Arbitró el noruego Espen Eskås. En el VAR estuvo el neerlandés Van Boekel.
Algo errático en el listón de las faltas y en ciertas apreciaciones.
En el minuto 2 no pitó una clara obstrucción sobre Vinícius y poco después tampoco vio un córner en un disparo del brasileño. En el 17', volvió a obviar una falta de Akliouche justo fuera del área sobre el Vini.
Las dos únicas amarillas llegaron al final de la primera parte. Zakaria derribó a Mastantuono cuando se marchaba en el 32', y Bellingham agarró a Akliouche en el 44'. En la segunda mitad debió unirse Vanderson por cortar una internada peligrosa de Vinícius.
No hubo jugadas polémicas en el área porque un disparo que repelió Tchouaméni le dio en el costado con los brazos pegados al cuerpo.
Eskås, CORRECTO.
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Noche fresca de Champions en el Santiago Bernabéu. Después del profundo y sonoro desencanto mostrado por parte de la afición contra el Levante, los de Arbeloa recibían al Mónaco con la esperanza de asegurar una posición cómoda en la Copa de Europa y de reconciliarse con los escépticos. No solo se reconciliaron con ellos, sino que les ofrecieron una brutal exhibición goleando al equipo del Principado por seis goles a uno.
Álvaro alineó un once con Camavinga en lugar del no disponible Carreras, Fede de lateral y la pareja Huijsen-Asencio completando la zaga. En la sala de máquinas, Tchouaméni, Güler y Bellingham. Arriba, Mastantuono, Vini y Mbappé.
El conjunto monegasco contaba con la inopinada baja del príncipe Alberto. Problemas coronarios. Y las ausencias en el mediocampo y la delantera, respectivamente, de Rainiero y Grace Kelly. Ambos por causas biológicas. Por su parte, Pocognoli, técnico rival, se presentó en el Bernabéu disfrazado de Simeone —gracias, Nanook—, pero más hirsuto.
El recibimiento de las gradas fue mejor que el del sábado. Antes del comienzo se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del horrible accidente ferroviario en Adamuz.
Los monegascos comenzaron poseyendo el balón el primer minuto del choque. El Madrid recuperó pronto la pelota y la primera vez que acercó, la coló. Güler inició la jugada, Fede le dio magia, Mastantuono avanzó y Valverde, de nuevo, se la cedió a Mbappé para que golpeara a la bola con su taco de billar y la enviara a la tronera del Mónaco. 1-0 a los cinco minutos.
El Madrid corriendo es feliz, igual que los niños y los recién divorciados, y sin solución de continuidad Franco y Vini armaron un ataque que concluyó con disparo cruzado raso del brasileño que Khön envió a córner. El colegiado señaló saque de puerta.
Huijsen, más que subir, se abalanzaba con el balón sobre el rival en cuanto tenía ocasión. Jude se llevaba para adentro a la defensa. Mastantuono —muy reconocible porque desde arriba parecía un kiwi amarillo— estaba enchufado y gozó de otra ocasión antes de los diez minutos. Combinó con Fede y el disparo del argentino no cogió efecto ni puerta.
Ni la actitud, ni el juego ni las sensaciones ni el público ni el partido en general tenían nada que ver con las condiciones que se dieron frente al Levante.
Antes de llegar al 20', falta no pitada a Vini que concluyó con una oportunidad casi inmejorable para Ansu Fati. El exculé la mandó fuera cuando era más fácil meterla. La respuesta blanca, ocasión aérea de Aurélien, aunque finalmente cabeceó otro individuo azul de los que pululaban por el césped. Pero el balón lo amarró el meta.
En el minuto 25, el Madrid hilvanó una jugada de alta costura. Detalle de clase de Camavinga, pase mágico de Güler, asistencia de Vini y gol de Mbappé. Maravilloso. 2-0. El francés lleva ya 32 dianas y el mismo número de goles.
Vini pudo anotar el tercero, pero un defensor desvió lo justo para enviar el balón a córner. El Mónaco devolvió el golpe. Golpazo, más bien. Teze reventó el balón —por suerte— contra la zona del larguero que linda con la escuadra. El rival, no le quedaba otra, dio un pasito pa'lante. Los madridistas rezábamos porque los nuestros no hicieran el Ricky Martin y dieran un pasito pa'trás.
Courtois se estrenó, guardametamente hablando, en el minuto 35. Despejó de puños, quizá demasiado aparatosamente, un disparo de los rivales, que seguían con la idea de marcar gol, pese a haber recibido ya dos y que al Madrid no le viniera nada bien que anotasen. Esto lo tienen muy hablado los blancos.
Aun así, el Mónaco seguía atacando y Balogun exigió más a Thibaut que en la ocasión anterior.
Con 2-0 y la casa medio barrida, se llegó al descanso. Buena primera parte de los chicos de Arbeloa.
El Madrid No solo se reconcilió con los escépticos, sino que les ofreció una exhibición goleando al equipo del Principado por seis goles a uno
La segunda parte comenzó con Ceballos en el campo. Como no se puede jugar con doce, salvo que vistas de azulgrana, hubo de quedarse en el banco Asencio. Esperemos que solo por precaución.
El Madrid reinició de manera fenomenal. A los seis de la segunda mitad, Vini recibió al borde del área, se regateó a sí mismo, y dio su segunda asistencia. Esta vez a Mastantuono, quien, francamente, juega mejor con el pelo de pollito.
Sin tiempo ni para estornudar, nueva jugada de Vini que acabó en gol en propia meta. Marcó sin Kehrer. El brasileño, decisivo en tres de los cuatro goles. Si no es para pitarlo, ya me diréis.
A todo esto, Courtois detenía todo lo que llegaba y el Madrid seguía volcado sobre la portería de los ilustres vecinos de la Costa Azul. Jude no marcó el quinto porque un señor se empeñó en evitarlo cuando la pelota se colaba. El partido era gozoso como una tarde en los recreativos con un kilo de monedas de cinco duros.
Entonces Vini corrió como un poseso contra la meta rival, recortó y la reventó. Golazo por la escuadra. Se lo merece, como Míchel ante los coreanos. Muchos atribuirán el mérito a sus pitos en lugar de a los bemoles del brasileño.
Pero no todo iba a ser perfecto, Ceballos erró gravemente en el área y le regaló un gol al Mónaco. Lo marcó Teze.
Camavinga y Güler dejaron su puesto a dos laterales: Carvajal y Fran García.
Pese a un pequeño periodo de relajación tras el gol monegasco, Fede filtró magistralmente al área, Huijsen asistió sin tocar la pelota, simplemente con la sombra de las suyas, y Bellingham dribló y embocó el sexto. «No cometerás adulterio», pero los blancos no respetaron el mandamiento y fueron tremendamente infieles con lo que habían sido ellos mismos hasta hoy.
Arbeloa retiró a Fede y sacó a Meso, canterano que de haber sido de la Masía habríase llamado Mesi. Entre tanto, Jude no marcó el séptimo de milagro y Kylian el octavo, no, perdón, el séptimo también, por poco. Ídem, Vini.
Así se llegó al final. Los de Arbeloa se exhibieron no solo ante los escépticos, también ante los cínicos, los estoicos, los sofistas y un señor de Matalascañas que estaba muy enfadado.
Hoy el Madrid ganó 6-1, jugó muy bien y le echó un par.
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En este artículo recogemos, de forma resumida, las declaraciones de los testigos.
Previamente, quiero precisar —porque en el anterior artículo no lo hice— que José María Enríquez Negreira, en calidad de investigado, se acogió a su derecho a no declarar.
Además, José María Enríquez Negreira sufre demencia leve, diagnosticada como un principio de Alzheimer, con afectación de memoria y lenguaje, aunque se considera que no está incapacitado para afrontar un proceso judicial. Su defensa presentó informes médicos que certificaban la enfermedad para alegar su incapacidad, pero los jueces determinaron que es imputable y puede declarar, aunque la patología esté presente.
Conviene aclarar que, con su dolencia, puede olvidar cosas, porque le afecta a la memoria, pero no inventar hechos ni relatar sucesos que no han ocurrido, como algún culé trata de hacernos creer.
Por otro lado, aunque en mi último artículo señalé que no había constancia de las declaraciones de Óscar Grau —director ejecutivo del F.C. Barcelona entre el 12 de septiembre de 2016 y el 28 de abril de 2021—, investigado en el caso, estas han salido posteriormente a la luz. Mientras escribía este artículo, Ramón Álvarez de Mon ha publicado, en exclusiva, el vídeo de su declaración en el juzgado:
No hay nada reseñable. Contesta a su abogado y evita responder, como todos. Declara que los informes eran de Javier Enríquez y que dejaron de realizarse porque suponían un gasto elevado para el club y había que hacer recortes debido a la situación económica del Barça.
Declara también que el expediente que abre la AEAT no lo firma él, ya que abandona el club en abril de 2021 y este se cierra en julio de ese mismo año, cuando ya no forma parte del F.C. Barcelona. Aunque, en las primeras comunicaciones entre la AEAT y el Barça —dato que no menciona en el vídeo—, también figura como CEO. Es decir, por parte del club intervienen Óscar Grau y Albert Soler.
A continuación, muestro las declaraciones de los testigos que han declarado hasta ahora, de forma cronológica.
Dada la brevedad de ambas declaraciones, realizadas además de forma telemática, las agrupo, ya que dijeron prácticamente lo mismo. Ambos fueron entrenadores del primer equipo del F.C. Barcelona: Luis Enrique, de 2014 a 2017, y Valverde, de 2017 a 2020.
Han declarado, ratificando lo que ya hicieron ante la Guardia Civil, que jamás vieron un informe arbitral durante su etapa en el club y que ni siquiera conocían la existencia de estos.
Es el actual presidente del F.C. Barcelona desde el 17 de marzo de 2021 y lo fue también entre el 15 de junio de 2003 y el 30 de junio de 2010. Tal y como ya he explicado en un artículo previo, los presuntos delitos que se le atribuirían, correspondientes a su primer mandato, han prescrito y, aunque el juez Aguirre dejó claro en su auto que considera que actuó de forma idéntica a Rosell y Bartomeu, no puede ser investigado por esta prescripción.
En su día, el entorno culé vendió que habían ganado el caso, que el juez retiraba los cargos al Barça y que no había nada en el caso Negreira, al que calificaban de invención del Madrid y sus medios. En realidad, se referían únicamente a que Laporta dejaba de estar investigado por la prescripción de los presuntos delitos. Nada más.
Conviene recordar que Laporta también ocupó el cargo de vocal de la Junta Directiva de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), posición a la que accedió como presidente del F.C. Barcelona en marzo de 2021 y a la que renunció en noviembre de 2023. En junio de 2021, aproximadamente un mes antes de que prescribiera el delito de corrupción por los pagos a Negreira según la Ley del Deporte, votaron a favor —entre otros— Rubiales, Pedro Rocha y el propio Laporta para eliminar del código ético de la RFEF las sanciones por casos de corrupción, ganando dicha votación.
Laporta comenzó su declaración respondiendo al fiscal que no conoce personalmente ni ha visto nunca a José María Enríquez Negreira ni a su hijo, Javier Enríquez Romero.
Afirma que los informes los realizaba Javier Enríquez Romero, que él no sabía quién era su padre ni que fuera vicepresidente del CTA, y que lo único que conocía era que los informes los hacía el hijo de un exárbitro. Señala que, cuando llega a la presidencia en 2003, le informan de que esos informes se realizan, que el área deportiva se encarga del asunto y que deciden continuar con ello, ya que no puede estar al detalle de todas las cuestiones y cada área gestiona sus competencias.
Declara que se pagaba por informes técnicos arbitrales, no por influencia ni por ningún otro motivo.
Preguntado por si esos informes los realizaba el hijo también durante su etapa en Turquía, en el Fenerbahçe, en la temporada 2008-2009 con Luis Aragonés, responde que lo desconoce y que se lo pregunten al propio Javier Enríquez.
Se le pregunta también por el primer encargo “documentado”, que responde a una factura por la compra de varios “packs de aloe vera”. Laporta afirma que desconoce ese tipo de cuestiones.
Sobre el incremento del precio de los servicios prestados, sostiene que se debe a que se disputan más partidos por temporada. Añade que también se realiza seguimiento en la Copa América y en el Mundial, lo que incrementa el número de encuentros a analizar. KPMG sí advirtió en 2010 de un aumento del 102 % en los pagos a Negreira, pero Laporta justificó la continuidad del servicio por considerarlo valioso para el club y no ilegal.
Declaró asimismo que encargó informes forenses para investigar presuntas irregularidades en la gestión de la junta anterior, especialmente bajo la presidencia de Sandro Rosell, con el objetivo de justificar acciones legales y limpiar la imagen del club tras el caso Negreira. Uno de los más destacados fue el realizado por el despacho PWC (PricewaterhouseCoopers), centrado en las cuentas y contratos sospechosos, además de otros encargos a firmas como Cuatrecasas y KPMG, todos orientados a aclarar las finanzas y prácticas de la etapa anterior.
También declaró que los informes arbitrales, por política interna del club, se destruyen cada cinco años; que los que conservaban fueron recuperados “de casualidad” en el fondo de un armario y que eran muy elaborados. Estos se encontraban en un armario del despacho del delegado del F.C. Barcelona, Carlos Naval, durante una investigación interna, cuando el Compliance Officer del club, Sergi Atienza, junto con otros abogados, halló cientos de informes y CD.
Afirmó igualmente que era falso que el Barça hubiera aceptado ante la Agencia Tributaria que los pagos a las empresas de Negreira fueran una mera liberalidad. Explicó que, en julio de 2021, el club cerró un acuerdo “global” con el fisco para poner fin a todas las inspecciones abiertas, incluida la relativa a los pagos a agentes de futbolistas, uno de los puntos que, según reconoció, mayor impacto económico tenía para la entidad en ese momento.
El juez considera que Laporta actuó de forma idéntica a Rosell y Bartomeu, pero no puede investigarlo por prescripción
Se le pregunta finalmente por el hecho de que actualmente el club tenga en plantilla a un exárbitro encargado de elaborar este tipo de informes, percibiendo un salario muy inferior al que se pagaba entonces. Laporta responde que se están comparando cosas distintas, que los informes que realizaba Javier Enríquez iban mucho más allá de un mero informe arbitral y que, por tanto, no son comparables en contenido ni en precio. No concreta, sin embargo, a qué se refiere exactamente.
Cabe señalar que las preguntas fueron formuladas por el fiscal, el abogado del Real Madrid y el abogado de Xavier Estrada. El abogado de LaLiga solo realizó una pregunta, relativa a si el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou, a lo que Laporta respondió que lo desconocía. El abogado de la RFEF no formuló ninguna pregunta.
No hay más declaraciones que recabar, pero quiero añadir algo que no incluí en el primer artículo de esta serie, cuando abordé el burofax de Negreira al F.C. Barcelona, ya que me centré en uno concreto cuando, en realidad, se enviaron tres.
El primero, fechado el 3 de diciembre de 2018, lo remite el abogado de Negreira, reclamando incluso 267.047 euros supuestamente adeudados en virtud de su contrato, y afirmando que trabajaba directamente por indicación de los presidentes Laporta, Rosell y Bartomeu:
Hice referencia, dentro de las pruebas indiciarias, al segundo de ellos, de febrero de 2019, en el que amenaza con destapar determinadas irregularidades:
El tercero se envía en septiembre de 2020, después de que el Real Madrid ganara una Liga, momento en el que el Barça activa su maquinaria para sostener que el título se debió al VAR. En este burofax, Negreira, que repentinamente deja de amenazar al club y adopta un tono mucho más conciliador, les informa de que puede ayudar con el VAR:
Conviene tener en cuenta los tres burofaxes.
En un próximo artículo analizaré las contradicciones en las declaraciones de investigados y testigos, las mentiras flagrantes que se han vertido y las consecuencias inmediatas que ya han tenido.
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Entregas anteriores:
Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte I
Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte II
Buenos días, amigos. Hoy juega el Real Madrid partido de Champions contra el Mónaco en el Bernabéu, y lo que más nos importa a los madridistas es ganarlo. Para saber qué rival nos encontraremos enfrente, lo mejor es leer este análisis de Alberto Cosín.
Ayer, el protagonista fue Mbappé, quien ofreció una rueda de prensa fetén. Kylian estuvo de 10, como reza su camiseta. El francés asumió los pitos del Bernabéu y entiende que deben trabajar para mejorar y revertir la situación.
En cambio, no le gustó que no fueran para todos y se personalizaran en ciertos futbolistas, sobre todo en Vinícius, puesto que la responsabilidad es de la plantilla al completo.
Kylian dio la cara por Vini, lo defendió, dijo que nunca iba a estar solo en el Madrid y que tanto él como sus compañeros deben protegerlo. Así dará su mejor versión, la de uno de los más grandes del mundo.
En modo jefe, Mbappé defendió la labor realizada por Xabi y mostró su apoyo innegociable ahora a Arbeloa.
Incluso Marca destaca en su portada la gran faena del francés.
Pero claro, Marca es Marca. Y Marca es, sobre todo, quienes están detrás. Por tanto, si osan ensalzar cualquier aspecto del Real Madrid, deben contrarrestar con alguna maldad.
En este caso, la tergiversación la firma Sergio Rodríguez.
Ya veis el titular de la pieza: «¿Xabi? No voy a hacer el tonto, claro que han pasado cosas». El autor de la misma ha recolectado palabras de aquí y de allá, las ha juntado a su antojo y ha logrado aquello que buscaba el diario de Gallardo: enrarecer, fastidiar, atacar al Real Madrid. Recordad que Marca es especialista en mentir y en poner en el foco, además de exhibir notables habilidades ante la parrilla y la pista de pádel.
Realmente, a Mbappé le comentaron que parecía que no le gustaba cuando le preguntaban si hubo problemas con Xabi con parte de la plantilla. Kylian, tras una breve introducción, aclaró que en el Madrid sucede lo mismo que en cualquier gran club y que: «Hay muchas cosas que se dicen que no son verdad, ¿sabes? Hay cosas que a veces son verdad, hay cosas que son falsas, cosas que la gente dice 10% e inventa 90%. Y yo pienso que eso no está bien, pero nuestro trabajo es no decir nada y aceptar, pero cuando tengo la oportunidad de decirlo lo digo».
Antes, había puesto en su lugar a Miguel Ángel Díaz de la COPE. El preguntador soltó que había habido enfrentamientos de Xabi con jugadores. Mbappé torció el gesto como quien escucha una bobada pero sin el «como» y le cuestionó: «¿Problema del entrenador con los jugadores? ¿De dónde sabes eso tú?». Miguelito, con voz ya más temblorosa, se excusó argumentando que eso se había comentado. Kylian insistió desafiante: «¿Sí? ¿Quién?». Miguelito: «Muchos medios de comunicación». Mbappé: «¿Ah, sí?». Miguel Ángel Díaz sufrió una instantánea descomposición intestinal y no tuvo la valentía de reconocer que él fue uno de los que lo afirmaron, no tuvo los bemoles para defender su «información».
El club está en guerra contra la corrupción, y la actitud necesaria es la mostrada tanto por Mbappé como por Arbeloa en sendas ruedas de prensa.
El Real Madrid ha entendido que, además de ganar partidos, hay que disputar otro encuentro menos visible, pero igual de decisivo.
Ayer, Kylian ejerció esta función de manera sobresaliente. Más que un «Líder de la paz», como titula As, Mbappé es un guerrero contra el relato.
Nos centramos ahora en la prensa del FC Barcelona.
Sport dice que hay acuerdo entre clubes para que Ter Stegen se incorpore al Girona y, abajo a la derecha, destaca que adjuntan un poster de la plantilla del Barça 2025-2026. Se ve pequeñito, pero no atisbamos ni a Óscar Lago ni a Carlitos Martínez ni a Negreira & son ni a Tebas ni a Louzán ni a nadie de la empresa encargada de suministrar imágenes al VAR, etc. Quizá tuviesen cosas que hacer, como dedicarse al cultivo del aloe vera.
Mundo Deportivo tiene las santas narices de afirmar que el Barça tiene la sensación de luchar contra todo, pero, como dijo Fermín, «no podrán con nosotros». Entendemos que en ese «contra todo» se incluyen los ausentes de la foto mencionados en el párrafo anterior.
El Barça se comporta como si un gobierno que tiene a su disposición todos los poderes del Estado se quejase de luchar en solitario e indefenso contra una asociación de vecinos cuyas principales armas son el pastelero y la ferretera del barrio.
Ayer se ganó en la rueda de prensa, hoy hay que hacerlo en el césped. ¡Hala Madrid!
Pasad un buen día.
El Real Madrid no suele morir de hambre, muere de éxito. Es una peculiaridad histórica que nos ha acompañado desde siempre: cuando el club gana demasiado, deja de escuchar al fútbol y empieza a escucharse a sí mismo. Le pasó tras la Séptima, le pasó tras la Novena, y le ha vueltoa pasar —con una precisión casi académica— después de la 15ª Copa de Europa.
La caída no ha sido inmediata, nunca lo es. El Real Madrid no se despeña: se desliza, convencido de que la pendiente no existe porque el escudo siempre frena. Hasta que no frena.
Y entonces aparece Albacete.
Conviene recordar —porque la memoria es selectiva y el madridismo tiende a romantizar sus propias tragedias— que algo muy parecido ocurrió hace veinte años. No con el Albacete, sino con el Mónaco, con el Zaragoza, con la Juventus, con el Arsenal. Cambian los nombres, no el patrón. Entre 2003 y 2006 el Real Madrid pasó de ser campeón de Europa a un club sin pulso competitivo, atrapado en una rueda de entrenadores y con un vestuario que se gobernaba solo. Aquello acabó con la dimisión de Florentino Pérez. Esto, de momento, acaba con una eliminación copera sonrojante. El proceso, sin embargo, es inquietantemente familiar.
La 15ª Copa de Europa fue una obra maestra de gestión, oficio y competitividad. Aquel Real Madrid no brillaba siempre, pero sabía exactamente cuándo y cómo competir. Era un equipo incómodo, resiliente, con hambre intermitente pero letal. Carlo Ancelotti había conseguido lo más difícil: que el vestuario aceptara el esfuerzo como parte del contrato emocional con el escudo.
Y ahí empezó el problema.
Porque el éxito no solo valida lo bueno; blanquea lo malo. La Champions legitima decisiones que quizá solo funcionaron porque el contexto fue excepcional. Se confundió madurez con inmunidad, experiencia con compromiso eterno, jerarquía con derecho adquirido. El discurso se deslizó, casi sin darnos cuenta, hacia esa peligrosa zona en la que el Real Madrid cree que competir es algo que se activa por decreto histórico.
El verano posterior a la 15ª fue tranquilo, casi demasiado. No hubo revoluciones porque “no hacían falta”. No hubo tensión porque “ya se sabía ganar”. Y el vestuario —ese organismo vivo que detecta antes que nadie cuándo puede aflojar— tomó nota.
La temporada siguiente arrancó con resultados aceptables y sensaciones mediocres. El equipo ganaba, pero ya no mordía. Controlaba partidos, pero no los dominaba. Aparecieron las desconexiones, los minutos de siesta, las fases largas de fútbol plano. Y lo más grave: todo se normalizó.
Los Galácticos 2.0 son igual de peligrosos. No son mediáticos, no viven de portadas, no posan para perfumes. Son jugadores excelentes, campeones de Europa por duplicado, con prestigio ganado y una sensación interna de propiedad sobre el vestuario. les basta con acomodarse
Es el síntoma inequívoco de la decadencia blanca. El día que el Real Madrid empieza a decirse a sí mismo “ya reaccionaremos”, ha dejado de ser el Real Madrid competitivo para convertirse en una caricatura confiada de su pasado. Eso mismo ocurrió en 2003/04, cuando el equipo de los Galácticos se permitió llegar a marzo sin piernas ni recambios porque “con este talento basta”. No bastó.
Entonces se había vendido a Makelele, el único que sostenía el edificio, porque no era glamur. Hoy no hay ventas traumáticas, salvo la marcha de Modric y la retirada de Kroos sin repuesto firme en el centro del campo, pero sí abandonos silenciosos: del rigor diario, del cuidado personal, de la tensión profesional. No se deja de entrenar; se entrena peor. No se deja de competir; se compite menos. El deterioro no sale en las fotos.
En los Galácticos 1.0, el problema fue evidente: un vestuario con demasiadas estrellas y muy poca jerarquía deportiva real. El entrenador era decorativo, la plantilla se gobernaba sola y el club miraba para otro lado porque el negocio funcionaba.
Los Galácticos 2.0 son distintos, pero igual de peligrosos. No son mediáticos, no viven de portadas, no posan para perfumes. Son jugadores excelentes, campeones de Europa por duplicado, con prestigio ganado y una sensación interna de propiedad sobre el vestuario. No necesitan rebelarse: les basta con acomodarse.
Cuando un grupo así se relaja, el entrenador deja de mandar sin que nadie se lo discuta abiertamente. Ancelotti —magnífico gestor de egos, probablemente el mejor— funciona mientras el vestuario quiere ser gestionado. Cuando el grupo decide que ya sabe lo que tiene que hacer, el técnico pasa a ser un notario del proceso.
Esto no es una acusación personal. Es una constatación histórica. Le pasó a Del Bosque, le pasó a Queiroz, le pasó a Luxemburgo, a García Remón, a López Caro. Le pasó a Ancelotti y ha acabado con Xabi Alonso en la calle. El problema no es el entrenador: es el ciclo.
Y entonces llega la Copa. Ese torneo al que el Real Madrid suele despreciar hasta que le humilla. La eliminación ante el Albacete no es grave por el resultado; es grave por el lenguaje corporal. Ritmo bajo, cero urgencia, ninguna sensación de “esto no puede pasar”. El Madrid cayó como quien pierde un amistoso inoportuno. Sin rabia. Sin vergüenza deportiva. Sin alma.
Eso es exactamente lo que ocurrió en la primavera de 2004, cuando el equipo fue eliminado por el Mónaco tras ganar 4-2 en la ida y perder la vuelta como si la eliminatoria no existiera. El denominador común no es el rival: es la desactivación competitiva.
Albacete no es una mancha aislada. Es el espejo. Como lo fue Zaragoza en Copa, como lo fue el Arsenal sin marcar un gol, como lo fue aquella Juventus que parecía invencible porque el Madrid ya no creía del todo en sí mismo.
Aquí está la trampa conceptual: pensar que los Galácticos fueron solo marketing. No. Fueron, sobre todo, jugadores que ganaron demasiado pronto y dejaron de sufrir lo necesario. Hoy no hay Beckham ni portadas, pero hay algo igual de letal: campeones consolidados que creen que el cuerpo aguanta solo, que el fútbol perdona, que el escudo compensa.
No lo hace. Nunca lo ha hecho.
El Real Madrid siempre ha sido un club que necesita tensión interna para sobrevivir. Cuando esa tensión desaparece, se convierte en un equipo vulnerable, incluso ridículo. Da igual que tenga menos ego o más disciplina aparente. Sin hambre, el Madrid es un gigante con sueño.
Entre 2003 y 2006 el club tardó tres años en aceptar que el modelo había muerto. Hoy aún estamos a tiempo. Pero el paralelismo es demasiado claro como para ignorarlo. La historia no se repite, pero rima con mala leche.
Estamos en una era de Galácticos 2.0: no mediáticos, no glamourizados, pero igual de peligrosos. Grandes jugadores, campeones, acomodados, dueños del vestuario y convencidos de que el pasado compite por ellos.
No compite.
Y si el Real Madrid no lo entiende pronto, Albacete no será el final del relato. Será solo la primera nota a pie de página de otra decadencia anunciada.
El sábado se jugó en el Bernabéu, el día del cumpleaños de Arbeloa, contra el Levante, el penúltimo de la liga, un partido que, a priori, debía ser plácido, tranquilo, de goleada. Pues no, el Real Madrid ha sufrido la bronca monumental del estadio, que es el más sabio del planeta, ha hecho un primer tiempo deplorable y, afortunadamente, lo ha arreglado de una forma digna en la segunda mitad con dos goles, obra de Mbappé, que llega a los 30 esta temporada, y de Raúl Asencio, que tendrá sus carencias, pero que siente el escudo y se mata por él todos los partidos como el que más. Al final, los pitos se han tornado en aplausos y el público se ha ido con la sensación de que estos jugadores, si quieren, pueden. Y por eso pitan, porque saben que depende de ellos, de su actitud en cada partido, de su trabajo y de su esfuerzo, porque calidad, calidad, les sobra a borbotones.
Me despido, no obstante y ahora más que nunca, como siempre: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
Nota: Jacinto sigue vivo. A veces escribe de fútbol, a veces de uno mismo. A veces de ambas cosas a la vez. Por si alguien quiere asomarse a ese otro desastre organizado, aquí sigue el proyecto… https://vkm.is/jacintoelgilipollas
La supuesta “crisis” del Real Madrid admite una exégesis sencilla: el fútbol sigue siendo un juego de asociación e inventiva, y el balón sigue corriendo más que los jugadores. Por eso Modrić, con 40 años, continúa impartiendo magisterio. Y digo “crisis” entrecomillada porque el peor Madrid de la década, ese que sus propios madridistas se empeñan en afear con saña autodestructiva, está apenas a un punto del eterno rival que, al parecer, sigue reinventando el fútbol, aunque no le basta para despegarse. El desastre se llevó por delante al bueno de Xabi Alonso, pero el Real Madrid sigue al acecho en la penumbra.
La transición entre la estirpe de los Jerarcas y el nuevo Madrid de músculo y físico está colapsando, principalmente porque los segundos parecen adolecer de esa mística del escudo y los colores y, además, ganaron relevancia en el universo fútbol aupados por los primeros, aunque se arrogan esa gloria como un derecho de nacimiento. No hay que matizarlo. Fue una estrategia coherente en su momento, pero el fútbol no ha ido por esos derroteros.
Para más inri, no hay en el día a día del equipo un componente telúrico de canteranos exitosos que marque la pauta en ese sentido. Urge en ese vestuario alguien capaz de leerles la cartilla del respeto al escudo del Real Madrid a las estrellas. Asencio y Gonzalo encarnan ese perfil, pero acaban de llegar y, aunque son de los pocos que muestran la actitud necesaria, su voz no es todavía lo suficientemente atronadora. Se echa en falta un Nacho o un Lucas de la vida porque, desde su lesión, Carvajal entra y sale de la dinámica sin el ascendente jerárquico necesario.
Y el fútbol no ayuda. Hay problemas evidentes en las posiciones, en la arquitectura de la plantilla, en la profesionalidad y en el comportamiento de ciertos jugadores, pero lo más grave es la indigencia cultural en torno a los valores madridistas. Al penúltimo de la competición local no se le disparó a puerta en 45 minutos y tuvo que salir Arda Güler a poner el pundonor que otros reservan para sus redes sociales para encarrilar un partido que, a priori, era accesible. Y los pitos no cesaron. Con algo de justicia, pero con demasiada bilis.
La transición entre la estirpe de los Jerarcas y el nuevo Madrid de músculo y físico está colapsando, principalmente porque los segundos parecen adolecer de esa mística del escudo y los colores
Ese vacío cultural, maridado con una generación de neonatos del éxito —pero no del talento superlativo que ellos mismos se autoatribuyen—, desemboca en un cóctel horroroso y hace que el cambio generacional se antoje más complejo de lo esperado. Xabi, que tenía el perfil ideal para acometerlo, combinando táctica, trabajo y actitud, no fue suficiente. Álvaro Arbeloa, por muy hombre de club que sea, ya ha deslizado en rueda de prensa que estará del lado de esos mismos jóvenes, alineado a defenderlos. Con razón, pero en cuanto empiece a incomodarlos, quizá no baste.
Y así es difícil, porque pesa más la voluntad caprichosa que el esfuerzo sincero y corajudo, algo que, vistos los aplausos que se llevó el goleador Asencio frente al Levante, es hoy capital. Ante la anemia cultural, espíritu y nervio. Es lo que hay.
El panorama es tan sombrío y aventuro que, salvo desastre al otro lado del puente aéreo y solo con una alineación planetaria en la Copa de Europa —tras haber sido penosamente apeados de la Copa del Rey—, tendremos un año más sin tocar metal.
Lo siguiente me resulta pavoroso decirlo como madridista: quizá sea conveniente. Imaginen el nivel de autocomplacencia de estos jugadores si levantan otra Orejona con este comportamiento indolente.
Nos quedan, pues, varios meses de angustia y rabia, bien frente al televisor, bien desde el graderío del Santiago Bernabéu. Quiera Dios que la situación límite y los pitos sirvan de impulso para reconducir una nave que avanza en deriva peligrosa. Desde el palco. Con firmeza en la cirugía necesaria.
En cuanto a los pitos, cada cual es libre de exigir como crea conveniente, pero conviene recordar que la grandeza de este club no radica en hostigar a los propios jugadores ni en hacerlos sentir visitantes en casa. Lo que ha hecho grande al Real Madrid es el madridismo y la pasión, no la desafección de la grada. Muchos jugadores merecen una reprimenda, sí, pero cuando visten nuestra camiseta y nuestro escudo se convierten automáticamente en nuestros consanguíneos. La reprimenda paterna es mejor que el dejar hacer, pero la autofagia de la propia carne no tiene sentido.
La reprimenda paterna es mejor que el dejar hacer, pero la autofagia de la propia carne no tiene sentido
Y lo digo claro: no quiero la "manchesterunitedficación" de mi Madrid.
Cierro con una nota sobre el balompié que parece avecinarse con Arbeloa. El primer tiempo ante el Levante demuestra que los pitos son tóxicos; el segundo, que hay certezas desde las que construir. Aprovechar la sociedad Güler–Mbappé debe ser una constante. El dúo Camavinga–Tchouaméni no puede serlo. Con una defensa cogida con pinzas, Valverde es el mejor lateral disponible, aunque Jiménez sea un buen escudero. Dani Ceballos debe tener más minutos y, si Gonzalo va a estar en el verde, debe ser nuestro ariete. Courtois es una isla de paz.
Esta plantilla no es tan errática como parece. Ojalá Arbeloa sepa manejarla. Estamos a solo un punto de los inventores del fútbol y entre los ocho mejores de Europa. Aún hay esperanza de epopeya.
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El estreno de Álvaro Arbeloa como entrenador del Madrid me ha hecho pensar en el famoso poema con que termina la película Interstellar, de Christopher Nolan: «Do not go gentle into that good night». Los versos son del poeta galés Dylan Thomas y evocan la idea de resistencia a un destino fatal. Leí a alguien decir que Arbeloa es lo más parecido a tener en el banquillo del Real a uno de nosotros mismos y es verdad. Puede que, desde Zidane, nadie se haya sentado en esa trituradora de almas que ame más al Madrid, pero Zidane era un ser superior. Arbeloa es uno di noi, un hombre normal que ha visto colmado, con el ejemplo de su vida, el sueño de millones de niños. En esta hora sublime en la que suenan las trompetas del Apocalipsis hay un hombre, un hombre de club, que ha dado un paso adelante.
Y que lo ha dado por amor.
El madridismo vive una de esas crisis nerviosas de las que puede salir una catástrofe o una Copa de Europa. La primera semana de Arbeloa al frente del primer equipo ha consistido en un resumen acelerado de todos los problemas con los que tendrá que lidiar en medio, además, de una situación, social e institucionalmente hablando, de descomposición. Que, en función de cómo se vayan desenvolviendo ciertos temas de importancia crítica para el futuro de la organización (que se están gestionando de forma opaca, siendo el Madrid, en teoría, todavía un club de naturaleza asamblearia) puede influir aún más gravosamente sobre el estado de ánimo de la afición y de la plantilla.
Es un panorama dantesco, un verdadero partido macho. Arbeloa tiene toda su carrera como entrenador por delante y corre un serio peligro de quemarse a las primeras de cambio. Es altamente improbable que nos hagamos una idea cabal de cuál es su «idea de fútbol» puesto que coge, a media temporada, una plantilla a la que no hay, verdaderamente, por dónde cogerla; un equipo con el ánimo por los suelos, jugadores aplastados por la realidad y la confianza seriamente dañada por unos resultados acordes a su nivel objetivo y a la calidad de la planificación deportiva del club.
En esta hora sublime en la que suenan las trompetas del Apocalipsis hay un hombre, un hombre de club, que ha dado un paso adelante. Y que lo ha dado por amor.
Y sin embargo, ahí está: luchando contra los elementos, como un buen hidalgo español, encarnando el hermoso verso del poema de Thomas: «rage, rage against the dying of the light».
Ya hemos visto, no obstante, algunas cosas de Arbeloa como técnico. Lleva «a Mourinho dentro» como él dijo en su primera rueda de prensa. Tiene un claro sentido de la escena, de lo dramático. Su pausa, ante la cámara, para observar las Copas de Europa al llegar al estadio una hora antes del partido, es un gesto, claro, pero es que el aficionado al fútbol sólo vive de gestos. El suyo, al hacerse cargo de este quilombo, de este coloso en llamas, es un gesto de Quijote.
Arbeloa es consciente del momento tan delicado por el que pasa la casa, un momento guerracivilista como no se recuerda, y quiere atraer la cólera del respetable hacia él, como la crítica de los medios y la responsabilidad de las derrotas. Es una idea inteligente y con un puntito de heroísmo pues, al fin y al cabo, con ese vestuario tendrá que llegar a junio. También tiene reflejos: se equivocó ubicando a Gonzalo, de inicio contra el Levante, por la derecha, y rectificó a tiempo sustituyéndolo por Güler. Por quien, a pesar de no haber salido aún de la guardería ni roto en un talón de Özil ni mucho menos, han pasado, ciertamente, los mejores ratos de fútbol del Madrid esta temporada.
Pero el sentido de club de Arbeloa no se limita sólo a la caseta que administra, de momento como interino aunque eso tampoco lo sabemos: desde el Madrid, siguiendo la costumbre, no han aclarado nada. Por más que se sobreactúe la pitada que recibieron presidente y jugadores el sábado al mediodía no fue, ni de lejos, la peor de las que se han presenciado en el Bernabéu. No está de más recordar que a Iván Campo lo mandaron al diván del psicólogo y el buen hombre acabó de titular en la defensa de cinco con que Del Bosque ganó la Octava en París.
Arbeloa uiere atraer la cólera del respetable hacia él, como la crítica de los medios y la responsabilidad de las derrotas. Es una idea inteligente y con un puntito de heroísmo pues, al fin y al cabo, con ese vestuario tendrá que llegar a junio
En el Bernabéu todavía, aunque débil, late un nervio democrático y el fútbol, de momento, sigue siendo un juego y no un entertainment americanizado. Los silbidos de la gente reflejan un malestar más profundo que como es normal se ceba con el hijo más querido; pues Vinícius, por méritos propios, se sienta a la misma mesa de Cristiano Ronaldo, Zidane o Benzema. Arbeloa todo esto lo sabe y sabe que, como en Las Ventas, un lance, un quite del perdón, un muletazo con la muñeca de seda, lo cambia todo. Él está ahora al mando y a mí se me viene a la cabeza la imagen suya, tras marcar un gol en un partido de la fase de grupos de la Copa de Europa de la temporada 2013-2014, regañando a la grada y pidiendo que los aplausos del Bernabéu fueran para Benzema, al que estaban crucificando.
Arbeloa debutó en el Madrid, como jugador, hace poco más de veinte años. Entonces, la situación era parecida: deportivamente hablando el equipo llevaba un año largo hecho unos zorros y el mandato del presidente Pérez presentaba síntomas de agonía. Es decir, no sólo es Mourinho: el Madrid tiene un entrenador que tiene un conocimiento anticipado de los posibles giros de guion. Lo que en las actuales circunstancias vale oro. «Grave men, near death, who see with blinding sight / Blind eyes could blaze like meteors and be gay / Rage, rage against the dying of the light».
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Vuelve la Champions League en este 2026 con la disputa de la séptima jornada de la primera fase de la competición. El Real Madrid se mide a un Mónaco en horas bajas que llega en mala dinámica en las competiciones francesas, aunque lo cierto es que en el torneo europeo está siendo competitivo y solo ha caído en su visita a Brujas. Los monegascos llevan 9 puntos y buscan clasificarse para disputar el playoff. Como bajas confirmadas están Lamine Camara, ganador con Senegal de la Copa África y que no llega a tiempo para el partido, y también Salisu, Minamino, Hradecky, Mawissa y Pogba, con diferentes lesiones.
El técnico Sébastien Pocognoli suele utilizar un dibujo de 4-3-1-2 o el clásico 4-4-2, pero no se descarta que para el Santiago Bernabéu realice algún cambio y busque un planteamiento más defensivo ajustando la táctica y buscando más equilibrio. Un probable XI sería el formado por Kohn en portería; Vanderson como lateral derecho, Caio Henrique en el lateral izquierdo, Kehrer y Dier como centrales; Teze y Zakaria en el medio, Akliouche escorado a la derecha, Golovin a la izquierda; en punta, Biereth y Balogun.
En los primeros minutos, motivados por el ambiente y el estado del Real Madrid, tal vez puedan subir líneas y presionar arriba por si sorprenden a un equipo blanco que haya salido dormido, pero el resto del partido se prevé un conjunto monegasco en un bloque medio bajo. La defensa en la frontal de su área, el mediocampo muy junto para no permitir espacios entre líneas y la delantera a varios metros de la medular del terreno de juego. Su idea es acumular hombres, cerrar huecos principalmente por el centro y mostrarse muy solidarios en coberturas. No habría presión intensa ni salidas de zona alocadas para que no se abran grietas en el entramado defensivo. El Real Madrid deberá tener paciencia, mover el balón con rapidez y tratar de desbordar por las bandas para desequilibrar la parcela defensiva.
Un equipo predecible en este apartado que no duda a la hora de sacar el cuero ya sea por bajo o buscando un balón en largo. Lo importante es hacerlo con rapidez y de forma directa. No marean la perdiz. Los dos medios, Zakaria y Teze, se colocan de manera escalonada, y los centrales buscan de forma inmediata a los delanteros que bajan a recibir. Por tanto, se saltan en muchas ocasiones la línea del centro del campo y la conexión es zaguero-punta.
En el caso de recibir una presión intensa de los adversarios, utilizarán el recurso de los balones largos, normalmente con Dier, un antiguo centrocampista, como ejecutor. El plan es que los atacantes peleen con los centrales, bajen el cuero y descarguen a los centrocampistas que vienen de cara o prolonguen para la velocidad de los jugadores de banda. Una premisa importante de Pocognoli será no generar pérdidas cerca de su área que puedan desembocar en ocasiones de peligro para su marco en pocos toques.
Los monegascos han demostrado ser un conjunto con debilidades atrás. Van a defender más por acumulación y juntar a muchos hombres que por fiabilidad y solvencia esta campaña. La pareja de centrales tiene experiencia, pero no viven su mejor momento. Ambos se complementan con un Kehrer más rápido y un Dier que tiene colocación y lectura. Por arriba también se manejan bien. Pocognoli pedirá mucho apoyo a su doble pivote, formado por dos futbolistas muy defensivos, de fuerza, músculo y robo. En las bandas disponen de dos jugadores brasileños: Caio, con más nivel que Vanderson. Si el Real Madrid tiene un buen día, puede dejar sentenciado el partido en pocos minutos si roba arriba y es eficaz de cara al marco, porque la parcela defensiva de los monegascos no vive un buen momento y reciben goles con facilidad.
El ataque del Mónaco pasa principalmente por la inspiración del ruso Golovin, del francés Akliouche y de lo que puedan generar sus puntas. El peligro está en la conexión que puedan tener Golovin y Akliouche, los futbolistas de más talento con balón. Son los generadores de juego, buenos en el uno contra uno y capaces de filtrar balones a los delanteros. El estadounidense Balogun es más rápido, mientras que el danés Biereth es más potente y poderoso por arriba. Por tanto, otro punto en el que intentarán hacer daño a los blancos será en los balones aéreos, tanto en jugadas de estrategia como en envíos cruzados laterales.
En el banquillo cuentan con Ansu Fati como revulsivo, empezó bien la temporada, marcando, pero se ha ido apagando y perdió la titularidad. Los laterales también tienen tendencia a subir, ya que los dos pivotes les guardan las espaldas. El Real Madrid deberá tener especial atención por arriba a Biereth y los dos centrales, que van bien por arriba.
Pocognoli apostará por un equipo muy junto, que defienda en bloque medio bajo y que no se complique para nada cerca del área. Su plan será aguantar atrás y tratar de salir rápido al contragolpe a ver si con velocidad sorprenden al equipo blanco. En su escenario ideal deben tener un excelente día en defensa, materializar con éxito las pocas llegadas que puedan tener al área blanca y organizar un verdadero plan de supervivencia ante el caudal ofensivo madridista. También buscarán cortar mucho el juego, que el Real Madrid no progrese y realizar faltas para que el cuadro de Arbeloa no coja ritmo de juego a lo largo del encuentro.
Akliouche es uno de los grandes talentos del fútbol francés surgido en los últimos años y ya ha sido recientemente internacional por los bleus. Es un futbolista que juega por banda con gran habilidad, visión, capacidad en el pase y eficaz en su juego. Tiene velocidad, desborde, atrevimiento y elegancia. Además, es trabajador sin balón, ayuda y cada vez se integra más en el juego colectivo. Mañana tendrá un bonito duelo con Fran García, porque muchas de las posibilidades del Mónaco de hacer daño pasan por los pies de este joven jugador que pronto saldrá del conjunto monegasco.
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Estas citas reflejan la mentalidad espartana de valor extremo, disciplina férrea y un profundo sentido del deber hacia Esparta.
Estas fueron las palabras que nos dijo a Jesús Bengochea y a mí, hace ya unos años, mi tocayo, en un restaurante del centro de Madrid. Hablábamos de la vida, del fútbol, de su carrera, del futuro. Pero no fue tanto el contenido de la frase lo que se me quedó grabado sino la forma de decirla: la cadencia de la voz, la serenidad, la absoluta seguridad con la que fue pronunciada. Esa manera de decirlo lo explicaba todo. Ahí estaba ya ante nosotros el entrenador del Real Madrid.
He tenido la suerte de conocer a Álvaro desde cerca, a través de amigos comunes que fueron al colegio con él. Tanto él como su familia siempre han sido generosos, cercanos, profundamente leales a su entorno desde la infancia y la adolescencia. Y lo siguen siendo hoy, quizá incluso más. En lo personal, siempre me han tratado como a uno más de los suyos. Y eso no se olvida.
Álvaro Arbeloa es el Real Madrid; el Real Madrid moderno, el club que ha inventado para nosotros nuestro presidente y el que nos quiere dejar. Álvaro es su espartano, quien encierra en sí mismo todos los valores del club: compromiso, sacrificio, identidad, competitividad y una idea muy clara de lo que significa defender este escudo.
Muchos dicen: “es el nuevo Mourinho”, “es un Mou 2.0” he llegado a escuchar. No. Álvaro no es Mourinho primero, ni segundo, ni tercero. Álvaro es Álvaro. Y eso es lo verdaderamente importante. Ha sabido absorber lo mejor de cada entrenador que ha tenido a lo largo de su carrera, pero sin perder nunca su propia personalidad.
Nunca se ha callado. No se calló como jugador y no se ha callado como entrenador. Eso le ha costado críticas, incomprensión y no caer bien en determinados sectores; incluso dentro del propio madridismo. Pero la realidad es que Arbeloa es exactamente la persona que este club necesita ahora.
Álvaro es el héroe que Gotham necesita. Nuestro Bruce Wayne y nuestro Batman. Un superhéroe dispuesto a pelear por todos: por los pro-Arbeloa y por los anti-Arbeloa. Le da igual. Va a ir a la batalla con todos. Es Leónidas y su fiel ejército caminando hacia las Termópilas, sabiendo que quizá no haya regreso, que no hay marcha atrás.
El día que dijo “sí” a esta petición del club, aceptando el reto tal y como se le planteó, estoy seguro de que no era exactamente como lo había soñado. Pero jamás habría dicho que no a su Real Madrid. Nunca habría dicho que no a su afición, a su presidente, a su entorno, a su equipo.
Máxima asociada a la formación espartana y a su obsesión por la disciplina.
Y en ese camino no está solo. A su lado está Julián Carmona, su segundo entrenador y amigo de la infancia. Juntos forman una dupla que, sin ruido, sin focos innecesarios, ha ido escalando desde abajo en las categorías del club hasta llegar a la cima de la montaña.
“Porque solo si has estado en el valle más profundo puedes comprender de verdad lo que significa alcanzar la cima más alta”. Esta idea define —y definirá— el camino de nuestro nuevo entrenador en el Real Madrid.
Pase lo que pase, con resultados buenos, malos o intermedios, Álvaro Arbeloa no va a dejar indiferente a nadie. Él sabe mejor que ninguno de nosotros dónde está. Conoce la situación del club, entiende a la afición, comprende todo lo que hay detrás: la presión, el ruido, la batalla mediática permanente, incluso esa lucha constante contra el propio poder que representa el Real Madrid.
Idea recurrente en Esparta: la calidad, el honor y la disciplina frente al número.
Vivimos en una especie de “Guerra de las Galaxias diaria” en la que somos el centro del universo y todos orbitan alrededor con una sola idea: ir a por nosotros. Hay quien cree que este es un momento de debilidad y por eso se atreve a atacar ahora. Curiosamente, cuando se ganaban tres Copas de Europa seguidas, permanecían escondidos en una galaxia más allá de las puertas de Tannhauser.
Mi tocayo no va a flaquear en este contexto, quien piensa eso es que no le conoce. No se va a esconder. De puertas para adentro será elegante, pero directo, de puertas hacía fuera, igual. Reflexivo, pero contundente. Escuchará, pero tomará decisiones. Algunas gustarán, otras no. Será querido y será odiado. Él lo sabe y lo acepta.
Paradoja central de la educación espartana.
Y cuando todo esto pase, cuando llegue mayo, el buen tiempo vuelva a Madrid y la ciudad se llene de ilusión camino de unos cuartos o unas semifinales de Champions, veremos cómo muchos de los que hoy critican —al entrenador, al presidente, al club— querrán subirse al caballo blanco que conduce a otra final de la Copa de Europa. Y se les dejará subir. Álvaro les dejará. El presidente les dejará. Pero todos sabremos quiénes estuvieron y quiénes no, quiénes son de verdad del Real Madrid y quiénes solo aparecen cuando huele a gloria.
Él aceptará a todos, porque conoce perfectamente la idiosincrasia del club y la de su afición. Esta Liga se va a disputar contra el Barcelona. Se puede ganar o se puede perder, pero hay algo seguro: se va a competir. Hay factores que condicionan el camino. El equipo, físicamente, no está en su mejor momento. Veremos qué sucede. Ha vuelto Pintus, que nunca debió irse, y eso ya marca un punto de inflexión.
Empieza una nueva etapa. Una etapa que, más allá del miedo o la duda, deberíamos vivir con ilusión. Porque siempre que en el Real Madrid se ha vivido un detonante de este calibre —como lo fue Mourinho, como lo fue Capello en su primera y segunda etapa— el club ha reaccionado. Y ahora estamos ante el siguiente gran impacto de las últimas tres décadas.
Estamos ante una mezcla de la exigencia de Capello, la calma y el cerebro de Carlo, el carácter y la raza de Mourinho y de algo más profundo: la esencia de alguien de la casa que se ha preparado toda su vida para este momento.
Así que, caminemos juntos, espartanos.
Hala Madrid.
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El poeta griego Simónides de Ceos definió a Esparta como la «domadora de hombres», pues conseguía que sus ciudadanos se mostraran sumisos ante las leyes y se mantuvieran preparados a conciencia para derrotar a los enemigos. Plutarco fue al detalle: «A leer y a escribir aprendían porque era necesario, pero el resto de la educación tenía como meta obedecer disciplinadamente, resistir las penalidades y vencer en la batalla».
Más allá de los mitos —parece no ser cierta la idea de que los espartanos dispusieran de un ejército permanente, sino que lo organizaban como el resto de civilizaciones coetáneas, sólo en campañas—, Nicolas Richer, autor de Esparta. Ciudad de las artes, las armas y las leyes, subraya una virtud de aquel legendario pueblo: su sistema social, organizado con el objetivo vital de que la eficiencia del individuo redundara en la del colectivo.
«No hay retroceso. Sin rendirse. Esa es la ley espartana» reza la descripción biográfica de las redes de un Arbeloa que no ha dudado en ponerse en primera línea ante los pitos del partido del Levante (respeto por el Bernabéu, pero defensa de sus jugadores) ni en tocar la tecla adecuada ante las carencias del equipo: el espíritu de Juanito.
Si el malagueño alcanzó una conexión tan profunda y duradera con la grada blanca fue sencillamente porque era uno más de la tribu. Sufría, celebraba, rugía y gritaba como ellos. Sencillamente, estaba tocado por la varita del talento y todo eso lo hacía sobre el césped. Juanito, chancero, cariñoso y cercano, olvidaba cualquier tipo de amistad cuando se vestía de corto. Se transformaba y la risa se le borraba de la cara y también a su rival. Ahí la camiseta era su adrenalina y no escatimaba un solo esfuerzo hasta el final.
La tarea del actual técnico blanco es ciclópea, y más si el madridismo se empecina en recorrer el camino de Caín. Pero todavía resta un hilo del que tirar, el preferido de Juanito, el de las señales
Podemos afirmar que la situación actual de su Madrid le entristecería, y sospechamos que comprendería la protesta, pero seguramente no hasta el punto de perseguir con pitos e insultos a tus propios jugadores durante noventa minutos. Tuvo toda la intención Arbeloa al convocar los 90 minuti del eterno siete, pues si repasamos las remontadas ochenteras comprobaremos que se producían tras un descalabro de dimensiones extraordinarias y sólo con los más fieles abonados a los milagros subidos en el barco (las ratas y el resto, dicho sea de paso, siempre volvían de tapadillo).
La tarea del actual técnico blanco es ciclópea, y más si el madridismo se empecina en recorrer el camino de Caín. Pero todavía resta un hilo del que tirar, el preferido de Juanito, el de las señales. Y es que aunque un cambio de entrenador a mitad de campaña suele ser sinónimo de año para olvidar, no sería la primera vez que un salmantino coge las riendas de un Madrid a la deriva por estas fechas y termina haciéndolo campeón de Europa. Por soñar…
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