Buenos días. Prosigue la resaca (nunca mejor dicho) de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. Cómo habrá sido el escándalo que hasta Sport (¡Sport!) dedica en portada, en el día de hoy, un amplio espacio a la investigación que va a abrir el Gobierno por si en el citado evento se produjo algún tipo de vejación a personas con enanismo. Sport opta por el calificativo de “extravagante” para caracterizar todo lo que presuntamente sucedió allí, y eso que sabemos poco porque los móviles de los concurrentes (ya fueran “chicas de imagen” o asistentes no remunerados) fueron requisados en la puerta.
Lo de la humillación a personas con enanismo no es cuestión que haya inventado Lamine, como sabe cualquiera que haya visto la película El Lobo de Wall Street o haya leído algo sobre las orgías auspiciadas por algunas bandas de rock, que según la leyenda utilizaban las cabezas de personas con acondroplasia para poner bandejas sobre las que esnifar cocaína. No decimos que Lamine les utilizara para esto ni para lanzarlos sobre una diana, como veíamos en la película de Scorsese. No lo sabemos. Pero parece claro que no estaban en el lugar por contarse entre los amigos cercanos del nuevo mayor de edad. Más bien se antoja que andaban por allí para entretener al cumpleañero y su cohorte de amigos, en modos no enteramente edificantes.
Sport no habla en cambio de las “chicas de imagen”, como en grandioso eufemismo llamaron ayer algunos medios a las jóvenes acompañantes femeninas del homenajeado y cuantos le rodeaban. Tampoco sería el primer futbolista que organiza un sarao con chicas que obtienen una remuneración económica por estar allí (¿y por algo más que estar?). Lo que llama la atención es el uso de eufemismos y otras burdas maniobras de camuflaje por parte de medios entregados a la propaganda culé y a la causa de canonización del punta barcelonista. Es inevitable pensar en el akelarre mediático que habría sufrido Vinícius si llega a ocurrírsele celebrar una fiesta de cumpleaños en este plan.
Si Sport tiene al menos hoy la dignidad de mencionar la estrafalaria fiesta, así como la investigación que ha provocado, su gemelo en las lides cataculés guarda un atronador silencio al respecto. Cuando Sport (¡Sport!) te adelanta en periodismo serio, debes hacértelo ver.
En lugar de informar sobre las dimensiones del escándalo de Lamine, y posicionarse como medio blaugrana en torno a una llamada de atención sobre el peligro de que el ídolo culé se convierta en un juguete roto, Mundo Deportivo prefiere mejor entretenerse en cábalas (por no decir en invents) en torno a la presunta relación entre el muy hipotético fichaje de Luis Díaz por el club cliente de Negreira y la no menos hipotética contratación de Rodrygo por parte del Liverpool. Una gallarda cerebral. Un absoluto y completo onanismo intelectual a mayor gloria de la falta de argumentos veraniegos. A ver, tenían ahí como argumento la fiesta de Lamine, pero…
Al otro lado del Puente Aéreo (¿aún hay Puente Aéreo?), o al otro lado del AVE (¿aún hay AVE, señor Puente?), la actualidad se centra en Álvaro Carreras, quien por fin ha sido oficialmente anunciado como nuevo jugador del Real Madrid. (Lo de nuevo es un decir, puesto que ya formó parte de la cantera de nuestro club hasta que cumplió los 17, o sea, la edad que Lamine Yamal ha dejado de tener después de años y años de tener 17).
Será presentado (Carreras, no Lamine) hoy a las 13 horas en Valdebebas, y a priori parece un gran refuerzo para la zaga blanca, tan puesta en discusión después de los graves accidentes defensivos contra el PSG, en el Mundial de Clubes, o en realidad a lo largo de toda la temporada que ahora finaliza.
Alberto Cosín os detalla en esta pieza las principales características de este magnífico refuerzo, un puñal por la banda izquierda que puede también jugar como central en una línea de tres (lo ha hecho bastantes veces en el Benfica). Queda por aclarar si su desempeño justificará el alto precio. Sin embargo, parecía claro que, después del mobbing al cual el jugador ha sido sometido por el club portugués, Florentino Pérez no iba a dejar al futbolista en la estacada. El Madrid no está libre de que algún futbolista lleve personas con enanismo a su cumpleaños (Theo Hernández lo hizo en su única campaña en el equipo), pero mientras tengamos este presidente los jugadores recibirán un trato humano y su lealtad será recompensada. Carreras ha recorrido un camino muy espinoso hasta que se ha concretado su fichaje, y ahora tiene su premio.
Bienvenido, Álvaro.
Pasad un buen día.
Sí, amigos, hay un decálogo del oficialismo. O debería haberlo. Hasta hoy no estaba escrito, que yo sepa. Yo tengo el mío. Es necesario explicar por qué no compartimos la urgencia de ganar todos los años todos los títulos, según la polarizante e infantil visión del deporte de algunos influencers madridistas en las redes sociales; por qué no militamos en el nuevo credo del vinagrismo, que no tolera la derrota y tiene alergia a la adversidad; por qué no queremos ponerle precio a Mbappé, ni un lazo rosa a Vinícius para regalárselo a cualquier club de Arabia. Tampoco nos arrepentimos de no haber torturado a Ancelotti hasta hacerle quitar a Rodrygo del once. No le deseamos el fuego eterno por no haber sido suficientemente insistente, hasta rebelde, con su jefe, para obligarle a fichar a dos centrales cuando se veía venir la tragedia.
En definitiva, pensamos que no es buena idea crucificar a Florentino Pérez en el vértice geodésico de Valdebebas después de escupirle y flagelarle durante todo el viernes santo. Bastante corona de espinas tiene aguantando el pobre lo que aguanta, desagradecidos de nosotros, después de haber añadido a nuestras vidas pecadoras una década de felicidad incomparable.
Déjenme nada más comentar que cayó goleado el imbatible PSG en el Mundial de Clubes, después de cumplir el único propósito que les llevó a Estados Unidos: ganar al Real Madrid. Ya lo dijo el sabio Beckenbauer en alguna ocasión. "Para ganar la Champions (a la sazón, cualquier título que merezca la pena) hay que tener un gran equipo, un gran entrenador y ganar al Real Madrid". El PSG tuvo todo eso. Sin embargo, a pesar de que salimos del césped por la enfermería, no todo el mundo está diseñado genéticamente para la grandeza.
Luis Enrique, sin ir más lejos, pensó que era buena idea agredir a un deportista que podría ser su hijo (por edad, digo) ya finalizado el partido frente al Chelsea, en presencia de Donald Trump (seguro que no se escandalizó) y de algunos cientos de millones de televidentes que probablemente se preguntaron quién era el energúmeno. Nosotros le conocemos bien. Verbo fácil y homilías para todos los públicos en la victoria y mal perder en la derrota.
Mis diez mandamientos del kit del oficialista en julio de 2025 son los siguientes:
Los jugadores, los entrenadores, los ejecutivos van y vienen. Todos pasarán. El club continúa. Evoluciona, crece, se adapta a los tiempos, pero es mucho más grande que nosotros. Trasciende. Es un pedazo de historia, son las leyendas, es Juanito, es Di Stéfano, Puskas, Gento... son las memorias de emociones vividas que pasan de padres a hijos, de abuelos a nietos. Aún recuerdo el primer día de mi hijo mayor en el estadio. Sus ojos. Lo fuerte que me agarraba la mano mientras subíamos las escaleras. La emoción de oír el rugido de la grada. Ver a los once de blanco inmaculado dibujar otra victoria sobre el verde.
Se puede criticar al entrenador, el patrón de juego, la disposición de los jugadores, los cambios… pero rescatando algunas sesudas críticas de tuiter Real Madrid encuentro calificativos como: anticuado, trasnochado, sinvergüenza, inepto. Se señala a los oficialistas como mamadores por no estar en esa trinchera. Insultar a un profesional de la talla de Ancelotti, poner su nombre en la miniatura de un vídeo genera tráfico. Eso es todo. Sin cobrar directamente del club, hay comunicadores que cobran por denigrar al club.
Se puede criticar a los ejecutivos del club, claro, pero son los que han juntado en el vestuario la suma de talento que tenemos hoy en la plantilla por una fracción de lo que se ha gastado el Chelsea en los últimos tres años, flamante campeón del Mundial de Clubes. No me sale una crítica agria para los profesionales que nos han traído a Camavinga, Vinícius, Valverde, Rodrygo, Endrick, Mastantuono, Huijsen, apostando por ellos en la mayoría de los casos cuando eran todavía menores de edad, qué quieren que les diga. También son los que desarrollan modelos de negocio que permiten a la entidad seguir haciendo dinero y crecer para competir con los clubes estado.
No se puede ganar siempre, pero sí se puede tener nobleza siempre: "enemigo en la contienda, cuando pierde da la mano". Este principio es obligatorio en cualquier país en que el equipo compita salvo en España, donde ha quedado suspendido cautelarmente desde febrero de 2023, hasta que el club cliente de Negreira reciba su justo castigo por corromper la competición y todos sus beneficiarios sean erradicados del fútbol español. Cuando éramos ingenuos y creíamos en la limpieza del deporte dimos muchas veces la mano a corruptos. Aún lo seguimos haciendo, sabiendo que lo son. No podemos evitarlo. La grandeza no se elige, ni se compra con 8,4 millones de euros. La grandeza, como el bien y como el mal, simplemente existe.
El luto es pasajero; la ilusión, permanente. Seguir a un club pertenece al universo de las emociones. Hay tantas formas de sufrir la derrota y de disfrutar la victoria como personas. Ganar es muy difícil. Todos los rivales quieren ganar. Pero la victoria es esquiva (de hecho, la de Samotracia tiene alas) y monógama. La pueden cortejar todos, pero sólo saldrá del estadio con uno. No es posible ganar siempre, pero lo hacemos más que los demás. ¿Por qué deberíamos estar tan abatidos por las derrotas? Nos duele la derrota, pero tratamos de explicarla sin dramas apocalípticos y confiamos en regresar a la victoria, porque siempre sucede, porque siempre ha sucedido. La derrota es lo que nos hace disfrutar tanto, tantísimo, cuando ganamos.
Si en algún momento del futuro el club cayera en manos de un Laporta de la vida, el oficialismo obviamente desaparecería por completo. Quienes lo gobiernan ven lo que vemos nosotros y estamos seguros de que ven, además, muchas cosas que no vemos, con las que tienen que lidiar cada día. El infiel no es totalmente consciente de la dimensión empresarial del Real Madrid. Ignora la dificultad de mezclar negocio y sentimiento, matemáticas y lágrimas, frialdad y emoción, visión y pasión, dinero y goles.
Honestamente, no entiendo la urgencia y la desesperación que lleva a cientos de miles de followers al pesimismo, la tortura, el autocastigo cuando no se gana. A sus líderes les entiendo perfectamente. El conflicto, el insulto, el desprecio, la soberbia son potentes motores de monetización en el periodismo de las redes sociales. Venden. Por eso merecen mayor respeto profesional influencers y líderes de opinión que no llevan esas herramientas en su maletín. Que un clip se grabe en directo del tirón no implica que sea espontáneo. Todos analizan las estadísticas de sus canales y saben qué hacer cuando necesitan hacer caja para irse de vacaciones.
Las expresiones acusatorias entre madridistas como mamadores, lameculos y peores son muy frecuentes en el madridismo, que, precisamente por ser universal, alberga en su interior su cuota de antimadridistas, de peluqueros, de católicos o de “chicas de imagen” que decoran las fiestas de futbolistas para poder pagar el alquiler.
En este medio se ha criticado a jugadores, al entrenador, al presidente. Generalmente con ironía, con tristeza, con frustración. A veces con dolor (las palabras de Florentino en la asamblea del club nos produjeron desazón a muchos), pero siempre anteponiendo el primer mandamiento de este decálogo. La falta de oposición a la presidencia que se constata cada vez que se convocan elecciones contrasta con el castigo diario al presidente y al club "por no fichar centrales" la pasada temporada o "por no sustituir a Kroos", atribuyendo a estos factores los malos resultados.
El problema de la falta de fútbol del equipo es debatible, pero no se soluciona presionando el botón de fichar. El equipo no ha competido en momentos clave y ha dado mala imagen en muchos partidos, aun sin errores graves de la defensa. Lo de sustituir a Kroos... en fin, díganme un par de futbolistas que le lleguen a la suela y que sean fichables.
Uno de los temas más debatidos últimamente en redes sociales es si este par de tremendos futbolistas pueden complementarse sobre el césped. El debate ha llegado incluso a la prensa "seria" en forma de análisis con una conclusión final definitiva: "se estorban". Yo, como oficialista, no lo veo tan claro. Muchos de los lectores habrán jugado más o menos seriamente al fútbol, alguno hasta habrá obtenido su título de entrenador quitándole horas al trabajo o a la familia. En el campo las cosas son muy sencillas: los buenos nunca se estorban. Se adaptan.
En este annus horribilis, Vini está atravesando (no creo que nadie lo dude) una crisis personal que arrastra desde el acoso que recibió en el primer tercio de la liga, pero muy especialmente a raíz de la vendetta contra Florentino que preparó la UEFA poniendo sus sucias manos sobre las votaciones del Balón de Oro. No ha sido el mismo desde entonces.
Mbappé es un futbolista descomunal. Probablemente el único goleador vivo que podrá acercarse remotamente a los registros de Cristiano. Que combinen o no, que puedan o no jugar juntos, discúlpenme, no es un debate serio. Tengo la certeza de que Xabi nos lo mostrará pronto. Afirmar que Mbappé es un problema es como decir que lo era Cristiano por su egoísmo frente a la portería rival. Además de meter 450 goles, Cristiano dio 95 asistencias en la Liga, por 104 de Figo y Alves, 99 de Benzema y Raúl o 98 de Xavi Hernández. ¡Sorpresa!
Supone un esfuerzo intelectual no menor estar todo el día defendiendo obviedades, pero la insistencia y tenacidad del antimadridismo militante, exógeno y endógeno, nos empuja a la labor cotidiana de sacarles de su contumacia en el error.
El presupuesto de ingresos del club no deja de crecer. En apenas dos años hemos pasado de los 831 millones de la temporada 2022/23 a una expectativa de 1300 millones de euros para la temporada 2025/26. Les remito a la imagen del añorado Miguel Gila en su descripción de las técnicas de investigación de su detective para encontrar al asesino que se dejó una colilla cerca del cadáver y a su sagaz y brillante conclusión: "aquí han fumao". ¿A qué creen que se puede deber ese aumento de los ingresos? Les doy una pista: sólo díganme qué activo ha puesto en valor el Real Madrid desde 2023.
Florentino no tiene enemigos sólo en el fútbol. Como Amancio Ortega o cualquier empresario de éxito semejante nacido en España, tiene que lidiar con la política y con los políticos. Ruido Bernabéu no es más, ni menos, que eso. Les propongo un juego: ¿cuántos de ustedes que viven en otras zonas de Madrid y que asisten cinco o seis veces al año al estadio cambiarían su vivienda (no hablamos de precio) por una equivalente a dos manzanas del Bernabéu?¿Podrían soportar durante los meses de verano el ruido de media docena de conciertos entre nueve y doce de la noche? Yo sí.
El único club sobre el que hay consenso en el antimadridismo de ser favorecido por los arbitrajes es el único que quiere cambiar el sistema y que lo pide oficialmente a las instituciones. El CTA se ha revelado como un órgano esencialmente prevaricador, la palanca que decide el campeón, quién va a Europa y quién no, como se viene constatando durante años, con VAR y sin VAR. La tecnología del VAR se utiliza como coartada, con valor de neutralidad irrefutable, para justificar una decisión y su contraria ante un mismo hecho. Las evidencias se van amontonando a lo largo de los años.
Hasta el árbitro iraní que ha pitado la final del Mundial de Clubes ha mostrado un tímido sesgo para tratar de animar una segunda parte deslucida por el resultado. El hombre trataba de recuperar la final discretamente, resucitando a un PSG muerto en el campo y muerto en el banquillo, sin mala fe. Si no eres del Chelsea, hasta lo puedes llegar a entender. Business.
Lo de España ha sido bochornoso durante décadas. Pero es que después de explotar el caso Negreira ha ido a peor. Sabiéndose observados, no han tenido escrúpulos para despachar la liga 2025 en tres infaustas jornadas con decisiones delirantes. Dicho esto, nuestro equipo no ha merecido ganarla, pero habría podido hacerlo con decisiones ecuánimes en los dos escenarios clave de cada domingo, donde invariablemente se han sucedido espectáculos arbitrales incalificables.
Real Madrid TV hace lo que no hacen los medios que deberían preocuparse por el producto del que viven, que es mostrar la realidad; pero claro, el producto del que viven no es la información sino el ecosistema de subsidios de Tebas sin el cual bastantes tendrían problemas para sobrevivir.
Que no se confunda el lector: el término "oficialista" se refiere principalmente a los seguidores de Florentino Pérez, su obra y a los herederos y sucesores que él designe en el futuro. Es el líder que ha llevado el club a la excelencia empresarial y deportiva. Admirado por todos los clubes del planeta, ha creado modelos de negocio que se estudian en universidades de todo el mundo y es temido por los ejecutivos que parasitan las instituciones del fútbol en beneficio propio, tanto en España como en Europa. Una persona que ha continuado, actualizado y agigantado la visión de Santiago Bernabéu, a quien le debemos el regalo de formar parte de la institución deportiva más exitosa de la historia. Del resto de mis colegas de La Galerna no puedo hablar, pero en mi propio nombre puedo decir, una vez más, que Florentino es el hombre vivo al que más quiero, después de mis hijos.
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Álvaro Carreras vuelve al Real Madrid. El gallego conoce ‘La Fábrica’, ya que militó en categoría cadete y juvenil. Un fichaje que se ha cocinado a fuego muy lento. Finalmente, la entidad madridista cerró un trato con el Benfica por 50 millones de euros.
Carreras nació en Ferrol el 23 de marzo de 2003. Por tanto, será el primer jugador de la historia del club blanco natural de dicha población gallega. Sus primeros pasos se produjeron en el Galicia de Caranza y el Racing de Ferrol, hasta que el Deportivo de la Coruña lo pescó para su equipo benjamín. Tras cinco campañas, dio el gran salto a la capital para formar parte de la cantera madridista. Cuando se encontraba en el juvenil C, el lateral gallego empezó a contar con menos minutos y no logró arrebatar el puesto en la banda a De la Víbora, que era la primera opción. También por delante en la cantera para el club se encontraban entonces Fran García y Miguel Gutiérrez. Carreras tenía claro que a esa edad necesitaba jugar y tomó la decisión de marcharse del Real Madrid, que le ofrecía renovar, y fichar por el Manchester United por cuatro temporadas.
Con los red devils tuvo una gran etapa afianzándose en el Manchester United de categoría sub23. Fue su mejor momento en etapa formativa, tuvo un crecimiento extraordinario, y como muestra sirva que fue elegido mejor sub-23 del club mancuniano. En 2022, una cesión al Preston North End le ayudó a coger la primera experiencia en la élite. No llegó a debutar con el Manchester United, aunque estuvo cerca de hacerlo en alguna ocasión. De cara al curso 2023-24 fue el Granada el que pidió su cesión. En la ciudad andaluza se esperaba mucho de su rendimiento, pero lo cierto es nunca llegó a consolidarse por delante de Carlos Neva en el lateral, tanto para Paco López como para ‘Cacique’ Medina.
En enero de 2024, otra cesión, al Benfica, donde esta vez sí tuvo éxito. Santi Denia también lo apuntó en rojo en su lista para los Juegos Olímpicos de París por sus grandes prestaciones en los últimos meses de curso, pero el Benfica no concedió permiso al gallego para acudir. Los lisboetas, que quedaron encantados con su paso, acabaron tomando la determinación de comprar sus derechos el pasado verano. El Manchester United accedió, y por unos 6 millones de euros, más un porcentaje de una futura venta, se convirtió en jugador benfiquista a todos los efectos. El Real Madrid, por los derechos formativos, terminó ingresando unos 75.000€. En la última campaña ha sido vital en los planes de Bruno Lage, que llegó al equipo tras la destitución del alemán Roger Schmidt. Carreras ha sumado más de 4300 minutos en 50 partidos, con un bagaje individual de cuatro goles y cinco asistencias.
Tras no cuajar la operación Alphonso Davies, en la que el Madrid trabajó más de un año, y otros objetivos que quedaron en el camino, como Grimaldo y el húngaro Kerkez, el Real Madrid ha decidido pagar 50 millones por el gallego, un coste que, tal vez, pueda resultar algo elevado, pero que lo realiza porque es un lateral de enorme futuro y que ya tiene experiencia europea. El Real Madrid necesitaba un jugador con vitola de titular por la banda izquierda, y Carreras tiene muchas características para triunfar en el Bernabéu. Ahora solo le faltara demostrar que no le pesa la camiseta del conjunto blanco. Es una elección del gusto de Xabi Alonso, que seguro que exprime todas sus cualidades.
El lateral ferrolano ha tenido una progresión impactante en la temporada recién finalizada de 2024-25. Pocos podían predecir un futuro como este hace apenas año y medio, cuando estuvo en el Granada. En el Benfica ha demostrado ser un lateral sólido, fuerte atrás, mejorando en este aspecto, sin perder un ápice de proyección ofensiva en sus subidas al ataque. Sobresale también por su conocimiento del juego y sentido táctico al interpretar lo que debe hacer en cada momento por su carril. Fuerte en los duelos, saltó a la palestra en los medios por un buen marcaje a Lamine Yamal en la Champions League. Tiene un buen manejo y contacto de balón con la pierna izquierda, zancada en carrera y es sutil para poner centros y asistencias. También su altura de 1,86 es un plus para las jugadas aéreas. Además, su versatilidad le permite jugar como carrilero o incluso de central en una línea de 5, como se ha podido ver en varios encuentros con el Benfica, entre ellos la final de la Taça de Portugal ante el Sporting.
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Vinícius es uno de esos personajes que no admiten medias tintas. Lo amas o te enerva. No hay término medio. Su historia parece escrita por un guionista con trastorno bipolar: un relato que empieza como el clásico del patito feo —ridiculizado, impreciso, objeto de memes y de condescendencia— para transformarse, súbitamente, en un cisne blanco deslumbrante. Un cisne brasileño, eléctrico y desafiante. Pero también, con el tiempo, en un personaje devorado por sí mismo. Un jugador que, de tanto luchar contra las injusticias, las propias y las ajenas, acabó creyéndose lo que no era.
El caso Vinícius no puede entenderse sin el contexto emocional e institucional del Real Madrid. Como si su evolución fuese la parábola perfecta del club en estos años. Si hubiese vestido de azulgrana, Vinícius ya sería Balón de Oro, leyenda continental, portada de cada videojuego y sujeto de documentales lacrimógenos. Pero es jugador del Madrid, y eso, en los tiempos que corren, implica partir con desventaja en casi todos los terrenos que no sean el del césped (y aquí también). El mismo trato que sufrió Cristiano Ronaldo, otro al que si lo hubiesen parido en La Masía sería considerado el jugador total de la historia. Vinícius ha heredado ese peso. El de jugar en un club que no permite ídolos indiscutidos ni siquiera entre los suyos.
Y, sin embargo, ahí sigue. O estaba. Porque ya no sabemos qué Vinícius tenemos delante. Quizá el verdadero, quizá una sombra de sí mismo. Quizá el protagonista de un viaje del héroe en versión brasileña, con caída, ascenso, caída otra vez y redención en construcción. Para saberlo, hay que rebobinar hasta su aterrizaje.
Ya no sabemos qué Vinícius tenemos delante. Quizá el verdadero, quizá una sombra de sí mismo. Quizá el protagonista de un viaje del héroe en versión brasileña, con caída, ascenso, caída otra vez y redención en construcción
Todo empezó con esos 45 millones que el Madrid pagó al Flamengo. Un escándalo para un adolescente que ni siquiera había cumplido los 18. Hoy, por cierto, hay quien tasa a Lamine Yamal en 200 millones sin pestañear. Pero entonces, el precio convirtió a Vinícius en diana desde el primer día. Para colmo, el contexto era cruel: llegaba como supuesto relevo de Cristiano Ronaldo. Un chico de barrio en sandalias al que le pedían llenar las botas del mayor goleador de todos los tiempos. Eso no es presión, es casi crueldad institucional.
Pero antes, mucho antes de brillar, le relegaron al Castilla. Demasiado joven e inexperto para primera, decían. Y, sin embargo, en segunda B los rivales le recibieron como lo contrario, como una estrella. Se había pagado demasiado por él como para pasar desapercibido en una categoría humilde. El resultado fue presión en cada campo, entradas duras, miradas desafiantes. Incluso algún rival del eterno rival llegó a morderle la cabeza. Literalmente. Fue una travesía infernal.
Su primer tramo en el primer equipo, tras constatarse que el filial le quedaba muy pequeño, fue una mezcla desconcertante de velocidad, vértigo y decisiones erróneas. Jugaba como si cada balón fuera su última oportunidad. Proyectaba desborde, potencia y energía, pero también descontrol, ansiedad y cero gol. La prensa lo bautizó rápidamente como un jugador sin gol. El gol no se aprende, decían. Vinícius nunca marcará goles. Daba igual que tuviese 19 años y mostrase muchas de las virtudes de los grandes jugadores. No tenía gol y jamás sería una estrella. Se dijo tanto que hasta lo compraron los propios madridistas, muchos de los cuáles incluían en sus mofas nombres descalificativos como “ficticius”, “malicius”…
Y justo cuando empezaba a asomar como un jugador con desborde y peligroso, imprescindible para el equipo, llegó su lesión. Y vuelta a empezar. Pero Vinícius no se rompió. Volvió con más fuerza. Primero como actor secundario en la última etapa de Zidane. Luego como titular con Ancelotti. Y finalmente, como jugador franquicia de un equipo que lo necesitaba tanto como él necesitaba al equipo.
La consagración no llegó de golpe, sino como la niebla, poco a poco, partido a partido. Cada noche, cada estadio, cada rival sufría un regate que llevaba su firma. El fútbol europeo empezó a temblar. Vinícius era, al fin, lo que siempre prometió ser. Un atacante total, con un techo altísimo, con esa mezcla de alegría y veneno que solo tienen los brasileños tocados por la magia. El heredero legítimo. De Cristiano, de Pelé, de la samba y de la furia. Todo a la vez.
La consagración no llegó de golpe, sino como la niebla, poco a poco, partido a partido. Vinícius era, al fin, lo que siempre prometió ser. Un atacante total, con un techo altísimo, con esa mezcla de alegría y veneno que solo tienen los brasileños tocados por la magia
Y entonces ocurrió lo inevitable: los rivales comenzaron a temerle. Y sus críticos, que ya no podían cuestionar su fútbol ni su impacto, empezaron a atacar sus gestos. Cuando por fin debíamos disfrutar del mejor Vinícius, del jugador maduro y deslumbrante que había emergido de las cenizas, estalló la tormenta.
Su lucha contra el racismo, absolutamente justa y necesaria, se convirtió en arma arrojadiza. Su figura dejó de ser solo la de un futbolista para convertirse en símbolo. Y como todo símbolo, fue manipulado. Exagerado, instrumentalizado, triturado por el engranaje mediático. Vinícius pasó de jugador excepcional a sujeto político. Y ahí empezó otra historia.
Cada gesto suyo se convertía en una declaración. Cada partido, en un juicio. Cada provocación, en un editorial. De pronto, ya no era solo un extremo que desbordaba. Era una batalla cultural con espinilleras. Una guerra donde el balón era apenas una excusa.
En medio de todo aquel ruido —la consagración, el racismo, las portadas, las guerras culturales— llegó el momento clave. Su momento. La temporada que lo cambió todo. Vinícius fue el líder indiscutible del mejor equipo de Europa, ese que no solo gana, sino que impone su ley. Goleador, asistente, amenaza constante. Un doblete impecable con el Real Madrid, gol en final europea incluida, donde fue decisivo. Ya no era una promesa, ni siquiera una estrella: era una supernova. Había llegado a la cima. Y en teoría, ahora solo tocaba sentarse y contemplar el espectáculo.
Por el camino, el Balón de Oro parecía un trámite administrativo. Una formalidad para ratificar lo que ya sabíamos todos: que no había nadie mejor. Pero el trofeo fue a parar a otro. A un centrocampista sin épica ni magnetismo, un peón del consenso, elegido no por su fútbol, sino por su conveniencia contra el Real Madrid. Un galardón entregado con guantes de látex que en teoría no le parecía mal a casi nadie, pero que en el fondo hirió a todos. Y especialmente a él. Fueron decenas de puñaladas, como a Julio Cesar. No hubo un Brutus pero sí la traición del fútbol.
Ese golpe, quizás más que cualquier lesión muscular o desgarro físico, le dolió en lo invisible: en el alma del competidor. ¿Para qué competir si no podías ser oficialmente el mejor? Si no te dejaban. Desde entonces, Vinícius ha jugado como si faltara algo. Ni es el de antes, ni es otro. Corre, juega, aparece. O no… Pero ya no muerde. Ya no quema. Ha tenido algún buen partido e incluso si miras las estadísticas, destacan. Pero han sido partidos sin aura. Ha perdido esa energía que tenía, esa hambre por ser el mejor, esa capacidad para percutir una y otra vez al lateral, incansable. Ha perdido, en definitiva, esa mirada de asesino que tenía cuando quería comerse el mundo. Ahora parece solo un buen jugador. Y por momentos, ni eso. Y para quien rozó la divinidad, para quien fue el mejor de todos, es una caída a los infiernos.
el Balón de Oro parecía un trámite administrativo. Pero el trofeo fue a parar a otro. Fueron decenas de puñaladas, como a Julio Cesar. No hubo un Brutus pero sí la traición del fútbol
Y en esta niebla emocional apareció Mbappé. Llegó entre dudas, pero mientras Vinícius empezaba a desvanecerse, él comenzaba a emerger. Y con su ascenso, surgió una competencia sorda, quizás más proyectada por los focos y los titulares que por el propio vestuario. ¿Un nuevo rey? ¿El alfa definitivo? Sea como fuere, Vinícius empezó a parecer lo que nunca fue pero dijeron que era: un jugador descentrado, desorientado, fuera de foco.
Y como si, de pronto, el club ya hubiese elegido a su faro, él dejó de serlo. Dejó de pedir el balón, de hacer aspavientos para que le dieron a él la pelota. Dejó incluso de reír cuando lo intentaba y fallaba. Y dejó de ser ese Vinícius que ascendió de los infiernos al cielo.
Luego llegó el invierno deportivo. Una temporada turbia, con un equipo confundido y jugadores apagados. Una de esas campañas en las que la derrota se contagia y el desánimo se institucionaliza. Y cuando las cosas van mal, los que se llevan los aplausos también se llevan los palos. Vinícius no fue la excepción. Fue la diana perfecta.
Y después vino el Mundial de Clubes. Un escenario en teoría menor, pero cuando juegas en el Real Madrid no hay partido pequeño. Porque allí, donde debía brillar, se apagó. Su rendimiento fue plano, intrascendente, casi ausente. Lo mismo le ocurrió a Mbappé. Ambos jugaban como reyes sin reino, como figuras atrapadas en una obra sin guion. Lo que debía ser el regreso al trono de uno de los dos se convirtió en una sala de espejos. Y en uno de esos reflejos, Vinícius ya no era aquel chico que estaba a punto de reinar el fútbol. Era un jugador de 25 años que se acercaba peligrosamente a su peor versión. Incluye, más grave, a la versión que siempre dieron de él sus enemigos: un futbolista menor.
Pero todavía hay tiempo. La historia no ha terminado. Hay jugadores que a los 25 años apenas estaban tocando la puerta de su plenitud. Cristiano Ronaldo, sin ir más lejos, escribió muchos de sus capítulos más brillantes después de esa edad: sus mejores partidos, sus Balones de Oro, sus Champions, su leyenda. La edad que ahora cumple Vinícius no es el final, ni siquiera el clímax, sino —según dicen los manuales no escritos del fútbol— la antesala del prime, ese momento en que juventud y madurez se abrazan para formar a los elegidos.
¿Dónde quedó aquel Vinícius eléctrico, salvaje, que luchaba contra todos, incluso contra los suyos? ¿Dónde está ese jugador que pasó de ser un meme con botas a marcar goles dignos de leyenda, a comerse al City, al Liverpool, al mundo?
El Madrid ha fichado jugadores con esa edad como proyectos de futuro. Ha pagado fortunas por promesas con menos recorrido, menos goles, menos finales. Y, sin embargo, cuando se habla de este Vinícius, la pregunta no es qué será, sino si volverá a ser. Si está amortizado. Si fue realmente tan bueno como creímos o si todo fue una ilusión colectiva, una narración hinchada por la épica de una temporada perfecta. Incluso se desliza, sin rubor, la posibilidad de que su futuro pase por Arabia, como si se tratase de un treintañero acabado, cansado de correr y de competir, de vuelta de todo.
¿Dónde quedó aquel Vinícius eléctrico, salvaje, que luchaba contra todos, incluso contra los suyos? ¿Dónde está ese jugador que pasó de ser un meme con botas a marcar goles dignos de leyenda, a comerse al City, al Liverpool, al mundo?
¿Dónde estás Vinícius José Paixão de Oliveira Júnior?
El héroe caído puede levantarse. Por tercera vez. Porque ya cayó en sus inicios. Porque cayó tras las injustas críticas. Y volvió. Siempre volvió. Pero esta vez no bastará con un gol bonito ni con un highlight viral. Esta vez tendrá que rascar el alma, volver a prender el fuego, recuperar el hambre. Tendrá que mirar dentro y recordar no al jugador que fue, sino al que quiso ser. Y superarlo.
Esta vez tiene que levantarse contra sí mismo. Porque si no lo hace él, lo hará otro. Porque el Real Madrid no perdona. No espera. No se detiene. Y porque, en el fondo, la pregunta ya no es si Vinícius es bueno, ni siquiera si es el mejor.
La pregunta, cruda y definitiva, es otra: ¿aún queda algo del Vinícius que fue héroe?
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Que sí, que el Chelsea. Vamos, está confirmado. Me satisface que el primer Mundial de Clubes no lo ganaran PSG o City y sí un equipo más o menos clásico. Que estos tíos de Londres llegaron a tener 55 ídem en nómina, un despelote. Pero vaya, puestos a elegir no hay color.
Bueno, en materia inglesa, yo, el Liverpool. Por tantas cosas y por una definitiva: aquel ramo de flores que plantaron en su Anfield en cariñoso homenaje a Amancio con su súper Dalglish al frente en aquella visita del Madrid. Los 'reds' son Copa de Europa, no hay tantos... En la historia, en los modales: la categoría. Total, que lo de anoche y entre diversos episodios, la carita del ex tenista catarí, el tal Al Khelaïfi, fue una bonita manera de cerrar la temporada.
De la representación europea en pie tras la fase de grupos hubiese preferido que la copa se la llevara el Benfica. No le hubiera puesto pegas a un brasileño —le costó más al campeón tumbar al Palmeiras que al PSG— o argentino, no sufro un ataque de europeítis. Es que yo siempre seré de Eusebio y hablamos del equipo que conquistó la sexta Copa de Europa, la primera que no ganó el Madrid. Gente seria, o sea. Y a los portugueses siempre les consideré primos hermanos. Tampoco hubiese hecho ascos a Bayern, Dortmund, Juve, Oporto, Inter, si el Madrid no era posible, claro está.
La carita del ex tenista catarí, el tal Al Khelaïfi, fue una bonita manera de cerrar la temporada
Pero fue el Chelsea, el campeón de la Conference bañó al de Europa, qué cosas. Con ellos hay también cierta complicidad. En el 71, le ganaron al Madrid la final de la Recopa, allá en Atenas. 1-1 y no había penaltis. Segundo partido, 2-1. Pirri jugó con un brazo roto. Ellos tenían a Peter Osgood, un delantero tremendo que decidió la cosa.
Y está el Chelsea en la historia de la 14, esa maravilla, esa cosa. Aquel 1-3 allí, el 0-3 de la vuelta que acabó 2-3. Esas cosas unen. Es además y sobre todo el Chelsea de Ovrebo, qué maravilla. Lo sufrió y no desapareció, lo que confirma que son gente con cierto cuajo. Todo lo bueno que les pase no digo que me lance a tirar cohetes, pero me alegrará.
Fue un baño inesperado el de ayer, mal momento para ser gurú de fútbol internacional, eso pone en las tarjetas de visita de muchos. Estábamos ante una nueva invención del fútbol, el nuevo Imbatible Team, esas cosas nos contaban y fíjense. A mí se me ocurrió decir, y digo, tres cosas:
1.- El PSG ha sido el mejor equipo de la temporada.
2.- No estamos ante una cosa legendaria, si acaso otro que quiere ser el Madrid.
3.- Tío por tío no veo que sea mejor que los blancos.
Y 4: como lo dije tras el 4-0, pues concédanme el mérito.
Que le puede ganar, al Madrid y a todos, lo hizo en la Champions, sin duda. Y en Francia, sin portero. También le superó en este torneo más allá de la lamentable salida madridista. Me pongo en que eso no hubiese pasado, que llegamos 0-0 al minuto 10: también pudo pasar que ganaran los franceses. Están sin duda entre los cuatro o cinco que pueden tumbar al Rey a un partido, una eliminatoria. Rey que seguirá siendo por los siglos de los siglos.
La diferencia está en que el finalista derrotado es un equipo hecho con su buen ojo y su inacabable talonario, perfecto. Y el Madrid se dispone a cerrar un ciclo glorioso. He leído en X a Benito datos objetivos que los títulos internacionales en los últimos diez años, diez, se reparten así: Real Madrid, 11. Chelsea, 4. Sevilla, Bayern, Liverpool y City, 3. Villarreal y Eintracht de Frankfurt, 1... y se acabó.
El Mundial, y la temporada que terminó, sí deja una reflexión: el cambio va a estar también, y mucho, en el talante. ¡Hay que correr!, grita el pueblo. Bueno: en todo caso hay que correr bien
El tiempo pasa y al Madrid le toca empezar una nueva etapa con Xabi al frente. ¿No se puede ganar siempre? Claro. Y lo suyo estos últimos tiempos ha sido mucho más que ganar. Es un reto excitante y colosal como tantos ha habido a lo largo de su historia. Oigan, que un día se fueron Alfredo, Puskas. Poco después a Paco Gento pues le dio tiempo de ganar la Sexta, la única vez que un equipo español, y mundial, lo hizo con once españoles. Y tantísimos más se fueron.
El Mundial, y la temporada que terminó, sí deja una reflexión: el cambio va a estar también, y mucho, en el talante. ¡Hay que correr!, grita el pueblo. Bueno: en todo caso hay que correr bien. La clave es estar en todo empezando por la atención y ya os entendemos.
¿Una referencia a Luis Enrique? ¿Y para qué? Bueno, sí. Seguiré rezando por él como hizo toda mi familia, y cualquier familia de bien, cuando vivió lo peor que puede vivir un padre. Todos fuimos su familia. Seguiré haciéndolo por él: lo necesita.
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Buenos días, amigos. El portanálisis de ayer versaba sobre «Los ya-no-17 años de Lamine Yamal», y el de hoy no puede tratar de otro asunto que no sea el jugoso de las «chicas de imagen» contratadas para el cumpleaños del futbolista del Barça, el jugador más joven en alcanzar la mayoría de edad.
Lamine Yamal celebra su 18 cumpleaños por todo lo alto: ubicación secreta, sin móviles, todo incluido, chicas de imagen... https://t.co/SYZ0Njm3z8
— 20minutos.es (@20m) July 12, 2025
Se está perdiendo la buena costumbre de llamar a las cosas por su nombre. Tenemos un idioma rico capaz de proporcionar la palabra adecuada: más vulgar, más elegante, más incisiva, más diplomática. Sin embargo, cada vez se recurre más a lo inane, cuando no a lo cursi, por temor a no ofender a nadie o, lo más común, disfrazar la realidad cuando esta se empeña en arremeter contra los propios intereses.
Esto último es lo que le ocurre a la prensa, lisonjera con Lamine Yamal —con el Barça en general— hasta un punto tal que las meretrices, o como diría José Tojeiro: prespiputas, se convierten en «chicas de imagen». Cada vez es más complicado reprimir la náusea, manejar el alipori.
En el artículo de 20 minutos puede leerse que la modelo Claudia Calvo —invitada a la fiesta— afirma que «el equipo de Lamine trabaja en las invitaciones a “chicas de imagen” que deben cumplir una serie de requisitos, específicamente físicos como “la talla del pecho o el color del pelo”, en palabras de la modelo. Además, estas invitadas recibirían a cambio de su presencia unas tarjetas con cifras que oscilan entre los 10.000 y los 20.000 euros». Por ese precio es probable que se «enrollen que te cagas» y que el cumpleaños feliz tenga un final ídem.
No cuesta imaginar al encargado de escoger a las «chicas de imagen»: mirada a inglete hacia el catálogo, Ducados colgando del labio inferior (del labio de la boca del tipo), camisa blanca que ya no lo es del todo abotonada a diez atmósferas, expresión curtida por las aficiones, pasando las hojas tras lamerse el pulgar y esbozando una sonrisa de nicotina cuando observa una de su agrado.
¿Es la primera vez que un futbolista celebra una fiesta y contrata a damas de compañía, escorts, autónomas del cariño, asesoras nocturnas de acompañamiento integral (¿sin gluten?), proveedoras de afecto bajo demanda, meretrices? No. Pero nunca se había travestido la realidad de un modo tan ridículo para lavar la imagen del niño mimado que no podemos molestar porque no nos conviene. Llamarlas “chicas de imagen” supone un refinamiento en el eufemismo propio del enjuague que sistemáticamente practican los medios sobre todo lo relativo a Lamine y a su corrupto club.
Además de «chicas de imagen», Lamine contrató para su cumpleaños a personas con enanismo. Otra muestra del buen gusto del chico y de lo bien amueblada que tiene la cabeza este joven ejemplo para la juventud. La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Discapacidades Esqueléticas con Enanismo ha anunciado que actuará por la vía legal y social.
COMUNICADO OFICIAL | La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Displasias Esqueléticas con Enanismo denuncia la contratación de personas con enanismo como entretenimiento en la fiesta de Lamine Yamal.
Actuaremos por la vía legal y social.https://t.co/cAjEH0Fm03— Asociación ADEE (@adee_esp) July 13, 2025
La fiesta fue una oda al refinamiento, a la distinción, al sentido estético. Ved:
Primeras imágenes en exclusiva dentro de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. 🔞 pic.twitter.com/GUoIiX5YTk
— Terreno Viral (@terrenoviral) July 13, 2025
La instantánea de arriba es el resumen perfecto: Lamine vestido como un mafioso, una persona con enanismo al lado, junto a ellos, una tarta con cadenas de oro, fichas de casino, pistolas, balas y turulos de billetes como los que se usan para esnifar. Ejemplar, repetimos.
¿Imagináis a qué gélido rincón de la tundra siberiana habría sido enviado Vinícius si el de las «chicas de imagen» y las personas con enanismo hubiera sido él?
¿Y las portadas qué dicen de la fiesta?
¿Qué van a decir? Imagen onírica de unos saludables Olmo y Lamine. «Buen ambiente en el reencuentro de la plantilla azulgrana, que completará hoy su primer entrenamiento». Propaganda del régimen y nada más.
Antes de mostraros el frontispicio de Sport, colocaos unas lentes polarizadas o directamente apartad la vista. La estridencia visual puede quebrar vuestras córneas.
En As tampoco vamos a leer nada de las «chicas de imagen» de Lamine Yamal. El diario prisaico dedica merecidamente su primera plana al Chelsea, primer campeón del nuevo Mundial de Clubes.
En La Galerna nos alegramos de cada revés que sufra el fútbol que representa el PSG. El modelo del Chelsea no es el que más nos gusta, pero no es un club-estado engrasado con petrodólares infinitos.
La final nos dejó también a un Luis Enrique fuera de sí, cholizado, que se fue a por João Pedro. Y a un Trump necesitado de casito que se empeñó en colarse en todas las fotos, al modo de Laporta.
Antes de la reflexión final, os dejamos la portada de Marca, que elige la final de Wimbledon para abrir. Habrá muchos más éxitos, Alcaraz, seguro.
Hace tiempo que una crisis es una «desaceleración económica» o incluso un «crecimiento negativo», que un despido masivo es una «reestructuración de plantilla», que una guerra es una «intervención humanitaria», que los asesinatos son una «neutralización de objetivos», que comprar la cúpula del CTA son «informes arbitrales», que las inscripciones ilegales se perpetran por decreto para «garantizar el derecho al trabajo y no perjudicar a la selección española», que las meretrices son «chicas de imagen» o «sobrinas que están como un tren contratadas en empresas públicas relacionadas con el transporte y la movilidad sostenible».
Y hace tiempo que a las trampas se las llama «FC Barcelona».
Que tengáis un día de chica de imagen madre.
Cada vez que hay un duelo entre el PSG o el Manchester City y algún equipo a los que esos periódicos deportivos que germinan de la grasa de las barras de los bares denominan “club con solera” (sic), la metáfora del enfrentamiento entre dos maneras de entender el mundo vuelve a manosearse sin pudor. Y, como ocurre con todo recurso que se repite hasta la saciedad, la presunta fuerza disminuye de manera inmisericorde. Quizá por eso, el latoso cliché que acompañó la previa del enfrentamiento entre parisinos y muniqueses supone incluso un estimulante refuerzo para los primeros, repletos ya de por sí de una confianza genuina, absolutamente justificada, con base en su escarapela de campeones de Europa.
Lo que pretendía constituirse como ardoroso combate con aroma a Champions League queda reducido a un burocrático ejercicio de pragmatismo francés y a una dolorosa muestra de impotencia alemana, cuya aflicción se ve incrementada tras la desgraciada lesión de Musiala en los instantes finales. Que el Bayern ha desnaturalizado su esencia, terrorífica durante décadas, admite poca discusión: no hay ni un Effenberg, ni un Kahn, ni un Müller, ni un ogro, en definitiva, capaz de acogotar al PSG ya sea en el campo o en la posterior sala de prensa. Las quejas postreras de Neuer se antojan forzadas, fuera de sitio, casi caricaturescas, sobre todo si comparamos la fiereza que destilaba la institución en otras épocas.
La triste sensación de que si el fútbol actual a veces parece de plástico se debe menos a los nuevos ricos advenedizos que a los viejos aristócratas que se olvidan de lo que fueron.
A mi alrededor, todos celebran el avasallador partido del Madrid, que desarma al Dortmund con un juego coral y una intensidad ilusionantes, en una primera parte incontestable. Se trata de una rotunda declaración de intenciones a la que pocas pegas se le pueden poner. Que Fran García parezca el mejor carrilero de la competición y comiencen a surgir los memes acerca de lo que se come o se deja de comer en Bolaños de Calatrava —por citar la referencia más suave, ejem— hace imaginar a los más optimistas que nos encontramos ante el enésimo ejemplo madridista en el que un secundario se convierte en protagonista inesperado de un título.
Sin embargo, mi ánimo se resiste a sumarse a la euforia faldicorta de mis compadres. El caos de los minutos finales nos castiga con la expulsión de Huijsen, a mi juicio el auténtico puntal de la mejora del equipo en el Mundial. Mientras la gente brinda con una sonrisa en los labios, mi expresión al abandonar el bar es taciturna. En lenguaje del madridismo underground: un punto avinagrada.
Mis peores miedos se confirman: el PSG pasa por encima de nuestros muchachos, que además entregan la cuchara en los primeros diez minutos merced a un desempeño lamentable de la pareja de centrales. Las goleadas que sufre el Madrid siempre tienen algo de tragedia griega, con la afición incendiando las gradas o las redes sociales en pos de una catarsis, y en este caso no puedo evitar acordarme de Edipo Rey, donde Sófocles muestra cómo una estructura aparentemente estable —el reinado, la ciudad, el orden— puede colapsar por una verdad apenas intuida.
Cada cual escoja la traducción en el equipo de esa verdad incómoda: yo había apuntado a que la mejora de la línea defensiva, y por ende de la colocación de todo el equipo, dependía, antes que de la pizarra, de la condición de mariscal de Huijsen. Pero habrá quien señale con el dedo la idea de Alonso de incluir a los tres delanteros, por no saber a quién quitar —o, aún peor, no atreverse—, y no le faltará razón. Decisión que, por mucho que nos duela a los partidarios del tolosarra, aparenta tener ante todo un carácter político, en el peor sentido del término: si se atribuye a Leibniz aquello de que la buena política es el arte de lo posible, la mala política podría definirse como el arte de los apaños.
Por otro lado, lo siento especialmente por los madridistas americanos, que parecen condenados a las decepciones cada vez que el Madrid visita su continente, pero, antes que nadie, por mí primero. Ver la cara de Luis Enrique, socarrón, ironizando ante el micrófono de un periodista del Madrid preguntándole si se alegraba mucho, no ayuda demasiado a atenuar mi resentimiento. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, pero uno no puede evitar afilar los cuchillos para el domingo. ¿Y si…?
En la temporada 1955-56 se fundó la Copa de Europa, no sin pocos problemas. La UEFA, presionada por distintos intereses en contra, estableció la condición de que todo participante debía ser autorizado por su federación nacional para poder acudir. La Federación Inglesa, que observaba con altivez todo lo nacido fuera de sus fronteras, subrayó su vocación aislacionista y no permitió al campeón inglés disputar el torneo; una vez contemplado el indiscutible éxito de la primera edición, al año siguiente acabó agachando la cerviz y mandando al Manchester United como representante, y desde entonces hasta hoy. Sin embargo, el campeón inglés de 1955 quedó apartado de la posibilidad de hacer historia y escribir su nombre en el trofeo más importante del mundo del fútbol. Aquel equipo, fundado en 1905 por un ataque de celos, respondía al nombre de Chelsea.
Pienso en esto cuando veo a los blues levantar el título de campeón del primer Mundial de Clubes de la historia. El fútbol tiene cierto componente secreto, casi místico, que lo emparenta antes con la poesía que con la estadística. A veces se cobra deudas con décadas de retraso o las devuelve sin previo aviso, en forma de redenciones tardías o gestas improbables. Como si el juego, por sí solo, supiera saldar lo que los despachos negaron.
Al mismo tiempo, confieso que no puedo evitar sonreír complacido al ver el rictus de Luis Enrique en el banquillo del París Saint Germain, propio de un paciente aquejado de bruxismo. El fútbol también es esto, me digo. Poesía, pasión y una forma refinada de ironía y —admitámoslo— de mala leche. Justo ahí, entre la épica y el escarnio, encuentra su mayor parecido con la vida.
Empecé este dietario tratando de defender el nuevo Mundial de Clubes frente a las invectivas de Tebas, que lo acusaban de falto de interés. No hace falta ser muy espabilado para percatarse de lo absurdo de aquellas voluntaristas declaraciones, acaso más un deseo que un análisis. Si bien don Javier quizá utilice las audiencias de la final, seguramente inferiores a las de la semifinal, como coartada coyuntural. No debería confiarse. Porque la realidad que muestra el global de los datos no es que la liga supere en interés al Mundial, o al contrario. Lo que se constata, más bien, es algo mucho más simple —y, para algunos, más incómodo—: que el Madrid supera a ambos, y es su ausencia o presencia la que determina casi todas las cosas.
En el ecosistema de nuestro fútbol, el verdadero eje gravitacional no es un calendario ni una federación. Ni siquiera un nuevo torneo estimulante. Es, quiéranlo o no, un escudo blanco.
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Entregas anteriores:
1.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (I)
2.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (II)
3.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (III)
Aún retumba el eco de la estruendosa derrota sufrida ante el club-estado de moda en Europa y vigente campeón de la Champions League y el madridismo, lejos de lamerse las heridas cuál león malherido, reflexiona más bien acerca de la posibilidad de prenderse fuego a sí mismo, quién sabe si con el objetivo de renacer de sus cenizas cuál ave fénix ha demostrado ser el equipo a lo largo de los últimos años en las eliminatorias europeas o simplemente con el de ver arder lo que cree que son las ruinas de la mayor obra jamás construída, con la firme creencia de que la única manera de alcanzar un nuevo esplendor es haciendo una nueva desde cero.
Al madridismo le aqueja una fuerte decepción provocada por el oasis de ilusión que había generado la buena marcha de los pupilos de Xabi en los primeros partidos del Mundial de clubes. Sin embargo, la realidad, hosca y dura como ella sola, acabó por imponerse en forma de mazazo a manos del que, hoy por hoy, es el equipo más en forma del mundo. ¿Era realista sopesar la posibilidad de que un Madrid recién nacido como aquel que dice, con apenas un mes de trabajo (falso, pues Xabi no dispuso de todo el plantel hasta prácticamente su llegada al nuevo continente) pudiera plantarle cara al mayor titán existente en la actualidad? Sólo en nuestras fantasiosas mentes, contaminadas por la magia de un equipo que nos ha bien o mal acostumbrado a convertir lo imposible en algo rutinario.
Tratando de poner todas las circunstancias en su respectiva perspectiva, me resulta más complicado hallar decepción que tristeza en mi ser. Tristeza atribuida a ese caprichoso azar que se disfrazó de errores de bulto de Rüdiger y Asencio y nos impidió ver el verdadero partido que se habría dado en condiciones normales para comprobar así cuán lejos estamos aún de la máxima élite.
Percibo, sin embargo, una excesiva severidad por parte de la afición, ávida de culpables a los que echar a los leones y que demanda un intervencionismo inmediato a un club que ya se ha movido con la celeridad del rayo en lo que al mercado se refiere, teniendo ya fichados al entrenador del nuevo proyecto, así como a Trent, Huijsen, Franco Mastantuono y, parece que esta vez sí, a Álvaro Carreras.
me resulta más complicado hallar decepción que tristeza en mi ser. Tristeza atribuida a ese caprichoso azar que se disfrazó de errores de bulto de Rüdiger y Asencio y nos impidió ver el verdadero partido que se habría dado en condiciones normales
Además, por lo que parece filtrarse, el club tiene intención de seguir moviéndose para incorporar más leña a la defensa y el centro del campo, suponemos que dando lugar también a determinadas salidas necesarias.
Dentro de estas últimas es donde se hallan aquellos que exigen quemar Roma hasta los cimientos y asir el catálogo de ladrillos en el que buscar cuál es el más adecuado para nuestro nuevo Coliseo, mas es en este punto en el que debe imperar aquello que Baltasar Gracián denominó como “El arte de la prudencia”, que dió título a su libro.
A esa afición tan impaciente y exigente en cuanto a títulos, que con tanta premura quiere quemar Roma, es de rigor en primer lugar recordarles que Roma no se construye en un día, y en segundo sentarse a reflexionar en las circunstancias que han rodeado al fracaso de esta temporada.
La preparación física y las lesiones, especialmente de la línea defensiva, han destruído sin miramientos el suelo de un equipo que nunca ha llegado a sostener cierta solidez en los pasados meses. Es de esperar que, una vez realizada una pretemporada adecuada y recuperando (o fichando, como se dice, activos en dicha parcela) la situación vaya mejorando paulatinamente por sí sola.
En segundo lugar, el proyecto de Xabi es uno que no se levanta de la noche a la mañana. Son muchos automatismos nuevos, así como una metodología diferente a la anteriormente empleada y que demanda tiempo y trabajo para asentarse. Xabi llegó al Leverkusen en caída libre y los resultados positivos no empezaron a aparecer hasta pasado un mes de su llegada. Aquí, teniendo en cuenta el parón de selecciones no ha tenido ni siquiera ese tiempo y aún así ya se han visto varios signos positivos.
En cuanto al punto que más polémica está generando, el referido a la incompatibilidad de Vinícius y Mbappé y a su supuesta falta de trabajo, dudo mucho que una venta del uno o del otro sean la solución al bendito problema de contar con dos de los mejores atacantes del mundo sin discusión. Vinícius, más allá de lo alicaído que parece tras la polémica del balón de oro, no ha estado en su cénit físico más que un par de meses en toda la temporada y en este estado ha jugado el Mundial; mientras que Mbappé ha sufrido una enfermedad que también ha condicionado su físico y su aportación en el mismo.
el proyecto de Xabi es uno que no se levanta de la noche a la mañana. Son muchos automatismos nuevos, así como una metodología diferente a la anteriormente empleada y que demanda tiempo y trabajo para asentarse
Antes de destruir este proyecto sin haber visto el amplio abanico de posibilidades en ataque que ofrecen estas dos bestias (creo que demasiada gente está pecando de olvidar lo buenísimos que son), deberíamos dejarles disfrutar de sus vacaciones, olvidar esta mala temporada y abrazar el proyecto de Xabi en la próxima campaña. El donostiarra es un entrenador inteligente y sin duda hará ver a los atacantes dos aspectos: la importancia de la presión en el estilo de juego que quiere imponer y el nimio trabajo que les requiere una carrera explosiva de apenas 5 metros que puede suponer una rápida recuperación de balón que les haga llegar el mismo a una posición de peligro en área rival.
Si tras la misma permanecen los vicios, se podrá el club preguntar con mayor autoridad si realmente sobra alguno de los dos, pero sinceramente, creo que lo único que necesitan Vini, Mbappé, Xabi y el Real Madrid es exactamente lo mismo: tiempo y trabajo.
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La temporada pasada, la llegada de un jugador top, que marca 50 goles por temporada, cambió el ecosistema de la delantera del Real Madrid. Ésto hizo que varios jugadores tuvieran que cambiar forzosamente su rol para hacerle hueco.
A priori la idea era buena, sencillamente porque aportar tal cantidad de goles a un equipo te acerca a ganar títulos. En un ambiente favorable, esa incorporación puede incluso mejorar al resto de delanteros.
El problema fue el cambio de sistema que supuso, de 4-4-2 al 4-3-3, lo que significó que al perder un centrocampista. Los delanteros tuvieron que encargarse de tareas que antes realizaban otros. Y hay jugadores que esto no lo aceptan de buen grado.

Un breve apunte para situarnos: como norma general, el jugador por naturaleza es egoísta, siempre piensa que es el mejor y merece más. Más atención, más tiempo en la cancha, más salario. Si el jugador tiene ego, las estrellas tienen mucho ego, sin el cual probablemente no serían estrellas. Muchos buscan reconocimiento individual en forma de premios (que traen aparejados jugosos aumentos salariales, más impacto mediático, más campañas publicitarias, etc.) para lo cual necesitan su cuota de protagonismo, y a veces no están dispuestos a renunciar a estas prebendas, y juegan para ellos mismos en lugar de hacerlo para el equipo.
Sin embargo, un club piensa en el conjunto, y analiza si la llegada de una nueva pieza en la delantera puede mejorar la aportación total de sus integrantes. Y en este caso se llegó a la conclusión de que sí. Si todos ponían de su parte.
La teoría es fácil de explicar, pero vamos a lo ocurrido en la práctica:
Rodrygo
El año anterior a la llegada de Mbappé jugó como doble punta junto a Vinicius, más centrado, como a él le gusta y se ha encargado de recordar en varias ocasiones, siendo parte importante del doblete (liga, Champions) que se ganó aquella temporada.
La llegada de Mbappé le desplazó al extremo derecho, y sus números bajaron ostensiblemente. Muchas veces tenia que marcar a su lateral, cosa que no ocurría en la anterior campaña. Dedicaba parte de su esfuerzo a defender, en lugar de hacerlo totalmente en atacar para marcar o asistir, y destacar ante el ojo público. Descontento con su situación personal en el equipo, acabó presuntamente borrándose cuando todavía estaba la liga en juego, alegando problemas emocionales. Motivo por el cual quizá sea traspasado este mismo verano.
La temporada anterior a la llegada de Mbappé, jugó de media punta con mucha llegada al área. Una posición en la que no había jugado nunca en su carrera. Que tenía en su libreto Carlo Ancelloti, y ya había probado anteriormente con Kaká. Y acabó dando magníficos resultados, llegando a marcar más de 20 goles esa temporada.
El gol es algo adictivo, un subidón de felicidad y euforia al que, una vez acostumbrado, es muy difícil renunciar sin pasar el síndrome de abstinencia. Con la llegada de Mbappé se reducían las veces que Jude podía llegar al área, y por tanto su aportación goledora menguó, teniendo que dedicarse más a labores defensivas, como tapar la salida del medio centro rival, o replegar para defender en bloque bajo. Algo que en muchas ocasiones dejaba de hacer, quedando el equipo partido en un 4-2-4.
Vinicius Jr.
Se trata de un jugador que estuvo sumamente ilusionado en ganar el Balón de Oro, merecido tras tantos años de trabajo y buen juego, después del sufrimiento pasado por el acoso mediático padecido a su llegada. Cuando finalmente pensó que iba a materializar su sueño, le robaron descaradamente el premio, lo cual le afectó seriamente a nivel emocional, volviendo a sufrir las burlas de los antimadridistas.
No se ha recuperado futbolísticamente desde entonces. Sus números y su juego han bajado preocupantemente en 2025. Y ahora se encuentra en una situación muy comprometida, tratando de reencontrarse a sí mismo y su juego. Quién sabe si pensando todavía en ganar el próximo Balón de Oro.
Mbappé
Llegó como la estrella ansiada después de tantos años. Claramente fuera de forma, lesionado semanas antes en la Eurocopa, después de haber pasado dos años muy problemáticos en su anterior equipo, rozando el mobbing. Su juego al principio fue decepcionante. No daba un pase a tres metros. No controlaba una balón. No chutaba a portería. Se trastabillaba cuando intentaba un regate. Fallaba penaltis, no presionaba...hasta que comenzó a marcar goles, y más goles. Algunos en partidos muy importantes, como contra el City o el Barça.
Quizá ese resurgir de Mbappé llegó demasiado tarde, cuando el resto de compañeros de ataque ya se habían cansado de trabajar infructuosamente para que él tuviera más facilidad de adaptación. Y, cuando finalmente despertó de su letargo, los focos y la atención giraran principalmente hacia él.
La cuestión es que nos encontramos en el escenario más temido ante la llegada del nuevo gallo al corral. Es decir, que el resto de gallos ya no quieren trabajar para el nuevo. Ya nadie corre. Ya nadie presiona. No hay jugadas combinativas. Y, en lugar de sumar, ha ocurrido lo contrario. ¿Quién es culpable? Para mí, los cuatro señalados tienen cada uno su parte de culpa.
Se ha llegado a un punto en el que la solución más rápida es la salida de uno de los delanteros. El que menos rendimiento ofreció la temporada pasada. Sin embargo, con ello no se resuelve el problema de los roles de cada jugador, ya que todos quieren mantener el estatus que tanto les ha costado conseguir.
Si el entrenador no es capaz de convencerlos del papel que les toca jugar este año, y de poner sus cualidades al servicio del equipo, el resultado va a seguir siendo el mismo.
Esperemos que Xabi sea capaz de revertir la situación. De lo contrario, vamos a perder otra temporada, y vamos a tener que hacer cambios aún más drásticos en la parcela de ataque la próxima.
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Buenos días. La prensa cataculé tiene a Lamine Yamal como argumento principal de portada. No importa cuándo leas esto, ya lo sabemos. Basta con que el joven delantero blaugrana se compre unos zapatos, o añada unas nuevas gafas a la colección de lentes superpuestas en el cráneo, para que Sportivo caiga rendido a sus pies, ofreciéndole primeras planas a cholón.
El barcelonismo, hoy, celebra que Lamine ha cumplido 18 años. El no-barcelonismo celebra que ya no tiene 17, por aquello de no tener que escuchar ni una sola vez más el grito arrobado de los cronistas, tantísimas veces proclamado como la Buena Nueva: “¡Y solo tiene 17 años!”
Pues no. Ya no los tiene. La Galerna celebra modestamente los ya-no-17 años de Lamine. Ya nadie podrá gritar, próximo al paroxismo sexual, “¡Y solo tiene 17 años!”, o por lo menos no podrá hacerlo sin mentir. No se nos escapa el inconveniente de que, por el mismo precio, aún pueden gritar extasiados “¡Y solo tiene 18 años!”, pero al menos se habrá producido una mínima variación que aligerará someramente la matraca. Las novedades son especialmente bienvenidas en los paradigmas constantes del coñazo mayestático.
Nadie ha tenido 17 años durante tantísimo tiempo como Lamine Yamal. Es más, no falta quien asegura que cuando los Beatles cantaron aquello de “Well, he is just seventeen, you know what I mean” se referían al excelente jugador, inflado producto de marketing y potencial juguete roto (sí, todo ello junto es posible) que hoy cumple la mayoría de edad.
Lamine lleva, sí, teniendo 17 desde tiempos inmemoriales. Según cierta corriente de opinión, ya los tenía cuando el club en el que juega comenzó a pagar a Negreira durante (oh) 17 años. Parece claro que hay magia en el número. “Sixteen going on seventeen”, cantaban en The Sound of Music, también conocida como Sonrisas y Lágrimas en España, La Novicia Rebelde en algunos países hispanoamericanos y Tutti Insieme Appassionatamente (Todos Juntos Apasionadamente) en Italia. En el caso de Lamine, la cosa era más bien “Seventeen going on eighteen”, lo que pasa es que los eighteen parecían no llegar nunca. Ya han llegado, y os aseguremos que, si ha sucedido, es porque verdaderamente nada resiste el paso del tiempo. A Jordi Hurtado le ha salido una cana y Lamine ya no tiene 17. ¿Qué mejores pruebas deseáis de la devastadora acción del paso del tiempo, capaz de arrasar con montañas tan aparentemente inamovibles como las señaladas?
El chico, en efecto, ya no tiene 17. Sin que sirva de precedente, nos sumamos a la fiesta de Sportivo. Pensábamos que nunca llegaría el día. El chaval ya puede ver pelis guarras y tomarse una cerveza, aunque algo nos hace pensar que ambos son hitos ya superados con anterioridad. Mucho se está hablando de su fiesta de cumpleaños, por la que dicen que se ha pasado alguna que otra chica de acrisolada virtud y misa diaria. José Luis Ábalos excusó su ausencia, que fue dolorosa, por mor de sus problemas con la justicia, pero nos consta que ya se ha confesado por la decepción causada al novio oficial de España y próximo Balón de Oro por decreto nacional. A José Luis deberían haberle obligado a ir a la fiesta. No siempre observa la debida coherencia el gobierno de Pedro Sánchez. De poco sirve facilitar la inscripción de los jugadores del equipo oficial de tus socios independentistas en el gobierno si luego tienes el feo detalle de declinar acudir a sus festejos.
Hoy, por supuesto, se juega la final del Mundial de Clubes, en la que tantísimo nos duele que no esté el Real Madrid. Marca se entrega en cuerpo y alma a su compañero de pádel, Al-Khelaifi, y nos ofrece una entrevista exclusiva con Dembélé, el hombre que puede quitar el Balón de Oro al protagonista de las portadas anteriores. Estaría muy feo que Dembélé hiciera tal cosa. No nos parecería bien, definitivamente. Se han emitido ya varios decretos-ley explicitando la obligatoriedad de que el galardón recaiga en el joven de ya-no-17 años. ¿Acaso quiere Dembélé transgredir la legalidad vigente? Él verá, él verá…
Y el tercer argumento deportivo del día, al cual As ofrece muy lógica prioridad, es la final del campeonato de Wimbledon, donde a partir de las 17 (¡oh!) horas se verán las caras Sinner y Alcaraz. Con nuestro más sincero ánimo a Carlos, nos despedimos por hoy.
Pasad un feliz domingo.