Cada vez me gustan más el flamenco y la tauromaquia y menos el fútbol. En aquellos hay más verdad y en el fútbol, más mentira. Las tardes en las que pierde el Madrid son, como todas las del fútbol, tumultuarias y, sin embargo, la soledad del hincha es tan individual… Lo último, la decisión del Consejo Superior de Deportes de legitimar la trampa de Laporta con las cuentas e inscribir así a Dani Olmo en las competiciones nacionales, no hace sino subrayar la abyección general en la que vive la España pública. La adulteración del fútbol español prolongada durante décadas por parte del Barcelona y la corrupción del Comité Técnico Arbitral están siendo investigadas todavía por un juzgado: de la de esta temporada, con el cachondeo del juego limpio financiero, es evidente para todo el mundo, como tantas y tantas cosas que, sin embargo, se pasan por alto para seguir viviendo como si no ocurrieran.
Si al Madrid lo echaron de la Copa en 2016 por alinear indebidamente a Chéryshev, ¿qué habría que hacer con el actual líder de la liga y más que probable campeón, en cuya nómina hay un puñado de titulares imprescindibles para desarrollar su juego, que juegan con licencias que son un insulto a la inteligencia y al concepto de igualdad ante la norma, y que además cobran su sueldo, al parecer, en billetes del Monopoly?
Durante años hemos tenido que aguantar la insoportable bajeza de “el Madrid, el equipo del Gobierno”. Ahora que es el Gobierno socialista de Pedro Sánchez el que interviene como Júpiter, directamente con el dedo desde las alturas olímpicas, para favorecer por enésima vez al barcelo-catalanismo, también debemos aguantar sus lloros. En su mejor tradición, en Can Barça se han apropiado también del “contra todo y contra todos” para, con el descaro que ya es tradición allí, sacar pecho de su buen hacer en una teórica inferioridad de condiciones que sólo existe en algunas mentes de ese delirante manicomio a cielo abierto que es la Cataluña moderna, una tierra con una apabullante densidad de población de sinvergüenzas y caraduras. Su proverbial habilidad para fabricar humo la están elevando hasta la categoría de arte en esta temporada: un club con cuentas ficticias en el camino de otro triplete, sujeto por el establishment para que no se caiga mientras vocea a los cuatro vientos que, como Catalunya, son el pueblo eternamente perseguido.
En un país, España, que lleva más de un siglo secuestrado políticamente por esa minoría hiperlegitimada, ni siquiera se puede alzar la voz contra ello en los medios de comunicación públicos: ¡hasta RTVE es una plataforma del PSC! Es una operación masiva de luz de gas. Nos han convencido a todos los españoles de que lo que vemos no es la realidad. De tal modo camina el país, como un sonámbulo, entretenido con fruslerías mientras los cuarenta ladrones de Alí Babá se llevan hasta la cueva.
Un club con cuentas ficticias en el camino de otro triplete, sujeto por el establishment para que no se caiga mientras vocea a los cuatro vientos que, como Catalunya, son el pueblo eternamente perseguido
A todo esto, el Real Madrid, quien debería abanderar la reacción encolerizada ante semejante tsunami de porquería que lo gobierna todo, permanece mudo. Ni está, ni se le espera, y eso que la idea que subyace bajo la trampa y falseamiento de todos los estamentos futbolísticos en España es, simple y llanamente, la del antimadridismo. En la misma semana en la que el CSD se pronunció, el palco del Bernabéu aparecía lleno de ministros de este Gobierno de progreso. ¿Qué, entonces? Nada, claro. El silencio del Madrid otorga carta de naturaleza a los insidiosos, quienes obtienen un botín doble: pasarle la mano por la cara al enemigo secular, la Bestia Antigua de las Sagradas Escrituras y, además, refocilarse de la mansedumbre con la que acepta el castigo.
Es una situación aún peor que la previa a la explosión mourinhista. Pues lo que entonces sólo eran hipótesis, hoy son certezas. Las Copas de Europa que se han ido ganando en estos años proyectan al club hacia el infinito y lo engrandecen aún más fuera de España. Aquí, en la charca nacional, es la omisión del deber de la denuncia la que lo degrada y asoma al Madrid a un abismo.
El madridista de a pie, entre tanto, está en un calabosito oscuro, como en la seguiriya que cantaba Camarón: con la esperanza perdía de cumplir el arresto. Cumpliendo con esta mentira de liga se pasan los fines de semana, encanallados con las consecuencias de la mala planificación deportiva que se hizo en verano, patentes sobre todo en los dos laterales y en la ausencia casi total de creatividad en el medio campo. Se ha llegado a la final de Copa, lo cual es un alborozo. Pero en el horizonte, flotando sobre el Guadalquivir, a su paso por la isla de la Cartuja, está el tempor, imposible de alejar, de que aquella sea una encerrona perfecta: el ensayo general de un aquelarre político-deportivo que simule la rendición simbólica de España mediante un festejo en el que el toro sea el Madrid, los bomberos-toreros, los monaguillos de La Masía y la copa la entregue Puigdemont por Zoom.
Peores cosas tendremos que ver, todavía.
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A estas alturas de la película resulta más que evidente afirmar que el VAR es una herramienta imperfecta. No la tecnología en sí misma, sino la intervención humana a la hora de manejarla. Un aspecto novedoso en su día que nació con la honorable pretensión de mejorar la justicia en este deporte solo lo ha conseguido en ciertos detalles, al menos en mi modesta opinión. Como cualquier sistema, siempre existe la necesidad de evolucionarlo y mejorarlo hasta alcanzar un nivel lo suficientemente elevado como para contentar a la mayoría de los actores involucrados en este negocio llamado futbol, desde clubs, entrenadores, directivos, jugadores o aficionados, hasta periodistas y sesudos analistas, sin olvidar, naturalmente, a los propios árbitros. Y decimos mayoría porque, queramos o no, siempre quedará un grupo de irreductibles galos que se opondrán y resistirán ante todo lo que tenga que ver con la evolución en este juego.
Desde hace años he venido pensando que quizá el fútbol debería fijarse en el modelo del deporte americano a la hora de implantar ciertas mejoras, no en reglamento, aunque sí en el videoarbitraje. Intentaré en las próximas líneas explicar algunos aspectos a tener en cuenta, poniendo como modelo principal la NBA, la competición que mejor conozco de entre las grandes ligas profesionales de Norteamérica.
1.- Coach challenge. Tendría como traducción algo así como “desafío del entrenador”. Desde que la NBA implantó la revisión de ciertas jugadas en 2019, este ha sido el principal elemento transgresor a todo lo reinante anteriormente. Un equipo (el entrenador como portavoz e impulsor) puede desafiar una decisión de los oficiales. Y esto es algo a tener muy en cuenta, no se trata de una “no decisión”. Por aclarar, se puede desafiar una falta señalada, no una no señalada. Si se implantara en el fútbol, por poner un ejemplo muy claro, el Real Madrid no habría podido pedir la revisión del más que evidente penalti a Vinicius en Pamplona este año, porque el árbitro no pitó nada. Sin embargo, el Leganés sí habría podido solicitar la revisión del penalti que pitaron en su contra en el Santiago Bernabéu el día 29 de marzo. Por lo tanto, yo abogaría por su existencia en ambos casos.
2.- Comunicación con el público. En la NBA y en la NFL tenemos la imagen muy presente del jefe de los oficiales dirigiéndose a los espectadores (tanto presentes como televidentes) micrófono en solapa, para explicar una decisión tomada después de una revisión exhaustiva. Esto mejoraría mucho la impresión que la gente tiene del estamento arbitral, en especial cuando explicaran el enrevesado reglamento relativo a los penaltis por mano. Ni que decir tiene que existirían detractores furibundos a esta práctica, panenkitas irredentos que desearían que las porterías volvieran a los postes rectangulares de madera y que el fútbol se disputara como en 1880.
3.- Este no es un aspecto puramente relativo al videoarbitraje, pero viene también bastante al caso. En la actualidad, los árbitros adscritos a un colegio autonómico no pueden por ley dirigir partidos donde intervenga un equipo de su misma autonomía. En la NBA este absurdo se eliminó hace mucho tiempo. Un oficial nacido en Boston tiene la potestad de dirigir a los Boston Celtics sin ningún problema. Supongo que las suspicacias están interiorizadas de tal manera que resulta imposible eliminarlas.
Desde hace años he venido pensando que quizá el fútbol debería fijarse en el modelo del deporte americano a la hora de implantar ciertas mejoras, no en reglamento, aunque sí en el videoarbitraje
En resumen, no me considero más que un aficionado raso, alguien que con el tiempo ha ido perdiendo interés en este deporte a pasos agigantados porque no me gusta en lo que se está convirtiendo. Sin embargo, opino que la implantación de estas medidas ayudaría sobremanera a que la inalcanzable justicia absoluta fuera un poco menos inalcanzable. Y, lo que es más importante, abogaría por darle mucha más responsabilidad al equipo de colegiados de campo, y que los de VAR fueran más apoyo y menos fiscalizadores de su cometido. Es decir, dejar a las máquinas que determinen las jugadas de línea de gol y fuera de juego semiautomático, y que el árbitro de campo ejerciera su labor como antaño, siendo asistido solo en los desafíos de entrenador de los que hablamos antes. ¿Utopía? No necesariamente. Un amigo exárbitro que conoce muy bien los intríngulis del video arbitraje en España nos ofrece su particular versión de los hechos, y en qué situación se en encuentra el VAR en la actualidad con respecto a los puntos tratados:
1.- Coach challenge. El Protocolo del VAR impide actualmente las solicitudes de los entrenadores. Como todas las jugadas se chequean por un árbitro de VAR, no se pensó en que fuera necesario. Es más, el propio protocolo indica que: "Dado que los VAR chequean automáticamente todas las situaciones o decisiones, no es necesario que los entrenadores o jugadores soliciten una revisión”. Sin embargo, FIFA está ahora probando una modalidad de VAR light, o VAR para competiciones con bajos presupuestos, donde no se crea un gran infraestructura y es el árbitro el que realiza las revisiones en el monitor a pie de campo a petición de los entrenadores, que tendrían dos solicitudes "challenges" por partido. Si el entrenador solicita una revisión y el árbitro cambia su decisión, mantendría la solicitud, y la perdería en caso contrario, como se hace en tenis. Esta tecnología se llama Football Video Support (FVS) y ya ha sido probada en la Copa del Mundo Femenina Sub-17 en República Dominicana, en el otoño del año pasado. En España, se está estudiando en estos momentos la posibilidad de incorporarlo en Primera División Femenina.
2.- Comunicación con el público. FIFA ya ha probado el uso de micrófonos conectados con la megafonía del estadio para que el árbitro, al finalizar una revisión en el monitor a pie de campo, comunique la decisión que ha tomado. Ya se ha utilizado en la Copa del Mundo Femenina en Australia y Nueva Zelanda de 2023 y algunos países lo están implementando: en Portugal y EE.UU empezaron en verano de 2024, Inglaterra y Alemania han comenzado hace un par de meses, aunque no en todos los partidos. Probablemente el CTA lo incorpore la temporada que viene si todos los estadios son capaces de retransmitir el sonido.
3.- No territorialidad. El CTA lleva reclamando esto desde hace muchos años, pero los equipos no hacen más que fijarse en el comité de origen de los árbitros. En 2019 se eliminó de las designaciones públicas el comité de origen, puesto que se supone que son todos "nacionales" y pertenecen a la RFEF, pero aun así los clubs siguen en sus trece.
Ya como conclusión final, podemos afirmar que los errores seguirán cometiéndose, no existirá una justicia absoluta, y las suspicacias persistirán mientras el fútbol levante las pasiones que siempre ha levantado. Sin embargo, es labor de todos el cambiar a todos los niveles la percepción de que no se puede mejorar. ¿Es la americanización del fútbol la solución? Quizá el tiempo nos resuelva esta disyuntiva pronto.
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No puedes hacer cambios tan importantes en el sistema de juego de un equipo, como la salida de Kroos (por quien pasaban todos los balones en fase ofensiva), y la llegada de Mbappé (para completar la delantera), y esperar que el talento de los jugadores solucione todos los problemas que surjan al llevar a la práctica un nuevo sistema de juego, integrado por nuevos jugadores.
Es decir, si pasas de un sistema 4-4-2, en el que Kroos baja a la posición de central izquierdo a recibir la pelota para desde ahí decidir por dónde va a discurrir la jugada en función de las posiciones y los movimientos de sus compañeros, a un sistema en el que esa figura no existe, tienes que articular una solución distinta en el inicio de la fase ofensiva. No puedes confiar que entre la defensa y la nueva línea de centrocampistas se vayan a organizar, sin necesidad de intervención externa.
De la misma forma, si pasas de un sistema 4-4-2, en el que Vinícius y Rodrygo son los delanteros y Bellingham el media punta que llega desde segunda línea y da equilibrio en defensa tapando la banda izquierda, a un 4-3-3, en el que Bellingham se ocupa prioritariamente de labores de salida de balón y defensa, más que de llegar al área porque ya está ocupada por Mbappé, tienes que idear una forma de hacer llegar el balón desde los centrocampistas a los delanteros. No puedes fiarlo todo a una jugada individual o a un momento de inspiración de un jugador concreto.
El cambio en el sistema es tan abismal que no se puede dejar al libre albedrío para que alcance el equilibrio por sí mismo. La autorregulación no funciona en este caso ni al corto ni al medio plazo. Quizás a largo plazo, cuando los jugadores se conozcan a la perfección, sea distinto. Pero entre tanto se habrán perdido muchos partidos, títulos, prestigio, confianza, dinero, etc.
Para poder entenderlo tenemos que apoyarnos en la teoría matemática del Equilibrio de John Nash, a quién muchos recordarán de la película "Una mente maravillosa", interpretada magistralmente por Russell Crowe, por la que recibió un Óscar.
Dicha teoría demuestra matemáticamente aquella frase mítica de Alfredo di Stéfano, "ningún jugador es tan bueno como todos juntos", al comparar al equipo con el mecanismo de un reloj, en el que todas las piezas tienen un cometido, y si alguna falla, el sistema se desequilibra y deja de funcionar.
John Nash explica que, para que un sistema funcione, todos los integrantes del mismo deben pensar en su beneficio propio, pero también en beneficio del conjunto. Eso aplicado al fútbol se traduce en que Bellingham o Mbappé (por decir dos nombres al azar) deben querer destacar individualmente, y a la vez destacar apoyándose en la táctica común del equipo.
Si cada jugador toma sus decisiones en función de lo que hagan los demás, entonces el sistema está equilibrado. Si cada jugador toma decisiones egoístas, el sistema se desequilibra.
Los objetivos individuales de cada jugador son:
El objetivo común del equipo es ganar, marcando el máximo de goles, recibiendo el mínimo de goles.
En un equipo equilibrado, según Nash, un jugador se sacrifica por el resto, para ganar, poniendo su objetivo individual al servicio del objetivo colectivo. Y al contrario, un equipo está desequilibrado cuando uno o varios jugadores actúan egoístamente.
Por ejemplo, en una transición ofensiva, el equilibrio de Nash se da cuando cada jugador piensa en los movimientos del resto para maximizar la opción de marcar gol. Si algún jugador actúa sin tener en cuenta los movimientos del resto, hay desequilibrio.
Si cada jugador toma sus decisiones en función de lo que hagan los demás, entonces el sistema está equilibrado. Si cada jugador toma decisiones egoístas, el sistema se desequilibra
En una presión, hay desequilibrio si hay un jugador se precipita en un salto defensivo, generando espacios libres a su espalda, o liberando a rivales. También hay desequilibrio cuando la presión no se hace conjuntamente.
En un ataque, se rompe el equilibrio, por ejemplo, cuando dos jugadores se desmarcan hacia la misma zona del campo, pisándose la jugada y arrastrando sus marcas al mismo lugar, acumulando rivales y haciendo más difícil el ataque.
El equilibrio como equipo se alcanza en el momento que todos se coordinan, adaptándose al sistema, cumpliendo su función colectiva en cada fase de juego. Por ejemplo:
En ataque:
En salida de balón:
En contraataque:
El sistema colapsa cuando no se respeta el equilibrio de Nash, porque hay comportamientos individuales que rompen la coordinación como equipo:
Mucha gente piensa que el Madrid nunca ha necesitado cumplir esta teoría para ganar. Esto es parcialmente cierto, pues aunque no lo pareciera antes había una coordinación ejercida desde el campo por jugadores excepcionales que llevaban jugando juntos, de manera muy parecida, durante una década, y eso genera sinergias y coordinación.
Esas sinergias todavía no se han creado a estas alturas de la temporada. Y todos sabemos quién es el responsable principal de que esto no haya ocurrido, y que por tanto el Madrid esté jugando mal desde un punto de vista táctico, obteniendo peores resultados de los esperados.
Nota: aunque este análisis se ha centrado en la falta de coordinación entre líneas y jugadores, han de tenerse en cuenta también como otra variable importante que afecta al juego las lesiones sobrevenidas, sobre todo en la línea defensiva, así como la falta de sustitutos de garantías en esa demarcación al no haberse producido fichajes. Lo que ha impedido la continuidad en la utilización de los mismos jugadores, imposibilitando una mejoría en la faceta defensiva del equipo.
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Buenos días, amigos. El Barça se toca, Sport se toca, Marca se toca, el Atleti se toca (en ocasiones, dos veces), todo el mundo se toca, de uno u otro modo. Y todo el mundo orbita en torno al Madrid, bien por amor, bien por odio, bien simultaneando ambos sentimientos.
Sport se toca por el hecho de que el Madrid está tocado. Es natural, la biblia del victimismo culé encuentra mayor placer cuando el Madrid gana que cuando quien vence es su equipo. Es parte de la idiosincrasia del FC Barcelona, lo explica Tomás Guasch con la maestría habitual en su «Mira, chato» de hoy.
Ver jugar últimamente al Madrid es tan divertido como asistir en directo a la reproducción del guisante lágrima, para llorar, los resultados blancos en liga son insatisfactorios (el mal juego no es la única causa), es innegable, y necesita mejorar en numerosos ámbitos. El Barça, por el contrario, está desplegando un juego avasallador, ha desarrollado una química con la competición ciertamente efectiva, los que realmente saben de fútbol dan por descontado que ganará todo (del mismo modo que lo hicieron incluso en la etapa de Xavi). Sin embargo, el Madrid se encuentra apenas a una victoria y un empate de distancia. Vaya, por lo que se lee, pareciera como si los de Flick aventajaran en 18 puntos, al menos, a los del negligente Ancelotti.
Precisamente el técnico culé ilustra el faldón sportiano: «Flick calmó los ánimos de un vestuario indignado. Frenó a los suyos, muy molestos con el árbitro del Barça-Betis». Quizá los blaugranas se encuentren tan enojados con el colegiado porque no relejó la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad en el acta. Y no es la primera vez que un árbitro no plasma en el acta lo ocurrido.
Vinícius, perdón, Raphinha perdió los papeles durante el partido, se encaró con el asistente, lo insultó, al acabar el partido siguió erre que erre con el trío arbitral, se marchó al vestuario sulfurado hasta tal punto que empujó a su capitán Ter Stegen. El brasileño se comportó como cuando te tomas cinco litros de Red Bull. Gil Manzano no recogió los hechos en el acta, por lo que sea, probablemente porque se le olvidó, tened en cuenta que un colegiado de primera división tiene muchas cosas en la cabeza. Y además también han de organizar su vida personal, quizá simultaneó la redacción del acta con la confección de la lista de la compra y se le fue el santo al cielo.
Seguramente, aquel día que pitó el final del partido contra el Valencia cuando el balón rematado por Bellingham se dirigía a gol (¿tenía prisa por hacer la compra y quería irse antes de acabar el partido para evitar los habituales atascos?), y acto seguido expulsó al inglés por recriminarle semejante boludez tenía menos tareas pendientes y sí recogió en el acta la apreciación, que no insulto, de Jude. Marca, vaya a saber usted por qué, ha tratado ambas situaciones de manera diferente.
Marca también se toca, aunque no en su portada, sino de puertas adentro. Se toca con el Atleti. A tenor de la reacción de los chicos de Gallardo, los rojiblancos al fin ganaron la Champions.
Mama, Chicho me toca. Ay.
As ilustra su frontispicio con una foto de Mbappé envejecido con inteligencia artificial. Ah no, perdón, es Hulio Batista, que afirma que Kylian puede ser el factor X en la eliminatoria contra el Arsenal. «Batista habla del duelo entre dos exequipos y ve decisivo al francés. El Arsenal es un rival superpeligroso», recoge As.
Queremos ponderar la correcta grafía tanto de «exequipo» como de «superpeligroso». Es poco habitual encontrar a alguien que escriba bien los prefijos, lo acostumbrado en estos casos habría sido leer «ex equipo» y «súper peligroso», o incluso con un guion en medio.
As también dedica un espacio, el ático, para el equipo que alberga neonazis: «El Atleti se agarra —¿sinónimo de “se toca”?— a la liga». Barrios logró el gol de la victoria en el 93 y Julián Álvarez marcó un penalti con un solo toque. Creemos que Cerezo y Gil Marín deberían subirle el sueldo al Cholo al menos tres millones de euros al año después de semejante hazaña.
Mundo Deportivo elige para su portada a dos futbolistas azulgranas: Gavi y De Jong. La palabra que utilizan para definir al sevillano es «espíritu». Con Gavi siempre se revienta el eufemiómetro, porque los medios regados no pueden calificar honestamente al violento jugador del Barça. Con Frenkie lo que ocurre es que la prensa ha sido cómplice cuando el Barcelona le ha hecho mobbing porque le interesaba que se fuera. Y ahora se refieren a él con «compromiso».
El diario de Godó, grande de España, también se toca, en los bajos: «El Atleti gana en el descuento y está a 3 puntos del Madrid». Si no meten al Madrid en la ecuación no hallan placer. Es un fenómeno psiquiátrico muy interesante.
En los bajos del periódico también podemos leer la buena noticia de ayer: el nuevo triunfo en baloncesto del Madrid frente al Barça. Y van ocho seguidos. Eso sí que da placer, y no que tu filial venza en el descuento y se acerque al equipo que te obsesiona.
El Barça se toca, Marca se toca, Sport se toca, todos se tocan, pero quien acaba triunfando y rematando la faena de verdad suele ser el Madrid. Los títulos están ahí, y esos sí que se pueden tocar. Mikel Merino lo sabe: «Si te descuidas un segundo, te la lían». Y sin descuidarte, Mikel, y sin descuidarte.
Marca ya sabe que el próximo penalti será para Mbappé. A lo mejor así el respetable ahorra en pitos, y quizá en flautas. Tal vez haya que tocarse más y pitar menos.
El tema de los penaltis y el Madrid es curioso, no logra encontrar un lanzador fiable y sin embargo cuando de verdad toca, en Champions, siempre que llega a ellos vence.
Pasad un buen día.
¿Finales con el Barça? O con cualquiera…
Desde que se confirmó que la final de Copa será la que será, he escuchado y leído que el Barça es dos cosas: favorito o favoritísimo. Y que también lo será en el partido de Liga pendiente. Y en la final europea si se produce: muy bien.
Eso sería una final doble, por cierto: el Madrid jugaría otra de la Copa de Europa y el Barça, la de la Champions. Lo parece, pero no son lo mismo. La última presencia azulgrana se remonta a 2015. Si sucede, el mundo y La Galerna les felicitará muy cordialmente: ya les va tocando.
Esa posible sucesión de clásicos ha propiciado una consigna/certeza según la cual al Madrid no le llega la camisa al cuerpo si se pone a pensarlo. ¡Europa! Que lo mejor para él sería caer dignamente ante el Arsenal.
Y si se empecina en cargárselo, ante el ganador del City-Emery en semifinales. Una derrota ante el Barça en la finalísima —ya le dan por clasificado— sería terrible. Dos, el caos. Tres, el acabose. Estamos cerca de escuchar que podría suponer incluso la desaparición del Madrid.
No comparto la consigna. Veamos. Perder uno de esos partidos escuece muchísimo. El escozor puede contarlo muy bien el Barcelona de baloncesto, ocho partidos seguidos lleva palmando con el Madrid tras el 89-91 de anoche. Sí: debe ser muy desagradable.
En su vida el Madrid salvó una temporada por ganarle un título al Barça
Volviendo al fútbol, puedo admitir que si usted se jugara diez pavos hoy lo hiciera a favor de los azulgrana en los partidos seguros y en el posible. Usted y su dinero son soberanos y no es pecado madridista admitir que el eterno rival está mejor hora. Y la pela es muy conservadora.
Lo que me extraña es que mucho madridista entra a ese trapo, sobre todo el europeo: ¡cualquier cosa menos perder contra ‘esos’ la final de Múnich! ¿En serio? No entiendo como un madridista puede comprar eso: debe ser gente, sí, muy del Madrid… que no ha visitado su sala de trofeos.
No, oigan. El reto del Madrid es otro. Y seguirá siendo el mismo gane alguno, ninguno o todos los títulos que le quedan por ventilar: cuatro con el Mundial de Clubes. Ni ganándolos todos podrá burlar su desafío verdadero que es remodelar el equipo con vistas a la próxima temporada.
Esa es la cuestión. En su vida el Madrid salvó una temporada por ganarle un título al Barça. Uno o 300. Fueron tres la pasada temporada, por cierto: Supercopa, Liga y Champions. ¿Y qué pasó? Que al día siguiente de ganarle al Dortmund —2 de junio concretamente— el pueblo gritaba ¡la 16, ahora a por la 16! Nadie habló del finalista.
Comprendo la ilusión culé, organización que goza más viendo perder al Madrid, ni les cuento en un mano a mano, que a su equipo levantar una copa. El Madrid, no. El Madrid no debe verle gran diferencia a ganarle una final aquí a Barcelona, Atleti o Cartagena, o a los dos paisanos, Inter o Bayern, en la competición de verdad, o sea, la suya.
Comprendo la ilusión culé, organización que goza más viendo perder al Madrid, ni les cuento en un mano a mano, que a su equipo levantar una copa
No conozco un madridista que lamente no haber ganado al Barca una de las 15. Ni uno en lo que llevo de vida. El Madrid no repara en finalistas, el que llega es bienvenido: el Madrid cuenta títulos. El otro es el otro, el acompañante imprescindible aquellas noches.
Me sorprende pues el merengue que entra al trapo. Bien no está su equipo, es obvio. Pero el riesgo de derrota sería el de cualquier final. Llegues tú mejor o peor a la cita. ¿Era favorito el Madrid ante el Liverpool, las dos veces, ante aquella Juve que había encajado tres goles en todo el torneo? Y ñaka.
¿Que habría mucho cachondeo por parte del ganador en una final con Clásico? Sí, por ambas partes. No creo que más si hubiese pasado en aquellas: se acabaron las camisetas de Liverpool y Juve por aquí antes de los partidos. Y lo dicho: ñaka.
No conozco un madridista que lamente no haber ganado al Barca una de las 15. El Madrid no repara en finalistas, el que llega es bienvenido: el Madrid cuenta títulos
El asunto, lo mollar, lo que el Madrid debe acertar es en cómo se refuerza este verano. Su gran final pasa por reforzar la devastada defensa y darle aire a su centro del campo. Eso es.
Que muchos de sus problemas este curso están en la retaguardia y la creación no se discute. Lesiones gravísimas, los años que no perdonan… Carvajal&Militao. Este Mendy de hoy caigo y mañana me levanto y vuelvo a caer. Aquella imagen de Rüdiger y Alaba, titulares con las rodillas vendadas.
Todos los volantes excepto Modric han pasado por la enfermería y largamente. La última guinda ‘pal’ pavo es que portero titular y suplente están lesionados ahora. La posibilidad de que Fran deba jugar en el Emirates es real.
Y el mediocampo. Podemos estar ante el final de Casemiro-Kroos-Modric. Siga o no Luka es evidente que el equipo necesita al menos un volante que nada tenga que ver con Tchouaméni, Valverde, Camavinga. Un eje-jugón. Un tipo parecido a Ceballos y Luka, ¿a que me explico?
Dar con esa pieza, un lateral diestro y dos centrales: esa es la finalísima del Madrid, esa sí que no puede perderla. No sé si en la cantera hay más de un Joan Martínez. Si no, habrá que traerlo.
No me meto en nombres, los que suenan nos los sabemos de memoria. Sí digo que el reto del Madrid es dar con al menos cuatro titulares en su retaguardia y alrededores.
Titulares, sí. Que el entrenador y la gente de la última grada sepa que tienen calidad para que el Madrid esté como ahora y siempre: cerca de todas las finales. Cuando lo hace, gana la mayoría.
Lo de menos es el rival, no piquen. Y los títulos del momento: cada años se ventilan tres, cuatro... El Madrid no tiene urgencias. ¿Finales con el Barça? Pues bien. O con otro. No compren milongas.
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Convendremos en que, a menudo, el fútbol saca lo peor de nosotros. Si bien para ello es condición indispensable que dentro alberguemos ese «peor», porque de donde no hay no se puede sacar, sería como intentar retirar una Champions del museo del Atleti. Sucede porque el fútbol, más que un deporte, un juego o una afición, es una terapia, a la vez que un espejo que solo te responde la verdad. Uno no se planta frente al televisor o acude al estadio solo para ver un partido, sino que durante el mismo aprovecha para exorcizar sus demonios interiores, y la imagen que proyecta cuando insulta suele ser precisamente eso, una proyección de sus propios traumas y complejos.
¿A Vinícius no se le puede criticar? Por supuesto que sí. Es más, es necesario. Sin crítica no hay mejora. Si lisonjeáramos cada día y por todo a Vini terminaríamos convirtiéndolo en un niño malcriado que con su actitud pasivo-agresiva destituiría entrenadores, condicionaría campeonatos y pegaría balonazos a los espectadores rivales.
A menudo, el fútbol saca lo peor de nosotros. Si bien para ello es condición indispensable que dentro alberguemos ese «peor», porque de donde no hay no se puede sacar, sería como intentar retirar una Champions del museo del Atleti
¿Es coherente pitar a Vinícius nada más comenzar un partido porque falle un penalti y no parar de silbarle durante todo el encuentro aunque marque el tanto del empate y no deje de intentarlo? No. ¿Ayudan al Real Madrid los pitos a Vinícius? No. ¿Cada uno es libre para pitar todo lo que quiera? Faltaría más. Muchos creen que deben reeducar a los demás y que gracias a sus opiniones y observaciones, y no al trabajo y al esfuerzo de los demás, el mundo gira más redondo.
En el plano general, Vinícius ha sido determinante para ganar múltiples trofeos, entre ellos dos Champions, e innumerables encuentros. Es con diferencia el futbolista más determinante de la actualidad, ese que jugando mal resuelve partidos. No se esconde nunca. Encarna la genética madridista de no rendirse jamás. Se sobrepone a todo, provenga de afuera o de adentro. ¿Cuántas veces ha remontado el Madrid jugando fatal gracias al ímpetu de Vini incluso en sus peores días?
En el plano corto, el Madrid venía de clasificarse para la final de la Copa del Rey principalmente porque contra la Real Sociedad a Vini se le metió entre ceja y ceja que había de ser así. Y como agradecimiento en el siguiente encuentro se llevó raciones de pitos como para una boda al primer error. Quizá, y solo quizá, los aficionados propios deberían ser un apoyo y no obstáculo.
Quizá, y solo quizá, los aficionados propios deberían ser un apoyo y no obstáculo
No se trata de aquello de la exigencia del Madrid y de que en el club de Concha Espina no se vive del pasado, ambas cosas ciertas y necesarias, sino de tener un poco de paciencia y respeto hacia el jugador que te saca las castañas del fuego día sí y día también. Aunque sea por egoísmo, no parece una gran idea regalar serenatas de viento a tu futbolista más determinante cuando tal vez lo que necesita —él y el equipo— es ánimo para remontar un partido. Es una opinión personal, hay quien está convencido de que el Madrid ha ganado seis Champions en diez años gracias a que se enfada mucho, pita e insulta a la mínima a aquellos jugadores, entrenadores y directivos que le han provisto de tanta felicidad. Y yo no soy quién para decirles lo que tienen que pensar.
El momento, además, quizá no sea el más propicio, en un tiempo y un ecosistema en el que rivales, especialmente uno, dirigentes y organismos se afanan por ver quién comete el delito más flagrante, retuerce la norma de manera más churrigueresca, regurgita las declaraciones más torpes o hace el ridículo más bochornoso.
Vinícius es un fenómeno social que se filtra por todas las rendijas del día a día. Uno se desplaza a otra provincia para visitar a unos amigos y entre patata y patata brava se cuela, de repente, un comentario denigrante sobre Vini sin venir a cuento. O si no denigrante, para dejar patente lo mal que a alguien le cae el jugador. Dentro de poco, al lado de «nivel medio de inglés» va a ser obligatorio reflejar en el currículum «me cae mal Vinícius» si uno quiere aparentar ser una persona de bien y contratable.
Dentro de poco, al lado de «nivel medio de inglés» va a ser obligatorio reflejar en el currículum «me cae mal Vinícius» si uno quiere aparentar ser una persona de bien y contratable
Cualquiera cuenta con varios contactos en la agenda que al primer pase del siete le escriben para exigir su venta sumarísima a Arabia. O incluso antes de comenzar el partido. La pataleta no cesa salvo que sea decisivo para ganar el partido —es decir, a menudo—, porque hay quien solo habla para decir algo peyorativo y jamás envía un mensaje positivo cuando las cosas salen bien. Probablemente en su día a día hagan todo a la perfección sin el más mínimo error. Hay un sector del madridismo que desgraciadamente se parece mucho al antimadridismo.
Vinícius ha evolucionado de jugador de fútbol a concepto, un concepto que hace las veces de purgante de todas las lacras que atesoramos y de líquido para el revelado de la foto de nuestro interior. Vinícius se ha convertido en un recipiente en el cual volcar las frustraciones.
Vinícius tiene consecuencias similares al fútbol. Vinícius y el fútbol son dos conceptos muy parecidos, porque Vinícius es el epítome del fútbol.
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Hay equipos que juegan bien. Otros que juegan mal. Y luego está el FC Barcelona, que juega con otra normativa, otro reglamento, otro mundo. Si el fútbol español fuera una partida de ajedrez, el Barça sería ese jugador que mueve la reina en forma de L, captura dos caballos, enroca con un peón y luego exige que le den el punto por "jugar con más estilo". Porque si algo hay que reconocerle al Barça no es que juegue bonito, ni que sea “más que un club”, sino que ha logrado el hito histórico de convertirse en el único equipo que puede cometer faltas reglamentarias, irregularidades contables y trampas de tebeo sin que pase absolutamente nada. Y cuando decimos nada, nos referimos a la más absoluta, obscena y majestuosa nada. Ni sanciones, ni multas, ni retiradas de puntos. Ni una pitada un poco más grande en un campo difícil, que les multa Tebas.
Desde hace décadas, el club catalán disfruta de un estatus jurídico-futbolístico que sólo puede definirse como de "reglamento deconstruido". Mientras el resto de los equipos tienen que cuadrar sus cuentas, inscribir a jugadores bajo los límites del fair play financiero y recordar que hay una cosa llamada “normativa”, el Barça se pasea por La Liga como el primo rico del Monopoly que ha aprendido a imprimir billetes en casa y aún se indigna si le dices que no puede comprar la cárcel. Tomemos como ejemplo el ya mítico “Caso Negreira”, ese episodio en el que el club pagó durante 20 años a un alto cargo del estamento arbitral. ¿Para qué? Bueno, eso es lo de menos. Lo importante es que el Barça le pagaba dinero. Mucho. De forma regular. A un tipo que podía influir en los árbitros. Y luego salía a jugar partidos que, por casualidad, solían decantarse a su favor tras penaltis que nadie más veía, expulsiones creativas y añadidos de doce minutos que ni el Mundial de Qatar, oiga.
Pues miren: en la última jornada, el FC Barcelona jugó con 15 jugadores. ¿15? Sí, sí: 15 jugadores. Flick planteó un equipo con un 7-4-4. Al principio el rival se quejó con aspavientos, pero luego recibieron una llamada de la RFEF y les dijeron que podrían perder puntos y descender si no jugaban. Les dijeron también que, tras el partido, podían presentar una denuncia si querían, que ya se tramitaría (si eso), pero que de momento tenían que jugar. Como en el minuto 64 del partido iban aún empate, en el FCB entró otro delantero... pero nadie se fue del campo, así que jugaron con un 7-4-5. El cuarto árbitro se rascó la cabeza, consultó el pinganillo, y desde el VAR le dijeron: “Déjalos, que son del Barça”.
Es más, en la jornada anterior el equipo alineó a seis jugadores extracomunitarios, dos de ellos disfrazados de utilleros. “No, ese es el fisio brasileño”, dijeron. “¿Con botas de tacos?”, “Bueno, está haciendo prácticas.” Y todos lo aceptaron. Porque si algo ha aprendido el fútbol español es que enfrentarte al Barça es como enfrentarte a Hacienda: es mejor no hacer preguntas. Otro fenómeno digno de estudio es la capacidad del Barça para ganar incluso sin presentarse. Literalmente. En un partido reciente contra un rival de media tabla, el equipo decidió no ir. “Problemas logísticos”, dijeron. Pero horas después, el acta arbitral reflejaba: “Victoria por 3-0 del FC Barcelona. Hat-trick de Lamine Yamal por telepatía", así que Lamine ya es pichichi. El Comité de Competición lo validó sin pestañear. “Oye, ¿el Barça no jugaba contra el Getafe?” ,“No, al final no fueron”. “¿Y el resultado?” “Ganaron 0-3. Fue un partido espiritual. Muy bonito.” Hasta los aficionados han normalizado esto.
Si algo ha aprendido el fútbol español es que enfrentarte al Barça es como enfrentarte a Hacienda: es mejor no hacer preguntas
Y no nos olvidemos del apartado económico. Mientras el resto de equipos ajustan presupuestos, venden promesas de cantera para cuadrar cuentas y viven al borde del embargo, el FC Barcelona ha perfeccionado el arte del “apalancamiento financiero simbólico diferencial horizontal inverso de la ilusión contable”, o sea: venden derechos de televisión del año 2050, fichan jugadores a plazos que sólo se pagan si hay luna llena, y cuando todo falla, se inventan un nuevo patrocinador con sede en las Islas Caimán llamado “Societat d’Amics de Catalunya i del Futbol Global S.L.”. Eso sí, lo ponen en Google Translator para que salga un nombre en inglés, que siempre da más caché.
Lo más gracioso, sin embargo, no es que esto ocurra. Es que nadie lo denuncia en serio. Hay clubes que protestan tímidamente, como quien se queja porque el vecino pone la música alta pero no quiere líos. "Sí, creemos que debería haber más transparencia", dice algún presidente de equipo medio, mientras mira nervioso al cielo, esperando que no le caiga una inspección de Hacienda o una sanción del Comité de Competición por “insinuaciones contrarias al espíritu deportivo”. En los medios el escándalo es que Real Madrid TV ha hecho un vídeo, no el contenido del mismo. Los aficionados lo dan por bueno. A los entrenadores, como Imanol, les han hecho un conjuro con el que ven lo que no hay y no ven lo que hay. Una locura.
En España hay tres certezas: el sol sale por el este, Hacienda somos todos, y al Barça no le pasa nada
El FC Barcelona no juega en La Liga. Juega en una dimensión paralela en la que los hechos se doblegan, las leyes se reinterpretan y la lógica se esfuma. Es un experimento sociológico en directo: ¿cuánto puede salirse alguien con la suya antes de que alguien se plante y diga “basta”? Tras este partido de los 15 jugadores, o 16 tras "el cambio", hubo una denuncia. Se espera que el juicio salga dentro de 10 años y 1 día, justo 1 día después de que acabe el plazo legal para que salga el juicio. Vamos, que se archivará por defecto de forma. Y es que el FCB siempre recurre al artículo 9 y tres cuartos: ese que dicen que existe pero que nadie ha visto, ese que siempre está ahí, pero sólo para los elegidos. Ese que hará que cualquier otro club que intente mencionarlo se choque contra el muro, mientras Laporta lo atraviesa sonriendo y fumando un simbólico puro.
En España hay tres certezas: el sol sale por el este, Hacienda somos todos, y al Barça no le pasa nada.
Como epílogo, hemos tenido acceso exclusivo al último comunicado de Tebas sobre estos asuntos:
Ante las recientes informaciones, rumores, comentarios de barra de bar, memes de internet y artículos con claro sesgo madridista (y probablemente celoso), LaLiga desea manifestar lo siguiente:
Desde LaLiga queremos dejar claro que no existe trato de favor hacia ningún club. Todos los equipos son tratados con el mismo rigor, imparcialidad y espíritu democrático... salvo que el club en cuestión se llame FC Barcelona, en cuyo caso se aplican las excepciones contenidas en el Anexo Invisible del Reglamento General, y más concretamente en el artículo 9 y tres cuartos.
Respecto al supuesto alineamiento de 15 jugadores en algunos partidos, tras una exhaustiva investigación interna realizada en 4 minutos y 20 segundos hemos concluido que se trató de una “percepción sensorial malinterpretada por parte de los espectadores”. En palabras del Comité Técnico, “ver tres Raphinhas en el campo al mismo tiempo puede deberse a su gran movilidad, no necesariamente a una duplicación real del jugador”.
Sobre los seis extracomunitarios alineados recientemente, cabe señalar que dos de ellos estaban tramitando el empadronamiento en una masía rural del Alt Empordà, uno alegó ser “mitad europeo por vía espiritual” y otro simplemente dijo “soc del Barça”, lo cual, como es sabido, tiene validez de ciudadanía en Catalunya y sus territorios de influencia.
En cuanto a las victorias sin comparecencia, LaLiga recuerda que el FC Barcelona, por su peso histórico y contribución al desarrollo emocional del fútbol español, está facultado para disputar partidos en modalidad asimétrica no presencial, siempre que la ausencia esté debidamente justificada mediante comunicado estético o poema en catalán.
El llamado “Caso Negreira” ha sido archivado por nuestro departamento de papelería, que considera que, al no haber pruebas fehacientes de que los pagos fueran realizados por un ente malvado con bigote y monóculo, no hay razón para desconfiar de que se trataba de una asesoría amistosa prolongada en el tiempo con fines administrativos.
En relación a las críticas por el uso de palancas financieras de dudosa solidez, LaLiga quiere subrayar que no está entre nuestras competencias valorar la física cuántica ni la arquitectura del universo fiscal. Si el Barça logra ingresar 400 millones vendiendo el 2% de una pared de su museo, nosotros lo celebramos como una victoria del emprendimiento hispano.
Finalmente, instamos a los clubes, aficionados y medios de comunicación manejados por el ser superior a dejar de hacer preguntas incómodas, y a centrarse en lo verdaderamente importante: la emoción de la jornada, los datos de posesión y si Lewandowski sonríe más o menos que la temporada pasada.
Porque en LaLiga defendemos la igualdad, pero sobre todo, la magia.
Atentamente,
Departamento de Comunicación de LaLiga
(“Compitiendo en igualdad desde que el VAR tiene Wi-Fi”)
Buenos días. El Real Madrid nos deparó un partido deficiente ante el Valencia, tan deficiente como ha habido más de uno y de dos, pero esta vez no pudo arreglarlo a punta de épica y goles en el descuento.
Es más: fue en el descuento donde salimos definitivamente trasquilados, y ello sin haber tenido el menor acierto (¿ni la menor voluntad?) en la tarea de ir a por lana. No fue un partido peor que, por ejemplo, el 3-2 al Leganés último, pero en esta ocasión no nos salvó la actuación individual de Mbappé, ni la de ningún otro. Cuando el Madrid porfiaba por sellar la remontada, en las postrimerías del partido, el Valencia nos agarró al contragolpe completamente desguarnecidos, y Hugo Duro sentenció a campo abierto. Buen jugador, este Hugo. Lo mismo pita el final del partido en Mestalla, sustituyendo a Gil Manzano, que lo revienta con un cabezazo.
Podéis leer la crónica completa de Paco Sánchez Palomares, y hasta sufrir con las notas a los nuestros de Genaro Desailly, pero la conclusión es en todo caso que el Madrid atraviesa serios problemas de juego. Problemas de los que a veces parece salir pero en los que vuelve a caer indefectiblemente. Con toda la consideración y el afecto hacia él, es razonable que ahora mismo existan dudas sobre la conveniencia de la continuidad de Ancelotti el año próximo. ¿Está no obstante a tiempo el técnico transalpino de revertir la tendencia y lograr un gran título este año, ganándose esa confianza para el futuro? Sin duda, aunque no parecen opinar lo mismo los amigos de Marca.
Ya lo veis. Marca habla del “fiasco” que “se veía venir”. Lo de “se veía venir” no es más que la clásica frase de quien se hace el listillo, pero lo de “fiasco” lo tendrán que explicar. ¿Da Marca la temporada por concluida? ¿Considera a fecha de hoy que se puede hablar de la 24/25 como de un “fiasco”, es decir, como de un “fracaso” o “decepción” (RAE)? ¿No se precipita un poco? ¿No corre el riesgo Marca de que guardemos amablemente esta portada para traerla a colación dentro de algunos meses/semanas? Tan cierto es que el Madrid de este año no deja buenas sensaciones como que está en la lucha por las tres competiciones (sí, las tres, como ahora veremos) y que las conclusiones se sacan al final. El Madrid no es ningún fiasco, o no lo es todavía. No se froten las manos antes de tiempo, señores enemigos de la muy presunta Central Lechera. Guárdenlas mejor debajo del culo, antes de que sus palabras les traicionen.
Marca habla también en su letra pequeña de los silbidos que cosechó Vinícius. Los cosechó pero no sabemos si los sembró. ¿Qué ha hecho el jugador más desequilibrante del Real Madrid para merecer los denuestos del respetable? Fallar (más de) un penalti, de acuerdo. ¿Merece con todo semejante trato? Si lo merece, nosotros ya no entendemos nada.
Decíamos que el Madrid no ha dejado buenas sensaciones este año y no es exacto. Las dejó a rachas, y cuando las dejó fue bajo el mando de Ceballos en el centro del campo. Comenzó jugando mal sin Ceballos, empezó a jugar bien con él y volvió a la mediocridad con la lesión del utrerano. ¿Volverá a jugar bien cuando vuelva Dani, que está ya prácticamente a punto? Sería el siguiente paso lógico en la secuencia descrita. Nadie intuía en agosto que este jugador pudiera tornarse crucial para el equipo, pero el hecho es que lo es, y que su recuperación es motivo de esperanza.
Nos parece que el planteamiento de As es mucho más honesto y menos torpe que el de Marca, y que retrata fielmente la evolución de la tarde/noche de ayer. “De hundidos a tocados”. Porque resulta, aunque Marca hable anticipadamente de “fiasco”, que este deslumbrante Barcelona, que cuenta con el apoyo de todo el mundo, no fue a posteriori capaz de ganar al Betis, lo que deja la liga en una situación no idéntica, pero sí parecida a la de antes de que se disputase esta jornada, a saber: si el Madrid gana todos los partidos ligueros que le quedan (incluido el de Montjuic), y el Barça tiene dos únicos tropiezos (el mal llamado clásico y otro), los de Concha Espina son campeones. Además, optan aún a Copa y Champions.
¿Que juegan mayoritariamente mal? Sí. ¿Que aún pueden ganar todo? También.
Ya veis. El equipo cliente de Negreira se deja un punto importantísimo y no obstante su prensa afín lo apoya (“Un punto más, una jornada menos”, “Más líder”). Eso debe ser porque el equipo cliente de Negreira TIENE una prensa afín. Ya veis, en cambio, cómo tratan al club blanco sus medios presuntamente afines: “Este fiasco se veía venir”.
Veremos lo que se viene de verdad, y luego hablamos.
Pasad un buen día.
Arbitró Guillermo Cuadra Fernández del Comité balear. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
Pronto llegó la primera jugada polémica del encuentro con un penalti de Tárrega sobre Mbappé en el 10'. El defensa zancadilleó al francés, que cayó en el área. Para Figueroa Vázquez, no debió ser, porque lo llamó de forma incomprensible a verlo. Cuadra no se arrugó y lo pitó. Además le mostró correctamente la amarilla. Otro que debió verla fue Sadiq por una plancha muy peligrosa ante Valverde. La otra jugada polémica fue el gol anulado al Real Madrid por fuera de juego previo de Mbappé. Habrá que creer en las líneas.
En la segunda mitad ya no se libró Sadiq tras un pisotón a Valverde en el primer minuto. Luego, estuvo muy tiquismiquis con las faltas. En el 63', tuvo un error claro al no señalar falta de Tárrega a Mbappé en la frontal del área y, sin embargo, señaló algunas a favor de Valencia que eran muy poquita cosa. La última jugada polémica fue un empujón de Diakhaby a Mbappé que bien pudo valer los once metros. El último apunte fue la amarilla a Mosquera en el 98'.
Cuadra Fernández, MAL.
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-Fran González: APROBADO. Nervioso, como es normal, pero tuvo una buena parada.
-Lucas: APROBADO. Nefasta primera mitad, mejor en la segunda, sobre todo en ataque.
-Fran García: APROBADO. Su vocación ofensiva queda lastrada por sus malas decisiones en los últimos metros.
-Rüdiger : APROBADO. Se fue cojo, que es lo más inquietante.
-Tchouaméni: APROBADO ALTO. Bastante solvente como central.
-Modric: APROBADO. Discreto.
-Valverde: NOTABLE. Pulmón y medio, denuedo continuo.
-Bellingham: APROBADO. Tuvo detalles y lo intentó siempre, pero más apagado que otras veces.
-Brahim: SUSPENSO. Intrascendente y con menos pujanza de la habitual.
-Vini: APROBADO. Le salva el gol.
-Mbappé: APROBADO ALTO. Le faltó el gol.
-Rodrygo: APROBADO. Lo intentó.
-Camavinga: SUSPENSO. Irrelevante. De vuelta al marasmo.
-Endrick: Sin calificar.
-Alaba: Sin calificar.
-Güler: Sin calificar.
-Ancelotti: SUSPENSO. Inoperancia extrema.
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