Anoche, en un Bernabéu con aroma a banquillo interregno y partidos de prolongación vacua del fin, ocurrió algo que no estaba en el guion: Jacobo Ramón, canterano con aspecto gasólico, caponato, al que muchos habían colocado ya en la escalera de regreso al Castilla —a pesar de lo bien valorado que está en la Fábrica—, marcó el gol de la victoria en el último instante. A esas alturas de partido el sueño me había vencido, mas, tras ver el encuentro en diferido, pensé en otro sueño, el de Jacob, pese a que mi almohada es bien cómoda.
Dice el Génesis que Jacob, camino de Harán, se detuvo a dormir con una piedra por almohada —que ya es ser optimista— y soñó con una escalera que unía la tierra con el cielo. En ella, los ángeles subían y bajaban. Dios mismo le habló y le prometió descendencia, tierras y protección.
Algo de eso ocurrió anoche. Jacobo Ramón, que venía a cuestas con un almohada de granito compuesta de nervios, críticas y controles defectuosos, se detuvo en mitad de su incierto viaje y, sin pedir permiso, soñó su propio destino. En el minuto noventa y lo que Dios quiso, la pelota le cayó como caen las revelaciones: sin lógica ni predictibilidad. Centro al cielo —que no celestial— de Fran García, asistencia de Vallejo con el peine y Jacobo, que hasta entonces había sido más Jacob camino del destierro que patriarca, la empujó con una mezcla de fe y necesidad, y la pelota rascó la red con ese sonido que tiene la redención cuando se pronuncia con la garganta seca.
Hasta anoche, Jacobo era un jugador entre paréntesis. Un sector de la afición le veía como quien se cuela en una cena familiar, alguien que está pero no pertenece. Sus primeros minutos con el primer equipo parecían más penitencia que debut: nervioso, impreciso, incómodo. Nada que no se cure con oportunidades y tiempo. Pero había quien le daba por amortizado antes incluso de haberle escuchado hablar. Y sin embargo, como Jacob en Betel, el chico aguantó. Puso la cabeza sobre la piedra, cerró los ojos y soñó.
El gol fue un despertar. No suyo, sino de todos. Porque en el Madrid, cuando un jugador joven acierta en el descuento, no solo marca un tanto: abre una posibilidad, derriba un juicio prematuro, reclama el derecho a escribir su propia historia. Jacobo no solo marcó el gol de la victoria, marcó el gol de su posibilidad como futbolista del Real Madrid.
Jacobo Ramón hoy ha dejado de ser carne de meme para convertirse en relato. La diferencia es sutil pero crucial: los memes mueren con la repetición; los relatos, en cambio, encuentran sentido con ella.
¿Volverá a errar? Sí, como fallamos todos. ¿Se volverá a dudar de él? Seguro. Nadie sabe si se asentará en el primer equipo, si acabará siendo un patriarca de la retaguardia blanca u otro meritorio que necesita hacer las maletas para disponer de minutos. Pero anoche, al menos anoche, subió su escalera. Y al final del último peldaño no había ángeles ni demonios. Solo un gol y la victoria.
Y eso, en el Madrid, es el cielo.
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Paso hoy por aquí nada más para quejarme amargamente mientras mastico cristales: ¿era tan difícil confiar en Jacobo? ¿Darle de vez en cuando media hora a Vallejo y descanso a Militao o a Rüdiger? Asiste Vallejo y golea Jacobo contra el Mallorca, cinco segundos después de una celebración rabiosa y carente de inteligencia del suplente Maffeo. El karma. La constatación de que Dios es madridista. Tres puntos más en una liga regalada a los corruptos.
Contra el Leganés en la Copa nos sacó las castañas del fuego el canterano Gonzalo en un remate de último minuto que supuso el pase a semis. Víctor Muñoz, delantero rapidísimo con un gran futuro, estuvo a punto de empatar el clásico. Después del resultado con el Mallorca, habríamos dormido a un punto del Barcelona. ¿Se dan cuenta?
¿Era tan difícil? Nadie habría reprochado a Ancelotti los errores que hubieran podido cometer los chavales, después de aceptar las decisiones del club sobre fichajes, aunque hubieran costado puntos. Un año de transición después de ganar una Champions se perdona. Pero se perdona si caes con cuatro canteranos dejándose la vida en el césped a falta de jugadores top por lesiones.
Pero es imposible huir de la estupidez: siempre te alcanza un tuit, un comentario de tertuliano, una frase suelta de un tonto de guardia (los tontos trabajan mucho el 24x7 en internet). Los mismos que piden hoy la guillotina para Florentino habrían forzado a cerrar sus redes sociales a un canterano que concediera un gol por error en la marca sobre Budimir o Ayoze. Son los mismos que insultaron a Victor tras el fallo de Montjuic. Paralíticos emocionales que encuentran en las redes el refugio perfecto para sus miserias, quiero pensar que adolescentes y, por tanto, aquejados de idiocia crónica transitoria. Pero el daño permanece.
Esto era el Real Madrid. Es lo que siempre fuimos. La camiseta que convierte a los niños en superhombres. Lo sabemos desde siempre, es el talento que acaba esculpido en la peana de los trofeos. Historia del deporte. Valdano lanzó al ruedo a Raúl con 17 años frente al Zaragoza. Falló un gol fácil a puerta vacía y otro más en un mano a mano frente al portero rival. Pero Valdano sabía lo que hacía: insistió. En el siguiente partido, Raulito la clavó en la escuadra en el Bernabéu, contra el Atlético, desde la frontal del área, al primer toque. Ahí comenzó la carrera de un futbolista descomunal que no pudo coronar su carrera con un merecidísimo Balón de Oro.
Quiero verles en el césped. Quiero un entrenador que los ponga, y que insista con ellos cuando fallen, para hacerlos mejores. Algunos se quedarán y la mayoría hará su carrera lejos. Todos saben lo que les espera, porque esto es el Real Madrid, los Navy Seals del deporte. Ser uno de los veinticinco de esta plantilla es un privilegio al alcance de muy pocos. Mantenerse, un milagro. Construir un palmarés para la historia o tener el reconocimiento de la afición, como Nacho o como Lucas (sí, como Lucas, maldita sea), es mucho. Ser leyenda como Carvajal o Raúl es encontrar diamantes en una mina de carbón. Uno entre un millón. Muchos son los llamados, muy pocos los elegidos.
Esto era el Real Madrid. Es lo que siempre fuimos. La camiseta que convierte a los niños en superhombres. Valdano lanzó al ruedo a Raúl con 17 años frente al Zaragoza. Falló un gol fácil a puerta vacía y otro más en un mano a mano frente al portero rival. Pero Valdano sabía lo que hacía: insistió
Están desde infantiles en el Real Madrid. Alguien vio que tenían lo que hace falta y alguien más les ayudó a crecer y les despertó la capacidad de llegar una décima de segundo antes, de pensar más rápido, de ejecutar con fiabilidad desde el minuto uno al noventa. Les enseñaron lo que significa vestir la camiseta, las palabras del himno. Se educaron en la liturgia del vestuario, aprendieron a ser compañeros, a respetar la experiencia. Son patrimonio del club. Son madridistas. No vale sólo señalarse el escudo. Vale dejarse la vida, insistir, caer y levantarse. Ganar o perder, pero pelear hasta el final.
Me dicen que Jacobo es un buenazo. Un chaval humilde, trabajador y que será un central de calidad para la plantilla. Quiero verle jugar. Quiero que tenga oportunidades. Quiero tener una foto suya levantando una Champions. Quiero que sea feliz.
De Vallejo no hay nada que decir. Un misterio. Nunca vio la luz, le tocó el lado oscuro del fútbol. Estuvo en el XI ideal de segunda división com 18 años en 2015 con el Zaragoza. Fichado por el Real Madrid y cedido al Eintrach, llevó a su equipo a la final de la Copa alemana de 2017. Rápido, noble y buen compañero. Le deseo y se merece toda la suerte del mundo dondequiera que vaya.
Necesitábamos una victoria como la del Mallorca. Épica. Trabajo, constancia y más de treinta remates a portería frente a un portero de Marvel. Si repetimos la actitud y las ganas en los dos partidos de liga que quedan, nos iremos de vacaciones un poco más contentos. Pedimos tan poco...
Iremos recibiendo el verano mientras vemos cómo el club y el nuevo entrenador configuran el equipo para la próxima temporada. Y soñaremos, mientras empieza el Tour de Francia, con los siete partidos que nos separan del trofeo del primer mundial de clubes de la historia.
Feliz día de San Isidro.
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Buenos días, amigos. Como sin duda sabéis (y si no es el caso podéis aprenderlo leyendo la crónica y las notas de Athos Dumas), el Real Madrid ganó ayer al Mallorca gracias a un tanto en el último suspiro del jovencísimo central Jacobo Ramón, asistiendo con la coronilla por Vallejo. Fue bonito, emocionante y (sí) random, como dicen ahora los chicos de la generación del propio Jacobo. Desde nuestra inextinguible amalgama de madridismo y sintaxis, no entendemos bien cómo habla dicha generación, pero hay que amoldarse a los tiempos, bro.
“Mbappés y Jacobos”, titula As, en un remake bastante forzado de aquel “Zidanes y Pavones” que no trae por lo demás excesivos buenos recuerdos. Mbappé también jugó muy bien ayer, anotando un gran gol que sirvió para empatar antes del éxtasis jacobino, y de ahí el jueguecito conceptual para nostálgicos. No conviene olvidar que, en obediencia al signo de los tiempos, donde predominan el juicio apresurado y la urgencia en su forma más ordinaria, Jacobo había sido ya conminado al saco de las promesas que se truncan antes incluso de brotar. Unos cuantos minutos de nerviosismo en los ratos que había jugado habían bastado al impío madridismo de las redes sociales para proclamar que no vale para el primer equipo.
Piensen mejor. Es más: piensen.
Tanto As como Marca reflejan el inconformismo del Madrid con su mala temporada y sus baby-stoppers, lo que ha impulsado al club a hacerse con los servicios de un baby-stopper externo. Hablamos ni más ni menos que de Dean Huijsen, cuyo fichaje podemos confirmar que está adelantadísimo, casi cerrado. El espigado central hispano-holandés, que se ha convertido en objeto de deseo de los grandes clubes gracias a su explosión en el Bournemouth, jugará en el Real Madrid a las órdenes de Xabi Alonso. Es un apunte de esperanza en medio de estos tiempos sumamente aciagos. Hablamos de un futbolista sumamente interesante, un central finísimo, rápido, acon personalidad e inmejorable manejo del balón.
Por otro lado, dice Marca que el equipo blanco “no entrega la liga”. Son palabras destinadas a brindar algo de emoción ficticia a un torneo totalmente carente de ella, pero no ahora porque el equipo cliente de Negreira esté a tiro de un punto para ser matemáticamente campeón, sino desde el momento en que echó a andar. Con un Comité Técnico de Árbitros que es hater confeso del Madrid (ver rueda de prensa previa a la final de Copa), compuesto desde sus mismos directivos hasta la mayor parte de los colegiados en activo por los mismos individuos que formaron parte del caldo corrupto del negreirato, las cartas estaban marcadas desde el principio. Se vio en Vallecas, se vio en Cornellá, se vio en Pamplona. Se vio en otros muchos partidos que el Madrid consiguió ganar a pensar de kafkianas actuaciones arbitrales en contra. Luego, además, el equipo contribuyó a la pérdida del campeonato (que se materializará hoy en el propio Cornellá, o si no el fin de semana próximo, es cuestión de tiempo) con un juego manifiestamente mejorable.
La prensa cataculé ya tenía preparado el champán, pero habrá que esperar a esta noche, como muy pronto, para poder descorcharlo y brindar con Medina Cantalejo, Tatxo Benet, el CSD y resto de principales implicados del Tinglao que nos gobierna.
Os mandamos un cordial saludo, con el deseo de que sobrellevéis este penoso trance con entereza, ya suceda hoy mismo o próximamente.
Arbitró Javier Alberola Rojas del colegio castellano-manchego. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
En el minuto 3 condicionó el partido el trencilla y el del VAR, vaya par. La acción de Copete ante Endrick es penalti y expulsión porque empuja al brasileño que cae y dispara desequilibrado. Además, como es una acción de no disputa del balón conlleva la roja.
Luego estuvo errático en la señalización de faltas o mejor dicho en la falta de señalización. Un par claras en la frontal del Mallorca, sobre todo un agarrón a Arda que casi cuesta una contra peligrosa.
En cuanto al apartado disciplinario las tres amarilla fueron visitantes. Antonio por una patada a Ceballos en el 38', Samu por una entrada abajo a Bellingham en el 54' y Maffeo por agarrar a Fran en el 81'.
Alberola Rojas, MAL.
Courtois: NOTABLE. Salvó los muebles con su paradón tras el empate de Mbappé.
Valverde: SOBRESALIENTE. No para, es incansable. Un ejemplo para todo el equipo.
Jacobo Ramón: NOTABLE. Empezó como un flan, tuvo un fallo que pudo costar el 1-2 pero se fue asentando. Y al final dio 3 puntos a los suyos.
Asencio: APROBADO. Pudo hacer más en el gol del Mallorca. Resolutivo y muy cansado. Se fue con molestias.
Fran García: NOTABLE. No paró de subir su banda ni de centrar al área. Incansable e impecable actitud.
Modric: NOTABLE. Enorme esfuerzo, enorme jugador. Se merece un monumento a sus casi 40 años.
Ceballos: APROBADO. Floja primera parte, mejoró algo en la segunda.
Güler: NOTABLE. El mejor en el primer tiempo, muy presente en todas las jugadas de ataque.
Bellingham: APROBADO. Intermitente, tuvo participación y alguna ocasión en sus botas. Aunque ya casi no le queda gasolina.
Endrick: APROBADO (raspado). Empezó bien y fue poco a poco hacia abajo. No es hombre de banda. Peleó, sin más.
Mbappé: NOTABLE. El referente en ataque, lo intentó de todas las maneras, y acabó por marcar. Ya van 40 goles en la temporada.
Vallejo: NOTABLE. Poco trabajo ya que el Mallorca no superaba la línea media. Pero fue fundamental al peinar el balón que supuso el tanto victorioso de Jacobo.
Gonzalo: APROBADO. Lo intentó aunque falló una ocasión clarísima.
Ancelotti. NOTABLE. Un profesional como la copa de un pino. Inyectó adrenalina en el descanso y el Madrid salió como un cohete.
La tarde-noche se presentaba rara, todo era extraño. Víspera del puente de San Isidro, tráfico por todas partes, salidas de la capital colapsadas, una tromba de agua una hora antes de empezar el encuentro.
Además de, por supuesto, ser el primer partido tras la consumación de un mes horribilis, empezando por la no remontada del Miércoles Santo ante el Arsenal, la derrota en la prórroga de la final de la Copa del Rey en La Cartuja, y del 4-3 estrambótico (pudo ser goleada en contra tanto como un 4-4 en el último instante) que anunciaba el adiós definitivo a esta Liga Negreira.
Tarde-noche de inminente despedida del gran Carlo Ancelotti, ya con las maletas preparadas para el otoño-invierno de Río de Janeiro. La alineación del Madrid, en cuya convocatoria apenas había 10 fichas de la primera plantilla, completaba el sainete que tenía como rival a un Mallorca ilusionado por entrar en Europa, y con el leñero Raíllo como capitán de su equipo. Tan solo faltaba en el césped el impresentable llorón Maffeo, que iba a empezar calentando banquillo visitante.
En definitiva, parecía que íbamos a ver o bien una goleada (rara avis esta temporada) o bien una pañolada dirigida al palco o hacia los jugadores.
La primera parte empezó con un cuarto de hora muy flojo por parte de los locales, exceptuando una clara ocasión de Endrick que marró tras una gran asistencia de Güler. Tras eso, gol del Mallorca en su única aproximación del Mallorca, un gol que todavía no se cree su autor el haberlo marcado de un zurdazo impecable. Un defensa eslovaco, nada menos, de apellido Valjent, similar al del protagonista de “Los miserables” de Victor Hugo.
Un buen disparo de Bellingham atajado por el héroe ibicenco Leo Román fue lo único destacable hasta bien pasada la primera media hora de juego, si obviamos la entrada brutal de Raíllo que a punto mandó al hospital a su colega de línea defensiva Valjent.
A partir de ahí, se sucedieron una serie de ocasiones a pies de Enridck, Mbappé (2), Modric y Valverde, que fueron todas solventadas por el cancerbero bermellón: Leo Román es ya uno de tantos porteros desconocidos a los que hace internacionales el Madrid en el Bernabéu. En varias ocasiones se pudo escuchar perfectamente una música de viento de desaprobación del respetable que, a decir verdad, bastante paciencia ha tenido en esta temporada tan nefasta.
Y de esta manera se llegó al descanso, al trote cansino de los locales, con 12 tiros infructuosos contra un único disparo (100% efectivo) del conjunto visitante, y con 5 paradas de Román. Apenas pudimos destacar algún destello de Güler y de Modric y la brega incombustible de Valverde. Por el lado negativo, la nula aportación de Ceballos, porque parece otro desde su lesión en Anoeta.
El Madrid salió con otros bríos tras el descanso, Oportunidades de Endrick y de Modric nada más empezar. Iban poco a poco cayendo los córners por el lado merengue. Al final del partido, nada menos que 26 se lanzaron, por ninguno del lado mallorquín.
Leo Román seguía haciendo paradones inverosímiles, acabó atajando 11 disparos, algunos, como uno tras un misil de Fede Valverde, casi increíbles. El partido seguía teniendo historia, ya que Asencio notó molestias, con lo que la defensa madridista estaba formada, aparte de por el inagotable charrúa, por Jacobo, Vallejo y Fran. Nadie se habría creído esto si nos lo cuentan en el mes de agosto de 2024: ni Carvajal, ni Militao, ni Rüdiger, ni Alaba, ni Mendy. Ni tan siquiera Tchouaméni, central de emergencias hoy sancionado.
Empató por fin Mbappé, logrando su gol número 40, tras amagar a tres contrarios tras un buen pase de Modric. Casi de forma inmediata, tras un error de Jacobo, Morey se plantó ante Courtois completamente solo y el belga salvó, una vez más, los muebles. Fue el segundo y último fogonazo balear.
De ahí hasta el final, un asedio absoluto de los locales, sumando córners sin descanso, con centros de todos los colores por parte de Fran, de Güler, de Modric, de Ceballos. Gonzalo falló lo que parecía infallable tras centro preciso de Fran. Mientras tanto, había salido al terreno el incalificable Maffeo, rápidamente amonestado por cometer una de sus habituales tropelías: tras los pitos del primer tiempo, el argentino se llevó una sonora bronca de todo el Bernabéu.
Román seguía parando y los madridistas lanzando córners y tiros a puerta (39 en total, treinta y nueve, 13 de ellos a puerta), hasta que en el ultimísimo minuto se produjo uno de esos increíbles milagros del Bernabéu cuando tras un enésimo balón a la olla, Vallejo – sí, Jesús Vallejo- peinó un balón que el joven Jacobo Ramón fusiló sin piedad y a quemarropa la portería del Mallorca y a su heroico guardameta.
El Barcelona se quedó con las ganas de cantar el alirón tras un tropiezo del Madrid. Tendrá todavía que pasar mañana por Cornellá y doblegar al Espanyol si quiere ser campeón el día de San Isidro. El Madrid, con la enfermería atestada, todavía nos dio una lección de profesionalismo y de amor propio, le dio finalmente una pequeña alegría a todos sus seguidores.
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Al Xabi jugador le sucedió el Alonso entrenador con un meritorio rendimiento.
Esta semana, los amigos de fcQuiz te proponen una batería de preguntas para medir tus conocimientos sobre el hasta ahora técnico del Leverkusen.
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Buenos días. Con todo perdido en la liga (así como en la Champions y en la Copa, pero no lo queríamos decir por no empezar este portanálisis rascando en la costra que volverá a sangrar), el Real Madrid juega esta noche un partido pleno de ingredientes que oscilan entre lo desagradable y lo desconcertante. Marca encuentra un turbio deleite en que el Real Madrid y sus aficionados lo pasen mal, así que están de enhorabuena, porque lo estamos pasando fatal. La hoja parroquial de Javier Tebas se regodea en el horizonte de tres partidos de cara a la galería (a la galería de los fracasos) que le quedan al club de Chamartín antes de que este temporada maldita toque a su fin, y obtiene especial satisfacción centrándose en el compromiso —qué bien traída está esa palabra hoy— de esta noche en el Bernabéu ante el Mallorca.
De toda la serie de catastróficas desdichas que enumera Marca en su portada, no sabemos cuál duele más. Suponemos que será esa que enuncian con un imaginario mohín de desaprobación: “… Y, encima, un tropiezo hace campeón al Barcelona”… con independencia de lo que haga mañana ante el Espanyol, falta añadir. Por un lado, sentimos cierta urgencia porque este sinvivir acabe cuanto antes y el club cliente de Negreira se adjudica ya su mugrienta liga. Por otro, preferiríamos que hoy nuestro equipo no nos hiciera la faena de hacer matemáticamente campeones a esa gente delante de nuestros ojos y sin que ellos tengan que levantarse del sofá sobre el que a esa hora andarán poniéndose vendas unos a otros, presumiendo de cortes de pelo malotes, probándose decenas de pares de gafas unos encima de otros y hablando en dialectos patibularios.
Marca también habla del sinsentido de que el nuevo seleccionador de Brasil sea el entrenador del Madrid sin que dicho club haya dicho nada al respecto, así como del misterio en torno a Rodrygo, de quien no sabemos si le duele una pierna, le duele otra, se quiere ir del Madrid, sufre de ansiedad o todo ello a la vez. El caso es que el brasileño es uno de los muchos habituales que hoy no podrán ser de la partida, como tampoco los lesionados Vinícius, Lucas, Rüdiger, Militao, Carvajal, Mendy, Camavinga… En fin, es más corto enumerar los que sí están disponibles junto a un animoso grupo de meritorios entre los que se cuenta Víctor Muñoz, el joven de la Fábrica que ha tenido que cerrar sus redes sociales por culpa de los insultos de una legión de desalmados que le culpan de la derrota en el mal llamado clásico. Esperamos que hoy reciba todo el cariño del Bernabéu. En todo colectivo hay un porcentaje más o menos elevado de gilipollas. El madridismo está constituido por millones y millones de personas. Imaginad la cantidad de gilipollas que nos tocan a poco que nos corresponda un porcentaje medio.
As se centra en la rueda de prensa de Ancelotti, en la cual se despidió, o comenzó a despedirse. Puede ser el adiós más largo de la historia del fútbol, especialmente si tenemos en cuenta que su club aún no ha puesto oficialmente punto final a la relación profesional. Es todo tan extraño, amargo y deprimente. Al madridismo se le hace muy difícil continuar sin explicaciones que necesita como el comer.
Todas estas sensaciones difícilmente descriptibles, esta amalgama de desorientación y cólera, se mezcla con la pena y la gratitud a Ancelotti en el momento de su adiós (de su larguísimo adiós, que se hará eterno), lo que hace la mezcla de sentimientos aún más ininteligible. Por supuesto, deseamos a Carlo todo lo mejor mientras nuestro corazón tan blanco vira en dirección a Estados Unidos y el Mundial de Clubes, torneo en el cual no sabemos cuántas esperanzas debemos depositar, primero porque no sabemos si el equipo estará en condiciones físicas de afrontar me un torneo importante en pleno verano, y segundo porque en realidad tampoco sabemos cuán importante el torneo es, ya que se trata de la primera edición y por tanto carece de un prestigio consolidado.
Es interesante observar cómo la prensa cataculé, a pesar del buen momento del equipo de sus sueños, centra todo su recreo en el padecimiento blanco. No debería sorprendernos, pero no deja de tener su gracia ver cómo “el morbo del Bernabéu” es lo que realmente les excita, y de un modo casi sexual como vemos (“morbo”). Les pone igual de cachondos ganar la liga que asistir al fracaso del enemigo, y eso que ellos acaban de cosechar su propio y sonoro fracaso en la Champions League, esa que el adversario ha ganado 6 veces en 10 años, década en la cual ellos no han ganado ninguna. Solivianta su malsana satisfacción en la misma medida el hacerse con el título que el refocilarse en los males de Rodrygo o en una imaginaria “autocensura” de Carletto ante los medios.
En fin. Os contaremos lo que suceda ante el Mallorca porque alguien tiene que hacerlo como nosotros lo hacemos. Mientras tanto, os dejamos con la portada de Mundo Deportivo, sin la cual a buen seguro no habríais podido pasar la mañana.
Pasad un buen día.
Hola a todos, galernautas, y mil disculpas por las horas de hoy, que son íntegramente imputables a la falta de inspiración. Dicen los que van de intelectuales que el dolor abre de par en par las escotillas a las musas pero, con el debido respeto, consideramos que los intelectuales fuman algo que a los demás mortales nos está vedado. Si hay alguien que sea capaz de inspirarse con el fin de temporada que nos ha deparado el Real Madrid, que escriba sin dilación sus obras completas (las suyas, no las del club blanco, que son inabarcables).
Nosotros tenemos inspiración cero, o negativa, si ello es posible. Estamos quevedianos, en el sentido de que, madridistamente hablando, no hallamos cosa en que poner los ojos que no sea recuerdo de la muerte.
Sí. Aunque no hay nada oficial, ya sabemos que Xabi Alonso está al llegar, y por la presente declaramos que no debería haber nada que nos impidiera disfrutar esta noticia, siendo como es Xabi entrenador que concita toda nuestra admiración (lo que ha logrado con el Leverkusen no está al alcance de cualquiera) y ser humano que goza de nuestra máxima estima. Pero no podemos alegrarnos aún. Necesitamos tiempo. Aún queda muy cerca el último descalabro en el último mal llamado clásico, que ha dejado heridas lacerantes en el seno del madridismo y estadísticas aún más sangrantes: cuatro derrotas de cuatro encuentros y una cuantía de goles encajados de la que no queremos ni acordarnos.
Sabemos que la esperanza está allí. Ya ha quedado dicho que no somos intelectuales, por cuanto el dolor no estimula nuestra creatividad como los intelectuales dicen que les sucede. No, no lo somos, pero hemos leído un poquito. Antes citábamos a Quevedo y ahora vamos con Cortázar.
“De todos nuestros sentimientos, el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.
La esperanza es Xabi y, por tanto, conforme a las enseñanzas del cronopio mayor del reino, Xabi le pertenece a la vida, es la vida defendiéndose. Dice As que vamos “con Xabi al Mundial”, lo que significa que vamos al Mundial con vida. Es una novedad fabulosa porque nos dábamos por muertos, con un equipo desfondado y ya sin afán alguno, tocado de muerte incluso en lo que respecta a unas relaciones interpersonales que ya no son lo que eran; con un entrenador que está pero no está, que es lo que ocurre también con los difuntos cuya corporeidad es verificable pero cuya alma reside ya en el Paraíso, o sea, en Copacabana; y con una dirigencia que, a fuerza de no comunicarse, ahora se antoja lejana como una estrella remotísima a la que mendigamos lastimosos una mínima ración de porqués.
Pero llega Xabi, amigos, aunque no sea oficial. Llega Xabi y llega por tanto la esperanza porque pertenece a la vida, que es el Mundial. O qué sé yo, tal vez nos estamos liando. Es lo que pasa cuando buscas en los bolsillos razones para creer, y lo que al tacto parecía un billete resulta ser un ticket de la tintorería.
No, no tenemos fuerzas para comentar las portadas de la prensa cataculé, de las que esperamos cualquier día una postulación de Lamine Yamal como candidato ¡no sólo al Balón de Oro como dice Sport! sino al propio Premio Nobel de la Paz. O una queja por el no nombramiento de Íñigo Martínez como Papa en lugar del innecesario Prevost. No tenemos ni siquiera fuerzas para entrar a valorar la incalificable autoadjudicación de la causa del fin de la era Carletto por parte de Sport. Bástenos con reseñar, una vez más, que de donde no hay clase jamás se podrá obtener elegancia alguna.
Y esto es todo, amigos. Con Xabi como hipotético dador de esperanza (y por tanto de vida, o al contrario) lo dejamos hoy.
Pasad muy bien el resto de la jornada.
Consulto las noticias del día y leo que se ha confirmado oficialmente lo que todo el mundo sabía sin saberlo: Carlo Ancelotti dejará de ser entrenador del Real Madrid una vez termine la liga, para dirigir a la selección de Brasil. La otra verdad no contada es que su sustituto será Xabi Alonso, hombre ponderado y de método, y hay quien asegura que empezará a conducir el equipo desde el 1 de junio, a pesar de que se había especulado con la posibilidad de que fuera un interino quien se sentara en el banquillo durante el Mundial de Clubes, hasta la llegada del técnico definitivo para el próximo curso. Más allá de rumores, el fin del ciclo Carletto es un hecho cuya dimensión, como todo, se valorará en su justa medida con el tiempo.
Hay recuerdos fáciles y recuerdos difíciles, que diría Muñoz Molina. Quizás por nostalgia, quizás por el cierto miedo que genera la incertidumbre, enciendo la tele y busco abrigo en un refugio de contrastada eficacia. Tenía 20 años y la habilidad innata de descoserte el orgullo en un segundo. En 1944 Lauren Bacall acababa de debutar en Hollywood compartiendo cartel con el ya consagradísimo Humphrey Bogart en ‘Tener y no tener’, la adaptación de Howard Hawks a la gran pantalla de la novela homónima de Ernest Hemingway.
La actriz primeriza sedujo de forma irremediable al público y al propio Boggie valiéndose de su cínico arrullo y sus ojos felinos. Todo el poder de aquel encanto hipnótico quedó concentrado en una escena legada a la posteridad y en cuatro palabras: “Si me necesitas, silba”. La frase es apócrifa, en el guion nunca apareció formulada así ni Bacall le dijo aquello a Bogart de esa forma, pero el paso del tiempo la moldeó para que la cultura pop terminara por fagocitarla. A alimentar el mito contribuyó el fruto más jugoso de aquella producción cinematográfica: el matrimonio entre 'La Flaca' y Boggie, una de las parejas más emblemáticas de la historia del celuloide yanqui. La guinda del pastel fue un guiño a la mecha que había prendido la hoguera durante el rodaje del filme de Hawks: el día de su boda, Bogart colgó del cuello de Bacall un silbato de oro.
Desconozco si hubo ojitos previos, pero sí que es posible que, igual que le pasó a Marlowe, Florentino Pérez estuviera a punto de caerse de espaldas tras recibir, en el verano de 2001, la respuesta afirmativa de Zizou a una proposición indecente
Tras el enlace, ambos repitieron como dúo estrella dos años después en 'El sueño eterno', película inspirada en otra novela y en la que Bogart encarnó al detective Philip Marlowe por primera vez. Bacall, por su parte, hizo de Vivian Rutledge, una de las hijas del General Sternwood, que contrata los servicios de Marlowe para, en principio, descubrir los trapos sucios de su otra hija, Carmen. En la obra original, que, en 1939, inauguró la carrera de Raymond Chandler como uno de los padres del género negro, el autor describe así el primer encuentro entre el detective y la coqueta Carmen: "Se mordió el labio, torció la cabeza un poco y me miró de reojo. Bajó los párpados hasta que las pestañas casi le acariciaron las mejillas y luego los alzó muy despacio, como si fueran un telón teatral: un truco con el que llegaría a familiarizarme, destinado a lograr que me tumbara patas arriba."
Concluida ya la película, consulto el móvil para seguir recreándome en tiempos mejores, y YouTube me acaba sugiriendo que vea un vídeo con las mejores jugadas de Zidane en el Madrid. Desconozco si hubo ojitos previos, pero sí que es posible que, igual que le pasó a Marlowe, Florentino Pérez estuviera a punto de caerse de espaldas tras recibir, en el verano de 2001, la respuesta afirmativa de Zizou a una proposición indecente. El episodio es archiconocido: durante el ágape en el marco de una gala de la UEFA en Montecarlo, el presidente del Real Madrid, dispuesto a rizar el rizo un año después de birlarle a Figo al Barça, le pasó, furtivo, una servilleta al entonces crack de la Juve. "¿Quieres venir a jugar en el Real Madrid?", leyó el francés, que, ipso facto, contestó, también por escrito, como un adolescente en pleno flirteo: "Sí". La convulsión del universo futbolístico resumida en una sola sílaba.
Algo más de veinte años después de aquello, Zidane ya le ha dicho adiós tres veces al Madrid. Los dos primeros hastaluegos fueron abruptos. Cuando, en 2006, ya convertido en leyenda madridista, decidió retirarse como jugador, aún le quedaba un año de contrato. La frescura en las piernas no era la misma que hacía un lustro, pero en el Mundial de aquel verano demostró que le quedaba cuerda para rato. Sin embargo, nada ni nadie le hizo recular en su decisión. Como Gil de Biedma en el 78, sabía que sabía escribir, pero no quería.
Durante años se gestó, de forma cuidadosa, su regreso triunfal a la primera plana del club, aunque su llegada al banquillo se produjo antes de lo esperado, en enero de 2016 y con un equipo a la deriva. El 31 de mayo de 2018, tras alzar su tercera Champions en dos años y medio como técnico, volvió a decir que se iba. En las oficinas del Bernabéu aún andan pidiendo oxígeno para el presidente. En 2019 regresó, de nuevo a media campaña para sacar las castañas del fuego, de nuevo como salvavidas madridista. Un año y medio más tarde el conjunto salió campeón de liga. El tercer adiós fue un secreto a voces durante semanas después de una temporada en la que el Madrid no engordó sus vitrinas, pero no por esperado el vacío que dejó fue menos doloroso.
En estas últimas temporadas, Ancelotti se ha convertido en el bálsamo perfecto para aliviar esa antigua herida, y ahora su pronta marcha dejará al club huérfano de un líder espiritual a la altura de las circunstancias durante el inminente Mundial de Clubes, al menos hasta que se confirme la fecha oficial del inicio de la era Alonso. La opción del técnico interino es, cuando menos, poco alentadora, aunque lo cierto es que el madridismo tiene motivos para no sentirse desamparado. Desde hace varios días un rumor recorre el entorno de la Castellana como un ágil fantasma. En los mentideros se dice que, antes de marcharse en 2021, Zizou, de discurso parco pero siempre diáfano, se despidió de Florentino con una frase: "Sabes silbar, ¿verdad, presidente?"