Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días dos veces, amigos. La vida es aquello que transcurre mientras los propios se quejan de su equipo, los extraños lloran y el Madrid supera otra eliminatoria complicada en Champions. Y nunca va a cambiar. Los madridistas no aprendemos que es mejor esperarse al final para saber quién se clasifica, y los antimadridistas no aprenden ni siquiera el reglamento. Lo preocupante es esto último, por supuesto, porque los enfados preventivos que nos agarramos nos perjudican solo a nosotros, pero el relato falso de los antis amplificado por los medios sí cala, desgraciadamente.

Al Madrid, por suerte, le da igual y sigue paseando por la vida al son de Walk Of Life de Dire Straits y al ritmo de las rodillas in the guánter del Loco Rüdiger.

Para que despertéis mañana con este vídeo.
Buenas noches! pic.twitter.com/V2QLtllVQX

— Álvaro M-G (@AlvaroNCG) March 13, 2025

He got the action, he got the motion

Oh, yeah, the boy can play

Dedication, devotion

He turnin' all the night time into the day

 

And after all the violence and double-talk (doble toque)

There′s just a song in all the trouble and the strife

You do the walk, yeah, you do the walk of life

Hmm, you do the walk of life

 

Woohoo

Woohoo-hoo

Woohoo-hoo

Woohoo

Woohoo-hoo

(Rudi-rodillas in the guánter again)

 

Cómo te queremos, Antonio. Hay que estar loco para no ser del Madrid.

El partido en sí fue una oda a las cardiopatías. Arrancó con susto de infarto. La habitual pájara inicial blanca se tornó en una avutarda de dos toneladas que aplastó la concentración defensiva del equipo y antes del medio minuto ya había concedido un gol que invalidaba la victoria en el Bernabéu y, además, colocaba la eliminatoria justo donde la quería el Cholo.

El Madrid se rehízo en cierto modo e intentó penetrar la membrana atlética, pero con el mismo éxito que a la postre demostró el Atleti a la hora de aprovechar el regalo inicial blanco. Los de Ancelotti se chocaban una y otra vez contra el muro sin llegar a arañarlo, pues las ocasiones, paradójicamente, eran colchoneras. Y cuando hubo una ocasión inmejorable, el penalti cristalino cometido sobre Mbappé, Vini lo lanzó a San Fernando de Henares. Más castigo para el corazón blanco.

Se llegó a los penaltis. El Madrid ni supo (ni le dejaron, de eso hablaremos más tarde) perforar la meta rojiblanca. No estaba contento, obvio. Sin embargo, Simeone, que ni supo (ni le dejaron, Courtois paró todo a partir del gol) aprovechar que se encontró con una eliminatoria en bandeja, celebró los penaltis como si fuesen su objetivo y no la clasificación. Diferencias. Sí lo podemos entender. Revelador.

El resto es historia. Otra tanda para el recuerdo. Julián tocó la pelota dos veces, el VAR lo detectó y anuló el gol. Lucas, aunque resulte extraño, falló su lanzamiento, pero no importó porque Llorente estrelló el suyo contra el larguero y el Loco Rüdiger la volvió a meter. Y pelota también.

Éxtasis, júbilo, Rudi-rodillas in the guánter.

Después, lo esperado en la trinchera rival: no aceptación de la realidad y el vuelco en los demás de las frustraciones propias.

Comportamiento entendible en caliente en los aficionados, pero no en los profesionales adultos de la prensa, que comenzaron a difundir la pataleta del forofo colchonero de a pie para crear la idea en el imaginario colectivo de que hubo robo del Madrid.

Según ellos, o bien Julián no tocó el balón dos veces en el penalti o bien sí lo tocó, pero es injusto aplicar el reglamento porque lo tocó muy poco. Solo la puntita.

Es doloroso, pero no es legal marcar un penalti tocando dos veces el balón. Es más sensato pedir responsabilidades al entrenador mejor pagado del mundo, que no supo aprovechar la oportunidad de una clasificación que se le había puesto a tiro. Hasta es más lógico enfadarse con la naturaleza del Madrid, cuya grandeza le lleva irremisiblemente una y otra vez a lograr gestas como esta.

Provoca alipori ese victimismo infundado, sobre todo después del penalti tangado en la ida y los dos, al menos, de la vuelta, de los cuales, misteriosamente, no dice nada la prensa.

La mano de Guiliano en el área es catedralicia. Pero, oh, sorpresa, es natural, como el zumo de naranja. La del Getafe el otro día debió de ser de plástico y por eso se pitó. Una de las derrotas de nuestro tiempo es asumir sin rebelarse que una mano separada del cuerpo que va al balón e interrumpe su trayectoria y por tanto la acción peligrosa rival no sea penalti. La voluntariedad de la mano ahora se ha desplazado al árbitro, a que quiera pitarla o no.

As resalta en su portada un artículo de Alfredo Relaño: «El sexador de pollos irrumpió en la fiesta».

Este asunto merece capítulo aparte. El veterano y brillante periodista se lamenta de que entrase el VAR para hacer cumplir el reglamento «avisó al árbitro y lo anuló por doble toque. Una gracieta del VAR…». La legalidad no es una gracieta del VAR, querido Alfredo.

Continúa confesando que «el aficionado telúrico que uno lleva dentro se resiente al ver que una eliminatoria gigante se pueda resolver por una interpretación a la tremenda de una nimiedad». Que se toque el balón dos veces en un penalti no es interpretable ni una nimiedad, pues no tiene graduación: o hay dos toques o no, del mismo modo que un balón entra o no en la portería. Si entra, es gol; si no entra, no es gol. No podemos pedir la no concesión de un tanto porque atravesó la línea de meta por apenas un centímetro. Es una soberana memez equiparable a poner el grito en el cielo porque la final de los 100 metros lisos la gane por tan solo 5 milésimas de segundo el atleta que venía remontando y el que fue rebasado se quedó con dos palmos de narices. Seamos adultos para asumir las frustraciones, que ya tenemos una edad.

Cabe preguntarse si lo que realmente se quiere es que los tantos sean legales o no en función de si son en contra o a favor del club presidido por Florentino Pérez.

Si fastidia el reglamento, lo que hay que hacer es cumplirlo.

El doble toque fue evidente y en el campo el primero que lo sintió fue el propio Julián, que no sabía dónde meterse antes incluso de que lo anulase el VAR. Courtois también avisó, y el propio Mbappé, que se encontraba a cincuenta metros, corrió a notificárselo al cuarto árbitro. Cómo sería de claro que hasta Sport lo confirma en su portada: «El VAR anuló el lanzamiento de Julián Álvarez por rozar el balón con el pie izquierdo antes de chutar con el derecho».

Mundo Deportivo tampoco compra la llorera atlética y de sus medios afines. Hablando de medios afines, nos hemos sorprendido de que Marca no abriese con un primer plano de Gil Marín y una ristra de quejas plañideras. Seguro que en la próxima barbacoa acuerdan cualquier otra cosa.

Después, en rueda de prensa, el principal responsable de la eliminación del Atleti —después del Madrid, ved aquí las notas de Athos Dumas—, el Cholo, representó el papel por el cual le pagan tan bien. Antes ya había ofrecido su primera parte del show, la habitual celebración en el césped de la derrota. ADN atlético.

Como decimos, saltó ante los micrófonos para decir que levantara la mano quien hubiese visto que Julián tocaba la pelota dos veces. Mejor que levante la mano quien haya visto levantar una Champions al Atleti.

Lo patético es que Simeone se dirigía a la nada.

Lo mejor de todo es que hablaba para......nadie??? pic.twitter.com/YYu8yn1a3l

— (@MartinSergio_) March 13, 2025


El entrenado del Atleti sabe que sus lloros serán convertidos en relato por la prensa, esa misma prensa que calló los cánticos de los nazis contra la memoria de los fallecidos Juanito y Javier Dorado durante el minuto de silencio en el Bernabéu por la muerte de este último, a cuyo recuerdo dedicó Jesús Bengoechea la excelente crónica de ayer. La misma prensa que hacía gracietas con la bochornosa pancarta de los nazis antes del partido de vuelta en la que se destacaban las iniciales de esos mismos cánticos inhumanos. Pero luego quien provoca es Vinícius por celebrar la victoria.

Ante tanta felicidad en el lado correcto de la historia y tanta inmundicia en el opuesto, hay que estar loco para no ser del Madrid.

Pasad un buen día.

Courtois: SOBRESALIENTE. Paró todo lo parable.

Valverde: SOBRESALIENTE. Su motor sigue funcionando a tope media hora después de acabar el partido. Y anotó su penalti.

Asencio: NOTABLE. Corrigió su fallo en el gol colchonero merendándose a todos los delanteros, incluido Sorloth.

Rüdiger: NOTABLE ALTO. Antonio de mi vida. Especialista en marcar penaltis decisivos en tandas eliminatorias.

Mendy: APROBADO RASPADO. Muy justo de fuerzas y endeble en defensa.

Modric: NOTABLE. El que tiene más criterio, hasta que le falló la gasolina.

Tchouaméni: NOTABLE. Buen partido hasta que le condicionó su tarjeta amarilla.

Bellingham: APROBADO ALTO. Lo dio todo, aunque no fue su mejor día, pero marcó su penalti.

Rodrygo: APROBADO RASPADO. Corrió pero no se fue ni una vez de Reinildo.

Mbappé: NOTABLE. Pocos destellos, pero decisivos, provocó el penalti, asustó a la defensa. Y marcó el primer penalti de la tanda, el que rompe el hielo.

Vinícius: APROBADO ALTO. Lo intentó de todas las maneras e inquietó a sus rivales. Falló el penalti que nos podía haber dado toda la tranquilidad del mundo.

Lucas: APROBADO. Tapó bien la banda y corrió como siempre. Aunque falló en una tanda, algo desconocido para él.

Camavinga: NOTABLE ALTO. Tomó el mando de las operaciones y acabó siendo el mejor en la prórroga.

Brahim: NOTABLE. Mejoró mucho las prestaciones de Rodrygo. Acabó por agotar a Reinildo y mandarlo al banquillo, extenuado.

Fran García: APROBADO. Inquietó algo en ataque, mejorando a Mendy. Y sacó balones peligrosos a base de velocidad.

Endrick: SIN CALIFICAR.

Ancelotti: APROBADO. En un planteamiento ramplón, le salió bien la jugada. La flor de Carletto esta vez.

 

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El Real Madrid está en cuartos de final tras una eliminatoria agónica en la que ha vengado la memoria de Javier Dorado, que los nazis del Frente Atlético trataron de ultrajar en el minuto de silencio del Bernabéu. El Madrid jugó regular tirando a mal, pero aguantó con la resiliencia que le caracteriza y estuvo más certero en los penaltis.

Imposible empezar peor. No diremos aquello de que mucha gente aún no había ocupado su asiento en el estadio porque estaba petado desde mucho antes, pero se nos entiende. La primera jugada del partido, a los pocos segundos, por la derecha, desembocó en un centro canónico. Giuliano ejecutó un taconazo/pifia y el balón quedó muerto a los pies de Gallagher en la frontal, que inauguró el marcador. Desesperante la falta de concentración del Madrid en tantas y tantas lides al comienzo de los partidos, máxime en una cita de esta trascendencia. La ventaja en la eliminatoria se había perdido en el primer suspiro.

El Madrid reaccionó bien dentro de lo que cabe. “Lo que cabe” es apretar al Atleti con un dominio paciente hasta que se haga un mínimo hueco en su tela de araña. Y eso es lo que hicieron los blancos:  dominar pacientemente, con la sabiduría de Modric y la solidez de Tchouaméni. Cargaban el juego por el lado de Vini, mientras Mbappé se veía con frecuencia rodeado por tres o cuantos contrarios, o seis, como llegamos a contar en alguna jugada.

Fruto de esa paciencia con buen toque, Vini se internó a trompicones por su lado. Centró literalmente desde el suelo. La mano de Giuliano fue cristalina, y con todos los ticks posibles: claramente voluntaria y separada del cuerpo. La conexión Gil Marín-Ceferin es tan clara que hasta rima.

Los contragolpes del Atleti daban algo de miedo, dentro del sofocante dominio vikingo. Julián Álvarez obligó a Courtois a intervenir dos veces. El Atleti es así. No hace nada pero genera ocasiones de debajo de las piedras merced al talento de este jugador. Los del Cholo encontraban un chollo en el lado de Mendy. La posesión blanca, en cambio, se revelaba incapaz de crear ocasiones. Solo se concretaba en córners. Para colmo de la frustración, Jude y Vini se molestaron en un cabezazo en el segundo palo. Hay que hablarse en el campo.

Nada más iniciarse el segundo tiempo, volvió a tirar el cholismo… por medio de Julián Álvarez, claro. Despejó Courtois, acrecentando las malas sensaciones. Un comienzo tan malo como el de la primera mitad, pero al menos sin goles en contra.

Recuperó la posesión el Madrid, pero de manera tan baldía como antes. Rodrygo no lograba irse. Se veía que Simeone había tomado nota del destrozo que le hizo a Javi Galán. Asimismo, Mbappé, obligado a jugar de espaldas, permanecía anulado en un 99%, y Vini en un 60%. Peor aún que lo improductivo de nuestro ataque era la sensación de peligro del rival cada vez que se acercaba, en particular por el lado de Mendy, que tenía una noche toledana. Bellingham, entretanto, estaba missing. El Madrid era un ejercicio de impotencia ofensiva viviente.

El movimiento de Ancelotti fue, llegado el minuto 65, quitar a Modric (el mejor, pero con 39) y Tchouaméni, con tarjeta, y meter a Camavinga y Lucas, que pasó al lateral para que Fede se uniera al centro del campo. Un chutazo del uruguayo se antojaba una opción plausible de crear al fin algún peligro.

El peligro, sin embargo, llegó de otro modo. Un contragolpe sensacional, con intervención de Camavinga, Bellingham y Mbappé, concluyó en un regate prodigioso del francés. Lenglet le hizo penalti. Vinícius lo tiró a las nubes.

El Madrid no se vino abajo con la contrariedad. Parecían haberle sentado bien los cambios y Bellingham mejoró un poco. Carlo metió a Brahim en lugar de Vinícius. No obstante, las dificultades para penetrar en la nutrida red defensiva local, perfectamente organizada, persistía.

Brahim animó el panorama con algún virtuosismo dentro del área.

A falta de dos minutos para el final, el Cholo hizo su jugada favorita: Correa y Sorloth por Griezmann y Giuliano. Casi le sale bien prácticamente de inmediato, con un gran control de Julián que mandó el balón por encima del larguero. El caserísimo árbitro polaco alargó cuatro minutos. ¿Suficiente para el gol en el minuto 93? No parecía, por cómo estaba el panorama.

No, no fue suficiente. Lo normal es que no lo sea. El colegiado pitó el final y nos fuimos a la prórroga, solo que con sensaciones muy distintas a las de Lisboa.

La prórroga empezó con las mismas tornas: insistencia roma del Madrid y peligro creado por el Atleti al contragolpe. Correa la bajó del cielo y se internó con peligro, pero Rüdiger realizó un cruce providencial.

En el minuto 98, una gran combinación en el área entre Valverde y Brahim acabó con un disparo con poco ángulo del uruguayo que se paseó por la línea. Por desgracia nadie pudo remacharla.

Ocurrían pocas cosas, salvo calambres a cascoporro, en el campo y en los hogares madrileños. El Madrid acrecentaba discretamente su nivel de juego, con un Vini que no acusaba su catastrófica ejecución del penalti y seguía al menos intentándolo. Y en esos intentos se llegó al descanso de la prórroga. No podíamos más, pero teníamos que escribir esta puta crónica.

Brahim y Camavinga habían brindado profundidad y energía. La prórroga era del Madrid. Ancelotti sustituyó a Vini por Endrick, no se sabe si pensando en los penaltis, donde evidentemente se habría entendido que no lanzara. Todo indicaba que nos encaminábamos a los lanzamientos de penalti. Y así fue.

Mbappé: gol.

Sorloth: gol.

Bellingham: gol.

Julián: gol. Anulado por darle con el otro pie. O sea, no gol.

Valverde: gol.

Correa: gol.

Lucas: para Oblak.

Llorente: al larguero.

Rüdiger: gol.

El Madrid es indestructible. El Atleti no, pero algunos en su afición cantan muy bien, sobre todo cuando no deben.

Que lo gocen.

Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo su compatriota Tomasz Kwiatkowski.

Es top3 del mundo y lo volvió a demostrar. Muy buen arbitraje. Europa no es la Liga. Dominó y comandó el partido con autoridad.

La jugada más polémica fue la mano de Gio, pero en el actual reglamento UEFA esas manos no son punibles. Es cierto que está algo separada, sin embargo, es una posición natural y no está lo suficientemente abierta como para que en la Champions te señalen penalti. El de la segunda mitad de Lenglet fue claro por agarrón a Mbappé.

En el plano disciplinario, las amarillas estuvieron casi todas bien sacadas. En la primera parte solo Tchouaméni, en la segunda, Vinícius que pudo ser la más rigurosa y luego Giuliano y Lenglet. En la prórroga se sumaron Azpilicueta, Lucas Vázquez, Marcos Llorente y Mbappé.

En la tanda de penaltis el VAR le avisó correctamente para anular el tanto de Julián por dos toques en el disparo.

Marciniak, BIEN.

El Real Madrid juega su encuentro más importante en lo que va de temporada ante el Atlético de Madrid. En el Metropolitano tendrá que refrendar la ventaja obtenida en el partido de ida para avanzar a cuartos de final de la Champions League.

Como aperitivo al partidazo, os proponemos que os enfrentéis al reto que ha preparado fcQuiz.

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Después de unas jornadas en los que he estado ausente por motivos personales y por haberme escapado con mi pareja unos días a disfrutar del agua que ha caído en toda España (los peces de los ríos van con traje de neopreno los pobres, mirusté), pidiéndoles disculpas por no haber podido escribir los artículos correspondientes a la ida de la Copa de Europa y al partido contra el Rayo, vuelvo hoy, día grande, día de partido de Copa de Europa, para comentar algunas noticias que han ido apareciendo durante estos últimos días en los que nuestra vieja piel de toro ha sido (y volverá a ser) pasto de las lluvias tan necesarias como molestas cuando nos tiramos una semanita en remojo.

Quiero empezar por Guayre, jugador que en los albores del siglo actual despuntó en Las Palmas y en Villarreal, llegando a vestir la elástica nacional, que no explotó del todo por culpa de una ristra de lesiones que le lastraron y le hicieron acabar en equipos de medio pelo cuando apuntaba a estrella. El bueno de Guayre ha declarado en estos días que estuvo a punto de fichar por el Código Penal andante, que viajó de incógnito a Barcelona y que se reunió, representante presente, con Carlos Rexach, leyenda culé y enorme extremo derecho, que hacía las veces de director técnico del club de la Masía.

Pues bien, el canario dice que bueno, que Rexach le comentó que aún estaba muy verde para fichar por el Barcelona, que aguantara hasta la finalización del contrato, pero que, como el chico procede de una familia humilde, le iría pasando dinero bajo cuerda (es decir, en B) durante el tiempo necesario para ficharle gratis cuando llegara el momento. El entonces muchacho dice que flipó, lo que quiere decir que no salía de su asombro. El FC Barcelona, mediante su director técnico, le estaba ofreciendo dinero en negro para hacerle la trampa a su club y poderle fichar gratis después. Lo que pasó es que, a la temporada siguiente, el Villarreal puso encima de la mesa la cláusula de rescisión del contrato de Guayre y el canario se fue a jugar al Submarino Amarillo, donde cosechó las mejores campañas de su carrera.

Cuento esto porque Guayre lo ha dicho después de pasados los años, lo que me hace pensar que a cuántos jugadores no les habrán hecho dicha oferta, cuántos habrán aceptado ese pago por debajo de la mesa y cuántos han sido o están siendo serviles con el club que les paga sin pasar por la caja de Hacienda (que, como ustedes saben, somos todos, aunque unos más que otros). ¿Cuántas veces nos hemos preguntado que cómo es posible que tal o cual jugador rival del Barcelona haya podido fallar ese gol cantado o ese penalti? ¿Cuántas veces nos hemos planteado que cómo es posible que tal o cual jugador, estrella de su equipo, se haya borrado literalmente de un partido contra el Barcelona? ¿Cuántas veces, repito, nos hemos echado las manos a la cabeza pensando que cómo es posible que tal equipo, con sus estrellas en el terreno de juego, se muestre tan indolente y con tan poca tensión competitiva cuando se enfrentan al Barcelona? ¿Cuántas veces nos habremos hecho estas preguntas?

¿Cuántas veces nos hemos preguntado que cómo es posible que tal o cual jugador rival del Barcelona haya podido fallar ese gol cantado o ese penalti?

La respuesta es fácil, amigos. Muchas, cada vez más. Y sabiendo lo de Guayre, ¿no es lícito pensar, en la ignorancia de este escribidor de cosas, que estamos ante una práctica habitual y que ciertos jugadores que compiten en España son parte importante del famoso the tinglao, como lo es el CTA, la prensa mamadora y las directivas de los clubes, por estar cobrando dinero del Barcelona? ¿No es lícito pensar esto? Pues menda lerenda lo piensa. Y lo piensa porque todo cuadra. Esa intensidad rayana en la violencia de ciertos rivales que se enfrentan al Real Madrid contrasta con la abulia y la falta de combatividad del mismo equipo cuando se enfrenta al Barcelona. Todo cuadra, repito, todo cuadra (que no Fernández, que a por él que voy ahora…).

Porque hay que recordar a diario que el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando durante, al menos, 17 años 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide.

Estaba el domingo disfrutando de unas viandas espectaculares en la bella villa de Ciudad Rodrigo (Salamanca), esperando la hora de ver a nuestro Madrid ganar al Rayo Vallecano en el partido oficial nº 200 de Fede Valverde, el partido de competición española nº 300 de Lucas Vázquez y en el que Mbappé marcó el gol oficial nº 800 con Carlo Ancelotti como entrenador, cuando me compadecí, sí, amigos, me entró una pena terrible, sufrí un ataque de empatía tremendo y casi me echo a llorar (mi pareja flipaba, como Guayre con Rexach) cuando me di cuenta de que el pobre Cuadra Fernández, que había hecho todo lo posible para que su Atleti ganara en el Coliseum getafense, vio como los del Cholo Simeone fueron derrotados por el equipo de Bordalás aplicándoles su propia medicina.

Pobre hombre, pobre Cuadra, que se inventó un penalti en la mitad de la segunda parte con la convicción de que sería suficiente para salir victoriosos (el Atleti y él) de Getafe, y va el estulto de Correa y le mete un patadón con las suelas por delante a un contrario, amarilla que es anulada después de mirar la pantallita del VAR (porque le tuvieron que llamar, que él, motu proprio, se había hecho el sueco) y roja. El Getafe que se anima y, en el último momento, marca dos goles (uno intentó anularlo, que conste) y manda al traste las ilusiones colchoneras de los del río y del pobre trencilla de Hortaleza empadronado en Palma de Mallorca para estar ahí pitando a los suyos una y otra vez.

De verdad, amigos, sentí pena, sentí que el jamón de bellota que me estaba apretando me podía sentar mal, que la copa de vino de la Ribera del Duero se me iba a indigestar y que el chuletón salmantino que acabó en mi estómago iba a destrozar mi ser. Una lástima. Desde aquí quiero mandar mis condolencias y mi solidaridad al bueno de Cuadra Fernández, diciéndole, en su descargo, que él lo intentó en todo momento, que no se preocupe, que otra vez será y podrá resarcirse pitando un penalti en contra del Madrid, expulsando a un jugador blanco o dando un gol ilegal al Atleti. Que no se preocupe.

Desde aquí quiero mandar mis condolencias y mi solidaridad al bueno de Cuadra Fernández, diciéndole, en su descargo, que él lo intentó en todo momento, que no se preocupe, que otra vez será y podrá resarcirse pitando un penalti en contra del Madrid, expulsando a un jugador blanco o dando un gol ilegal al Atleti

La verdad es que la expulsión de Correa fue tan sorpresiva que el pobre cayó víctima de su cerebro reptiliano (todos lo tenemos) y le soltó al trencilla de Hortaleza la siguiente lindeza: “Hijo de mil putas, cagón, la concha de tu madre”. No se puede insultar tanto con tan pocas palabras. Además, el Cholo, después del encuentro, largó contra el arbitraje de su amigo Cuadra. Pues, la verdad, amigos, esto no cuadra mucho con lo del otro día de “Respeta al árbitro, respeta el fútbol” tan proclamado por el club de Canillejas. A ver si sólo se puede hablar de los árbitros cuando te perjudican. Esto desencadenó una muy tibia respuesta por parte de los medios de comunicación patrios, es más, se quedó en que el árbitro (en un ataque de locura, supongo) recogió en el acta las palabras del argentino, por lo que le ha caído una sanción curiosa.

Pero pasó el lunes y se acabó. Ni una reseña, ni una tertulia, ni un tercer grado al colchonero. Ni una condena a pena de telediario por parte de los medios imparciales del universo balompedístico español. Nada. Al final, va a resultar que no se pudo saber si dijo fuck you o fuck off. Va a ser eso. Hay que recordar que en el asunto del Moggigate (y señalado en estos días por la gran cuenta de X @RafaRNMJ) se llegó a la conclusión de que “El cuadro se completaba con periodistas deportivos encargados de “defender” a los árbitros en los análisis televisivos y de crear en los diarios y en otros medios una atmósfera favorable para la Juventus”. Sustituyan ustedes el término “Juventus” por Barcelona o At. Madrid y ya estaría. No hace falta decir más.

De la vergüenza como español que me causa que un madridista no pueda ir en Metro con la camiseta blanca por donde quiera en una ciudad aparentemente segura como Madrid, no voy a decir nada, ya se han encargado en esta excelsa publicación de hacerlo, por lo que no hay nada que añadir.

Les dejo con el deseo de que mañana pueda escribir, en nombre de mi amigo Javi, un artículo lleno de alabanzas a nuestro equipo por haber pasado a los cuartos de final de la Copa de Europa y con la frase de ritual: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Ocho de la mañana. La tostadora escupe dos tostadas carbonizadas. Las arrojo al suelo y en el rebote alcanzan la altura de Fernando Romay. El bote no engaña. A la basura. Cada vez que la señora de la limpieza saca brillo a la máquina con un trapito, frota adelante y atrás, me gira al máximo subrepticiamente la ruedita del tiempo de tueste y me escoña las tostadas del día siguiente. Maquinalmente me dirijo a la nevera, porque en la rueda de temperatura, con el mismo trapito, hace lo mismo, y estoy harto de comer yogures congelados. En efecto, la temperatura del frigorífico a esta hora es la de Groenlandia norte. Creo que hay un mamut con los ojos como dos cristales detrás de la huevera. Bajaré a desayunar al bar.

Mi humor ahora es el de Rüdiguer hace un par de semanas, cuando le pisaron los huevos en un lance fortuito, y el médico del Real Madrid, a pie de campo, en vez de ayudarle, se vio sorprendido por un colosal ataque de risa al escuchar las doloridas explicaciones del alemán. ¡Cuidado con los huevos, Antonio! Como en el chiste que tanto le gusta contar a Ussía. El de la monjita anciana de rostro angelical que se sube al metro en hora punta, atestado de viajeros, con una bolsa de plástico en la mano, y gritando “¡Cuidado con los huevos, cuidado con los huevos!”. Y en medio de las apreturas, un pasajero sudoroso que lucha con el codo por no ser aplastado, molesto, le regaña: “¡Pero, hombre, hermana, ¿cómo se le ocurre venir con una bolsa de huevos aquí?”. Y la monja, sonrisa beatífica, matiza: “No son huevos, son alfileres”.

Amanece en la ciudad del mar el cielo blanco. Primera señal. Recordar que hoy es día de Champions me reconcilia con lo bonito de la vida. Andan en el bar todos comentando no sé qué de un gol de no sé quién. Una de las ventajas de ser del Real Madrid es que, como los ciclistas de testosterona fácil, no necesitas mirar a los lados. Al madridista le importa exactamente lo que ocurre al Real Madrid. Todo lo demás, si eso, es pasatiempo de bar, por dar conversación a la parroquia. Jamás contamos con el fallo del rival. Debe ser eso que decía Ancelotti de Nacho, grandísima definición: un defensa pesimista. Es decir, Asencio.

En el bar donde desayuno hay un goteo constante de parroquianos que vienen a reservar mesa para el partido de hoy. Es la primera vez que sucede este año desde que empezó la Champions. Moraleja: Ceferin, tu nuevo formato no interesa ni a los futbolistas. La gente sigue reuniéndose alrededor de la competición en el mismo punto, es decir, cuando empieza el rock and roll.

Ceferin, tu nuevo formato no interesa ni a los futbolistas. La gente sigue reuniéndose alrededor de la competición en el mismo punto, es decir, cuando empieza el rock and roll

Ojeo la prensa deportiva durante 35 segundos. El fútbol moderno aburre con sus entusiasmos de último minuto. Decenas de páginas que podría ir a la hoguera sin que nadie las echara de menos. Todo son orgasmos. Es el periodismo sin preámbulo. Encumbra y entierra héroes en el mismo día. Yo quiero que juegue Luka Modric. Sí. Lo tengo claro. Modric. Sé que estaba hablando de otra cosa, pero es que acabo de tener una epifanía croata. Sí, sí, Modric debe jugar hoy. Modric, Modric.

La cosa funciona

La jornada se hace pesada porque todo lo que quiero es fútbol. Al encender la radio, quiero la última hora del equipo. En la peluquería repasamos los onces gloriosos de la historia blanca. En televisión, solo Real Madrid TV a todo volumen. Ni siquiera en el ascensor hablo del tiempo con el vecino, salvo para comentar si podría influir en el partido de hoy. Todo fútbol. Todo Real Madrid.

Pero es miércoles con mucho por escribir, mucho trabajo, y todo lo que quiero es que sean las nueve. No pasan los minutos. De pronto, y por eso me he sentado a escribir esto, me he visto entre mis papeles con la destartalada estilográfica de la suerte y la mente en blanco erengue, y he sonreído al pensar que somos millones a esta hora los que estamos pasmados. Así, unos segundos, mirando al infinito, visualizando en medio del trabajo, como en un sueño, cómo saltan al campo los nuestros, con la ilusión y la emoción a flor de piel.

Así estamos millones, en fin, en todo el mundo, trabajando hoy con otra alegría, pero con menor intensidad, porque la concentración se nos va una y otra vez al himno de la Champions

Así está mi amigo Miguel, en el quirófano —mal día para operarse con él—, José en la Autoridad Portuaria, Laura sirviendo barras de pan groumet, Javier, que celebra misa a media mañana y hará una breve homilía solo para decir que no ser del Real Madrid es pecado, Marga, enseñando pisos a estudiantes, y Carlos, dirigiendo la reforma de aquel chalet de lujo que quiere comprar un futbolista, pero esa es otra historia. Así está Alfonso, predicando sobre literatura del Siglo de Oro en la facultad, Gonzalo, que asesora a un idiota en el ayuntamiento, y Eva, que está hasta las narices de la ventanilla de Correos, y de que la gente no sea del Madrid.

Así estamos millones, en fin, en todo el mundo, trabajando hoy con otra alegría, pero con menor intensidad, porque la concentración se nos va una y otra vez al himno de la Champions, a Courtois dando palmadas a todos en el vestuario, a Rodrygo mirando al infinito en el túnel de soledades, a Asencio ensayando caras de killer frente a la hilera del equipo contrario, y a Lukita dando abrazos y sonrisas a los rivales más veteranos mientras se recoloca cien mil veces la goma de pelo.

Que empiece ya. Que sea bonito. Que volvamos a hacerlo.

 

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Lo de siempre. Se asoma la primavera, aunque sea vestida de tardo otoño en Mälmo, y el Real Madrid empieza a encadenar un partido del año tras otro. Velamos armas para el de esta noche contra un triple subcampeón de la Copa de Europa, un respeto.

Es llegar esta época y cunde el terror a que a nuestro equipo le vuelva a dar por ganar la Champions. Hay antis que abrazan un fatalismo resignado propio de los locutores de RAC 1 en el minuto 94 del último Manchester City-Real Madrid. Otros, los antis optimistas a los que podríamos llamar optimantis, guardan, de manera cada vez más indisimulada, la esperanza de una eliminación que desate una mezcla del Apocalipsis, el Armagedón, un concierto de Ozuna con Bad Bunny y la tormenta perfecta. Los hay, incluso, que preparan el terreno para una eventual derrota madridista y poder decir que sus vaticinios estaban fundados.

Antón Meana trabajaba en el Diario As en los años de plomo del Mourinhismo, y era de esa clase de presuntos periodistas a los que les gusta ser más protagonistas por sus preguntas que el verdadero protagonista de la rueda de prensa, que es quien las responde. Podemos concluir sin miedo a equivocarnos que quienes aplican esa máxima son malos periodistas, lo que da como resultado la afirmación de que Antón Meana es un mal periodista.

El caso es que, según ese periodista, ahora en la cadena SER, e independientemente de su calificación, Vinícius Junior y Mbappé se llevan mal. Más que el contenido de la noticia, que al madridista medio le producirá una notabilísima transpiración perineal, resulta llamativo el momento en que Meana da esa noticia basándose en unas fuentes indeterminadas de fiabilidad desconocida para afirmar algo casi indemostrable, sin descartar la posibilidad de que Meana se haya sacado la información de sus dídimos morenos para montar un poco de ruido y, nuevamente, ser él la noticia. El momento en que el periodista, malintencionadamente conocido por algunos como Nobita, evacúa esta información es en vísperas de una vuelta de cuartos de final de Copa de Europa entre Atlético y Real Madrid con ventaja mínima en la ida para este último.

Lo de siempre. Se asoma la primavera, aunque sea vestida de tardo otoño en Mälmo, y cunde el terror a que a nuestro equipo le vuelva a dar por ganar la Champions

No sea el lector malpensado y piense que tiene cierto ánimo desestabilizador, por favor. No se barrunte que la eliminación del Real Madrid y el subsiguiente pandemonio serían terreno abonado para la germinación y florecimiento de la cizaña que, como Caius Detritus en el libro homónimo de Astérix, ha intentado sembrar Meana, que anhela ese momento de ser elevado al status de Maestro de Periodistas en plano de igualdad con luminarias como Santi Segurola, Roberto Gómez o Paco García Caridad, porque no hay nada más lejos del ánimo de estas líneas que intentar desprestigiar a un eximio reportero que ya ha dado en alguna ocasión muestras de su conocimiento balompédico, siendo su opus magna aquel legendario tuit sobre Miguel de las Cuevas y Modric.

Meana ha leído sin duda el sublime "Sin Plumas de Woody Allen", en concreto su Boletín de Cursos de Primavera, entre los que se encuentran, en el epígrafe "Introducción a la Psicología", los referidos a Introducción a la hostilidad; Hostilidad intermedia; Odio avanzado; Fundamentos teóricos del asco.

Como corolario sólo nos queda llegar como podamos a las 9 de la noche, porque ya nos pica el niqui como si estuviéramos envueltos en ortigas, tenemos la tensión competitiva over 9000 y estamos deseando instar a Vini y Kylian a irse a un hotel cuando se abracen de manera efusivamente entusiasta al marcar uno o varios goles a nuestro rival. Que así sea.

 

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Buenos días, amigos. Esta noche se juega el Real Madrid su ser o no ser en la vieja Copa de Europa, con la esperanza de avanzar en el logro de la que haría el número 16. El escenario es un estadio relativamente nuevo, pero el rival que lo habita es añejo. Se trata del vecino de toda la vida, aquel que NO siempre nos odió como nos odia ahora, aunque parezca mentira.

Los más viejos del lugar —siendo el lugar la ciudad de Madrid— recordarán una rivalidad más sana, menos teñida de aborrecimiento sociológico y mediático. Claro, por entonces no les habíamos ganado dos finales de Champions ni les habíamos eliminado de dicha competición en otras eliminatorias un par de veces. Estos hechos históricos han inoculado en esa masa social, con honrosísimas excepciones más numerosas de lo que parece, un odio tribal capaz de desencadenar tragedias. Eso es lo que ellos sienten por nosotros. Nosotros quizá odiaríamos también a ese sector cafre de sus seguidores si tuviéramos tiempo para pensar en ellos, por citar Casablanca.

Es por ello, por ese odio sociológico inveterado, que el Real Madrid ha emitido unas advertencias a los socios que hoy acudan al Metropolitano, sobre todo si a modo de provocación (ironía on) optan por vestir camisetas u otros distintivos del Madrid.

¿No es devastador, amigos? ¿Pensabais —y aquí nos dirigimos a los madridistas madrileños— que vivíais en una ciudad segura? Lamentamos sacaros de vuestro error. Vivimos en una ciudad en la que te juegas el pellejo si cometes el crimen de viajar en la línea 7 del metro con una camiseta blanca. Esto, que es un problema de orden público muy importante, es así gracias a la permisividad de los dueños fraudulentos de ese club (se apropiaron de él indebidamente aunque el delito haya prescrito) y al eco de esa permisividad por parte de las autoridades.

“En Barcelona puedes ir por la calle con la camiseta del Madrid y no te pasa nada”, nos decía ayer en X un madridista catalán. Claro. Eso es porque Jan Laporta (que no es santo de nuestra devoción pero en esto acertó) decidió eliminar de su club a los Boixos Nois, enviando así un mensaje muy claro: los violentos no representan al Barça. Lo mismo hizo Florentino con los Ultras Sur, expulsándolos y decretando así que no se sentía representado por ellos. El Atlético de Madrid envía justamente el mensaje contrario, es decir, que sus radicales del Frente Atlético SÍ les representan (de hecho, les auspician y financian). De este modo, no solo han hecho calar en su masa social que la violencia está bien, sobre todo cuando se ejerce sobre madridistas, o que el racismo está bien, sobre todo cuando se ejerce contra Vinícius (“En el Atleti no somos ni racistas ni antirracistas”, dijo de manera célebre Enrique Cerezo). No solo eso. A través de blanquear (perdón por el verbo, o al contrario) la violencia verbal y física de sus ultras, han extendido en su afición la actitud de ese grupo de energúmenos, que recordemos tiene crímenes de sangre a sus espaldas.

No viajéis en la línea 7, amigos. Así de triste es el mensaje. Curiosamente, el 7 era también el número del héroe eterno del madridismo cuyo nombre trataron de mancillar los del Frente, riéndose de su muerte, al final del partido en el Bernabéu. El 7 es también el número de su jugador madridista actual más odiado, aquel con cuyo uniforme visten muñecos hinchables que luego cuelgan del puente.

Pero resulta que el 7 es también el número de la suerte, como nos recuerda Fred Gwynne, y el que conduce al éxito a los justos. Hay quien no respeta minutos de silencio y hay quien gana Copas de Europa.

Hagamos que prevalezcan los segundos.

Os dejamos con las portadas. Pasad un buen día.

Marca As Sport Mundo Deportivo

Esta noche nos jugamos el pase a cuartos de la Champions. A partir de ahora, nos enfrentamos al destino a cara o cruz. Es lo jugoso de esta competición, el retrato del ser o la nada. El Real Madrid nació para partidos así y el aficionado merengue no entiende otro idioma que el de la máxima competición. Los devaneos o los papelones de la temporada aquí no tienen lugar. La Copa de Europa todo lo iguala porque ella es la dueña y señora de nuestro destino en lo universal. Esta noche frente al Atlético de Madrid tenemos una nueva cita para dirimir quién se llevará la Copa de Europa del 2025.

El Real Madrid llega al partido de esta noche con una ventaja mínima tras un partido de ida en el que mereció mayor premio. El martes pasado en el Santiago Bernabéu el equipo de Carlo Ancelotti fue a por la eliminatoria en todo momento, y a pesar de conseguir el primer gol en el minuto 4, jamás le dio la espalda a la victoria. Ni el empate de Julián Álvarez ni los escasos momentos en los que los pupilos del Cholo Simeone pudieron romper la balanza fueron suficientes para oscurecer un encuentro de clara militancia blanca. De hecho, una semana más tarde, aún muchos nos lamentamos de la última jugada entre Kylian Mbappé y Vinícius Júnior. En esa acción estaba el tercero. Y como esas, unas cuantas más.

Paradójicamente, el Madrid llega al encuentro de esta noche en entredicho. Sus dos máximas estrellas, Vini y Mbappé, son vilipendiadas por la prensa e incluso por muchos aficionados merengues que tienden al comportamiento avinagrado. Y como montamos un circo y nos crecen los enanos, proliferan las filtraciones de fuentes de dudosa procedencia que aseguran que los astros se llevan mal y que incluso el vestuario está roto e incómodo con el cuerpo técnico. Curiosamente, este es el estribillo de una vieja canción por todos conocida que se vuelve a poner de moda justo cuando llegan los partidos importantes que deciden una temporada. Es decir, nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, me llama poderosamente la atención cómo se pone en cuestión a dos estrellas del nivel de Vinícius y Mbappé. Situar la lupa sobre ambos continuamente me parece exagerado. En según qué casos, puede ser discutible el rendimiento, pero en el de nuestros dos delanteros carece de lógica evaluarlos así, demasiada exigencia. Pudieran estar más finos, sí. Y también podría ver yo esta noche el partido con Scarlett Johansson y no será así. Como dijo el filósofo Mick Jagger, en esta vida no siempre se obtiene lo que quieres.

¿Qué nos lleva a despreciar los buenos recuerdos y empeñarnos en romper con lo más hermoso que hemos vivido? Esto es, ¿alguien nos asegura que desechar lo conocido y progresar hacia lo desconocido es una buena idea?

Ahora bien, si por cuestionar se cuestiona hasta al máximo responsable de esto, que es el presidente Florentino Pérez Rodríguez, pues apaga y vámonos. ¿Qué más quiere el aficionado? ¿Más centrales y laterales? ¿Ganarlo absolutamente todo y golear cada partido? A esos aficionados desubicados les invito a sentarse y, cuando estén en ese estado de total reposo, a continuación me nombren un equipo de cualquier deporte profesional que se pasee continuamente por la competición a la que pertenezca. E, inevitablemente, Carlo Ancelotti no sale bien parado del examen del tendido siete. En las últimas fechas se vuelve a cuestionar al entrenador. Si bien el italiano no vive su temporada más cómoda, me gustaría saber cuál es el perfecto sustituto del técnico nacido en Reggiolo. Y si la respuesta es Xabi Alonso, perdonen que me cuestione su candidatura. Con todos mis respetos, el de Tolosa no termina de convencerme.

Ahora sí que sí

Todo este circo mediático me recuerda a esa estupenda canción de The Kooks llamada She moves in her own way. En ella, la banda británica, cuenta cómo su líder Luke Pritchard lleva con diplomática manera la ruptura con su exnovia Katie Melua, también cantante. En un momento dado, Pritchard afirma que desearía que nunca hubieran sobrevivido todos los veranos juntos y, por el contrario, los hubieran conservado en lugar de volver a los suburbios. Es decir, ¿qué nos lleva a despreciar los buenos recuerdos y empeñarnos en romper con lo más hermoso que hemos vivido? Esto es, ¿alguien nos asegura que desechar lo conocido y progresar hacia lo desconocido es una buena idea?

Por mi parte, vivo con ilusión estas horas previas al partido de esta noche. Todo el rato me pregunto si formaremos con Raúl Asencio y Antonio Rüdiger o si Fede Valverde será el lateral derecho. Estoy deseando ver cómo Eduardo Camavinga y Aurélien Tchouaméni hacen un partidazo. Y, por supuesto, si jugarán arriba los cuatro fantásticos o si saldrá Brahim de inicio. Mientras tanto, mato el gusanillo de la espera leyendo en La Galerna el fantástico artículo de Antonio Valderrama sobre el mago malagueño. ¡Hala Madrid y nada más!

 

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