Las mejores firmas madridistas del planeta

Si pensáis que la madriditis solo existe en España, os sorprenderá saber que esta enfermedad contagiosa llegó a París hace unos años.

Por primera vez en la historia de la televisión francesa, Nasser al-Khelaïfi ha sido protagonista de un programa que intentó descifrar las redes, los métodos y el poder del influyente qatarí en Francia. Este nuevo Complément d'enquête, emitido por France 2, una cadena generalista de servicio público, no fue un terremoto mediático, ya que otros ya habían informado sobre la forma de trabajar del presidente del PSG. Sin embargo, sí sirvió para confirmar que lo que está ocurriendo en el fútbol —los negocios televisivos e incluso las relaciones públicas entre Francia y Qatar vinculadas a este personaje— no es normal.

De ser un completo desconocido a convertirse en un dirigente todopoderoso, el programa repasa la trayectoria de Al-Khelaïfi y explica sus métodos, incluyendo testimonios por primera vez. La diferencia entre este trabajo y el de otros periodistas en el pasado radica en la presencia de personas que decidieron mostrar su rostro y compartir sus experiencias, como es el caso de la madre del jugador francés Adrien Rabiot. Violencia verbal, presión política, manipulación digital e incluso presuntas amenazas de muerte hacia terceros: todo está perfectamente explicado en los 52 minutos del programa.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con el Real Madrid? La respuesta es sencilla: el club y el madridismo deben saber que el poder nocivo del dirigente qatarí intenta dañar la imagen del equipo blanco. Porque sí, Nasser al-Khelaïfi —que además de ser presidente del PSG, es presidente de beIN Media Group, presidente de la ECA y ministro de Estado de Qatar— sufre de madriditis.

 

La madriditis llegó a Francia y Qatar

 

No os vamos a engañar: la marcha de Kylian Mbappé al Real Madrid en 2024 fue un golpe duro para el presidente del PSG. Le dolió enormemente. Porque antes de ser presidente o ministro de Estado, "NAK" es alguien que no está acostumbrado a recibir un "no". En eso se comporta de manera muy infantil, como un niño malcriado.

¿Cómo intenta NAK, e incluso logra, manchar la imagen del Real Madrid? Su mejor arma son los medios de comunicación. Si en España el club tiene problemas con los medios más poderosos, en Francia la situación es muy similar. En junio de 2024, en este mismo medio, explicamos cómo la prensa francesa menospreciaba a un equipo que tiene una relación histórica y especial con el país galo. Ahora bien, es importante entender que la propaganda contra el Madrid en ciertas televisiones, radios y periódicos ha sido reforzada por la influencia de Al-Khelaïfi.

Su objetivo es claro: quiere vengarse del fichaje de Mbappé en 2024. La mínima polémica en un partido del Real Madrid puede convertirse en el tema central de un programa postpartido en RMC Sport o en un tuit de Canal+. También está L’Équipe y su canal de televisión, donde se pueden pasar horas debatiendo negativamente sobre el club blanco tras una victoria en Champions League. Eso sí, jamás se verá un debate tan intenso sobre ningún otro equipo europeo que no sea francés. De hecho, apenas se habla de las palancas del Barça o del caso Negreira. Y mejor ni imaginar qué ocurriría si el investigado por estos asuntos fuera el Real Madrid.

Gil Marín y Nasser Al-Khelaïfi

La madriditis también afecta al plano deportivo. José Félix Díaz informó hace unos días de que el PSG sigue de cerca a jóvenes talentos del Real Madrid. No vamos a dar nombres, pero seguro que podéis imaginar a quiénes nos referimos. Y es totalmente cierto. Si el PSG tiene oportunidad, no dudará en ejecutar cláusulas de jugadores merengues para "vengarse".

Por último, podríamos pensar que la madriditis de "NAK" se limita al ámbito deportivo, profesional o a una guerra de imagen. Pero no, va mucho más allá, es equiparable al nivel de los más rancios aficionados del Atlético o del Valencia. Esta persona es capaz de marginar de un día para otro a alguien en su esfera privada solo por haber decidido dejar un trabajo vinculado al PSG para trasladarse a Madrid y empezar a colaborar, directa o indirectamente, con el Real Madrid. No entraremos en más detalles, pero que sepáis que él y su equipo en el PSG pueden dar la espalda rápidamente, tras años de dedicación, a quienes eligen cambiar su vida y acercarse, aunque sea de lejos, al club blanco.

Sí, Nasser al-Khelaïfi tiene una profunda madriditis. Y es importante que el Real Madrid y el madridismo lo sepan antes de una hipotética semifinal de Champions contra el PSG. No olvidemos que, en 2022, NAK canceló la tradicional comida previa al partido en París. Esta es su forma de proceder.

 

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“Aquí en el Real Madrid están Vinícius, Mbappé, Rodrygo y Bellingham, los cuatro mejores jugadores del mundo. Yo no soy nadie, quiero trabajar y estar aquí toda mi vida. Si estoy en el banquillo, voy a apoyar siempre." Fueron las palabras de Endrick en zona mixta tras sellar el pase a la final de la Copa del Rey.

Palabras que demuestran que el joven brasileño de 18 años tiene la madurez necesaria para pertenecer a un club como el Real Madrid. Desde su llegada en julio, Endrick ha disputado tan solo 562 minutos en todas las competiciones, y aun así lleva 7 goles, es decir, uno cada 80 minutos.

El Real Madrid está en la final de Copa en gran parte gracias a Endrick. Siendo esta la competición donde más ritmo ha tenido, está a dos goles de igualar la marca de Cristiano Ronaldo en 2013, números que hablan de la capacidad goleadora de la joya blanca. Además de sus registros, cada vez que Ancelotti le ha dado la oportunidad de disputar minutos, Endrick ha mostrado ambición y ganas de influir en el juego, incluso cuando sale en el 90.

Creo que Carletto no está administrando de manera correcta los minutos de Endrick. Si bien es un futbolista joven e inexperto, a un talento con esa proyección no le hace bien esa inconsistencia. Cuando echamos la vista atrás y miramos algunas de las temporadas más exitosas del Real Madrid, incluso con Ancelotti en el banquillo, siempre fue clave el uso de una unidad B. Esos jugadores que partiendo del banquillo son capaces de marcar la diferencia, son fundamentales porque se sienten importantes.

Ojalá no nos quedemos con la duda de saber lo que puede hacer un futbolista con semejante promedio goleador

El caso más reciente que tenemos es el de Joselu, delantero suplente pero clave tanto en la consecución de la Liga como de la Champions la temporada pasada. Si bien este año está Mbappé, no es posible que todavía Ancelotti no se haya planteado un partido con doble 9, o alguna variante distinta que incluya tener en el campo a Mbappé y a Endrick. Podría prescindir de un jugador de banda como puede ser Rodrygo, y utilizar a Valverde en el carril derecho más adelantado.

Las notas del Real Madrid, 3 - Stuttgart, 1

El problema de Ancelotti es ese, que le cuesta modificar un esquema y tener distintas variantes. "Yo estoy contento con él, cuando puedo le he dado minutos, lo veo tranquilo y motivado, es un problema de competencia con los jugadores que tenemos delante", dijo Ancelotti antes del encuentro de Copa. Además de no mantener a todos enchufados teniendo que disputar 70 partidos, me sorprende que Ancelotti haya confiado tan poco en un talento como Endrick esta temporada. Si bien comete errores, creo que parte de ellos son porque nunca logra entrar en el partido con tiempo suficiente para jugar con calma.

Es el primer año de un niño de 18 años en el Real Madrid. El madridismo no pide que sea Pelé. El madridismo teme que llegue el día en el que salga a otro equipo y sea fuera donde explote su potencial. Ojalá no nos quedemos con la duda de saber lo que puede hacer un futbolista con semejante promedio goleador.

 

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Buenos días, queridos.

Nueva jornada de Liga, qué emoción, ¡cuánta igualdad!, y nosotros con estos pelos. Hay tantos partidos desde hace semanas que no nos da tiempo a superar la resaca de uno y ya nos vemos inmersos en el siguiente, sin tiempo apenas para digerir la nueva trampa de nuestro máximo rival o la última ridiculez de los vecinos de la capital.

Sí, amics, la vida se nos pasa volando entre Liga, Copa y Champions. La vida es eso que te sucede entre delito y delito del Barça, y, con tanta lesión de los porteros del Real Madrid, nos ha dado por acordarnos de otro ilustre de la portería y las lesiones, don Julio Iglesias:

Unos que nacen, otros morirán

(Bien podría ser “unos que fichan, otros los inscribirán”)

Unos que ríen, otros llorarán

(Verso dedicado claramente a madridistas y atléticos)

Agua sin cauces, río sin mar

(que es como decir “fichajes sin dinero”)

Penas y glorias, guerras y paz

Bam Bam Zamorano nos habla en portada de Kylian Mbappé y no podemos hacer de menos a un jugador que nos trae muy buenos recuerdos, mas no conviene desviar la atención. El diario Marca hace como si en este lodazal de competición no hubiera pasado nada y nos presenta los partidos de esta tarde-noche como quien habla de una competición digna, justa, equilibrada en lo deportivo y federativo, lo legal, el aspecto financiero y el palanquil: “Empieza el mano a mano”. Y no, nos negamos. No podemos admitir esa supuesta “emoción” de un campeonato que hiede, no nos sale de los dídimos. Como cantaba Julio Iglesias:

Siempre hay por qué vivir
Por qué luchar
Siempre hay por quién sufrir
Y a quién amar

Y al Real Madrid le toca luchar una vez más por devolver la higiene a un campeonato podrido, sufrir para devolver la dignidad a una Liga a la que, entre Tebas, el CTA, el CSD, el VAR y los medios han llevado a sus niveles más bajos de respetabilidad. Por eso sabemos que siempre hay “a quién amar” y que esos mismos portan la camiseta blanca y tienen, como reconoce Mikel Arteta en la portada de As, “una parte emocional impredecible”.

”Un Madrid cansado” tras 120 minutos de partido y “un Valencia mermado”. Hoy tocará remar de nuevo, pelear contra el Negreiro de turno y cabrearnos cuando veamos el diferente criterio para las faltas y las amarillas que tenemos frente a otros. No queremos normalizar nada, pero tampoco queremos dejar escapar esa pequeña frase por ahí arriba, en el faldón superior: “UEFA avisa, pero no suspende, ni a Rüdiger ni a Mbappé”. Otro “casi” para que los atléticos puedan añadir a su palmarés: ya tienen dos casi-Champions, una casi-eliminación y ahora pueden añadir una casi-sanción. Olé, una gran temporada más de Simeone.

Pocos amigos que son de verdad
Cuántos te halagan si triunfando estás
Y si fracasas bien comprenderás
Los buenos quedan, los demás se van

El diario prisaico transmite esa misma sensación de normalidad que habita en los medios, e incluso deja escapar algún elogio al club de las palancas y el CSD, del que dice que está “En el mejor momento”. No, no vamos a aceptar ni un solo elogio a un club tramposo, y menos aún que en el titular nos cuelen que también su rival de hoy se encuentre en su mejor momento. El Betis tuvo que dar salida a doce jugadores el verano pasado y, aun con eso, sufrió y se ajustó para poder inscribir al resto de la plantilla sin necesidad de recurrir a Betis Studios ni de apuntarse en el balance la venta truchil de unos palcos que no existen:

Tampoco está en su mejor momento, porque su jugador estrella de esta temporada, Isco, fue sancionado la semana pasada por una faltita dudosa, mientras que a otros (Antony en el recuerdo) les retiran tarjetas rojas para que puedan jugar contra el Real Madrid. No, no vamos a pensar en el mejor momento de nadie.

La racha del Barça es incontestable, en eso no hay duda. La racha de impunidad, queremos decir. Negreiras, palancas, fichajes con cautelares, inscripciones cautelarísimas, agujeros contables, límites salariales incumplidos y ahí están, soñando con todo. Esta estrofa es íntegramente suya:

Al final las obras quedan
Las gentes se van
Otros que vienen las continuarán
La vida sigue igual

“Las obras quedan” una temporada más, las del Limak Camp Nou, cierto, pese a que habían previsto ingresos para este mismo año en la documentación presentada en su día a LaLiga, pero ¿acaso importa que supieran una vez más que era todo mentira?

“Las gentes se van”, como todos sus directores financieros, auditores y fichajes brasileños de medio pelo, pero “otros que vienen las continuarán”, como la media docena de fichajes que luego inscribirán con trampas, “la vida sigue igual”.

No. No es un supersábado. No vamos a normalizar esto en la vida. Una vida que sí, sabemos que sigue igual. Para nuestra desgracia. Unos corrompen y otros limpiarán, la vida sigue igual.

Siempre hay por qué vivir
Por qué luchar
Siempre hay por quién sufrir
Y a quién amar

Pasad un buen día.

El Real Madrid es una organización cuya misión consiste en hacer sufrir a propios y extraños por igual, según parece. La gran mayoría de las ocasiones la diosa de la victoria lo bendice; pero que nadie se equivoque, esto no bastará para saciar los apetitos de sus seguidores, empecinados siempre en deseñar lo bueno debido a su irracional deseo de lo perfecto.

La última semana nos ha traído un episodio más de lloros paradójicos –como les llamo yo–, y que consisten en cosechar una victoria que no vendrá acompañada de la natural algarabía que se le supone a conseguir el más elevado objetivo del deporte, que es ganar. Primero ante el Leganés en liga y después frente a la Real Sociedad en copa, el Real Madrid ha obtenido nuevamente sus objetivos. Los malquerientes de toda la vida ladran y se desgarran las vestiduras, como resulta obvio, pero no solo ellos. Además una gran parte de la parroquia blanca, supongo yo que inoculados por la virulencia del relato mediático, dicen aquello del: “Sí, ganamos pero…”.

Luego repiten, creyendo que es producto de su propia inventiva, los tres o cuatros lugares comunes de siempre que los “periodistas” deportivos escupen una y otra vez en concordancia con el decálogo goebbeliano. Son alienados, pues, a quienes les han robado la posibilidad de disfrutar con las venturas y desventuras del club deportivo más grande que jamás haya existido en este planeta. Hablan de “autocrítica” a la menor provocación, pero no se aplican a ellos mismos el cuento. Exigen que Ancelotti cambie de parecer, pero ellos no están dispuestos a hacerlo: haga lo que haga el italiano van a darle palos porque sus ataques no son un ejercicio de la crítica, hija esta de la razón, sino de la simple inquina, que es reactiva y visceral. La crítica es fundamental en la interpretación de los escenarios de la vida, pero debe ser analítica y, sobre todo, debe buscar encontrar soluciones en medio de una crisis. Ejercer la crítica debe ser ante todo un acto sereno. ¿Alguien confiaría en un general que da gritos y es incapaz de controlar sus emociones? Pobrecitos míos, Dios les ha dado el privilegio de acogerlos bajo su manto inmaculado, pero ellos insisten en revolcarse en los fangos de lo cotidiano. Tales son las trágicas dimensiones de su estulticia.

el Madrid encarna con nobleza los valores de las prácticas empresariales y el deporte, mientras los otros, los de azul y escarlata, se hunden en los hervores fétidos de sus propias inmundicias

Desde el punto de vista de la gestión empresarial, que es en el que me desenvuelvo profesionalmente, el Real Madrid es paradigmático. Ha sido capaz de forjar una cultura intachable, sobre todo bajo la gestión de don Florentino Pérez. Para nadie es desconocido el peso de la marca Real Madrid, su visibilidad planetaria y el hecho (reservado a poquísimas entidades) de haberse consolidado como patrimonio cultural global. Más no se puede hacer, salvo que un buen día descubramos que existe vida inteligente en otros planetas y hacia allá tengamos que llevar de inmediato las glorias de nuestro equipo.

Mientras eso sucede, el Real Madrid sigue siendo el estándar definitivo de la excelencia. Este debería ser el punto de partida de cualquier reflexión ulterior, sobre todo a la luz de los acontecimientos recientes y las nuevas revelaciones en torno al Fútbol Club Barcelona, esa tropilla envilecida y ruin gestionada por felones a tiempo completo. Más claro ni el agua: el Madrid encarna con nobleza los valores de las prácticas empresariales y el deporte, mientras los otros, los de azul y escarlata, se hunden en los hervores fétidos de sus propias inmundicias.

Desde el punto de vista de la gestión empresarial, que es en el que me desenvuelvo profesionalmente, el Real Madrid es paradigmático. Ha sido capaz de forjar una cultura intachable, sobre todo bajo la gestión de don Florentino Pérez

Si acaso hay alguien en la sala que me interpele y diga que solo hablo de números y liderazgo y esas vainas de los empresarios de saco y corbata, le digo que miente. El Real Madrid es una empresa, pero es algo más. Es un club deportivo que debe ganar si es que quiere sobrevivir. No basta con entregar un balance general impecable al final de cada ejercicio, además es necesario que la pelotita, el dios redondo de nuestro juego, sea benévolo y acceda a entrar la mayor cantidad de veces posibles en la meta enemiga. ¿Acaso el Real Madrid no ha cumplido sobradamente también en estas faenas durante la última década? Los números están ahí y son inapelables: seis Champions en nueve años. Una locura, algo inimaginable para alguien como yo que ha tenido que atravesar junto a millones de madridistas la noche oscura del alma. En el año 2010, por poner una fecha, suponer todo esto que hoy es realidad hubiera sido mucho más que un sueño lisérgico. Mi optimismo no hubiera dado para tanto. Pero pasó, sucedió, todo es verdad. Todo.

Un caso único en el mundo

El Real Madrid no se cansa de estirar los límites de lo posible para que su historia sea la más dulce y precisa definición de la épica y la algarabía. No exagero si digo aquí que vivir todo esto desde el amor que le tengo al club ha cambiado mi vida, me ha enseñado a creer siempre y resistir, a luchar con nobleza, a entender los rigores de la autoexigencia, sí, pero también a reconocer que solo desde la calma reflexiva es posible superar los obstáculos que, como bien sabemos, no terminarán nunca.

Alguna vez leí una crónica periodística que viene a cuento. Durante la Revolución Mexicana, Pancho Villa arengaba a un grupo de hombres antes de entrar en combate. Un adulador de turno se acercó a abrazarlo lanzando un alarido para hacerse notar entre la tropa: “¡Qué huevos tiene, mi general!” Villa sonrió y dándole al lisonjero tres golpecitos con el dedo índice en la frente, le espetó lapidario: “Procura usar más estos, que son los que te van a mantener lejos del cementerio”. En el madridismo sigue habiendo muchos despistados que, como ese soldado zalamero, siguen confundiendo valentía con temeridad, y desconocen el valor de la prudencia y la pausa.

Pues eso, algunos lloran en la victoria y yo les digo que no cuenten nunca conmigo. Tengo delante de mí el escudo del Real Madrid y al verlo me he dado cuenta de algo que me viene al pelo para concluir la columna de esta semana. Entre los madridistas hay quienes escogen la cruz, pero hay otros, los que han hecho de este club una orgía infinita, que preferimos la corona. Yo no sufriré jamás viendo al Madrid cada semana, incluso en sus horas bajas. “¿Por qué eres del Madrid?”, me preguntó alguna vez mi hijo. Sigo creyendo en la respuesta que le di entonces: “Porque el Madrid me hace feliz, y para mí la felicidad es un asunto muy importante”.

 

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Buenos días, estimado lector. Permítame por favor comenzar este Portanálisis con un poco de historia. El 7 de febrero de 2018, la Voz de Galicia, entre otros medios, dio una noticia contenida en uno de mis diarios de cabecera. En ella, se relataba que un conductor de Vigo que fue objeto de un control de tráfico, había dado positivo por todas las drogas que detectaba el test que se le practicó. Desconozco si existe el carnet de conducir para personas jurídicas, pero, de haberlo, el Fútbol Club Barcelona parece estar siguiendo la estela del vecino vigués protagonista de la pieza referida en su bingo particular consistente en tachar las casillas correspondientes a todos los artículos del Código Penal.

El diario Marca, el de todas las aficiones (risas enlatadas), abre su cabecera con Fran González, tercer portero del Real Madrid, estirándose hasta donde se lo permite su anatomía. La imagen es de un paradón, pero habrá que ver dónde cae ese despeje. El motivo para ilustrar de esa manera su frontispicio es que las molestias que padecen Courtois y Lunin provocan que el favorito para ocupar la portería del Real Madrid en su partido contra el Valencia sea el propio Fran. Es cuestionable el uso de los puntos suspensivos en ese “Calienta… que sales”, pues, en opinión de quien esto escribe, muy bien podrían ser reemplazados por la tradicional e infravalorada coma, de manera que quedaría “Calienta, que sales”. Mucho mejor, ¿verdad?

De manera marginal se refiere el bajo momento de Griezmann en el equipo de las derrotas de Schrödinger. Según su entrenador, pierde, pero no pierde. Cuesta verlo, pues está impreso en un tamaño comparable al espacio que consagra el Atlético de Madrid en su sala de trofeos a todas las Champions que han ganado. En dimensiones semejantes se glosa la cacicada del CSD y su, no por esperada menos injusta, resolución sobre el llamado Caso Olmo.

En este momento permítanme acordarme del pobre Pau Víctor. Está en una tesitura idéntica a la de Olmo, pero su trascendencia mediática es comparable a la deportiva. Muy bien podría decirse que está padeciendo el síndrome de Andrew Ridgeley. Busque, busque usted quién es ese ciudadano y comprenderá la referencia.

Pasamos a As, el diario prisaico. Su portada pivota en torno a Mbappé, que, pese a su gesto de “aquí estoy yo”, tiene cara de estar leyendo la resolución del CSD, y Lamine Yamal, qué jugador, que, qué coincidencia, tiene el mismo semblante que cualquier directivo de su club cuando le llega una citación judicial o le es imputado un delito. Parece estar estudiando algo con atención, pero realmente está pensando en un mono de juguete que toca los platillos, es decir, que le da absolutamente igual. No mienta usted, querido lector, que también ha adoptado ese gesto cuando le cuentan algo que no le interesa nada. Hay pequeñas menciones al asunto de la portería del Real Madrid y el mencionado Fran González, y al desplome del equipo entrenado por un cheerleader vestido de enterrador, por mucho que el miércoles luciera un chándal gris de igualmente dudoso gusto.

En un ejercicio de estoicismo, vamos a echar un ojo a las cabeceras cataculés. El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, habla de un baño de euforia mientras muchos de sus jugadores comparten una mini piscina en gesto de celebración, como si hubieran ganado algo. Han eliminado a su filial vergonzante y pasado a la final del trofeo al que llaman chupito cuando no lo ganan. ¿Justifica eso el festejo en una pose digna de un de turista inglés en Magaluf? Tampoco dejan de congratularse por la sorpresiva resolución del CSD sobre Olmo. Allá cada uno con lo que celebra.

Acabamos con el Sport. Aparece Joan Laporta estrechando la mano al hombre invisible, mientras Hansi I de Barcelona “el Orgulloso” sonríe complacido. Debe ser quien los ha presentado. “Laporta, rendido a Flick” enuncia el texto principal.

Comprensible. El Barcelona está haciendo una buena temporada y es normal que, agradecidos, se planteen, con el fin de armar un equipo invencible, poner a su disposición la totalidad de los recursos del club. Esto implicará no sólo la potestad absoluta para decidir altas y bajas en la plantilla, sino poder disponer de los recursos tradicionales con que cuenta el Barcelona históricamente, desde el CTA al que pagaron durante casi 20 años y el VAR que controla Tatxo Benet, hasta las resoluciones del CSD o las recalificaciones concedidas por un dictador al se enfrentaron valientemente hasta el punto de retirarle, cuarenta años después de su fallecimiento, las tres insignias de oro y brillantes que le concedieron.

Que tiemblen España, Europa, el planeta y el sistema solar.

Pasad un excelente día, y cuidado con las carteras.

“No se metan con mi locura: es sagrada”, dijo una vez Salvador Dalí. Dalí fue portero en su juventud, lo cual explica el origen del surrealismo mejor que cien tratados de Historia del Arte.

Fútbol y locura siempre han ido de la mano. Paul Gascoigne, “Gazza”, el mítico centrocampista inglés, estaba como las maracas de Machín. En una ocasión se disfrazó de avestruz y se puso a cerrar bares hasta que se lo llevaron a casa emplumado y más cocido que los hielos de un cubata. A Guillermo Marino, ex del Bocca, su “míster” quiso sancionarlo por llegar tarde a un entreno (que dicen allí) y él puso como excusa que había sido abducido por extraterrestres. El caso es que relató su experiencia con tanto detalle y convicción (los hombrecillos verdes, las sondas cerebrales y todo eso) que logró que le quitaran la multa.

El Real Madrid también ha tenido sus dosis de locura. Tuvimos a Beckham que sería muy guapo y tal, pero yo creo que no estaba muy bien de lo suyo porque pagaba a un tipo 1.800 libras por abrirle los regalos de Navidad. Y luego está Gravesen, claro, el loco blanco por antonomasia, que una vez plantó explosivos en el campo del Hamburgo SV “porque se aburría.”

Tampoco la afición del Real Madrid está en condiciones de señalar la locura de nadie. Una gran parte de la hinchada merengue está más zumbada que el pecho de Tarzán y cuando el equipo gana se agarran unos disgustos tremendos porque la defensa no sé qué. Locura sublime es ser del Madrid y vivir amargado. Como casarse con Sydney Sweeney y en la misma ceremonia nupcial profesar voto de castidad.

El loco madridista tiene una cierta vena paranoide que le hace ver crisis por todas partes. Cuando un merengue desequilibrado entra en barrena, irrumpe en la habitación y empieza a exigir el cese de los muebles; es en ese momento cuando sabes que debes aumentarle la dosis de centrocampistas y prohibirle ver los directos de Iñaki Angulo. El delirio del orate madridista alcanzó esta temporada el paroxismo cuando llegó Incluso a pedir el cese como entrenador del Madrid a técnicos de otros equipos; como cuando Xabi Alonso perdió en fase de eliminatoria de Champions.

Pero, oigan, para locos, los del Fútbol Club Barcelona. Ahí sí que no carbura fino ni el utillero. Fíjense si estarán mal de la chola que ahora les ha dado por vender palcos VIP que no existen. Jajá. Uy, qué risa, tía Felisa. Pobrecicos míos. Que ves el balance de cuentas que presentaron a la Liga y allí está la venta de palcos imaginarios, de la Torre Eiffel, del Tesoro de Sierra Madre y de naves en llamas más allá de Orión. Y con eso han inscrito a Dani Olmo. Bendita locura.

A los locos, ya se sabe, hay que darles la razón. Por eso Tebas y el CSD permiten que el Barcelona siga poniendo a Olmo en el campo a pesar de la notable irregularidad que eso supone. Que igual algunos pensamos que el Barça lleva cometidas al menos siete alineaciones indebidas desde enero, pero eso es porque estamos loquísimos, oiga. Producto de nuestra enferma imaginación, nada más.

— Esas siete alineaciones indebidas que dice usted… ¿están aquí con nosotros en esta habitación, en este momento? — nos pregunta el psiquiatra de guardia del CSD, justo antes de ponernos la camisa de fuerza.

La salud mental, en fin, brilla por su ausencia en el mundo del fútbol; pero si hay un club en el que los chiflados se han hecho con el timón definitivamente, ese es el Atlético de Madrid. El club del Metropolitano se ha convertido en el Pequod al mando del capitán Ahab, obsesionado con matar ballenas blancas, aunque eso le cueste irse a pique. “¡Muere, maldita ballena, desde la sima del Manzanares yo te apuñalo!”, grita el Cholo mientras se hunde agarrado a un arpón con pelo injertado. Pero el cetáceo puñetero sigue nadando tan campante.

Un usuario atlético de twitter/X, la red social con más lunáticos del universo, colgaba esta semana un mensaje asegurando que iba a cambiar de frutería porque en la suya “tienen una zona empapelada, literalmente, con posters de las Champions robadas por los vikingos”. Y remata: “eso me obliga a desplazarme en coche a otra (frutería) bastante alejada. Qué le vamos a hacer.” El drama de este aficionado, puede expresarse en forma poética:

 

Le he dicho a mi especialista

psiquiátrico esta mañana

que cambio de frutería

porque veo madridistas

entre peras y manzanas.

Y que incluso juraría

que me cabe la certeza

que acecha entre las cerezas

y los higos de Samoa

el tanto que de cabeza

marcó Ramos en Lisboa.

Veo a Bale en los melones

y las manzanas reinetas

haciéndome una peineta,

a Modric en los limones,

a Fede en las cebolletas.

Lo juro por Simeone

que he perdido la chaveta.

 

Siguiendo este hilo de perturbación mental, el grito de auxilio de este indio doliente fue secundado por cierta periodista atlética llamada Carmen Calvo, quien respondió en Twitter/X con esta perla:

“Hace tiempo que me ronda una idea en la cabeza #ConsumeSoloAtleti. Y me refiero a todo: pintores, electricistas, fontaneros, psicólogos, abogados, peluquería… A ver si alguien es capaz de crear una app.”

Estimada doña Carmen, yo de crear apps no tengo ni idea, pero puedo proponerle un nombre para la iniciativa: la Applética de Madrid. Por lo demás, la idea me parece fantástica. ¿Necesitas un pintor? Applética. ¿Un fontanero? Applética. ¿Un psicólogo (y, por Dios, que si se toma esto en serio lo necesita con urgencia)? Applética. Siempre que la usas, aparece en tu casa Gonzalo Miró en cuestión de minutos, que sabe de todo y goza de una inmaculada pureza de sangre rojiblanca.

Applética podría funcionar al modo de una especie de Siri india, que cubre todas tus necesidades:

— Applética, necesito a alguien que venga a solucionarme una plaga de zarigüeyas que tengo en casa, ¿está Juanfran disponible?

— No, hoy libra.

— Pues vaya palo.

— No pasa nada, te envío de inmediato a Simeone.

Y Simeone llega, se pone con lo de la plaga y, al cabo de dos horas, estás viviendo debajo de un puente porque, de algún modo, ahora las zarigüeyas tienen las escrituras de tu casa.

— Oiga, ¿no se supone que venía exterminarme la plaga?

— Lo siento, señora Carmen Calvo, no ha podido ser. Es una zarigüeya vikinga: juega sin defensas y siempre gana; pero hágase cargo de que se lo hemos hecho pasar fatal durante la mayor parte del tiempo. Aquí tiene la factura.

Y mejor que la pagues, porque si no Applética te envía a los chicos del Frente Atlético, momento en el cual la simple locura graciosa se torna en psicopatía. Así que mejor dejarlo correr.

Les deseo a todos ustedes una buena salud mental.

 

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Pues sí, al final tendremos clásico en la final de la Copa del Rey. Cualquier cosa que suceda será noticia. Algunos eventos ni cotizan en las casas de apuestas: ¿Silbarán los culés el himno nacional? ¿Sacarán tres amarillas a jugadores del centro del campo y banda izquierda del Real Madrid en los primeros veinte minutos? ¿Arbitrará de Burgos Bengoetxea? ¿Tal vez Soto Grado?

Interesantes semanas por delante, en las que ansiamos ver recuperando su mejor fútbol a Ceballos y rezamos por tener a un imprescindible Mendy en su versión más rocosa. Soñamos a Vini dejando atrás la melancolía (¿qué te pasa, Vini?), a Tchouameni adueñándose del medio centro y a Valverde recuperado del jetlag y dominando el campo desde la banda derecha.

No voy a defender el juego del equipo, pero sí al entrenador. Las veces que haga falta. Es lo mejor que le ha pasado al Real Madrid en un periodo que se suponía de transición, después de las salidas de Ramos, Varane, Casemiro, Cristiano, Benzema, Nacho y Kroos. Ancelotti nos ha seguido deparando títulos en plena transformación del once y del plan de juego.

Don Carlo, un líder prudente

Es verdad que nos falta un constructor, un organizador que maneje el tempo de los partidos. Todavía lloramos a Kroos, jugador irrepetible en el juego corto y en el largo. Cuando vimos a Asencio ponerle aquel balón a Mbappé contra el City, de repente nos dimos cuenta de lo raro que está siendo este año sin esos balones que desplazaba Kroos treinta, cuarenta metros, y que caían mansamente sobre el empeine amortiguador de Benzema o un metro delante de la carrera de Vini.

No voy a defender el juego del equipo, pero sí al entrenador. Las veces que haga falta. Es lo mejor que le ha pasado al Real

El Arsenal es el cuarto toro del año. Dejando el City a un lado, que este año no llegó a Vitorino, los tres primeros sí fueron ibéricos de divisa respetable: el Barça nos llenó de amargura dos noches de desconexión del juego y de anarquía. En la Supercopa de Arabia (de la que Piqué sigue pillando, aunque delante del juez ya no tiene ganas de reírse como en las llamadas con Rubiales) perdimos por empanamiento general después de los dos goles consecutivos del Barça antes del descanso y la puntilla nada más salir en el segundo tiempo. Con más de media hora por delante y 2-5, el equipo se rindió. Vimos un Real Madrid indolente, desconocido. Jamás vi algo igual, ni en el doloroso e histórico 2-6.

La segunda cornada nos vino en el Bernabéu en otro partido marciano (el de los siete fueras de juego de Mbappe), competido en una primera parte en la que debimos irnos al vestuario con ventaja, pero con otra desconexión inexplicable en la segunda, en la que encajamos los cuatro goles. Méritos del rival, desgana imperdonable de los nuestros.

El tercer toro del año fue el Atlético en Champions. Descarto los dos duelos de liga con el vecino de San Blas porque en ninguno hubo equidad. Sendas apariciones estelares del espíritu de Negreira impidieron dos victorias madridistas, con un penalti sobre Vini no señalado en el Metropolitano y con el delirante “pisotón” de Tchouameni en el Bernabéu sobre Lino, que resucitó para ir a buscar el balón y cuando este se alejó, el brasileño cayó desvanecido al césped, donde se mantuvo de nuevo agonizante hasta que el VAR prevaricó de la forma acostumbrada cuando el Real Madrid amenaza con decantar la competición.

Y llegará el Arsenal en medio de la Semana Santa y antes de la Feria de Abril. Otro día hablaremos de eso. Partido entre las torrijas y los toros en la Maestranza.

creo que ganaremos. Contra todo pronóstico, irracionalmente, tal vez con mal juego, frente a Lamine, Rafinha y Lewandowski; contra un árbitro prevaricador y un árbitro VAR tipo Trujillo Suárez emboscado en las sombras de la sala VOR

Será el último sábado de abril cuando jugaremos la final de la copa del Rey, ya sabiendo quiénes estarán en semifinales de la Champions y quiénes las verán por la tele. Siempre he sido pesimista con las finales. He tenido la fortuna de ver ganar las últimas nueve Champions y en todas ellas recuerdo haber tenido sensaciones muy negativas, excepto en la última, en la que a pesar del infame primer tiempo que hicimos contra el Dormund siempre confié. Misterios del espíritu.

Con la final de la Copa del Rey tengo un pálpito. Parece que no se puede verbalizar en voz alta sin temor, después de ver en qué ha convertido Flick al Barça. Pero creo que ganaremos. Contra todo pronóstico, irracionalmente, tal vez con mal juego, frente a Lamine, Rafinha y Lewandowski; contra un árbitro prevaricador y un árbitro VAR tipo Trujillo Suárez (Osasuna, Real Sociedad en el Bernabéu) emboscado en las sombras de la sala VOR de Las Rozas, con Óscar Lago al rescate por si hace falta esconder penalties, faltas, tarjetas sobre Vini. Porque es necesario, porque el club corrupto debe caer, porque debe restituirse el equilibrio en el cosmos. Porque el bien debe prevalecer sobre el mal, y sobre todo, porque Ancelotti se lo merece.

 

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La adolescencia y la primera juventud son terrenos propicios para el mito. En esos años de forja de la personalidad empieza a configurarse, por primera vez de una manera semiindependiente, un gusto más o menos propio. Es el instante en que las fascinaciones emergen con fuerza: estilos musicales, figuras con carisma, películas, libros e incluso corrientes artísticas comienzan a erigirse como elementos de identidad.

La influencia externa -antes los amigos, hoy las redes: siempre la tribu- se mezcla con una búsqueda interior que trata de definir quién eres y, más importante aún, quién aspiras a ser. Esto último a menudo jamás termina de averiguarse en un sentido pleno; de ahí que la estética constituya una aproximación que alivia parcialmente las incógnitas sobre uno mismo. Puede que uno nunca sepa con claridad lo que quiere ser en la vida, pero es más sencillo que adivine cómo quiere verse reconocido.

Gol Benzema Athletic

El fútbol no solo no escapa de la atracción estética como pilar identitario, sino que es una dimensión donde el fetichismo campa a sus anchas. Hasta la saciedad hemos hablado de esos clubes melancólicos que tiran a la basura sus exigencias y potencial, esclavos de un relato tan arquetípico como pretendidamente atractivo -creo que en la semifinal de Copa del Metropolitano se acaban de enfrentar dos irritantes ejemplos-. Pero el peligro del narcisismo decorativo no reside únicamente en la autocomplacencia castradora: el exceso de purismo también impide disfrutar de otros tipos de diversidad. Y esa reverencia al totemismo no alude solo a nuestra relación con el escudo de nuestro club: también condiciona nuestro acercamiento y alejamiento a determinados futbolistas. O, por decirlo de un modo más preciso, a determinadas formas de ser futbolista. Volviendo a la adolescencia, y para no seguir mareando al lector, hablaré de la mía. Mi primer año de universidad coincidió con la llegada al Madrid de Karim Benzema, quien, tras unos meses de duda, se convirtió en mi referencia de lo que tenía que ser un delantero de mi equipo.

Un equipo para Benzema

Ahora habrá quien lo niegue, pero Benzema fue muy discutido entre el madridismo. A pesar de su capacidad para hilvanar el juego, su incontestable labor de zapa para Ronaldo y sus, no hay que olvidarlo, goles y asistencias en momentos muy precisos, la sombra de la sospecha no lo abandonó hasta sus últimas temporadas. Demasiados fallos groseros. Demasiada abulia a la hora de pisar los terrenos que su dorsal le exigía. Demasiada tendencia a caer en posición antirreglamentaria. Demasiada delicadeza, incluso. Sus detractores nos acusaban a los incondicionales de estar ridículamente enamorados de la belleza que desprendían sus gestos técnicos, árboles –bonsáis, probablemente- que no nos dejaban ver el bosque de sus carencias.

Acaso Endrick esté llamado a constituirse como el nuevo modelo de delantero feroz, implacable, arrebatado y hasta voluptuoso que sirva de referencia para los adolescentes madridistas, para quienes la primorosa red combinativa de Benzema no sea ya más que un eco de otro tiempo

No negaré que su condición de diletante talentoso, perdido en contradicciones y monólogos interiores y un punto perezoso, conmovía especialmente a mi yo postadolescente. Karim resultaba insoportable para las personas íntegras que pueblan esta sociedad adicta al 24/7, pero esa actitud, casi contracultural, a mi juicio le aportaba un especial encanto. Cómo no perdonar un par de bostezos en el Villamarín o en Balaídos, a cambio de un taconazo en el Camp Nou o la jugada que demolió el Calderón. Mon semblable, mon frère. Pero es que, además, el destino le tenía preparada una coda grandiosa: marchado Cristiano, Benzema trascendió y asumió el liderazgo que muchos le reclamaban. Entonces el francés nos regaló cuatro o cinco años de nivel Balón de Oro, coronados con la mejor Copa de Europa de nuestras vidas. Y resumió su excepcional trayectoria con un improvisado corolario, exquisito en su simpleza y precisión -¡cuántas novelas se han olvidado por no tener un título a la altura!-: “Juego para la gente a la que le gusta el fútbol... Juego para la gente que sabe mucho de fútbol”.

4-0: El Madrid se gusta y nos gusta

Me concederán que tampoco hace falta ser un adolescente obsesionado por la estética para caer rendido ante semejante leyenda. Cómo un gigante así no iba a proyectar su sombra sobre los que vinieran detrás. No se me malinterprete: tampoco es que sus partidarios despreciásemos per se la alternativa de un nueve más clásico, fajador, de esos que rematan lavadoras. Un Joselu podía aceptarse, y de hecho lo apreciábamos. Como se aprecia una herramienta práctica, eficaz, utilísima. Incluso podemos llegar declamar encendidos poemas cuando esta se transforma en héroe inesperado; no obstante, admitamos que siempre desde una consideración secundaria. Injusto, quizá, mas los mitos de la adolescencia pesan demasiado.

Pensaba en todo esto mientras veía el otro día a Endrick en el césped del Bernabéu. A priori, sus cualidades no pueden divergir más de las de Karim. Su relación con el balón es voraz y violenta, en absoluto sutil. Tampoco muestra el altruismo de Benzema repartiendo el juego, homologable al de un padre con el pan en la mesa: nuestro favelero es tan egoísta que a los tres partidos se atrevió a tirar desde casi medio campo desbaratando un contragolpe de diecisiete atacantes contra un defensor. Por otro lado, sabe moverse en la ciénaga del otro fútbol: es capaz de devolver las artimañas de los centrales multiplicadas por diez; a diferencia de un Karim que, en esos trances, se encogía de hombros y trataba de engarzar las paredes en menos espacio.

Quién sabe qué nuevo icono ejemplar se estará formando en el imaginario futbolero de los chavales de ahora. Acaso Endrick esté llamado a constituirse como el nuevo modelo de delantero feroz, implacable, arrebatado y hasta voluptuoso que sirva de referencia para los adolescentes madridistas, para quienes la primorosa red combinativa de Benzema no sea ya más que un eco de otro tiempo. Leído así, una punzada aquejaría sin duda al jovencito que fui. Aunque he de reconocer que servidor también sintió un estremecimiento la noche del martes, cuando el niño, en dos maniobras tan directas como audaces, absolutamente ausentes de cualquier artificio o engaño, se fabricó una chilena rodeado de enemigos más altos. Otro estilo en otro molde, pero igualmente disfrutable. Quizá eso sea a lo que llaman madurar: el abrazo al eclecticismo al que la vida ya te empuja. Si es que en algún momento el hincha puede aspirar al utópico propósito de dejar de ser un perpetuo adolescente.

 

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Buenos días, amigos. Hoy tenemos que empezar por felicitar a muchos de nuestros amigos colchoneros, que están de enhorabuena. Anoche lograron que el rival para el Real Madrid en la final de la Copa del Rey sea aquel que más posibilidades tiene de derrotarle. Pensamos que era de lo que se trataba, ¿no?

Con esto no estamos diciendo que el Atleti se dejara ganar por el FC Barcelona. Al contrario, lo intentaron, pero eran intentos sin convencimiento, porque en el fondo de sus subconscientes no querían ganar, o no del todo. Sabían que quien de verdad tiene opciones de derrotar al Madrid en la final de Sevilla es el club cliente de Negreira, y lo primero es lo primero, es decir, asegurarse de que el Real Madrid no levante el título.

Este deseo casi subliminal les agarrotaba las piernas, de igual modo que hacía con las gargantas del respetable. Jamás hemos oído (es un decir) un Metropolitano tan callado. Por no escucharse, ni siquiera se escucharon gritos racistas contra Vinicius, que no jugaba allí ni entonces, pero ya sabemos que tampoco hace falta.

Es un fenómeno sociológico digno de estudio. Decenas de miles de personas queriendo que su equipo gane la semifinal pero al mismo tiempo no queriéndolo enteramente, puesto que confían más en su rival del día para derrotar en la final al verdadero enemigo, tan odiado. Cuando Sorloth la echó fuera, en la única ocasión digna de ser llamada así de la que disfrutaron los rojiblancos, se escuchó un ¡uy! generalizado, sí, pero también el amago de un suspiro de alivio en las masas.

Como veis, en la prensa deportiva madrileña reina un júbilo no disimulado porque habrá en la final de Copa uno de esos mal llamados clásicos. A lo mejor la prensa siente un íntimo alivio parecido al del Atleti, valga la redundancia. Ellos también quieren en la final a aquel oponente del Madrid que más daño pueda hacerle, y ese es el equipo cliente de Negreira.

Preguntado al final del partido el jugador colchonero Giménez, comentó que aún había que esperar al final de temporada para juzgar si la campaña rojiblanca había sido “buena o no tan buena”. Tiene toda la razón. Hasta que no se sepa si el Real Madrid gana algún título o no, no puede opinarse sobre qué tal ha sido la temporada del Atleti.

Por ejemplo, si el Madrid no gana nada y el Atleti queda cuarto en la liga, habrá sido una campaña excelente. Alguien podrá pensar que es un resultado final demasiado modesto después de haberte gastado 200 millones en fichajes, pero eso solo lo podrá decir uno de esos que no les pueden entender. En el objetivo de que los blancos no se proclamen campeones de nada, tampoco de la Copa, lo sucedido ayer es un buen paso, que es la razón por la cual hoy felicitamos a nuestros amigos del Wanda. Los azulgrana tienen más posibilidades de alzarse con el triunfo en la Cartuja el día 26 que ellos, así que todo bien.

Además, no perdamos de vista que, en los dos derbis ligueros acontecidos esta temporada, los hombres de Simeone han logrado arrancar dos empates al enemigo capitalino. Eso tiene que contar y mucho en la valoración final de los logros cholistas. Son dos empates que, a la larga, pueden hacer que el Madrid pierda la liga, así que mucho ojo con minusvalorar los resultados de la campaña. Recapitulemos: un Madrid sin más títulos, dos empates ante ellos y una cuarta plaza que garantice plaza en Champions. Si se cumple, ¿quién puede objetar nada?

200 millones en fichajes. El entrenador mejor pagado del mundo. Cada uno se pone sus metas. Si la meta institucional, sociológica y mediática del equipo del pueblo es la referida, aun con ese nivel de inversión, solo resta seguir felicitando a dicho equipo, al sector nazi de su afición, al sector no nazi de su afición, a la prensa afín (que no rechistará) y a sus fraudulentos dueños, que se apropiaron indebidamente del club.

¡Enhorabuena! Aunque conviene esperar. Es una enhorabuena provisional porque ¿y si al Madrid le da por ganar algo gordo?

Ay.

La prensa cataculé se muestra como veis ufana ante la perspectiva cierta de un nuevo mal llamado clásico, que esta vez además dirimirá de manera directa un título importante (más importante en todo caso que la Supercopa de España y Arabia). Fotos de euforia entre Fermín, Lamine y otros nombres en miniatura. Nos extraña que no hayan incluido en las fotos a Musso, verdadero protagonista del triunfo de ayer, segundo portero rojiblanco que a estas horas, según nos informan, aún no ha salido de su portería para tratar de atajar la incursión de Ferran. ¿Existe costumbre más lesiva para los resultados de los equipos que la concesión caritativa de poner al “portero de Copa” cuando tienes otro que es infinitamente mejor?

Tan contentos están los culés que hasta se atreven a incluir en sus primeras planas -bien es cierto que en pequeñito- los problemas relativos a la inscripción gubernativa de Olmo, frente a la que sigue sin rendirse la Liga. Laporta ha salido al paso y, con un canapé en las fauces, ha arremetido contra Franco, acusándolo de no aceptar de buen grado las victorias blaugranas sobre el césped. Todo esto es un desperdicio de saliva. No vale la pena hablar de un asunto cuya suerte está echada. Olmo va a jugar en el Barça sin ninguna consecuencia negativa para ninguno de los dos, porque así lo quiere el gobierno español, dado que Olmo y el Barça son de interés nacional. ¿De qué nación? Eso ya no lo sabemos.

Pasad un buen día, y no dejéis de felicitar a cuantos colchoneros os encontréis hoy en el ascensor.

No me resulta tarea sencilla hallar las palabras adecuadas en el amplio diccionario español para expresar como merece el hastío que me produce desde hace tiempo este mal llamado deporte que es el fútbol español.

Aburre a los que llevamos ayunando de justicia desde que tenemos uso de razón por imposición absolutista de los dirigentes del fútbol patrio y ofusca doblemente a los que fuimos dotados de la fortuna de convertir al Real Madrid en nuestra religión deportiva, condenados, imagino, hasta la eternidad a contemplar a nuestro equipo atado a una roca mientras los buitres que pueblan nuestro deporte rey luchan entre sí por picar, aunque sea una migaja, de unas entrañas que sentimos nuestras. ¿El pecado del club? Mostrar al resto de equipos, aficionados y periodistas el fuego que ilumina el pozo de inmundicia que es el fútbol español y los estamentos que lo componen y lo sostienen.

¿El pecado del Madrid? Mostrar al resto de equipos, aficionados y periodistas el fuego que ilumina el pozo de inmundicia que es el fútbol español y los estamentos que lo componen y lo sostienen

Desde la personación del Real Madrid en el caso Negreira y su carta a la federación clamando contra los arbitrajes maliciosamente perpetrados contra los blancos, el equipo no ha dejado de sufrir los furibundos envites del resto del país (fuera de él aún gozamos de la admiración que despierta un equipo de nuestra grandeza), recibiendo una lluvia de críticas injustificadas por acciones o inacciones que ni siquiera son atribuibles hacia nuestro club.

Como en la película de Bryan Singer, contamos con una lista de sospechosos habituales que llevan años destrozando lo poco que queda de este deporte pero, al contrario de lo ocurre en el film de los noventa, aquí no hay giro final ni trampa ni cartón.

En el fútbol español no existe un Verbal Kint oculto tras la sombra ficticia de Keyser Söze. No hay necesidad. El Barcelona ya no se molesta en tratar de engañar a nadie con sus fechorías, pues sabe que cuenta con el beneplácito del resto de sospechosos que actúan en calidad de cómplices permitiéndoles campar a sus anchas por el fútbol español cometiendo cuántas ilegalidades se le antojen en cada momento a su presidente Joan Laporta.

La última conocida ha sido la falsa palanca que permitió inscribir diez días fuera de plazo a Dani Olmo y Pau Víctor tras ser rechazada por liga y federación pero aceptada por el CSD tras el recurso presentado por el club blaugrana. De los supuestos 100 millones de euros que había obtenido el club negreiro por la venta de los palcos VIP a empresas de dudosa procedencia, sólo aparecieron 58. El propio Barcelona ya ha borrado la operación de sus registros oficiales y, como con este club lo que hay que aplicar es la presunción de culpabilidad, no deberíamos extrañarnos si en las próximas semanas nos enteramos de que dicho dinero vuelve a su lugar de origen (el empresario moldavo Ruslan Bîrladeanu) convirtiéndose en lo que muchos sospechamos que no es más que un préstamo encubierto.

El Barcelona ya no se molesta en tratar de engañar a nadie con sus fechorías, pues sabe que cuenta con el beneplácito del resto de sospechosos que actúan en calidad de cómplices

El concepto de préstamo encubierto es en sí otro sospechoso habitual, pues el que realizó en 2022 “comprando” el 24,5% de Barça Estudios por otros 100 millones de euros permitió la inscripción de jugadores como Lewandowski, Koundé, Raphinha, Pablo Torre, Christensen, Bellerín o Marcos Alonso, varios de ellos clave en la consecución de la liga ganada en 2023. La realidad, revelada un año más tarde por un risueño Roures, fue que él sólo puso 10 millones que además recuperó posteriormente, como se le escapó a Laporta en una de sus múltiples metidas de pata con micrófono delante. En un país sano, cualquiera de estos dos préstamos encubiertos hubieran supuesto la descalificación del Barcelona de la competición. En España, aún se aplaude aquella liga del Negreira y se aplaudirá con más ganas la liga que ganarán de nuevo este año con gol de Dani Olmo. Lejos de preguntarse si el Barcelona o el propio Olmo deberían estar participando, alabarán el juego de Flick y criticarán la desidia del Madrid por no haber competido correctamente este fraude de competición mientras el presidente de la misma, Javier Tebas, lejos de impartir justicia, se ensañará con Ancelotti por su política de rotaciones.

El mal endémico que asola a este país va desde el periodismo hasta el propio Gobierno, pasando por los Carlos Martínez, Maldinis y demás personajes que tan bien conocerán ya ustedes y que, en lugar de dedicarse a la profesión que supuestamente ocupan e investigar e informar de cada trasgresión que realiza el club blaugrana, se limitan a omitir detalles, y endulzar la imagen del equipo barcelonés alabando cualquier aspecto del juego y evitando proferir crítica alguna hacia dicho club, ya que las reprobaciones están reservadas para el club que habita en Concha Espina, constituyendo desde hace tiempo y desde la mayor parte de los medios de comunicación un equipo de opinión sincronizada dedicado exclusivamente a la divulgación del manido relato.

No es cuestión de meter en esta ecuación al arbitraje, pues al fin y al cabo el CTA se limita a defender los intereses de su pagador, y desde La Galerna comprendemos perfectamente cómo funciona la relación comercial de obras y servicios entre pagador y pagado.

Sin embargo, sí que resulta exasperante que incluso cuando todas las demás patas fallen aparezca la figura de un Gobierno que nunca ha permitido que el Barcelona caiga. Desde el “fichaje” del exdirectivo Soler como presidente del CSD para modificar la Ley del Deporte que evitara la condena del Barcelona por el caso Negreira que se avecinaba, prescripción de 3 años mediante, hasta la inestimable ayuda recibida hace escasos meses para permitir una inscripción a todas luces ilegal y rechazada incluso por RFEF y Liga. Hasta en el Gobierno parece existir una consigna para permitir que el club blaugrana pueda saltarse las leyes, evitar las consecuencias y esquivar las sanciones.

Lejos de generar esto inquina en el resto de equipos (salvo honrosas excepciones como Athletic y Sevilla), el resto de clubes parecen haber abrazado el relato en cuerpo y alma y aceptado su sino, sabedores quizás de que si un día sufren algún contratiempo ante el Barcelona y no hacen público su malestar, otro día serán recompensados y el río retornará a su cauce. Lo comido por lo servido.

Maestro experimentado de esto es Alguacil, otro sospechoso habitual que además vive con la esperanza de entrenar al club negreiro algún día. Independientemente de que me cuesta hacerme a la idea de que siga existiendo gente que siga siendo culé o simplemente teniendo simpatía por dicho club después de saberse todo lo que se sabe acerca de ellos, estaría bien no verse cegado por los colores a la hora de establecer un juicio arbitral sobre lo sucedido en un partido en el que el equipo más perjudicado fue claramente el rival. Comparar un fuera de juego posicional e interpretable en una jugada previa a la jugada que acabó en gol con todas las patadas que recibió Vini sin generar amarillas, la salvaje entrada de Olasagasti que no acabó en roja o el penalti no pitado por manotazo a la cara a Bellingham me parece una barbaridad incluso para culé consumado.

Sin embargo, Imanol lo suelta porque sabe cómo funciona este país y esta sociedad. Sabe que el relato ha calado y que el Barcelona ya ha ganado. Ha ganado porque, como narra Verbal en el epílogo de Sospechosos habituales: “el mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía”. El Barcelona respira tranquilo ante una sociedad anestesiada por el relato porque sabe que, haga lo que haga, no le importará a nadie. Sólo a nosotros.

 

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