Las mejores firmas madridistas del planeta

En la mañana de ayer Arbeloa fue presentado como nuevo técnico a la plantilla del primer equipo del Real Madrid. Alonso (¡maldita sea!) ya es historia.

La bestia necesita un jinete que domine la sonrisa más sincera, que te convenza de lo que te conviene aunque tú, tu agente, tus amigos, tus padres y tu novia penséis lo contrario; el jinete tiene que ser capaz de abrazarte con el amor de una abuela y adivinar cuándo te hace falta. Además tiene que conseguir que le entregues tu alma al escudo dorado incondicionalmente, sobre todo cuando no te apetezca correr. La bestia es la bestia y consume carne humana a cambio de traernos polvo de estrellas en forma de plateadas ánforas romanas cuando se alinean los astros. Así es la vida, y el que aspira a cabalgar la bestia, lo sabe.

La inteligencia y los modales no fueron blindaje suficiente para Alonso. La sonrisa, el talante y el abrazo no le bastaron a Ancelotti. El equipo se dejó llevar hasta conseguir la gloria con el italiano. Después, sólo ofreció entrega y furia por goteo. Una plantilla profesional de futbolistas de élite no es necesariamente un equipo capacitado para jugar bien al fútbol. La química sucede cuando no falta nada importante. No tiene que ser una máquina perfecta, pero sí funcional. Por eso hay equipos de todos los niveles que lo consiguen. Y por eso hay constelaciones de estrellas que no.

En el día a día el trabajo suele ser monótono. Son jóvenes, nacieron para esto y les divierte jugar, se gustan en los entrenamientos y disfrutan de los cuidados premium, sin prestar mucha atención a lo cotidiano. Por un lado, conocen la guerra abierta del club contra las instituciones corruptas del fútbol español; poco se puede hacer. Por otro, la mayoría ya levantó títulos y sabe que lo bueno de verdad llega en primavera. La rutina de lo doméstico les aburre.

En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria

Alonso se va con alivio. Cabreado, pero con la conciencia tranquila. Ha hecho lo que ha podido y ha aguantado más de lo exigible. ¿Se acuerdan de Camacho? ¿De la carta de despedida de Zidane? ¡Zidane! Esta película ya la hemos visto. Al presidente no le gustan los entrenadores y adora a los chicos. Sólo fue feliz con personajes literarios en el banquillo: un general que solo tenía que mirarte a los ojos para que matases por él, un viejo sabio que quería a los jugadores como a sus hijos y un mago que arropó al equipo con su capa de invencibilidad.

En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria. Hemos visto anomalías sobre el césped, jugadores dispuestos casi por azar en situaciones extremas: un central abriendo el balón a la banda desde la frontal para que el otro, que no tenía que estar allí, le pusiera un pelotazo heterodoxo a un delantero centro suplente para hacer un gol definitivo. Burlarse del destino a base de fe no se entrena ni tampoco se enseña en vídeo.

El partido de Copa de esta noche llega con toda la casa revuelta y la familia discutiendo. El Albacete nos espera con la ilusión de encontrar un equipo melancólico tras perder el primer título de la temporada, en otra derrota insufrible contra los corruptos y (quiero pensar) afectado por la injusticia del cese de un buen entrenador. Se cumple más de un año y medio de mal juego, de apatía, de desconexión. Como en las misiones de la Delta Force, Arbeloa tiene que elegir un once en 24 horas que sea capaz de cambiarlo todo: ilusionar a la afición, agitar el amor propio de los futbolistas, recuperar el colectivo, neutralizar el gafe que nos persigue desde la despedida de Toni Kroos y encontrar la fórmula para jugar un fútbol decente.

Tengo la intuición de que el bueno de Álvaro dispondrá un equipo de inicio más para medir la temperatura del enfermo que para amarrar una victoria funcionarial e insatisfactoria. Un examen final. Jugarán todos los titulares sanos, cada uno en su sitio, para que no haya excusas. Querrá ver con sus propios ojos y a ras de césped de qué estamos hablando. Sacaremos conclusiones. Pongamos que se juega con solvencia, motivación y se gana con autoridad. No nos quedará duda de por qué salió Alonso. Si el partido se tuerce y seguimos sin pulso, la cosa se pondrá fea, pero esta vez el entrenador viene muy avisado. Tiene la confianza y el respaldo para pisar fuerte. Ante amenaza de derrumbe, los cambios dirán más que las palabras. La convocatoria para el Bernabéu del próximo sábado, también.

 

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“Demasiado bonito para ser verdad”. Esa es la sensación que abunda entre el madridismo, donde llegaba en verano un entrenador que parecía ser la fórmula perfecta para los problemas que arrastraba el equipo desde la temporada pasada en cuanto a nivel de juego y, aparentemente, entrega por parte de los jugadores. Aparecía un sargento táctico que, ya en su etapa de jugador, fue amado por la afición por su compromiso dentro y fuera del campo y se vislumbraba que podía contagiar esa virtud a la plantilla.

Nada más lejos de la realidad. Para los que buscaban un cambio en el desempeño futbolístico, fue un espejismo en el calor desértico del Mundial de Clubes estival: tras el torneo, el equipo mostró las mismas luces y sombras de la temporada anterior, sin ser visible apenas rastro de las ideas del entrenador. Por otro lado, los que ansiaban que Xabi fuese un agitador del vestuario y afición, se quedaron con las ganas, y con bastante sueño, ya que sus ruedas de prensa fueron más homilía que repartición de hostias.

Muchos madridistas veían en Xabi una reencarnación de Mourinho, pero no va a venir otro Mourinho, porque ya ni Mourinho es Mourinho. El fenómeno que se vivió a principio de la pasada década con el portugués fue un conjunto de variables que ahora no se repiten: auge de un Barcelona que parecía invencible, un entrenador que consiguió hacerles sangrar y salir campeón de Europa llega al club, Florentino acababa de conseguir la presidencia por segunda vez… Era todo un nuevo proyecto donde se dieron muchas circunstancias que propiciaron el mourinhismo. Ahora, con un club que ya ha establecido sus modos de operar y solo tiene que reforzarlos, ¿es imaginable pensar en que llegue José, Xabi o Álvaro y diga que el director deportivo no, que ya lo hacen ellos? O, por ejemplo, ¿es creíble que comuniquen que el preparador físico no hace las cosas como ellos gustan, y demanden que lo cambien? Mourinho ya no es Mourinho, pero es que el Madrid tampoco es ya ese Madrid.

Muchos madridistas veían en Xabi una reencarnación de Mourinho, pero no va a venir otro Mourinho, porque ya ni Mourinho es Mourinho

Este Madrid ha dado en el segundo mandato de Florentino con una serie de claves con las que ha alcanzado el éxito y no quiere salirse del camino: inversión en jóvenes, preparador físico del club independiente al cuerpo técnico, entrenadores que conozcan la casa, fichajes de jugadores en último año o sin contrato... Y el que viene como director de la plantilla tiene ya poco que decir. Por eso no puede venir ni otro Mourinho, ni el original, porque no existe ya el contexto para que eso ocurra. Pero sí se le puede dar herramientas para explotar todo en lo que el club acierta, y para arreglar en lo que la entidad falla.

Y, quizás, eso es en lo que ha errado el club: si Xabi tiene los mismos problemas que tenía el anterior, el problema no es del entrenador, y ahí el club tiene que ser consciente de que hay que reforzar al técnico, no hacerle sentir que peligra su puesto con cualquier empate de una mugrienta Liga Negreira que carece de algún tipo de valor. Así es como se pasa de tener al míster que más promete de Europa a, potencialmente, quemar dos personas amadas por el madridismo en un solo año, ya que Xabi está fuera y Álvaro lleva solamente 7 meses en el fútbol profesional.

En el debe del vasco queda el parecer haber sido demasiado tibio en todo: blando con los árbitros, permisivo con los jugadores, suave con la prensa. Como si quisiese que todo a su alrededor estuviese en calma para que su idea de fútbol se impregnase bien en la plantilla, que fue su discurso de apertura en la presentación, y concediendo con todo porque había llegado al puesto de sus sueños y no quería quemar ningún puente. Quizás le ha faltado esa ‘xabiduría’ que otorga la experiencia para buscar un enemigo común con la plantilla o la afición para afianzar su lugar. Para los más negativos ha sido otro Benítez o Lopetegui. Para los más optimistas, el entrenador adecuado en el momento equivocado. Humilde servidor opina que sus días de gloria blanca llegarán, eso sí, esperemos que dentro de mucho tiempo, porque eso significará que el Madrid de Arbeloa está en el buen camino.

 

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A lo largo de la historia varios jugadores llegaron al Real Madrid procedentes del Albacete. El caso más conocido y célebre es el de Juan Antonio Camacho. También hicieron el mismo trayecto Roberto García Ochoa y Juan Ignacio Rodríguez ‘Juanito’. Pero el primero de ellos fue José Mercader, apodado Porro (porque de chiquillo era gordo y bajo), que en el año 1944 firmó por los merengues cuando el club albaceteño apenas contaba con un lustro de vida.

Porro en el Albacete

Porro en el Albacete

Nacido en Albacete el 23 de mayo de 1924, se desempeñaba como extremo izquierdo y es una leyenda del ‘Alba’, uno de los mejores que ha tenido el club en su posición y máximo goleador histórico de la entidad con 115 tantos. Porro tenía desequilibrio y un regate fácil, corría la banda como una bala, disponía de un buen remate y se posicionaba muy bien en el segundo poste para marcar goles. Comenzó jugando en un equipo que se llamaba Yumbo. Después, pasó a Los Boinicas y de ahí al C.D.J. Su siguiente destino fue el Albacete, al que llegó por recomendación de su hermano Ángel, también futbolista, y de Tabernero, entrenador y delantero del conjunto albacetista. Así contaba en el diario ‘La Tribuna’ su llegada al Real Madrid en 1944: “Firmé por la amistad de Antonio Lozano Matarredona (presidente del Albacete) con Santiago Bernabéu. Yo tenía que hacer la “mili” en Madrid y aproveché para una prueba que fue satisfactoria. Juré bandera y allí terminé el servicio militar”.

El partido de prueba fue el día de San Isidro de 1944 contra el CD Málaga en Chamartín. Porro venía de jugar en Tercera División y de disputar la Copa con el Albacete, disputando ocho encuentros y marcando cuatro goles frente al Cieza, Eldense, Imperial e Imperio de Madrid. El equipo manchego alcanzó la sexta ronda previa hasta que cayó contra el RCD Córdoba. El choque entre el Real Madrid y el cuadro malacitano el 15 de mayo se lo llevaron los andaluces por 2-3. El extremo fue titular, jugó los 90 minutos y compartió once con nombres relevantes como Corona, Huete y Alday. Al igual que Porro, aquella tarde también tuvo una prueba madridista el medio Cortés, que trajo Gaspar Rubio desde La Línea. La crítica en Marca a la actuación del extremo fue buena: “Porro toca la pelota bien, y sus centros medidos al marco son promesa de poder cuajar en jugador”.

En el cuadro blanco fue más conocido por su apellido Mercader que por su sobrenombre porque en la entidad no querían apodos. En la capital, según explicó años después en una entrevista, se encontró un “club muy bien organizado, con mucho orden, que pagaba religiosamente, que se interesaba por la vida de cada jugador. Era un club por el que se podía firmar en blanco. No recuerdo el salario, lo que sí es que viví muy bien, muy desahogadamente durante las dos temporadas por las que firmé, como profesional, la 1944-45 y la 1945-46. En Madrid estuve hospedado en la casa de un matrimonio albacetense que me cobraba 700 pesetas mensuales”. Por entonces, el club blanco lo presidía un joven Santiago Bernabéu que había accedido un año antes al cargo. Porro explicó que “lo traté con mucha frecuencia. Tenía una gran personalidad; fue un hombre de bien. Aparentaba un carácter brusco, pero era cordial, abierto, con un alto sentido de la rectitud”.

El extremo se incorporó a la disciplina blanca de manera definitiva en el mes de julio, cuando comenzaron los entrenamientos de cara al nuevo curso futbolístico. En el banquillo continuaba como entrenador madridista el gallego Moncho Encinas, aunque por estar ausente el que entrenó los primeros días fue el capitán Ipiña. Porro tenía una gran competencia en su posición con futbolistas como Elices y Pablo Vidal, que apenas le dejaron minutos en encuentros oficiales. En pretemporada, antes del inicio liguero, jugó dos partidos, uno completo ante la Gimnástica Segoviana y la primera mitad de otro frente al Levante.

Las primeras jornadas en Liga fueron pasando sin que tuviera ninguna oportunidad y fue frecuente verle jugar en la Copa Ramón Triana en un equipo de reservas. Actuó contra el Club Colonia Deportiva en el campo del Gas, ante el CD Barbieri, frente al Cultural Leonés y el RSD Alcalá. Su gran momento llegó en la octava jornada liguera cuando el Barça visitó Chamartín el 12 de noviembre. La ausencia de Elices por un derrame sinovial abrió un hueco, le ganó la partida en los entrenamientos previos a Vidal y debutó en partido oficial con los blancos. Los blaugranas llegaban en segunda posición y los madridistas ocupaban la sexta. El Real Madrid ganó por la mínima e igualó en la tabla a los catalanes. Moleiro fue el autor del gol en la primera mitad y Porro tuvo distintas críticas.

Para el Suplemento Gráfico de los Martes de Marca “bien está la juventud rematadora del Madrid; pero no tanta como la de este jugador, que apenas si tiene fuerzas para levantar el balón”. En el Mundo Deportivo lo calificaron de “flojo. Y así, bien merece un compás de espera para juzgarle, pues no es lo mismo Albacete que Madrid… recibiendo al Barcelona”. Por último, en el diario Arriba, el cronista Flecha Dorada escribió que “con cosas que promete, fue lento por los vicios clásicos que se traen de las divisiones inferiores. Creemos, no obstante, que puede mejorar, sobre todo, en velocidad y en presteza en la entrega del balón”.

Debut de Porro contra el Barcelona

Debut de Porro contra el Barcelona

Tras su fugaz estreno, el extremo regresó a disputar la competición Ramón Triana. Se le pudo ver en choques ante el Plus Ultra, el CD Fuyma, el CD Barbieri, la CD Leonesa, al que marcó un tanto, y el Tranvías CF. También tuvo minutos en un amistoso contra el Hércules, el 8 de diciembre, en un partido organizado para presentar al nuevo fichaje madridista, el mexicano José Luis Borbolla.

Con la llegada del nuevo año tuvo una nueva presencia en un duelo oficial. Antes, el día 3 de enero, fue titular formando ataque con Cuca, Muñoz, Pruden y Borbolla en el encuentro amistoso contra el RCD Mallorca que se llevaron los baleares por 2-4. El día 21, debutó en la Copa en el choque de vuelta de dieciseisavos de final ante el Ceuta. En la ida, los blancos habían dejado sentenciada la eliminatoria ganando por 0-4. En la vuelta volvieron a golear por 5-1. Porro ocupó la banda izquierda y marcó su primer y único tanto oficial con la zamarra blanca. El albaceteño abrió el marcador a los 25 minutos cuando, tras varios disparos y rechaces del portero Comas, el extremo envió de cabeza el balón a las mallas. En la segunda mitad también asistiría con un medido centro a Vidal, que hizo el cuarto de la tarde. Hecefe, en Marca, alabó el choque de Porro, siendo uno de los destacados y apuntó que “triunfó en toda la línea, y será quien primeramente sustituya al extremo titular”.

Contra el Ceuta en Copa

Contra el Ceuta en Copa

Sin embargo, el resto del curso solo se le siguió viendo en partidos amistosos. En dos de ellos tuvo un buen papel y volvió a ver puerta. Uno contra la Gimnástica Segoviana en el mes de marzo, logrando un doblete en el triunfo madridista por 1-4, y el otro en abril en el primer choque contra el Racing de Ferrol, marcando una diana en la victoria por 3-4. Su último partido de la campaña fue el 24 de junio, cuando el Real Madrid concertó un amistoso en Archena ante el conjunto local. La temporada no fue feliz para los blancos, pese a que disputaron hasta el final la Liga ante el Barça, que levantó el título por un punto de diferencia. Mientras que en la Copa solo avanzaron una ronda más después de jugar contra el Ceuta. En octavos, y con un desempate de por medio en Mestalla, el Sevilla apeó a los madridistas de la competición.

En el verano de 1945 hubo relevo en el banquillo madridista y aterrizó la leyenda Jacinto Quincoces, que regresaba al club como técnico. Pero este hecho no hizo cambiar la situación de Porro en el equipo, que se circunscribió a choques amistosos. Su primera actuación fue prometedora, porque en la Copa José Luis Valle contra el Atlético Aviación marcó un tanto y el Real Madrid se acabó llevando el trofeo. El partido se celebró el 16 de septiembre en Chamartín, con un resultado de 2-1 para los blancos. El extremo anotó al recoger un balón suelto que dejó el portero Pérez tras un disparo de Barinaga.

El día del Atleti, Copa José Luis Valle

El día del Atleti, Copa José Luis Valle

En Marca, para el cronista Ramón Melcón, estuvo “voluntarioso, pero falto de decisión en algunos momentos”. Luego, tuvo minutos en encuentros ante el Salamanca en Chamartín, un Combinado Alcarreño en Guadalajara, dos partidos ante el Córdoba, uno en Madrid y otro en la ciudad andaluza o el RCD Mallorca, entre otros. También jugó en los dos últimos partidos del equipo antes de las vacaciones veraniegas de 1946. El Real Madrid viajó al sur y organizó dos amistosos en Algeciras. En el primero se enfrentó al equipo de la localidad y al día siguiente se midió a un combinado gibraltareño con refuerzos del Algeciras. El cuadro blanco estaba de fiesta y celebración porque una semana antes había conquistado la Copa en Montjuic tras vencer al Valencia.

Contra el Atlético con Aparicio

Contra el Atlético con Aparicio

Porro terminaba contrato y tras no gozar de las oportunidades deseadas emprendió camino al Levante, que militaba en Segunda División. Tras medio curso con los granotas retornó a casa y fichó de nuevo por el Albacete. Los manchegos militaban en Tercera y querían ascender, por lo que buscaron incorporaciones de calidad. El equipo completó un gran año futbolístico 1948-49, logrando el objetivo y subiendo de categoría. Porro jugó dos campañas en la categoría de plata con el ‘Alba’, la primera de ellas marcando 11 tantos, y a principios de los cincuenta se retiró del fútbol porque ya estaba castigado por las lesiones.

Porro

No se planteó ser entrenador porque, según declaró, “me faltaba carácter”, y en su vida posterior al fútbol abrió un negocio de gasolineras. Siempre tuvo al ‘Alba’ y al Real Madrid en sus preferencias: “El equipo blanco me despierta las mayores simpatías por el espíritu con que lucha. Aún sin querer se hace uno del Real Madrid, pero yo donde realmente me siento complacido es con el Albacete Balompié, que es el representativo de mi tierra, y en el que he puesto mi granito de arena, en más de diez temporadas”.

Porro gasolinera

Falleció en Gandía, donde se encontraba de vacaciones, el 7 de julio de 1996 a los 72 años de edad.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días, amigos. El Madrid es como la vida: nunca para. Ocurra lo que ocurra. Ya tenemos trabajando al nuevo entrenador, Arbeloa, y pudimos asistir a una presentación y rueda de prensa que, siendo honestos, nos puso cachondos.

Álvaro tomó la alternativa como primer espada ante los medios domando a los periodistas, dejando las cosas claras. Se los conoce a todos, se dirige a ellos por su nombre de pila y se interesa por ellos. Con excepciones, claro, porque si la pregunta proviene de algún impresentable manipulavídeos omite su nombre. Detalle importante.

Defendió tanto a sus jugadores: «Tengo una gran plantilla, con gente que ha ganado seis Copas de Europa, y parece que eso se olvida muy pronto», como a su equipo: «Pintus tiene cinco Champions a sus espaldas y es un preparador físico excepcional». La prensa fue a por lana y salió esquilada. Un entrenador, de puertas afuera, ha de dar imagen de grupo compacto. Las correcciones y las mejoras, en privado.

«Tengo la inmensa suerte de contar con Vini, uno de los mejores del mundo». Y tú, uno di noi, Álvaro.

Vinicius bailará o no. El equipo ganará o perderá. Pero hay una sentencia —pronunciada en esta entrevista en La Galerna— que explica mejor que ninguna otra por qué Arbeloa está donde está: Me hace gracia cuando oigo a exfutbolistas quejarse: “Con todo lo que hemos hecho por el Madrid y ahora tal”. Perdona. Es el Madrid el que ha hecho mucho por ti. Por mucho que tú hayas hecho por el club, es siempre superior lo que el club ha hecho por ti. Entenderlo no garantiza el éxito, por supuesto. Ignorarlo, en cambio, casi siempre asegura el fracaso.

Álvaro lleva años, desde que triunfó en el Real Madrid, siendo el objetivo de las críticas del sector de la sociedad más resentido y frustrado, ese que se siente poco identificado con el trabajo y se alinea más con la honestidad y el comportamiento adulto de, por ejemplo, Piqué (aka Geri).

Arbeloa siempre ha respetado su integridad moral. En aquella selección de los títulos mantuvo la dignidad y prefirió no plegarse para alargar su estancia en ella un cuarto de hora más.

Nunca ha callado ante las injusticias y ha defendido en todas las ocasiones primero al Real Madrid: en el campo, en rueda de prensa e incluso en las barbacoas que no comparte con directores de medios.

Este comportamiento le ha granjeado el odio preventivo de todos aquellos a los que les parece —por interés— que el fútbol español es poco menos un pastel de ambrosía y no una ciénaga infectada e infestada de parásitos y carroñeros.

Mundo Deportivo ya tenía la portada antes de la rueda de prensa, por tal motivo titula «El nuevo Mou» cuando Arbeloa dijo: «Si quisiera ser Mou, fracasaría estrepitosamente».

Nada desquicia tanto al antimadridismo como la idea de que el Madrid vaya a convertirse, otra vez, en el Madrid.

No queremos decir que lo haya dejado de ser, pero ya sabéis de sobra por dónde van los tiros. O las lanzas.

Mundo deportivo resalta la vuelta de Cancelo como principal noticia. A este paso, el Madrid podría plantearse repescar a Cicinho.

Tras este paréntesis para hablar de la prensa culé, continuamos con lo que nos interesa.

A la capacidad ofensiva de Arbeloa —no nos referimos a nada táctico, que también podría ser— contra los enemigos del Madrid hay que sumar una virtud muy útil con la que no todos han sido adornados: Álvaro es una diana que atrae hacia sí gran parte de las balas lanzadas contra el equipo. Sirve, por tanto, de escudo para la plantilla, al modo de técnicos como Mourinho o Luis Aragonés, por no mentar solo a entrenadores blancos.

Es una cuestión casi matemática. Si hay un número de antimadridistas que en cada momento constante y cada uno cuenta con una caja de munición, al aumentar los objetivos sobre los cuales dispara y emerger uno grande que no se esconde y pone el pecho, por fuerza les llegan menos balas a los futbolistas.

Esta capacidad auguramos que le vendrá de perlas a dianas recurrentes de antis y propios, como Vini y Bellingham, pero se beneficiarán todos.

Esta noche, debut contra el Albacete en Copa. Su experiencia con la cantera le será de mucha utilidad. Al equipo también.

La mejor frase que nos regaló Arbeloa fue: «En el Real Madrid, que lleva 123 años de historia, es difícil que le reconozcan alguna vez que ha jugado bien. Aquí ha habido entrenadores que han ganado tres Champions y era porque cuando terminaban de entrenar se iban a su casa a regar el jardín».

Si los antis quieren echar mierda, a buen seguro que Arbeloa la convertirá en abono para su jardín y, tal vez, les dé en las narices con la dichosa flor.

Pasad un buen día.

Dicen que en nuestro aprendizaje debemos pasar por dos amores antes de encontrar el definitivo en el tercero. El primero es el amor más virgen, pues es el que nos lleva a explorar un mundo nuevo de ilusiones. En él todo es perfecto: el primer afecto correspondido, la perfección de los cuerpos, la creación de un idioma común. El segundo suele llegar tras una ruptura inevitable pero dolorosa, pues la vida tiende a apurar etapas arrasando con todo. Ese segundo suele ser comparado todo el rato con el primero y siempre pierde por goleada. El segundo deja traumas pero pasa como pasan los años.

Y cuando ya estás de vuelta de todo, o eso crees, cuando los muros de tu patria has levantado con tesón, cuando tu privacidad te ha secuestrado, sólo entonces llega un amor con el que no contabas ni de broma. Este amor se impone como se imponen las cosas buenas y de pronto todo el universo conspira a tu favor. Y formáis una pareja dorada como Oliver Atton y Tom Baker en el New Team y levantáis todos los títulos. El verdadero amor llega como Gandalf, justo cuando el destino se lo propone.

Un hombre de su honestidad y amor hacia el club merece cumplir sus sueños. Arbeloa ha trabajado duro para llegar hasta aquí, nadie le ha regalado nada. Se ha fogueado en las categorías inferiores y siempre ha dado lo mejor de él

Siento esto con la llegada de Álvaro Arbeloa. En nuestro destino manifiesto estaba escrito que algún día el gran capitán de los espartanos ocupara el banquillo del Real Madrid. Un hombre de su honestidad y amor hacia el club merece cumplir sus sueños. Arbeloa ha trabajado duro para llegar hasta aquí, nadie le ha regalado nada. Se ha fogueado en las categorías inferiores y siempre ha dado lo mejor de él. Y lo que es más complicado, ese trabajo ha dado sus frutos. Ahí están sus credenciales, sus logros son apreciables.

Y además, Arbeloa es un hombre bueno. En un mundo tan vanidoso como es el del fútbol, Arbeloa tiene un perfil distinto. Si bien tiene bastante de hombre común que logra proezas en su profesión, también es un ser de lejanías. Algo hay en esa mirada y en esa sonrisa que nos dice que existe más sabiduría de lo que aparentemente muestra en una rueda de prensa o sobre el césped.

Tanto sus jugadores en la cantera como los directivos del club hablan maravillas de él como persona y profesional. Ahondando en esto, recuerdo perfectamente un directo de Javier Alberdi en su mítico canal Pepe Kollins en el que narraba sus encuentros con Arbeloa en citas como las galas que organiza La Galerna. Alberdi describe a un tío cojonudo, cariñoso, sencillo y madridista a más no poder.

Por supuesto, el trabajo de Arbeloa no será sencillo, pues la empresa que acomete es de una envergadura sin igual. Arbeloa llega al banquillo más difícil del mundo del fútbol, pero eso él lo sabe mejor que nadie. Conoce cada recoveco de la casa, tiene Valdebebas y el Santiago Bernabéu en cada rincón de su memoria. En definitiva, los madridistas debemos respirar aliviados con su llegada pues estaba profetizada.

Tras dirigir el martes su primer entrenamiento, Arbeloa se estrenará esta noche en partido oficial. El azar ha querido que debute hoy día 14 de enero en la Copa de Su Majestad el Rey frente al Albacete Balompié. Guarden la fecha y el lugar: el Carlos Belmonte será testigo, porque dentro de unos años estoy seguro de que será pregunta del Trivial Pursuit. Una efeméride para la Historia.

desde el lunes por la tarde estoy en el barco de Álvaro Arbeloa. Capitán, pase lo que pase, me tendrás contigo en las Termópilas. Porque sé de lo que eres capaz

La vida tiene caramelos reservados cuando más sedientos y hambrientos estamos. Yo, como tantos otros, he pasado por etapas sombrías y, cuando ya había entregado las llaves de mis naves, el destino quiso guiñarme un ojo y mostrarme un nuevo sendero por el que adentrarme. Sinceramente, resulta más reconfortante recobrar las esperanzas cuando has atravesado una travesía por el desierto. Así estoy hoy, con el pecho inquieto y alegre porque Arbeloa es nuestro entrenador.

De corazón, os digo que confío en la nueva dirección deportiva que capitanea Arbeloa. Con Pintus detrás como fiel escudero, estoy convencido de que el nuevo staff técnico insuflará de energía a una plantilla mustia. Estos jugadores merecen mi confianza porque en el pasado reciente han demostrado su calidad y entrega por un escudo al que defienden y representan con solvencia.

Sé que escribir esto me traerá comentarios negativos por parte de buena parte de la afición, pero lo digo igual. Expreso mi opinión libremente y el lector también es libre de criticarme. Es lo bonito de vivir en un país libre y ser aficionados de un club tan grande y magnánimo como el Real Madrid.

Así pues, desde el lunes por la tarde estoy en el barco de Álvaro Arbeloa. Capitán, pase lo que pase, me tendrás contigo en las Termópilas. Porque parafraseando al poeta, cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo. Porque confío en ti en la claridad de mis días y en la oscuridad de mis noches. Porque sé de lo que eres capaz. Porque vuelvo a tener ganas de sentarme a ver fútbol. Porque cuento las horas para que llegue esta noche y juegue mi Madrid. Contigo al mando vuelvo a sonreír de corazón. Buena suerte, Álvaro.

 

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Nota: una variación de este texto de Jesús Bengoechea ha aparecido hoy en El Español

 

“¿Cómo se puede ser madridista cuando el Real Madrid ha dejado de serlo?”, suelta consternado en un grupo de WhatsApp alguien a quien ha escandalizado la precipitación de los acontecimientos. Me extraña, porque es un madridista veterano. Las últimas horas estarán bien o mal, serán fructíferas o un error histórico, pero nadie puede negar que son puro Real Madrid.

Hay poca coherencia en los críticos. Los que acusaban a Florentino de estar demasiado centrado en estadios y superligas censuran también una decisión que solo el tiempo revelará como acertada o contraproducente, pero que es cualquier cosa menos conformista con la situación deportiva. Pocas decisiones del mandatario blanco han acarreado más riesgo. Sin embargo, ha obrado desde una preocupación que a su vez es deudora de su pasión por el equipo, esa que muchas consideraban enterrada bajo paladas y paladas de guerras institucionales y cuestiones de hormigón.

El detonante es la baja forma física del plantel y su contrapartida más siniestra: las lesiones que han lastrado al colectivo de manera insoportable. El club planteó a Xabi la vuelta del preparador Pintus y el tolosarra, en postura de lealtad a los suyos que le honra, dijo que no. Hasta aquí llega, en el Madrid, la trayectoria de un técnico metódico y brillante que no era necesariamente, o al menos no aquí ni ahora, el técnico que necesita el mejor club del mundo. Son dos profesiones distintas.

Con Pintus llega Arbeloa (plantearlo así es tan legítimo como viceversa), un hombre de la máxima confianza presidencial, con  experiencia que se ciñe a la cantera si nos referimos a entrenar en sentido estricto. No obstante, el salmantino fue un componente no menor en el arranque de la época dorada contemporánea del club, y se ha labrado una justa imagen de guardián de las esencias. En un momento en que varios jugadores de la plantilla parecen haber olvidado el significado del escudo que portan en el pecho, a la par que otros no lo han descubierto aún, Álvaro Arbeloa se antoja la descarga eléctrica adecuada.

Arbeloa juvenil

He aquí algunos extractos de la entrevista que me concedió en 2016, en su último año como jugador del Real Madrid. Esta entrevista es un pequeño clásico. Yo no tuve ningún mérito, porque es el mejor entrevistado del mundo. Es sincero, franco, elocuente y se expresa como quiere, respaldando sus ideas con explicaciones articuladas, sensatas y tan promenorizadas como haga falta.

"El madridismo echa en falta a alguien que sepa decir ciertas cosas que no están bien vistas. José (Mourinho) denunció todo lo que le parecía injusto. Podía tener razón o no, pero denunciaba todo aquello que consideraba injusto con el club. Eso a él, personalmente, le acarreaba muchas críticas, pero abrió los ojos a buena parte del madridismo. Les hizo ver muchas cosas que antes ni se planteaban. Esa denuncia de lo injusto es un legado que la gente ha sabido reconocerle".

"Al Real Madrid es muy fácil atacarle y exigirle más que a los demás. Me refiero concretamente al famoso señorío. Yo digo: ¿qué pasa? ¿El resto de equipos no tiene que tener señorío? ¿Sólo el Madrid? Los demás, que hagan lo que quieran y no pasa nada, ¿verdad? Es un arma que se usa sólo para atacar al Real Madrid".

"Podríamos hacer más para tener una unidad todavía mayor, de tal forma que todos saltáramos en la defensa de este escudo cuando correspondiera. El no hacerlo en mayor medida ha podido influir en que sólo llevemos una liga en muchos años". 

"El ADN del Madrid no ha sido tanto siempre el juego bonito como la garra, el empuje, el coraje, el esfuerzo".

"Ojalá algún día todos sepan que lo más importante es el Real Madrid y que lo que digan de ti da un poco igual. Lo importante es dejarte la vida por este club que nos ha dado tanto. Los futbolistas estamos siempre en deuda con el Madrid. Me hace gracia cuando oigo a exfutbolistas quejarse: “Con todo lo que hemos hecho por el Madrid y ahora tal”. Perdona. Es el Madrid el que ha hecho mucho por ti. Por mucho que tú hayas hecho por el club, es siempre superior lo que el club ha hecho por ti. Eso seguro". 

Al margen de sus gustos técnicos y tácticos (que está por ver si podrá trasladar a la primera plantilla, al tratarse este de un universo diferente), Arbeloa es una transfusión de madridismo en vena, es decir, de exigencia controlada, para jugadores en aparente necesidad de glóbulos blancos. Sí esto no fuera más que una metáfora, el propio Álvaro se ocuparía de la extracción de su hemoglobina, traería los tubos y el portasuero, sentaría jugador por jugador en la camilla y aplicaría el catéter hasta reanimar las lánguidas arterias del millonariado vikingo. Es un hombre con una aproximación práctica y pormenorizada a la grandeza.

Eso, de puertas para adentro. De puertas para afuera, el madridismo combativo de Arbeloa promete conectar con una masa social hastiada de la actitud de las instituciones contra el club. Durante su carrera como jugador, ejerció una resistencia numantina contra la narrativa oficial, orquestada por el lobby blaugrana, que le costó su puesto en la selección. No se calla jamás, ni compromete la verdad con palos calientes, asumiendo el coste de esta gallardía. Este carácter insobornable  no sirve por sí mismo para ganar, pero tal vez sí para encandilar a una afición harta del CTA, la alargada sombra de Negreira, Tebas y la doble vara de medir de la prensa deportiva. Su amor a la institución es del estilo kamikaze, y las ruedas de prensa prometen.

Hace justo diez años, por estas fechas, un golpe de timón similar por parte de Florentino desembocó en el inicio de un recorrido mítico. Arbeloa no tiene sobre los jugadores la ascendencia resplandeciente que entonces adornaba a Zidane, pero sí la fuerza de la convicción y el atractivo desmesurado de quien no se casa con nadie y lo subordina todo al bien del colectivo. Nos conformamos con la mitad de lo que logró Zizou.

Buena suerte. La va a necesitar.

Algo que no sabemos

Como a todos, me ha sorprendido la salida de Xabi Alonso, cuando ya parecía que no iba a ocurrir. Como ya he contado, fui de los que recibió su fichaje con esperanzas, y la alegría se me fue descafeinando al paso de las semanas. Tenía todas las condiciones para triunfar en el banquillo del Real Madrid, si bien ya sabemos que para triunfar en el banquillo del Real Madrid hay que tener algo más que las condiciones. A esta hora me vienen a la cabeza imágenes y momentos en apariencia nimios que sin embargo explican mucho hoy sobre lo que ha ocurrido con Xabi Alonso y, en consecuencia, lo que viene sucediendo al equipo desde su llegada.

Xabi Alonso: más allá del sistema

Más allá de lo esencial sobre el indescifrable plan de juego del equipo, los evidentes problemas físicos de los nuestros, y la extraña desmotivación de muchos de nuestros mejores jugadores–todo está conectado-, en los últimos meses hemos tenido síntomas de un problema aún más turbio y preocupante. Algo que no sabemos, aunque podemos intuirlo, ha ocurrido en el vestuario desde el día uno, y ese algo lo ha impregnado todo de malas sensaciones.

Muchos pusimos el foco en el enfado de Vini en la sustitución contra el Barcelona, y en la ausencia de consecuencias visibles a su desafío, pero era solo la punta del iceberg. Incluso sin descifrar ese algo que no sabemos que haya ocurrido de puertas adentro, ahora podemos obtener una imagen bastante elocuente si unimos los puntos de las pequeñas señales. Algo no ha ido bien. El síntoma más preocupante lo encontramos en un detalle en el que casi nadie ha reparado: en décadas viendo fútbol de élite, y por supuesto en tantos años de madridismo, jamás había visto semejante colección de discusiones entre los futbolistas durante el transcurso de cada partido, aparentemente sobre el papel de cada uno en el terreno de juego, sobre el lugar donde debe situarse la línea de defensa, o sobre la manera de sacar el balón desde atrás.

Igual de insólito que la cantidad de veces que hemos visto a alguno de nuestros futbolistas, también con el balón en juego, retirarse a la banda a mantener largas conversaciones con Xabi Alonso, quizá sobre los mismos asuntos. Ya sé que no es extraño que un jugador se acerque al míster a consultar lo que sea durante un encuentro, pero sí lo es que lo hagan tan a menudo y tantos jugadores, en medio de una sensación general de desconcierto.

el madridismo estaba ayer más disgustado con los jugadores que con Xabi Alonso. Pero a menudo cambiar al entrenador es la única manera de cambiar dinámicas tenebrosas que se extienden por toda la plantilla

Nos queda la duda de elegir entre hipótesis casi imposibles: que Xabi no fuera capaz de explicarse, con sus conocimientos y experiencia; o que los futbolistas no fueran capaces de entenderle. Una tercera opción, todavía más surrealista y absurda, sería que las pretensiones del entrenador fueran demasiado extravagantes como para que pudieran llevarse a cabo, o imposibles de alcanzar con la configuración de nuestros jugadores. Y ya la última, que sería el colmo de los colmos, que los jugadores no compartieran los planteamientos de Xabi Alonso e improvisaran en el campo a su antojo.

No sé si algún día sabremos la verdad, pero confiemos en que el club lo tenga claro, porque solo conociendo bien qué ha fallado podemos depositar esperanzas fundadas en la nueva era Arbeloa, que también acojo con tanta ilusión como prudencia. Ilusión porque, hasta la llegada de Xabi Alonso, era uno de mis favoritos para el banquillo; prudencia porque no me resulta fácil imaginar, en lo que tiene que ver con el manejo del vestuario, qué cosas tan distintas podría uno que no haya intentado el otro ya.

El terreno de la especulación es la tumba del columnista de opinión, así que no quiero con estas líneas profundizar en ese camino que va directo el cementerio. Sea lo que sea, ojalá Arbeloa pulse la tecla adecuada, se rodee de los mejores, y exija a nuestras estrellas que den un paso al frente o dos atrás en este momento crucial de la temporada en el que, por cierto, aún no hemos perdido nada, excepto una Supercopita a la que le faltó el canto de un duro para venirse a casa con nosotros, que todo hay que decirlo.

Creo haber tomado bien la temperatura a la mayoría de la afición si afirmo que el madridismo estaba ayer más disgustado con los jugadores que con Xabi Alonso. Pero a menudo cambiar al entrenador es la única manera de cambiar dinámicas tenebrosas que se extienden por toda la plantilla, por el rendimiento de cada uno, y por el juego de equipo. No es un mal entrenador, ni un mal madridista. Algo no conectó bien ahí dentro, a puerta cerrada, pero asumiendo eso, se va –corrígeme si me equivoco- con el cariño general de la gente. El mismo cariño con el que será recibido otro de los nuestros, Álvaro Arbeloa, al que tenemos desde ya mismo en nuestras oraciones, para que su entrada en el vestuario sea con el pie adecuado, y podamos volver a disfrutar del fútbol del Real Madrid que hasta el 2025 solía hacernos felices.

Xabi Alonso se ha ido, o le han echado, y desde hoy lo sustituye Álvaro Arbeloa al frente del primer equipo del Real Madrid. Me gustaría creer que ha sido Xabi el que ha dicho hasta aquí hemos llegado. O mejor: ahí os quedáis. Sería, en ese caso, el primer entrenador, desde Camacho, que se zafa voluntariamente de la cruel tiranía que el banquillo del Madrid de Florentino Pérez ejerce sobre sus infelices inquilinos. Nadie se merece ser un desgraciado cada día pues ya para eso la vida es bastante puta y nos ofrece a todos, de balde, su caminito de espinas.

Un cambio insuficiente, pero un cambio

La situación recuerda a la primera venida de Zidane como entrenador, porque hace justo diez años también el presidente Pérez decidió prescindir de Rafael Benítez, que según las lenguas no era su entrenador sino el de JAS, y recurrir al míster del Castilla. La diferencia es que, entonces, en el Madrid jugaban Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Gareth Bale, Luka Modric, Toni Kroos, Sergio Ramos, Marcelo, Isco y Pepe.

Hoy estarán contentos todos aquellos que piensan que, en realidad, la actual plantilla del Madrid es de un nivel parecido a aquella. Hay que agradecer que, al menos, en el comunicado ofrecido a la prensa anunciando su marcha el club no haya zaherido a Xabi Alonso como hizo con Lopetegui, hace ya siete años, recalcándole que claro, con ocho candidatos al Balón de Oro…Hay quienes creen que las cosas, en España, se arreglarían por arte de magia con sólo cambiar de presidente. Otro tanto pasa con el Madrid, donde las culpas eran antes de Ancelotti y ahora, de Alonso, pues debe resultar que ninguno de los dos vale ni para tomar por culo y el asunto es tan sencillo como creía Berlusconi, en sus tiempos: poner a todos los buenos sobre el campo y a correr.

Arbeloa

La situación de Arbeloa no es, desde luego, para nada envidiable. Entrenar a este Madrid hoy es un regalo envenenado. Apenas está empezando su carrera como técnico y es, sin discusión, un hombre de club. No van quedando muchos, sobre todo que sean útiles: para figurar y ocupar sinecuras en la Fundación o en la cantera hay, sin embargo, de sobra. El riesgo de que se queme es altísimo. No podemos esperar milagros: el plantel del Madrid es de segundo o tercer nivel europeo y eso, tan sólo año y medio después de ganar liga y Copa de Europa, es responsabilidad exclusiva de la dirigencia. Que, al parecer, puso a Xabi a los mandos desoyendo sus peticiones más elementales, como el fichaje de Zubimendi, que habría resuelto en gran medida el agujero negro del centro del campo.

La cuestión de fondo es de autoridad. Si el entrenador no tiene el respaldo de los que mandan, ¿cómo va a mandar?

El Madrid tiene, como equipo, dos problemas fundamentales: la asimetría fatal a que aboca la intocabilidad de Vinícius, Mbappé y Bellingham, por un lado, y la que dicen es intolerable actitud de los jefecillos del vestuario de puertas para dentro. El equipo está tan mal diseñado que cuenta con dos de los cinco mejores jugadores del mundo y aun así es incapaz de organizarse funcionalmente sobre el terreno de juego.

La presencia de Mbappé ha generado un desequilibrio táctico en el equipo inasumible en términos de competición al más alto nivel y, por demás, ni Valverde es Kroos por llevar el número 8 ni Bellingham va a romper en 5 por llevar el de Zidane. De hecho Bellingham es, ahora mismo, un problema grave: siendo un llegador se encuentra siempre en el centro de las jugadas, que tienen tres toques más de lo que la velocidad y el sentido del juego requieren ante equipos como el Barcelona, este año el único rival a batir pues, por indigesto que resulte, el Madrid no está para competir con nadie en Europa. Lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible: el viento del fútbol cambió hace tiempo y de Tchouaméni o Camavinga no se hacen registas actualizados por más que partan nueces con sus músculos de ébano.

La cuestión de fondo es de autoridad. Si el entrenador no tiene el respaldo de los que mandan, ¿cómo va a mandar? A Carletto se le caían los años y los títulos como para tratarles como un padre. Zidane tenía un charm único en el mundo y contaba con la ventaja de que, cuando lo miraban, no veían a su entrenador sino al ídolo de la infancia. Alonso, sin el incuestionable apoyo institucional, no era nadie a los ojos de una serie de caballeretes que no tienen ni treinta años y todos los vicios ya de los vestuarios ochenteros, que estaban llenos de fumadores, bebedores, crápulas y camorristas.

La sensación es de bucle, o peor: de haber vuelto al panorama que se encontró Mourinho en 2010 al fichar por el Madrid. Pero todos tenemos quince años largos de más sobre las espaldas, empezando por Florentino, y el tufo a caducidad que desprende el Madrid empieza a ser insoportable.

Buenos días, galernautas. Sabedores como seréis de la noticia que monopoliza hoy la información deportiva, cabe preguntarse qué os podemos contar que no sepáis.

Antes de que respondáis, conviene aclarar que el portanálisis de hoy quiere adoptar un enfoque apriorístico. Nada nos gustaría más que analizar las portadas antes de que salgan, pero como eso es metodológicamente discutible, solo podemos permitirnos ese lujo en fechas tan señaladas como la de hoy.

Sabemos, sin necesidad de verlas, que las portadas del periodismo presuntamente deportivo español gravitarán hacia el catastrofismo. Sabemos también que presentarán la crisis como confirmación de todo lo que —según ellas— ya estaba claro. Y sabemos, por último, que no faltará quien adopte como propuesta epistemológica de base el casticísimo “a cojón visto, macho”.

Si alguno tuviera la rara honestidad de reconocer lo inesperado de la medida adoptada ayer, se nos vendrá encima el repertorio habitual: “errática”, “incoherente”, “volantazo”.

Ayer por la tarde resultaba enternecedor verlos intentar disfrazar su ignorancia con análisis presuntamente sesudos, que no valían ni para texto de galleta china de la suerte. El rigor, el matiz y la profesionalidad los dejamos para otro eón.

Mientras tanto, os proponemos un juego: por cada ejemplo de lo anterior, un chupito. Elegid vuestro veneno. Nosotros nos decantaremos por un delicioso licor café cortesía de nuestro amigo Brais de Coristanco, al que mandamos un abrazo en la mejor tradición de Roberto Gómez.

Pese a todo, las exigencias del oficio de portanalista obligan a abrazar cierto ascetismo, así que abordemos la tarea con estoica resignación e intentando soslayar los efectos de la sorpresa morrocotuda. No se esperaba este desenlace, y en esta sección se ha defendido la continuidad del tolosarra. No obstante, si el entrenador y la entidad apuntaban en direcciones divergentes, y en una conversación franca se han dado cuenta de ello, lo mejor es renunciar a la empresa común. Las culpas habrá que repartirlas entre todos. Pocas veces un divorcio es responsabilidad de uno solo de los cónyuges. Gracias en todo caso, Xabi, por tu gran esfuerzo y profesionalidad.

El diario gallardero, es decir, Marca, ha desempolvado el WordArt de 1995 y nos habla de “Volantazo de Florentino” mientras afirma que Xabi estaba sentenciado desde hace tiempo. Se perciben satisfacción y chapoteo en la desazón madridista. Aquí va nuestro primer chupito, si bien resulta palmario que en la redacción del diario nos sacan varios de ventaja.

si el entrenador y la entidad apuntaban en direcciones divergentes, y en una conversación franca se han dado cuenta de ello, lo mejor es renunciar a la empresa común. Las culpas habrá que repartirlas entre todos. Pocas veces un divorcio es responsabilidad de uno solo de los cónyuges

¿En qué momento Marca decidió adoptar el nivel y las formas de Sport o incluso de Superdeporte? ¿Por qué sus portadas parecen diseñadas en un Compaq Presario con la enciclopedia Encarta recién instalada? ¿Cuándo empezó a tratar a sus lectores como si tuvieran un coeficiente intelectual inferior a la temperatura ambiente? Tantas preguntas y tan pocas respuestas…

Saltemos a ese periódico otrora dirigido por Relaño y hoy gobernado por José Félix Díaz. El titular nos da tres palabras que llenan otra vez nuestro vaso: “Un despido anunciado”. Visualización de dídimo de manual. Hay también cierto aire de congratulación que no sabemos si achacar a la anómala situación de la que es síntoma o a que ellos ya lo sabían. El caso es que nos empezamos a sentir más gallegos tras nuestro segundo chupito.

Nos viene a la cabeza el marqués de Leguineche en su lecho de presunta muerte en La Escopeta Nacional: “Llamad al servicio, que estas cosas les gustan mucho”.  Por ello, saltamos a la prensa cataculé. Es martes post cese de entrenador madridista y esos cuerpos lo saben, por lo que intuimos sardanas y reggaetón en sus redacciones. Resulta palmario que también van escapados cual Cacaíto Rodríguez en la ingesta etílica. Será que están celebrando lo del Madrid como disfrutan una nueva trapallada de su equipo. No se explica si no su falta de originalidad. Ambos emplean el término “Fulminado” con la alegría de quien acaba de aprender una palabra nueva y, además, se solaza en el problema ajeno. Doblete de licor café por aquí, ¿oíste?

Pasad un día de carallo, desead a don Álvaro Arbeloa la mejor de las suertes, pues la va a necesitar. Sentidiño sabemos que le sobra, y a modiño, que malo será que no ganemos algo.

El marcador final dirá ya siempre lo mismo: derrota. El 3-2 frente al Barcelona en la Supercopa de España no se borrará de la estadística ni se transformará en triunfo con el paso del tiempo. El Real Madrid perdió un título más ante su máximo rival y, desde el punto de vista estrictamente competitivo, eso es incuestionable. Sin embargo, no todas las derrotas pesan igual ni dejan las mismas huellas. Algunas duelen por lo que significan; otras, por lo que evidencian. Y unas pocas, muy pocas, permiten al menos una lectura que va más allá del resultado. La de ayer pertenece a esta última categoría, tanto para lo bueno como para lo malo.

Siendo sinceros, el contexto era poco alentador. El Real Madrid llegaba al clásico con una sensación de desgaste emocional evidente, tras meses en los que la imagen transmitida ha sido pobre, desconectada, en muchos tramos incluso preocupante. No tanto por los resultados —que, aun con tropiezos, han seguido sosteniendo al equipo en las competiciones— como por la manera de afrontarlos. Durante buena parte de la temporada, el conjunto blanco ha ofrecido una versión apática, carente de intensidad, con una alarmante falta de implicación colectiva. Un equipo que parecía jugar por inercia, confiado en su escudo más que en su fútbol, y que había normalizado competir sin alma.

el Real Madrid, aun siendo superado en fases del juego, recuperó algo que parecía extraviado: la dignidad competitiva

Por eso, cuando el Barcelona se presentaba como favorito claro, incluso como candidato a una goleada contundente, la sensación previa no era de exageración. Los precedentes recientes, el estado anímico de ambos equipos y la diferencia en sensaciones hacían pensar en un escenario muy complicado para los blancos. El Barça llegaba con una identidad clara, con automatismos reconocibles y con una energía competitiva muy superior. El Madrid, en cambio, arrastraba dudas, desorden y una preocupante desconexión emocional que se había repetido en aproximadamente el 90% de los partidos disputados esta temporada. Y, sin embargo, el clásico no fue lo que muchos esperaban.

Desde el pitido inicial se percibió algo distinto. No fue un cambio radical ni una transformación futbolística profunda, pero sí un giro en lo más básico: la actitud. El Real Madrid salió al partido con otra cara, con otra predisposición, con una intensidad que había estado ausente durante demasiado tiempo. Hubo carreras defensivas, disputas ganadas, ayudas constantes y, sobre todo, una sensación de compromiso colectivo que había brillado por su ausencia en demasiadas noches anteriores. El equipo no se descompuso tras el primer golpe, no bajó los brazos cuando el Barcelona se hizo con el ritmo y no dio la impresión de estar esperando el desenlace. Compitió, se sostuvo, resistió. La realidad es que llegó vivo hasta el último minuto, con opciones reales de empatar el encuentro y forzar unos penaltis que, horas antes, parecían una quimera.

Eso, en sí mismo, ya supone una diferencia notable respecto a lo visto en otros encuentros importantes de la temporada. Se perdió, sí, pero no se regaló nada. Ese matiz es clave para entender que esta derrota se puede analizar de otra manera. Porque el Real Madrid, aun siendo superado en fases del juego, recuperó algo que parecía extraviado: la dignidad competitiva. Esa que no garantiza títulos, pero que es condición indispensable para aspirar a ellos. Esa que conecta al equipo con su historia y con una afición que, más allá de ganar o perder, exige compromiso.

Eso sí, detener el análisis en ese punto sería incompleto y, en cierto modo, complaciente. Porque el cambio existió, pero fue insuficiente. La mejora no vino acompañada de un crecimiento real en el plano futbolístico, y ahí es donde está el gran problema. Ahora bien, ¿se puede conseguir ese fútbol con la plantilla actual?

El Real Madrid volvió a evidenciar que tiene enormes dificultades para construir el juego desde atrás. La salida de balón fue, una vez más, previsible y lenta. Faltaron mecanismos claros, líneas de pase limpias y una estructura que permitiera avanzar con el balón controlado. En demasiados momentos, el equipo se vio obligado a recurrir al envío largo, a la improvisación o a acciones individuales para superar la presión rival.

el Madrid ha dado un paso adelante, pero sigue estando a varios pasos del nivel que necesita para ganar a los mejores

El Barcelona, con un bloque más trabajado, supo aprovechar esas carencias. Presionó alto cuando lo consideró necesario, cerró los espacios interiores y obligó al Madrid a jugar incómodo. Cuando los blancos lograban superar esa primera línea, no siempre sabían qué hacer después. El juego carecía de continuidad, de pausa, de esa capacidad para mandar en el partido que históricamente ha definido a los grandes equipos. La falta de control fue evidente. El Madrid compitió, pero rara vez gobernó, y eso, frente a rivales de élite, suele no darte para lograr la victoria. Porque la actitud te permite competir el partido, pero el fútbol es el que te hace ganarlo.

Esta sensación no es nueva. De hecho, remite de forma clara a lo ocurrido frente al Manchester City en el encuentro de Champions League. El paralelismo es evidente. Ante el City y ante el Barcelona, el Madrid mostró orgullo, pero también sus limitaciones estructurales. En ambos casos, el equipo estuvo cerca, compitió hasta el final, pero terminó cayendo por detalles que no son casuales. Son consecuencia directa de una propuesta futbolística incompleta, que depende demasiado de la inspiración individual y muy poco de un plan colectivo sólido. El problema no es perder contra grandes rivales, el problema es perder siempre de la misma manera, con la sensación de que el techo competitivo se alcanza demasiado pronto. De que, cuando el partido exige algo más que corazón, el equipo no siempre tiene respuestas. Sin un organizador todo es más difícil, dicho sea de paso.

Ayer, el Real Madrid mejoró en lo que no tenía: intensidad, compromiso, solidaridad. Pero sigue careciendo de lo que más necesita: control del juego, elaboración fluida y capacidad para marcar el ritmo. Sin esos elementos, competir se convierte en resistir. Y resistir, tarde o temprano, acaba pasando factura. Eso no invalida lo positivo, al contrario. El partido deja una base sobre la que construir, porque sin actitud no hay nada, y ayer al menos se recuperó eso. El vestuario dio señales de vida, el equipo transmitió que no está roto y la sensación general fue que, por fin, hubo una reacción emocional. No es poco, teniendo en cuenta de dónde venía el equipo.

Pero, que quede claro, tampoco es suficiente si se quiere aspirar a algo más que competir con dignidad. El Real Madrid no puede conformarse con caer dando la cara, su exigencia histórica va mucho más allá. Este club ha construido su grandeza no solo desde el carácter, sino también desde el dominio. Desde la capacidad para imponer su juego en los escenarios más difíciles, sea cual sea ese juego elegido. El clásico de la Supercopa deja una conclusión clara: el Madrid ha dado un paso adelante, pero sigue estando a varios pasos del nivel que necesita para ganar a los mejores. Ha recuperado el pulso competitivo, pero aún no ha recuperado el control del juego. Ha demostrado que quiere, pero que no siempre sabe cómo. Un cambio insuficiente, pero sí, un cambio.

 

Getty Images

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