 17 goles en una temporada jugando como interior. Siempre fue todo un caballero sobre el terreno de juego, y también fuera de él, lo que le llevó a ser querido y muy apreciado tanto en los terrenos de juego como posteriormente en los banquillos.

Como es bien sabido, también le llegaron los triunfos como entrenador, y, no hay que olvidarlo, como seleccionador nacional de un país recientemente reunificado, Alemania, en 1990, venciendo a Argentina en el Olímpico de Roma con gol de penalti de Andreas Brehme (1-0). Tristemente, en esta misma semana, nos han dejado dos mitos como Franz Beckenbauer y como Mário Zagallo, dos de los pocos (el tercero es el francés Didier Deschamps) que han logrado triunfar en Copas del Mundo como jugador y como seleccionador nacional. Precisamente, en 1990, se pudo quitar la espina Beckenbauer de la final del Mundial de México 1986, cuando la selección que él dirigía ya por entonces cayó ante la Argentina de Maradona tras un fabuloso partido por 3-2.

Beckenbauer campeón del mundo en 1990

En los despachos, la inteligencia, el saber estar y la diplomacia de Herr Franz le llevaron a puestos directivos de importancia, como llegar a ser presidente de su Bayern de Múnich (y posteriormente presidente de honor de por vida), además de vicepresidente de la Deutsche Füssball Bund (DFB), la federación alemana de fútbol. También fue el principal organizador del Mundial 2006 que se disputó en Alemania, logrando así un broche de honor prácticamente único a nivel planetario.

Franz Beckenbauer siempre admiró al Real Madrid, primero con sus ojos de niño muniqués en los años 50, siguiendo los éxitos fabulosos de las 5 Copas de Europa consecutivas de los blancos. Así lo expresó en una visita que hizo al estadio Bernabéu y a Valdebebas, mostrando su cariño y su afición por el club de Concha Espina y reconociendo que era el más popular y laureado del mundo.

Se nos fue el Káiser con apenas 78 años, pero siempre quedará como titular indiscutible de una selección mundial de todos los tiempos, sacando desde la defensa el esférico con una delicadeza y una maestría que nadie ha vuelto a superar en los últimos 50 años. Descanse en Paz

También se le atribuye la mítica frase siguiente: “para ganar una Champions, hay que tener un buen equipo, un gran entrenador y ganar al Real Madrid”. No en vano dos de las Copas de Europa de las 6 que posee el Bayern de Múnich las logró tras derrotar en semifinales al Madrid (en 1976 y en 2001), mientras que el Real Madrid alcanzó 5 triunfos en Champions tras derrotar al Bayern, bien cuartos de final (2002, 2017), bien en semifinales (2000, 2014 y 2018). Estos dos colosos, los dos mejores de la historia (con permiso, quizás, del AC Milan), jamás han tenido la ocasión de verse en una final de Copa de Europa, pero son los que más se han despellejado a la largo de la historia en eliminatorias epopéyicas. Y es que todos los elogios que salían de boca del inolvidable Káiser para con el Real Madrid tenían y siguen teniendo un valor incomparable con ningún otro.

Se nos fue el Káiser con apenas 78 años, pero siempre quedará como titular indiscutible de una selección mundial de todos los tiempos, sacando desde la defensa el esférico con una delicadeza y una maestría que nadie ha vuelto a superar en los últimos 50 años. Descanse en Paz.

 

Getty Images.

Un comentario en: El madridismo de Franz Beckenbauer

  1. Se va otra persona admirada y apreciada. Ley de vida que no deja de entristecernos. Es lógico . De manera más o menos consciente pensamos en gente querida de alrededor y en uno mismo...DEP.

    El sentimiento por el fallecimiento de Beckembauer no es óbice para comentar lo extraño y curioso de nuestras vidas. Yo, de muy niño (5-6 años) , tuve una época de ser simpatizante por igual del Atleti y del Real . De los dos equipos de Madrid.
    Y siendo ya sí y solo sí del Real Madrid alcancé, en directo y por TV, a ver aquel gol en las postrimerias del partido marcado por Schwarzembeck, el tosco central del Bayern de Munich , complemento/contraste ideal del estético y elegante kaiser . Y aquel gol me supo a cuerno quemado. Ese día quería que ganaran los colchoneros. Está claro que las personas cambiamos también en cuanto a sentimientos.
    El palizón al día siguiente en el partido de desempate fue demoledor.

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