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Cristiano, el timonel de los récords

Cristiano, el timonel de los récords

Escrito por: Borja López-Gómez14 octubre, 2015
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Año 2009. Estadio Santiago Bernabéu. Tras una carrera gloriosa en el Real Madrid, la gasolina de Raúl González Blanco se va agotando y entre la afición madridista se extiende la sensación de que hace ya años que el equipo necesita la llegada de un referente que devuelva al Club a lo más alto del fútbol mundial.

En el Barça brilla Messi, que ya se ha consagrado como una estrella mundial. El Barcelona de Guardiola manda en Europa sin demasiada oposición ante la resignación de la parroquia blanca, que ve en el regreso de Florentino Pérez la única luz de esperanza al final de un túnel que se empieza a hacer demasiado largo.

Con Florentino llega Cristiano Ronaldo, la estrella portuguesa del Manchester United. El luso aterriza en Madrid con un Balón de Oro bajo el brazo y con la aureola de ser la única alternativa posible a la hegemonía de Messi en el planeta fútbol. Y vaya si lo ha sido.

Seis temporadas después, la realidad sin maquillajes -esos potingues que la prensa deportiva se empeña en utilizar para opacar todos los méritos deportivos del portugués- es que Cristiano no sólo ha cumplido las expectativas de cualquier madridista, sino que ha destrozado todos los récords y marcas individuales del mejor club de todos los tiempos.

cr pide calma

Alguno hay que resta méritos a Cristiano por haber sido en su día el fichaje más caro de la historia. Supongo que Neymar debería haber conseguido ya dos botas de oro para empezar a rentabilizar los 115 millones de euros -y subiendo- que los amigos Rosell y Bartomeu invirtieron en su llegada a Barcelona. Conste que Neymar es un crack y un fichaje muy acertado pero, puestos a hacer demagogia, algunos tienen más que callar que otros.

En apenas seis temporadas y dos meses de la séptima, Cristiano Ronaldo es ya el máximo goleador de la historia del Real Madrid, con 324 goles. Una vez hecha esta salvajada, cualquier afición del mundo pediría una estatua del portugués a las puertas de su estadio, pero el Madrid es el Madrid, para bien y para mal. Ni siquiera Don Alfredo ha podido gozar de semejante privilegio después de haber convertido al Real en el eterno mejor club de la historia.

Los años pasan y Cristiano no para. Comentaba con un amigo tuitero que Cristiano es el único futbolista de la historia que ha sido capaz de encadenar once temporadas al máximo nivel, sin bajones. Es más, ha sido capaz de encadenar once temporadas superando sus propios registros año tras año hasta convertirse en una leyenda eterna.

El carácter de Cristiano

Reconozco que mi intenso sentimiento madridista contrasta con mi opinión sobre la afición del Real Madrid. Asistir partido tras partido a pitadas arbitrarias a jugadores de talla mundial es algo que me saca de mis casillas -maravilloso juego de palabras- domingo sí y domingo también.

Pero la estulticia mayor sobresale cuando esa masa minoritaria pero ruidosa decide pitar siempre a los mismos: jugadores extranjeros -y algún español 'exiliado'- poco amigos de la prensa, que osan ‘robar’ el puesto a los jugadores españoles favoritos del plumilla de turno. Pregunten a Bale, Benzema, Keylor o incluso Modrić. Una práctica que siempre se ha dado en Chamartín, como en aquel magnífico debate Milla-Redondo, allá por 1995.

Pero hablábamos de Cristiano. A diario leo en Twitter a expertos del Football Manager decir que el Madrid debería vender a Cristiano. Que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer. Que ya no da para más. Que está en decadencia. Que es un egoísta y un prepotente. Que llueva que llueva, la Virgen de la Cueva. Cállense, por Dios.

El carácter de Ronaldo es la excusa perfecta para todos sus detractores. Algunos pensarán que eso sólo ocurre en Cataluña, pero nada más lejos de la realidad. El enemigo está en casa y le gusta hacer ruido para que se quejen los vecinos.

Ese carácter que tiene Cristiano es el que le ha hecho el mejor jugador del mundo. Esa ambición desmedida es la que le hace superarse cada año, la que le permite conseguir que abramos más la boca cada semana, la que le hace eterno. Cierto es que hace gestos, cierto es que la ansiedad en ocasiones le ciega. Sin embargo, ¿qué es lo que queremos? ¿Queremos un campeón con una voracidad insaciable o queremos un gran futbolista con talento y un espíritu conformista? Ah, eso pensaba yo.

Si después de 324 goles aún hay gente que pita a este hombre en el Bernabéu, la impresión que queda es que este estadio jamás estará a la altura del Club al que acoge en cada partido como local.

Es que la afición del Madrid es sabia. Es que la afición del Madrid es exigente. Es que la afición del Madrid está acostumbrada a los triunfos. No, mire, no. Eso está bien para tejer bufandas e imprimir carteles, pero la afición de un club está para animar al equipo en todas las situaciones, para arropar a los jugadores en los malos momentos y para encumbrar a las estrellas que han llevado al Club a otra dimensión.

La realidad es que cuando Messi abandone el Barcelona, se vaciarán las calles de la Ciudad Condal y tendrán que poner cuarenta y siete gradas supletorias para el día del adiós del argentino. Porque ese día, señores, algo morirá dentro de cada aficionado azulgrana. Sin embargo, la sensación es que la marcha de Cristiano -que llegará, como es natural en el deporte- será gris y destemplada. O, al menos, no será tan agradecida como debería ser. Gracias a Dios -aunque le pese a mucho periodista de trinchera-, a Cristiano aún le queda mucha cuerda y muchos goles que marcar con el escudo del Real Madrid sobre su pecho.

Señores, no les pido máximo respeto a un jugador de fútbol. Les pido entrega incondicional al máximo goleador de la historia del Real Madrid y a uno de los dos mejores jugadores que han pasado por el Club de nuestro corazón.

No se dejen llevar por una pasión equivocada. No dejen que les manipulen los que tienen la voz en los medios. Piensen por sí mismos. Disfruten del momento, disfruten de Cristiano, porque el día que se vaya, el día que esta película de amor, acción y aventuras termine, se darán cuenta de que probablemente el pasado siempre será un poquito mejor.

Ese número siete tiene días increíbles y días humanos, a veces está más simpático y otras más arisco, en ocasiones señalará nuestro escudo y en otras se señalará a sí mismo; pero es nuestro número Siete, nuestra leyenda, el líder del equipo que nos hace soñar, disfrutar, llorar y gritar.

Podría extenderme en sus récords, pero mañana los batirá de nuevo. No va a parar. Imaginen lo que será capaz de hacer si siente que tiene a millones de madridistas dándole su apoyo incondicional. Ese debe ser nuestro objetivo: ayudarle a ser aún mejor de lo que ya es.

En 2009 buscábamos un referente, un líder, una alternativa a Messi. Ahora, en 2015, tenemos lo que buscábamos elevado a la enésima potencia. Y aquí estamos, de nuevo en la élite, en la boca de todos y luchando contra viento y marea. Y Cristiano Ronaldo lleva el timón. No permitamos que hundan nuestro barco, porque estamos todos juntos en este maravilloso viaje.