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El experto en madridismo

El experto en madridismo

Escrito por: Mario De Las Heras2 febrero, 2018
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No sé por qué estaba yo pensando en la figura del experto futbolero. Dentro del experto futbolero está el experto en madridismo, que es la rama con más futuro. Ser experto en madridismo es como (decir) ser experto en moda: sale cualquiera a la palestra y enseguida está diseñando bisutería como diseñando planteles. El experto en madridismo es una cosa muy particular. Son como esas exnovias de famosos que devienen sin mayores explicaciones en expertas en joyas. El experto en madridismo es un experto en joyas y en ropa, ¿qué si no joyas y ropa es ese argumentario perfectamente enhebrado entre técnica futbolística, estrategia, afición, relación con los medios, interpretación de fenómenos naturales y el sacrificio de animales y humanos?

Yo cada vez que me topo con un experto en madridismo tiemblo como temblaba de pequeño al ver a Mola Ram, el sacerdote del Templo Maldito de Indiana Jones. Mola Ram es un experto en madridismo característico. Incluso estéticamente. Es un precursor. Un mito. Imagínense la firma, por ejemplo: “Mola Ram, enviado especial de Sport”; y él ahí mirándote desde la foto con esa sonrisa y esa línea azul recorriéndole la frente y los ojos. O en una tertulia televisiva allí con su túnica y su penacho y en la mano su corazoncito aún latente y recién extirpado a punto de prenderse, en vez de con una taza sobre la mesa, con una calavera bien trepanada. Siempre he pensado que todos esos fanáticos arrodillados (los puede uno encontrar sin problemas por la calle, en la oficina, en los estadios, en Twitter...) que repetían: Kali-ma, Kali-ma…, eran pobres madridistas abducidos por los expertos en madridismo como Mola Ram.

El experto en madridismo siempre es antimadridista, por supuesto. Bien de nacimiento o por conversión. El experto en madridismo guarda con celo las esencias de su sabiduría. Es un poco, o mucho (todo), como un sacerdocio pagano. A un experto en madridismo le puede llegar, digamos un galernauta como Ramón Álvarez de Mon en la radio, y decirle alguna cosa de la vida de los hombres y no de la Iglesia, y ruborizarse como si le hubieran hablado de romper el celibato para luego recluirse piadosamente y recurrir al amparo sentimental de la plebe convertida por la sangre de Kali. Son tiempos regulares para el experto en madridismo de toda la vida. La ciencia madridista avanza rápidamente y los viejos postulados se acartonan.

Yo al experto en madridismo, que generalmente se viste como un adolescente a pesar de no cumplir los treinta, lo veo en realidad vestido con duras y ostentosas telas y tocado con un casco como el del Alexander Nevski de Eisenstein. Los veo venir incluso al son de una música similar, como rusa arcaica, y con los mismos movimientos teatrales y todas esas palabras y frases como bendecidas por el Patriarca con su enorme gorro y sus largas y grises barbas y el rostro semioculto de Ángel María Villar. El experto en madridismo ha sido educado en los principios de la prensa ortodoxa donde hombres como Relaño, por ejemplo, han promulgado su doctrina allende las provincias donde huele como a incienso. Todo huele a incienso. Uno ve u oye una tertulia futbolera y huele a incienso e incluso escucha el frufrú de los mantos y de las capas.

El experto en madridismo va dejando oscilar el incensario, ¡qué cosa tan triste!, ¡y qué tétrica!, cuando comparece y ya con eso se crea como un encantamiento, como el “Baile del encantamiento bajo el mar” del que lograba salir George McFly (un madridista histórico) haciendo acopio de valor para derribar al ignorante y malvado Biff (un experto en madridismo de enciclopedia). Son muy divertidas esas mañanas en las que Ramón Álvarez de Mon y J. Fox aparece en la radio con su monopatín y les echa muy sutilmente a sus perseguidores un camión de mierda por encima. Es como una manera pop (hasta se escucha Johnny B. Goode), una manera juvenil perfectamente documentada (en el rigor del experto en madridismo no se estila la documentación: no casa con la vieja doctrina) de hablar del Madrid con la alegría que te da el Madrid. Para que luego, como ha pasado toda la vida, venga a hablarte de él el mismísimo Mola Ram rodeado de exnovias expertas en joyas.