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Courtois no era necesario

Courtois no era necesario

Escrito por: Mario De Las Heras9 agosto, 2018
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Hay quien piensa (muchos, una mayoría, creo) que treinta y cinco millones por Courtois son un negocio estupendo. Yo pienso en Allison y sus setenta y cinco, que son los que ha terminado pagando el Liverpool para sustituir al conmocionado Karius (una conmoción de por vida, parece ser); o en el más reciente Kepa (fruto de tantos desvelos y mortificaciones madridistas), por el que el Chelsea, club vendedor de Courtois, ha pagado ochenta del ala.

Kepa tenía un precio de veinte millones hace tan sólo unos meses. El Madrid desestimó su compra, y ahora en Londres lo han adquirido por cuatro veces más. Cuatro. Yo no sé por qué Allison vale setenta y cinco, Kepa ochenta y Courtois, el mejor portero del Mundial, el reconocido como uno de los tres mejores guardametas del mundo, si no el mejor, cuesta “sólo” treinta y cinco.

Es realmente misterioso para mí. A Klopp lo han timado y a Abramovich lo han exprimido. Les han sacado los colores y los cuartos, respectivamente. Ya se sabe que no existen los duros a pesetas salvo en circunstancias únicas y extraordinarias. Puede que esta haya sido una de ellas. Yo no lo dudo. Puede que este fichaje haya sido el fruto de una labor negocial brillante. Puede que el Madrid sólo fiche gangas maravillosas como Courtois.

Pero yo sospecho. No sé muy bien de qué y por qué, pero sospecho. Me alegra como madridista el júbilo generalizado de la afición. Me siento reconfortado por la aprobación que han dado de la venida del gran portero belga admirados y reconocidos compañeros y amigos. Yo mismo me sorprendo, a pesar de estar junto a ellos, de no sentir el mismo gozo, de no compartir su dicha en este verano de fichajes folclórico.

Estaba pensando que yo en cuestión de porteros, ya ven qué cosa más fatua, soy capellista. Recuerdo que a Capello le gustaban los porteros altos y serios. Cuando vino Illgner, previa petición expresa de Fabio, creo que nadie en el Madrid le había dado una importancia similar (no digo mayor ni menor sino similar) a las características más bien físicas de un guardameta.

Era una cosa un poco estética, como de apariencia más que de técnica o de recursos o de talento. Illgner no era un Courtois, ni un Allison, ni un Kepa. Era el discreto suplente de la selección alemana. Pero a mí todo aquello me gustó.

Illgner le daba a la portería del Madrid un empaque desconocido y misterioso. Le daba casi un abolengo, como si se dijera común y orgullosamente: “Nuestro portero es Illgner, Bodo Illgner, de los Illgner de toda la vida”. No recuerdo ninguna típica broma acerca del alemán, que era sobrio y seguro. Illgner mantuvo en silente concordia a una afición proclive al linchamiento. Algo (casi) inédito en esa plataforma discotequera que es la meta madridista.

Courtois cumple con esos requisitos capellistas y además los supera, pero parece que nadie ha contado con Keylor Navas. Keylor no cumple los requisitos estéticos ni físicos de mi preferencia capellista, soy consciente. Pero Keylor me ha curado de mi fatuidad cancerberística. Es cierto que sólo hasta que no esté el mismo Keylor. Y Keylor solamente no ha de estar cuando ya no esté, futbolística y no presencialmente hablando.

Keylor es el portero del Real Madrid por oposición pública. Oposición de la que se ha examinado sin falta todos los años por extraña aclamación popular. Nunca un portero madridista fue tan injustamente exigido, ni tan intensamente juzgado, ni tan internamente presionado, ni tan cruelmente ninguneado. Keylor es el portero del Madrid porque los ha vencido a todos. Y por eso yo lo veo hoy como a un noble, como a un portero capellista de ilustre apellido y porte. Era un plebeyo que se ha ganado a conciencia su título.

Pero ahora llega Courtois que es un noble de cuna. Ese noble que lleva amenazando la meta de Keylor tantos años. El Madrid gana, en cualquier caso. Puede que eso sea lo único que importe. ¿Pero era Courtois, esta especie de barón belga, una necesidad para el Madrid? ¿Qué hay de Lunin? ¿Ese joven caballero que parece salido de Camelot?

Courtois podría ser durante muchos años el portero titular del Real Madrid. ¿Qué hay de malo en eso? Todo lo contrario. Pero no puedo evitar pensar en Keylor y en Lunin y en el dichoso nueve también. Sólo es una impresión, seguramente exagerada, pero Lunin podría ser el portero del Real Madrid durante muchos, muchos años. Él tiene diecinueve y no ha costado treinta y cinco, que bien podrían haber servido, por cierto, para la contratación del inefable nueve perdido.

Y a todo esto con Keylor, el eterno opositor, como dueño de la meta mientras quiera, o mejor, mientras pueda. Courtois parece haber venido, entre otras cosas, para echarlo al fin de mala manera, no él sino quienes lo han traído. Yo no quería hablar de Keylor sino de Courtois, de la venida del gran Courtois, pero Keylor aparece por todas partes. Me pregunto además qué éxito, qué descubrimiento significaría Lunin (por el que siento una curiosa predilección, no puedo negarlo) si ahora, obviando al inobviable Keylor, Thibaut tapa durante diez o más años el progreso y el lugar del joven Andriy.

No para la afición de echarse las manos a la cabeza por la ausencia del maldito nueve, o incluso por la supuesta debilidad de otras posiciones de campo, mientras se va a cubrir con alborozo popular por treinta y cinco millones un puesto ya sobradamente asegurado y acreditado tras años de pruebas, de oposiciones (un navy seal es Keylor), de juicios, de triunfos incontestables; y más asegurado aún y reforzado con la aparición ilusionante (y baratísima, como la de Keylor en su día) del prodigio ucraniano.

Muchos piensan, la mayoría, que treinta y cinco millones menos y Courtois es un negocio estupendo. Yo estoy casi convencido de que acabará siéndolo y me alegraré por ello del mismo modo que me preguntaré que habría sido de un Madrid con treinta y cinco millones más en el bolsillo, confiado a su valeroso Keylor y a la espera de la natural y grandiosa toma de posesión de Andriy Lunin, el Illgner adolescente, vitaminado y mejorado del siglo XXI.