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Cristiano y las grayas

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Cristiano y las grayas

Escrito por: La Galerna19 junio, 2016
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Buenos días. Un año en el cual el Real Madrid gana la Undécima (la Undécima, carajo), tras meses y meses de mofas sarnosas por parte de sus enemigos, no se puede ver coronado por un Balón de Oro para Cristiano. Sería demasiado. Los vómitos verdes y la cabeza giratoria de la niña de El exorcista serían un juego de niños al lado de los gritos guturales y los retorcimientos en el suelo de las almas poseídas por el Maligno a los que habríamos de asistir caso de coronarse el portugués con dicho trofeo a primeros del año próximo. Por eso se celebró por parte de la mediocridad (así, como casta) el que Portugal volviese a empatar ayer, con el agravante de que Cristiano mandase al palo un penalti. Obsérvese el enfoque que en un apartado de su portada otorga a este asunto el diario de Godó, grande de España, porque no tiene el menor desperdicio.

MD NEYMAR AL PSG

Aparte del nerviosismo que esta primera plana denota en todo lo relativo a la renovación de Neymar -que estaba hecha pero (ay) parece que no, y en los entresijos de cuyos dimes y diretes podría estar involucrada (ay, ay) alguna entidad diferente al PSG-, hay que fijarse en otros destacados de esta impagable portada.

Arriba, arriba. Sobre un fondo azul claro que simboliza el cielo al cual se siente asunta la mediocridad con cada paso en falso que da Cristiano. La descripción de la situación es un compendio de miserias periodísticas que no dice en realidad nada sobre el de Madeira y la situación de su selección en la Eurocopa y sí mucho sobre la mentalidad ínfima y perdedora de la mente de uno o varios redactores acomplejados y biliosos. "Fallo decisivo de Cristiano", se regocija el diario de Godó, grande de España. ¿Decisivo? Por mucho que les duela, a Portugal le basta con ganar en el último partido de la fase de grupos a Hungría para clasificarse, por lo que sigue dependiendo de sí misma. ¿No falta entonces alguna perspectiva para dictaminar si el fallo del penalti es o no decisivo? Qué más da. A quién le importan estos matices cuando podemos frotarnos mutua y lúbricamente, de Barcelona a Madrid y de Madrid a Barcelona pasando por Francia, exacerbando nuestra libido ante la promesa de un fracaso completo de Cristiano que tal vez incluso (querida Irene, síguete meneando que ya me viene) termine por privarle del cantado Balón de Oro.

Los numerosos detractores de Cristiano que abundan en la prensa patria son como las grayas, esas tres brujas de la mitología griega, hijas de Frocis, que nacieron ya con los cabellos grises y fueron haciéndose más y más viejas y horrendas con el transcurrir del tiempo. Vivían las tres juntas en la podredumbre más hedionda, envueltas en sus propias risas maníacas y accesos de cólera.  Tenían un solo ojo y un único diente para todas, que compartían y usaban por turnos. Dos de ellas dormían mientras la tercera aprovechaba el ojo y el diente común para comer gusanos y leer Mundo Deportivo, a la par que velaba el sueño de sus hermanas. Vivían en la más ominosa profundidad de la más umbría cueva marina, donde la luz del sol estaba proscrita.

Aquí hay más de tres grayas. La Undécima ha dejado a las grayas bien jodidas, poco más o menos como cuando Perseo, en su ruta para decapitar a la gorgona, robó el ojo de las grayas y las dejó aullando de desesperación. Las grayas y sus epígonas -que no solo moran en grutas de los acantilados de la costa catalana, sino también en algunos consejos de redacción de la capital- agonizan por recuperar su único ojo en la forma también esférica del Balón de Oro de Cristiano. En el momento en que Cristiano pierda ese trofeo que el portugués ya acariciaba, ellas recuperarán su infecto globo ocular, que en el fondo solo les sirve para seguir siendo una nota a pie de página en el cuaderno de la mitología preolímpica. Porque héroe no hay más que uno por más que esta realidad les abrase la lengua y les haga emitir gruñidos pavorosos. Y es el que es. El mismo que va derrotar a Hungría y, con sonrisa a lo Errol Flynn, va a seguir ejercitándose en malabarismos con el ojo de las grayas y dos naranjas de Valencia.

Fijaos en cómo desagregan su propia angustia estas grayas del rinconcito (grandes de España, eso sí): "El luso erró un penalti al final mientras Busquets es básico en el equilibrio de la Roja". ¡Mientras! Es el mejor mientras con que hemos topado jamás, y acaso el más asombroso en la historia de los complementos circunstanciales temporales. Un señor de Ciudad Real ha sido operado de una fístula anal mientras el yen se revaloriza en los mercados. ¡Mientras! ¿Estaba Busquets siendo decisivo en el equilibrio de la Roja (¡la Roja!) en el momento en que Cristiano la mandaba al poste en el penalti? No es de extrañar que Busquets sea un favorito de las grayas, por lo demás. Cualquiera de los momentos en que el buen Sergio se lleva las manos a la cara tras el leve roce de un rival en el esternón es un tributo a la angustia furibunda de las grayas desprovistas de ojo. Pero es un mientras tan amplio y acogedor, tan abierto a posibilidades, que nos vamos a permitir completarlo, e incluso acicalarlo con algún otro mientras complementario: "El luso erró un penalti al final mientras Busquets es básico en el equilibrio de la Roja y toda la prensa patria se hace eco miserablemente de una patraña inventada por Bild según la cual Cristiano le negó su camiseta a un jugador de Islandia mientras John Carlin se permite burlarse (o, como mínimo, hablar absolutamente a la ligera) de las tragedias familiares de Cristiano en el artículo más repugnante que haya publicado la sección de deportes de El País". John Carlin: extraordinario escritor y, por lo que vemos, Graya Mayor del Reino también. Nunca nadie en la historia del periodismo y la literatura había combinado tanta grandeza como escritor con tanta mezquindad como persona.

Ya no tenemos fuerzas para más, amigos. Nos disculpareis. Os dejamos el resto de portadas de hoy porque querréis verlas, es un decir. Adiós.

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