Las mejores firmas madridistas del planeta

Como apuntaba Kapuściński, la verdad dejó de ser importante cuando la información se convirtió en negocio. En el mundo del deporte, especialmente en el fútbol, la pasión siempre ha sido combustible para la prensa. Pero en los últimos años, esa pasión ha sido transformada en un arma que sirve a un propósito claro: vender titulares, generar clics y avivar discusiones. Vinícius Junior, estrella del Real Madrid, es el mejor ejemplo de cómo un jugador puede ser convertido en el epicentro de una estrategia mediática que prioriza la indignación sobre la verdad.

Un caso reciente lo ilustra a la perfección: el partido contra el Mallorca. En este encuentro, se vio claramente cómo Pablo Maffeo, jugador del equipo rival, tenía una misión casi personal: sacar de quicio a Vinícius. Patadas, provocaciones verbales, empujones… todo estaba diseñado para desestabilizarlo. Lo más preocupante no fue la actitud de Maffeo, que entra dentro del juego sucio que algunos equipos utilizan para intentar nivelar la balanza contra rivales superiores, sino cómo los medios reaccionaron.

Al día siguiente, los titulares no hablaban de la persecución constante que sufrió Vinícius, ni de la permisividad del árbitro para permitir ese tipo de conducta. En su lugar, se centraban en cómo “Vinícius volvió a perder los papeles” o en sus gestos de frustración, obviando el contexto de provocación constante. Este patrón es repetitivo: los medios, conscientes del impacto polarizador de su figura, eligen siempre el ángulo que garantice el máximo nivel de indignación. Los antimadridistas disfrutan de la narrativa de un jugador “conflictivo”, mientras que los madridistas se indignan por lo que perciben como un ataque injusto.

El caso de Maffeo no es único. Hemos visto situaciones similares con otros jugadores y equipos. Pero en el caso de Vinícius, el nivel de atención mediática y el ruido generado parecen desproporcionados. Cada partido, cada gesto, cada palabra es analizado con lupa. Y este escrutinio, lejos de ser casual, es parte de un modelo de negocio que entiende que no hay mejor herramienta para captar atención que la polarización.

Los medios, conscientes del impacto polarizador de Vinícius, eligen siempre el ángulo que garantice el máximo nivel de indignación. Los antimadridistas disfrutan de la narrativa de un jugador “conflictivo”, mientras que los madridistas se indignan por lo que perciben como un ataque injusto

La prensa no solo reporta lo que sucede, sino que lo amplifica, lo manipula y lo convierte en un espectáculo diseñado para dividir. Vinícius es el blanco perfecto porque encarna todo lo que puede generar emociones extremas: es joven, talentoso, descarado y juega en el equipo más seguido y odiado del mundo. Cada patada que recibe, cada provocación que sufre, se convierte en material de debate que alimenta a ambas trincheras. Los antimadridistas encuentran motivos para criticar, mientras que los madridistas se sienten obligados a defenderlo, cayendo en el juego mediático.

La solución a este problema no pasa por intentar convencer a los medios de ser más justos o equilibrados. Los medios no tienen interés en cambiar un modelo que les funciona. El verdadero cambio depende de nosotros, los consumidores.

Cada clic que hacemos, cada artículo que compartimos, cada comentario indignado que publicamos en redes sociales alimenta esta maquinaria. La indignación, ya sea por la permisividad hacia Maffeo o por los ataques injustificados a Vinícius, es el producto que la prensa está vendiendo, y nosotros somos los compradores. Es un círculo vicioso en el que nuestra participación, por bien intencionada que sea, solo refuerza el sistema.

La indignación, ya sea por la permisividad hacia Maffeo o por los ataques injustificados a Vinícius, es el producto que la prensa está vendiendo, y nosotros somos los compradores

¿Qué podemos hacer? Ignorar. No compartir los artículos diseñados para provocar. No caer en el juego de la indignación constante. Desconectar de los medios que priorizan el conflicto sobre el análisis. En el caso de Vinícius, eso significa centrarnos en lo que realmente importa: su talento, su contribución al equipo y su evolución como jugador, dejando a un lado el ruido mediático que lo rodea.

El fútbol debería ser un espacio para disfrutar del talento, para emocionarse con los goles y para debatir sobre estrategias y tácticas, no para convertirnos en engranajes de un sistema mediático tóxico. Vinícius es solo un jugador, pero la forma en que lo tratamos puede ser un reflejo de nuestra capacidad para resistir la manipulación informativa. ¿Seguiremos cayendo en la trampa de la indignación, o aprenderemos a ignorar el ruido para centrarnos en lo que realmente importa? La decisión está en nuestras manos.

 

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En Madrid ya puede lucir hoy un sol esplendoroso que si un ejército desalmado se encarga de contaminar los registros meteorológicos más consultados y dejar por escrito que hoy diluvió, dentro de 15 años, un señor de Marruecos o una señora de Pekín estarán convencidos de que el 10 de enero de 2025 Noé navegó por la Castellana. Y algunos recordarán incluso haberlo visto saludar desde el arca con la manita.

Hay un arte donde el nombre del FC Barcelona brilla inscrito en letras de oro: el arte del falso relato. Y tiene mérito, no es sencillo travestir la verdad de manera tan burda y que funcione tan bien durante tantos años. El último ejemplo, la definición de villarato que aparece en Wikipedia si uno introduce el término en Google.

El término villarato fue acuñado por Alfredo Relaño para definir tanto el periodo de mando como la particular forma de ejecutarlo de Ángel María Villar al frente de la RFEF. Y también su proceder característico con los intereses del FC Barcelona.

En este tiempo, entre otros hechos singulares recopilados por el propio Relaño, el Barça se retiró de la Copa porque sí. Corría el año 2000, como el partido de ida lo había perdido contra Atleti por 3-0 y para el de vuelta muchos de sus holandeses habían sido convocados con su selección y además contaban con algún lesionado, les venía mal jugar. Podrían haberlo hecho porque superaban el mínimo de integrantes de la primera plantilla necesarios, siete, y además ya gozaban de La Masía, paradigma de la bondad en el mundo. Sin embargo, el capitán Guardiola, adalid de los valors, escenificó la espantá ante Díaz Vega y millones de televidentes. ¿La sanción teórica? Un año sin participar en la Copa del Rey. ¿La real? Ninguna, porque Ángel María los indultó. Villarato magnánimo.

En 2003, el club cliente de Negreira andaba preocupado porque había que compaginar la participación en un partido de liga de Ronaldinho con el descanso necesario del jugador y un encuentro con Brasil. El villarato volvió a funcionar de maravilla y Ángel María hizo lo preciso para que el partido contra el Sevilla se jugase a las 00:05. Y se jugó. Con Del Nido (antes de entrar en la cárcel) en el palco junto a un Laporta al que además le venía de maravilla, porque el encuentro terminaría cuando las discotecas están en su mejor momento de la noche.

No conviene olvidar el asunto del cochinillo, la botella de cristal y el resto del ajuar que lanzaron a Figo y a sus compañeros madridistas en el Camp Nou. Se ordenó el cierre del estadio, aunque todos sabían que jamás tendría lugar. El Barça siguió el paripé y recurrió a la justicia ordinaria, a pesar de que entonces había un pacto para no hacerlo. Mientras tanto, la RFEF modificó el artículo 118 de sus estatutos y el cierre se convirtió en sanción económica. 4.000 euros. Probablemente menos de lo que Jan se gastaba en cava una noche cualquiera en Luz de gas. El villarato seguía carburando.

Figo cochinillo

Roberto Carlos sufrió un Mecherazo en el Camp Nou que le causó una brecha. Ahí directamente no hubo ni cierre ni multa. Si no iban a cumplir la sanción, ¿para qué ponerla? Villarato eficiente que ahorraba tiempo y complicaciones.

En otra ocasión, el FC Barcelona decidió que Xavi y Puyol no fuesen a una convocatoria con la selección española (¿tendrían en cuenta este mérito para conceder el Príncipe de Asturias al Sr. Hernández?), adujo que estaban lesionados, porque había partido de Supercopa contra el Espanyol menos de cinco días después del encuentro internacional. Un futbolista que no acude a una convocatoria con su selección por lesión no puede jugar con su club hasta cinco días después. Xavi y Puyo jugaron. Los periquitos reclamaron y el villarato se encargó de que no pasara nada.

Hubo más, por supuesto. Y no solo hubo más, sino que el villarato sufrió una aceleración a partir de 2004. En las elecciones a la RFEF de ese año, tanto Madrid como Barça comunicaron que iban a apoyar al candidato que se enfrentaba a Villar, Gerardo González. Sin embargo, Laporta cambió a última hora de parecer, seguramente aconsejado por Gaspart, ya por entonces vicepresidente de la Federación, que le diría que al Barça le iría mejor apoyando a Ángel María. Y así fue. Los años han demostrado el FC Barcelona obtuvo enormes réditos de aquella traición de Laporta. Lo reconoció uno de sus vicepresidentes, Alfons Godall. El villarato también sabe pagar favores.

Tras hacerse público que el Barça pagó millones de euros a Enríquez Negreira, vicepresidente de los árbitros, durante lustros, Relaño escribió que no solo había villarato, sino que además estaba engrasado.

Todo ello aderezado, según el auto del (olvidado) caso Soule, con “administración desleal, apropiación indebida, estafa, falsedad documental y corrupción entre particulares”.

Como es patente, ninguno de los greatest hits del villarato ha beneficiado al Madrid, más bien al contrario, puesto que como principal rival del Barça le perjudica cualquier decisión arbitraria a favor del club culé.

Pero, como se ha dicho antes, el Barça es el maestro del falso relato, y se las ha ingeniado para que al teclear en Google “villarato” y pulsar enter o darle con el dedito a la pantalla, aparezca la definición de marras.

Afirmar que el villarato favorecía a los dos clubes más grandes de España, Barça y Madrid, es como defender que la criptonita beneficiaba tanto a Lex Luthor como a Superman.

El Barça se cree el mejor, pero no lo es. No aceptan este hecho mesurable, por tanto, dedican tiempo y esfuerza a construir un falso relato que, inevitablemente, les resta fuerzas en el desempeño por ser el mejor. Mientras tanto, parafraseando a Valdano, el Madrid no pierde tiempo construyendo relatos porque está muy ocupado ganando.

No sé cuáles son los pasos necesarios para corregir esta falacia virtual, pero igual hay que recordarle a la Wikipedia quién es el Real Madrid.

Mi amigo Javi sigue con lo suyo y me ha encargado que escriba sobre el pase a la final de la Supercopa por parte del Real Madrid. El protagonista negativo del partido de ayer es por supuesto Maffeo, criatura futbolística que vive sin vivir en él para provocar, agredir y mofarse de Vinícius en el campo y fuera de él, saliendo a los medios de comunicación alardeando de capacidades noqueadoras fulminantes, dando clases de cancheo argentino y haciendo gracietas que le ríen los periodistas patrios que están desando hablar mal de nuestra estrella. En el partido de la Supercopa lo volvió a hacer, con el consentimiento de De Burgos Bengoetxea (no confundir con nuestro editor, por favor).

Maffeo pegó, pateó, provocó a Vinícius y simuló durante todo el encuentro sin ser amonestado por el trencilla. Al final del partido, como se cree impune y muy machote, se encaró con el chaval, con Raúl Asencio. Pero, mira tú por dónde, el chico le salió respondón, y si no le separan sus compañeros se lo lleva por delante. Ahora, claro, el que no sabe ganar es el madridista, cuando aquí, en España, se han reído las gracias del argentino, los gestos de llorón reiterados a Vinícius en los enfrentamientos blancos contra el Mallorca, y se ha aplaudido la dureza extrema y las agresiones del elemento, ahora resulta que, como el madridista le ha puesto en su sitio, es que no sabe ganar.

Es para mandar a esparragar a toda la prensa deportiva española, a Maffeo, al Mallorca por consentir el comportamiento antideportivo de su jugador y a la madre que los parió (con perdón). Al final, 3-0 y pa’casa, que diría mi admirado Tomas Guasch. Gran primera parte del Madrid en el partido total (amistosos incluidos) nº 400 que juega el club blanco en campo neutral y cuando Courtois cumplió 200 partidos en competición española, primera parte en la que los blancos salieron con ánimo de finiquitar el encuentro por la vía rápida, pero sin atinar bien con la puerta bermellona. La segunda mitad estuvo algo más calmada por efecto del calor arábigo (quién les mandaría), pero fue más resolutiva. En ella se marcaron los tres goles que envían a la final al Real Madrid.

Maffeo pegó, pateó, provocó a Vinícius y simuló durante todo el encuentro sin ser amonestado por el trencilla. Al final del partido, como se cree impune y muy machote, se encaró con el chaval, con Raúl Asencio. Pero, mira tú por dónde, el chico le salió respondón

La final, una más (la tercera de esta temporada y estamos en enero), contra el cliente de Negreira. Me enfadaré y mucho con quien llame a este partido clásico, advierto. Nunca puede ser un clásico un partido en el que juegue el club más tramposo de la historia del fútbol mundial. Un Real Madrid-Barcelona arbitrado por Gil Manzano, que era una gran trencilla hasta que, para pitar cosas importantes, ir a mundiales, eurocopas y mantener su escarapela de internacional, se plegó al negreirato reinante con aquella decisión esperpéntica de Mestalla. Una final preparada desde todos los estamentos para que la gane el cliente de Negreira. Esperemos que nuestros jugadores hagan trizas las ilusiones de todos ellos y se traigan para Madrid la decimocuarta Supercopa de España, pero de la final, de lo que pase y de lo que suponga, hablaremos el lunes.

Por otro lado, y como vaticinamos algunos, el club cliente de Negreira, mediante una decisión administrativa de última hora, ha podido inscribir en las competiciones españolas a Dani Olmo y a Pau Víctor. La indignación en el conjunto del fútbol español es evidente, puesto que se ha vuelto a demostrar que el cliente de Negreira juega con otras reglas, exactamente con la suyas propias, fichando cuando quiere lo que quiere, inscribiendo fuera de plazo lo que necesita y riéndose, corte de mangas incluido, del resto de clubes. Salvo el Real Madrid, dichos clubes llevan toda la vida aplaudiendo los desmanes culés en los despachos y en los terrenos de juego, con lo cual no entienden lo que está pasando.

Pero lo más curioso ha sido la reacción del capo del fútbol, el señor Tebas, clamando a los cuatro vientos para que el Real Madrid salte a la palestra para protestar por lo ocurrido. Claro, si salta el Madrid, el foco se centraría en los blancos, todos (clubes, aficiones y prensa) se pondrían de uñas contra los de Concha Espina. Tebas, la Liga y la RFEF saldrían otra vez de rositas, como siempre. No, no somos tan torpes.

Todo esto nace de la permisividad extrema de la Liga con el cliente de Negreira en las últimas temporadas, permitiendo inscripciones de jugadores sin soporte económico cierto y aceptando las famosas palancas

Porque no olvidemos que todo esto nace de la permisividad extrema de la Liga con el cliente de Negreira en las últimas temporadas, permitiendo inscripciones de jugadores sin soporte económico cierto y aceptando las famosas palancas. Dichas palancas luego se demostraron falsas. Ahora, cuando instancias políticas han apoyado al Barça, el resto se acuerda de la desaparición del Extremadura, del descenso del Deportivo Guadalajara, el del Elche y tantos y tantos descensos administrativos y desapariciones de clubes que no cumplían el famoso fair play financiero impuesto por los propios clubes y gestionado por el chiringuito del señor Tebas.

Ahora se acuerdan, ahora. Las temporadas anteriores daban palmas con las orejas por la permisividad, decían que era bueno para la competición que se inscribiera a tal o cual jugador blaugrana, y consintieron plácidamente las excepciones que se hacían con ellos. Ahora no, ahora, como la Administración ha hecho saltar por los aires el sistema, cuando ahora cualquiera podrá fichar a quien quiera, tenga o no dinero para ello, porque se han pasado por el arco del triunfo las normas de sostenibilidad económica creando un precedente peligroso, ahora se ponen de uñas.

Pues nada, que se peguen entre ellos, que se destrocen y que emprendan acciones. El Real Madrid está muy tranquilo con sus cuentas saneadas y su boyante limite salarial.

Les dejo y, como siempre dice mi amigo Javi, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida…. ¡Hala Madrid!

 

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Buenos días, amigos. En un buen partido del Real Madrid, enturbiado por el juego sucio de los jugadores del Mallorca, con el impresentable lateral derecho Maffeo a la cabeza, los hombres de Ancelotti lograron doblegar el planteamiento ultradefensivo de Jagoba Arrasate y se impusieron por 3-0. Así, se verán las caras en la final de la Supercopa, el domingo, ante el equipo cliente de Negreira. Los del turno de mañana podéis leer aquí la crónica de Andrés Torres.

Marca

Marca otorga todo el protagonismo a Bellingham, que inauguró el marcador y descerrajó otro partido memorable. No nos parece mal que se resalte lo positivo de un encuentro que tuvo tanta marrullería y falta de deportividad por parte de la escuadra insular. No fue solo Maffeo, pero qué más da. Hubo otros maffeos, con otros nombres, pero son todos maffeos o aspirantes a serlo. “El Mallorca dio la cara en un partido que acabó en un nuevo lío entre los jugadores blancos y Maffeo”, reza la primera plana marquista. Puede que ese “Maffeo” se refiera a maffeo como concepto genérico, los maffeos, el maffeísmo.

Mejor aún: LO maffeo.

Es posible que el defensa hispanoargentino sea, así, grosso modo, el futbolista más impresentable que ha pisado jamás un terreno de juego, o de lo que para él es el juego. Bueno, sí, tendría que pedir permiso a Luis Suárez, pero por ahí se andarán. Cada vez que el Mallorca juega contra el Madrid, Maffeo reclama su cuota de protagonismo, que los medios le brindan gustosos, para soltar sus fanfarronadas de niño de parvulitos, que luego extiende al césped, y a continuación al pospartido. Hay que entenderle. Sus duelos contra Vinicius son las fechas del año en las que adquiere alguna notoriedad. Durante el resto de la campaña, va a comprar el pan y nadie en la cola le reconoce.

Los jugadores del Mallorca impartieron ayer un curso acelerado de maffeísmo, con el privilegio de contar para el mismo con la presencia de the man himself, el fundador del movimiento. Menudo honor. Es como contar con el mismísimo Karl Marx en un seminario sobre su doctrina, dicho sea salvando las distancias, pues que se sepa el revolucionario filósofo alemán nunca cayó fulminado por un dedo de Engels gentilmente posado sobre su pecho.

En todo caso, cabe desear a Maffeo, a los maffeos, al maffeísmo, a LO maffeo, un buen viaje de vuelta. Las logísticas de un periplo Yeda-Palma de Mallorca deben ser de aúpa, y cuajadas de unos peligros que ni Simbad el Marino, oigan.

As coincide con Marca en designar oficiosamente a Bellingham como el hombre del partido. Hay justicia en ello. Lleva nueve goles en diez partidos y ayer fue el mejor, bien secundado por Rodrygo, Lucas, Camavinga y un Vinícius que supo controlarse admirablemente ante las continuas provocaciones de Maffeo y del maffeísmo. Vini se vio envuelto en la trifulca final, en el túnel de vestuarios, pero es que quién aguanta lo inaguantable. De Burgos Bengoetxea, por cierto, permitió que un Mallorca sumamente leñero terminara el partido sin tarjetas. Ya conocemos a ese señor, que ni es de Burgos ni (según nuestro editor) es un auténtico Bengoechea.

“Un clásico en inglés”, titula As. Sabemos la respuesta: a classic. ¿Cuál es el premio?

Ni clásico ni leches. Lo tenemos muy hablado. No se le puede llamar “clasico” al enfrentamiento entre el mejor club del mundo y el más tramposo. Uno colecciona Copas de Europa, mientras el otro hace acopio de sobornos al estamento arbitral, inscripciones fraudulentas, impune violencia en sus gradas, delitos contra la Hacienda Pública y tráfico de órganos, por nombrar solo unos cuantos. No hay ningún tipo de parecido entre una entidad y la otra y, en consecuencia, lo que se va a jugar el domingo no es un clásico. Tan solo es un partido contra el club cliente de Negreira en el cual, en este caso, resulta que está en juego un título, la Supercopa de España. No es desde luego el trofeo más preciado que se nos presenta en esta temporada, pero lo queremos como queremos todos. Sería el tercero de la presente campaña, tras Supercopa de Europa e Intercontinental.

Si llamar “clásico” a lo que se viene el domingo nos parece inapropiado, imaginamos lo que nos parece llamarlo “superclásico”, como hace Mundo Deportivo. El que sea la final de la Supercopa no convierte un falso clásico en un “superclásico”. Lo que hace que nos desternillemos de risa, no obstante, es el antetítulo: “El cuarto clásico en Arabia llegará marcado por el Caso Olmo y el indulto a Vinícius”.

La golfería intrínseca a frase semejante tiene un desmonte más sencillo que el mecanismo interno del cerebro de Maffeo. Es justamente al contrario, porque los que han sido indultados han sido Olmo y su club, por razones que de sobra conocemos todos. Vinícius no ha sido indultado de nada, sino que sufrió ante el Valencia una expulsión injusta que no debió derivar en ninguna sanción, y desde luego en ninguna en la Supercopa, tal y como está establecido. De manera que el “morbo” al que se refiere la primera plana de Sport, con la que por hoy terminamos, lo trae de casa, solito, el cliente de Negreira, sin ayuda alguna del Madrid. El domingo disputarán ambos un partido “de visibilidad y repercusión mundial”, por si os suena la descripción.

Pasad un buen día.

Courtois: bien. Jugó de defensa casi todo el partido ante la inoperancia ofensiva del Mallorca.

Lucas Vázquez: aprobado alto. Su calificación sube merced al buen centro que colocó en el tercer gol.

Tchouaméni: notable. Bien el francés atrás y mejor aún en la salida de balón. Pudo marcar en un gran chut lejano. En un lance aéreo con Larin en la segunda mitad, sufrió un violento golpe en la cara que lo desplomó. Aunque se levantó, parecía grogui y fue sustituido por Asencio.

Rüdiger: notable. Inexpugnable.

Mendy: bien. Sin muchos problemas.

Valverde: notable. Ya no se entiende un Madrid sin él.

Camavinga: sobresaliente. Portentoso. Aquí, allá y acullá. Cubre más campo que el techo del Bernabéu. Lo mismo saca las castañas del fuego en defensa que arma juego que dispara a puerta.

Bellingham: sobresaliente. De nuevo fue determinante, su gol desatrancó un partido que comenzaba a adquirir un cariz feo. De nuevo se vació en defensa y en ataque. De nuevo el Madrid juega cuando Jude juega.

Rodrygo: bien alto. Celebró su cumpleaños con gol y victoria.

Vinícius: bien alto. Partido heterogéneo a pesar de haberse desprovisto de su horrendo peinado. En su descargo cabe decir que no ha de ser nada sencillo aguantar junto a un ser vivo como Maffeo, que nos regaló uno de los mayores fingimientos que se recuerdan (el tipo que decía que iba a noquear a Vini en 10 segundos). Durante bastantes minutos Vini no jugó bien, sin embargo, rompió el partido con la jugada por la derecha que acabó en el tanto de Jude. Después se animó y pudo anotar un golazo.

Mbappé: notable. Comenzó eléctrico y fue dando chispazos durante todo el partido. Realizó varias jugadas típicas de ese Kylian nazariano que tanto nos gusta.

Asencio: sobresaliente. Partidazo sellado con un besito de despedida a Maffeo, que lo estaba insultando gravemente.

Ceballos: aprobado. Cumplió su función, aunque perdió un balón peligroso que no creó problemas porque anduvo al quite el omnipresente Camavinga.

Brahim: notable. Jugó muy poco tiempo, pero bien. Provocó el segundo gol, tranquilizando de ese modo el final del partido.

Ancelotti: notable. Alineación y cambios sensatos.

 

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Este domingo habrá Clásico, como dicen los modernos, para regocijo de los futboleros sauditas que se compran Supercopas europeas a tocateja. Le costó al Madrid —superior al Mallorca, pero enredado entre tanto palo— imponerse a lomos un Bellingham de nuevo imbuido del aura de Guardián de los Santos Lugares.

Y eso que la noche árabe comenzaba juguetona para Vini y Mbappé para alborozo de los saudíes congregados en el Al-Jawhara junto a unos cuantos valientes ibéricos e insulares. Temperatura ideal para la práctica del fútbol, comentaban entre chanzas los locutores. Y para los derechos de las mujeres o los homosexuales, añadimos nosotros. Así es la Supercopa saudita de España. Hay que procurar que Geri pueda llegar holgado a final de mes y que la compra de voluntades en el oscuro y laberíntico zoco de la RFEF transcurra sin mayores sobresaltos. Lujo árabe lo llaman.

Infiel a su costumbre, el Madrid compareció concentrado, con sus cimitarras afiladas, a su particular cruzada. Pronto comenzaron a acogotar a un Mallorca al que el balón duraba menos que una inscripción fraudulenta en la puerta del Consejo Superior de Deportes. Lucas probó suerte ante Greif tras una fulgurante penetración de Vini o Mbappé, simbióticos en los primeros compases de partido. Pronto se sumarían Tchou, Goes o Bellingham con sendos latigazos lejanos a los que respondió con solvencia el espigado portero bermellón.

No obstante, los fantasmas del bochorno no tardaron en aparecerse en Yeda. Sobre los diez minutos, Pablo Maffeo —quién si no— cargó, leve pero macarramente, con el codo sobre Vinícius que respondió —si se puede llamar respuesta— con un prestidigitador chasqueo de dedos sobre el pecho de su pendenciero adversario, que cayó fulminado cual víctima inocente de Chacal, armado con un rifle con mira telescópica. Este es el que decía que Vini le duraría diez segundos en un cuadrilátero. Visto lo visto esta noche, habría sido la velada más vergonzante de la historia del pugilismo. Más feo es difícil, Maffeo.

Todo claro, con la complicidad de De Burgos Bengoetxea y su cara de grisáceo monaguillo adolescente, para quien pitar una falta a favor de los blancos parecía por momentos un mortal pecado coránico. Así, entre broncas, con caballito de Vini sobre Maffeo incluido —sí, como lo leen— el Mallorca comenzó a sobreponerse a la embestida blanca. Dicho sea de paso, que otro de nuestros particulares villanos, Raíllo, se retiraba lesionado precisamente en estos instantes, bajo el consuelo de Jude. Imagine all the people. Pues eso.  Señorío a pesar de todo.

Poco a poco, con su estilo arcaico de enviar melones de Villafranca de Bonany al fornido Muriqi, con el kosovar chocando con todos, el Mallorca provocó algún susto al contrataque. A los que respondió casi siempre Kylian, especialmente en una acción supersónica en la que se deshacía tan rápido de sus marcadores que no podían ni hacerle penalti. Si se hubiera tirado con triple tirabuzón y axel, como nuestro amigo Maffeo, quizás pudiera haber sonado la flauta.

No sonó en todo el primer tiempo, ni siquiera tras una maravilla de Bellingham en la que pareció “enfadado” con sus compañeros y decidió sacar a bailar él solo a toda la defensa del Mallorca. El disparo de Goes tras cuasi pase de la muerte de Jude fue interceptado en el último instante. Llegar vivos y coleando al descanso insufló fuerzas al conjunto de Jagoba Arrasate, que aprendió la lección del primer tiempo y sorprendió a los de Carletto con nuevos bríos y mayor agresividad. Mientras el Madrid comenzaba a asumir la nueva situación, Tchouaméni se daba un auténtico morrazo contra el hombro de Larin y debía ser sustituido por el joven y prometedor Raúl Asencio.

A falta de media hora para el final del encuentro, el atasco merengue ya era una realidad. Entre ardor, tarascadas y codazos —con nuevas estrellas mallorquinas invitadas como Dani Rodríguez— el Mallorca, no sin esfuerzo, había colocado el partido donde quería. Y como casi siempre sucede cuando enfrente está el Real Madrid, la esperanza apenas duró un par de minutos. Muchísimo menos tardó Mbappé en arrancar y cruzar media cancha como un tren de mercancías. Kylian sirvió profundo a Vinícius, hoy sin trenzas, que consiguió sacar un centro fabuloso, con el central subido a la chepa, que Goes remató en plancha de cabeza al palo. Mbappé recogió el rechace y fusiló al arco, pero se encontró con la fenomenal intervención de Greif. El balón regresó a los pies de un jugador blanco, en una especie de concurso de merengues, con el agravante de que esta vez fue a parar a las botas de Jude, goleador de nuevo, descerrajando el cerrojo de la final de la Supercopa saudita, ante la atenta, por cierto, de un ovacionado Benzema en un palco privado.

Entre loas de la parroquia de Yeda el Madrid se liberó de cierta angustia que comenzaba a aflorar entre el fulgor de los dientes de Muriqi y su particular y milimétrica separación entre incisivos centrales. Tanto es así que Carlo decidió prescindir de su pretoriano Valverde en favor de Ceballos. Sin embargo, más allá de sensaciones embriagadoras propias de las Mil y Una Noches, y a falta de un cuarto de hora, el Mallorca seguía vivo y —hay que reconocérselo— es tan perro viejo como hueso duro.

Pudo matarlo Vinícius después de humillar —esta vez sí— sobre la línea de fondo a Maffeo, al que, a pesar de sus muchos tatuajes comenzaron a vérsele las costuras. Su disparo se marchó fuera. Greif tuvo que emplearse a fondo para enviar a córner el posterior latigazo de Mbappé.  Buscando precisamente el tiro de gracia, entraba Brahim en unos últimos compases sin noticias del Mallorca, al borde de un abismo al que acabó abocado irremediablemente con mucha garra, demasiadas uñas, y muy poco fútbol. Y fue precisamente un pase diabólico de Brahim el que acabó en autogol del Mallorca y sentencia. En el descuento, Rodrygo marcaba a placer tras una asistencia-banana de Lucas Vázquez digna de Beckham.

El gol, que consumaba la goleada, debió liberar algún ajuste de cuentas verbal sobre los jugadores del Mallorca, particularmente Maffeo, el perejil de todas las salsas, que desató una desagradable tangana final en la que Asencio respondió con besitos a los cariñosos “subnormal” que le espetó el propio Maffeo con Vini, afortunadamente sustituido, descojonado en la banda y Carletto llevándose al plañidero lateral bermellón dentro del túnel de vestuarios.

Un buen aperitivo de juego sucio el de esta noche, para degustar el domingo el plato principal: el ReAlí Babá visita la Cueva de los 40 ladrones.

 

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Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea del Comité vasco. En el VAR estuvo Trujillo Suárez.

Siempre deja algo a deber. Es un colegiado con carencias que jamás han sido corregidas. No gustó y se mostró incongruente en varias ocasiones.

El Mallorca se fue sin tarjetas amarillas porque no utilizó el mismo listón. La última entrada de Mascarell a Ceballos en el 91' es un claro ejemplo. También debió verla Maffeo en dos ocasiones: la primera por simular de manera lamentable un toque de Vinícius y la segunda por protestar al árbitro igual que hizo Bellingham, que sí se llevó la cartulina. El otro amonestado fue Camavinga por agarrar a Dani Rodríguez.

Además, se reclamaron dos penaltis en los que hubo nada. Una caída de Mbappé con Dani en el 14' y otra de Vinicius con Maffeo en el 44'.

De Burgos Bengoetxea, REGULAR.

 

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Real Madrid-De Burgos Bengoetxea (20 horas, Movistar+)

 

Buenos días, amigos. Los torneos que se disputan lejos de la hinchada de los clubes participantes son fríos como una providencia de apremio. El fútbol es pasión, y si se le birla la presencia masiva de las aficiones de los equipos en liza, el ambiente resultante es más parecido a una comida de compromiso con la familia política que a un partido de fútbol.

Valdano dijo que en la final de México 86 no dejaba de repetirse a sí mismo que estaba disputando la final de un Mundial para concentrarse y mentalizarse, porque el ambiente en estos casos es disoluto debido a que las entradas se venden con meses de antelación, cuando no se sabe qué dos equipos se disputarán el cetro, y la grada presenta más un color festivo que de contienda futbolística, al estar compuesta por una mezcla heterogénea de seguidores de distintas selecciones trufados con vips invitados por los patrocinadores, en lugar de por una mayoría de forofos.

En la Supercopa de España sucede algo parecido, aunque por un motivo diferente: el económico. Hace unos años, un par de señores, principalmente, vieron la necesidad de enriquecerse aún más y maniobraron para llevar allí este torneo amparándose en excusas peregrinas falsamente buenistas. Y quien más y quien menos no está en disposición de montarse con familia y/o amigos en el Citroën Xsara HDI y viajar entre semana a Arabia.

La semifinal disputada ayer entre Athletic y Barça fue prueba de este ambiente desaborido. Los vascos jugaron con menos tensión que un espagueti sobrecocido y mostraron la misma capacidad ofensiva que poder nuclear tiene un sugus. A los rojiblancos parecía que les habían echado «droja en el Cola-Cao» y el Barça se puso 0-2 sin oposición alguna.

Quien sí jugó con sobretensión fue Gavi, como de costumbre, pero no es necesario que nadie hable con él para que se modere y cambie, porque el muchachito blanco, español y del Barça lo que tiene es carácter, a lo sumo un lío, no un problema. Y se solventa con un aviso, no con tarjetas ni sanciones.

Tienen lío Yuri y Gavi. Lo solventa el árbitro con un aviso#superSupercopa pic.twitter.com/DodgvXf2uB

— MARCA (@marca) January 8, 2025

Quien también tiene un lío, pero de conceptos en la cabeza, es Iñigo Martínez, aunque ese es otro asunto. Si nos permite la recomendación, que se lea el reglamento y así saldrá de dudas sobre el motivo por el que su sanción fue mayor que en otros casos.

A todo esto, cuando al final del encuentro intentó hacer algo el Athletic Club, le anularon dos goles. Aunque parezca absurdo, da igual que estuvieran bien o mal anulados, porque no podían permitir que el Barça perdiese en el campo lo que gana fuera.

As

Para algo la Supercopa de España es un torneo organizado por su excapitán cuando aún estaba en activo. Eso tiene que servir de algo, por mucho que la Justicia esté investigando la legalidad del negocio.

Marca

Marca decide hacer bromas con el asunto de marras, porque, como hemos venido comentando desde el comienzo, Dani Olmo y Pau Víctor serán inscritos y podrán jugar con el club que se compró el estamento arbitral sin consecuencia alguna. Este es el texto que lo hace oficial:

La autorización del Gobierno contiene párrafos tan impresentables que no merece ni nuestro comentario. Acabamos de desayunar y corremos el riesgo de que se nos corte la digestión.
Quien no sufrió un corte de digestión al recibir la noticia fue un Laporta eufórico que decidió celebrarlo con un corte de mangas.

⚠️ Atenció a aquestes imatges!

🔥 Laporta i Masip, EUFÒRICS per la concessió del CSD de la cautelar per a Dani Olmo i Pau Víctor#GolaGolE3

👉🏽 https://t.co/A2GxyBkJcy pic.twitter.com/WuTsKABEZT

— Esport3 (@esport3) January 8, 2025

Después, en el palco, continuó con los cortes de manga, acompañados esta vez por gritos de «hijos de p…» y faltas de respeto a los presidentes de las territoriales. Lo que uno espera de un presidente del FC Barcelona, vaya. O simplemente de alguien educado.

Al igual que el Mickey Rourke paródico de Muchachada Nui, Laporta vive en un continuo «subidón, resaquita y bajona» que lo lleva a comportarse de modo inapropiado allá por donde va. Como escribieron varios usuarios de X, a ver cuántos partidos le caen a Vinícius por los cortes de manga de Laporta.

Mundo Deportivo

La prensa culé va a calzón quitao, como siempre. Mundo deportivo celebra la victoria del Barça dentro y fuera del terreno de juego.

Sport

Sport estalla de júbilo en su titular porque la final la podrá jugar Olmo, y con su faldón «El Mallorca busca la sorpresa ante un Madrid con Vinícius» muestra su desacuerdo con que el brasileño pueda jugar al haber sido sancionado «solo» con dos partidos por una acción en la cual no debió ser ni expulsado.

Para regocijo blaugrana, el estamento vicepresidido durante décadas por el proveedor del Barça ha colocado frente al Madrid esta noche a De Burgos Bengoetxea: uno de los colegiados que reconocieron haber sido acompañados a los encuentros por el hijo de Negreira después de 2018, cuando supuestamente ya no pinchaba ni cortaba; el que heredó la internacionalidad de Clos Gómez tras su retirada; el que expulsó a Vinícius en Valencia después de que intentaran ahogarlo (a Vini, no a él) y de no haber activado el protocolo antirracismo; el que expulsó a Cristiano cuando le hicieron un penalti no pitado y convirtió en penalti pitado un doble tirabuzón de Suárez en la Supercopa de 2017…

❝Richi (de Burgos Bengoetxea) es un árbitro espectacular y me alegro de que esté aquí, es un premio a su trabajo en estas temporadas❞

🗣 Antonio Raíllo | @RCD_Mallorca#superSupercopa pic.twitter.com/sBsMvVvSr5

— RFEF (@rfef) January 8, 2025

Porque Richi es espectacular y Raíllo se alegra de que dirija el partido de hoy. Todo lo que está sucediendo es para estar locos de contentos, ¿verdad?

Pasad un buen día.

La llegada de los Reyes Magos finaliza el período navideño, en el que predominan los buenos deseos. Por unas horas, la inocencia infantil se apodera de la sociedad, con el recuerdo interior de la niñez. El cambio de fecha de la cabalgata en varios puntos de España por motivos meteorológicos rompe una tradición de la misma forma que los goles ya no se cantan como antes, a la espera de la definitiva aprobación del VAR (o de vaya saber usted qué sala bajo el mando de Medina Cantalejo o de un realizador de Mediapro). El deporte comparte con sus majestades la capacidad para generar ilusiones. Cada previa es la particular noche de Reyes de los aficionados, que por desgracia están creciendo a base de escándalos que les han privado de la ingenuidad infantil.

Las noticias extradeportivas copan las portadas, y no las jugadas de Bellingham, hasta en plena Nochevieja. Los niños y adultos que comparten colores se diferencian de los dirigentes deportivos en que ellos no viven a costa del dinero generado con sudor. Sirva como ejemplo Joan Laporta, quien paradójicamente ha aumentado su patrimonio personal notablemente desde que accedió a la presidencia del Fútbol Club Barcelona, al mismo tiempo que realiza una gestión económica nefasta (así lo afirma el Juzgado de Primera Instancia nº 47 de Barcelona).

Con el “caso Negreira” todavía lejos de su resolución (adiós, Joaquín Aguirre), la cual se atisba que no cambiará las podridas estructuras del deporte patrio, el inicio del 2025 balompédico recordó al madridismo el hedor que desprenden los Tebas, Louzán, Medina Cantalejo... y Óscar Lago. Si bien es cierto que el actual equipo de Ancelotti tiene errores y desconexiones groseras, impropias del talento que atesora, debería bastarle con su superioridad para ganar la depauperada Liga sin mayores aprietos. Los ínclitos personajes que se encargan de darle emoción se reflejan en la celebración de los jugadores del Real Madrid en la ciudad del Turia, sabedores de que su rival son más que once oponentes.

Como los Reyes de amarillo y silbato han dejado al Real Madrid carbón muchas veces que se ha comportado como describe el himno de José Aguilar, la inocencia perdida nos dejará con la eterna duda de si Kylian Mbappé estaba o no en fuera de juego. El pasado verano se presentó el sistema de fuera de juego automático, pero al Comité Técnico Arbitral se le olvidó especificar que era automáticamente en contra del Real Madrid. La asignación de Pedro Rocha para alegría del bolsillo de Tatxo Benet es tan vergonzosa como la realización televisiva que ofreció Movistar. “A Vinícius siempre le pasan cosas en Mestalla”, exclamó Carlos Martínez. El narrador estrella de la operadora que preside Álvarez-Pallete no abandona su veneno ni en las entrañables fechas navideñas. Lo que le pasa a Vinícius en Mestalla es, según la Justicia, que se omitieron imágenes de su expulsión en 2023 desde la sala VOR. Por si fuera poco, tres aficionados valencianistas presentes en ese infausto partido del 21 de mayo de 2023 fueron condenados por insultos racistas al brasileño. ¡Qué cosas le pasan a Vinícius en Mestalla, eh, Martínez! Y en jauría, el resto de medios empuñan la zambomba para centrarse en el brasileño y opacar el gol anulado a Mbappé, uno de esos que, por experiencias pasadas, pueden determinar quién gana La Liga.

Qué mejor para tapar las vergüenzas propias que un ataque infundado. Jota Jordi, que ya celebraba el pinchazo del Madrid en Valencia, difundió una mentira que ni Fonsi Loaiza se atrevió. El tertuliano estrella de Josep Pedrerol (y Quim Doménech) aseguró que la no inscripción de Dani Olmo era a causa de madridistas como Luis Cazorla. Raudo y certero como siempre, el portal Futbolgate desmintió a Jota Jordi, ya que Cazorla ya no forma parte del Comité de Disciplina. A partir de ahora, LinkedIn debe incorporar en sus ofertas laborales una casilla en la que se especifique si se acepta madridistas o no para un puesto laboral. Será la forma más rápida para descartar a media España, pues eso de ser aficionado al fútbol y no tener simpatía por un equipo es una cursilada propia de Carlos Martínez. Una circunstancia que no afectó para el nombramiento de Albert Soler, que no solo era seguidor del Barça, sino ejecutivo del club azulgrana.

Todas las plagas confluyeron en la mesa de realización del derbi catalán de baloncesto que disputaron el Girona y el Lleida. Uno de los trabajadores del instant replay estaba ensimismado viendo el Fútbol Club Barcelona-Barbastro en su teléfono móvil. Por el escaso recorrido mediático de la noticia, todo apunta a que se trata de un seguidor del club aragonés. En el baloncesto español también se acumulan los episodios de arbitrajes automáticamente en contra del Real Madrid. No son hechos aislados. La cuestión ya no es únicamente cuánto y cómo influyó Enríquez Negreira. La certeza es que el sistema que blindó esa corrupción sigue en marcha, desde Mediapro a Medina Cantalejo. Su mujer no tendrá un bar con una alta facturación en Barcelona, pero perviven, bajos otros apellidos, muchos (y necesarios) Enríquez Negreira. Queridos Reyes Magos, podéis quedaros a todos ellos en Oriente, aprovechando su visita organizada por Rubiales y Piqué para la Supercopa, y regalar a España un deporte saneado. Que la ingenuidad y la emoción infantil vuelvan a apoderarse de los aficionados, para que todos los partidos sean motivo de ilusión.

 

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La competición que se va a disputar entre el jueves y el domingo próximos no es la Supercopa de España. Lo podemos llamar ‘SuperPiqué’, ‘PiquéCup’ o la última herencia envenenada de Rubiales. La Supercopa auténtica murió en la temporada 17/18, con el Real Madrid, por cierto, como último vencedor.

La competición que enfrentaba al campeón de Liga con el de Copa tuvo su primer precedente, según el historiador Bernardo Salazar, nada menos que en 1936, pero decidimos liarnos a tiros y aquello, aprobado por la RFEF, quedó en un cajón. Terminada la guerra, se sucedieron nada menos que tres precedentes de la Supercopa, que no arrancaría de verdad hasta 1982. Sólo un año después del fin del conflicto se disputó la Copa de los Campeones, aunque su oficialidad está en entredicho. En 1941 la Federación organizó la Copa Presidente de la Federación, un invento que incluía a los campeones de Copa y Liga, así como al tercer y cuarto clasificado de esta última. Por último, la precursora más duradera fue la Copa Eva Duarte, celebrada en honor a la argentina entre las temporadas 46/47 y 52/53, y que, ahora así, sólo la disputaban los ganadores de Liga y Copa.

La competición que se va a disputar entre el jueves y el domingo próximos no es la Supercopa de España. Lo podemos llamar ‘SuperPiqué’, ‘PiquéCup’ o la última herencia envenenada de Rubiales

No fue hasta el año del Mundial de España cuando se afianzó la Supercopa de España como un torneo a doble partido, el primero en casa del vencedor de la Copa y el segundo en el feudo del ganador de Liga. Disputada en sus inicios en mitad de la temporada, en 1994 se potenció su relevancia situándola justo antes del inicio de la Liga, en esas fechas que hoy son tabú por la voracidad del negocio.

El Real Madrid fue protagonista de la primera y la última Supercopa auténtica, pues perdió la competición inaugural ante la gran Real Sociedad de aquellos años (4-1 en el tanteo final) y ganó la edición de 2017 contra el F.C. Barcelona (5-1).

Para ser justos, la cosa comenzó a torcerse mucho antes, allá por 2012, cuando la Federación cerró con China un acuerdo para trasladar en torneo allí durante cinco años, pero todo quedó en amago gracias a la oposición de Madrid y Barça. Puro espejismo. En 2018 salió por primera vez de nuestro país hasta Tánger, donde los catalanes se impusieron al Sevilla por 2-1. Y en la 19/20 llegó el acabose: torneo con cuatro participantes (ganadores y finalistas de Liga y Copa) a celebrar en Arabia Saudí.

El acuerdo de la Federación con la empresa saudita SELA, además de contribuir a la estrategia del príncipe Mohammed bin Salman de lavar la imagen del régimen a costa del deporte, supuso una ignominia de intereses cruzados, corrupción y perversión del fútbol en favor del negocio.

Tal y como ha detallado la UCO en el último informe solicitado por la jueza que investiga las presuntas irregularidades de la Federación de Rubiales, Gerard Piqué (oh, sorpresa) fue “parte activa” de un acuerdo cerrado cuando todavía era jugador de uno de los equipos participantes. Según desvelan los investigadores, la Federación concedió al ya exfutbolista “un mandato de exclusividad” para buscar “opciones de negocio” (aquí está la clave de todo) para la Supercopa. Y el catalán la encontró. Tras sondear Estados Unidos, China y Japón, Piqué cerró un acuerdo ventajoso para él, para la Federación y, si tomamos por válidas las palabras del expresidente federativo “para ayudar al desarrollo de la mujer en el fútbol de Arabia”. Tócate los pies.

Piqué y Rubiales

La cosa (ampliada en 2021) quedó así: 264 millones, a razón de 40 para la Federación en cada una de las ediciones a celebrar en Arabia (hasta 2029) y 40 de comisión para Kosmos, la empresa de Piqué. No es necesario recordar que el sueldo del presidente de la Federación incluía variables dependientes de los acuerdos económicos del ente.

Así que, como decía al principio, lo que el Madrid se va a jugar contra el Mallorca y Barcelona o Athletic si sale vencedor del primer envite no es la Supercopa, sino un torneo utilizado por Rubi y Geri, al más puro estilo Bonnie & Clyde, con el único pretexto de aumentar los ceros de sus cuentas y bajo la lupa de una investigación judicial.

No es fútbol, es sucio negocio.

 

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