Las mejores firmas madridistas del planeta

En formación lineal, la unidad militar mediática obedece a la orden dictada desde Sant Joan Despí. «Máxima preocupación en el Barça por la falta de competitividad de la Liga femenina» titula  Mundo Deportivo, mientras que  Sport es más conciso al publicar «El Barça teme fugas en el femenino». La reunión que mantuvo el pasado martes la presidenta de La Liga F, Beatriz Álvarez, con los pesos pesados del vestuario del Fútbol Club Barcelona Femenino se hizo pública horas después. Los periodistas especializados en fútbol femenino remataron sus opiniones con una dura crítica al Real Madrid. «El Real Madrid es un club que tiene la capacidad de acelerar ese proceso, que yo creo que es lo que se le pide», dijo Sandra Sánchez Riquelme en DAZN. Los soldados de la unidad que empuña el micrófono a modo de arma designaron a solo uno de los dieciséis clubs que componen La Liga F como responsable de los males detectados por las jugadoras del Barça.

En junio de 1941, Ramón Serrano Suñer movilizó a la juventud española para que se alistase a combatir al enemigo soviético al grito de «Rusia es culpable», un lema en el que se ha sustituido al país de los zares por el club de Concha Espina,  para  responsabilizarlo   de   los  problemas  del  fútbol  internacional.  Las estrategias propagandísticas de la Falange son copiadas por el Fútbol Club Barcelona, quizás por la influencia   decisiva   que   tuvo   el   franquismo   en   su   historia,   o acaso  a   instancias   de   Alejandro Echevarría, cuñado de Joan Laporta, que sigue siendo una pieza clave en el equipo catalán, a pesar de haber dimitido en 2005 tras publicarse su vinculación con la Fundación Francisco Franco.  Arriba  y  Ya  han sido «relevados» por nuevas cabeceras, que azuzan a las masas con un «el Real Madrid es culpable».

 

La maniobra obedece a los múltiples frentes que cercan a Joan Laporta a las puertas del deshielo. El Barça ya ha encontrado un responsable externo antes de que su afición reciba un parte de guerra desfavorable. El fútbol femenino sigue sin ser rentable, incluso para su gran dominador en el Viejo Continente. La firma de nuevos contratos televisivos ha dotado a Estados Unidos y Reino Unido de un arsenal económico para que el mercado entre en una inflación similar a la que produjeron el Paris Saint Germain y Manchester City en el fútbol masculino. Los clubs de los países que hace más de ocho décadas conformaron el bando aliado ya han hecho llegar su interés a las jugadoras del Barça. Las negociaciones para que la cara visible de la sección, Alexia Putellas, siga enfundada en la casaca azulgrana no contentan las pretensiones económicas de la futbolista. La renovación Putellas se ha visto entorpecida por la irrupción de las balas perdidas del duelo que libran Laporta y Nike. La doble ganadora del Balón de Oro percibe buena parte de sus ingresos de la firma de Oregón. Como en los conflictos bélicos,   las   versiones   sobre   lo   acontecido   entre   el   Fútbol   Club   Barcelona   y   la   firma estadounidense varían según su fuente, pero en el horizonte ya aparecen los tribunales, a los que Nike no quiere que se vincule el «swoosh» por el «Caso Negreira». El Barça ya ha filtrado a su unidad mediática que Puma está dispuesta a vestir a sus equipos, con el deseo de que la firma alemana realice un pago anticipado antes del 30 de junio que permita a los directivos salvar los más de dieciocho millones de euros depositados como avales, una obligación eliminada con la nueva Ley del Deporte, que también actualizó la prescripción de los presuntos delitos cometidos en el affaire Negreira. Moltes gràcies, Albert Soler.

Albert Soler


Estas cuestiones pasan desapercibidas para los propagandistas, que se aventuran a pedir una «Superliga femenina», como reclamó el expolítico Ernest Benach en Mundo Deportivo el​ pasado domingo. Una propuesta que forma parte del proyecto de A22, impulsado por el culpable máximo, Florentino Pérez. El mayor beneficiado de la puesta en marcha de la Superliga femenina sería el Fútbol Club Barcelona, que ve como ya no puede entrar en la puja por los fichajes. El equipo masculino sigue ahogado por el Fair Play Financiero, en el que también computan el resto de secciones. Laporta podrá seguir celebrando éxitos del Barça femenino durante varios años, pues aunque el Real Madrid se lanzase sin control a fichar (algo que podría hacer dada su salud económica) como exige Sandra Sánchez Riquelme, sería prácticamente imposible aunar un bloque tan talentoso como el azulgrana. El Real Madrid quiere exportar a su sección más joven el modelo que llena sus vitrinas y evita los números rojos, tras demostrar su apuesta por el fútbol femenino al asumir varias temporadas de pérdidas. Una directriz que expuso el presidente blanco en la última Asamblea General, en la que los socios respaldaron su gestión.

Florentino Pérez

La dirigente de La Liga F tiene previsto reunirse con el resto de equipos de la competición, incluido el Real Madrid. Los soldados del micrófono y el teclado también están molestos con la institución blanca por trasladar al femenino su política de que las jugadoras no concedan entrevistas a medios que se lucran con titulares inverosímiles que contienen el término mágico «Real Madrid» en el campo de batalla de Google y las redes sociales. No hay que obviar el «dopaje financiero» del que disfruta La Liga F actualmente gracias a la inyección de dinero público. A pesar de la consecución del Mundial, la asistencia a los campos no ha aumentado.

Tampoco lo han hecho las audiencias de DAZN (que ahora emite en abierto los partidos femeninos), a diferencia de Estados Unidos y Reino Unido. Con los equipos ingleses en manos de   propietarios   que   obvian   los   números   rojos,   el   fútbol   español   corre   el   peligro de «sudamericarse», es decir, contar con una potente selección y un torneo doméstico de menor categoría. Las escasas empresas españolas que pueden permitirse patrocinios deportivos siguen sin encontrar rentabilidad al fútbol femenino, como demuestra que La Liga F no haya sido capaz de vender su naming  tras la espantada de Finetwork. La reclamada llegada del Real Madrid tampoco ha resultado del gusto de los mismos que la solicitaban para inflar una falsa rivalidad. El fútbol femenino sigue siendo dependiente de su hermano mayor (el masculino), lo cual por supuesto es culpa de Florentino Pérez. Con el Real Madrid en segunda posición de La Liga F, no encontrarán en la prensa una cantidad comparable de críticas al Atlético de Madrid femenino, que está fuera de puestos europeos tras ganar tres ligas antes del inicio de la hegemonía culé.

En la Ciudad Condal tienen motivos para estar preocupados, a pesar de sus atracones a goles. La directiva de Laporta presupuestó que el femenino jugaría en varias ocasiones en Montjuic para aumentar su recaudación. De momento, solo lo ha hecho una vez en lo que va de temporada: en noviembre, precisamente en la visita del Real Madrid. El Barça disputa los cuartos de final de la Champions League femenina en el Johan Cruyff, donde ha tenido que colaborar la UEFA para que instalase una sala VOR, conforme a la reglamentación de la competición. ¿Qué más da? ¡El Real Madrid es culpable!

 

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Buenos días, amigos. Hoy hay un poco de lío con las portadas, dado que ayer no fue día de trabajo para algunas cabeceras (incluida La Galerna), pero para otras sí, de suerte por ejemplo que la portada de As de hoy es la de ayer (puesto que hoy no hay una nueva), y las del cataculerismo sí son nuevas y flamantes (es un decir), quedando en el limbo las de ayer galernísticamente hablando, dado que ayer no hubo portanálisis.

-¿Y a mí qué me importa todo esto, oiga?

Hemos escuchado a ese lector desabrido con la oreja de Van Gogh, por así decirlo, o mejor aún con la que Michael Madsen corta al policía en Reservoir Dogs. Queremos decir que, con todo el follón de Semana Santa, ya no sabemos dónde nos quedan las orejas ni los ojos, irritados como están por la visión y audición de impresentables racistas, camuflados entre los nazarenos de estas fechas. Puede que muchas procesiones no hayan podido salir por la lluvia, pero algunos capirotes no se han quedado precisamente en casa. ¿Ke Ké Keremos decir con esto? El que nos haya seguido en los últimos días lo sabrá.

Hoy cambiamos de tercio. Cazar (metafóricamente) racistas es agotador. Las portadas del día no tienen que llevar a cabo ese ajuste, dado que ellas han pasado desde el principio de denunciar a los xenófobos que han tomado las calles y los medios. No obstante, quien quiera acompañar a La Galerna en su cruzada contra la intolerancia seguirá encontrando, en el día de hoy y fuera del portanálisis, contenidos significativos.

Marca alerta de la que se avecina, dado que el Madrid juntará al año que viene el arsenal ofensivo que ya atesora (Vinícius, Rodrygo, Brahim) con una estrella contrastadísima como Mbappé y el crack en ciernes más rutilante del panorama brasileño, Endrick. "La que se avecina", en efecto, es muy gorda, pero no sólo por la cantidad de talento que los de Ancelotti van a juntar sobre el césped, sino por el tsunami de frustración sublimada en odio que todo esto va a desencadenar en el antimadridismo. Si la rabia por ver la eclosión de Vinícius ha movido al universo anti a abrazar sin remilgos el racismo (en sus diferentes grados y variantes), ¿a qué simas de abyección moral puede llevarles la unión del brasileño con sus compatriotas del ataque y con el mismísimo Kylian? Estremece pensarlo.

Marca informa también de que Xabi Alonso seguirá entrenando al Bayern Leverkusen, al menos, un año más. Nos parece una decisión tan llena de sentido común, profesionalismo y lealtad como cabía esperar de Xabi. No ocultamos nuestro deseo de que, en un futuro tan lejano o cercano como las partes quieran, esas mismas virtudes puedan brillar desde el banquillo del Real Madrid.

El boom de Endrick -que en un pestañeo y a los diecisiete años ha marcado en Wembley y el Bernabéu con su selección para sin bajarse del avión marcar un gol decisivo con su equipo- ocupa la primera plana de As. Aclara el rotativo dirigido por Vicente Jiménez que O Novo Fenómeno no será cedido ni pasará por el Castilla a su llegada a Madrid este verano. El que no pase por el Castilla disminuye las opciones de que un aguerrido defensa del filial cholista le muerda la cabeza, si bien no le salvaguarda de los empellones, remoquetes e insultos de los falis y raíllos que en el mundo son, con la consiguiente connivencia arbitral. El color de Endrick ya es sobradamente conocido, por lo que sólo falta por saber si los ataques racistas de masas y medios que esperan a la vuelta de la esquina se seguirán concentrando mayoritariamente en Vinícius o también le tocará algo a él. El mantra insiste en que Vini es el único negro al que llaman mono ("algo habrá hecho", aseguran después las ratas que peroran), pero todos sabemos que no es cierto. Hay otros ejemplos en el pasado y en la actualidad.

Por lo demás, el Barça juega esta noche contra Las Palmas con la opción de recortar la distancia con el líder. Íbamos a escribir aquí alguna chanza sobre el negreirismo pero, dado que la actualidad nos está obligando a elegir entre negreiros y negreros (sin perjuicio de que algunos sean ambas cosas), nos hemos quedado sin fuelle para tanto.

Pasad un buen día.

Tras algunas declaraciones de estos días me resulta imposible no recordar algunas escenas de Django unchained, o Django desencadenado, como se distribuyó en España, aquel peliculón de Quentin Tarantino ambientado en la época de la esclavitud en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Samuel L. Jackson interpreta a otro de esos personajes secundarios tan potentes que se come por momentos al protagonista. Responde al nombre de Stephen y es el mayordomo del gran amo blanco Calvin Candie, personaje interpretado por Leonardo di Caprio.

- ¿Ha visto, amo? ¡Ese negro tiene un caballo!

- ¿Tú quieres un caballo, Stephen?

- ¿”Pá” qué coño quiero yo un caballo? ¡Yo lo que quiero es que él no lo tenga!

Stephen es el mejor defensor de los privilegios del patrón blanco, el que se comporta de forma más dura con los de su raza. Es el colaboracionista necesario, el mayor azote de los de su misma condición, quizás para negar a los de su raza que exista esa discriminación. Les asegura que el hombre blanco los maltrata porque no saben comportarse, no porque sean esclavos negros sin derechos. Para Stephen “Candie” el amo no es racista porque a veces le deja sentarse a su mesa y fumarse un cigarrillo.

Stephen “Donato” Candie le dice a Vinícius que no hay racismo en proferir el grito del mono, como le ocurría a él en su época de futbolista, que solo era una provocación, como llamarle “negro” con desprecio. Donato respondía con unas risas y seguía jugando, porque eso es lo que corresponde hacer como “buen negro”. Se permite incluso aconsejar al “negro díscolo” de Vinícius: “Puede solucionar su problema haciendo buenos partidos. Olvidar, cambiar de actitud”. Si te comportabas de ese modo, te dejaban sentarte en la mesa de los buenos, te daban la nacionalidad y hasta podías jugar con su selección. Suponemos que a Donato también le hacían mucha gracia los insultos de Jesús Gil y Gil o las amenazas de muerte del Frente Atlético a Adolfo “Tren” Valencia. No iban en serio, eran solo una motivación para que rindiera más en el campo. Al fin y al cabo, Valencia no había sido un negro ejemplar, Candie o cándido, como él.

Es el colaboracionista necesario, el mayor azote de los de su misma condición, quizás para negar a los de su raza que exista esa discriminación. Les asegura que el hombre blanco los maltrata porque no saben comportarse, no porque sean esclavos negros sin derechos

Stephen “Balboa” Candie aconseja a Vinícius que no se encare con los que lo insultan, que se dé la vuelta, agache la cabeza y meta tres goles. Quizás porque eso es lo que se espera de un negro bueno, que se le insulte y no deje que los ataques influyan en su rendimiento. Algo así como el Stephen de Samuel L. Jackson: el negro azotado y encadenado puede seguir produciendo, aunque sea considerado una piltrafa humana.

En Mississippi no había racismo ni esclavitud, como bien podría explicar Stephen Candie: bastaba con comportarse como un negro ejemplar para mantener unas condiciones de vida más o menos dignas. En España no hay racismo, porque Parejo te dice que a él también le llamaban borracho y se dedicaba a jugar al fútbol, que es solo parte de un juego y en ese juego entra la provocación. Luego debemos entender que el insulto racista es lícito, del mismo modo que lo era el latigazo de Stephen Candie a los de su misma raza.

El amigo blanco del patrón, Manuel Juliá, anima a Vinícius en el diario Marca a que practique el silencio, que experimente su valor, que “debe aprender” a agachar la cabeza y callar para no alimentar a los racistas. José Antonio Abellán, otro habitual de las fiestas del patrón, nos cuenta que no hay un problema de racismo en Mississippi porque ahí tienes a Stephen, míralo, él no se queja, es un negro dócil y lo tenemos integrado en el sistema. Y aparte de todos ellos están los encapuchados que aparecen en la película de Quentin Tarantino portando antorchas, con la diferencia de que en la realidad los medios de comunicación españoles actúan de modo ufano y a cara descubierta. Los Senabre, Cotino, Lluís Carrasco, Pedro Morata, Superdeporte y compañía que afirman convencidos que no hay mayor conflicto que el que genera el propio jugador, “un blanco perfecto” para sus ataques. Seguro que las leyes locales de Mississippi también ayudaban lo suyo y permitían ciertos latigazos porque se daban “solo durante unos segundos” y “en un contexto de máxima rivalidad”.

El verdadero problema es que Vinícius es un negro que monta a caballo. Y lo hace mejor que los blancos. Es Django desencadenado, es Jamie Foxx que escapa de la uniformidad, viste ropajes caros y se comporta del modo que no se esperaba (ni se desea) de uno de los suyos. Es el negro que no agacha la cabeza, se rebela contra el patrón y denuncia los ataques que sufre. Y los Stephen de la vida quieren que no monte a caballo. Lo quieren sumiso, cómplice, que cumpla con las normas imperantes.

Aunque sinceramente creo que lo que les mueve a actuar de ese modo no son las recompensas del patrón, sino la envidia. O la mala conciencia. Stephen quiere que Django deje de montar a caballo porque le enfrenta a su propio reflejo en el espejo. Le demuestra que otros tienen el coraje que él no tuvo para enfrentarse al poder establecido, al blanco cabrón que lo tiene sometido. Balboa y Donato piden a Vinícius que se calle, que agache la cabeza, siga rindiendo y no incomode al patrón, seguramente porque lo que más les duele es darse cuenta de que ellos mismos no tuvieron el valor de Vinícius para enfrentarse a los racistas que los insultaron durante su carrera, ni a los que quitaron hierro al asunto desde los medios.

Me gusta Django desencadenado, me encanta su final. Exagerado, salvaje, desproporcionado. La hacienda del patrón arde, es destruida por completo.  Los disparos de Django son certeros. Con lo que se reían de él al principio de la película. De su aspecto y de su puntería.

 

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Siento mucho comenzar este texto con una revelación que desencajará más de una mandíbula de pura sorpresa, pero Vinícius jamás ha acusado a España de ser un país racista.

Es más: en la rueda de prensa en la que derramó lágrimas históricas subrayó que no considera que lo sea. "España no es un país racista, pero hay gente que va a los estadios y sí lo es". Lo dijo de manera literal, por mucho que el lector de este artículo, probablemente, se entere de ello ahora.

¿Y por qué se entera de ello ahora? Muy sencillo: porque se le ha ocultado, y seguirá con toda seguridad ignorante de este extremo si no pasa por casualidad por este artículo de un medio muy querido por el madridismo (gracias), pero minoritario si se le compara las grandes cabeceras deportivas. Los medios deportivos tradicionales dieron buena cuenta de la rueda de prensa del brasileño, pero ninguno destacó la rotundidad de esas palabras. "España no es un país racista". Es una de las declaraciones más solemnes y  significativas que ha hecho jamás el brasileño, y sin embargo no se le ha dado bombo alguno, cuando no ha sido directamente silenciada.

¿Y por qué ha sido silenciada? Porque representa la muerte de la coartada perfecta contra Vinícius, es decir, la del chico como enemigo acérrimo, ingrato e irracional de la imagen de España o de España misma. Hasta el antimadridista más obtuso entiende que su antimadridismo no es razón presentable para abrazar el racismo -como en diferentes grados están haciendo tantos y tantos-, pero si le damos unos toques patrioteros al asunto podemos encontrarnos con que cuela.

Vinícius jamás ha acusado a España de ser un país racista. Es más: en la rueda de prensa en la que derramó lágrimas históricas subrayó que no considera que lo sea. "España no es un país racista, pero hay gente que va a los estadios y sí lo es"

Y vaya si ha colado. A base de hacer prevalecer la especie de que Vinícius crítica a España en su conjunto, lo cual como ha sido dicho es absolutamente falso, se ha homologado el acoso contra él, también el acoso racista, y han pasado a verse como conductas aceptables muchas que lindan con la xenofobia, la justifican de manera más o menos velada (los famosos "esto es inaceptable PERO")  o directamente caen en ella.

Cuéntame un cuento, Vini

Para blanquear la persecución contra el delantero, se ha dicho que acusó a toda Mestalla de ser racista (luego se vio que era mentira). Algo parecido se hizo con el Sadar, y hasta con la ciudad de Pamplona. O con la ciudad entera de Valencia. Lo cierto es que Vinícius jamás ha caído en esas generalizaciones, como tampoco en la más global de España. Pero se ha dado por hecho que su objetivo es desprestigiar aficiones, provincias, países. ¿En qué idioma tiene que decir que no pretende eso, sino luchar contra los indudables focos de racismo que existen en todos esos y en otros muchos parajes? Focos de racismo que, evidentemente, se ven reforzados cuando encuentran que la prensa, en lugar de ponerles a ellos en el foco, hacen lo propio con la víctima, presentándolo como el culpable muñidor de una presunta campaña contra el buen nombre local o la honra nacional.

Vinícius no habla de España porque España no es el tema. El tema es el bullying incalificable que sufre, el mediático y el sociológico, ambos con el pasmoso visto bueno de las instituciones

Vinícius no es un enemigo de Valencia, de Pamplona ni de España. La premisa es falsa, y es necesario que quienes la alientan sepan que nos damos cuenta de que lo hacen fraudulentamente. Se pervierte el debate, llevándolo a la eterna pregunta "¿Es España un país racista?", cuestión que muchos tratan de hacer pasar subliminalmente por la más aviesa y falaz "¿Tiene razón Vinícius al decir que lo es?" Pero Vinícius no dice nada de eso. Vinícius no habla de España porque España no es el tema. El tema es el bullying incalificable que sufre, el mediático y el sociológico, ambos con el pasmoso visto bueno de las instituciones. LaLiga no hace nada, como Río Ferdinand recordó a Tebas hace bien poco. La RFEF, a través de su corrupto estamento arbitral, ignora sistemáticamente la aplicación de protocolos antirracismo y antiviolencia en los campos. Cabe preguntarse incluso qué hace el gobierno de España cuando la mismísima Embajada de Brasil, un país supuestamente amigo, en territorio nacional, ha puesto el grito en el cielo. Nadie, absolutamente nadie hace nada, salvo dar por hecho que Vinícius es una amenaza para la reputación internacional de la patria, lo cual equivale a decir, salvando las distancias, que los niños ominosamente abusados en tantas y tantas latitudes constituyen un peligro contra el prestigio de la Santa Madre Iglesia. No, amigos. El desprestigio no lo produjeron precisamente los niños abusados.

Vinícius y el Madridismo pigmeo

Si Vinícius fuera un enemigo de España y sus quejas tuvieran fundamento (como la tienen), dicha condición de enemigo no le quitaría la razón. Pero es que encima no lo es. Nadie hará un titular con esto, pero yo, en mi modestia, voy a volver a subrayar que lo dijo y que, por tanto, ya desbarató la coartada. La única coartada que le queda al racismo es el racismo mismo, o bien el antimadridismo que despierta tanto racismo solapado.

Vinícius Jr.: "España no es un país racista, pero hay racistas que van a los estadios".

 

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El Real Madrid no puede explicarse sin tres protagonistas que le otorgan su indiscutible relevancia histórica: Santiago Bernabéu, Alfredo Di Stéfano y la figura de Juan Gómez, Juanito. La visión del gran presidente elevó al club a una nueva dimensión; el impulso del hispano-argentino colmó las vitrinas de títulos; y la energía de Juanito, de cuyo fallecimiento se cumplen 32 años el próximo martes, dotó al equipo de una fuerza casi mística que sostiene su principal valor: no rendirse jamás.

Por ello, en estos días en los que recordamos su adiós, queremos hacerlo con un extracto del libro Historias de las míticas remontadas del Real Madrid (Almuzara) que, como no podía ser de otra manera, glosa su legado para tratar de explicar su irrepetible espíritu.

Juanito Real Sociedad Celayeta

"Vivió deprisa y a corazón abierto. Un futbolista con un carisma especial, explosivo, sincero hasta el derroche, inolvidable compañero. De espíritu travieso y talento arrollador, capaz de saltar por los aires cualquier plan establecido. El filo de la navaja era su hábitat natural. Así era Juanito. Hoy ausente, siempre vivo.

Juanito fue uno de los últimos fichajes de Santiago Bernabéu. El dirigente ansiaba traer a un futbolista que despertara de nuevo la ilusión entre la afición, que sacudiera el estadio, pues el equipo no atravesaba su mejor momento. Quería un «nuevo Amancio». Y acertó de pleno.

El de Fuengirola era el tipo de jugador que alteraba el guion de los partidos. Un estratega de la improvisación cuya técnica y cambio de ritmo le hubieran convertido en diferencial en cualquier época. El fútbol de Juanito fue útil y bello a un tiempo. Estético, imaginativo, punzante, de sus botas nacía un arte no exento de mortífera efectividad. Porque, no nos engañemos, cada finta, regate o taconazo sólo tenía un objetivo para Juanito: ganar. El lucimiento era consecuencia, nunca causa de su juego.

En lo emocional, arrastraba a sus compañeros y al público. Vivía los partidos inflamado de pasión y cargado de una conexión única con el Madrid, hecho que cautivó a la mayor parte del graderío blanco. Juan era su extensión en el campo, pero con el talento de un genio en las botas. Su único estimulante, la camiseta blanca. «Pasamos mucho tiempo en la Ciudad Deportiva», recuerda su hijo Roberto Gómez, «y veíamos cómo le quería la afición, los compañeros y la gente del club. Mi padre era puro Real Madrid y nunca le hizo falta ni una palabra para que heredásemos su sentimiento».

Durante sus diez años como portador del icónico 7, Juanito coincidió con dos exitosas generaciones. En la primera, integrada por jugadores españoles (Del Bosque, Pirri, los García…) y sólo algunos fichajes extranjeros de renombre, como Cunningham o Stielike, formó una pareja inolvidable con Santillana. Se entendían sin mirarse; eran mecha y dinamita, garra y gol. Esencia del fútbol de entonces. Ya en sus últimos años convivió con el poderoso nacimiento de La Quinta del Buitre, que trajo consigo a su digno heredero. Juan entendió el momento, no se escondió ante las críticas hacia los veteranos y, gracias a su calidad y visión de juego, incluso retrasó su posición para jugar de excelso centrocampista adelantado.

Con La Quinta protagonizó las remontadas de las dos Copa de la UEFA, destacando junto a Camacho como principales motivadores. Ríanse de los coaches de ahora. Su personalidad podría definirse con las palabras utilizadas por Estrabón para enjuiciar la de los galos: «Es belicosa, se enardece fácilmente y no tarda en presentar batalla». Ese era Juanito, imprescindible en aquellas noches mágicas que él mismo se encargó de prologar en 1980 ante el Celtic.

Idolatrado, temido, odiado… el de Fuengirola nunca pretendió ni resultó ser uno más. Todo lo hizo a lo grande. Como símbolo del Real Madrid, fue objeto y diana de las iras rivales, especialmente entre las aficiones del norte de España y de Barcelona, donde nunca perdonaron su frustrado fichaje. Sin embargo, en justo reconocimiento al gran enemigo, la grada de San Mamés le despidió en pie en su último partido disputado allí con el Madrid.

Juanito en Hyde Park

El objetivo de Juanito, una vez colgadas las botas, estaba claro: entrenar al Real Madrid. «Para él, ganar la Copa de Europa que no consiguió como futbolista desde el banquillo del Madrid hubiera sido la gloria», asegura Roberto. Inició el camino en Mérida, antigua ciudad romana fundada por orden de Augusto para licenciar a los soldados. Qué mejor destino. El equipo, como él, era descarado y atrevido hasta la temeridad.

Su corazón le guiaba y su corazón se lo llevó. No pudo reprimirse de ver a su Madrid contra el Torino y, en un trágico accidente en la madrugada del 2 de abril de 1992, se fue Juanito y nació su inmortal espíritu. Desde entonces, El Cid Blanco consigue que los madridistas miren al menos un par de veces el reloj en todos los partidos del Bernabéu buscando el minuto 7, el momento de Juanito Maravilla. «El hecho de que en situaciones complicadas el mejor equipo del mundo recuerde la figura de mi padre es lo más grande», reconoce Roberto emocionado, y añade: «Mi padre, donde esté, no podría estar más orgulloso»”.

 

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Cuando uno se enfrenta a un problema en la vida, su actitud para resolverlo puede ser proactiva o evitativa. Esta última es la forma más frecuente. La evitación es una estrategia de autoprotección contra la ansiedad que genera ese problema. Pero a su vez es una conducta desadaptativa, es decir, no resuelve nada. Enquista. No ayuda a crecer como persona, ni aporta al crecimiento de la sociedad.

Hay varios mecanismos de evitación, entre ellos está el pensamiento evitativo, en el que la persona que tiene el problema construye argumentos propios para evitar pensar en la solución real que requiere.

Por ejemplo, tal y como él mismo ha explicado, cuando Donato jugaba y era insultado por su color de piel pensaba para sí que no se trataba de insultos racistas, que era solo rivalidad deportiva. Ese era su pensamiento evitativo.

El pensamiento evitativo de Javier Balboa cuando jugaba era dejar que todo pasase, no hacer nada y dedicarse a marcar goles, "porque estas situaciones han ocurrido toda la vida en el fútbol".

Hay que ser valiente para afrontar un problema en general, y hay que ser muy valiente para afrontar el problema del racismo en el deporte (cuando eres una estrella mundial), en particular. Lo más fácil para Vinicius Jr. sería despreocuparse, dejar pasar todo esto y ser un negro más al que insultan. Él es millonario. Que se preocupen otros. Que se expongan otros.

¿Qué más le dan a él los problemas sociales? Qué le vamos a hacer si el mundo está así? Como si nada pudiera cambiar. Como si no se pudiese hacer nada para solucionarlo y tuviéramos que resignarnos a la fatalidad del destino.

Pero Vinicius Jr. ha decidido que no quiere evitar el problema. Por él mismo y por todas las personas negras. Hay que ser mezquino para asimilar este comportamiento con una conducta infantil, egocéntrica o provocativa. O incluso pensar que es por rédito económico. Solo porque Vinícius no juega en tu equipo.

No deberíamos buscar excusas para sentirnos mejor por no afrontar el problema del racismo.

Hay que tener valor. Vinicius Jr. lo tiene. ¿Y tú?

Vinícius, no cambies nunca

Buenos días, amigos. En la revista de prensa que es el portanálisis vamos hoy a prestar atención a manifestaciones públicas de periodistas que se han significado como eminentemente racistas. No salen en las portadas, que consignaremos al final, pero tienen la importancia necesaria para que conste en este catálogo de primavera su pútrida existencia en este mundo.

No calculábamos esto, amigos. No calculábamos nunca que íbamos a tener que convertir La Galerna en un instrumento de denuncia de periodistas xenófobos, pero no es nuestra culpa si el destino nos ha encomendado misión tan onerosa. Nunca pensamos que había tanto y tan repugnante racismo sociológico y mediático. Estamos en estado de shock ante la magnitud y la profundidad de la miseria humana que se está manifestando a raíz de la histórica rueda de prensa de Vinícius. En lugar de dar lugar a una reflexión sosegada, a un conmovido examen de conciencia, dicha intervención pública del futbolista afectado por el bullying y el racismo de las masas ha dado rienda suelta a lo peor de cada una de esas almas, obturadas por el odio. Se han sentido señalados y, lejos de abrazar el necesario propósito de la enmienda, han reaccionado al escozor con manifestaciones que acarrean tal ruindad, tanta incultura, semejante falta de sensibilidad y salvaje indecencia, que las ganas de llorar constituyen el sentimiento mas edificante de cuantos nos gobiernan en este momento tan oscuro. Estamos consternados, horrorizados, como jamás pensamos que llegaríamos a estar cuando hace casi nueve años echó a andar La Galerna. Y profundamente avergonzados de ser compatriotas de gentuza que puntúa así de alto en la escala de la inhumanidad.

Hay muchos grados de racismo, desde el que profiere el insulto o el ruido gutural hasta el que justifica el grito (invariable, cínicamemte dice no justificarlo, para a continuación poner la culpa sobre la víctima, que es Vinícius). Toda esta tipología se da en la sociedad, lo cual ya es grave y chocante, pero también en los medios, lo que ya es descorazonador. Por no hablar de compañeros de profesión de Vinícius como Parejo, que ha dicho que no se queje Vinícius que a él le llaman borracho y no pasa nada. Sin perjuicio de que, en efecto, Parejo haya hecho esas declaraciones a las siete de la mañana en un after, no entender la diferencia entre un insulto random y otro que se refiere al color de la piel del insultado es justamente en lo que consiste el racismo. Parejo es, pues, racista, y nos avergüenza como humanos pisar el mismo suelo que él. Como madridistas, nos avergüenza que haya vestido nuestra camiseta.

Pero estábamos en el ámbito periodístico, donde en las ultimas horas hemos tenido que aguantar retuits racistas de Dani Senabre, justificaciones baratas de los ataques a Vini por parte de Mónica Marchante o incalificables dudas sobre lo genuino de las lágrimas de Vini por parte de racistas como Pedro Pablo Parrado. Sí, racistas, porque afirmar siniestramente que Vini es "un buen actor" después de verle derrumbarse así es la materia misma de la que está hecho el racismo. Esa insensibilidad extrema, esa carencia absoluta de empatía, es el corazón mismo de la xenofobia.

Parrado no ha sido el único que se ha permitido dudar de la sinceridad de las lágrimas de Vinícius. El impresentable periodista valenciano Nacho Cotino, en una editorial en la televisión que le paga, se ha preguntado por la contraprestación financiera de las lágrimas del delantero. Cotino tiene un largo historial de racismo puro y duro, sin ambages, aparte de alguna oscura obsesión animalística. Sirve además de ejemplo para refutar esa idea que circula por ahí según la cual Vinícius es el único deportista de color que ha sufrido racismo en España. No lo es. Lo sufrieron antes Roberto Carlos, Rudiger o los destinatarios de las perlas de este sujeto que increíblemente, a día de hoy, sigue teniendo un puesto de trabajo.

Por cierto, existe otro medio valenciano que no sabemos si tiene alguna relación con el que da cobijo a Cotino. No nos sorprendería que así fuera. Nos referimos al medio parafascista Mediterráneo Digital, que se permite cosas como esta (como si los relojes caros aislaran del odio y el racismo).
Luego están los que no insultan de manera racista directamente, pero se escudan en la protección de la imagen de España, que no quieren que parezca racista, para convertirse asimismo en racistas también. Conviene dejar claro algo que poca gente ha resaltado. Una de las cosas que Vini subrayó en su famosa comparecencia es que "España no es un país racista". Tomarse todo esto como si Vinícius fuese un enemigo de España, empeñado en desacreditar la marca del país, es por tanto un error interesado, en el mejor de los casos. España no es racista, dijo Vini, pero España tiene racismo. Negar eso es favorecer eso focos de racismo. Culpar a Vinícius de lo que le sucede es ponerse del lado de esos focos de manera aún más clara.

No, no estábamos preparados para tener que hacer frente a esta dialéctica de chichinabo. El tema no es si España es racista o no. Eso es desviar el debate interesadamente a terrenos patrioteros. Y luego está ese argumento vergonzante, que trasciende a Abellán, y que por desgracia vemos por doquier, según el cual el hecho de que otros negros no sean víctimas de insultos racistas demuestra que los insultos que sufre Vinícius no lo son. Primero, ya hemos dicho que es mentira que sea el único que los sufre. Segundo, ¿acaso es necesario insultar a todos los negros que han sido o son para que tu insulto sea racista? Qué mapa mental tan fundamentalmente malvado se esconde detrás de decir eso. Cuánto nos recuerda a cosas que creíamos superadas en esta sociedad.

-Había otros concejales a los que podían haber matado, pero fíjate que sólo mataron a ese. ¿Por qué será? ¡Algo habrá hecho!

-Había ocho chicas en minifalda pero sólo violaron a esa. Qué casualidad. Ella se lo buscaría.

Luego está lo de "No es racismo, sólo buscan molestarle". Nos ha jodido, si se nos permite la expresión. Claro que buscan molestarle. Eso, molestar a la víctima, es lo que persigue el racismo desde que existe. Pretender que haya que buscar la motivación a unos gritos guturales en una grada, cada vez que un negro toca el balón, es ya racismo. Lo que corresponde es condenar los gritos, y ya, sin ningún pero. A ver si ahora vamos a tener que pagar una sesiones de psicoanálisis a todos esos cafres profundos para dilucidar si en realidad son racistas o no, cuando sus manifestaciones externas son de racismo de manual, y eso es lo que cuenta.

En fin. Estamos demasiado asqueados, demasiado consternados, para seguir.

Os dejamos con las portadas del día.

Pocas cosas me divierten más que la conspiranoia, si bien no me considero en absoluto permeable a sus teorías, sobre las que soy escéptico por muy atractivas que me resulten. Ya saben, desde esas que sostienen que el propio Partido Demócrata estadounidense está detrás del asesinato de Kennedy a aquéllas que niegan que el hombre llegara realmente a la Luna. En favor de esta última hay que reconocer que hay material videográfico dirigido por Stanley Kubrick que simulaba una alunizaje del Apollo 11, aunque es igualmente cierto, por mucho que le pese a Iker Casillas, que ha sido revelado en varias ocasiones por la NASA que su publicación era un plan B en caso de fracaso del proyecto Apollo. Ya saben, cosas de la (fascinante) carrera espacial y la Guerra Fría.

Por todo lo anterior permítanme excluirme de la categoría de orate y elaborar mi propia teoría conspiranoica sobre el fútbol español en la actualidad. Comencemos por exponer los hechos indiscutibles e indiscutidos:

- El Fútbol Club Barcelona está en una situación financiera en extremo precaria, sin entrar a valorar sus causas.

- Ese mismo club de fútbol está inmerso en el mayor escándalo de la historia del fútbol español y, posiblemente, mundial, merced a, por lo menos, 17 años de pagos al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros de la Federación Española de Fútbol. A efectos puramente ilustrativos podríamos recordar que el juez que instruye este asunto se refirió al papel del Fútbol Club Barcelona en el mismo empleando los términos “corrupción sistémica”.

Anatomía de un Negreirato: Capítulo 4

- El Presidente de España depende, para prácticamente todo en esta legislatura, de los votos en el Congreso de los Diputados de los políticos independentistas catalanes, movimiento cuya importante, si no principal, bandera es el Fútbol Club Barcelona. Hasta el momento, el actual Gobierno de España ha indultado a los culpables de los crímenes cometidos en 2017 en Cataluña, así como ha aprobado una ley de amnistía para aquéllos encarcelados por la comisión de esos delitos.

- En paralelo, el seleccionador nacional de España en categoría absoluta, a sueldo de la Federación Española de Fútbol, de la que también depende el Comité Técnico de Árbitros, se dedica a convocar para aquélla a jugadores del Fútbol Club Barcelona. Esto no tendría nada de particular, en tanto en cuanto ese equipo es, por palmarés, un equipo muy destacado a nivel no sólo nacional, sino mundial. Lo llamativo es la tendencia mostrada por el seleccionador español a convocar a jugadores recién salidos de la cantera de ese equipo y que tan sólo acaban de comenzar su andadura en la élite. Son futbolistas, en muchos casos menores de edad, que están mostrando un rendimiento bastante digno, pero que no parecen haber acumulado méritos suficientes como para estar incluidos entre los mejores jugadores de España. Por supuesto, esto último no es demérito suyo, sino que es achacable a motivos puramente cronológicos. No les ha dado tiempo aún a mostrar lo buenísimos que son o que pueden llegar a ser. Aún así, Luis de la Fuente los convoca, no se sabe si por prestaciones o por potencial.

- Es un hecho constatable que la convocatoria de un jugador para su selección nacional redunda en un mayor grado de exposición del futbolista y un aumento en su valor de mercado.

Con los anteriores hechos encima de la mesa, elaboro la siguiente teoría:

El Fútbol Club Barcelona no va a padecer consecuencias perniciosas del caso Negreira, pues el sobreseimiento, archivo o resolución judicial que le permita salir indemne de tamaño escándalo será una de las condiciones que imponga el movimiento independentista catalán al actual Gobierno de España a cambio de sus votos afirmativos en el Congreso de los Diputados. La Federación Española de Fútbol ha instruido al seleccionador nacional absoluto español para que convoque de manera inmediata a cuantos jugadores jóvenes salgan de las categorías inferiores del Barcelona y comiencen a jugar con el primer equipo, de manera que su valor de mercado se multiplique y su club comience a recibir ofertas por ellos muy por encima de su verdadero valor. Así, el beneficio neto del Barcelona será altísimo, pues saca cantidades importantes por activos que no le han costado apenas nada, convirtiendo una cantera bastante buena, aunque no tanto como nos quieren hacer creer, en una gallina de los huevos de oro. Todo este proceso contará con la aquiescencia, cuando no apoyo activo, de la Liga de Fútbol Profesional, que no puede permitirse perder un activo devaluado, pero aún importante para su negocio.

El Fútbol Club Barcelona no va a padecer consecuencias perniciosas del caso Negreira, pues el sobreseimiento, archivo o resolución judicial que le permita salir indemne de tamaño escándalo será una de las condiciones que imponga el movimiento independentista catalán al actual Gobierno de España a cambio de sus votos afirmativos en el Congreso de los Diputados

La lección a extraer de esta teoría es que, al menos en España, no parece importante hacer las cosas bien o mal, cumplir con la legalidad o incumplirla, actuar con la diligencia de un buen empresario o convertirse en un trasunto barato del Lobo de Wall Street arrojando billetes a la calle. No hay consecuencias, especialmente para quien no actúa bien, y eso, estimados galernautas, sólo puede denominarse descorazonador.

 

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Buenos días. Pues como lo leen, amigos lectores, y ello se refleja en las portadas de los dos diarios deportivos madrileños: el seleccionador nacional, también conocido – gracias, Pepe Herrero – como Lluís de la Font por su querencia hacia los talentos o, simplemente hacia los futbolistas que salen de La Masía, ese mismo que casi se fracturó ambas manos aplaudiendo a su entonces jefe, Luis Rubiales, en la célebre mañana del “¡No voy a dimitir!”, resulta que sintió vergüenza – repetimos, sintió vergüenza – porque al capitán de La Roja, Álvaro Morata, se le despidió cuando fue sustituido por Mikel Oyarzábal con una sonora pitada por parte de buena parte del público presente.

Es decir, que este señor, de dudosos méritos para dirigir a la selección, siente vergüenza por una pitada tras una lamentable actuación deportiva de su capitán, que no dio una a derechas durante el amistoso España-Brasil, mientras que este mismo señor no tuvo ningún pudor al ovacionar a su corrupto jefe, delante de decenas de cámaras, tras su lamentable comportamiento en la final del Mundial femenino disputado en agosto pasado en tierras australianas.

De la Font, si fuese medianamente honesto, también podría haber declarado tras el partido que había sentido orgullo al ver que ese mismo estadio, que había silbado a Morata, también se había puesto en pie para despedir a Lamine Yamal con una atronadora ovación tras su gran actuación ante la Canarinha, con la que el Bernabéu dejaba sus supuestos colores bufanderos al premiar a la joven estrella barcelonista. De la Font, como siempre, se mete en numerosos charcos (Sergio Ramos, Rubiales, Brahim…) de los que no sabe salir. Morata fue pitado por su mal partido y Lamine fue vitoreado por su gran partido, no tiene usted que ver, Luis de la Fuente, más allá de esos dos hechos. Aunque luego deje caer que la música de viento que recibió el capitán (“hay que dejar aparte los colores de los clubes, y eso es un trabajo de la prensa”, declaró) fue porque los seguidores madridistas presentes en el estadio se quisieron cebar con el ariete titular de España. Por cierto que, pese a los insistentes gritos del público reclamando la presencia de Joselu en el campo, el seleccionador decidió sustituir a Morata por Oyarzábal, que no es un delantero centro al uso.

Curiosamente, las dos portadas de los deportivos catalanes sí se centran únicamente en Lamine y en el hecho de haber sido despedido como un emperador romano del recinto merengue. Está claro que a Sport y al diario del Conde de Godó, Grande de España, les importaba un comino el amistoso de anoche, pero les vino de perlas que su más reciente ídolo fuera encumbrado a los altares precisamente en el feudo del peor enemigo de su amado club, el FC Barcelona. “Laminho” en uno de esos dudosos juegos de palabras que de vez en cuando nos agasaja Mundo Deportivo. “El Bernabéu ovaciona a Lamine” tiene algo más de clase que el de su vecino de ciudad. Ni Mundo Deportivo ni Sport hablan de la infantil pataleta de De la Fuente, para que vean lo poco que les importa dicho comentario, y eso que podrían haber aprovechado dicho velado dardo para atacar, como tienen por costumbre, al madridismo.

En materia puramente futbolística, el encuentro España-Brasil estuvo entretenido, fundamentalmente por la flojedad de ambas líneas defensivas. Llama la atención que Marca reconozca que “el árbitro regala dos penaltis a La Roja”. Cómo debieron ser ambas acciones, una sobre el héroe Yamal y otra sobre Dani Carvajal, para que un diario tan patriota y tan escasamente imparcial como Marca - cuando se trata de valorar a la selección española, obviamente – escriba en portada que ambos penaltis solo existieron en la mente del colegiado portugués, criado tal vez en los alrededores de la Ciudad de Las Rozas.

Una parte fue para cada equipo, y hubo bastante crispación en ambas selecciones: el empate fue justo finalmente. Destacaron por España las actuaciones del citado Yamal, de Rodri y de Dani Olmo (que marcó un golazo en el mismo escenario donde hace 3 semanas falló claras ocasiones, a Dios gracias, con su Leipzig en la vuelta de octavos de Champions), mientras que por Brasil el mejor con diferencia fue Rodrygo Goes, aunque llamó mucho la atención el idilio que tiene el futuro madridista, Endrick, con el gol, como ya mostró hace 3 días en Wembley ante Inglaterra. Empató a 2 fusilando sin piedad a un atónito Unai Simón, prácticamente en su primera intervención de la noche.

Vinicius Jr. no tuvo su mejor noche, quizás le pudo la ansiedad de las horas previas vividas tras su histórica rueda de prensa, que esperemos marque un antes y un después en su denodada lucha contra el racismo y contra el bullying que recibe por parte de muchas aficiones rivales – solo en España - y de despiadados medios de comunicación y de infames periodistas – solo en España también -. No brilló como suele en el terreno de juego, aunque sí que recibió una enorme ovación con el estadio, su estadio, en pie, al ser sustituido.

Pasen un buen día, queridos lectores, y mucha prudencia en la carretera para los que disfruten de estos días de Semana Santa.

El poeta Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es sin lugar a dudas el más prestigioso entre nuestros poetas actuales y, obviamente, es madridista. Por méritos y señorío, es el poeta que representa más el sentido épico de nuestro club. El escritor matritense es madridista de cuna pues su padre lo hizo socio de niño y le inculcó, tal y como le contaba en una entrevista estupenda a nuestro director Jesús Bengoechea un madridismo “profundo pero no sectario”. Aunque con los años su forofismo se ha calmado, confesaba en dicha entrevista que de niño si el Madrid perdía se iba enfadado a la cama.

Luis Alberto de Cuenca posee todos los premios literarios que verdaderamente importan: el Premio Nacional de Traducción (1989) y el Premio Nacional de Poesía (2015) subrayan al poeta y al traductor, pues de formación clásica, como filólogo ha traducido a autores del mundo grecolatino como Calímaco, Eurípides u Homero y a otros del medievo europeo Guillermo de Poitiers o Geoffrey de Monmouth, entre otros.  Además de su actividad en el CSIC, Luis Alberto de Cuenca ha desempeñado labores de gestión pública como la de director de la Biblioteca Nacional de España (1996-2000) o secretario de Estado de Cultura (2000-2004). Por su último poemario El secreto del mago acaba de ser galardonado el pasado junio con el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma.

Pocos madridistas pueden presumir de haber sido testigos de las 14 Champions del club. A los seis años un infante de 6 años supo de la primera Copa de Europa. De hecho la sexta le alcanzaría con 16 años y a buen seguro que al adolescente poeta le marcaría la hazaña del Madrid de los yeyé. Aquellos chicos jóvenes españoles tenían la difícil tarea de tomar el relevo del mítico Madrid de Di Stéfano, equipo de leyenda que arrasó en Europa y que forma parte del Olimpo del fútbol mundial. El Madrid de los yeyé dominó la contienda nacional llegando a ganar nueve veces la Liga, cinco de forma consecutiva. De aquel once que se proclamó campeón de Europa frente al F. K. Partizan destacaban Sanchís en defensa, Pirri en la medular y una delantera de quilates con Amancio Amaro, Ramón Grosso, Velázquez y Paco Gento, superviviente del Madrid histórico de Di Stéfano. 32 años tardó el Real Madrid en ganar su séptima Copa de Europa con aquel gol del montenegrino Predrag Mijatović que renovó la leyenda del Madrid aquella noche del 20 de mayo de 1998 en Ámsterdam.

Dentro del madridismo siempre hay una división entre los guardianes de las esencias y los vanguardistas. Como suele pasar en instituciones de tanto fuste, alrededor del madridismo pululan debates eternos sobre qué jugadores y entrenadores representan mejor a nuestro club. Para algunos la quinta esencia del madridismo se refugia en Pirri y Camacho mientras que para otros en Juanito. En los últimos años, pasaba algo así entre los partidarios de Iker Casillas y José Mourinho. Todo estaba inflado por la prensa afín a la Selección de fútbol de España de Vicente del Bosque también conocida como La Roja. El entrenador salmantino llevaba años dando la espalda al club que le dio todo en el mundo del fútbol y se manifestaba particularmente hostil contra Florentino Pérez. Tanto es así que, en mi opinión, Vicente del Bosque llegó a faltar al respeto a la institución al rechazar la Medalla de Oro del Real Madrid. En su momento fue un escándalo. En contraposición a estos personajes aparecía siempre el nombre de José Mourinho. Durante las tres temporadas que duró la etapa del entrenador luso la prensa española se empeñaba en envilecer su figura llegando a justificar agresiones de otras aficiones al club de Concha Espina como reacción.

En asuntos tales siempre sale el asunto del señorío y se tachaba a Mourinho de poco ejemplarizante. Cuando a Luis Alberto de Cuenca se le preguntaba al respecto respondía: «En Mourinho había algo de pelea, de trinchera que a mí me fascinaba. Era un héroe de tebeo. Me encanta Mourinho porque en el fondo me gusta la incorrección. Yo que soy un experto de caballería le aseguro que Mourinho le dio a la caballerosidad una dimensión moderna». ¡Caray! Resulta que el autor del poema Political Incorrectness (que Loquillo convirtió en canción) se sitúa del lado del madridismo que reconoció en la etapa de Mourinho una reconstrucción total y que a la postre sirvió para conquistar las victorias de la última década. Como madridista me agrada saber que en la biblioteca sentimental de Luis Alberto de Cuenca siempre hay espacio para los héroes del madridismo entre Homero y la princesa Leia. Alabado sea el poeta.

 

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