Arbitró el francés Clément Turpin. En el VAR estuvo su compatriota Jérome Brisard.
A Mateu le encantó el trencilla. A nosotros, no. Anticasero total el francés hoy en el Santiago Bernabéu. Algunas faltas claras en la que el listón fue diferente a la hora de señalizarlas y las amarillas por faltas en el bolsillo.
Su error más grave fue el penalti no pitado sobre Rodrygo en el 6'. El lateral va por detrás de Rodrygo y lo lleva agarrado cual padrino a su hija camino del altar. Turpin se inhibió e indicó saque de puerta. También en el primer tiempo pudo amonestar a Llorente por un codazo a Vinícius. En la segunda, Giuliano y de Paul debieron igualmente ver cartulina. El hijo del Cholo por pisar a Valverde y el otro argentino por agarrar a Vini. El único amonestado fue Brahim por ir a celebrar el gol a la grada.
Turpin, DEFICIENTE.
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Una genialidad de Brahim en los peores momentos merengues permite al Madrid llegar con ventaja al Metropolitano después de saldarse el primer tiempo con sendos golazos, primero de Rodrygo, y después de Julián Álvarez, en un euroderbi capital, sufrido y sufriente, con las espadas, aún, en todo lo alto.
Y eso que salivaba la España antimadridista con una debacle blanca en el Bernabéu y así lo reflejó la prensa de la denominada caverna donde abundan los cavernícolas, sí, pero colchoneros. Así, desayunábamos unos scrambles de Rüdiger y Valverde “al límite”, para después merendarnos un bocata de Ancelotti “enfadado” y Simeone “tranquilo”. Muchas ganas de ver palmar al Madrid, desde luego.
Al otro lado, en los prolegómenos del partido, motivos para la esperanza, desde vislumbrar juntos a Kylian y Vini atarse las botas en el túnel de vestuarios, hasta el espectacular tifo del Bernabéu con la leyenda “Yo te quiero ver campeón”, coronada por el escudo y una cifra, 15, que son las Copas de Europa que acumulan ambos equipos sobre el verde del coliseo blanco. Un bonito detalle con el Atleti.
Un optimismo merengue desde luego impregnado por la tristeza del minuto de silencio dedicado al castillista Javier Dorado, campeón de la Octava, ominosamente interrumpido por la hinchada rojiblanca y afortunadamente sepultado en aplausos por la parroquia blanca. Un chaval de 48 años, víctima del cáncer, subrayamos. No lo podemos entender, desde luego.
Once esperado de Carletto dadas las circunstancias, con añoranza, quién lo diría, de Dani Ceballos, con el actual Camavinga con galones en el centro del campo que vendría a ser como entregarle una pistola a un bebé, y Asencio, junto a Rüdiger, en el eje de la defensa cual general Custer en territorio comanche. Enfrente, la falange de pretorianos del Cholo.
Tanto dio a los cuatro minutos. Lo que tardó el Madrid, infiel a su costumbre de sestear en los primeros compases, en deshacer el cerrojo de Simeone. Valverde, feliz titular de nuevo en el lateral derecho, rompió toda línea defensiva con un pase interior profundo para Goes, que se fue fácil, dejando al patibulario Javi Galán en el molde, superando en diagonal a Lenglet y batiendo con fantástico zurdazo a Oblak. No se podía empezar mejor. O sí.
Máxime si el árbitro francés Clément Turpin —pruebe a pronunciarlo— hubiera pitado inmediatamente después un agarrón del propio Galán de nuevo sobre Rodrygo en el que, todo un galán, el lateral derecho del Atlético parecía querer llevar al altar a Goes. Acostumbrados a los incendios que brotan de pitos ligueros, alguno se sorprendió de que no se señalara pena máxima. En Europa no suelen pasar estas cosas, salvo en Stamford Bridge, dicho sea de paso.
Ante la crecida merengue, el Atlético de Madrid trató de anestesiar el encuentro, tanto que casi se durmió, tras despejar Giménez con el tobillo un disparo franco de Vini taconazo de Brahim mediante. Mientras tanto, Giuliano, el Cholito, pifiaba una volea, mandaba un centro a Aranjuez y Lino piscinero daba siete vueltas de campana por una falta imaginaria.
Pintaba bien la cosa.
Una genialidad de Brahim en los peores momentos merengues permite al Madrid llegar con ventaja al Metropolitano
Un envenenado centro, esta vez sí, de Simeone Junior, que sacó Fede casi bajo los palos con problemas, fue el preludio del cambio en la dirección del derbi. Con Mbappé ausente, Vini hasta entonces desafortunado, y Camavinga con más peligro que un cable pelado en un charco, el Atlético comenzó no sólo a controlar los cada vez más exiguos embates del Madrid, sino amenazar a Thibaut. Así, a los 32 minutos, Álvarez, tras porfiar y ganar un balón dividido a Camavinga en la esquina del área, se sacó un impresionante disparo enroscado al palo largo de Courtois frente al que no había absolutamente nada que hacer.
Empate… y poco más en un primer tiempo donde el Madrid fue diluyéndose cual azucarillo en café malo de maquina de oficina a 90 céntimos de euro.
No sabemos qué dijo Ancelotti en el vestuario, pero su equipo compareció afectado e inoperante en la reanudación frente a un Atlético con el vigor renovado merced al gol, más sólido e incisivo. Sólo Mendy, que achicaba agua desesperado, y Modric, que calentaba en banda, parecían saber qué se esperaba de ellos el Bernabéu… ellos… y Brahim Díaz, claro.
A los 54 minutos, el malagueño —no lo olviden— recibió precisamente de Mendy en la misma zona donde empatara Julián Álvarez. Allí, rodeado de contrarios, caracoleó y caracoleo hasta que finalmente, y para sorpresa de todos, cruzó al palo más alejado de Oblak. Giménez, retratado, quedaba en ridículo escorzo con el moño tieso. 2-1, golpe del Madrid cuando menos lo merecía, y Brahim, salvado por la campana. Modric volvía a sentarse en el banquillo, para poco después levantarse, pero para sustituir esta vez a Camavinga en un sabio cambio de Ancelotti.
Estoico en el dolor, como buen sufridor, el Atlético se resistía a la descomposición. Griezmann, flojo pero bien colocado, ponía a prueba a Courtois con un palmeo sobre la línea, el señor francés del silbato —oh la la— amonestaba a un miembro del cuerpo técnico de Carletto, Vini se metía en líos con la cheerleader de Messi, un tal Rodrigo de Paul, y Mendy, de nuevo Mendy, probaba a Oblak desde su casa con la derecha. A ver si Ferland va a ser diestro, como se rumorea en los mentideros de la red social de Elon Musk, enamorado de Marte y las motosierras. El Bernabéu, que también juega, enseñaba los dientes.
También jugará el Metropolitano en una semana. O así lo debió pensar el Cholo. Simeone, como hiciera en Milán en la prórroga de la Undécima con medio Madrid acalambrado, decidió ir valiente a por el partido mediante un cambio ofensivo: Le Normand por Griezmann.
Justo es decir que en el último cuarto de hora entrarían el tallo nórdico Sorloth y el menudo Correa, el mismo que se quedó pasmado en el banquillo de San Siro en el tiempo extra.
Ancelotti, por su parte, le daba al chicle, para, mascando, meter a Lucas y Endrick en los últimos minutos. En el descuento hubo una doble ocasión de Mbappé, Vini y Modric donde estuvo la eliminatoria. O no.
Lo veremos en un Metropolitano que dictará sentencia. Será con ventaja merengue.
Sufriremos, sufrirán… y pasaremos.
Es el lado bueno de la historia.
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El primer gran enfrentamiento europeo entre Real Madrid y Atlético de Madrid se produjo en las semifinales de la Copa de Europa en 1959. Los blancos estaban en el camino de intentar conquistar el título por cuarta vez, mientras que los colchoneros disputaban su primera edición tras haber ganado el Real Madrid la del año anterior, lo que hizo que su subcampeonato liguero le valiera el acceso a la competición continental.
La rivalidad entre los dos conjuntos era muy fuerte, profunda y exacerbada. Los partidos en la Liga y Copa eran duros e intensos y tampoco iba a ser distinto en la Copa de Europa. Estaba en juego un pase a la final y por parte de los colchoneros destronar a su eterno rival. La Liga había terminado unos días antes y el equipo blanco no había podido revalidar el título que fue a parar a Barcelona. Tampoco el Atleti tuvo su mejor año con un quinto puesto, pero muy lejos en puntuación de Barça y Real Madrid. A ambos les quedaba de la bala europea y también la Copa.
El Real Madrid había eliminado en octavos al Besiktas alineando en la ida por primera vez en la Copa de Europa al famoso quinteto formado por Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento, y luego hizo lo propio en cuartos con los austriacos del Wiener SC. En las filas rojiblancas en su camino hacia semifinales apearon de manera consecutiva al Drumcondra irlandés en dieciseisavos, al CDNA Sofia búlgaro en octavos, con desempate incluido, y a los alemanes del Schalke 04 en cuartos.
Desde días antes la capital se encontraba agitada, bulliciosa y ansiosa por la eliminatoria. Todo el mundo hablaba del partido con familiares y amigos en la calle, en los bares y en el trabajo. A medida que se aproximaba el encuentro de ida también llegaron los nervios y la excitación. El primer partido se iba a celebrar en el Santiago Bernabéu el jueves 23 de abril a las 21:30 horas de la noche.
El día 22 MARCA ya anunciaba en portada una dura baja en el equipo merengue: Kopa. El francés se iba a perder la ida por una distensión de los ligamentos del tobillo acaecida en el último partido liguero contra el RCD Español. Mientras que en los rojiblancos el técnico checoslovaco tenía la duda de alinear a Mendonça o Agustín. El Real Madrid entrenó de noche a las 8 en el Santiago Bernabéu con la presencia en las gradas de Santiago Bernabéu. Tras cien minutos de sesión se marcharon a concentrarse a El Escorial.
Por su parte, el Atleti tenía su cuartel general en El Plantío, donde realizó preparación física y posteriormente una sesión de cine. Las novedades para Daucik fueron que se incorporaron Madinabeytia, Alvarito, Rafa y Adalberto al grupo.
En la previa habló Carniglia: “Mi equipo se crece en los encuentros para la Copa de Europa”. Avisaba que el “Atlético está descansado y es un equipo que lucha cuando llega el caso” y no creía que “la eliminatoria se decida en el primer partido”. A Kopa se le iban unir Juanito Alonso y Zárraga como bajas. Y la del medio guechotarra no era una ausencia cualquiera, puesto que iba a fallar por primera vez en la competición tras haber disputado 26 encuentros. Di Stéfano manifestó estar “esperanzado en conseguir la victoria” y Lesmes vivía con ganas de que llegase el choque: “¡Para mí es un día grande!”. En el otro bando, Daucik hizo un último entrenamiento con sus hombres durante una hora en el Metropolitano. El preparador comentó tras la sesión que “jugaremos cara a cara. Con nuestra táctica de siempre y la alineación que presentamos al Barcelona. Hay mucha ilusión y entusiasmo, pero no optimismo”. También declaró que “aunque el Madrid no está en su mejor momento, será igualmente temible”. Además, hablaron futbolistas importantes como Miguel, que prefería jugar “con luz natural y calor” y Vavá, que señalaba a Santisteban, al que temía como “sexto delantero”.
Arbitró el escocés Mr. Mowat, que según las crónicas generalizadas tuvo varios errores importantes. El Real Madrid salió con Domínguez; Miche, Santamaría, Lesmes; Santisteban, Ruiz; Mateos, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Y en el Atleti los once elegidos fueron Pazos; Rivilla, Callejo, Mendiondo; Calleja, Chuzo; Miguel, Mendonça, Vavá, Peiró y Collar.
La victoria blanca fue por la mínima y el fallo en el penalti de Vavá pudo cambiar la eliminatoria por completo. En la crónica de MARCA destacó Antonio Valencia las actuaciones de medios y defensas y criticó los fallos en ambos equipos de las delanteras. El Real Madrid no estaba en su mejor momento y lo suplió con esfuerzo y sacrificio, lo que le dio para llevarse el triunfo. Daucik planteó para el Atleti un plan con un 1-3-3-4 en el que dejó con vida al cuadro blanco por la inoperancia de varios futbolistas de ataque. Como especificó Valencia en su crónica nunca tendría el Atleti “menos Madrid enfrente”.
Los visitantes se adelantaron con un disparo de Chuzo a los trece minutos. Dos más tarde, la reacción del Madrid. Un balón largo de Lesmes a Rial, que estaba en posible fuera de juego, y el interior de Pergamino definió cruzado ante Pazos, que pudo hacer algo más.
Pasada la media hora, una jugada en el área atlética en la que Di Stéfano fue derribado por Rivilla.
Puskas no perdonó y materializó desde los once metros.
A renglón seguido, la ley de la compensación arbitral con una pena máxima para los rojiblancos. Peiró se internó, siguió la jugada trompicada y ‘El Galgo del Metropolitano’ cayó sin que existiese penalti. Vavá lo tiró flojo por bajo a la derecha de Domínguez, que llegó a tiempo de atajar y despejar a córner.
Si en la primera mitad quedó tocado el arquero Pazos tras un choque con Puskas, en la segunda el Atleti agobió a los blancos sobre todo tras la lesión de Santisteban, que se refugió en el extremo derecho sin apenas poder participar. El cuadro merengue se reestructuró con Di Stéfano bajando a la media junto a Rial para echar una mano.
En vestuarios, Carniglia afirmó que “merecimos un gol más” y lo mejor del partido fue la “velocidad y la corrección de los jugadores”. Respecto a las jugadas polémicas, lo tenía claro: “El penalty de ellos, no; el que hicieron a Di Stéfano, sí”. Mientras que la conclusión de Daucik fue clara: “Ganó quien tuvo más suerte”. Añadió que “jugamos más y tuvimos la gran oportunidad de ganar”. También hablaron los presidentes. Bernabéu dijo que “el Madrid fue superior al Atlético” y Fuertes de Villacencio que los suyos “merecieron empatar y la eliminatoria está en el aire”. Por último, los capitanes se mostraban confiados en las posibilidades de su equipo. Lesmes manifestó que el empezar “con ventaja, ya es un signo positivo” y Miguel que “el resultado permita abrigar confianza”.
El duelo de vuelta quedó establecido para el día 7 de mayo. A falta de dos días para el encuentro, Daucik ya tenía concentrados a sus chicos en el cuartel general del Nueva Montaña, en El Plantío. Por la mañana realizaron ejercicios de cultura física y una caminata de diez kilómetros. Por la tarde se marcharon a Chamartín para presenciar el Sevilla-Indauchu de desempate de la Copa. En el otro bando, Carniglia había recuperado a sus lesionados Santisteban y Kopa, que entrenaron por la mañana en Chamartín. El equipo madridista no contaba con bajas. Varios jugadores blancos, al igual que los colchoneros, viajaron desde El Escorial hasta Madrid por la tarde para presenciar el choque copero.
En la previa, a medida que se acercaba el partido, Daucik tenía claro su once y no titubeaba: “Ganaremos por dos goles”. Respecto a la vuelta de Kopa pensaba que “puede influir en su equipo, pero… de una semana a otra no se pueden hacer milagros”. Su colega Luis Carniglia sí tenía un rompecabezas, sobre todo para conformar el ataque. Tenía siete nombres para cinco puestos en el ataque y comenzaba a oírse el rumor de que Puskas se quedaría fuera, lo que causaba sorpresa y extrañeza general entre aficionados y medios. El argentino avisaba que “nosotros vamos a intentar ganar, eso no cabe duda; más sin jugar a tontas y a locas, sino con organización”. Y aclaraba que “no creo que el Atlético pueda jugar todo el año con ese ritmo velocísimo y con esos enormes deseos que emplea frente al Madrid”.
El colegiado de la contienda fue el inglés Mr. Leafe, con un estadio Metropolitano lleno total y en una tarde gris. En los colchoneros la formación la integraron Pazos; Rivilla, Callejo, Mendiondo; Chuzo, Calleja; Miguel, Agustín, Vavá, Peiró y Collar. En el equipo de Carniglia se confirmó la baja por decisión técnica de Puskas y saltaron al césped Domínguez; Miche, Santamaría, Lesmes; Santisteban, Ruiz; Kopa, Mateos, Di Stéfano, Rial y Gento.
Los rojiblancos vencieron por 1-0, con un tanto de Collar que fue más listo y hábil que Miche y Domínguez en un balón dividido, y forzaron así un partido de desempate que se disputaría en Zaragoza el miércoles día 13.
En la crónica de Pueblo firmada por Gilera, este tituló “justa y corta victoria del Atlético”. Se vio a un Real Madrid con “prudencia de juego, al menor riesgo posible, para lo cual retrasó la posición de di Stéfano a mediocentro como fundamento de línea eje que sirviera de obstáculo y primer freno a la avanzada del Atlético”. Los blancos echaron de menos a Puskas en ataque y el poco tiempo que estuvo Di Stéfano en punta evidenció que en los visitantes “no había confianza para componer un ataque de cinco hombres, lo que produjo una rectificación del tímido plan madridista”.
Los vencedores tuvieron “a lo largo del encuentro mayor iniciativa y ejerció un mayor dominio territorial, con más tiro y remate de línea delantera, y hasta de uno de sus medios: Chuzo”. El gol “elevó la moral del Atlético”, pero en el segundo tiempo no gozaron de muchas más oportunidades. Los merengues sobrevivieron gracias a Santamaría, Ruiz y Di Stéfano y su mejor ocasión fue un remate al larguero de Kopa. En los rojiblancos todos rindieron a un nivel notable excepto Vavá, que fue el menos eficiente. Las espadas quedaron en todo lo alto de cara al desempate tras un partido en el que el mayor interés fue “la duda del resultado incierto” y lo peor “la autorreducción de los equipos por el temor a la derrota y la tendencia al resultado mínimo”.
En rueda de prensa hablaron los dos entrenadores. Daucik pensaba que “a la tercera va la vencida: espero que nos clasificaremos”, mientras que la opinión de Carniglia fue que tendrían que “ocurrir muchas cosas para eliminar al Real Madrid”. El argentino también se quejó del trencilla, que dejó de señalar dos penaltis en el área del Atlético. El arquero madridista Domínguez reconoció que Collar fue “muy inteligente en el gol” y Santiago Bernabéu definió el encuentro como “muy movido. Los equipos se han desenvuelto nerviosos”. En los locales también hizo declaraciones Joaquín Peiró, que afirmaba que todo había ido “como esperaba. Creo que el resultado ha sido justo. El partido era lo de menos: lo que interesaba era la eliminatoria”.
El ‘replay’ se programó justo tres días después de la ida de octavos de final de la Copa. El Real Madrid llegó exultante tras derrotar de forma abultada al Atlético de Bilbao por 4-1. En el otro lado de la moneda, los rojiblancos sufrieron una derrota en Sarriá ante el RCD Español. Acto seguido, las dos expediciones ya preparaban su viaje a Zaragoza para concentrarse. El Real Madrid con 17 jugadores y parada previa en Guadalajara para comer, y el Atleti con escala en Lérida para llegar a la ciudad maña el lunes por la tarde y realizar allí un último entrenamiento el martes.
En el equipo rojiblanco se esperaba que Daucik sacase al equipo de costumbre con Agustín de interior. Collar avisaba: “Estamos fuertes, rebosantes de alegría y con mucha fe”. En las filas madridistas la posibilidad de ver a los cinco genios de su ataque juntos de nuevo cobraba forma, aunque Mateos también estaba en el pensamiento de Carniglia. Habló el defensa Marquitos que se estaba quedando fuera de los planes del técnico a lo largo de la eliminatoria: “Si jugamos sin miedo, al ataque, el partido será nuestro”. Los rojiblancos entrenaron de manera suave en La Romareda y los merengues también quisieron testear el estado del césped en la previa. Se esperaba una invasión de madrileños en Zaragoza en una cifra de 5.000 por cada equipo. Si el partido llegaba a la prórroga y no había vencedor se decidiría el finalista a través de un sorteo.
A las cinco de la tarde del miércoles 13 de mayo salieron los dos conjuntos al estadio aragonés en compañía del colegiado inglés Mr. Ellis. En la alineación blanca volvió a haber novedades, con la entrada por primera vez de Zárraga en el once y la salida de Rial para jugar Mateos de interior. Los blancos formaron con Domínguez; Miche, Santamaría, Lesmes; Ruiz, Zárraga; Kopa, Mateos, Di Stéfano, Puskas y Gento. En los colchoneros, lo que se preveía, con Pazos; Rivilla, Callejo, Mendiondo; Chuzo, Calleja; Miguel, Agustín, Vavá, Peiró y Collar. La Romareda presentó un magnífico aspecto, con un lleno rebosante.
Un total de 270 minutos hicieron falta para conocer al finalista madrileño de la Copa de Europa. Y volvió a ser el Real Madrid por cuarta ocasión consecutiva. Los blancos derrotaron a sus vecinos por 2-1 en un partido en el que hubo de todo. El equipo de Carniglia esta vez fue mejor sobre el terreno y pudo ganar el encuentro por más diferencia. El primer tanto en el minuto 16’ fue obra de arte de los merengues que culminó Di Stéfano tras jugada rápida de Gento y Mateos.
El Atleti se volcó a por el empate y lo logró de manera centelleante dos minutos más tarde. Collar aprovechó un centro de Peiró y un error en cadena de la zaga madridista para batir a Domínguez. El gol que dio el pase a la final al Real Madrid lo marcó Puskas y con la derecha. Un rápido contragolpe montado por Kopa y Mateos lo materializó el magiar con un disparo sin pensarlo que superó a un sorprendido Pazos.
En la segunda mitad la superioridad blanca fue creciente, pero el marcador no se movió más a pesar de una última ocasión de Peiró para forzar la prórroga. Lesmes se lesionó alrededor de la hora de partido y, aunque volvió al césped, fue un jugador inmóvil. También Mateos tuvo molestias, pero aguantó. Antonio Valencia, en su crónica para MARCA, ensalzó la figura de Di Stéfano, Puskas y Kopa.
El primero porque volvió a dar una clase de omnipresencia. Con la lesión de Lesmes, bajó al centro del campo (y Zárraga a la defensa) y su campo de acción se limitó de la media hacia abajo siendo clave para los suyos. Mientras que los dos delanteros europeos estuvieron excepcionales en ataque fabricando ellos solos las jugadas y montando contraataques de gran calidad, en un día discreto de Gento. Para Valencia, “jugó Kopa su más valioso partido para el Madrid; un partido a nivel europeo y mundial”. Y “Puskas (que ya bebió agua a los doce minutos) realizó un gran partido. Se movió probablemente más que en diez años del Honved, y su sabiduría y experiencia fueron decisivas en la tarea”.
En los vestuarios, dos estados de ánimo muy distintos. En el merengue, un entusiasmo extraordinario, y en el colchonero, un silencio impresionante. Carniglia estaba contento con el partido del equipo y la “facilidad con que llegamos a la portería de Pazos”. Daucik no puso peros a la derrota y calificó el triunfo blanco como “justo”. Y agregó que “Kopa, Di Stéfano y Puskas levantaron el partido”. El capitán rojiblanco Miguel también reconoció la labor del rival, afirmando que “en el segundo tiempo se ha impuesto claramente el Madrid”. Peiró elogió a la Saeta Rubia y se lamentó de su último error: “Di Stéfano ha jugado magníficamente y ha hecho un encuentro de los suyos. Creo que si hubiera marcado el gol es probable que el Atleti hubiera puesto al Madrid en un verdadero aprieto”.
En el lado blanco, Di Stéfano declaró que “el Atleti ha jugado con muchas ganas, pero creo que el Madrid ha jugado a su ritmo y ha jugado como siempre juega estos encuentros decisivos. Estoy contento con mi labor porque ha sido una vez más de sacrificio en bien del equipo y quiero resaltar que todos los compañeros me han ayudado muchísimo”. En el palco también hablaron el presidente Bernabéu y el directivo colchonero Valentín Ezquerra. Este último afirmó que “la suerte ha sido decisiva en esta eliminatoria”, y el mandatario almanseño dijo que “el Madrid ha conseguido lo que todos esperábamos”.
José Emilio Santamaría, años después, hablaría así de aquella eliminatoria en el libro ‘El Real Madrid campeón de Europa’, publicado por ABC’. “Para nosotros no había peor enemigo que el Atlético de Madrid, que no en vano tenía un gran equipo. Estábamos ante una situación peligrosa. La expectación que levantó la eliminatoria fue impresionante. Dos notas importantes del primer partido fueron los dos penaltis señalados. Hicimos lo más difícil: darle la vuelta al marcador. La realidad es que aquel encuentro lo disputamos los dos equipos a cara de perro. El segundo partido lo debió ganar el Madrid y, sin embargo, perdimos. Jugamos mejor que ellos y dominamos más. El equipo rojiblanco tenía una influencia sobre nosotros que era muy superior a la que pudiera ejercer cualquier otro rival. Creo que esto tuvo mucho que ver con el resultado. Ninguno deseaba un tercer partido, pero fuimos a La Romareda a desempatar. El desempate no fue otra cosa que un partido de mutuo respeto entre dos equipos de potencial similar. Marcamos primero y después empató el Atlético. Luego, Puskas consiguió el tanto de la victoria. La continuación del partido fue una lucha cerrada en la que soportamos los intentos de un Atlético que buscaba la igualada. Al final pudimos respirar… y a la cuarta final”.
Fotografías: archivo Alberto Cosín
Perdida la liga, o entregada a sus captores, el Madrid afronta otra vez una eliminatoria de la Copa de Europa como la enésima posibilidad de redención. O de purga. Europa, entendido como el reino elemental de la grandeza, ofrece la ocasión de depurarse. La verdad es que lo doméstico ha cogido ya una hechura patológica, de enfermedad y, de pronto, uno de los máximos exponentes de sus miasmas, el Club Atlético de Madrid, aparece por la puerta del Bernabéu bajo los sones de otra música distinta, la del himno de la Champions.
Cada gallo canta en su gallinero y Europa es el gallinero del Madrid. Ahora que vivimos unos tiempos en los que se habla de Europa, Europa esto y Europa lo otro, Europa para arriba, Europa para abajo, yo propongo una definición mínima de Europa: el corral del Real Madrid.
Ahora que vivimos unos tiempos en los que se habla de Europa, Europa esto y Europa lo otro, Europa para arriba, Europa para abajo, yo propongo una definición mínima de Europa: el corral del Real Madrid
Antes se decía, como nota nostálgica entre muchos españoles, aquello de menos mal que nos queda Portugal. Hoy eso, los madridistas, lo decimos de Europa, donde aún se puede respirar. Si en España, cada vez que se enfrenta al equipo de Simeone, el Madrid, involuntariamente, se empequeñece, en la Copa de Europa ocurre lo contrario. Y son ellos quienes de pronto reviven en su sangre el latido de la eterna servidumbre, el miedo ancestral del campesino ante el señor, y desprenden todo el tiempo el elixir de la tragedia. Europa invierte los términos y hay que subrayar que aquí, con árbitros más neutrales, y por qué no decirlo, mucho mejores, las patadas son faltas y tarjetas amarillas; el ambiente no se encenaga, todo es más limpio y luce otro sol en medio de la noche, el sol del Madrid, que casi nunca se apaga cuando en frente hay señores mirando y no sicarios.
La atmósfera, en todos los campos españoles, es completamente atroz, infumable. Da igual que se trate del Villamarín que de Getafe, del Sadar o de Mestalla. Todo es de una anemia moral inaguantable, territorio del lumpen y lonja del perjurio. El Madrid es un club y un equipo que va a su aire y eso es lo que jamás soporta el resto de españoles, incapaces de concebir una independencia con respecto del control social que ejerce la tiranía del grupo bienpensante. Las almas bellas no se salen ni un centímetro de lo que está mandado pensar, y el verso suelto es aniquilado, sepultado por toneladas de envidia, rencor y ruindad. Por eso se odió a Cristiano Ronaldo y por eso se odia a Vinícius. Como trasuntos de la libertad personal desacomplejada, que no pide perdón, son las mejores encarnaciones del club al que representan.
En Europa los hechos se imponen con su fuerza bruta elemental: el mejor es el que gana por sus propios medios
Todo eso, sin embargo, en Europa, es admirado. Por eso el Real, allende los Pirineos, es eterno. La convicción de estar peleando por lo bueno y por lo justo termina imponiéndose siempre a todos los relatos, a que tan dados son los antimadridistas españoles y con los que terminan estableciendo los parámetros de lo que, aquí, en esta España minúscula y reducida al puro estado de opinión animal, está bien o está mal. En Europa los hechos se imponen con su fuerza bruta elemental: el mejor es el que gana por sus propios medios. El talento es un estímulo colectivo, no un motivo de burla y escarnio general. Impera el adagio antiguo del altius, citius, fortius y la corrupción del pícaro y toda esa laxitud en la condena del delito no tiene sentido porque implica la degeneración de lo que es de todos.
Si el Madrid enaltece a Europa, España lo lastra irremediablemente con su fango maldito. El Atlético es la mejor metáfora de ese fango imposible de quitar por más que se trate de lavar: un club secularmente envidioso que en cada momento fundamental de su historia eligió la sumisión, el fraude y el engaño.
El otro día, escuchando por accidente la final del concurso del Falla, un cuarteto, que resultó luego ganador, iba del Ku Klux Klan y dijeron de Vinícius que era el único negro que es para matarlo. Todo el teatro se partió la caja y uno de los comentaristas, humorista oficial de la Junta (antes con el PSOE, ahora con el PP, Manu Gatopardo) elogió “la irreverencia”. Pensé al escucharlo que aquello era, esencialmente, el ser del Atlético de Madrid, el mejor club que encarna la España del momento, una nación abonada a la mentira que, por enemigo, tiene al Madrid, que también, por accidente, nació en esta tierra cuando de ella levantaba para siempre el vuelo la lechuza de la Historia y de la decencia.
El Atlético de Simeone está en su salsa dentro de la charca española, pero en Europa… Europa es otra cosa, el lugar donde no es posible esconderse
El Atlético de Simeone está en su salsa dentro de la charca española, pero en Europa… Europa es otra cosa, el lugar donde no es posible esconderse. Europa, como los toros bravos y nobles, obliga a retratarse, demanda del que quiere ganarla su verdad. ¿Cuál es la verdad del Atlético de Madrid? No sabría si preguntárselo a los Gil, a Cerezo, al entrenador mejor pagado del fútbol europeo o a su afición, que propende a la innobleza en cuanto tiene delante un trapo blanco y a las pruebas gráficas de los derbis me remito.
En este escenario el Madrid, el Real Madrid, con o sin jugadores, dispone y entrega siempre el alma. El alma del Madrid es de una hidalguía española ya extinta que se conserva en el Bernabéu como en un laboratorio. El Madrid se arroja al cráter de la Copa de Europa como Empédocles sobre su volcán. No hay posibilidad de pacto ni transición cuando se trata de la vida o de la muerte. En eso consiste su superioridad ontológica sobre todos los demás, la razón esencial de por qué acumula más trofeos que el resto.
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Buenos días, amigos. Hoy es un día grande, hoy es un día de eliminatoria de Champions del Real Madrid. Además, se trata de un enfrentamiento especial, y esa particularidad no la otorga la grandeza del contendiente, el Atleti, puesto que carece de ella, sino la rivalidad exacerbada. La grandeza en Copa de Europa de los rojiblancos es cero. Fuera de Europa, en el entorno doméstico, modesta. Y en el ámbito institucional y social… lo dejamos para otro día.
La naturaleza atlética es medrosa, envidiosa, traicionera y rencorosa. Pasarse la vida en el lado incorrecto de la historia observando cómo tu vecino gana todo merced a una conducta aplicada y hacendosa merma la psique del más pintado y focaliza los deseos de revancha en duelos como el de hoy.
Esta rivalidad hace que nos pique el niqui, que nuestro corazón lata a 93 pulsaciones por minuto en reposo durante la previa y que pasemos el día con la capacidad de atención bajo mínimos, monopolizada por el partido que se juega, ya lo sabéis, esta noche a las 21:00 en el Santiago Bernabéu. Un estadio, a diferencia del atlético, libre de grupos neonazis auspiciados por el club.
Según Marca, se trata del mejor derbi de Europa. Correcto. No es posible encontrar otro derbi en el continente donde la suma de títulos de ambos equipos sea mayor. De hecho, cualquier eliminatoria en la que participe el Madrid, sea derbi o no, es la mejor de Europa, no hay dos clubes que entre ambos aúnen ni siquiera las Champions que atesoran los blancos.
Para ilustrar su portada, los chicos de Gallardo han realizado un montaje con Vinícius y Griezmann mirando un balón con el mismo deseo que mira un niño, tras un intenso día de piscina, la última croqueta de la ración servida en la terraza del bar del complejo acuático mientras escucha de fondo a su madre preguntándole insistentemente si se ha aplicado aftersun (del de Nivea, el que huele a las vacaciones en Cullera de 1984).
En el diario que más aboga por el mantenimiento del establishment, sostienen que Valverde es la gran duda de Ancelotti, mientras que en la acera de enfrente, en AS, afirman que jugará. Queremos que sea de la partida, cómo no íbamos a desearlo, pero por otro lado nos aterra que pueda sufrir un percance mayor.
El titular de los de PRISA es el mismo que el de Marca, pero sin la palabra «mejor». Destacan lo dicho por Carlo en rueda de prensa: «Se decidirá en el Metropolitano». La eliminatoria, claro.
Nuestro editor Jesús Bengoechea sostiene también esta tesis y va un paso más allá, propone entregarle la pelota al Atleti, puesto que «dar al Cholo el balón es como dar una bicicleta a una foca monje del Caribe. No sabrá qué hacer con él». El galernauta William Pogue recordó brillantemente que «Varane lo hizo en una final y efectivamente, no le gustó nada que le dieran el balón…».
As también destaca las palabras de Simeone: «Somos crecimiento puro». Bueno, el crecimiento no es bueno per se. Las bacterias en la materia putrefacta también son crecimiento puro.
Salvo sorpresa, el pase a cuartos se dirimirá el miércoles que viene en el Metropolitano, donde habrá que aguantar, porque quienes tienen que tomar medidas no las toman, acoso racista, entre otras lindezas, y tal vez una nueva lluvia de objetos premiada con el aplauso posterior de los jugadores rojiblancos. Sin embargo, el Madrid podrá contar con Bellingham (crucemos los dedos para que no pase nada más), y Jude es mucho Jude.
Basta que aludamos a este tema para que luego no sea así, pero el nivel del arbitraje europeo está a años luz del español, por lo que el choque de hoy, a priori, no contará con el empujoncito extra con el que sale al campo el Atleti cuando se enfrenta al Madrid en Liga. Esta noche no va a arbitrar Cuadra Fernández.
Sí, sabemos que el relato se afana en cubrir con el manto de la paranoia cualquier crítica al sistema, pero los números son tozudos y se empeñan siempre en reflejar la realidad. Fútbolgate.com se ha dedicado a recopilar datos (no opinión) sobre el arbitraje UEFA vs. CTA:
Arbitraje UEFA vs CTA
Saldo arbitral expulsiones UEFA – 2004-2025
RM +14
FCB +11Saldo arbitral expulsiones Liga – 2004-2025
RM - 9
FCB +58Goles anulados por VAR UEFA:
RM 2 (69 partidos)
FCB 3 (52 partidos)Goles anulados por VAR Liga:
RM 33
FCB 13— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) March 3, 2025
La estadística no se desvía sola. No apreciar nada raro en esta anomalía es como no percibir anormalidad alguna en lanzar una moneda al aire durante más de veinte años y que el porcentaje de cruces frente a caras sea del 93%. Aunque hay algunos que se dedican a estas cosas y se cuidan mucho de no ponerle nombres y apellidos a los responsables.
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014
2015
2016
2017
2018
2019
2020
2021
2022
2023
2024Son los años que lleva el Real Madrid sin ganar 2 ligas consecutivas con el mismo entrenador.
Y eso que…
— MisterChip (Alexis) (@2010MisterChip) March 3, 2025
Ya ponemos nosotros la foto por aquí.
¿Y la prensa que no habla de Negreira, pero desde Cataluña, qué dice?
Pues dice sus cosas, que en días como hoy nos interesan aún menos porque estamos esperando a que comience el partido de esta noche.
Los madridistas, antes del duelo y por salud cardiovascular, preferimos una eliminatoria en la que la clasificación no se vea en peligro en ningún momento. Pero no podemos negar que, además de tener experiencia en ello, tiene su aquel ganar con un chicharito al final.
Una profecía autocumplida es un término acuñado por el sociólogo Robert K. Merton en 1932 y se refiere una creencia o expectativa que, simplemente por el hecho de ser asumida como cierta, termina haciéndose realidad. En otras palabras, funciona como una influencia que moldea la conducta humana hasta alcanzar el resultado previsto.
Desde la psicología, las profecías autocumplidas han sido objeto de estudio debido a su impacto en el comportamiento humano. Se ha demostrado que nuestras creencias sobre nosotros mismos, “y sobre los demás”, influyen en nuestras decisiones y acciones. A su vez, estas acciones pueden generar resultados que refuercen las creencias originales.
Es decir, si confiamos en nuestra experiencia y capacidad para tener éxito profesional, es probable que nos desempeñemos con mayor dedicación y seguridad, lo que mejorará nuestro rendimiento. En cambio, si creemos que somos incapaces de lograr buenos resultados, es posible que nos desmotivemos fácilmente ante los primeros obstáculos y terminemos obteniendo resultados precarios. Tras ese ejemplo, prosigo para que entiendan qué conexión tiene esto con el apasionante derbi de Champions de esta semana.
Fervientemente creo que en vísperas de ese Madrid-Atleti, y considerando el más reciente estado de ánimo determinado por los resultados obtenidos por cada uno de ellos en sus respectivos partidos del pasado fin de semana (muy motivador para los colchoneros y tremendamente desalentador para los blancos), bien haría Ancelotti en apelar a los preceptos de la profecía autocumplida para intentar determinar el curso de tan álgida eliminatoria a su favor.
En el fútbol, como en la vida, lo subjetivo y lo intangible muchísimas veces se imponen a lo objetivo. Y, en una coyuntura en la que el madridismo conserva en su retina el amargo recuerdo de un partido nefasto hace apenas un par de días, en el que se vio superado por un Betis que desde el minuto 20 lo dominó en cada aspecto del juego, a la vez que el Atleti arrastra una racha indiscutiblemente muy positiva, Ancelotti tiene en sus manos la gran opción de apelar al extraordinario e invaluable patrimonio histórico del club al que representa. Y me explico a continuación.
Bien haría Ancelotti en apelar a los preceptos de la profecía autocumplida para intentar determinar el curso de tan álgida eliminatoria a su favor
Ante un evento definitivo, eminente y “de máxima importancia para el Madrid” (no nos engañemos, es la Champions la máxima prioridad de esta organización y sus aficionados en todo el mundo), especialmente ante la imagen más reciente del equipo y las bajas claves de un Ceballos en su cúspide y un Bellingham siempre omnipresente y fundamental para el equilibrio del equipo, y sumando a ello a un Valverde mermado por una lesión muscular, el panorama podría no ser alentador para el Real Madrid, y sí, mucho, para el Atleti. Sin embargo, y aquí entenderemos el porqué de la lección de psicología/sociología del inicio de este artículo, pienso que Ancelotti tiene una bala en la recámara, definitiva, mortal para los del Cholo, que debe aprovechar.
En tal sentido, creo que el míster del Real Madrid está ante una gran ocasión para corroborar la tesis que propone la profecía autocumplida, aprovechándola en su beneficio. Así, está ante una oportunidad excepcional para canalizar óptimamente el imperial y absoluto dominio en el pasado de su club contra el Atlético de Madrid para sembrar en los jugadores blancos la certeza absoluta de que, sin importar las circunstancias actuales, presumiblemente favorables a sus oponentes, se impondrán a ellos “como ha sucedido siempre en el marco de esta competición”. Y al mismo tiempo, y aquí lo poderoso del concepto psicológico de las profecías autocumplidas, el técnico italiano cuenta con el caldo de cultivo perfecto para instruir a sus jugadores a sembrar en sus rivales, desde el túnel de vestuarios, hasta la brega en el propio terreno de juego, la sugestión de que “jamás han podido”, y tampoco será distinto esta vez, imponerse al Real Madrid en el marco de la Champions League.
Ahora, tengamos en cuenta que en comunicación el lenguaje verbal se utiliza para comunicar información, mientras que el lenguaje no verbal se usa para comunicar estados y actitudes personales. Aparte, a efectos de lo que les quiero compartir, es importante tener en cuenta que existen estudios que afirman que el lenguaje no verbal constituye el 93% de la comunicación.
Considerado lo anterior, no podemos obviar la posibilidad de que el lenguaje no verbal, bien utilizado por los jugadores del Madrid y el cuerpo técnico, podría ser definitivo para sugestionar a los futbolistas rojiblancos para, aún en su buen momento, hacerlos “autoconvencerse” de que es imposible superar al Real Madrid en la Champions League. Claro está, tendrá esta útil herramienta de incidir en la psicología de su oponente que estar acompañada de un juego excelso, rápido, intenso, y muy especialmente, de total solidaridad en el esfuerzo de parte de los 11 efectivos que pisen el césped del Bernabéu, “desde el mismísimo pitido inicial del partido” y hasta que expire el tiempo de descuento. Un espíritu y una actitud de remontada desde el minuto 1 que dé lugar a un gol tempranero, podría ser irreversible para las mentes sugestionadas de los jugadores del Atleti.
Aunque nunca he estado de acuerdo en encasillar a Carletto en la definición de “buen gestor de grupo”, porque entiendo que con ello se le resta mérito como estratega, pienso con absoluta convicción que bien haría este en sacar a relucir esa incuestionable virtud para sembrar en sus dirigidos la convicción absoluta de repetir la historia, haciendo cumplir, una vez más, la profecía de madridistas… Y también de colchoneros.
¡Hala Madrid!
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En el imaginario colectivo madridista hay un partido tabú. Es un encuentro estigmatizado en su historia. El Madrid de Mourinho se encontraba con el equipo cliente de Negreira (sospechando que algo pasaba, pero sin saber aún que lo era) en partido de ida de la semifinal de la Champions. Mou decidió que la mejor estrategia era otorgar gentilmente la posesión a Xavi y compañía, esperarlo atrás y no ir a buscarlo ni siquiera si el rival se negaba a proponer nada ofensivo. El rival se negó, de suerte que no menos de dos terceras partes del partido consistieron en ver a los defensas y centrocampistas blaugranas pasándose el balón de manera inane mientras los madridistas les esperaban cerca de su área. Tikitaka inocuo. El plan era aguantar el 0-0 y otorgar los últimos veinte minutos a Kaká para que porfiase por un gol (si no lo lograba, tampoco era el fin del mundo, dado que presentarse con 0-0 en el Camp Nou sonaba promisorio por el doble valor de los goles en campo contrario).
Casi sale bien, a pesar de que a gran parte del público -y no digamos a la prensa presuntamente afín- ese planteamiento le pareció inaceptable. El piperío es rebelde porque el mundo le hizo así, y no soporta un partido coñazo ni aunque se trate de la opción más inteligente. No se sabe hasta qué punto habrían seguido rezongando si la cosa resulta. No resultó porque el árbitro interpretó que una entrada intempestiva de Pepe (en la que, sin embargo, no toca a Alves) merecía la roja. En esa tesitura, ni Kaká ni nada. Messi aprovechó la superioridad numérica para cascarnos un par de golazos.
El Atlético de Madrid 24/25 tiene estupendos jugadores, pero no tiene ningún Messi. Es más o menos razonable pensar que no nos quedaremos en inferioridad numérica si andamos con tiento. No dejo de pensar guarradas, cosas sucias, atrocidades. Por ejemplo, que Carletto podría plantear el partido de mañana como el portugués planteó aquel.
Es evidente que no llegamos en el mejor momento. En la dificultad, procede andar con cuidado, extremar las precauciones, ser conservadores. ¿Lo diré? Lo diré: plantear al Cholo un cerrojazo que le deje con el culo torcido. ¿En el Bernabéu? Sí, en el Bernabéu.
¿Lo diré? Lo diré: plantear al Cholo un cerrojazo que le deje con el culo torcido. ¿En el Bernabéu? Sí, en el Bernabéu
Hagamos pedagogía con el pipero. Amar a tu equipo en el fragor de la remontada épica es bien fácil. Vamos a ver si de verdad el madridismo es capaz de sacrificar sus noventa minutos de entretenimiento en favor de la clasificación de su equipo. Esa es la verdadera prueba de fuego del amor. Amar cuando la pasión eriza el cuerpo es bien fácil. Vamos a ver si el público aguanta el peso de la rutina, un amor en zapatillas de andar por casa pero con opciones serias de llegar a cuartos. Cambiemos el sentido de la manida frase “el Bernabéu apoyará al equipo”. Ahora lo que se pide a la grada es lo mismo de siempre, es decir, apoyar, solo que en este caso apoyar es aburrirse.
Dar al Cholo el balón es como dar una bicicleta a una foca monje del Caribe. No sabrá qué hacer con él. El Atleti es un equipo reactivo, de los que espera atrás y lanza un magnífico contragolpe a la menor ocasión. Sufre cuando le proponen que proponga. En medio del desconcierto, es posible que no suceda absolutamente nada en todo el partido. O sí. Es posible que Kaká sea Mbappé, o Vinícius, o cualquiera de los titulares, porque tenemos delanteros tan rápidos y buenísimos que su banquillo tiene que estar sobre el césped. El partido es aguantar atrás y lanzarles balones cuando haya ocasión.
Dar al cholo el balón es como dar una bicicleta a una foca monje del Caribe. No sabrá qué hacer con él
Si marcan el 1-0, es un resultado excepcional. Si no lo marcan, el empate sin goles es un buen resultado también. La vuelta es en su casa, ¿y qué? A la vuelta estará Jude, y hay un universo de distancia entre contar con el inglés y no hacerlo. Dejemos que se resuelva allí la cosa. Seamos inteligentes a la par que listos. Es una eliminatoria de astucia y sangre fría.
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Ahora que las noticias sobre Vinícius y Arabia aparecen como el murmullo de una cascada, cada vez más sonoro según nos aproximamos al final de temporada, cabe mencionar que no es solo un hombre animoso sino acosado. Y la naturaleza de un hombre acosado puede ser abandonar el lugar de los hechos. Entonces, lo que fue tan solo una estrategia de negociación puede convertirse en una opción y la opción de Arabia entrar en escena.
En una extraña asociación de ideas, pienso en aquel tiempo en el que los europeos, hijos de una era oscura de herrumbre y hambre, de peste y alcohol pendenciero, curtidos frente al calor abrasador de la quema de libros, viajamos más allá del este y el oeste conocidos para abrir rutas que permanecerían por siempre. Venciendo el miedo atávico a superar la línea imaginaria que nos separaba de nuestra propia aldea, los imagino partir de madrugada, en silencio, justo cuando los primeros rayos de sol rompían contra los rosetones de las iglesias en una explosión iridiscente.
Hacia el este, primero en tierra amiga, iban dejando a su espalda su villa, después su región y, finalmente, su país para encontrar el vértigo. Porque más allá de los límites de lo conocido, igual que después de leer a Borges, solo hay caos.
Esa ruta atravesaba camposantos y aldeas de las que emergían sombras de mil caras. Basamentos de antiguos reinos morían bajo cúmulos de arena a su paso. Luego, las iglesias daban paso a mezquitas y las lenguas, hasta entonces familiares, eran sustituidas por nuevas lenguas que aparecían como pozos de ecos guturales. En busca de su destino, cruzaban largos caminos de bocas laceradas por la sed bajo un sol que caldeaba, impenitente, cualquier esperanza de regresar al hogar indemnes o jóvenes.
Mercaderes judíos y árabes los recibían complacientes en busca del negocio fácil.
Más al este, al compás de caravanas cadenciosas, lo que había sido durante jornadas un pasto seco frente a un repentino valle se tornaba verde. Llanuras tapizadas de brezo y flores abrían el horizonte en dos como un gran fruto quebrado. Grandes torres anunciaban como heraldos la inminencia de nuevas civilizaciones ignoradas por el viajero hasta entonces y ojos rasgados se ofrecían curiosos ante el extranjero, que devoraba aquella geografía humana con avidez. Era el encuentro de dos mundos. En el camino, los europeos habían departido con filósofos y anacoretas, con reyes y mendigos en busca de su propósito, los campos de especias.
Esta ruta, espectacular a los ojos de occidente, se abrió llevando ese precioso cargamento de vuelta a la oscura Europa. Y fueron la avidez y el negocio los que obraron ese encuentro que hoy llamamos la Ruta de las Especias. Una avidez que lo detonó todo. Sucedió y seguirá sucediendo sin fin, como una fuerza telúrica que es la insatisfacción humana.
Como en un cambio de marea, ese flujo mira ahora de Europa a Arabia. Y esas especias tienen forma humana, la de las estrellas que genera el fútbol europeo. Y Arabia mira a un Vinícius quién sabe si compelido por la misma avidez. No cabe descartar que Vinícius esté harto y empiece a creer que su mundo, el del fútbol, no acaba al este en los límites de la vieja Europa. Y tal vez, solo tal vez, se embarque en una ruta que abrió Cristiano Ronaldo como un mercader europeo contemporáneo.
Los odiadores olvidan que el club, como una montaña antigua, ha sobrevivido a reinos y repúblicas, a inviernos negros y a veranos atorrantes. Y sobrevivirá, pase lo que pase, bien a la ausencia de Vinícius bien a la presencia ruidosa de sus acosadores si se queda. Puede que solo sea un rumor. Puede que sea ya solo una noticia del pasado. Y el pasado son solo historias que nos contamos a nosotros mismos.
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Buenos días. El sábado, el Madrid se tiró él solito de cabeza por el barranco, no fue necesario que lo empujara nadie del CTA. Y el domingo, el sistema movió los hilos, las líneas, los colores de las tarjetas, las declaraciones, para encumbrar al Barça.
El partido de los blancos es censurable, sin duda, pero malos partidos hubo, hay y habrá siempre. Jamás existirá una temporada sin sus momentos lamentables, del mismo modo que no existe un año de la vida de nadie sin sus errores y acciones para olvidar.
No faltan quienes ante cagadas como la de Sevilla entran en modo crisis existencial de dos maneras diferentes: hay que demoler el club o todo es un drama vital irresoluble. Ambas son posturas, con permiso, algo infantiles. Si el Madrid y el madridismo se hubiesen venido abajo en los incontables momentos de crisis vividos, no gozaríamos de la lustrosa historia que nos adorna.
Aunque, cierto es, con la manía que tiene el Madrid de revivir cuando lo dan por muerto propios y extraños, la situación actual durará lo que tarde en llegar otro gran momento, y estadísticamente (el club blanco es el más laureado del mundo) el Madrid es quien vive más grandes momentos.
Lo del Barça y el CTA tiene peor pinta, pues parece no preocuparle ni a las víctimas (hola, Imanol). Nadie tenía esperanza alguna en que la Real fuese a dejarse la vida contra los culés, pero, ingenuos, pensábamos que los protagonistas del paripé se esforzarían en disimular un poco.
La cosa empezó pronto, a la Real se le ocurrió la loca idea de marcar un gol y entre los árbitros y los distintos VARES se tiraron unos minutos para mostrarnos la imagen por la cual lo anulaban. Como dice el maestro Guasch hoy en su “Mira, chato”, fuera de frame, es decir, lo que antes era órsay.
Aunque era bastante improbable que los vascos volviesen a poner en aprietos a los de Flick, al poco rato, Elustondo agarró a un atacante blaugrana cuando corría hacia meta. El txuri-urdin estaba acompañado por otro compañero, por lo que no puede considerarse que claramente fuese el último defensor, pero Quintero González no dudó ni una milésima de segundo en mostrar la tarjeta roja.
Un apunte, el jugador del Barça era Olmo.
El VAR, nadie lo esperaba tampoco, no entró a corregir nada. Qué demonios iba a corregir si era lo que había que pitar, ¿verdad? Tanto es así, que hasta el propio Imanol estaba de acuerdo: “La expulsión es justa”.
Llama la atención (realmente no) la actitud vasalla de Imanol cuando se enfrenta (y antes de enfrentarse) con el Barça en contraposición a cuando se mide al Madrid: “Nos estamos cargando el fútbol, que nos saquen esas tarjetas a nosotros a mí no me gusta”.
Ante tal grado de sumisión, podría pensarse que el entrenador de la Real está ameritando para dirigir a algún equipo de La Masía.
Respétate, Imanol, y respeta a tu club.
La situación es clara, vivimos en un show de Truman y quienes lo dirigen y actúan en él (Tebas e Imanol, por ejemplo) nos quieren hacer creer a los madridistas críticos con el sistema que somos unos paranoicos y que no se trata de una realidad simulada.
La patada de Romero a Mbappé ni fue roja para el colegiado ni el VAR avisó de la flagrante expulsión. La acción sobre Olmo fue roja para el árbitro y el VAR no le indicó nada. Tras la tropelía de Cornellá, los clubes atacaron al Madrid por denunciarla. Después del sometimiento de Montjuic, la víctima, Imanol, felicitó a su verdugo. Respétate, Imanol. Tú crees que has estado de Óscar, pero no ha sido así.
Otro apunte, Olmo repartió dos asistencias.
A todo esto, ya es lunes, lo cual significa que mañana es martes, salvo que el VAR, Tebas o el CSD digan lo contrario. Y eso conlleva que hay Champions. Madrid-Atleti.
Como titula Marca, los madridistas estamos en vilo por Valverde. El uruguayo tampoco se entrenó ayer. En este Madrid asolado por las lesiones, por las sanciones, por los errores propios y por el sistema, Fede es un puntal casi imprescindible. Su ausencia, para muchos, pondría la victoria casi imposible contra los rojiblancos. Y ya sabemos lo que suele ocurrir cuando el Madrid se enfrenta a lo imposible.
As contrapone a los dos técnicos de los equipos madrileños que se enfrentarán mañana en Champions. “Duelo de contrastes”, titulan. Acertadamente, añadimos. Los contrastes entre ambos entrenadores son palpables, desde la educación hasta el pelo. Y entre ambos clubes, ni hablamos. Históricamente, el Madrid gana cuando lo tiene perdido y el Atleti pierde cuando lo tiene ganado. Por no hablar de la gestión de ambas entidades con el sector deplorable de su afición.
Pasad un buen día.
Imagino que habrán visto el gol de Olga Carmona al Athletic en San Mamés, el del triunfo madridista, 1-2. Si lo vieron, felicidades. Si no, búsquenlo. No se lo cuento, hay que verlo.
El golazo de la Carmona llegó con el madridismo cabreado y desconcertadillo después del partido en Sevilla, luego hablamos. Y en estas empezó el duelo entre el Barça y una Real lejos de su mejor versión. Los vascos marcaron a los tres minutos, otros tres después se lo anularon. Fuera de frame, parecido al fuera de juego de otros tiempos.
La imagen que nos mostraron no admitía discusión: órsay. ¿Cuándo salió la pelota de la bota del pasador? Ni idea, como es habitual en los partidos habituales. ¿Qué plano se eligió para considerar la acción no reglamentaria? Esa es la cuestión: el que vimos cosa de tres minutos después de producirse la jugada. Tres minutos dan para recuperar imágenes de la llegada de los equipos al estadio. Tres minutos: tomad, es esta. Órsay claro. Son imbatibles.
Los vascos marcaron a los tres minutos, otros tres después se lo anularon. Fuera de frame, parecido al fuera de juego de otros tiempos
De ahí que el invento de Wenger, será fuera de juego si el cuerpo del defensa no se solapa con el delantero, me parezca muy interesante. Frame y líneas se batirán en retirada. Con eso, es probable que la clasificación actual fuera otra. El Reglamento era perfecto, se metieron a tocarlo, Dios no les perdone. Leñe, como esto no hay quien lo aguante, sigan para deshacer tanto entuerto.
Al poco rato, un defensa donostiarra derribó a un delantero azulgrana con un compañero, el del defensa, a dos pasos. Falta, sin duda. ¿Roja? Para Imanol, sí. Otros tienen dudas. Los que creen que un compañero del infractor estaba muy cerca de la jugada. Los que recuerdan que nos contaron que la expulsión es inevitable en un uno contra uno, yo me voy y tú me tiras. Pero que en esta ocasión parecía más prudente y acertado liquidar el asunto con una amarilla. En ese momento, minuto 17, se decidió el partido, se acabó la igualdad, el poco o mucho interés que pudiera tener la cosa. Les importa un huevo.
Un defensa donostiarra derribó a un delantero azulgrana con un compañero, el del defensa, a dos pasos. Falta, sin duda. ¿Roja? Para Imanol, sí. Otros tienen dudas
El asunto me confirmó que ciertas jugadas no provocan dudas en los árbitros de campo y VAR, también a los de la habitación de al lado. Esta y aquella de Montjuïc las tuvieron clarísimas. Pitaron falta en las dos, buen ojo. Discreparon en el color de la tarjeta, roja ayer, amarilla entonces. Ná. Con el tiempo supimos que sí hubo un tío, el linier de a cinco metros de la jugada, que vio la cosa entre Romero y Mbappé para expulsión. De Romero, ¿eh? El hombre se equivocó, pues nadie le hizo caso. OK.
En mi universal entorno fueron mayoría los amigos del Atleti que se encabritaron con lo visto en Montjuïc, apenas dieron fe de vida los madridistas: los colchoneros creen que van a ganar la Liga como poco, antes del Barça-Real eran líderes. Uno me escribió: "El Barça hubiera ganado igual, pero esto es tremendo". Le contesté: Exageras, mucha suerte.
Eso fue ayer. El sábado pasó lo que pasó y el toquecito a los jugadores del Madrid es inevitable. Ustedes, queridos, saben lo que hay a su alrededor y cómo están: con medio equipo en la enfermería o expulsado. Caben dos posturas. Un comunicado a la afición, la Liga la jugamos por imperativo legal y no vamos a exponer una pierna por ella, o ser el Madrid.
Medias tintas, no. Gracias. Si sales a jugar, compite a tope. El Madrid de toda la vida. El de Di Stéfano y el de los García. Estoy tocado, me cuesta todo, pero me voy a dejar el alma. No es de recibo escuchar lamentarse a Ancelotti otra vez por la falta de compromiso de sus jugadores. ¿Se creen tan superiores que van a ganar andando? Si es así habrá que llevarlos al médico.
Caben dos posturas. Un comunicado a la afición, la Liga la jugamos por imperativo legal y no vamos a exponer una pierna por ella, o ser el Madrid. Medias tintas, no. Gracias
No. No se les pide maravillas en esta situación, pero ante el buen Betis de ahora, y con las fuerzas que te quedan a ti, sabes lo que te espera. Caminar y esperar que la suerte te cobije no te va a alcanzar: miau, o pelearte como si estuvieras en Manchester. Con eso puede que te llegue: sin eso, imposible. El madridismo debe saber a qué atenerse. Da por hecho que le tomarán el pelo, pero no está preparado para que lo haga su equipo.
Un buen rival y el acicate de siempre: ganarle al Madrid. No te van a dar ni las buenas tardes. Los equipos españoles tienen un objetivo particular. Europa, eludir el descenso y tal. Y uno global: ganarle al Madrid. Sólo ellos juegan de agosto a mayo contra el Rey y es normalísimo que quieran ganarle. Sucede a menudo que su siguiente partido lo pierden. Pero que les quiten lo bailao si al Madrid le han ganado. Muy comprensible.
No lo es la actitud madridista en este y otros partidos, putadas sufridas, con perdón, al margen. Algo se ha demostrado en este curso tobogán del equipo: cuando se arremangó, jugó con y sobre todo sin balón, cuando de verdad quiso los 90 minutos, ganó y gustó. Si decidió contemplar y contemplarse sucedió todo lo contrario. Ni en sueños el equipo del Madrid en Heliópolis era el ideal. Pero era un equipo del Madrid. No se les pide excelencia, sí poner el mismo interés que el rival. Porque son el Madrid, carallo. Si juegas, espabila.
Vinícius pidió ayer árnica en las redes, se saben deudores. El 7 escribió que fue un mal día, que mañana esto debe ser... La pera, lo que será desde las siete y pico de la tarde. Lo que no pudo ser fue lo del sábado. Ah, recen por Valverde.
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