Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Amanecemos con la terrible noticia del fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Sería pretencioso que La Galerna, una modesta publicación sobre fútbol, tratase de glosar la capital importancia de su figura en el mundo de las letras españolas. Baste decir que su desaparición nos aflige como le sucede a cualquier aficionado a la lectura que haya tenido la fortuna de aproximarse a su obra o, mejor, de zambullirse en ella.

Decimos bien. Los libros de Vargas Llosa están (sí, están, y estarán por siempre) allí para zambullirse en ellos, para olvidar el mundo y sumergirse en sus historias. Sus historias seguirán siendo tan inimitables como siempre fueron, y el mundo cada vez va a peor. Lo de zambullirse, pues, será cada vez mejor idea.

Mario Vargas Llosa era además un madridista irredento. Puede ser un dato anecdótico para quien no ame a nuestro equipo, pero La Galerna vive por y para el Real Madrid, por lo que se convierte en muy relevante a nuestros efectos. En pocos días hemos dicho adiós a dos madridistas eminentes, cada uno en su campo, pues aún no nos hemos recuperado del pesar de perder a Leo Beenhakker. Cada uno puede (o no) creer en el Más Allá, pero nadie duda que en el Cielo hay dos vikingos más apretando para lo del miércoles.

“Y ahora a por el milagro”, titula Marca. Lo que hay a partir del ahora es la necesidad de una hazaña como pocas en la historia del Bernabéu. Lo que hay justo antes del ahora es la victoria de ayer por la tarde en Mendizorroza (0-1, golazo de Camavinga, crónica de Ramón Álvarez de Mon y cafrada arbitral consuetudinaria por parte de Soto Grado), un triunfo cimentado sobre el poco juego que propició el continuo juego violento del Alavés, con la anuencia arbitral, y logrado a pesar de la expulsión de Mbappé, que perdió la cabeza en un lance cualquiera. La victoria era esencial para seguir soñando con dar un golpe desde dentro al sistema putrefacto que padecemos, proclamándonos campeones del torneo que organizan nuestros compatriotas enemigos.

Y se consiguió. Se consiguió gracias a un gran partido del propio Camavinga (lástima que no podrá jugar el miércoles), Valverde y un Asencio que aguantó estoicamente los gritos criminales de parte de la grada alavesa. Esta vez, al contrario de lo que hicieron otros colegiados, Soto Grado reflejó en el acta que tuvo que detener momentáneamente el partido a raíz de esos cánticos. Acerca del acoso que está sufriendo nuestro joven central, os recomendamos la lectura de este texto galérnico de Juanan Amorós.

Sí. “Y ahora a por el milagro”. Será, parafraseando el título de aquella obra maestra de D. Mario, la guerra del fin del mundo. Siempre lo es para el Madrid, máxime en ocasiones tan señaladas como la que ahora se nos presenta. Si no obramos el milagro, moriremos. Tras una eventual eliminación contra el Arsenal, no quedará nada en el planeta, sometido a la radioactividad. La sala de trofeos quedará reducida a cenizas. Nada de lo logrado desde 1902 contará realmente.

La guerra del fin del mundo, o así será presentada por los que no nos quieren, o por los que nos quieren de la manera más tóxica imaginable.

As no ha llegado aún al miércoles, y su portada queda circunscrita al partido de Mendizorroza. “Con garra y sin Mbappé”, titulan. El francés se hizo expulsar de manera absurda y temeraria, dejando a su equipo con diez durante muchos minutos. Como indica el propio As, pidió perdón después, un perdón que la prensa cataculé no parece dispuesta a concederle.

“¡Imperdonable!”, dice SPORT, o mejor lo grita, que para eso le ponen exclamaciones. Quien tiene que decidir si perdona a Mbappé no es Sport, desde luego, sino en todo caso la afición blanca, que es quien se vio innecesariamente privada del concurso de su estrella durante muchos minutos, poniéndose así en riesgo el triunfo que finalmente aconteció.

No se queda muy atrás Mundo Deportivo, que tilda de “salvajada” (nada menos) la violenta y extemporánea entrada de Kylian. Dice que el delantero “merece una sanción ejemplar”. Definan “ejemplar”, amics. ¿Tal vez lo suficientemente ejemplar para que, por casualidad, no juegue contra ustedes? Qué sutil mensaje a los responsables. Va siendo hora de que los organismos (y, en general, la práctica totalidad de quienes pintan algo en el mundo del fútbol español) se giren hacia el equipo cliente de Negreira y su entorno y, parafraseando a Villar con aquel presidente culé, griten exasperados: “Pero Barça, ¿qué más quieres que te demos?”.

Pasad un buen día.

"Han tomado el puente y la segunda sala. Hemos atrancado las puertas, pero no podremos detenerlos por mucho tiempo. ¡El suelo tiembla! Tambores… Tambores en lo profundo. No podemos salir. Una sombra se mueve en la oscuridad. No podemos salir. Ya vienen...".

Estas angustiosas palabras, leídas por Gandalf en Moria, nos hablan de los instantes finales de un pueblo destinado a caer. Han tratado de defender cada sala, cada puente y cada puerta, pero saben ya que su destino está sellado. No podrán escapar del asedio al que están siendo sometidos. Los tambores hacen temblar cada uno de sus huesos, desde lo profundo, despertando un terror heredado de sus antepasados.

Algo así es lo que deben sentir los rivales europeos del Real Madrid cuando el Bernabéu toca la corneta llamando al ataque y el equipo se dispone a lanzar todo lo que tiene en la ofensiva final, que sólo admite la destrucción del rival o la muerte en el intento. Cuando en la ya mítica remontada ante el City los altavoces sonaron anunciando “tiempo añadido: 6 minutos”, el rugido de nuestro estadio heló la sangre de Guardiola en el banquillo y de sus jugadores en el campo. Aún necesitábamos un gol para igualar la eliminatoria y el tiempo se escurría entre los dedos, pero ese rugido de guerra transmitió un mensaje a todos los jugadores sobre el césped: “nos sobran 4 minutos”.

Para que esa magia funcione, y lo haga tan a menudo, debe trabajar en ambos sentidos. Por una parte, tiene que convencer a los de blanco, y a su público, de que son indestructibles. Recordarles todas las veces que lo han hecho antes, y lo bien que supo aquella sangre. Grabar en sus cerebros que no sólo es posible una nueva victoria épica, sino que la merecen. La necesitan. No existe nada más.

A su vez, debe hacer sentir a los rivales un terror atávico y paralizante. Hacerles sentir que no hay escapatoria posible. Habéis llegado hasta aquí, estuvisteis cerca, bien jugado. Pero ya se ha acabado. Ahora el Madrid ha hecho sonar los tambores de guerra y viene a por vosotros, y ya sabéis cómo acaba eso. En el reciente documental “Cómo no te voy a querer”, Dani Carvajal, protagonista en muchas de esas noches mágicas, da en el clavo psicológico de la cuestión: “yo no sé si hay algo, si a nosotros nos pasa algo. Yo lo que sé seguro es que los rivales creen que sí”.

Cada camiseta blanca, en esos momentos, vale por dos. Cada córner, aproximación, robo o duelo ganado es celebrado por una afición que cree con locura en lo que debe ocurrir. El rival se hace pequeño, mira el reloj y reza todo lo que sabe, pero no suele ser suficiente. Un año tras otro, una y otra vez. Así se construye la leyenda del Rey de Europa.

Habéis llegado hasta aquí, estuvisteis cerca, bien jugado. Pero ya se ha acabado. Ahora el Madrid ha hecho sonar los tambores de guerra y viene a por vosotros, y ya sabéis cómo acaba eso

Pero, para que no sólo tiemble la camiseta, tiene que haber algo más que la estadística. Para que jugadores duros, curtidos en mil batallas y con una calidad de élite se deshagan como azucarillos, no sólo tiene que haber perdido en el pasado el Bayern, el Liverpool, el City o el PSG. Tienen que haberlo visto con sus propios ojos. Haber sido testigos de una grandeza mítica y cegadora capaz de tirarles de sus caballos.

Cuando Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo destrozaron al Bayern de Múnich en su estadio, apagando el incendio que había prometido Rummenigge con un 0-4 histórico, Jamal Musiala era un chaval de 11 años recién cumplidos que ya destacaba en la cantera del Chelsea.

El día en el que el Madrid le ganó la final de la Champions por segunda vez al Atlético de Madrid, Phil Foden cumplía 16 años. A pesar de que al ritmo que lleva imagino que ya tendría al menos dos críos en casa, estoy seguro de que vio a Ramos levantar la orejona al cielo de Milán y tomó buena nota de ese legendario equipo blanco.

Y para seguir con el Atleti, el día en el que Benzema flotó sobre la línea de cal del viejo Calderón (y bailó, de paso, a Godín, Giménez y Savic), Giuliano Simeone iba camino de los 14 años. Ya había visto a su padre perder dos finales contra el Madrid, y sufría una nueva eliminación que ha podido homenajear hace pocos días en sus propias carnes.

Miles de chicos han crecido en las canteras de los mejores clubes del mundo aprendiendo que, por encima de todos, un único Rey los gobierna a todos

Del mismo modo que uno nunca llega a olvidar el sobrecogimiento que sintió al ver de niño por primera vez a Darth Vader, todos estos chicos, y miles más, crecían en las canteras de los mejores clubes del mundo aprendiendo que, por encima de todos, un único Rey los gobierna a todos.

El legado ha continuado, y así debe ser. Quién sabe quién estaba delante de la televisión, quizá sin permiso de sus padres, cuando Rodrygo se elevó por encima de Rúben Dias y Ederson. Qué futuras estrellas saltaron de alegría en sus casas (o lloraron de rabia) con los dos goles de Joselu a Neuer en la última Champions. Millones de niños aprendiendo, año tras año, la única verdad del fútbol europeo: el Madrid es inevitable.

Es bonito pensar que quizá Joselu empezó a ganar, sin saberlo, la vigésima, allá por 2035…

Una blanca locura

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Decía Hemingway que el hombre puede ser destruido, pero no derrotado. Quizá no lo sabía, pero estaba hablando del Real Madrid.

Porque si hay una criatura que ha hecho de la resistencia un arte, del sufrimiento una bandera y de la épica una religión, es este club que nunca muere. Que nunca se rinde. Que nunca da nada por perdido.

Y aquí estamos otra vez.

En la antesala de lo imposible. Esta vez, sí.

En la sala de espera de la historia.

Con un pie fuera, pero con el corazón dentro.

Tras el primer asalto en Londres, donde el Arsenal nos sacó del partido, nos dominó, nos arrinconó, nos avasalló.

Las notas del Arsenal - Real Madrid

Nos dio la oportunidad de otra remontada histórica.

Ahora llega el segundo acto.

El más importante y definitivo.

A horas de la madre de todas las remontadas.

La remontada final, el momento de único de revivir como el ave fénix y hacerlo una vez más, contra todo y contra todos.

Porque volvemos al Bernabéu.

Y eso, amigos, lo cambia todo.

Porque el Bernabéu no es un estadio: es un portal interdimensional donde la lógica se disuelve y lo sobrenatural se convierte en cotidiano.

Y eso lo saben bien los 22 jugadores que pisan el césped… y los 80.000 espectadores que rugen desde la grada.

Miles de almas esperando un milagro que, en esta casa, ya no se llama milagro, se llama Real Madrid.

Miles de almas esperando un milagro que, en esta casa, ya no se llama milagro, se llama Real Madrid

Cientos de miles de personas esperando ver en sus televisores un evento sobrenatural.

No es la primera vez.

Ni la segunda.

Ya nos han dado por muertos antes. Y no pocas veces.

¿No fue muerto el Madrid de Santillana ante el Borussia en el 85?

¿No estaba firmada la defunción contra el Inter de Lothar Matthäus en el 86?

¿No estaban ya celebrando los del PSG, los del Chelsea, los del Bayern?

¿No nos enterraron los ingleses del Manchester City en el minuto el 89’ del 2022?

Pues sí. Y todos acabaron igual: preguntándose cómo la ley de la probabilidad se invertía una y otra vez, observando atónitos cómo lo imposible se volvía rutina y la rutina, leyenda.

Ahora llega el Arsenal.

Con más ventaja que los últimos. Tres goles en la mochila: un potosí, un cañón.

Llegan con fe. Con físico. Con talento.

Llegan seguros y ambiciosos, creyendo en sus posibilidades infinitas.

Con la convicción de haber visto al Madrid de rodillas hace apenas una semana.

Son un equipo bien construido, confiado. Tienen los 3 goles y el talento.

Y no es poco.

¿Pero que son 3 goles frente a la historia?

La historia mirará a los ojos a cada jugador del Arsenal cuando el Real Madrid marque el primer gol.

¿Tendrán la templanza de aguantar impertérritos?

¿O verán flases de Guardiola y otros entrenadores llevándose las manos a la cabeza?

Guardiola

¿O escucharán, sin querer, las voces de todos los equipos que creyeron haber eliminado al Madrid y acabaron en la cuneta?

A su favor, el aliento de decenas de miles de antimadridistas.

Compartiendo una angustia vital, unidos por el terror infinito.

La cicatriz en el alma.

El miedo al milagro.

La zozobra perpetua.

El pánico a que eso vuelva a pasar. Eso…

Eso… Esa sensación de volver a ver el pasado repetirse una vez más.

La visualización de un Bernabéu explotando de alegría.

La imagen de los jugadores blancos galopando a lomos de criaturas imaginarias en pos del gol.

El escudo blanco pesando tanto como las 15 Copas de Europa.

La historia que, una vez más, decide caprichosamente que se vuelve a repetir.

Y cuando todo eso suceda, el Espíritu de Juanito volverá a caminar por la banda.

Una bandera blanca ondeará en el Nuevo Bernabéu como vestigio de gestas imposibles.

Y los que no creían… empezarán a creer.

Otra vez

Y entonces lo entenderán.

Y los jugadores del Arsenal lo sabrán. Antes que el resto. Lo notarán en sus carnes.

Los que odian, los que dudan, los que temen. Todos lo entenderán.

Aunque sea tarde. Otra vez.

 

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¿4-0? Me fío de los gafes. Ah: Nico y Sancet, tela, ¿eh?

 

Recuerdo perfectamente todos aquellos lunes galérnicos con el Madrid en batallas europeas y partidazos a la vista. Eso que sólo se puede vivir en el Bernabéu, como sólo en Sevilla se puede visitar la Giralda.

Grandísimas vísperas con desenlaces inolvidables. Ha dominado este panorama: un resultado potable fuera y lío en casa después. Aquel 1-0 en París, gol de Kylian. Las vísperas era tensas, pero no estas. El asunto se lio con otro gol suyo para el 0-1 aquí. Hizo el tío otros dos, en fuera de juego, a Dios gracias. Luego batió a Courtois cuatro veces. Benzema hizo tres y todos legales. Total, ñak.

Benzema gol PSG

Un gol en contra. Excitación, ‘ma non troppo’, diría Carletto. Y bueno… En nada, vuelta la mula al trigo con el City. 4-3 y Marhez, 0-1… y ya saben. El número gordo fue con el Chelsea. Aquella otra noche de Benzema & Vinícius en Londres, 1-3. Un amigo se lamentaba que había pagado 400 pavos por no sé qué entrada vip… y la acabó enmarcando. Él y sus cinco acompañantes. Marcó Rüdiger para ellos, recordarán. Otra noche que pintaba simplemente dura fue la última vuelta con el Bayern: 2-2 allí, 0-1 aquí… ¡San Joselu! Pues eso: bueno, bueno.

Lo que llega recuerda más aquellas noches de cuando la Quinta y anteriores. Aquel 3-0 en Bruselas con el Anderlecht, otro en Glasgow vs. Celtic. El 5-1 con el Borussia Mönchengladbach. Cosillas con el Inter… A todos remontó el Madrid. Aquello, como esto, tiene una ventaja: sabes a lo que vas. No hay dudas. Vienes ‘meneao’ y te pones en manos de los espíritus. Y de los vivos, por ejemplo, Camacho. Sus gritos en el túnel: ¡la primera falta, nosotros! Y la segunda.

Los jugadores lo tienen claro y el pueblo, como sus abuelos entonces. Está todo sabido y pensado. Es la guerra, diría Gila. Deportiva, por supuesto. Y nada que ver este fútbol con aquel. Rüdiger es una madre al lado de Camacho y alrededores. Otros tiempos, mismo momento, idéntica conjura: hacer realidad lo imposible. Levantar un 3-0. Porque sí parece eso, imposible.

Parece. No hay nada futbolístico que lo sostenga, dicen los malajes. Los mismos que sostienen algo que sí es muy futbolero: algún día se romperá el cántaro. ‘Quícir’ la misma osadía es sostener que el Madrid puede hacerlo que defender lo contrario y confiar en lo complicado de repetir la faena.

Pero… El Madrid tiene a su favor algo que no he visto considerar desde que terminó el partido de ida: la condición gafe, pero muy gafe, de todos esos que durante los últimos once años han sufrido ver cómo ganaba una Copa de Europa cada año y medio. Siguen apretando. Yo me fío de ellos.

El Madrid tiene a su favor la condición gafe, pero muy gafe, de todos esos que durante los últimos once años han sufrido ver cómo ganaba una Copa de Europa cada año y medio

Son muy gafes, mucho. Pero en lugar de callar y cruzar los dedos, siguen y siguen con sus mismas pavadas. La última, hilarante, data de marzo: ¡Pep, hazlo! ¡Jaaaja!

Han sido de PSG, City sobre todo, Liverpool, Dortmund, Bayern, últimamente de Atleti y este Arsenal… El Madrid tiene a su lado a los gafes: si Arteta lo supiera les pagaría para que callaran.

Pasado mañana. ¿Y? Yo creo. Puede que no sea posible. Incluso que vuelva a perder el Madrid. Es fútbol. ¿Quién podía esperar que a Mbappé se le cruzaran los cables en Vitoria? Pues eso.

Fútbol tiene el Arsenal para jorobar la noche. También el Madrid para enloquecerla. Que no ha estado bien este año, aquí nos lo van a contar. Además, resulta que es otra cosa. Tiene fútbol y futbolistas y el reinado, la historia, la camiseta, lo que nadie tiene. Todo eso.

Es el motivo por el que con 3-0 en contra, y una inferioridad manifiesta y admitida en Londres, el mundo sabe que la remontada es posible. Sólo aquí. Y una certeza: la Champions sin el Madrid no es lo mismo. Por emoción, por solera, por gancho mundial, el mundo normal —que sigue siendo la mayoría— desea que clasifique y seguir viviendo lo increíble.

Dato final: el Madrid tiene 15 títulos, entre los otros siete cuartofinalistas, siete, seven, sieben, sept, hét —en húngaro, homenaje a Pancho Puskas— suman 16.

Pues hala. Un abrazo y ánimo: son tres días mal ‘contaos’.

(Nota final: he visto casi todo el Athletic-Rayo. Magnífico. Lo de los tales Sancet y Nico Williams, tela. Para pensarlo, ¿eh?).

 

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Arbitró César Soto Grado del colegio castellano-leonés. En el VAR estuvo Gil Manzano.

Que Soto Grado es funesto, chulo y deshonesto se sabe desde hace mucho tiempo. Que está acostumbrado a hacer golfadas al Madrid con frecuencia es un hecho. Es el mismo árbitro que pitó penalti de Tchouaméni a Lino por una acción residual en el derbi de Liga en el Bernabéu. Hoy, otra jugada residual con el penalti de Owono a Arda. El listón fue diferente, as usual.

El Alavés salió revolucionado con 5 faltas en 10 minutos. Las permitió y no las castigó. Cero amarillas. No lo cortó y eso desesperó a los jugadores blancos. Estrategia premeditada.

En la primera mitad vio amarilla Jordan por una entrada a Tchouaméni y roja Mbappé. Clarísima por una entrada fuera de razón a Antonio Blanco. Soto Grado se la comió porque ni la vio de primeras. También dio gol de Asencio tras falta previa de Rüdiger con un culazo al portero. Otra que se merendó. No dio una y le salvó Gil Manzano.

En la segunda parte todo fue por los mismos derroteros. ¿Qué pensaban? La roja a Manu Sánchez se la tuvo que hacer ver otra vez el VAR. Ni falta había pitado. Ganduleando, que es gerundio. Al final las mismas tarjetas para los dos equipos. Por sus bemoles. A Vini le agarra Carlos Vicente. Nada. Vini sujeta a un jugador local. Amarilla. La igualdad de criterios son los padres. El resto de amonestados fueron Carlos Martín, Tenaglia y Mouriño; en los blancos Camavinga, Lucas y Courtois, por perder tiempo.

Tanta paz lleves como descanso dejas, César. Hasta la temporada próxima, por desgracia.

Soto Grado, para BEBER CICUTA A BORBOTONES.

 

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El Madrid se ha impuesto con un gol de Camavinga al Alavés y sigue en la pelea por la Liga.

Estaba claro que tocaba rotar algo a la espera de intentar, con más posibilidades, la remontada ante el Arsenal. Davide, que sustituía a su padre por sanción, introdujo como principal novedad a Güler. Vinicius y Bellingham descansarían en el banquillo.

El partido demostró desde el principio lo mucho que se jugaba el Alavés. El conjunto vitoriano presionaba con mucha intensidad y buscaba la portería de Courtois. El Madrid por su parte no se echaba para atrás, y a través de Rodrygo por la izquierda generaba desequilibrio.

En los primeros veinte minutos vimos dos jugadas polémicas. En la primera pudo haber penalti a Güler, pero el árbitro no lo entendió así. En la segunda se anuló el gol a Asencio por falta de Rüdiger advertida por el VAR.

En el 29, tras un buen pase de Güler y una gran pared entre Valverde y Camavinga, éste último conectó un gran remate con la zurda que se coló en la portería del Alavés. Esta vez era imposible revisar nada y el gol subió al marcador.

Sin embargo, la alegría duró muy poco. Apenas unos minutos después Mbappé fue justamente expulsado por una entrada impropia de un jugador como él.

No pasó nada relevante en lo que quedaba de primera parte, pero las perspectivas para la segunda apuntaban a un sufrimiento poco recomendable a tres días de la cita contra el Arsenal.

El plan del Madrid en la segunda parte quedó claro muy pronto: bloque bajo y poco ánimo de exponerse. Güler y Rodrygo eran dos islas. El Alavés sólo encontraba en los centros una forma de generar algo de peligro. En el 61 salieron Vinicius y Bellingham por Arda y Rodrygo.

En el minuto 68, Vinicius provocó una roja al recibir una entrada muy duda y que a lo mejor estaba realizada por el último hombre. El VAR tuvo que avisar a Soto Grado.

De repente, el Madrid tenía que cambiar el plan del partido al recuperar la igualdad. En el 75, Brahim entró por Fran. Un estupendo Camavinga pasaría a ocupar el lateral izquierdo.

Los minutos finales fueron propicios para sentenciar. Camavinga ganaba muy sobrado sus duelos y Vinicius era una amenaza constante. Fue especialmente clara una de Bellingham en la que intentó asistir a Vinicius, pero al fallar el pase se encontró con una ocasión inmejorable salvada por el portero local.

En el 91, Ceballos reapareció por un gran Valverde, que tomó su lugar en el banquillo. Los minutos finales fueron de pura gestión y el Madrid logró el objetivo.

 

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Buenos días, amigos. El equipo cliente de Negreira venció ayer (0-1 al Leganés), señal de que ayer jugó, pues de otra manera no pudo haber ganado.

Mientras tanto, el Real Madrid no ha ganado ni perdido (aún), ni tan siquiera empatado (todavía). Difícilmente podría haberlo hecho cuando no ha jugado de momento, dado que lo hará hoy, a las 16:15 en Mendizorroza contra el Alavés.

Tanto el equipo cliente de Negreira como el Real Madrid juegan esta semana decisivos partidos de cuartos de final de la Champions League. Por lo que sea, Javier Tebas otorga a uno de los dos un día de descanso extra de cara a ese partido, mientras al otro se lo niega.

Tebas vive enganchado a su iPhone, desde el cual tuitea constantemente exabruptos varios, dirigidos en su mayoría al principal cliente de la LFP que él preside, esto es, el Real Madrid. Sin embargo, para explicar este agravio comparativo se queda sin wifi, o lo que sea. Es normal, en el fondo. No puede ofrecer ninguna explicación presentable. Solo existe una: su afán por jorobar al Real Madrid. Ha vuelto a hacerlo.

Si esperáis encontrar en las portadas del día alguna alusión a este sangrante tema, en el cual por cierto llueve sobre mojado, permitid que os desincentivemos. No hallaréis ni rastro.

Marca habla de un Ancelotti “más alicaído que nunca”, y subraya en amarillo la palabra “bajón” para que nadie se escape de ella. Son predecibles. Os adelantamos cómo van a ser las portadas de Marca de los próximos días. Hasta el martes, quizá incluido, todo será catastrofismo: Vinícius juega mal desde el comienzo de los tiempos, Carletto no tiene respuestas, no hay salida a la situación… Sin embargo, el miércoles por la mañana, como por arte de magia (pero ¿qué es la hipocresía sino magia guardiolista?), todo serán ánimos de cara al intento de remontada ante el Arsenal, como si antes no se hubieran pasado una semana metiendo palitos en las ruedas de la bicicleta blanca.

Demasiado bien les conocemos.

As trae un punto de vista más optimista, y expone un nuevo lema acuñado por Ancelotti y que sirve tanto para el imposible deseado para el miércoles como para la perentoria victoria de hoy en Álava (¿y con Alaba?): “hasta el último balón”.  Nos gusta. Tiene reminiscencias de película bélica. ¿Qué son estos dos partidos (miércoles y hoy) sino batallas? ¿Qué es absolutamente todo sino una guerra sin cuartel para el Madrid (por no decir contra el Madrid)? La lucha contra los elementos es desaforada, pero encima no la estamos planteando bien sobre el terreno de juego.

A lo largo de la temporada, nuestro equipo no ha terminado nunca de carburar. Siempre parecía que iban a terminar de encajar las piezas del puzzle, pero nunca acabaron de hacerlo. Las mejores jornadas se vivieron con un puntal inesperado, el hombre que hizo funcionar el centro del campo: Dani Ceballos. La buenísima noticia es que Ceballos está de vuelta. Se espera que hoy juegue unos minutos ante el Alavés… ¿y que sea titular ante el Arsenal?

La prensa cataculé celebra el pírrico triunfo de los suyos en Butarque. “Autogol de oro”, tienen el cuajo de titular, en referencia el tanto en propia puerta de Jorge Sáenz que valió el triunfo de los de Flick. Todo va sobre ruedas para esta gente. El madridismo mira con estupor y desolación este momento en que parece que el karma permitirá que ganen los corruptos. Al fin y al cabo, nadie se lo impide. Mientras el mundo especulaba ingenuamente con la posibilidad de que pagaran por sus crímenes, en especial el gigantesco escándalo Negreira, ellos se reían ante esa vana expectativa, se reorganizaban y ahí los tenéis: serios candidatos a absolutamente todo, Champions incluida. Esto produce un dolor insondable que tal vez no se aprecie desde las alturas de las altas estrategias del club, que ha optado por no movilizarse ante tanta tropelía en beneficio de una causa aparentemente mayor. Debería, cuanto menos, explicarse.

Pasad un buen día.

Buenos días. El madridismo sociológico, que  es algo diferente a lo que intentó regurgitar Jan Laporta tras una mala resaca, anda dando vueltas a la posibilidad (o imposibilidad) de remontar tres goles al Arsenal el miércoles próximo, casi olvidando que antes de eso, concretamente mañana, hay un partido de liga. Una liga que sigue viva para los blancos si uno repara en que la distancia de puntos con el club cliente de Negreira no es insalvable.

El compromiso liguero, en Mendizorroza, ante un necesitado Alavés, es para mañana por la tarde.

-¿Y por qué no el sábado, teniendo en cuenta que el Madrid juega el miércoles un partido decisivo?- se preguntará, curioso, el lector.- ¿No podría la LFP ayudar mínimamente al club que con mayor éxito representa al fútbol español, simplemente adelantando a hoy su partido liguero? No habría ninguna contraindicación para hacerlo así. De hecho, el equipo cliente de Negreira juega hoy y no mañana, para así poder preparar su cita continental y llegar a ella con menor estrechez temporal.

Razón tendría el curioso lector en aducir todos esos puntos, pero estaría perdiendo de vista que el responsable de todo esto es un tal Javier Tebas Medrano, Enemigo Público Número Uno del Real Madrid y hombre enfermizamente obsesionado con la idea de perjudicar al mejor club del mundo.

Así que jugamos mañana en lugar de jugar hoy, a pesar de que esta alternativa sería francamente realizable sin mayor inconveniente para nadie.

Las portadas de hoy no hablan de esto, evidentemente, dado que el propio Tebas somete a sus designios a las principales cabeceras del país. A una muy en partícular, claro.

Obviamente, Marca no se va a dedicar a morder la mano que le da de comer, optando mejor por intoxicar en lo posible el ambiente dentro del Real Madrid, pasatiempo favorito de Tebas, autor espiritual de tantas y tantas portadas de Marca. La de hoy de manera muy especial. No olvidemos que la reacción de Tebas ante los ataques racistas sufridos por Vinícius fue siempre la de regañar a la víctima, secundado de inmediato por Marca que puso al brasileño “en el foco”. ¿Su delito? Sufrir un acoso incalificable (y en gran parte xenófobo) por parte de gradas hostiles, supuestos compañeros de profesión y medios miserables.

El acoso encuentra un nuevo capítulo en la portada marquista de hoy. Aprovechando un pésimo partido de Vinicius ante el Arsenal, Marca trata de intoxicar intentando hacer ver que toda la temporada de Vini es en realidad nefasta, pretensión que se aleja mucho de la realidad. El brasileño lleva una temporada algo irregular, en la línea del equipo, pero eso es todo. Eso de que Vini “está irreconocible desde el Caso Balón de Oro” es una invención, una patraña, una falsedad tendenciosa y ruin contra el futbolista más importante de la liga de Tebas, a despecho de ser también el más maltratado.

Tebas está en serio riesgo de ser inhabilitado. ¿Qué va a hacer con estas portadas Marca si eso sucede? Podrá introducirlas por la vía anatómica que estime oportuno, pero ni Vini ni el propio Real Madrid van a olvidar tan fácilmente este repugnante camino jalonado por afrentas.

As no está mucho más inspirado hoy. Si esta es la Central Lechera, que debería estar ayudando al equipo supuestamente afín a crear un caldo de cultivo favorable a la remontada (en Champions y en liga), que venga Dios y lo vea. Enredando con las renovaciones de los Lu(k/c)as a cuatro días de la vuelta ante el Arsenal.

Muchísimas gracias, As.

Y este es el panorama con los medios supuestamente controlados por el pérfido Florentino y sus garras omnipotentes.

(PD: Tanto As como Marca reflejan la posición final del Real Madrid en la primera fase de la Euroliga. Los de Mateo habrán de jugar un Play-In ante Paris para optar a la F4).

La prensa cataculé, como siempre, a sus cosas. Hacen bien. Están jugando estupendamente, llevados por un gran técnico que puede renovar, en medio de un ambiente sociopolítico y mediático absolutamente favorable, un ecosistema que perdona sistemáticamente sus crímenes para asegurarse de que su camino sea cuesta abajo y desemboque en títulos. Juegan hoy (insistimos: hoy, no mañana) en Butarque. Ganarán, ya os lo adelantamos.

Pasad un buen día.

Leo Beenhakker es uno de esos técnicos que ha vivido (sin contar interinidades) dos etapas en la casa blanca. En esa lista se encuentran también gente como Quincoces, Albéniz, Molowny, Di Stéfano, Toshack, Capello, Zidane o Ancelotti.

En la campaña 1985-86, el entrenador blanco era Luis Molowny, que acababa de cumplir 60 años y decidió que cuando finalizara el curso futbolístico ponía punto final a su etapa en los banquillos. El cuadro merengue volvió a ganar la Liga tras seis años de sequía y revalidó el título de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza comenzó a buscar al capitán de la nave madridista para un nuevo proyecto del equipo. En un primer término pensó en Luis Aragonés, pero el madrileño rechazó el ofrecimiento. A continuación, tocó las puertas de Menotti y Clemente. Al argentino lo descartó por la poca química que vio entre ellos, y con Clemente no se llegó a un acuerdo total. Fue entonces cuando surgió la idea de Leo Beenhakker porque al presidente se lo recomendó Jorge Valdano, que lo había tenido en el Real Zaragoza. Para ello, el neerlandés desestimó su continuidad en la selección oranje, a la que dirigía desde 1985.

Con la llegada de la primavera, hubo una primera toma de contacto en Bruselas y más tarde dos en la capital de España. Mendoza y Leo Beenhakker congeniaron y en el mes de abril de 1986 se hizo oficial el acuerdo. El presidente lo confirmó en Milán, manifestando, además, que “Beenhakker es un entrenador moderno, gran persona, hombre joven, conocedor del fútbol europeo y que encajará bien con la plantilla”. Otro que habló para elogiar la figura del neerlandés fue Valdano, que señaló que “conoce de futbolistas y de seres humanos” y lo calificó como “un defensor del fútbol abierto y tácticamente valiente; Leo es ambicioso en sus sistemas de juego y tiene capacidad para contagiar y transmitir esa mentalidad”.

En algunos medios le bautizaron como ‘El filósofo del fútbol’ y ‘El tulipán blanco’. La prensa rápidamente buscó sus primeras palabras y tanto AS como Marca lo entrevistaron aquella primavera.

La portada de AS decía: ‘Beenhakker descubre sus secretos’. En cuanto a la disciplina, declaró: “¿Duro?: jamás permití que nadie dejara de cumplir con su deber”. Si había dudas respecto a su pasado, se reivindicó: “No hay que olvidar que ya gané un título de Liga en mi primer año de entrenador con el Ajax y creo que esto es ya una buena referencia. Por otra parte, mi paso por Zaragoza creo que fue positivo”. Por último, respecto a si iba a tener plenos poderes respondió que “a eso te diré que yo tengo mis propias concepciones del fútbol y estoy seguro de que no planteará problema alguno este asunto cuando llegue el momento”.

Marca fue directamente a buscarle a los Países Bajos con sus enviados especiales Ángel Retamar y Julio Palomar. Beenhakker se puso varios retos: “Quiero un Madrid muy espectacular. La Copa de Europa, por prestigio, debe ser una meta trascendental para nosotros”. Además, era consciente de que “es la gran oportunidad de mi vida; he luchado como loco para llegar hasta aquí”. En la entrevista dejaba claro su punto de vista futbolístico y era un estilo ofensivo y atacante: “El fútbol es para el público y hay que conseguir que se divierta. Lo bonito es dejar KO al rival, intentar golearle”. Por último, aclaró el aspecto del preparador físico porque él solía trabajar solo: “Tengo mis ideas sobre la preparación física. Aquí, en Holanda, al mismo tiempo que se prepara uno para ser entrenador, se hace un curso muy extenso y profundo sobre la preparación física. Quiere eso decir que se consigue compaginar la parte técnica y física, pero, cuidado, no quiero decir con esto que vaya a prescindir de un preparador físico. Si el Real Madrid tiene uno, y como creo, es muy bueno, podemos trabajar juntos”.

En el mes de julio también habló para la revista oficial del club en su número 434, cuando el equipo hizo su presentación oficial en el Santiago Bernabéu. De su llegada al club, confesó que “el Real Madrid siempre ha sido un sueño para mí. La diferencia con otros clubes es que aquí siempre se tiene la obligación de ganar títulos, por historia, calidad y afición”. Sobre su estilo, expuso que “en mi opinión un gran ataque es la mejor defensa, pero lo más importante es jugar a ganar”. Y, además, cuando se le preguntó por la ansiada Copa de Europa respondió que se consideraba una persona “práctica que piensa en ganar el encuentro más próximo, ya que los títulos se consiguen día a día”.

Aquella primera etapa de tres años de Beenhakker concluyó con cinco títulos, tres Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa, con momentos de un juego excelso de ‘La Quinta del Buitre’ y también con algún conflicto con varios jugadores, y, sobre todo, con el lunar de no alzar la Copa de Europa, principalmente en aquel año 1988 de la eliminación del PSV. En 1989 finalizaba contrato y Ramón Mendoza optó por no renovar y buscar nuevos bríos para el equipo con John Benjamin Toshack.

Leo Beenhakker firmó por el Ajax, donde estuvo dos temporadas y comenzó una tercera, hasta que de nuevo Ramón Mendoza lo llamó para que volviera a la entidad de Chamartín a finales del mes de septiembre de 1991 con un contrato de tres años. En esta ocasión, al equipo blanco lo entrenaba Radomir Antic, que tenía al equipo líder del Campeonato de Liga en las primeras jornadas. Por tanto, el nuevo puesto que le ofreció el presidente madridista fue el de mánager general. El aterrizaje de Beenhakker enfadó mucho a su antiguo club, el Ajax, que vio con estupor toda la operación y acusó al club madrileño de falta de ética. El neerlandés se mostró feliz y afirmó a su regreso que “entrar en el Bernabéu ha sido como regresar a casa”. En su nuevo cargo iba a estar por encima de Antic, pero con la intención de formar un dúo, compenetrarse y trabajar ambos codo a codo: “No tengo ningún interés en tocar su trabajo. Tras 25 años en el banquillo me interesa mucho mi nueva labor. He firmado como mánager, no como entrenador. Eso no significa que en una situación excepcional, de emergencia, me pueda sentar en el banquillo de forma provisional. Antic debe estar muy tranquilo. No he venido para quitar el trabajo a nadie”. Aunque, en los mentideros de la época, ya corría el rumor de que Mendoza lo prefería como técnico, pero la labor de Antic estaba siendo positiva.

En los siguientes meses trabajaron de forma conjunta y en alguna ocasión tuvieron que salir a desmentir una mala relación entre ellos. El equipo blanco funcionaba y continuaba líder, pasó varias rondas en la Copa del Rey y la Copa de la UEFA hasta que llegó el mes de enero de 1992. En una decisión sorprendente que no muchos entendieron, incluidas personas dentro del club y la plantilla (Butragueño afirmó que “no esperaba que pudiera ocurrir, ni nadie”), Mendoza destituyó a Radomir Antic para colocar de nuevo a Beenhakker en el banquillo.

El Barça había recortado distancia a los blancos en la clasificación, pero a Mendoza lo que le disgustaba era el juego del equipo. Para la prensa fue la crónica de un cese anunciado porque la destitución del técnico yugoslavo rondaba la cabeza de Mendoza desde el mes de agosto. El presidente se escudó en que echó a Antic por “unos informes de los técnicos del club” y que el motivo del cambio era “para intentar mejorar, necesitamos un fútbol más ofensivo”. En la rueda de prensa para presentar de nuevo a Beenhakker explicó que “las causas son cuestiones técnicas. El cambio supone un riesgo y sentamos un precedente; el tiempo nos dará o no la razón. Tal vez haga falta un sistema diferente, un fútbol más ofensivo y espectacular. Al menos, en terreno propio” Además, puso de ejemplo al eterno rival: “El Barcelona hace un juego de otro planeta. Al Bernabéu acuden 90.000 espectadores y 30.000 de ellos exigen espectáculo, algo que no tenemos en este momento”.

Beenhakker recogió el guante del presidente y dijo que “buscaremos resultados y espectáculo. Encontrar ese equilibrio es lo más importante y difícil”. No quiso pronunciarse sobre el juego del equipo: “No estoy en situación de valorarlo. Cada entrenador tiene su propia filosofía, lo que no significa que la mía sea la mejor o peor. Para mí, dentro de mi forma de ver el fútbol, hay que buscar algo más dentro del Real Madrid”. Por último, añadió unas palabras para Antic: “Siento mucho lo que le ha sucedido, pero el fútbol muchas veces es una trampa“.

El neerlandés tomó los mandos, pero la campaña no finalizó con los éxitos que se esperaban. Primero el Real Madrid cayó en semifinales de la Copa de la UEFA frente al Torino, luego se perdió la Liga en Tenerife en la última jornada con escándalo arbitral y noticias de un intento de soborno a un jugador blanco y, para terminar, en el último choque de la temporada se esfumó la Copa del Rey en la final contra el Atlético de Madrid en el Bernabéu. Beenhakker no se sintió molesto con los rumores de destitución en el mes de junio y puso su cargo a disposición del club: “Si el cambio de entrenador es la solución, aquí está mi silla”. El penúltimo día del mes firmó su finiquito y abandonó la entidad blanca.

 

Fotografías: archivo Alberto Cosín

Buenos días. Ayer falleció Leo Beenhakker. El madridismo está de luto. Aunque estuvieron bajo las órdenes de varios técnicos, fue por excelencia el entrenador de la Quinta del Buitre, así como del resto de estrellas de aquel inolvidable Madrid ochentero: Hugo Sánchez, Gordillo, Valdano… Hizo jugar al equipo como pocos otros técnicos. Ganó 3 Ligas consecutivas, 1 Copa del Rey y 2 Supercopas de España.

Aunque el crédito por haber revolucionado el fútbol español se lo llevó Cruyff, hubo otro holandés que, con menos prensa y el mismo mérito, contribuyó igualmente a que el balompié patrio pasase de la furia al talento. Introdujo vanguardistas métodos de entrenamiento y, aprovechando lo mejor de una generación irrepetible, apostó por un fútbol vistoso y ofensivo como pocos se han visto.

DEP Leo Beenhakker.

Beenhakker fumando

As recoge la triste noticia en un estrecho faldoncillo, compartiendo primera plana con Mbappé, Vinicius y Rodrygo, que ya velan armas para intentar la proeza casi imposible de remontar ante el Arsenal. Pueden parecer argumentos independientes, pero el brindar tributo a Leo debería ser un aliciente más para tratar de remontar el miércoles.

Háganlo por Leo. No solo por él, claro, pero sí por él como exponente de la excelencia blanca. Precisamente, aunque sea otro deporte, el homenaje que le brindaron ayer los muchachos de Chus Mateo ganando en Belgrado, con un gancho imponente de Edy Tavares en el último segundo. As lo refleja también, por desgracia miniaturizado, en su esquina inferior derecha.

Marca participa de los tres argumentos de su competidor (Madrid de fútbol, Leo Beenhakker, Madrid de baloncesto), pero casi todo ello desde la óptica ligeramente más puñetera que le es propia cuando habla del club de Concha Espina.

Lo peor es que no se les puede negar algo de razón, no al menos en el día de hoy. La victoria del Madrid de Mateo no es suficiente para llevar al equipo a Play-offs de Euroliga, y más bien parece que tendrá que conformarse de momento con estar en el Play-in.

En cuanto a la falta de conexión completa entre Mbappé y Vini, hay verdad en lo que se asevera en esta primera plana. Ambos jugadores hacen clic por momentos, pero no da la sensación de que hayan establecido aún una de esas sociedades futbolísticas ilimitadas a las que aludía Jorge Valdano. Se percibe que no falta buena voluntad por parte de ambos para lograrlo, pero el entendimiento no es (aún) completo.

No faltan los que aseguran que nunca se complementarán del todo, o más aún: que son del todo incompatibles. Hemos visto señales de que eso no es así, si bien no tan completas como para desautorizar a esas voces, o no en los momentos decisivos, como lo era el pasado martes.

El miércoles próximo, en la vuelta, tienen Vinícius y Mbappé, Mbappé y Vinicius, ocasión de demostrar, con un golpe de efecto tremendo, que deben seguir siendo junto a Bellingham los pilares esenciales sobre los cuales debe el mejor club del mundo edificar su futuro.

La prensa cataculé, a sus cosas. Mundo Deportivo tiene el detalle de acordarse de Beenhakker, cosa que no le sucede a Sport.

Pasad un buen día.

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