Me doy cuenta de que mis artículos de domingo o lunes suelen contener dos o tres párrafos de una crónica condensada de los partidos. Me fascina este formato sintético de lo que me quedó en la retina y en la memoria de corto plazo. La crónica es un género periodístico inmediato y yo voy siempre tarde. Requiere ingenio y pluma ligera. En La Galerna hay talento a raudales para el disparo rápido en caliente, empezando por el señor Sánchez Palomares. Pero no puedo dejar de hacerlo.
Ayer era el día de la confirmación. Había que constatar que el cambio de tendencia se había consumado. Roma fue el punto de inflexión. La fe. Creer. Diomande está siendo la demostración de que un solo futbolista puede cambiarlo todo si le acompañan un gigante como Bellingham y un Güler estelar.
Penalti al limbo en la primera internada de Diomande. Compensación posterior del árbitro castigando un ligerísimo agarrón sobre Mbappé como esos habituales que nos indignan sobre Yamal o Raphinha. Partido desigual contra un rival inferior que asume riesgos excesivos cuando pierde el balón.
Segunda parte para olvidar. Hasta el árbitro ha sesteado sin pitar faltas o sacar tarjetas por agarrones con el cero a tres en el marcador. En medio del sopor, Munuera concedió un penalti por mano de Tchouaméni, chivado por un juez de línea henchido de neutralidad, que ha tenido que anular el VAR para no caer en otro ridículo. También desde la comodidad de Las Rozas le han anulado un gol a Bellingham en medio de una melé, del que ya veremos imágenes en X, si eso.
En los últimos días he recordado los viejos síntomas de disonancia cognitiva a los que nos hemos acostumbrado los madridistas a lo largo de los últimos treinta años, resumidos en la proyección psicológica del gran proyecto de futbolista pero imprudente y aún poco letrado Yamal: “roban y se quejan”.
Los madridistas hemos desarrollado una especie de sentido arácnido para detectar esta deriva conductual. Esta vez ha tenido que ser por la inadjetivable tragedia del miércoles. Se nos ha despertado el instinto. Hemos vuelto a asistir al fenómeno. Hemos visto especímenes de la comunicación, automedicados con la pastilla del cinismo ideológico, defender lo indefendible, negar obscena, obtusamente, la realidad y la responsabilidad. Dejo atrás el terreno pantanoso y voy al grano, para no perderlos.
El cinismo ideológico equipara el error con la golfería, al que paga por títulos con el que atracan para que no llegue a ellos
Definida originalmente por el psicólogo Leon Festinger en 1957, la disonancia cognitiva es el profundo malestar psicológico que experimentamos cuando nuestras acciones contradicen nuestros valores, o cuando la realidad nos muestra que nuestras creencias están equivocadas. Imaginemos que el culé promedio aborrece la corrupción, pero ve que su club ha cometido un delito reiterado durante décadas. El cerebro entra en pánico identitario porque admitir la realidad significaría romper con el grupo, con "los nuestros". La salida tradicional es el autoengaño (“no necesitábamos comprar árbitros para ganar”), la justificación (“los otros son peores”) o el rechazo de los datos reales (“no hay pruebas ni las habrá”). Para el culé rancio la cosa es todavía más grave: la identificación del club con algo más profundo inyecta la corrupción en la esencia del “Més que un Club”. La podredumbre también alcanza a todo ese “Més”. El famoso ADN, los “valors”, el socorrido e históricamente discutible "hecho diferencial"… están inevitablemente contaminados. El golpe moral y psicológico es inasumible. El antídoto para semejante dolor moral es el cinismo ideológico, que es una actitud descrita por filósofos como Peter Sloterdijk o Slavoj Žižek en la que el sujeto sabe perfectamente que algo es falso, injusto o contradictorio, pero aun así lo acepta y actúa como si defendiera la auténtica verdad.
La fórmula clásica es "Sé cómo son las cosas, pero aun así lo hago / lo sigo apoyando, porque nunca abandonaré a los míos y negaré cualquier evidencia en contra”. El mecanismo efectivo es apagar el cerebro. No son imbéciles, aun cuando muchos disimulan fatal. Es un acto voluntario. Es un trastorno de la personalidad. Son enfermos que tienen problemas con la realidad y que han preferido pasar por idiotas antes que admitir la abominable, innegable, fehaciente corrupción.
Esta imbecilidad voluntaria (lo que percibimos desde fuera) no nace de la ignorancia o de la ingenuidad, sino de la resignación. Los culés asumen que el sistema es corrupto, que todos los demás también harían trampas si pudieran y mienten tan sistemáticamente como ellos. Saben que las reglas no van a cambiar, por lo que adoptan una postura cínica: se despojan del idealismo, de la pureza del deporte, protegen su propio interés y participan del juego sin creérselo realmente, sobrevalorando a sus jugadores y exagerando sus logros. Ignoran hechos como el saldo arbitral y naturalizan que todos sus rivales encajen cuatro goles en el primer tiempo, "compitiendo" sin medio equipo titular, o haciéndoles sólo dos faltas en cuarenta y cinco minutos.
Ayer se cebaron en las redes con la actuación arbitral de Munuera en Santander. No saben hacer otra cosa. El cinismo ideológico equipara el error con la golfería, al que paga por títulos con el que atracan para que no llegue a ellos. Es cierto y dramático que LaLiga con el Real Madrid a su nivel y con el Barcelona beneficiado por la inercia de la corrupción (Tebas mediante) sea un producto predecible, infumable, invendible hasta en China, con dictador o sin él. Ninguno de los dos equipos tendrá rival, por la superioridad deportiva de los nuestros o por el dopaje sistémico de los otros. Una filfa.
Getty Images e IA











Yo creo que no debemos molestarnos en justificar cada error puntual a nuestro a favor. Es ridículo. Solo hay que mirar las estadísticas para constatar un evidente sesgo a favor del FCB y en contra nuestra. Lo de ayer, el penalti tipo Lamine, es una gota en el océano de los últimos veinte años.
Muy buen artículo!!! Como siempre.
Veo que utilizas términos del mejor youtuber del Madrid, Teleco calvo.
Filfa, henchido de neutralidad… El teleco dice henchido en neutralidad.