La participación de Courtois en la final frente al Borussia Dortmund igualó un registro del año 2000, cuando el Real Madrid ganó la 8ª. En ambas ocasiones, en el equipo blanco actuaron los tres guardametas a lo largo de la competición. Una situación poco frecuente, pero que se produjo debido a una serie de circunstancias.
En el resto de títulos jugaron dos guardametas y en alguna edición uno. Realizando un repaso cronológico, en la primera conquista europea, en la temporada 1955-56, solo actuó Juanito Alonso. Berasaluce, Juanito, Juan García y Visa no sumaron minutos.
Tanto en la 15ª como en la 8ª Champions, en Real Madrid actuaron los tres guardametas a lo largo de la competición
La temporada posterior, de 1956-57, el arquero de Hondarribia acumuló siete presencias y Berasaluce pudo debutar en la competición ante el Rapid de Viena. Juanito y Visa no disputaron ningún duelo.
En el tercer título, en el curso 1957-58, Juanito Alonso y Domínguez se alternaron, con cuatro presencias para el primero y tres para el segundo. Berasaluce quedó inédito.
En la Copa de Europa de 1958-59, el único cancerbero en la máxima competición fue Rogelio Domínguez, quedándose Juanito Alonso y Berasaluce sin oportunidades.
En la consecución del pentacampeonato, en la temporada 1959-60, de nuevo el argentino Domínguez monopolizó la portería blanca. El resto de arqueros: Juanito Alonso, Bagur y Berasaluce lo vieron desde fuera.
En la Sexta, en 1965-66, Betancort fue el titular hasta una lesión en la ida de semifinales contra el Inter. A partir de ese instante surgió Araquistáin para jugar la vuelta y la final. El tercer portero de aquella plantilla, Andrés Mendieta, no saltó al césped.
En la célebre Séptima, en la campaña 1997-98, comenzó jugando la primera liguilla Cañizares para luego actuar Illgner en la parte más decisiva. Contreras, como tercer arquero, no se puso bajo el marco.
En la Novena, dos cursos más tarde, la distribución de minutos estuvo repartida entre Casillas y César con nueve encuentros disputados cada uno. Carlos Sánchez no participó ni tampoco entró en ninguna convocatoria.
En la Décima, en el curso 2013-14, la Champions League fue prácticamente completa para Casillas, excepto 75 min ante el Galatasaray que fueron de Diego López. Jesús Fernández se sentó en dos partidos en el banquillo, pero no llegó a jugar.
En la Undécima, en 2015-16, Keylor Navas disputó once encuentros y le dejó dos a Kiko Casilla. El tercer portero, Rubén Yáñez, entró en la lista ante el Malmöe, pero no tuvo ocasión de situarse en la meta.
Un curso más tarde, en 2016-17, el costarricense volvió a monopolizar la portería con 12 partidos dejando solo uno a Casilla. Yáñez continuaba en el rol de tercer guardameta sin minutos.
En el triplete de Champions consecutivas, que se completó en la 2017-18, Navas alcanzó las 11 presencias y Casilla disputó dos partidos de la fase de grupos, mientras que los canteranos Luca Zidane y Moha se marcharon en blanco.
Por último, en la 14ª, Courtois tuvo el papel íntegro en la competición europea con 13 encuentros de 13 posibles. Lunin, Toni Fuidias y Luis López completaron las convocatorias, pero sin conseguir estrenarse en el torneo.
El Real Madrid inició la campaña 1999-2000 con una nómina de tres guardametas en la plantilla: Bodo Illgner, Albano Bizzarri e Iker Casillas. Los tres apoyados por Óliver, el arquero del filial.
Iker Casillas comenzó actuando en los dos primeros partidos de la competición en la primera liguilla. Fue en el empate contra el Olympiacos en Atenas y el triunfo en casa ante el Molde. Sin embargo, para la tercera jornada, saltó a la palestra el argentino Bizzarri debido a que el guardameta madrileño había dejado dudas en Toshack, que veía su déficit en las salidas aéreas como un problema.
No tuvo un debut demasiado afortunado contra el Oporto en el Santiago Bernabéu y tres semanas más tarde en Das Antas, JB Toshack, para su alegría, echó mano de Illgner que había vuelto unos días antes tras una lesión en el aductor en el mes de agosto. Se preveía la estabilidad con el regreso del germano porque era el portero preferido de Toshack y con el que estaba más tranquilo, pero la mala fortuna llegó de nuevo en forma de otra lesión. Una fisura en la rótula derecha le apartó dos meses y medio de los terrenos de juego y ya solo disputaría un encuentro oficial más en su trayectoria madridista (Copa contra el Mérida).
De nuevo, para los dos últimos partidos de la primera liguilla contra los griegos y los noruegos retornó Bizzarri, al no contar Casillas con toda la confianza del técnico galés. La inseguridad del portero argentino que no transmitía ninguna fiabilidad y la destitución de Toshack, para que llegase al banquillo Del Bosque, le abrieron las puertas de par en par en la titularidad a Casillas.
El canterano ya no soltaría el puesto en todo el torneo, jugando completa la segunda liguilla ante Rosenborg, Bayern y Dinamo de Kiev en casa y a domicilio, la eliminatoria de cuartos contra el Manchester United, la de semifinales frente al Bayern y la gran final ante el Valencia. Para el recuerdo dejó un magnífico papel en Old Trafford y en la ida en el Santiago Bernabéu frente al equipo bávaro.
En la 15ª, también las lesiones resultaron un papel fundamental en el devenir de la portería merengue. La rotura del ligamento cruzado de Courtois, antes de empezar la competición europea, obligó al Real Madrid a moverse en el mercado y traer cedido a Kepa, desde el Chelsea, para sustituir la baja del portero belga.
En la plantilla también figuraba el ucraniano Lunin, que en un principio parecía que iba a subir en el escalafón y se convertiría en el guardameta titular, más los canteranos Fran, Mario de Luis, Piñeiro y Lucas Cañizares para completar las convocatorias.
La primera apuesta de Ancelotti para la Champions fue Kepa. El vasco partió de inicio en las tres primeras jornadas de la Liga de Campeones: en casa ante el Union Berlín y las salidas a Nápoles y Braga. Pero el 8 de noviembre sufrió una lesión muscular en el calentamiento del duelo contra los portugueses en el Santiago Bernabéu, por lo que Lunin recogió la alternativa.
El ucraniano disputó el encuentro contra el Braga y también el de los napolitanos en el coliseo merengue. Con la clasificación ya hecha, Ancelotti le dio una nueva oportunidad a Kepa en el viaje a la capital alemana que cerraba la fase de grupos. A partir de los octavos de final Lunin había acabado con el debate en la portería y se afianzó en la titularidad en las eliminatorias de octavos, cuartos y semifinales. En varios choques fue realmente decisiva su participación, rayando a un excelente nivel. En la ida de octavos en Leipzig, su actuación fue inconmensurable, siendo totalmente imbatible. Y para la historia dejó dos paradas decisivas a Bernardo Silva y Kovacic en la tanda de penaltis de la vuelta de cuartos contra el Manchester City en el Etihad.
En el mes de mayo y tras muchos meses de baja, Courtois volvió a tener el alta competitiva. Comenzó el debate sobre quién sería el portero de la final y para ello Ancelotti empezó a dar minutos al belga en la competición liguera. Con el paso de los días parecía claro que Courtois le había ganado la lucha a Lunin pero, por si quedaba alguna duda, una gripe del ucraniano en la semana de la finalísima terminó por despejar cualquier mínima duda que pudiese guardar el técnico italiano. Courtois se puso bajo palos en Wembley y volvió a recordar con varias de sus paradas a la actuación que realizó en Saint-Denis en 2022. Fue su único encuentro en toda la Champions, algo que a principios de temporada costaba pensar que fuese a poder suceder.
Fotografías: archivo Alberto Cosín.
La relación del Real Madrid con la Champions es la sublimación de la excelencia, algo así como lograr en la vida salud, dinero y amor de manera estable. Cuando la mayor competición y el club más universal se unen por decimoquinta vez, no es extraño que la prensa internacional dedique su espacio a la 15. Hagamos un repaso:
Dado lo cosmopolita del madridismo, multitud de aficionados de países diferentes a España leerán este artículo y, para ellos, la prensa internacional es la española. Debido a lo cual, recogemos varias portadas patrias:
Dejamos para el final la portada del Diario Montañés, periódico cántabro como la Galerna del Cantábrico, don Paco Gento, leyenda del Real Madrid que da nombre a nuestra publicación y que desde allí arriba habrá acogido con sobria satisfacción el hecho de que Toni Kroos, Luca Modric, Dani Carvajal y Nacho Fernández le hayan igualado en número de Copas de Europa ganadas: 6. Para él, este honor siempre fue anecdótico, lo único importante es el eterno Real Madrid.
¿Cómo sería no ser del Madrid? ¿Cómo sería levantarse un día como hoy sin el ronroneo de la 15 aún resonando en el paladar? ¿Cómo sería no disponer de esa fuente de energía renovable de felicidad que aporta el club blanco al, en ocasiones, difícil día a día de cada uno?
Imaginar la respuesta produce vértigo, pero basta con darse un garbeo por los andurriales donde moran quienes tienen la desgracia de no ser madridistas para hacerse una idea de los estragos que produce. El daño, en ciertos sujetos, profundiza a escala genética, alterando las hélices de ácido desoxirribonucleico. Es el caso de Iván San Antonio.
⚪️El Real Madrid es un número
▪️"El club que preside Florentino ha burocratizado la Champions hasta convertirla en una competición menor"
✍️ @sanantheone https://t.co/HeRB3sXXf1
— Diario SPORT (@sport) June 2, 2024
Es digno de estudio médico. Un tipo que no encuentra problema moral alguno en acosar al padre de un colegiado, ante un logro deportivo fruto del trabajo deduce que: «La Champions es una competición que al Real Madrid le resulta un incordio porque lo único que le interesa es seguir añadiendo un número más a esos trofeos faltos de sentido».
Esta víctima del propio odio llega al culmen de lo miserable con: «La Europa del 36. Ganar, ganar, siempre ganar. Ganar por encima de todo y cueste lo que cueste, justificando cualquier cosa que ocurra durante el camino porque el fin lo vale todo». Gravísimo. Igual que su estado.
El día que se cumplen 46 años de su fallecimiento, viene a cuento recordar las palabras de don Santiago Bernabéu —rescatadas por Alberto Cosín en Twitter— sobre el tratamiento óptimo para aquellos aquejados de bilis, como es el caso del tal Iván: «Paciencia. Que tengan paciencia. María, ¿qué es eso que tomas tú para la bilis…? Eso: que tomen ruibarbo con un chorrito de carabaña… Va de maravilla. A ver si cuando salga el sol y la luna les parecen bonitos. Una de las pocas cosas que hay baratas en este país, Rodríguez, es la mala leche…».
Un compañero suyo de nombre Matías Vallés firma otra joya: «El Madrid no salió a jugar, solo a ganar». El cirujano no salió a operar, solo a salvar la vida del paciente. La colitis cerebral que provoca no ser del Madrid después de ganar la 15 guía a este señor a deyectar frases gloriosas como: «Vinícius, que marca porque chuta mal». Si bien reserva para el final la reflexión que denota el daño molecular —irreparable— antes mencionado: « La triste exhibición madridista de Wembley confirma que los blancos no reciban en ningún caso la etiqueta de mejor equipo de Europa, una jerarquía que se reserva rutinariamente para las sucesivas escuadras de Guardiola». La nostalgia del régimen.
¿Cómo sería no ser del Madrid? Aquí va otro ejemplo, el de Jordi Gil.
Hay, sin embargo, a quien esta circunstancia lo conduce por la vía del surrealismo y se marca un sujétame el cubata de época:
🇪🇸 España reina claramente en Europa con 20 Champions
✍️ @JavierAlfaroFC https://t.co/Nrku60h9w0
— Mundo Deportivo (@mundodeportivo) June 1, 2024
«España amplía su ventaja como país con más títulos en la historia de la Champions League. Los 15 del Real Madrid y los 5 del Barcelona hacen que la cifra quede establecida en 20». Patriotismo guadianesco arqueológico, podríamos denominar a la maravilla de Javier Alfaro, aunque es preferible este recurso, el trampantojo estadístico con dosis de humor, que la maldad anteriormente expuesta.
Manuel Jabois escribió aquel célebre tuit: «No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad». Lo hizo en 2012, hace 6 Champions. Imaginen la magnitud de este club.
No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad.
— Manuel Jabois (@manueljabois) September 18, 2012
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Se nos quedan cortos hoy los buenos días, amigos, y tampoco alcanzan los buenísimos días. No llegan las palabras a describir la gloria, porque qué gloria sería una que pudiera reducirse a tales o cuales significados acostumbrados. Bellingham aprendió anoche en Londres esa lección, o mejor, tuvo esa revelación, al ser preguntado sobre lo que tampoco se puede preguntar porque no hay pregunta que pueda contener esta sobreabundancia. Entonces a Jude no le quedó más remedio que atropellar las palabras, no pudo más que decir y decir sin centro, como quien busca un hilo y solo encuentra mil sensaciones que pugnan por salir todas juntas sin esperar a que las palabras las contengan. Y Jude lloró, porque las palabras retroceden ante el llanto, porque el llanto vence con todo el cuerpo y toda el alma a quien pretenda dar cuenta exacta por la vía racional de aquello que lo produce.
Fue también nuestro llanto el de Jude, uno pleno y profundo que ya había acompañado la salida del campo de Kroos, la última salida del campo de Toni Kroos con la camiseta blanca, con un número 8 que el impecable alemán ha resignificado para siempre. Se fue Toni como se fue Juanito, en explosión celebratoria y señalándose el escudo, porque la historia está hecha de variaciones sobre el mismo tema, y ese tema es la gloria cuando la historia la escribe el Real Madrid. ¿Cómo es posible acabar una carrera de esta forma? ¿Cómo hacer que quepa en la cabeza que uno de los mejores centrocampistas del fútbol de siempre consiga dejar tan en alto su legado? No lo es. Es tan imposible como ganar 15 Copas de Europa, como tener más del doble que el segundo club con más Copas de Europa, como lograr 6 Copas de Europa en diez años, como vencer en las últimas nueve finales disputadas... Tan imposible como llamarse Real Madrid y que parezca que esto va solo de fútbol.
No alcanza el 4-3-3 para entenderlo. No llega la presión alta para concebirlo, ni la basculación, ni el bloque bajo, ni la pizarra, ni la estadística. Todo eso será necesario, pero nunca logrará ser suficiente para dar con la clave de bóveda, con la proporción áurea, con el fundamento de posibilidad, con el punto de apoyo por el cual el Real Madrid mueve el mundo y lo disloca y lo acelera y lo sublima y lo exorciza y lo reencanta.
Es la voluntad de poder nietzscheana, es el espíritu libre de un niño que juega en la playa desoyendo las razones de quienes pretenden ordenar su vida con patrones ajenos al mar. Es la fuerza desbordante de una promesa en permanente estado de cumplimiento. Es un gran sí sin contrario. Es el bendito peso de una tradición que se renueva porque está forjada con vocación de futuro. Es todo aquello que nos recuerda que lo posible coincide con lo necesario. Es querer querer para que entonces se convierta en querer poder. Es lo concebible conociendo sus límites. Es el blanco cegando de claridad a quienes no saben ver y no lloran porque quieren decir —pobres— lo indecible.
Fue Carvajal quien, siendo niño, puso la simbólica primera piedra de la Ciudad Deportiva de la mano de Alfredo Di Stéfano, y fue Carvajal quien cerró el círculo de ese simbolismo anoche bajo el cielo de Londres, desde donde Don Alfredo, sin duda, le acompañaba. 1,73 mide Dani Carvajal. Su remate de cabeza se impuso a las torres alemanas para un 0-1 tras el cual no hubo más partido que el que coronaría de nuevo al Real Madrid como campeón de Europa. Quienes traten de explicar cómo fue posible el remate ya han perdido el partido y no solo el partido. Quienes hablen de marcajes en el primer palo de ese córner no habrán entendido nada. Quienes no saben que la memoria está más cerca del corazón que de la cabeza jamás sabrán qué es el Real Madrid.
Son los mismos que llaman gestor a Ancelotti, que llamaban alineador a Zidane, que llamaban antifútbol a Mourinho; los mismos que se aferran a un esquema, a un estilo, a un ADN, a una razón que palidece y se queda muda —que atropella palabras como cuentos chinos— cuando no deja de pasar lo que volvió a pasar anoche en Wembley. Lloran también, pero sus lágrimas son de rabia, de impotencia y de ignorancia.
Las nuestras, en cambio, las lágrimas que también nos asaltan mientras escribimos este portanálisis, nada tienen que buscar saber, porque han visto y ya saben que el número 8 es el de Toni Kroos, que un chaval de 1,73 se sube a hombros del legado de su camiseta para que el legado se perpetúe, que Bellingham no podía hacer anoche un buen partido porque el recién llegado debe acostumbrarse a que todo lo aprendido en otros sitios sirva poco para alcanzar a comprender tanta gloria. Sus lágrimas del final ya lo han comprendido.
Sirvan las nuestras como enorme abrazo para todos, queridos galernautas, quince veces campeones de Europa.
Ya habrá más días para analizar lo que acaba de suceder en Wembley, con el desenlace esperado por todos, incluidos nuestros dignísimos rivales del Borussia de Dortmund, magnífico contrincante.
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Si aprendiéramos de una vez que el Real Madrid es indestructible, dejaríamos de sufrir cuando parece quebrarse, pero ¿qué aliciente tendría ganar siempre si no fuera acompañado por un temor que luego se revela innecesario?
15 Copas de Europa. Hace tiempo que nos pasamos este juego y ensayamos otros que tienen que ver con una yuxtaposición de subtramas literarias, propias de la gran saga que el Madrid es.
Esta ha sido la Champions de Courtois, que temimos no volviera a ser el mismo y ha vuelto mejor que se fue, pero como el Madrid es un novelón decimonónico esta Champions ha sido también la de su sustituto, que escribió su propia odisea en Leipzig y en los penaltis del Etihad.
Si aprendiéramos que el Real Madrid es indestructible, dejaríamos de sufrir cuando parece quebrarse, pero ¿qué aliciente tendría ganar siempre si no fuera acompañado por un temor que luego se revela innecesario?
Ha sido la Champions de Carvajal, que ha redondeado la temporada de su vida marcando el gol más importante de la misma y encima en córner botado por Kroos, que es el poema anticrepuscular de esta temporada inolvidable. Al carajo la belleza de la arruga, que Kroos no nos ha dejado ni intuirle. Ha redefinido el concepto de la dignidad, de lo edificante, y ya nadie podrá señalarse los achaques para que le quieran.
Ha sido la Final de Champions de Camavinga, jugador que ha venido del futuro para enseñarnos que los cyborgs describirán a veces fintas que nos devolverán la fe en el hombre, en contra de sus propios intereses. Otro héroe de Wembley fue Mendy, el único jugador al que he visto volcar un once entero del rival hacia la otra banda, como si hubiesen anunciado que la barca se hunde y hay que hacer contrapeso. Ha sido la Champions de un Rüdiger colosal que ha dotado a la locura de un deje de seriedad inesperado, y que ha encontrado en la sensatez de Nacho un complemento estabilizador. Que así siga porque él siga.
El Madrid parece decidido a hacerle el amor al mundo, una y otra vez, antes de darle la vuelta como un guante
Y, por supuesto, ha sido la Champions y la Final de Champions de Vini, el atacante más espectacular y temible del planeta, que volvió a marcar cuando se arrugan los memes, categoría en la que trató de incluirle la España triste. Los más ruines prefirieron optar por la xenofobia, directamente, cuando se vio que erraban el tiro. Que se jodan.
Es una saga inacabable que apunta a restallar en el porvenir. La cosa no tiene pinta de parar. No es descartable que Ceferin tenga que entregar a su némesis hasta la Copa correspondiente a la última edición de su trofeo. El Madrid parece decidido a hacerle el amor al mundo, una y otra vez, antes de darle la vuelta como un guante.
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Arbitró el esloveno Slavko Vinčić. En el VAR estuvo su compatriota Nejc Kajtazovic.
El compatriota de Ceferin dominó el partido con mano dura, no admitió protestas y dejó bastante los contactos en el juego. Tuvo algún error que no comprometió su labor.
En la primera mitad falló no pitando la obstrucción a Valverde por Schlotterbeck en el 10' y la amarilla a Vini era inexistente porque no hubo falta sobre Kobel en el 34'. Además, enseñó dos por protestar a jugadores amarillos: Schlotterbeck en el 39' y Sabitzer en el 42'.
En la segunda mitad, se equivocó al no mostrar amarilla a Adeyemi en el 62' por una peligrosa plancha a Carvajal y se comió un córner claro a favor del Madrid en el 69'. Se añadió Hummels a los tarjeteados por entrada abajo a Camavinga en el 78'. Por último, el fuera de juego de Füllkrug en el 87' resultó claro y su tanto no subió al marcador.
Vinčić, BIEN.
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Courtois (9)
Dio la razón a Carletto. Salvó al Madrid forzando el error de Adeyemi en un mano a mano absolutamente clarísimo. Y no sólo eso.
Mendy (8)
Clinic de Ferland en maestría defensiva.
Nacho (7)
Oficio y la categoría de un capitán del Real Madrid.
Rüdiger (7)
De menos a más.
Carvajal (10)
El tipo que puso la primera piedra de Valdebebas se merece esto en una final de la Champions. Ahora remata córneres el tío.
Kroos (10)
Lo pasó mal en el primer tiempo, pero la lección que dio a balón parado en el segundo en su último encuentro con la camiseta merengue quedará en los libros de historia. ¿Quién nos va a sacar las faltas ahora, Antonio?
Valverde (8)
El Halcón sobrevoló Wembley incansable. Imprescindible.
Camavinga (7)
Eléctrico, dinámico, imprudente, inasequible al desaliento. En fin, lo de siempre.
Bellingham (5)
Ha llegado justo al final, pero supo sufrir sobre el verde y dar el pase para la puntilla de Vini.
Rodrygo (4)
Hay que hablar más en el campo.
Vini Jr. (8)
Cuando el Madrid lo pasa mal la estrategia es pasádsela a Vini. Siempre, siempre, siempre lo intenta, erre que erre, una y otra vez. Partidazo coronado por gol sublimemente definido con la zurda.
Modric (-)
Sin tiempo.
Joselu (-)
Sin tiempo.
Militao (-)
Sin tiempo.
Lucas Vázquez(-)
Sin tiempo.
Ancelotti (9)
La reacción del Madrid en el segundo tiempo a buen seguro tuvo que ver con la Carlettina de Ancelotti al descanso.
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Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Y así lo demostró la coz germana que recibió un ex Borusser como Bellingham nada más iniciarse el partido. Minutos antes, un espontaneo se apoderó de los primeros compases. Con toda parsimonia llegó al centro del campo donde acabó haciéndose selfies con Jude, ofuscado, y Terzic, su antiguo entrenador, halluziniert en la banda. La reacción de las fuerzas de seguridad de Wembley, indigna de Scotland Yard, fue tan primorosa que el susodicho pudo subir su autorretrato con Bellingham a X, antes conocido como Twitter, Facebook, Instagram, Tik Tok, Snap Chat y otros.
Si embargo, la red, y no precisamente social, la tejió el enjambre amarillo y allí quedo atrapado pronto el Madrid cual polilla en la telaraña. Tiempo ha, la batalla por la Decimoquinta había comenzado en las gradas; el madridismo de ultramar frente a un verdaderamente impresionante Die Gelb Mauer, el auténtico espectáculo por mucho que en los prolegómenos Lenny Kravitz se esforzara por hacer suyo el estadio.
I want to get away, I wanna fly away, recordaba una vieja gloria como Lenny y el hincha merengue parecía hacer suyo el verso. Aparentemente dominaba el Madrid, pero quien sabía muy bien a qué había venido era el Borussia, furiosas avispas aurinegras, una lluvia de aguijones, fulgurantes en transiciones, malintencionadas, irritantes, venenosas. Mientras los de Carletto seguían en busca de su penicilina para tan particular y potencialmente letal fiebre amarilla, el tallo Brandt daba el primer aviso con un remate defectuoso cerca de Courtois, finalmente de la partida ante Lunin con una tan inoportuna como oportuna gripe según quién lo mire. Bingo de Carlo en cualquier caso.
Y si lo primero fue un aviso, lo segundo fue directamente una amenaza al Rey de Europa, un audaz intento de regicidio. A los 21´, un error al tirar el fuera de juego al alimón por Carvajal y Rüdiger y un lejano pase cruzado permitieron a Adeyemi un mano a mano precisamente ante Thibaut que, de nuevo, se encargó de recordar el por qué de la elección de Ancelotti. En una jugada que pudo resultar catastrófica —gol, penalti y/o expulsión— el belga sacó y retiró su largo brazo a los pies del alemán con el tempo perfecto; se le fue largo el regate a Adeyemi.
No fue gol, pero el Madrid acusó el golpe. Apenas sesenta segundos después, tras una imprudente pérdida en salida de balón de Camavinga, Füllkrug, en aparente VARbitúrico fuera de juego Made in Spain, cruzaba con la puntera al palo de la meta madridista.
Los merengues, inoperantes, apenas Vini lo intentaba, sin suerte casi siempre, pero sembrando el terror las exiguas veces que pudo escaparse. Tanto ímpetu le puso, que vio una irrisoria tarjeta amarilla por presionar al portero del Borussia, Kobel, que saludó su presión con un doble tirabuzón con triple Axel que le valió absurda amonestación señalada por el paisano de Ceferin con silbato. Vini lo intentaba, Vini jaleaba, no obstante, al otro lado, sin noticias de Rodrygo y con Bellingham generalmente por los suelos, con todo el equipo, en definitiva, desnortado. El Borussia permanecía a lo suyo, agazapado, esperando volar para propinar su picotazo. Pudo ser el de Sabitzer, el del moñito, disparo duro y abajo. De nuevo, Courtois.
El Madrid sufría y el Muro Amarillo atronaba Wembley hasta que, en lo estertores del primer tiempo, cuando el Borussia acumulaba córneres y Matt Hummels celebraba eufórico tackles exitosos ante Vini, se escuchó Real Madrid, oe, oe, oe en las gradas del templo del football y para esperanza madridista de un mejor porvenir en la reanudación. Por la Decimoquinta.
Tuvo que ser Kroos quien diera el aldabonazo. Una falta en la esquina derecha del área grande, en el flamígero fondo del Borussia, obligó a Kobel a una espectacular estirada a la escuadra para evitar un tanto memorable en la despedida de Antonio. Carvajal cabeceó fuera el posterior magistral saque de esquina botado… por Kroos. La Carlettina, de la que pudimos ver la resaca en el túnel de vestuarios, hubo de ser épica al descanso.
El Madrid trataba de sacudirse, de espantar un enjambre que insistía e insistía, un córner tras otro, y Mendy multiplicándose en defensa. En el banquillo merengue, seis suplentes calentando y Carletto, taciturno. Sobre el verde, Carvajal, bravo, rechazaba las disculpas de Adeyemi tras bloquearlo, codazo en el pecho mediante, ante la pasividad del árbitro esloveno. Precisamente de nuevo el de Leganés avisaba al Borussia al rematar de volea un centro de Vini que salvó Kobel; el triple, cuanto menos, de ocasiones del Madrid en el primer tiempo.
Media hora para el final y las espadas (y el sufrimiento) en todo lo alto; padecimiento que iniciábamos con un violento testarazo de Füllkrug que Courtois, despejaba a lo Mazinger Z: puños fuera. Por si no había quedado claro, el Dortmund demostraba otra vez que iba a vender cara su piel; el Madrid, no obstante, se mostraba más sólido. Mientras tanto, un ponzoñoso centro chut de Vinícius, al que no llegó Jude por flequillo, se fue llorando junto al palo borusser.
Recta final y la leyenda del Borussia Dortmund, Marco Reus, relevaba a Adeyemi, fallón pero un incordio invertebrado. Al tiempo, Vini intensificaba sus diabluras con un regate en la línea de fondo sobre el defensor replicante alemán que bien merece el viaje a Londres. Saque de esquina. Entonces, miré a mi hija Clarita, sobre el sofá, y le reprendí inmediatamente a que se pusiera su gorra-fetiche del Madrid, la gorra de Clarita. Juró que esto es verídico.
Y del córner resultante de la fantasía del carioca, el gol del Madrid a los 75 minutos. El que avisó no es traidor. De nuevo, Kroos desde el córner sirvió su penúltima banana con la camiseta blanca. Y esta vez, sí, Carvajal cabeceó furioso al fondo de la red.
1-0 que pudieron ser dos. Bellingham, tras varios rechaces y con todo a favor, disparó fuera, cerca del poste desde dentro del área. En realidad, pudieron ser muchos más. Cual aleteo de un lepidóptero, el enjambre había sufrido un efecto mariposa. Ahora era blanco merengue.
Tras Jude, Kroos volvió a obligar desde el tiro libre a otra fenomenal estirada de Kobel. Achicando agua súbitamente cual fontanero del Titanic, palmeó fuera un disparo lejano de Camavinga, así como otro cabezazo de Carvajal tras nuevo córner. Der Krug schlägt so sehr gegen den Brunnen, dass er am Ende zerbricht, reza un proverbio alemán. Así las cosas, en plena tormenta madridista, enrage como los malos de final de pantalla de videojuego, Bellingham, tras nuevo robo, sirvió a Vini que cruzó sublime con la zurda para hacer el segundo a los 82 minutos, engalanar la Cibeles y empaquetar la Decimoquinta rumbo a Barajas.
Daría un último susto con un gol justamente anulado por fuera de juego del pelón Fullkrug. Digno rival, duro adversario, el Borussia.
Insuficiente sin embargo para derrotar al rey de reyes.
Hala Madrid.
Quince veces campeón de Europa.
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No soy supersticioso, en consecuencia, los días que el Madrid juega una final de Champions me limito a repetir a rajatabla los mismos ritos de siempre.
No soy supersticioso, de modo que cuando despierto toco la madera del cabecero de la cama y, al levantarme, apoyo en el suelo primero el pie derecho. Después enciendo 90 velas.
No soy supersticioso, así que repito el mismo desayuno de todas las mañanas de las últimas ocho finales de Champions, a saber: café solo recién molido, que llega a España en formato grano alojado en el marsupio de quokkas fanáticos de Tales de Mileto, acompañado de tostadas restregadas con ajos cultivados en el tercer bancal de la cuarta plantación según entras en Las Pedroñeras a mano derecha regadas con aceite de oliva virgen extra del séptimo olivo de la sierra Mágina y alegradas con sal criada en cautividad sobre la cima del Everest.
No soy supersticioso, por lo que escribo a mi amiga con la cual comento los partidos —que tampoco es supersticiosa— para que me confirme si va a observar con pulcritud el mismo patrón de comportamiento de todos los encuentros anteriores y si va a vestir el jersey polar azul, aunque alcancemos los 38 º C a la sombra, que ha equipado en las últimas eliminatorias milagrosas de Champions que ha superado el Madrid.
No soy supersticioso, lo que significa que compruebo varias veces que Fred Gwynne ponga los necesarios y obligatorios sietes y soles en el chat de La Galerna y, como tampoco me pongo nervioso, reviso que el desfibrilador se halle en perfecto estado de revista.
No soy supersticioso, por eso repito los mismos sencillos rituales de todos los días de final de Champions: sacrificar siete brotes de soja amamantados por ballenas árticas cada vez que dan las horas pares, caminar todo el día boca abajo a la pata coja y vestir el uniforme que portó Ike Eisenhower el día D en el Desembarco de Normandía.
No soy supersticioso, luego es normal que compruebe por septuagésimo séptima vez que Jeremy de León se encuentra bien, ha dormido correctamente, ha entrenado sin percance alguno, Carletto le ha rascado la espalda, ha desayunado de manera satisfactoria, está contento y se ha persignado tres veces cada vez que ha escuchado la palabra Champions (#CD).
No soy supersticioso y en virtud de ello me someto a un exorcismo vespertino llevado a cabo por Anthony Hopkins, contacto con un chamán de cada continente —Antártida incluida— para que me limpie los chacras, dono medio sueldo a cambio de una ramita de romero a la misma gitana de El Retiro e invoco tres veces a Zidane delante del espejo con una camiseta de Lola Flores.
No soy supersticioso, por lo tanto, me ato a la muñeca los 27 chinitos de la suerte comprados en la Manga del Mar Menor en 1987, me aboco a la calle para lanzar arroz a cada pareja de madridistas recién casados que veo, recolecto tréboles de cuatro hojas, lleno la casa de herraduras, delfines, elefantes, tortugas, cuelgo unos dados del espejo retrovisor del baño, abrillanto la cruz de Caravaca, acaricio el cuerno de la abundancia e ingiero píldoras para la tensión, los nervios, el reflujo gástrico, la sinapsis neuronal y la bilirrubina, cuando cuando te miro y no me miras.
No soy supersticioso, por lo que háblame del mar, marinero.
No soy supersticioso, y tampoco religioso, debido a lo cual rezo 36 avemarías, 20 padrenuestros, 8 jesusitosdemivida, 5 cuatroesquinitastienemicama, 2 credos y me santiguo 15 veces (#CD).
¡Hala Madrid!
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