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El fútbol no es tostado

El fútbol no es tostado

Escrito por: Mario De Las Heras27 abril, 2020
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La amenaza de Tebas a los clubes y jugadores que se nieguen a jugar, en el caso de que se pudiera hacer algo así de modo unilateral, nos remite, por ejemplo, al Antiguo Egipto. Veo al Sr. Tebas (que apellido tan apropiado), ataviado con falda y brazaletes de oro ordenando a los esclavos seguir arrastrando bloques de piedra para construir pirámides y otros monumentos a mayor gloria de un emperador.

Es feo este tema. Los entresijos del fútbol me recuerdan a los entresijos sindicales de El Irlandés. A Jimmy Hoffa y todo eso. No es tan grave, ni mucho menos, por fortuna, pero los modos se parecen y, sobre todo, me aburren. Quieren que se juegue, desde la Liga de Fútbol Profesional, a toda costa, y para ello buscan subterfugios y plantean pequeños sacrificios que lo hagan posible.

El principal es que se juegue sin público, para sortear impedimentos impepinables, lo cual conlleva que se tenga que hacer un control exhaustivo de la salud de los jugadores cuya seguridad es altamente dudosa en las actuales circunstancias y probablemente en las futuras, con mayor motivo y con toda probabilidad como hemos ido comprobando en la evolución general de las medidas a tomar, que no en la de los avances conseguidos.

Yo si fuera futbolista iba a jugar Rita, y ya podría Tebas, el capataz del imperio, ordenar castigos legendarios (¿a quién sirve, a Ramsés II?) que iba a seguir jugando Rita, la pollera, dice mi mujer, la cantaora, se dice más por ahí. Está de por medio, además de los jugadores, el ministerio de Sanidad, que también le dice a Tebas que va a jugar Rita.

Esto se parece también a aquellos primeros informes sobre el daño en la salud del tabaco, allá por los años sesenta, y de cómo las compañías trataban de ocultarlos para seguir vendiendo su producto, hecho que tan bien se refleja en la serie de Televisión Mad Men. Resulta ciertamente aberrante este empeño futbolero a pesar del otro daño, o de los otros muchos daños que representa la paralización. Que les van a contar a ustedes.

Pero me he desviado mucho de la intención inicial que era más sencilla y menos invasiva: hablar del público. De la opción de que se jueguen los partidos sin público que en tantos momentos se ha dado ya casi por hecha. ¿Se puede jugar al fútbol sin público? ¿Se puede actuar en un teatro vacío? Imagino a los futbolistas, como a los actores, escuchando el eco de sus voces. Ese silencio, esa ausencia de murmullo, ¿no sería un verdadero ladrón de las esencias futboleras, que es de lo que se está hablando?

Estaríamos asistiendo a una farsa que los jugadores tendrían que esforzarse por representar. Jugadores en soledad viajando por España en vez de en loor de multitudes, como viejos grupos olvidados en la carretera. Los estadios vacíos, los aeropuertos vacíos, las calles vacías. ¿Cómo se celebrarían los goles? ¿De forma íntima? ¿Qué manera sería esa de celebrar goles? Es más: ¿tendrían los jugadores ganas de celebrar los goles? ¿Podría interpretarse ese éxtasis consustancial que es la vida misma?

¿Y los títulos? ¿De qué forma se celebraría un título? ¿En el vestuario y luego todos para casa? ¿Por videoconferencia? No habría vuelta de honor con un estadio vacío. Ni recibimientos multitudinarios. No se puede jugar al fútbol o, mejor dicho, no se puede disputar una liga de fútbol sin público. El público es tan esencial como las porterías. El vacío no es una opción. Los futbolistas van a tener que jugar juntos cuando el público pueda verlos junto, porque el fútbol ahora mismo no es precisamente tostado como vendían el Lucky Strike (“It’s toasted!”) los publicistas de Nueva York.

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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