Las mejores firmas madridistas del planeta

Quién no ha circulado por Los Ángeles de copiloto en un coche con Samuel L. Jackson al volante y un tipo llamado Marvin en el asiento trasero, todos sin cinturón de seguridad. Quién no ha ido charlando de lo divino y de lo humano con ese conductor, en un momento dado se ha girado hacia la parte posterior y se le ha disparado la pistola provocando un terrible desaguisado. Ya habrán adivinado que escribo irónicamente, no les veo capaces a ninguno de ustedes de verse involucrados en una circunstancia tan peligrosa como montar en un coche sin abrocharse el cinturón de seguridad.  Todos —deseo— dirán que no han vivido nada ni remotamente similar, pero situaciones parecidas se suceden en las películas de Quentin Tarantino por improbables —afortunadamente— que sean en la vida real.

John Travolta en Pulp Fiction

Igual de improbable en la vida real, en este caso para bien, es la obra y milagros del Real Madrid en la Champions. En los últimos diez años ha llegado a seis finales de Copa de Europa y ha ganado 5, todas las posibles porque la sexta aún no se ha disputado. Es difícil encontrar un caso similar en otro deporte de un club de tal envergadura. Principalmente porque no existe ninguna entidad con la relevancia y magnitud del Madrid.

Este hecho, entre otras cosas, acarrea dos consecuencias: la primera es un inmenso placer y disfrute de los madridistas, y la segunda es una peligrosa habituación.

El acostumbramiento es una ventaja evolutiva de los seres humanos gracias a la cual podemos adaptarnos a diferentes situaciones y hábitats, en ocasiones extremadamente difíciles, para poder seguir vivos y reproducirnos. Sin embargo, del mismo modo que uno se acostumbra a lo malo, también se acostumbra a lo bueno.

Ganar tanto acarrea dos consecuencias: la primera es un inmenso placer y disfrute de los madridistas, y la segunda es una peligrosa habituación

Después del desempeño que ofrezca el Madrid en Wembley y del juego que despliegue el Borussia, lo anterior es el principal miedo que sufrimos los aficionados, tememos que nos hayamos acostumbrado a ganar y no se compita con la tensión que requiere una final de Champions, sea contra quien sea. Llegados a este punto, conviene no olvidar que el Dortmund no tiene nada de equipo de medio pelo, tal y como quiere hacernos creer el antimadridismo.

Es una inquietud inevitable, por mucho que sepamos que en el club no hay nadie confiado, que el presidente se ha encargado de repetir por enésima vez a los jugadores la importancia de una Champions, que Ancelotti y su equipo han preparado hasta el último detalle y han alertado de todos los peligros de los alemanes, que los futbolistas solo piensan en una cosa: ganar.

Pero el pavor está ahí, porque a menor escala nos ha pasado a todos, por más que nos hubiéramos prometido que no nos sucedería.

Quién no ha circulado por Los Ángeles de copiloto en un coche con Samuel L. Jackson al volante después del suceso ocurrido con Marvin, ha necesitado una solución y ha terminado en casa del propio Tarantino. Después, este ha telefoneado al señor Lobo, que se encontraba a 30 minutos de allí, ha dicho que llegaría en 10 y se ha presentado en 9 y 37 segundos. Quién no ha seguido las instrucciones del señor Lobo y tras resolver el descalzaperros del vehículo no ha sentido la tranquilidad y la relajación del trabajo bien hecho.

Coche del señor Lobo

El Madrid se ha enfrentado a retos igual de complicados que John Travolta y Samuel L. Jackson en esa historia de Pulp Fiction, salvando las distancias, no se alarmen, la trama del coche es una obra de ficción, como su propio título indica. Además de la fase de grupos, los blancos han superado tres escollos complejísimos.

El Leipzig, equipo alemán bastante inferior —según los expertos—, no anduvo lejos de condenar a los merengues a seguir el resto de la Champions por televisión, experiencia que debería servir para esta final. Después, se superaron dos cimas muy arriscadas cuando parecía imposible, una vez más, llegar a la cumbre.

Todos tememos que la suma de las cinco recientes Champions, las eliminatorias milagrosas superadas en esta y un rival que, aunque muy peligroso, no es un City o un Bayern pueda inducir al equipo la tranquilidad y la relajación del trabajo previo bien hecho.

Ahí entra en juego otra vez el señor Lobo para asomarse al coche, felicitarnos por nuestra labor y advertirnos, con sus palabras, de que no caigamos en la autocomplacencia. La primera fase está lista, ahora queda la segunda.

Resta conducir el coche hasta el desguace de Joe para deshacerse de él, terminar de resolver el problema y entonces sí celebrarlo.

A los de Ancelotti les ocurre algo similar, primera fase: llegar a la final, lista. Muy bien, pero no deben caer en la autocomplacencia todavía. Ahora queda la segunda fase: ganarla. El Madrid ha llegado a la cumbre, pero allí arriba ha de vencer y tiene que descender indemne con la 15 en las manos para que, previo paso por Cibeles, sea colocada por Florentino en el museo. Clanc.

No empecemos a... todavía.

 

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Buenos días, señoras y señores pasajeros, y bienvenidos al vuelo RM1415 con destino a la gloria y escala en Londres. La escala en la capital británica se prolongará durante al menos 90 minutos, existiendo la posibilidad de que se extienda hasta los 120. No se descarta incluso que sea necesario repostar al final de ese tiempo, por lo que este interludio en su vuelo a la gloria podría prolongarse aún más, dependiendo de cuántos lanzamientos de repostaje se hagan necesarios. Caso de no tener éxito en la aplicación de los protocolos preceptivos en dicha escala técnica, el destino final podría no ser la gloria, previéndose una desviación del rumbo marcado en dirección a la mierda. Recen por tanto sus oraciones, persígnense, y no coqueteen con la azafata que no estamos en una despedida de soltero rumbo a Ibiza.

Portada As

Les saluda el comandante Florentino Pérez. Tomen asiento, abróchense los cinturones y no se desabrochen nada que no trajeran ya abrochado al embarcar, incluida la prudencia. No den por hecho que la escala en Londres saldrá bien. Tampoco queremos ser alarmistas, porque tenemos argumentos de sobra para solventar el entuerto con posibilidades de éxito, pero toda cautela es poca.

Llevamos días escuchando por doquier que la escala en Londres es pan comido. Por supuesto, no lo es. Se trata de una estrategia urdida por las aerolíneas rivales (es decir, todas las demás) para que en caso de no poder llevarse a cabo se establezca como verdad histórica un trauma sangrante, y para que en caso de ejecutarse con éxito la escala se reste todo mérito a la pericia de nuestro piloto y de toda la tripulación. Pero todos sabemos que... ¿perdón?

Disculpen la interrupción para un breve llamamiento. Pasajero Gerard Piqué. Repetimos: PASAJERO GERARD PIQUÉ. Comuníquese con la tripulación de cabina, por favor. Hay en el finger unos señores de la Interpol que nos indican que el vuelo no puede despegar con usted a bordo. Se le acusa de mover los hilos de gran parte de la corrupción futbolística española mientras acusaba a otros de ser quienes los movían. Además, ¿qué demonios hace usted en este vuelo?

Portada Marca

Gracias por entregarse a la justicia, pasajero Gerard Piqué. Tenemos no obstante otro llamamiento antes de despegar. Pasajero Rodrygo Goes. repetimos: PASAJERO RODRYGO GOES. Nos parece muy bien que tenga en alta estima las bondades de otras aerolíneas, pero este vuelo es demasiado importante como para no tener la mente cien por cien donde tiene que estar. Cuando aterricemos en el destino final, que es la gloria, haga usted con su vida lo que estime oportuno. Ahora, si no va usted a sumar para la causa pase usted a bodega junto a los equipajes.

Preparados para el despegue. Permanezcan con los cinturones abrochados y la ilusión que restalla en sus rostros absolutamente intacta. Asegúrense de que las persianas de sus ventanillas están subidas. Nunca hemos tenido la menor idea de por qué esto es tan importante, hasta el punto de despertar a los pasajeros para que las suban, pero qué le vamos a hacer.

Ceballos y Jeremy

A quien no vamos a despertar es al pasajero de la 23B, Jeremy, por mucho que no abra la ventanilla, dado que a los amuletos se les respeta siempre, cuanto más en el mundo de la aeronáutica, donde cualquier cruce de cables del destino es potencialmente fatal. Los pelirrojos están asociados a la mala suerte en algunas culturas, pero no en la cultura de esta aerolínea. Ya dijo nuestro sobrecargo Carlo Ancelotti que no es conveniente abandonar el camino de la superstición, por cuanto hacerlo apareja muy mala suerte. Observamos que Jeremy duerme en su asiento con la boca abierta, señal de que tal vez tenga el tabique nasal tan desviado como Piqué quería los fondos de la UEFA que iban a ser destinados a paliar los efectos nocivos del COVID en clubes desfavorecidos. Nos informan desde el aeropuerto de origen de que Gerard Piqué ha sido puesto ya a disposición de la justicia. Lo comunicamos por los altavoces a los pasajeros, y estos prorrumpen en una encendida ovación.

¿En qué más podemos ayudarles, señoras y señores? ¿Un café? ¿La prensa del día? Por supuesto, señor. ¿Qué periódico desea?

¿Cómo? ¿SPORT? Le recordamos que no está permitido fumar en el avión, señor, y mucho menos sustancias psicotrópicas. ¿Qué ha fumado usted? ¡Confiese!

¿Cómo? ¿Que no ha fumado nada pero simplemente es culé? ¿Qué hace usted en este avión, señor? Y más importante: ¿qué hace usted sin encauzar de una vez por todas su rumbo en esta vida? En fin. Le daremos la prensa afín a sus estrafalarias ideas, pero quede claro que no nos hacemos responsables de los efectos que ello pudiera tener sobre su salud mental.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Bienvenidos a Londres, señoras y señores. La escala durará 90 minutos, aunque puede que se extienda si... Perdón, esto ya lo dijimos al principio. Disfruten su estancia sin perder nunca de vista que el destino final no es este. El destino final es un lugar que conocemos bien y que, sin embargo, jamás nos cansaremos de visitar.

Esperamos verles pronto de nuevo a bordo. Es más: sabemos que así será.

Hoy se cumplen 70 años desde que José Emilio Santamaría pisó por primera vez Chamartín para jugar en el coliseo blanco. Por entonces, todavía jugaba en Nacional de Montevideo y le quedaban tres años para fichar por el Real Madrid. Fue la primera vez en la que los aficionados madridistas pudieron verle desempeñándose en un terreno de juego y también la toma de contacto inicial para Santiago Bernabéu y algunos miembros de la parcela técnica merengue. El máximo mandatario blanco terminaría por enamorarse de su juego pocas semanas después en el Mundial de Suiza 1954, apuntando su nombre en rojo como un jugador interesante de futuro.

Santamaría, con 24 años, formaba parte de la selección uruguaya que aterrizó en la capital española antes de iniciar su participación en el Mundial. La Celeste concertó un amistoso con el Real Madrid que fue anunciado a bombo y platillo en la prensa porque era el vigente campeón del mundo y partía con opciones de revalidar el título en tierras helvéticas. Los sudamericanos llevaban un par de semanas por Europa para aclimatarse y preparar el torneo. Unos días antes ya se habían enfrentado a Suiza en la inauguración del estadio de Lausana, en un choque que terminó en tablas, y lo harían tras el partido con los blancos frente al Sarre en Saarbrücken (victoria por 1-7).

Hoy se cumplen 70 años desde que José Emilio Santamaría pisó por primera vez Chamartín para jugar en el coliseo blanco. Por entonces, todavía jugaba en Nacional de Montevideo y le quedaban tres años para fichar por el Real Madrid

El charrúa se quedó a las puertas de ir al Mundial anterior, el de 1950, en el que se produjo el Maracanazo de Uruguay a Brasil. Un cambio de posición fue determinante para que no estuviera. Y es que Santamaría comenzó su carrera actuando como centrojas (mediocentro). Un puesto en el que trabajaba, corría y se encargaba de entregar el balón rápido y en buenas condiciones a los jugadores de ataque. Sin embargo, poco antes del torneo, en Nacional le bajaron a jugar en la defensa como back derecho. Un gran partido ante River Plate secando al fenomenal extremo izquierdo argentino Loustau le reafirmó en la zaga. Fue incluido en la preselección para Brasil’50 y su hueco estaba predestinado como suplente del centrojas, que era el gran Obdulio Varela, pero al final el elegido fue Ortuño ante la negativa de Santamaría, como admitía en esta entrevista.

Se quedó sin ser campeón. Vivió el histórico partido a través de la radio y mientras salía de su trabajo en el Banco Franco-Italiano.

Llegó a Madrid para jugar en 1954 asentado ya como uno de los mejores defensas de Sudamérica. En Europa comenzaba a ser conocido y antes del partido contra el Real Madrid en la prensa se destacaba la “gran pareja” que formaba con Martínez en ‘La Celeste’, combinando ambos “contundencia, temple y resolución en el despeje”.

Llegada a Barajas

Toda la expedición charrúa aterrizó en el aeropuerto Barajas el día 26 de mayo a las once de la noche en un vuelo procedente de Ginebra. En el hotel en el que se hospedaron fueron recibidos por el entrenador madridista, su compatriota Enrique Fernández, y por Britos y Rodríguez, charrúas que pertenecían a la plantilla blanca aquel curso. En su estancia en Madrid presenciaron el partido entre la selección castellana y el AC Milan el día 27 en Chamartín y realizaron un par de sesiones de entrenamiento en el estadio. En la primera, los 22 jugadores se dividieron para un partidillo y, en la segunda, primó la cultura física y los remates a puerta destacando “de manera particular Martínez y Míguez”, según publicó ‘Arriba’.

Entrenamiento en ChamartínEntrenamiento selección uruguaya

El encuentro se celebró a las 5:30 h de la tarde y con una afluencia de algo más de 50.000 espectadores. Ambos equipos hicieron su entrada al terreno de juego portando los uruguayos la bandera española y el Real Madrid la uruguaya. El seleccionador charrúa, Juan López, alineó a Santamaría en la retaguardia junto a su habitual lugarteniente William Martínez. En el resto del once charrúa había jugadores de gran calidad como Rodríguez Andrade, Varela, Julio Pérez, Míguez o Schiaffino y Souto, que poco después desarrollarían también su carrera en Europa como hizo Santamaría.

Las crónicas ensalzaron el papel en el corte de Obdulio Varela, la clase de Schiaffino, el carácter defensivo de Andrade y el preciso regate de Míguez. Mientras que a Santamaría en defensa se le definió como “fuerte, consistente y eficaz” en MARCA y que actuó como “defensa de área aguardando el resultado de la tarea realizada por su compañero” en ‘Arriba’. Su labor principal fue “marcar al delantero centro (en este caso Di Stéfano), situándose en el área de penalti, pero pudiendo salir de ella”, según detalló Roque Máspoli en MARCA.

Al ser un partido de ensayo, el técnico Juan López quiso realizar pruebas y dar minutos a muchos de sus hombres y Santamaría fue sustituido al descanso por Mirto Davoine. Uruguay, según apuntó el diario ‘Arriba’, utilizaba una especie de ‘cerrojo’ (efe a cargo de Santamaría, “abriendo los medios alas sobre los extremos y alineando casi literalmente entre ellos al medio centro y al defensa izquierdo (Martínez), de tal manera, que en lugar del 1-3-2-2-3 de la canónica W-M, ellos sitúan más verosímilmente un 1-1-4-2-3”. El choque terminó con victoria blanca por 2-0 con los tantos de Di Stéfano y Zárraga.

Después del encuentro, la prensa invadió los vestuarios de ambos conjuntos y habló también con algunos futbolistas uruguayos. Santiago Córdoba de MARCA recogió unas declaraciones de Santamaría en las que afirmaba que fue un “lindo partido” y que lo que “más me ha llamado la atención ha sido la preparación tan fantástica que tienen. Yo ya conocía a Fernández; él me puso a mi de defensa central cuando entrenaba en Uruguay. El Madrid hoy puede hacer la competencia a cualquiera”.

Vestuarios

En el Mundial suizo su rendimiento fue magnífico y recibió elogios y alabanzas de los medios de su país y también de periódicos internacionales. La mejor actuación para el diario MARCA fue ante Inglaterra en cuartos de final, mostrándose “seguro, aplicado y con el estilo e instinto de los latinos”. Su juego pulcro, solvente, fiable y efectivo llamó poderosamente la atención en el viejo continente y encandiló a Santiago Bernabéu, que se desplazó al país helvético para presenciar distintos partidos de la Copa del Mundo.

En 1957, tras retornar del Campeonato Sudamericano de Lima, tenía una carta de Santiago Bernabéu que le invitaba a enrolarse en las filas blancas. Y así acabó fichando por el Real Madrid, que era el mejor equipo de Europa, para dar un nuevo aire e impregnar de modernidad a su defensa, aportando seguridad, solidez, energía, juego aéreo y sobre todo una salida limpia y con criterio de la pelota desde atrás, algo que por entonces no era frecuente en los zagueros.

 

Fotografías: archivo Alberto Cosín.

De sangre mezclada, por padres y abuelos, póngame un poco de Galicia, unas gotas castellanas, un viento de levante, y un buen chorro de Sevilla, me cuesta mucho sacar a pasear mi galleguismo natal, y ejercer de señor prudente, apelando al horrible palabro "sentidiño" con el que Mamá Xunta de Galicia nos torturó en sus carteles sanitarios durante toda la pandemia, como si en lugar de un mastodonte burocrático sin alma fuera una adorable abuelita compostelana preocupada por sus netiños. Pero lo intentaré por una vez, porque me incomoda, me encrespa, y me pellizca la ansiedad, esta euforia reinante en el cosmos merengue a pocas horas de la final de la Champions. De la gloria a los infiernos hay solo un estrecho socavón, por el que desgraciadamente cabemos.

Yo entiendo que “Real Madrid” podría definirse en el diccionario como “equipo que gana las finales”, y pocos de los que sepan de fútbol, y no les ciegue el odio al blanco, se opondrían a tal definición. Pero, en medio de varias semanas de emociones, despedidas, euforias, y celebraciones, tal vez haya llegado la hora de poner los pies en la tierra y recordar lo elemental: faltan 90 minutos y una final de Champions es un partido de fútbol, no precisamente un trámite.

A saber. Tengo un amigo que se iba a casar y la novia no se presentó en la iglesia, y no estaba muerta, que estaba tomando cañas en Cancún. Tengo otro que vendió la piel del oso, y mandó a la mierda a su jefe deleitándose en todo lo que realmente pensaba sobre él, incluyendo valoraciones arriesgadas como “rata prepotente”, “sabandija apestosa” y “gordo pichafría”, pero lo hizo justo antes de firmar el contrato con su nueva empresa, que finalmente lo descartó, y desde entonces limpia los váteres de la compañía de la que tan felizmente creía despedirse. Tengo otro que llevaba los 15 en la Quiniela y a diez minutos de cerrarse la jornada me invitó a una botella grande de varios cientos de euros, uno de esos vinos del Olimpo, y al final, cuatro o cinco goles postreros después, tuvimos que pagarla a medias, porque la otra alternativa era dejarlo fregando platos en el restaurante.

Ahí nos espera el Dortmund con unas ganas locas de aprovechar su ocasión de oro y destronar al rey de las finales, y el factor sorpresa siempre resulta letal cuando se desata el virus del triunfalismo

El refranero español, siempre sobrevalorado, está repleto de frases bastante cansinas sobre la importancia de la prudencia, la prevención, y la templanza. No me siento particularmente cómodo con ninguna de ellas, por más que esta confesión podría invalidar el verdadero mensaje de fondo de esta columna, pero personalmente, no sé si por madridista o por mi espíritu suicida, al final siempre prefiero el sabio consejo de Horacio sobre el comedimiento: “Templa tu prudencia con un poco de locura”, clarísima alusión al espíritu de Antonio Rüdiger que tanta falta nos va a hacer el sábado.

Rüdiger: alto, contundente, feo y con bigote

Y es que creo que ahí es donde hemos de movernos. Después de una temporada en el que la superioridad del Real Madrid ha sido casi indiscutible en las citas grandes y pequeñas, incluyendo esa Liga que ganamos casi en la primera vuelta sin demasiado esfuerzo, es fácil caer en la relajación y, lo que es peor, es fácil que los nuestros se vean envueltos de ese clima contagioso de exceso de confianza. Pero ahí nos espera el Dortmund con unas ganas locas de aprovechar su ocasión de oro y destronar al rey de las finales, y el factor sorpresa siempre resulta letal cuando se desata el virus del triunfalismo.

Por si fuera poco, las casas de apuestas están disparando las expectativas del Real Madrid de conseguir su ansiada copa número 15, y veo en los comentaristas madridistas demasiadas exclamaciones complacientes sobre las pocas horas que faltan para volver a alzar otro título. Por supuesto, comparto tales deseos, pero –y ahora vuelve el señor gallego que sale con paraguas bajo el brazo aunque luzca el sol de agosto- a esta hora decisiva en que el equilibrio psicológico puede darte la clave de vencer o perder el partido más importante de la temporada, haríamos bien todos en contagiarnos un poco de aquel espíritu cínico que tan gráficamente acotó H. L. Mencken: “Un cínico es un hombre que, en cuanto huele flores, busca un ataúd alrededor”.

 

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Buenos días, amigos. Faltan dos días para que comience la Final de Wembley y por tanto, potencialmente, dos días también para que el Real Madrid gane su Champions League número 15. Y ahí estáis, tan tranquilos. Como si no pasara nada. Sirva este primer párrafo introductorio como zarandeo por las solapas. Eh. Que ya está aquí.

Marca dice que es la final soñada por Bellingham y tiene razón: juega contra su exequipo y en su país, pero además, según sus propias palabras a Real Madrid TV, hace apenas dos días: "THAT'S WHAT I CAME HERE FOR".

Sí, para esto vino al Madrid Jude. Para más cosas también, por supuesto. Para ganar ligas como la que acaba de adjudicarse, por ejemplo, deslumbrando en el campeonato local a pesar del lodazal de corrupción en que éste consiste. Pero a nadie se le escapa que el club más laureado y universal vino aquí (porque el club también "vino", en cierto modo) para cumplir metas más elevadas que dar en los morros a Tebas y la RFEF conquistando la corrupta liga local a pesar de dicha corrupción. Tanto Jude como el Madrid "vinieron" para adornarse una y otra vez, de manera voraz, insaciable, con el oropel europeo.

Nosotros mismos, los madridistas, "vivimos" para esto, sea lo que sea que signifique el verbo venir en este contexto. Para algunos será literal, porque a estas horas estarán "viniendo" a Londres desde diferentes puntos de España y de otros lugares, describiendo en muchos casos trayectorias de viaje completamente ridículas. (Las finales del Madrid y sus logísticas. Que alguien escriba el libro). Lo sabes tú y lo sabemos todos: si vives para esto, también viniste para esto, y te fuiste para esto, y vibraste y cantaste y te asomaste a la gloria para esto. Puede usarse con cualquier verbo. Los madridistas lo hacemos todo para esto.

-¿El amor también lo hacemos para esto?

Callad, bribones, que estamos a cosas serias, tan serias como volver a campeonar. Como decía anteayer Fantantonio, cada Copa de Europa es la primera Copa de Europa. Tan salvaje es el ansia de ganar la Champions una y otra vez que la pelearemos como si no supiéramos que la sala de trofeos está llena, y que la ampliación de la misma cada día se hace más perentoria. La pelearemos como si fuera la primera, cojones ya.

Esperamos haberos puesto al fin un poco nerviosos. Os encontrábamos excesivamente laxos. La Final es de Bellingham, pero por supuesto es de todos y cada uno de los componentes de la plantilla. Es de Kroos, que juega su última Final porque, sencillamente, juega su último partido de blanco (esperemos que este factor no distraiga y que, si acaso, suponga un aliciente más). Es de Vini, que es con toda justicia el jugador de moda, el mejor atacante del planeta y el hombre de quien Ancelotti dijo precisamente eso, que la Final le pertenecía. Es de Rodrygo, que se presenta en Wembley con un ambiente algo enrarecido a su alrededor. Es de Courtois, que con toda certeza será titular tras superar con abnegación una lesión terrible. Es de Lunin, que probará la amargura del banquillo después de saborear las mieles del éxito en actuaciones memorables en Leipzig o el Etihad. Es de Carvajal, en la que tiene que redondear como la mejor temporada de su vida; de Rüdiger, nuevo ídolo de la afición; de Nacho, ejemplar capitán que vuelve a asombrar al mundo cuando parte del mundo no daba un duro por él; de Joselu, el icono accidental del aquí y del ahora... Hay muchas subtramas en la perspectiva de la 15, y por eso este Madrid, siendo el Madrid literario per se, es quizás el más literario que jamás hemos visto. Hay que dar un cierre apropiado a esta novela.

 

As viene a advertirnos de lo de la piel del oso, y hace bien. Lo hace a través de una entrevista con Watzke, el CEO del Dortmund, amigo personal de Florentino Pérez y ejemplar gestor de un club ejemplar,  "en la pole del talento joven", como él mismo sintetiza. Y dice otra cosa: "Nos encanta que el Madrid sea favoritísimo". Qué provechosa enseñanza encierra esa frase. Desterremos todo exceso de confianza.

Ellos tienen un gran equipo. Todo lo que necesitas saber sobre ellos te lo ha contado Álvaro Martín Gallego. Leedlo. Nosotros tenemos un argumento disuasorio del exceso de confianza más peregrino. Los alemanes tienen de bueno que sus nombres avisan de su peligrosidad. Repetid con nosotros: Fullkrug. Si no sois capaces de temblar un poco, lo suficiente, con la mera mención del nombre del poderoso delantero centro del Dortmund, ya no sabemos qué hacer. Repetid: Fullkrug. Estremecedor. Se erizan los pelos de los brazos. Es la receta perfecta para no darlo por hecho. Pronunciar su nombre.

De la prensa cataculé, que ridículamente trata de contraprogramar la excitación de la Champions con el detalle de la nueva vida barcelonesa de Flick, sólo cabe destacar precisamente lo que con más pesar anuncian ellos, o sea, que el Real Madrid de Chus Mateo les dio ayer para el pelo (¿de dónde vendrá esa expresión?). Emergiendo de la desgracia de la Final de la Euroliga, y con un Llull descomunal, el Madrid de los canastos puso la serie del play-off de cara, y ya dispone de un ligero favoritismo para plantarse en la final de la ACB. 1-0.Seguiremos hablando.

Y vosotros, poneos nerviosos ya, porque ya está aquí.

Pasad un buen día.

 

Carlo Ancelotti, que es doctor por la universidad de Parma, ha dicho que le gusta que haya debate sobre quién debe ocupar la portería el próximo sábado frente al Borussia Dortmund. Que todo un doctor por una universidad creada por decreto imperial en el siglo X me anime a debatir me sube todo el escolasticismo y me pone a cien, oigan. Me uno entonces a la disquisición: ¿Lunin o Courtois? ¿Andrés o Teobaldo? ¿Jirafa o pantera? Menudo dilema, corpo di Baco.

Tener a Courtois bajo palos es como poner de portero al dios Shiva, que tiene cuatro brazos porque ejerce su dominio sobre las cuatro direcciones del espacio (norte, sur, este y oeste) igual que el guardameta belga. Que más de una vez y más de dos he visto a delanteros rivales contar a escondidas las manos de Tibu en el túnel de vestuarios, tras efectuar varias paradas imposibles, para corroborar si su número era humanamente correcto.

Courtois

En cuanto a Lunin… Hay mucho que decir sobre Lunin en realidad. Andry Oleksíyovych Lunin nació en Krashnograd, que tiene apenas 20.000 habitantes, lo que significa que cada vez que Lunin juega en el Bernabéu lo hace frente más personas que vecinos hay en su pueblo. Krashnograd está en la provincia de Jarkov, justo en la frontera con Rusia, y al comienzo de la guerra fue bombardeada con misiles. Lo de defender la portería del Real Madrid en una tanda de penaltis frente al City sabiendo que, en cualquier momento, el zumbado de Putin le puede dar a un botón y borrar del mapa tu pueblo, a tus parientes y a tus amigos no debe ser una coyuntura agradable. Y aún así el Madrid pasó a la final.

Lo de defender la portería del Real Madrid en una tanda de penaltis frente al City sabiendo que, en cualquier momento, el zumbado de Putin le puede dar a un botón y borrar del mapa tu pueblo, a tus parientes y a tus amigos no debe ser una coyuntura agradable

A menudo Lunin me recuerda al general Curtiss LeMay, que fue el comandante estadounidense de los escuadrones de B-29 durante la II Guerra Mundial. En cierta ocasión revisaba un hangar lleno de explosivos en compañía de un sargento jovenzuelo. LeMay sacó su característica pipa y una cerilla. “Cuidado, mi general”, le dijo el sargento, “podría prenderse un fuego y el hangar estallaría.” LeMay, entre dientes, respondió: “estando yo aquí no se atrevería, hijo.”

Lunin es el LeMay de las porterías. Si alguien le insinuara que el Madrid puede perder la final del próximo sábado, Lunin le atravesaría con la mirada. “Estando yo de portero no se atrevería, hijo”, mascullaría, y luego se pondría masticar alambre de espino para quitarse la gusa.

Lunin

Si tener a Courtois en la portería es como poner a Shiva de guardameta, colocar a Lunin bajo los palos es plantar allí una esfinge hecha de hielo. La mirada de Lunin es la del Real Madrid, y desde la altura de sus ojos 14 copas de Europa nos contemplan. Si a Lunin lo alineas el sábado frente al Borussia Dortmund, se quedaría mirando a los rivales en el túnel de vestuario en silencio, masticando tabaco, con la espalda apoyada en la pared, cruzadas las piernas enfundadas en botas de montar y sus ojos de cuarzo ocultos bajo el ala del sombrero:

—Dicen que en Alemania solo hay vacas y campeones de Europa —les diría—. Y vosotros no tenéis pinta de campeones de Europa.

Si tener a Courtois en la portería es como poner a Shiva de guardameta, colocar a Lunin bajo los palos es plantar allí una esfinge hecha de hielo. La mirada de Lunin es la del Real Madrid, y desde la altura de sus ojos 14 copas de Europa nos contemplan

La decisión que tiene que tomar Ancelotti de cara al sábado es probablemente una de las más difíciles que haya tenido que afrontar como entrenador. Algunos periodistas comentan que, ponga a quien ponga en la portería, le van criticar. Lo dicen como dando por hecho que el Madrid va a encajar una goleada y que las opciones de Carletto para la portería están entre Joan Laporta y la funda de un edredón nórdico colgada de una cuerda entre los palos.

Me van a disculpar, pero yo lo veo de una forma completamente opuesta. ¿En qué clase de realidad paralela y desquiciada escoger a Lunin o a Courtois para defender una portería puede derivar en una decisión incorrecta?

No obstante, los madridistas tenemos nuestras preferencias. Muchos se inclinan por Courtois. No les culpo. Estamos hablando del mejor portero del mundo, especialmente en noches europeas. No olvidemos que Tibu cuenta con el récord de ser el guardameta que más goles ha parado en un partido de Champions League. Récord que de momento solo ha igualado (oh, vaya)… Andriy Lunin.

¿En qué clase de realidad paralela y desquiciada escoger a Lunin o a Courtois para defender una portería puede derivar en una decisión incorrecta?

Encuentro comprensible que muchos prefieran a Courtois el sábado, pero quienes piensan que la titularidad del belga no tiene discusión, que sean conscientes de que colocan en un puesto de altísima responsabilidad a un jugador que lleva toda la temporada de baja, y que dejan en el banquillo al mismo guardameta que ha defendido la portería del Madrid en la temporada en que ha sido el equipo menos goleado de la competición liguera. Al mismo guardameta que, completamente solo en la portería, sostuvo la todopoderosa mirada petrolífera del Manchester City y dijo: “¡de aquí no vas a pasar; no durante mi guardia!”; y dejó a Guardiola sin su segunda copa de Europa consecutiva. Ese es el tipo al que queréis mandar al banquillo.

Lunin para penalti al City

“La última vez que jugó le metieron cuatro goles contra el Villareal”, alguien podría decir. Y estaría en lo cierto. Lunin no es un portero imbatible. Ninguno lo es. E incluso al mejor guardameta del mundo le pueden meter un gol en una final de Champions en el minuto 93, no lo olvidemos. Sería bueno, por otro lado, que pensáramos en cuántas derrotas ha evitado el Real Madrid esta temporada por solo un gol de diferencia y valoremos, con toda honestidad, si realmente Lunin no cuenta con sobrados méritos para jugar en Wembley de titular.

“La última vez que jugó le metieron cuatro goles contra el Villareal”, alguien podría decir. Y estaría en lo cierto. Lunin no es imbatible. Incluso al mejor guardameta del mundo le pueden meter un gol en una final de Champions en el minuto 93, no lo olvidemos

No sé si Courtois está mejores condiciones que el ucraniano de defender la portería en Londres. Y usted tampoco, reconózcalo: no tiene ni la más remota idea salvo que me demuestre que asiste a cada entrenamiento del Madrid disfrazado de ficus para pasar desapercibido. Si Ancelotti alinea al belga el día de la final, entonces, y solo entonces, me convenceré de que está en mejor forma que Andriy Lunin. Hasta que llegue ese momento, acepto la invitación al debate que lanzó Carletto, el doctor parmesano, y hago mi aportación: yo quiero a Lunin; al mismo Lunin que a principio de temporada dijeron: “nuestro portero titular se ha lesionado, pero tú no vas a jugar porque hemos fichado a un sustituto”, y el ucraniano ni se inmutó. Lo que hizo fue ponerse a entrenar como una bestia y a parar goles hasta que el Madrid ganó la Liga y se plantó en la final de Wembley.

Lunin frente al Bayern

En el Madrid deben jugar siempre los mejores, qué duda cabe; pero también es puro madridismo premiar el esfuerzo, la discreción, el compañerismo, la calidad demostrada, el orgullo, el coraje y el afán de superación. Nadie esperaba que Courtois se lesionara en un entrenamiento absurdo y estuviera fuera de juego toda la temporada, y parecía muy poco probable que sin su portero estrella el Madrid superase al City en una tanda de penaltis. Pero ambas cosas sucedieron como si, de algún modo, la providencia hubiera planeado un relato en el que Lunin es el héroe de la función. Un relato al que solo le falta la apoteosis final.

Yo no sé tú, Carletto, pero cuando las señales que emiten los arcanos son tan claras me parece temerario ignorarlas. Hazme caso: pon a Lunin el sábado. Y si no quieres escucharme a mí, que no tengo ni idea de fútbol, atiende las palabras de un colega de profesión:

“El señor Ancelotti debe sacarlo como titular para la final de la Champions. Yo soy un entrenador aún más veterano que él y si no lo hace, el Real Madrid puede pagarlo caro”. Es el testimonio que Iván Markó, que entrenó a Lunin en su Khrasnograd natal, dio hace poco para el diario El Mundo.

Demuestra que eres sabio, Carletto: defiende la portería con nuestra arma secreta, invoca a la esfinge de los hielos.

Buenos días, amigos. La noticia de la semana es, sin ningún género de dudas, el fichaje del técnico alemán Hansi Flick por el FC Barcelona. Que no os distraigan desde la caverna con otras noticias o acontecimientos de presunta importancia, y que en nada pueden eclipsar la relevancia universal de esta contratación. Si en algún momento notáis que desde el madridismo sociológico tratan de distraer vuestra atención sobre este hecho, apuntando a no sé qué otras fruslerías y fuegos de artificio que van a tener lugar en Londres en torno al fin de semana, ataos al mástil y, como Ulises, desoíd los cantos de sirena.

La noticia verdadera es la que es.

Por si no estaba claro que la actualidad del fútbol mundial está ahora mismo en el distrito de Les Courts y no en la capital del Brexit, los fish and chips y otras cosas desagradables que a nadie atañen, el diario Sport hizo ayer un seguimiento completo de la jornada de Hansi Flick, desde su temprano desayuno (gusta de madrugar el de Heidelberg) a sus desplazamientos por la Ciudad Condal, pasando por sus visitas al mingitorio cuando la insigne vejiga teutona del bueno de Hans-Dieter demandaba urgente vaciado. Fue una jornada intensa que, por su extrema relevancia, habríamos querido que el diario Sport nos hubiera contado con un poco más de detalle, por favor. No pudo ser, y hubimos de conformarnos con esto.

 

A primera hora de la mañana, Sport ya estaba cumpliendo con su obligación y despejando nuestros desvelos. "¿Estará ya Hansi Flick en Barcelona?", nos preguntábamos anhelantes. Pues sí, sí lo estaba, y lo supimos gracias a la abnegación de los profesionales de Sport, siempre al pie de la actualidad más candente. Los paparazzi sportinianos, siempre diligentes, captaron esta impagable instantánea furtiva de Flick, tomando un piscolabis de media mañana. Hacen bien en marcar lo de Sport con letras bien gordas en toda la foto, no vaya a ser que algún desaprensivo les robe esta impagable primicia digna del Pulitzer más renombrado.

Sport, sin embargo, falla al no desvelar la identidad de las personas que aparecen en la foto con Flick. La Galerna está en condiciones de confirmar que el que aparece a su izquierda es su hijo Ludwig, que acompaña a Hansi en el viaje y le lleva el portatrajes. El señor de pelo blanco que aparece a la derecha en segundo plano no tiene una relación estrecha con Flick. De hecho, está sentado en otra mesa, se llama Pere Forner y es un visitador médico que se apresta a acabar su desayuno para tomar el AVE a Zaragoza.

No deseamos enmendar la plana a Sport después de su concienzudo trabajo. Tan sólo queremos aportar nuestro granito de arena en esta información imprescindible de nuestros compañeros, ayudándoles en su puntual seguimiento de la actualidad que tiene en vilo a todo el planeta.

 

Un rato más tarde, el entrenador teutón estaba ya en la Ciutat Esportiva del Barça, y allí estaba también Sport para contárnoslo. Nos consta que ponderó largamente la bondad de las instalaciones culés, comparándolas desfavorablemente con la Ciudad Deportiva Florentino Pérez en Valdebebas, las que dijo conocer bien y tildó de "ampulosas y efectistas". A las 11:43 acudió al baño. Tardó un rato en salir.

Cuando la furgoneta que trasladaba al nuevo entrenador blaugrana abandonó las dependencias de la Ciutat Esportiva, Sport aún seguía sus pasos. Bravo por traernos estas imágenes impagables del negro vehículo saliendo de allí. Aquí en cambio han hecho mal en no poner la marca de agua de Sport sobre la foto. Toda precaución es poca. Pueden venir, qué sé yo, los de La Galerna, por ejemplo, y poner la suya propia encima, aduciendo que fueron Paco Sánchez Palomares y Fred Gwynne los que fueron persiguiendo la furgoneta por doquier, cubriendo así tu necesidad de saber todo esto al detalle, amado lector. Pero no. Fue Sport. Qué gente tan capaz, siempre al filo de lo que acontece, siempre prestos al detalle de lo que nos incumbe.

Aquí la cosa adquiere caracteres de thriller. Flick para a comer en una marisquería llamada Botafumeiro, sita en la calle Gran de Grácia número 81, pero luego se pierde su pista durante un tiempo. El Barça trata de esconder el paradero de Flick, pero menos mal que nada detiene a los intrépidos reporteros de Sport a la hora de traer a tu puerta la información sin la que no puedes pasar el resto del día.

Pesquisas, nervios, persecuciones... Este tuit de Sport hay que leerlo con la música de Misión Imposible. La furgoneta en la que "teóricamente" iba el mejor entrenador del mundo (y el más catalanista) resulta que no era la furgoneta en la cual de hecho viajara él, sino que ha sido trasladado a una VAN que ahora persiguen nuestros chicos por las calles barcelonesas. Es como la persecución de OJ Simpson (qepd) pero con muchísimos más valors, dado que a diferencia de Simpson el único crimen cometido por Flick es saberse ya la letra de Els Segadors y esperar pacientemente la llegada de la temporada de calçots.

La jornada acaba con una cena de bienvenida y confraternización con el hombre que llevará las riendas del equipo mientras no haya dinero para pagarle el finiquito, y Sport está también ahí para contárnoslo. Qué tíos. Aquí nos cuenta la llegada de Laporta al sarao. El señor con barba canosa que está a la derecha de Laporta es Emil Kraja, un narcotraficante albanokosovar sin ninguna relación con Laporta. Simplemente, tenía reserva en el mismo restaurante y llegó al mismo tiempo que el presidente barcelonista.

Tres minutos después, de manera harto oportuna, Sport vuelve a informarnos vía Twitter de la llegada de Laporta a la cena con Flick en el Hotel Majestic.

Veinte minutos más tarde, por si no había quedado claro que Laporta ya está en el Hotel Majestic, Sport nos lo vuelve a contar, con las oportunas fotos. En ellas ya no aparece Emil Kraja, lo que de plano desautoriza a las torticeras lenguas cavernarias que alguna vez han dudado de la limpieza de las amistades del bueno de Jan. Pura coincidencia la presencia en la cena de Kraja.

Sport no solamente nos informa, puntual y reiteradamente de la cena, sino que se queda a las puertas del Hotel Majestic para hacérnoslo saber no bien concluye. Aquí sí que nos ha decepcionado un poco Sport: ni idea del menú. Menos mal que está La Galerna para cubrir los huecos, ahí donde no llegan los eximios compañeros catalanes. Los comensales degustaron las siguientes viandas:

-Alcachofas del Prat en texturas con velo de tocino ibérico.

-Guisantes del Maresme con vieiras y licuado de judías a la bilbaína.

-Lomo bajo de vaca madurada con puré de patata nueva y verduras braseadas.

-Canelón de pollo de Pagés con bechamel de su jugo y champiñones laminados.

-Pavlova de pera con salsa de chocolate y helado de vainilla.

-Tatín de manzana de Girona con helado de nata.

En contra de lo publicado por las lenguas de doble filo del madridismo sociológico, Laporta sólo repitió de uno de los dos postres.

Muy importante, decisivo el momento en que Rafa Yuste, vicepresidente de la entidad, abandona la cena. Preciosa la corbata que lucía D. Rafael, aunque no se vea bien en la captura del vídeo. Son detalles de los que nunca habríais sido hechos partícipes si no llega a ser por Sport, que lo mismo te cuenta esto que te manda a Iván San Antonio a hacerle un escrache al negocio del padre de un árbitro.

A todo esto, muy importante el hashtag #estásdentro para adornar todos estos tuis. Como diría Michael Scott en The Office, that´s what she said.

Como fin de fiesta, Laporta saliendo del Hotel Majestic. Impagables imágenes, reveladoras, impactantes. En una palabra, necesarias.

Como Sport no ha madrugado hoy tanto como nosotros (lo cual es comprensible, deben estar exhaustos tras una jornada tan intensa como la de ayer), La Galerna puede confirmar y confirma que a las 8:33AM, tras pasar una noche plácida en un céntrico y lujoso hotel barcelonés, Flick ha desayunado un cola-cao con pa amb tumaca.

A todo esto, la prensa cavernaria se ocupa de no sé qué asuntos que no merecen mucha atención. No sé qué de Londres el sábado. Bah. Nosotros seguiremos acompañando a Sport en sus peripecias por traernos lo esencial, pero os dejamos las deleznables portadas de la Central Lechera por si os interesan.

Pasad un buen día.

 

PD: Nos informan de que el hombre con barba que está al lado de Laporta no es en realidad ningún narcotraficante albanokosovar. La Galerna se disculpa por haberse tragado un nuevo bulo de la infamante Central Lechera.

A pocos días de la final en Wembley, seguro que todos los madridistas echamos la vista atrás y solo podemos sonreír al recordar una temporada tan sobresaliente. La despedida de Toni Kroos en el Santiago Bernabéu frente al Real Betis el pasado sábado fue tan emotiva que añadió un plus sentimental a esta final. Como en aquel inmortal tango de Homero Manzi llamado Sur, creo que todos sentimos “nostalgias de las cosas que han pasado”. Nostalgia por un pasado dorado y emoción sincera por un presente estupendo que augura un futuro cercano plagado de gloria. En un momento así es inevitable echar la vista atrás y tratar de buscar ese hilo rojo que todo lo conecta.

El pasado viernes 24 de mayo se cumplieron diez años de la conquista en Lisboa de la Décima. Diez años de éxitos continuados. Diez años navegando en la cresta de la ola. Diez años sin parangón. Diez años para construir la segunda mejor etapa de la historia del club más grande del fútbol mundial. O, como diría nuestro editor Jesús Bengoechea, tal vez sea la actual la verdadera etapa dorada del club, pues nuestros rivales son mayores que la del gran Madrid de Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. Sea como sea, todos los madridistas somos unos grandes afortunados al vivir de pleno en esta década prodigiosa.

Marcelo y Bale en la Décima

La conquista de la Décima tiene algo de conquista mitológica. Para el madridismo, su consecución representaba la persecución de Moby Dick para el capitán Ahab en la novela homónima de Herman Melville. Esa conquista tenía bastante de conducta obsesiva y autodestructiva. Durante años se buscó sin poder encontrarla.

Ganar la Décima parecía ser una quimera. Recuerdo muchas noches al gran Tomás Guasch hablando de la misma como un anhelo. Tanto fue así que cada vez que el Madrid competía a alto nivel o conseguía una hazaña en Europa sacaba a colación la Décima con un grito de guerra. Con su habitual carisma y gracejo, Guasch hizo de la Décima un mantra y todo la afición alegre y faldicorta se sumaba a la proclama.

El pasado viernes 24 de mayo se cumplieron diez años de la conquista en Lisboa de la Décima. Diez años para construir la segunda mejor etapa de la historia del club más grande del fútbol mundial

Desde la Novena hasta la Décima pasaron 12 años. Sé que no es igual que los 32 entre la Sexta y la Séptima, la otra gran Champions celebrada por el madridismo con una euforia desbordante y una emoción sin igual. Lo que pasa es que para muchos el proyecto de los Galácticos tendría que haber dado al menos un par más. Muchos aficionados pensábamos que con ese equipo estelar lo lógico era campeonar sin cesar. Que el gran Ronaldo Nazario se retirara del fútbol sin la orejona es una anomalía histórica. Para los más jóvenes, esa travesía en el desierto que supuso la era postgaláctica y el alejamiento de Florentino Pérez del trayecto fueron nuestros particulares años de plomo. Y un baño de humildad.

Galacticos

Por eso volvimos a ilusionarnos objetivamente con el proyecto que construyó Florentino Pérez en su segunda venida. No solamente trajo de una tacada a algunos de los mejores jugadores del momento, también armó una plantilla sólida. Y más tarde le dio el timón del barco al gran José Mourinho. El portugués nos hizo volver a competir.  Sin lugar a dudas, el paso de Mourinho puso los cimientos necesarios para construir una dinastía catedralicia por una década. Sin embargo, a muchos mourinhistas nos apena que don José se marchara de nuestro Madrid sin levantar la Copa de Europa. Aún duelen aquellos penaltis frente al Bayern en 2012. El fútbol fue cruel con nosotros.

Por eso, aquella Copa de Europa levantada al cielo de Lisboa el 24 de mayo de 2014 supuso una catarsis colectiva. Aquellos jugadores estaban predestinados a arrasar en Europa. En ese momento aún no lo sabíamos, pero la inmensa mayoría de esa plantilla iban a coleccionar champions. Fundaron una auténtica dinastía que rivaliza en gloria con el Madrid de Di Stéfano. Y además, desde el club se cuidaron de saber rejuvenecer permanentemente el plantel. Buscar talento joven y saber gestionar marchas inevitables de nuestras mayores estrellas. La Champions ganada en 2022 nos señala el camino. El próximo sábado 1 de junio tenemos otra cita con la gloria en Londres. Wembley será merengue y el Real Madrid honrará al fútbol ganando otra orejona. ¡Hala Madrid!

 

Getty Images.

El Real Madrid juega este sábado 1 de junio en el mítico estadio de Wembley la que, posiblemente, sea una de sus finales más complicadas de todas las que ha disputado desde que hace diez años empezase la Tercera Edad de Oro del Club, tras la vivida en los años 50, en los albores de la Copa de Europa, y la trilogía 1998, 2000 y 2002, cuando se sumaron tres entorchados en cinco ediciones.

El Madrid, desde que en 2014 levantase la Champions League al cielo de Lisboa, ha ganado cinco títulos y esta será su sexta final en once ediciones, una proeza que salvo que seas el propio el Real Madrid nadie tiene la capacidad de igualar.

El Real Madrid juega este sábado 1 de junio en el mítico estadio de Wembley la que, posiblemente, sea una de sus finales más complicadas de todas las que ha disputado desde que hace diez años empezase la Tercera Edad de Oro del Club

En estas últimas cinco finales se ha enfrentado en dos ocasiones ante el Atlético de Madrid, la Juventus y en dos más ante el Liverpool. En todas, ha salido indemne, encadenando ocho entorchados desde el año 1998. Ningún club está cerca siquiera de poder acercarse. Estamos hablando de dimensiones de otra galaxia.

Lo cierto es que esta final ante el Borussia Dortmund es la más complicada de todas las que ha disputado en los últimos años. El Madrid no juega ante el Borussia. O mejor dicho, no solamente juega ante el Borussia. La final la disputa el Real Madrid contra el resto del mundo.

Vinícius

El antimadridismo global en España ya ha comenzado a difundir el bulo, uno más, de que el Borussia es casi un equipo de pandereta y que el Madrid lo tiene hecho desde que tome el avión en el aeropuerto de Barajas. El objetivo no es otro que desmerecer una posible victoria y convertir en un fracaso de proporciones bíblicas una factible derrota, transformando una temporada magnífica con títulos de Liga y Supercopa ganados en buena lid y con las dificultades extra que supusieron las lesiones de larga duración de Courtois, Alaba y Militao, en una pesadilla.

En la creación de ese caldo de cultivo colaboran prensa y redes sociales, siempre encantadas de sumar en las filas de un antimadridismo popular.

El antimadridismo global ya ha comenzado a difundir el bulo de que el Borussia es casi un equipo de pandereta y que el Madrid lo tiene hecho. El objetivo no es otro que desmerecer una posible victoria y convertir en un fracaso de proporciones bíblicas una factible derrota

En ese equipo del resto del mundo también se alinean instituciones deportivas internacionales que estarían encantadas de ver al Madrid doblar la rodilla por su defensa cerrada de la Superliga, e incluso españolas, enfrentadas a cara de perro con el club blanco. Todo suma para dar por ganada de antemano una final con la gran esperanza de convertir Wembley en una catarsis blanca.

La realidad es más bien la contraria. Estamos ante una final superlativa. Si el Bayern Munich o el Manchester City no están en la final es porque los ha eliminado el Madrid, y si el PSG o el AC Milan tampoco comparecen en Wembley es porque su verdugo fue este Borussia al que tantos dan por rival enclenque. Tan enclenque que fue capaz de golear en menos que canta un gallo al gran Atleti de Simeone en el Signal Iduna Park en cuartos de final de esta edición.

Borussia Dortmund

En este Borussia para los restos juegan futbolistas de nivel como el meta revelación de la Champions League, Kobel,  Adeyemi, Jadon Sancho, Niklas Süle, Hummels, Emre Can, Julian Brandt, el ariete Füllkrug, Marcel Sabitzer o Marco Reus, el equivalente emocional a Kroos en el equipo amarillo. Un plantel espectacular y comprometido en la consecución de un objetivo que no es otro que levantar la segunda Copa de Europa de la historia del club amarillo este 1 de junio en Wembley.

Edin Terzic cumple tres temporadas al frente de un equipo que el año pasado perdió la Bundesliga en el último suspiro y que ha sido capaz este año de llegar a la final de la Champions League tras haber vendido la temporada pasada a Jude Bellingham y hace tres a Erling Haaland.

En ese equipo del resto del mundo también se alinean instituciones deportivas internacionales que estarían encantadas de ver al Madrid doblar la rodilla por su defensa cerrada de la Superliga, e incluso españolas, enfrentadas a cara de perro con el club blanco

El Borussia es un club vendedor que sabe reinventarse una y otra vez y esa capacidad se la dan sus 158.000 socios, sus ocho Bundesligas, su Copa de Europa ganada en el 96, sus 5 Copas de Alemania, su Recopa y su espléndido estadio, el Signal Iduna Park con sus 81.000 localidades y su Muro Amarillo donde cada partido se agolpan 30.000 ‘borussiers’.

El Dortmund no es un recién llegado, no es un cualquiera, como nos quieren hacer creer. Es un equipo con una trayectoria detrás, sólido y que está ante la oportunidad de escribir la página más brillante de toda su historia. Y además, el sábado estará apoyado por todo el antimadridismo global, una masa difícil de cuantificar pero absolutamente entregada a la causa.

Por eso, estamos ante la final más difícil de todas las disputadas. Justo el tipo de reto ante el que el Real Madrid se crece y agiganta su leyenda.

 

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La implementación del Videoarbitraje (VAR) en la temporada 2018-2019 en España debió ser la solución para evitar muchas de las polémicas y de los problemas inherentes al arbitraje. Con centenares de errores por temporada, parecía sensato que los colegiados tuviesen el apoyo de la tecnología para tomar mejor sus decisiones.

Esta medida, que dividía a muchos, tenía un claro referente en deportes como el fútbol americano o el tenis, con el ojo de halcón. Y su correcta implementación evitaría decisiones injustas de los árbitros y las clásicas polémicas que poco benefician al fútbol.

Cinco años después, en España hay tantas polémicas como antes, y el VAR ha tomado tantas o incluso más decisiones injustas en múltiples partidos. La tecnología ha servido precisamente para respaldar la injusticia de la decisión y perjudicar gravemente a muchos equipos.

Cinco años después de su implementación, en España hay tantas polémicas como antes, y el VAR ha tomado tantas o incluso más decisiones injustas en múltiples partidos

Los que apoyábamos (y apoyamos) fervorosamente el VAR ignorábamos, sin embargo, que el problema no era la incapacidad de los árbitros o sus dificultades visuales. El problema, lo sabemos ahora, es que la competición estaba adulterada desde hace, al menos, 20 años.

Con uno de los equipos más importantes, el F.C. Barcelona, pagando al segundo de los dirigentes arbitrales, Enríquez Negreira, e influyendo en las carreras de los colegiados a través de sus designaciones en partidos importantes y decidiendo su carrera internacional.

Negreira

A partir de aquí, el primer gran problema del VAR en España, que no tienen en otros países, es que el Comité Técnico de Árbitros, el CTA, es un órgano que carece de limpieza y, desde luego, de la confianza necesaria del mundo del fútbol. Todo lo que no sea un nuevo CTA con personas diferentes contribuirá a que la competición siga poniéndose en duda.

Los que apoyábamos (y apoyamos) el VAR ignorábamos que el problema no era la incapacidad de los árbitros o sus dificultades visuales. El problema, lo sabemos ahora, es que la competición estaba adulterada desde hace, al menos, 20 años

En segundo lugar, es necesario pararse y reflexionar sobre la aplicación de esta tecnología. Sabemos que en el fútbol americano o en el baloncesto funciona a la perfección, siendo solicitada a instancia de parte. No hay en estos dos deportes polémicas cada lunes por los arbitrajes.

A veces, muy pocas, hay jugadas extremadamente límite donde es prácticamente imposible dilucidar la naturaleza de las mismas.  Si un jugador pisó o no la línea o si entró en tiempo. Hablamos de milésimas de segundo. Como son acciones realmente aisladas, se pueden permitir. Y no cabe decir que sea un error grave, sino una interpretación realmente ajustada.

Instant Replay NFL

La polémica con la sala VOR ha traído varios audios donde se escucha a las personas de aquella estancia comentando las jugadas con el árbitro. En esencia, se trata de casi dos arbitrajes en paralelo. Y lo que se desprende de los mismos es un caos de voces y sugerencias que probablemente no contribuyan al buen hacer del colegiado. Si son en directo, le crearán locura transitoria y, si no lo son, provocan un debate constante sobre decenas de jugadas que hay cada encuentro.

Además, el VAR trae de fábrica un complejo protocolo sobre cuándo debe actuar. Un protocolo que se aplica también cuando se quiere, que el aficionado no conoce y que es como casi todo en el fútbol, opaco y mal diseñado.

Iniciado sobradamente el siglo XXI, pareciera que los arbitrajes son la salsa del fútbol y que necesitamos de su presencia para mejorar la competición. Pero, en realidad, el mejor árbitro sería el que solo pitase para proclamar los goles y el saque de centro.

Lo que hay que hacer es copiar a otros deportes e implementar lo mismo que tienen. La solución es tan sencilla como dar a cada equipo dos reclamaciones por tiempo, para cualquier tipo de jugada

Así que, sin más dilación y sin complicar este bello deporte, lo que hay que hacer es copiar a otras disciplinas e implementar justo lo mismo que tienen. La solución es tan sencilla como dar a cada equipo dos reclamaciones por tiempo, para cualquier tipo de jugada.

En el fútbol americano el entrenador reclama una jugada y el árbitro tiene que ir al monitor a comprobarla. Si está bien pitada y no se rectifica tras verla en pantalla, el equipo que ha solicitado la revisión pierde un tiempo muerto. En caso contrario, lo mantiene y puede volver a solicitar más revisiones. En el caso de la NFL, además, se revisan por defecto todos los touchdowns, que sería el equivalente a los goles.

Se trataría de implementar este sistema en el fútbol. Si un entrenador agota sus dos reclamaciones por tiempo, ya no puede pedir más. O, incluso, se puede vincular al número de sustituciones y hacer que, con la última reclamación, el equipo pierda un cambio. En cualquier jugada que se considere que ha habido algo no pitado o mal señalado, el entrenador reclamaría e intervendría el árbitro para verlo en el monitor. Ya sea un contraataque parado con una falta no cobrada, un codazo en el medio del campo o el criterio sobre una amarilla.

VAR

En tal caso, el trencilla acudiría al monitor a ver las imágenes mostradas por un profesional de la imagen, no por colegiados. Y sería el árbitro y solo el árbitro quien decidiría viendo de nuevo las distintas tomas. Si no tiene clara la jugada, se mantendría la decisión inicial.

Este sistema permitiría, además, evaluar a los árbitros por el número de veces que fueron llamados a ver el monitor. Cuantas más veces, menos puntos, y probablemente más posibles jugadas mal pitadas.

Conociendo la naturaleza del fútbol español, no creo que fuese un sistema perfecto. Podría ser manipulable, y más si uno de los equipos compra a directivos arbitrales o tiene connivencia con el proveedor de imágenes o inventa cualquier ardid. Ese hemos dicho que es el origen del problema en España. Pero solucionado ese pequeño detalle, que debería suponer el despido fulminante de todas las personas relacionadas, y tras el ingreso en la cárcel de otros tantos, el resto debería de ser sencillo.

 

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