Décima jornada de Liga y llega el clásico al Santiago Bernabéu. Un partido que decidirá el liderato de la tabla y el que gane puede asestar un importante golpe al rival, porque ambos conjuntos llegan con dudas y un calendario próximo con algunas curvas. El alemán Flick, que no estará en el banquillo por sanción, cuenta con una lista larga de bajas entre las que se encuentran Ter Stegen, Gavi, Olmo, Joan García, Lewandowski y Raphinha. Además, Koundé es duda por un golpe en el pasado encuentro de Champions. El técnico alemán tiene alguna duda en la alineación y en el sistema a utilizar. Hay rumores de la posible inclusión de un cuarto centrocampista en lugar de jugar con tres arriba y que la referencia como delantero centro sea Ferran, que llega justo tras dos semanas parado. Por tanto, una posible alineación sería Szczesny; Koundé, Eric, Cubarsí, Balde; Pedri, De Jong, Fermín; Rashford, Ferran (Casadó en la variante de utilizar a Fermín volcado a banda izquierda), Yamal.
La presión es uno de los grandes mandamientos de Flick y lo que considera ADN Barça. Una presión muy alta, intensa y agresiva hasta el área rival. La línea media también se sitúa muy arriba para incomodar al pivote o interior rival y que no pueda girarse ni dar la vuelta. Si la presión surte efecto y el Barça recupera arriba, se convierte en un equipo peligrosísimo, porque en las inmediaciones del área jugadores de talla mundial como los que están arriba no perdonan. Sin embargo, si se logra saltar esa presión con éxito, el Madrid se encontrará con mucho campo para correr y tiene jugadores que aprovechan esos espacios. Esta campaña, la presión no está siendo tan efectiva ni intensa, sobre todo por las bandas, con Rashford y Yamal. Y eso lo han aprovechado diferentes rivales en las últimas fechas para hacer daño. Uno de los duelos del partido estará ahí sin duda. En el éxito o no de la presión arriba de los catalanes.
La salida de balón es uno de los aspectos en los que más hincapié hizo Flick el curso pasado. La presencia de Iñigo era clave y, sin él, han bajado enteros. Araújo es otro tipo de central al que le cuesta con claridad iniciar el juego desde atrás. Por eso, el entrenador alemán está utilizando a la pareja Eric-Cubarsí, que es mucho más aseada. Otra opción de salida es por los laterales, principalmente porque en velocidad y conducción bate líneas con mucha facilidad. A veces también De Jong se retrasa unos metros para empezar el juego e hilvanar rápidamente con Pedri, que es la brújula culé. Si el Madrid va arriba y recupera, las oportunidades de peligro se multiplicarán y sobre todo le hará entrar en muchas dudas a la zaga. La otra opción, que ya se ha visto del Real Madrid frente al Barcelona, es no buscar la agresividad y presión al poseedor del balón, sino más bien esperar en bloque medio.
En la Liga actual se están mostrando mucho menos sólidos, rocosos y fiables atrás que el curso pasado. El dato que mejor lo demuestra es que en nueve encuentros han recibido diez goles y la catarata de ocasiones claras que reciben no baja con el paso de los partidos. La línea defensiva se coloca prácticamente en el centro del campo, sin presión para el pasador y sin coordinación para el fuera de juego es un auténtico suicidio, porque conlleva manos a mano con el portero en varias oportunidades. Es la decisión de Flick, pero con esta idea los rivales siempre tendrán ocasiones para marcar goles. La baja de Iñigo, que coordinaba la zaga para dejar al rival en órsay permanente también ha sido dura. Muchos equipos están cogiendo el truco a la zaga adelantada buscando un pase extra o las bandas en vez de ser tan directos. Ahí estará una de las claves del cuadro de Xabi Alonso para superarla, y que los Mbappé y Vinícius no se precipiten en los fueras de juego. Un día importante para Arda y Bellingham, que serán los encargados de filtrar pases decisivos. Por último, el Barça, si no sale Araújo, puede sufrir por arriba porque le faltarían centímetros salvo en la defensa.
Las bajas que se acumulan le restan pólvora, porque hay muchos goles en las botas de Lewandowski y Raphinha, pero siguen siendo un equipo peligroso con Ferran y Rashford, que están viendo puerta con facilidad. Además, es un conjunto coral que crea peligro en juego estático y también con espacios en contras lanzadas por Pedri o Yamal. Por las bandas, también hacen daño con un Balde en un buen momento y con las incorporaciones más medidas de Koundé por la derecha. El Barça tratará de amasar mucha posesión en pies de Pedri y de Jong, moviendo a la defensa blanca y cuando salten buscando al hombre libre. Mucho manejador del cuero en la media y atacantes que pican y aceleran en los últimos metros. Ojo también a Fermín, que es un gran llegador de segunda línea, con mucho gol y que ya sabe lo que es marcar al Real Madrid.
El estilo de Flick es proponer con balón, tener el control del partido con mucha posesión, con gran capacidad asociativa y de combinación, y practicar un juego ofensivo. Le gusta manejar el ritmo del juego y que la circulación sea rápida, alternando mucho pase horizontal con el vertical en las inmediaciones del área cuando encuentran el espacio y al hombre libre. Al técnico germano le gusta jugar con extremos que abran bien el campo y ensanchen a la defensa para poder disponer de huecos en los que hacer daño. No hacen tampoco ascos al contraataque y, si gozan de terreno para correr, son un equipo que amenaza con la velocidad de sus bandas y Ferran, que corre muy bien y se desmarca con astucia. En cuanto a las estadísticas actuales este curso, podemos contemplar que es el equipo máximo goleador con 24 dianas, el que más disparo realiza, el que más posesión dispone, con una media de 70% por encuentro, y el que más regates completa. Además, es un conjunto top ganando duelos, en porcentaje de cantidad de pases y pases exitosos.
Lamine Yamal no llega en el mejor momento del curso ni ha alcanzado el pico que se vio la pasada campaña, pero sigue siendo un jugador determinante que en una jugada puede decidir un partido. Ya sea a través del regate y el desequilibrio, la visión de juego y capacidad para filtrar pases al espacio o con su disparo envenenado de rosca con la pierna izquierda. Se verá un bonito duelo con Carreras, que ya lo conoce del enfrentamiento entre ambos el año pasado en la Champions. De todas formas, el ferrolano necesitará ayudas y coberturas para intentar frenar a la perla culé.
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Hola, amigos. El tiempo transcurre de manera inexorable y las fechas que anticipa el almanaque acaban presentándose tarde o temprano. Sí, estamos a horas del mal llamado clásico. Ayer os explicó Javier Vázquez, en estas mismas páginas, por qué no convendría llamarlo así, y nuestro editor Jesús Bengoechea ejerció de Grinch en esta historia. Se supone que hay que recibir el clásico con la misma ilusión que la Navidad. Bueno, ya vemos que hay quien no. Hay quien prefiere jugar contra quienes no hacen trampas, y considera un trámite pesaroso el tener que disputar partidos contra quienes debieron ser descendidos a Segunda División en pago por sus crímenes.
Así que las portadas versan invariablemente sobre el partido en cuestión, si bien el premio Princesa de Asturias a Serena Williams tiene su lugar también.
A Marca, en el intento de hablar de ambas cosas, le ha salido la portada más fea del presente milenio, y una además que arroja una confusión imprevista. Sabemos que en esta primera plana aparecen Serena Williams y Lamine Yamal, aunque no tenemos perfectamente claro cuál es cuál. Intuimos que Lamine ha de ser el que viste de azulgrana y al cual está encimando Vinícius, mientras que Serena ha de ser la que luce un vestido rojo, pero el color de pelo casi idéntico y el parecido facial nos hacen dudar.
Dice en todo caso Marca que “las palabras de Lamine encienden al vestuario del Madrid”. No, no las pronunció en su discurso de aceptación del Princesa de Asturias, sino en una conversación con Ibai Llanos. Fueron una serie de fanfarronadas propias de adolescentes pajutos a las que tampoco hay que dar más importancia que la que tiene Bad Bunny a la altura de Wolfang Amadeus Mozart, que es el Madrid. Lo que debería “encender” el vestuario del Madrid, e inocularle las ganas de aplastar al equipo que tendrá enfrente, no son las chorraditas de un mozalbete con acné, sino el hecho de que el club cuyo escudo defiende se comprara el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años, en perjuicio del club cuyo escudo defienden ellos.
Si en la portada de Marca queda patente el desconcertante parecido físico entre Lamine Yamal y Serena Williams, en la de Mundo Deportivo parece descartarse la posibilidad de que Joan Laporta se parezca jamás a Jude Bellingham, por mucho que imite el gesto del inglés cuando marca un gol. No estabais preparados para esta bella imagen, ¿verdad? Qué queréis que os digamos. Si nosotros hemos tenido que verla, vosotros también.
Buen intento, Jan, pero algo nos dice que a Jude la americana le sentaría de otra manera. Sería capaz de abrocharse algo más que el botón más cercano a la sotabarba, y este no amenazaría con asfixiar su gaznate. Habría que cantarle un buen “Hey Jan” a Laporta, si bien en este caso, en lugar de recomendarle a Jan que no cargue el mundo sobre sus hombros, como en el clásico (este sí) de los Beatles, sería preferible recomendar al mundo que no cargue con Jan sobre los suyos.
Don’t make it bad, Jan. Aseguras que nunca te cansarías de ganar en el Bernabéu. Hay muchas cosas de las que nunca te cansarías, ya lo sabemos, entre ellas de cuadriplicar el sueldo de Negreira para asegurarte de que nunca dejarás de ganar en el Bernabéu, que es la única forma de no cansarse de hacerlo.
La foto es inefable. Existe una fina línea entre lo sublime y lo ridículo. En el caso de Jan, la distinción es más sencilla, dado que el presidente culé no se ha acercado a lo sublime más de lo que nunca se ha acercado a lo decente.
En fin. Os dejamos con las otras portadas del día. Que estéis muy bien.
Por suerte la afición madridista no es como la culé. Ellos son capaces, en líneas generales, de defender pagos al vicepresidente del CTA mientras siguen acusando de robar al Real Madrid.
Tampoco es como la del Atleti, que en su mayoría sigue siendo cholista, aunque inviertan morteradas de dinero en jugadores de ataque extraordinarios y sigan sin ganar títulos.
En el Real Madrid siempre han existido opiniones dispares entre los aficionados. No solemos ir todos a una.
En lo que va de temporada, doce partidos en total, he oído muchas quejas sobre el equipo. Sin embargo, después del último partido contra la Juventus, parece que se ha desatado el ya conocido como vinagrismo merengue. Todo mal. No hay nada destacable en este nuevo proyecto de Xabi Alonso, es lo mismo que con Carlo. No ha cambiado nada. Y mil cosas más. Todo viene de un nivel de autoexigencia que es muchas veces fruto de prepotencia y análisis futbolísticos poco profundos. Yo mismo he pecado de ese vinagrismo muchas veces, pero la edad me da el poso suficiente para calmarme y volver a analizar todo de nuevo. A veces volviendo a ver partes de partidos enteras.
Sé que hacer el análisis que voy a hacer, a las puertas de jugar contra el Barça es peligroso porque, si nos vuelven a pintar la cara, esto se llenará de comentarios acordándose hasta de mis antepasados neandertales, pero me voy a aventurar a hacerlo igualmente.
Para empezar, no sé qué tendría de malo que el equipo se pareciera al de Carlo, que nos hizo ganar dos dobletes en tres temporadas, amén de la Décima en su primera etapa. Cosa distinta es como jugó el Madrid la temporada pasada. Y partiendo, precisamente, de ese equipo es como quiero empezar mi análisis.
Lo primero y muy importante que ha conseguido Xabi Alonso es que estamos viendo la mejor versión de muchos jugadores a la vez, cosa que la temporada pasada no vimos
No es lo mismo coger un equipo al que ya has entrenado los últimos años que entrenarlo por primera vez e intentar que jueguen de forma muy distinta a como venían jugando. Y para los propios jugadores tampoco es sencillo, y encima introduciendo esas caras nuevas desde el primer día. Eso también debe ser tenido en cuenta, pues tiene su dificultad, y la idea que tiene Xabi es la excelencia, no ganar jugando al contraataque aprovechando los jugadores de arriba, cosa totalmente lícita y que suele funcionar bien. Él quiere un equipo que juegue al fútbol en todo el campo, en defensa y en ataque, y que todos los jugadores se sientan integrados con su idea. Eso es algo muy complicado, y requiere de varias fases diferentes para ir consiguiendo el objetivo.
Lo primero y muy importante que ha conseguido Xabi Alonso es que estamos viendo la mejor versión de muchos jugadores a la vez, cosa que la temporada pasada no vimos. Mbappé está a un nivel impresionante, tanto físico como de juego, sin haber llegado aún al máximo, ya que todavía le vemos fallar goles claros, y aún así lleva más goles que partidos; Vinicius está volviendo a su mejor versión, y lleva mejores números que nunca a estas alturas de la temporada; Militao está a un nivel impresionante; Asencio, salvo cuando ha jugado de lateral, está a un gran nivel; Alaba ha jugado medio tiempo en Getafe satisfactoriamente; Tchouameni está perfecto en el centro del campo, así como en defensa; Jude parece estar justo en el momento de forma perfecto ahora, habiendo salido de una lesión fastidiada; a Camavinga lo hemos visto pletórico en los partidos que ha jugado y mejor con el balón que nunca; lo de Güler creo que no es necesario ni hablarlo, es algo extraordinario; Carvajal está totalmente recuperado y cogiendo el tono, pero a la pequeña lesión de la cual ya está de vuelta; Fran García no lo ha hecho nada mal los ratos que ha salido; Brahim sigue siendo el revulsivo de siempre; Rodrygo está a buen nivel, quizás le falte un poco más de atrevimiento, pero no está nada mal; Ceballos cuando ha jugado lo ha hecho bien en defensa, y en ataque como siempre. El único que parece no encontrar el ritmo en el centro del campo es Valverde, pero cuando ha jugado de lateral derecho se ha mostrado pletórico; y Courtois, que desde que volvió de la lesión no se atreve en muchos balones donde debe salir, al menos sí ha recuperado su mejor versión en el resto de facetas del juego.
En el debe está que Endrick no ha debutado, y Mendy tampoco, aunque éste acaba de salir de una larga lesión.
De los nuevos, Trent no ha mostrado aún un juego excelso, aunque ha dejado pinceladas de su calidad; Carreras lo está haciendo bastante bien, salvo algún partido que se ha notado que el cansancio también hace mella; Huijsen parece que tiene treinta años y lleva toda la vida en el puesto; y Mastantuono muestra ser un jugador con carácter y buenas virtudes. Ni que decir tiene que los más jóvenes tienen fallos lógicos, y que deben ir madurando poco a poco. Eso solo se consigue con tiempo y partidos.
Sí, ya sé lo que pensáis todos, y yo también: el partido del Metropolitano, no sólo por la derrota, sino por lo abultado de la misma. Hubo bastantes fallos ese día, el primero de Xabi por alinear a Jude Bellingham sin estar recuperado, y después vimos peores versiones de todos los jugadores, salvo de Mbappé y Güler. Y, sobre todo, falta de intensidad y actitud.
Tratando de obviar ese partido, y esperando que contra el Barça veamos otra cosa, vamos a analizar lo que está pasando y lo que trata de hacer Xabi. Lo primero de todo, antes de conseguir un juego coral, es tener un equipo que defienda bien y, para ello, no solo es necesario que lo haga la defensa: lo tiene que hacer el equipo entero.
En este proceso se tienen que cambiar hábitos, empezando por la solidaridad de los de arriba, que deben entender que en el fútbol actual no se puede andar, y que es necesario que todos vayan a una como equipo. Desde Kylian a Courtois, defienden todos, y es necesario ayudar. Aunque ya se puede apreciar cambios en este sentido, el trabajo sigue en proceso y, hasta que no sean un bloque, no veremos que los laterales del equipo doblen por banda a los jugadores de arriba que juegan en su banda, lo que hará que el equipo rival tenga que estar pendiente de más jugadores atacando el área. ¿Por qué no ha llegado ese momento? Porque ahora mismo cada pérdida de balón en fase de ataque se traduce muchas veces en ocasiones claras de gol del rival. Todavía está en fase de implementación y conlleva sus peligros.
Analicemos ahora el ataque, que en realidad tiene mucho que ver con la defensa, por cuanto si tú atacas rápido, moviendo el balón hacia arriba de forma vertical aprovechando la velocidad de tus jugadores, como Vinicius y Mbappé, y en una de esas jugadas pierdes el balón, tienes el peligro de que te hagan una contra a la misma velocidad, y lo que parecía un ataque prometedor se convierta en un gol en contra. Por contra, si tú juegas con calma desde tu campo, moviendo el balón, y subiendo poco a poco, haciendo que el rival tenga que venir a buscar el balón a tu campo,y que suban sus líneas, vas madurando la jugada poco a poco,y si pierdes el balón tienes a todos los jugadores más o menos situados. Si a base de ir tocando llegas a la zona medular, moviendo el balón de un lado a otro, ahí es donde puedes aprovechar para que haya movimientos de ruptura de Kylian en primer lugar, para ver si es posible romper la defensa directo a puerta, y si no en segunda opción Vinicius, en tercera Jude, Fede, Trent, Carreras, etc. Es decir, jugar con calma y pausa en campo propio, buscando que suban a defenderte, para jugar desde que pisas campo del rival veloz y vertical. Eso asegura también tu defensa. Y, si no surge la jugada, te plantas en campo contrario y sigues jugando, siendo a veces bueno volver atrás e invitar al equipo rival a volver a adelantar líneas. Es jugar con ellos para aprovechar tus virtudes, pero no de inicio, sino madurando poco a poco la jugada para poderles sorprender.
El Real Madrid es el equipo que más veces ha tirado en lo que llevamos de Champions, y el que más ha tirado entre los tres palos también. También somos el equipo que menos oportunidades ha concedido al rival en Champions. Eso quiere decir que poco a poco se van consiguiendo los objetivos defensivos
Esto es precisamente lo que está buscando ahora mismo Xabi: afianzar que se defienda bien. Es la base para construir un equipo sólido, y de ahí buscar luego la forma de atacar. Hasta que no se consiga este equilibrio, y no defiendan todos, no vamos a ver lo que busca realmente nuestro entrenador, y creo que hasta enero o febrero no veremos una plasmación aproximada de lo que se pretende.
También está tratando de involucrar a todos los jugadores posibles. Salvo el ya comentado caso de Endrick y el de Mendy por lesión, el resto de jugadores se siente integrados, y ya no tenemos lo que Carlo hacía habitualmente y que la temporada pasada fue un problema: poner a jugar o a calentar banquillo en función de jerarquías y no por méritos propios. Nunca se ha sentado tantas veces a Vinicius desde que es titular indiscutible, y vimos contra la Juve que no puso ni mala cara al ver su número en el luminoso.
El Real Madrid es el equipo que más veces ha tirado en lo que llevamos de Champions, y el que más ha tirado entre los tres palos también. En otras palabras, hay que admitir que ahora mismo hay un problema de acierto de cara el gol. Como decía Zidane, eso son rachas y no son preocupantes. En el momento en que entren los goles, también se conseguirán más rápido los objetivos desde la tranquilidad que dan.
También somos el equipo que menos oportunidades ha concedido al rival en Champions. Eso quiere decir que poco a poco se van consiguiendo los objetivos defensivos de los que hablábamos.
Hemos logrado once victorias en doce partidos mientras estamos construyendo una forma totalmente diferente de jugar al fútbol, cambiando el rol defensivo de muchos, e incluso el rol de ataque de otros tantos. Mientras vamos construyendo ese nuevo equipo, ganamos todo menos un partido. ¿qué más queréis?
En liga, somos de los equipos que más tiran a puerta de toda Europa. Esto, al igual que pasa en Champions, es un éxito, sobre todo sin haber conseguido aún un patrón de juego esperado. En el momento que empiece a hilvanarse todo, puede ser algo impresionante.
En el debe está que seguimos sin defender bien la mayoría de balones parados, y que los desajustes defensivos pueden hacer que se pierda el foco. Es muy difícil que se levanten cuando empiezan perdiendo. No existe esa confianza que hasta hace un par de años existía. Eso también se está buscando.
Obviamente, el buscar el objetivo, el tratar de ir de forma coral en ataque y en defensa, tiene sus desventajas. El contraataque de Vlahovic el miércoles es producto de perder un balón en el ataque en un momento en que el equipo no está bien posicionado. Ese tipo de fallos se van trabajando y puliendo. También hay que tener en cuenta que, aunque en su liga no está muy fino, la Juventus en Europa sigue siendo un buen equipo. e hicieron un gran partido en el Bernabéu, pese a lo cual el Real Madrid fue bastante superior a ellos. Se habla de las paradas de Courtois, pero os hago la siguiente propuesta: mirad el partido de nuevo e id apuntando las ocasiones claras, veréis la sorpresa: hay dos de los italianos por seis de los blancos. Veréis que hubo fases del partido en que el equipo jugó un fútbol muy bueno. El mejor jugador de la Juve fue su portero, con eso está dicho todo.
Hemos logrado once victorias en doce partidos mientras estamos construyendo una forma totalmente diferente de jugar al fútbol, cambiando el rol defensivo de muchos, e incluso el rol de ataque de otros tantos. Mientras vamos construyendo ese nuevo equipo ganamos todo, menos un partido. Sé que todo depende del partido de mañana contra el Barça pero, honestamente, ni una derrota cambiará mi opinión. Si es una goleada en la que no mostremos intensidad, será preocupante por supuesto, pero no debe desviarnos nada de nuestro camino. Estoy seguro de que veremos distinta actitud que en el Metropolitano, y que en el último año en cada partido grande.
Pese a que muchos creen que está perdido, Xabi lo tiene bastante claro, y está trabajando bien. Demos tiempo a que se asiente su idea, a que los jugadores interioricen y mecanicen todos los movimientos, y a que podamos ver el equipo que busca. Tengamos calma,no queramos que el equipo sea el de CR7, Modric y Kroos. Es otro proyecto, y tenemos jugadores buenísimos y jóvenes con otra idea distinta de equipo que se está implementando. Tengamos un poco de calma, porque mientras se asienta encima estamos ganando. ¿Qué más queréis?
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Buenos días, queridos.
Las portadas de hoy reparten su espacio entre el mal llamado clásico, del que ayer despotricaba nuestro editor, transmutado en el Grinch del clásico, y la entrega del premio Princesa de Asturias del Deporte a la fenomenal tenista estadounidense Serena Williams.
El clásico que no lo es, como bien recordaba ayer nuestro colaborador Javier Vázquez. El diario As es el único que no emplea la palabra “Clásico” en su portada, lo cual agradecemos, así que vamos a concederles el (dudoso) honor de comenzar con su portada.
El Kylian Mbappé de esta temporada parece distinto al que cayó ocho veces en fuera de juego en el partido del año pasado, como recuerda la portada. Más certero, más integrado en el funcionamiento de la MLN, como el crack que siempre fue, incluso en los peores momentos del curso pasado. Ojalá funcione ese antídoto que a equipos como el Rayo y el Sevilla les sirvió.
El “Plan Flick” siempre fue el mismo y contó con la confianza que da el colchón del ajuste semiautomático de las líneas del VAR. Recuerden lo que siempre hemos dicho: si se tarda más de treinta o cuarenta segundos en mostrar la imagen en pantalla, es porque se está “cocinando”. En su día por los pupilos de Clos Gómez y, ahora, por los de Prieto Iglesias. Nos hemos acostumbrado a que aparezca un plano dudoso seis o siete minutos más tarde del lance, con el balón distorsionado o el plano partido, sin que se puedan ver a la vez el toque de balón y la posición supuestamente adelantada del jugador que recibe, y no ha pasado nada. Nos hemos acostumbrado a jugar en la MLN, a que un equipo con más de una veintena de infracciones sin sanción campe a sus anchas por el terreno de juego y además, como castigo, nos toca enfrentarnos a ellos en nuestro estadio.
Pues convirtámoslo, empezando por los jugadores, en un infierno. En esa línea se mueve la portada del diario Marca:
Sabemos el nulo contacto que tienen los redactores de Marca con lo que llaman “el vestuario del Madrid”, aun así, ojalá sea cierto que los jugadores están hartos de las chorradas del rival de mañana. Hoy es de Lamine, como ayer lo era de Laporta, de Flick, de Gavi, Fermín, Piqué, Íñigo Martínez, Xavi y tantos otros. Ojalá salgan de verdad con el cuchillo entre los dientes y sangre en el ojo a por el partido. Ya que la justicia de los tribunales parece más lenta que un repliegue de Umtiti, que sean los nuestros los que realicen ese acto necesario sobre el césped. Que no salgamos, como otras veces, con una hora de retraso al encuentro, justo en el día en que se retrocede la hora. No parece mucho pedir.
Y por si no tuvieran suficientes motivaciones con lo que hay en juego, como el liderato o algo tan poco valorado por algunos como el triunfo del Bien sobre el Mal, el Mundo Deportivo nos entrega otra de esas portadas que conviene desterrar de nuestra memoria cuanto antes:
Ojalá los nuestros realicen una presión como la que sufre el botón de esa americana. El Cristo Redentor de Río de Janeiro, las celebraciones de Jude Bellingham y ahora, los brazos en cruz de Jan Laporta. Igualitos. Qué horror. Y anuncian una entrevista exclusiva con el President, ufff, la dejamos para estómagos a prueba de populismo.
Entre los premiados de los Princesa de Asturias de ayer, figuraba el escritor Eduardo Mendoza, gran tipo, fenomenal escritor y una de esas personas que no entendemos que se declare culé. Al menos conoce bien al club de sus amores, pues hace muchos años dejó dicho que “la corrupción y el Barça son los dos agujeros de Cataluña”. Anoche, este portanalista cruzó unas palabras, cerveza en mano, sobre el escritor premiado con Mario, un amigo sensato de antiguas filias culés. Me recomendó que rescatara el primer capítulo de El misterio de la cripta embrujada, ese fenomenal arranque con la narración en primera persona de un partido de fútbol en el manicomio.
—Es una locura, pero, aunque me duela decirlo, es nuestro Barça.
Así que lo busqué. Comienza con un tópico, “habíamos salido a ganar; podíamos hacerlo”. Luego, con una mención a las tácticas de Flick: “el duro entrenamiento que había sometido a los muchachos, la ilusión que con amenazas les había inculcado eran otros elementos a nuestro favor”. Un poco de ese Real Madrid agazapado en sus últimos partidos: “estábamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba”. Y a continuación, el fatalismo culé: “todo empezó a ir mal, el cielo se nubló sin previo aviso”, Gavi, “a quien había encomendado una defensa firme y, de proceder, contundente, se arrojó al suelo y se puso a gritar que su madre, desde el cielo, le estaba reprochando su agresividad, no por inculcada menos culposa”.
Por supuesto aparece Laporta, pagador de Negreira y habitual bocazas a la hora de reprochar al Madrid lo que él hizo durante años, con generosas subidas de sueldo: “Por fortuna doblaba yo mis funciones de delantero con las de árbitro y conseguí, no sin protestas, anular el gol que acababan de meternos”.
La siguiente frase habla de la situación del club: “Sabía que una vez iniciado el deterioro ya nadie lo pararía y que nuestra suerte deportiva, por así decir, pendía de un hilo”. Ese hilo no se rompió por la ayuda conjunta de LaLiga, el CSD, la Federación, los medios, la justicia ordinaria, la UEFA y el resto de clubes de Primera División, pero el deterioro es evidente y solo nos queda esperar el desenlace.
Los protagonistas de la novela de Mendoza (Eduardo, no Ramón) tenían la sesera algo tocada, el mismo lugar que se señala Ferran Torres, quien ojalá actúe como el Toñito de la obra, quien “se empeñaba en dar cabezazos al travesaño de la portería rival ciscándose en los pases largos y, para qué negarlo, precisos que yo le lanzaba desde medio campo”.
Mario apuró su cerveza y me remitió de nuevo a Mendoza: “comprendí que no había nada que hacer, que tampoco aquel año seríamos campeones”. En nuestras manos está que así sea y que determinados tarados se escondan una temporada.
Pasad un gran día.
Durante una batalla el mariscal Foch pidió a uno de sus ayudas de campo lumbre para encenderse el cigarro. Este se acercó con un mechero cuando de pronto: ¡bum!, una bala le reventó la cabeza. El mariscal, sin alterarse un ápice, miró a otro ayudante que estaba cerca:
— A ver si con usted tengo más suerte…
Esta historia ilustra a la perfección que hay trabajos muy poco gratos, como el de ayuda de campo del mariscal Foch, pero que alguien tiene que hacerlos. George Orwell dijo una vez que apostar en las carreras de caballos es un método fiable para ganarse la vida en comparación con el oficio de escritor. Yo soy escritor (más o menos), así que doy fe de que es verdad.
También soy editor, lo cual me convierte en una especie de esquizofrénico laboral, algo así como ser perro y veterinario al mismo tiempo. La malvada multinacional a la que facturo mis horas laborales es Penguin Random House. En España hay dos grandes grupos editoriales, uno es Penguin y el otro es Planeta. Un editor que conozco suele decir que son como el Madrid y el Barça del mundillo, pero nunca especifica cuál de los dos es el merengue y cuál es el culé. Si bien les recuerdo que uno de ellos entrega el Premio Planeta, lo cual puede servir de pista.
Hay trabajos peores que el de editor, pero tampoco se crean que es un chollo. A veces tengo que leer manuscritos espeluznantes. Cuando era más joven trabajé en un McDonald’s, pero todavía hoy de vez en cuando sigo comiendo sus hamburguesas; ahora trabajo como editor y todavía sigo leyendo libros por placer; lo cual indica que debo tener un estómago a prueba de bomba. Ser editor implica que en cualquier momento te puede llegar un manuscrito de, no sé, Pavel Fernández, por ejemplo, y que no solo te lo tienes que leer por narices sino que además debes intentar mejorarlo. Tengo pesadillas con esa posibilidad, porque seguro que Pavel Fernández es de esa clase de escritores que te mandan el manuscrito sin sangrías, con las páginas sin numerar y usando guiones cortos para los diálogos en vez de guiones largos (cosas las tres que me dan mucha grima). O igual te lo manda escrito a boli en un cuaderno de espiral, con tachones y dibujitos en los márgenes. Yo qué sé. Lo único que tengo claro es que no me veo con fuerzas para editar un texto lleno de digresiones sobre el fuera de juego psicológico.
Me gusta mi trabajo en cierta medida, pero también sueño con tener otro mejor. Vázquez Montalbán solía decir que le gustaría ser Secretario General del Partido Comunista para saber si el comunismo funciona de verdad, o bien papa de Roma para saber si Dios existe. A mí lo que me gustaría es ser entrenador del Real Madrid.
Mi aspiración no es nada original. Todo español lleva en su interior un presidente del gobierno y un entrenador de fútbol. Supongo que se debe a ese vicio tan nuestro que es el de pensar que podemos hacer las cosas mejor que cualquier otra persona. El gran pecado nacional no es la envidia, es el “quita, que tú no sabes de esto, ya te explico yo cómo se hace”. Es muy ibérico lo de creer que nuestras capacidades siempre son mejores que las del vecino.
Sin embargo, les aseguro que yo quiero ser entrenador del Real Madrid no porque piense que lo pueda hacer mejor que un Ancelotti, un Xabi Alonso o incluso un Rafa Benítez. No. Yo quiero entrenar al club de Concha Espina para darme el gustazo de salir en rueda de prensa y ponerme a rajar de todo el mundo: de Laporta, de Tebas, del CTA, de la prensa y de la subida de la cuota de autónomos; así, sin filtros ni tapujos: mandar a todos a tomar por saco y quedarme más a gusto que nadie.
Podría hacerlo sin que el club o yo tuviéramos temor alguno a que me sancionen o incluso me retiraran la licencia de por vida, ya que el Real Madrid no perdería demasiado si yo dejara de ser su entrenador, porque yo sería un entrenador espantoso. Pero rajaría muy bien. Y de eso se trata el asunto, a fin de cuentas.
les aseguro que yo quiero ser entrenador del Real Madrid no porque piense que lo pueda hacer mejor que un Ancelotti, un Xabi Alonso o incluso un Rafa Benítez. No. Yo quiero entrenar al club de Concha Espina para darme el gustazo de salir en rueda de prensa y ponerme a rajar de todo el mundo
El Real Madrid necesita un buen rajador en su plantilla, alguien que no sea Xabi Alonso, que bastante tiene con las obligaciones de su cargo como para encima hacer la labor de mamporrero. Dentro de unos días se juega un Madrid-Barça y mucho me temo que hará falta un rajador competente para ese partido. Cuando acabe el partido con el resultado que todos sospechamos, alguien de la plantilla debe salir ante los micrófonos para llamar blanco a lo blanco y negreira a lo negreira sin temor a represalias de la autoridad competente.
Recientemente Thibaut Courtois ha demostrado tener gran habilidad como rajador, denunciando sin ambages todas las trapacerías de nuestro fútbol. Eso está muy bien, pero no podemos quemar a nuestro mejor portero en esas tareas. Lo suyo debe ser parar, no rajar. Lo mejor es eximirle de esa tarea.
Andrey Lunin podría ser, a priori, un rajador de confianza. Imaginen la escena: acaba el partido, se le acerca el alcachofero de El Partidazo buscando titulares y le pregunta: “Lunin, ¿qué te ha parecido la actuación arbitral?”. Entonces el ucraniano le atraviesa con sus ojos de hielo, impasible el gesto, y masculla: “¿Qué te ha parecido a ti?”. El alcachofero se pone a sudar sangre, las piernas le tiemblan y de inmediato debe ser ingresado de urgencia por una crisis de ansiedad que desemboca en posterior profesión de votos como monje capuchino, acosado el resto de su vida por pesadillas recurrentes sobre la mirada de Andrey Lunin. A priori suena bien, pero la labor de un rajador de confianza debe ser la de decir las cosas con claridad, no la de aterrar periodistas. Lunin, por lo tanto, descartado.
El Real Madrid necesita un buen rajador en su plantilla, alguien que no sea Xabi Alonso. Dentro de unos días se juega un Madrid-Barça y mucho me temo que hará falta un rajador competente para ese partido
Arda Güler, que es probablemente el intelecto más afilado de la plantilla desde la marcha de Toni Kroos, podría, por ese motivo, ser un buen rajador. Lo malo es que el periodista de turno le preguntaría sobre (por ejemplo) el caso Negreira, y probablemente Güler le respondería con una larga disertación sobre la ética en los textos de Avicena y Máximo el Confesor, dejando al alcachofero con cara de idiota y sin enterarse de nada. Güler, por tanto, no sirve como rajador. Güler debe filosofar en el campo, estableciendo con los delanteros místicas conexiones que trasciendan la metafísica, como hace últimamente.
Tal vez alguno de ustedes piense que Carvajal sería un rajador fiable, pero ese es un error muy común. Aquí a Carvajal le queremos mucho, pero sufre de un vicio muy característico de los capitanes españoles del Real Madrid: cuando llevan la camiseta del club son rajadores más o menos competentes, pero rajan fatal cuando juegan con la selección española. En ese contexto, se ponen a decir cosas como que los árbitros a veces te dan y a veces te quitan, que su trabajo es muy complicado, que qué bonito es el amor más que nunca en primavera y ese tipo de cosas. Como rajadores, juegan bien en casa, pero muy mal como visitantes. Conviene descartarlos para ese puesto.
Lo mejor sería que en el próximo mercado de invierno Florentino Pérez emprenda el fichaje de un buen rajador. El perfil adecuado sería el de un tipo sin pelos en la lengua y, sobre todo, que no haga ningún roto al equipo cuando se pase la temporada sancionado por decir verdades. Alguien como Mariano, por ejemplo, cuya ausencia en el campo de juego nadie notaría. Lo malo de Mariano es que lo fichas para rajador y en vez de eso se pasa el día haciendo el vago y ensayando peinados raros.
Un rajador no solo debe ser prescindible en los partidos sino también carismático. En ese aspecto, Fabio Coentrao se me antoja muy adecuado. Al Coentrao de la época del primer Ancelotti yo lo fichaba como rajador sin dudarlo, al de hoy en día me lo pensaría un poco mejor. A este Coentrao le preguntas sobre el arbitraje y te responde citando textos de “El Viejo y el Mar” y diciendo no sé qué sobre la procelosa inmensidad de los océanos. Nada, dejémoslo donde está, con sus barcos y melancolías.
Se me ocurre una idea mucho más radical. Llevo dándole vueltas un tiempo y creo que sería el mejor fichaje que el Real Madrid podría hacer para cubrir el puesto de rajador de la plantilla. Tomen nota: Antoine Griezmann.
Creo que sería la mejor opción. Piénsenlo bien: por un lado, no me cabe duda de que Griezmann es en secreto madridista hasta las trancas y, por el otro, tiene el aspecto de alguien que se muere desde hace tiempo por que le den la oportunidad de rajar a base de bien.
Reflexionen sobre el maravilloso torpedo en plena línea de flotación de la Liga española que sería fichar a Griezmann como rajador del Real Madrid. Imaginen a Gonzalo Miró dando la noticia en directo, recreen en su mente la portada de Marca (ANTOINE GRIEZMANN, NUEVO RAJADOR DEL REAL MADRID). Visualicen el próximo post partido contra el Atleti y la escena de Griezmann, vestido de blanco impoluto porque no ha pisado el terreno de juego, rajando a placer ante el micrófono del programa de Manolo Lama sobre Alberola Rojas, los chanchullos del triángulo Tebas-Laporta-Cerezo y los injertos de Simeone. Gloria bendita.
El Real Madrid lleva más de un siglo haciendo avanzar el fútbol. Es hora de dar otro paso hacia el futuro y fichar al primer rajador de la historia, el jugador número 12, la voz del pueblo soberano. Hágase. Antes del domingo, a ser posible.
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Cada vez que escucho eso de “el Clásico”, me entran ganas de apagar el televisor, adoptar una cabra y perderme por los montes de León. “El Clásico”, dicen. Como si el fútbol español hubiera empezado el día que ese equipo del que usted me habla descubrió que vender camisetas era más rentable que fichar sin aval. Llaman clásico a lo que en realidad es un invento de marketing con la misma autenticidad que un billete del Monopoly.
Porque, amigos míos, el verdadero clásico del fútbol español no es el Real Madrid–cliente de Negreira, sino el Real Madrid–Athletic Club, se juegue en el Estadio Santiago Bernabéu, en San Mamés o en campo neutral. Ése fue el primero, el genuino, el que enfrentó a los dos equipos que más Copas de España se disputaron cuando el balón aún era de cuero y los árbitros no tenían tarjetas, sino criterio. Antes de que la prensa barcelonesa se adueñara del relato y lo envolviera en celofán con la palabra Clásico, el fútbol ya tenía su duelo fundacional: Madrid–Athletic, 1903, final de Copa, pasión pura, sin VAR ni “Negreiras” que valgan.
Llaman clásico a lo que en realidad es un invento de marketing con la misma autenticidad que un billete del Monopoly
Pero claro, el término “El Clásico” suena bien, vende mejor y da titulares fáciles. Es como llamar “gran reserva” a un vino de tetrabrik. Y ahí entramos en el delirio: comentaristas de tres al cuarto hablando de “la rivalidad eterna”, tertulianos con el entusiasmo de un vendedor de coches usados, y medios que repiten el eslogan como si cobraran por palabra. Que probablemente lo hagan.
Lo que se nos olvida —o se quiere olvidar— es que no puede llamarse clásico un duelo entre un club limpio y otro que compró durante décadas al vicepresidente de los árbitros. Eso, queridos amigos, no es clásico: es caso penal. Un club que pagó millones al número dos del estamento arbitral no puede acudir al Bernabéu con la cabeza alta ni al Camp Nou, o donde les dejen jugar, con el alma limpia. Llamar “clásico” a ese enfrentamiento es como llamar “amistoso” a una emboscada.
Porque clásico significa digno de imitar, arquetípico, perdurable. Y aquí, perdurable ha sido solo la trampa sistemática. Si el Real Madrid representa la excelencia deportiva, el trabajo, la meritocracia y la búsqueda constante de superación, el otro representa la queja institucionalizada, el victimismo militante y, últimamente, la corrupción organizada. Y eso no es rivalidad: eso es una vergüenza con departamento de comunicación.
Los clásicos de verdad no se compran con talonarios ni se venden en Amazon Prime. Se forjan en el barro, en la nobleza del juego, en la historia compartida. Por eso el Madrid-Athletic sí lo es: porque nació del respeto mutuo, de la tradición, de una rivalidad que nunca necesitó conspiraciones. Ni pagos. Ni VAR selectivo. Ni “¡Nos roban!” cada lunes.
Si nos ponemos rigurosos —y ya saben que a mí los datos me tiran más que el postureo—, el Real Madrid y el Athletic han disputado más de 200 partidos oficiales desde 1903. Son los dos clubes con más presencias históricas en Primera División y los únicos, junto con el equipo al que en 1934 salvó el gobierno, que nunca descendieron. Su relación está tejida con fútbol de verdad, no con gabinetes de propaganda ni con “influencers” del escudo.
Los clásicos de verdad no se compran con talonarios ni se venden en Amazon Prime. Se forjan en el barro, en la nobleza del juego, en la historia compartida. esto no es el Clásico: es el Caso
Sin embargo, la maquinaria mediática decidió que lo “internacionalmente vendible” era otra cosa. Y así se nos coló el mito de El Clásico: ese duelo sobreinflado que se ha convertido en una mezcla de circo romano y gala de los Goya, con árbitro de por medio, cámaras de 8K y una carga de hipocresía que ni en el Congreso.
Y lo peor es que, mientras nos venden la rivalidad como un símbolo de grandeza, uno de los protagonistas tiene pendiente una mancha de proporciones bíblicas: el caso Negreira. Décadas de pagos millonarios al vicepresidente de los árbitros, sin que nadie —ni prensa, ni federación, ni liga— haya tenido la decencia de llamar a las cosas por su nombre. ¿Y aún así le llaman “clásico”? Perdonen, pero no, esto no es el Clásico: es el Caso.
El verdadero Clásico, repito, es el del respeto y la tradición. Aquel que se jugaba en San Mamés con la honradez de quien sabía que al árbitro no se le compraba, sino que se le discutía a voces desde la grada. El duelo entre dos clubes que han sido columna vertebral del fútbol español. Eso es un clásico. Lo otro, un producto adulterado por la propaganda y blanqueado por una prensa que hace años dejó de ejercer de contrapoder para convertirse en correa de transmisión de la farsa.
Y luego están los modernillos del balón, esos que dicen: “Bueno, Javi, es que el Clásico mueve millones, tiene más audiencia que la final del Mundial…”. Sí, claro, y también hay millones de personas que ven La isla de las tentaciones, pero no por eso lo llamamos “El Clásico del amor verdadero”. La cantidad de espectadores no convierte una mentira en verdad. Un clásico no se mide en shares, sino en historia, en limpieza y en valores.
Así que este domingo, cuando la televisión abra con su musiquita épica y los comentaristas de siempre nos anuncien “El Clásico del fútbol español”, hagan el favor de sonreír, sonrían con esa ironía tranquila del que sabe más que el narrador, sonrían y digan: “No, hombre, no. El Clásico se jugó en abril en Chamartín. Esto es otra cosa, esto es un trámite entre el Real Madrid y el club que se creyó eterno y acabó en los juzgados”.
El miércoles tuvimos una noche europea de las de verdad: Real Madrid–Juventus, historia pura sin necesidad de maquillaje, dos clubes con más Copas de Europa que excusas, con rivales de verdad, sin victimismos ni sobres con membrete. Esto sí es un clásico, uno de esos que huele a fútbol antiguo, a respeto y a grandeza compartida.
Mientras algunos se aferran al “clásico” de los telediarios, Europa sigue recordándonos qué significa esa palabra cuando se pronuncia sin comillas. Lo demás —las ligas adulteradas, las pancartas lloronas y los himnos de autoayuda— son ruido de fondo. El clásico, amigos, como siempre, se juega en Europa. Y lo protagoniza el Real Madrid.
Porque los clásicos no se inventan: se merecen, y en eso, queridos, el Real Madrid sigue siendo el único club clásico de verdad.
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No tengo ni putas ganas de clásico. No sé si me explico. Llevo diciendo esto dos años y medio cada vez que se aproxima un duelo contra esa gente. Al especificar que hace dos años y medio que albergo este fuerte sentimiento anticlásico, dejo claro que el mismo nada tiene que ver con el hecho de que el año pasado nos mojaran repetidamente la oreja. Tenía idéntico sentimiento visceral en el año de la Decimoquinta, cuando les mojábamos la oreja nosotros a ellos pero ya se sabía, con prueba documental en forma de facturas, que estos tipos se habían comprado el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años, si bien a decir de sus propios directivos José Luis Núñez ya pagaba a la cúpula colegial allá por los lejanos 90, de tal suerte que el soborno continuado al sistema arbitral por parte de ese club del que usted me habla (como dice Javier Vázquez) es el auténtico nexo de unión entre el pasado siglo y el que nos contempla. Se trata de una cadena que seguramente sigue hacia el futuro cuando ya se ha cumplido una cuarta parte del siglo siguiente.
¿Cómo no va a cambiar esto el modo en que uno vive el mal llamado clásico? Lo asombroso es que haya gente que lo siga viviendo como siempre, o sea, como cuando sospechábamos que algo raro pasaba, vale, pero al menos no teníamos constancia palpable del factor Negreira. Ahora lo tenemos, pero casi todo el mundo hace como si nada, y engalana el mal llamado clásico con los farolillos irritantes de su ilusión casi como uno coloca guirnaldas en el árbol como cuando se aproxima la Navidad.
Yo soy el Grinch de los putos clásicos. Me cago en el propio hecho de que tengamos que jugar contra una entidad que debería estar en Segunda División por lo que el juez de instrucción Aguirre llamó sin medias tintas corrupción continuada. El sistema apesta con luz y taquígrafos y la gente sigue entonando villancicos en torno al portal del Real Madrid-Barcelona. Que le den al Real Madrid-Barcelona, y ya de paso que dejen de llamarlo clásico. No es clásico de nada.
Soy el Mr. Scrooge que rezonga ante las lucecitas y el cotillón, y no hay fantasma de los clásicos pasados, presentes o futuros que pueda hacerme recapacitar. Soy, al parecer, el único o casi el único ser humano sobre la faz de la tierra a quien aún le importa una mierda la jodida decencia. Soy el viejo gruñón que se hace incómodo recordando a los jóvenes la cantidad de detritus que oculta la alfombra. No me hagáis caso. Tan solo soy un señor mayor con parámetros de otra época, por ejemplo que no está bien sobornar a los árbitros (ni a sus jefes, cojones, ni a sus jefes), por ejemplo que quien la hace la paga.
Ni clásico ni pollas en vinagre. Yo, por lo que sea, prefiero jugar contra gente que no haga trampas. En la eventualidad de verme forzado a jugar contra gente que haya hecho trampas, al menos que sea contra gente que ya haya pagado por sus crímenes. No es casualidad (porque el Dios justiciero del Antiguo Testamento no da puntada sin hilo) que este mal llamado clásico haya venido precedido por un partido europeo contra la Juventus. Así podemos comparar. La Juventus protagonizó el MoggiGate, cosa nimia en comparación con la era Negreira, y como resultado le fueron retirados los scudetti objeto de estudio y emprendió el humillante camino del descenso de categoría. Saldaron su deuda con la justicia, se produjo al menos un intento de reparación moral, y por eso el miércoles pasado les recibimos en el Bernabéu con todos los honores, como se recibe a un amigo otrora ilustre que sale de la cárcel y busca reintegrarse en la sociedad.
Yo, por lo que sea, prefiero jugar contra gente que no haga trampas. En la eventualidad de verme forzado a jugar contra gente que haya hecho trampas, al menos que sea contra gente que ya haya pagado por sus crímenes
El club cliente de Negreira, en cambio, no ha ido a la cárcel. No solo eso. Ni siquiera ha entonado un mea culpa o ha emitido un amago de reconocimiento de la gravedad de lo fehacientemente descubierto. Envalentonado por la complicidad de las instituciones, complicidad que se eleva a las más altas instancias, actúa al respecto con una mezcla vomitiva de hipocresía y jactancia, y con esto me refiero tanto al propio club azulgrana como a su entorno (valga la redundancia pues el mimetismo es total).
Sí, nos compramos durante décadas a los jefes de los árbitros para comprarnos indirectamente el favor de estos: os jodéis. Sí, nos compramos durante décadas a los jefes de los árbitros porque en nuestra mente enfebrecida vosotros os los habíais comprado antes, a pesar de que de esto último no haya prueba documental ni estadística alguna más allá del penalti de Guruceta que os contaron los abuelos: también ante este argumento de mierda se supone que tenemos que jodernos. Se compraron el sistema arbitral durante décadas, y aún tenemos que aguantar al niñato engreído del hype superlativo decir que el Madrid roba y llora. No solo eso: tenemos que aplaudir al niñato engreido del hype superlativo porque es el emblema de la selección de todos. A la selección de todos que la pongan también mirando a Cuenca. Soy el recontraputísimo Herodes de este belén cuyo caganer tiene la cara de Negreira (hola, Pepe Herrero), y desde la atalaya de mi castillo os maldigo a todos, sinvergüenzas y asimilados.
Maldigo a los que venís a mi puerta dando la brasa con la pandereta, en busca del aguinaldo de mi complicidad, para unir a la artificialidad de la causa mis puñitos apretados de emoción. Sí tengo que blandir mis puños, que no sea por el suspense amanerado de la expectativa del gol de Mbappé o Raphinha. Sí tengo que blandir los puños, que sea para usarlos contra el decorado de cartón piedra y contra el maldito Papá Noel. El mejor partido del mundo my arse. Podéis introducirlo por donde no brilla el sol, y si os apetece volver a mí cuando ese club infecto haya vuelto del purgatorio. Tal vez entonces tenga ganas de llamarlo clásico o algo parecido, si de verdad tanto os conviene. Estoy dispuesto a volver a empezar cuando la justicia resplandezca. Mientras tanto, cierro la ventana, tapo con tapones mis oídos para aislarme de los coros infantiles y espero a que la nieve del tiempo sepulte el trampantojo hasta la próxima navidad.
PD: Si ganamos lo celebraré, claro. A ver si encima no voy a poder celebrar que gane el Bien sobre el Mal.
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Buenos días, queridos galernautas. No hace demasiado, la perspectiva de enfrentarnos a nuestro máximo rival en España despertaba sensaciones totalmente contrarias a las que nos provoca ahora. Donde había expectación y nervio, ahora hay hastío. Lo que antes se llamaba un Real Madrid - Barcelona se ha reemplazado por la cursilísima denominación de clásico. Nos negamos a escribirlo con mayúscula porque es mentira, igual que nos resulta inaceptable que el hecho de que el mayor escándalo de la historia del fútbol, en el que un club pagó millones de euros durante dos décadas al vicepresidente de lo árbitros, a cambio de un trato arbitral beneficioso, tenga ni vaya a tener consecuencia alguna. Es asqueroso y nos hace tornar ilusión y expectación por repugnancia y cinismo.
Hacemos de tripas corazón y empezamos analizando el Marca, diario de Gallardo. Montaje poco inspirado, titular largo e insustancial y letras en amarillo remedando al Wordart de Windows 98 y los manidos acrónimos con los jugadores más destacados. BMV. Qué original. Oh. Ah.
El rotativo anteriormente dirigido por Relaño, es decir, el As, nos muestra a Ilia Topuria a punto de soltar uno de sus celebérrimos soplamocos a quien se arrime demasiado a su portada. Sin querer hacer apología de la violencia, no protestaríamos demasiado si Ilia, a la manera del Último Gran Héroe o a la Rosa Púrpura del Cairo, saliese de esa portada y le lanzase ese golpecito cariñoso a unos cuantos que se no vienen a la cabeza.
Saltando a la prensa cataculé, como era de esperar, lo fían todo a Lamine Yamal, jugadorazo cuyo talento solamente es comparable a su carencia de fotogenia. En Sport, café para muy cafeteros. Nos cuentan que calienta el clásico porque hace declaraciones presuntamente provocativas en una entrevista con Ibai Llanos mientras hunde su cuello en su camisa, adoptando lo que parece ser la posición llamada del galápago del Ampurdán. Mas allá de consideraciones zoológicas, nos preguntamos por los beneficios y conveniencia de fiar el presente y futuro de un club histórico a un chico de 18 años recién cumplidos sin realizar en paralelo una labor de acompañamiento y formación del mismo para evitar desviaciones de personalidad y conducta. Allá cada uno.
El diario del Conde de Godó, Grande de España, también nos muestra a Yamal en posición de pedir turno en la carnicería para comprar chopped de pavo, medio kilo de cinta de lomo y unos huesos para el caldo.
Pasad un excelente día y mantened siempre la educación y el respeto, aunque sea a costa de no consumir prensa presuntamente deportiva, que ya os lo contamos todo aquí.
Sobre la belleza se ha escrito tanto que ya puede referirse a cualquier cosa. Umbral, por ejemplo, decía que la belleza es reiteración y lo que se reitera es bello por repetitivo. Hay cierta inteligencia en esta boutade: uno puede enamorarse de un equipo que pierde cada domingo. Por su parte, Jabois, en la novela Mirafiori, pone en boca de uno de sus personajes lo siguiente, sobre los cirujanos estéticos: “Confunden la perfección con la belleza, que es la falta de armonía y de simetría. La belleza es el error en el momento exacto”.
El Real Madrid ganó a la Juventus de Tudor, anterior y posteriormente conocida como de Turín, por un escueto 1-0 gracias a un gol de Jude Bellingham tras una fastuosa jugada de un Vinícius empeñado en la reconversión: si no puede ser búfalo, si no hay pradera para correr, será antílope en huida de mordiscos y patadas.
Fue un Madrid eficaz y antiguo, como dicen en El País, sostenido por tres piezas que nos retrotraen a 2024. Acabó, como mandan ciertos cánones, pidiendo la hora, con Thibaut Courtois deteniendo varias acometidas de peligro cuando el rival, vivo de milagro, creyó que puntuar en el Bernabéu estaba al alcance de cualquiera.
Nos aburrimos en una primera parte burocrática en la que la Juventus, sin balón y sin ganas de tenerlo, se dedicó a cerrar espacios y a bregar, con la esperanza de que el local se impacientara y cometiera un error. No fue el caso. El Madrid paseaba el esférico por el campo esperando un haz de luz, como quien mira por la ventana cada mañana soñando con guardar el abrigo en el armario, con el retorno de los pájaros y la manga corta.
Por fin, tras el descanso se acrecentaron las urgencias: llegaron entonces los espacios, las praderas abiertas, florecieron las amapolas y el Madrid pudo correr. Mbappé, con cincuenta metros de césped por delante, es un estornudo. Las alergias aumentaron en el Bernabéu, y hubo quien se enamoró locamente de Güler, o del Valverde que podría ser un lateral antológico, de un Asencio mártir encaminado al perdón, de un Carreras que reconforta como unas sábanas limpias, de un Tchouameni reverdecido.
El Madrid fue una primavera momentánea, un error en la pizarra, una combustión, un estornudo, un cuerpo asimétrico y profundamente bello
El Madrid, con espacios y urgencias, es una primavera. Se abrió el Bernabéu y volvieron los pájaros y las ganas de vivir. Con espacios, los de Xabi Alonso ganaron en profundidad y en instinto asesino. Aparte del gol, de sobra merecido, merecieron dos o tres más, pero un Di Gregorio inspirado contuvo una estación desbocada que pretendía convertir el mundo en un niño que se sabe poemas de memoria, como escribió Rilke.
Acabó el partido y volvió el otoño, este octubre que anuncia otro cambio horario en España y que mira de reojo un nuevo Clásico, para muchos definitivo y determinante, que será otro Clásico viejo, como todos. Frente a nosotros, la puerta del invierno.
No obstante, ayer fue primavera por un rato, olimos la tierra húmeda y el polen y escuchamos a insectos hacer el amor y vimos la lluvia en una tarde soleada y el sol en una tarde lluviosa. El Madrid fue una primavera momentánea, un error en la pizarra, una combustión, un estornudo, un cuerpo asimétrico y profundamente bello que, precisamente por reiterado, nos sigue embelesando.
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Buenos días, galernautas. Como de sobra sabéis, el Real Madrid venció ayer a la Juventus (1-0) con gol de Jude Bellingham, lo que completa una trayectoria inmaculada hasta la fecha en esta edición de la Champions League. Tres partidos, tres victorias. Nueve puntos en juego, nueve puntos logrados.
A juzgar por parte de la prensa y (lo que es peor) de la afición madridista en las redes sociales, no obstante, todo es un desastre y este equipo no va a ninguna parte. De hecho, el denominador común de la prensa el día es, poco más o menos, que el partido lo ganó Courtois.
Os invitamos a leer la crónica galernauta de Paco Sánchez Palomares (y las calificaciones de Genaro Desailly) para que comprobéis que no estáis locos y que otras personas también vieron el partido que visteis vosotros. Es decir, uno en el que Courtois (que cumplió 300 partidos después de dar una lección en una rueda de prensa histórica) estuvo sensacional, pero no fue ni mucho menos la única clave de la victoria.
Como diría cierto expresidente del Congreso y exembajador en Londres, manda huevos. Es cierto que Courtois hizo varias intervenciones y que una de ellas, en un uno contra uno frente a Vlahovic, fue de absoluto valor gol, pero cualquiera diría, leyendo cosas así, que Di Gregorio, el portero juventino, estuvo de turismo en el Bernabéu.
Fue todo lo contrario. El Madrid, aunque acabó desinflado y pudo pagarlo caro, tuvo largos ratos de juego vibrante que se tradujo en claras ocasiones que obligaron a Di Gregorio (que no estuvo allí de paseo) a facturar una actuación antológica, atajando goles cantados de Mbappé por dos veces, Brahim otras dos, y varias otras intervenciones.
Pero ya conocemos a la prensa que padecemos (y a su triste reflejo en las redes sociales): el Madrid tiene que hacerlo siempre mal, y para que quede claro que el Madrid, pese a ganar, lo hizo todo mal ayer, hay que dar el mérito de la victoria a su portero, que “le salvó”.
Mundo Deportivo tiene la delicadeza de meter al menos a Bellingham en la ecuación también (“Courtois y Bellingham salvan a los blancos”), pero todo obviando el conjunto de buenas noticias que arrojó el partido, por ejemplo la consolidación de Arda Güler como centrocampista, con las funciones ofensivas y defensivas que ello comporta; la magnífica aportación de Mbappé aunque esta vez no marcara; el carácter una vez más decisivo de Vinicius, sensacional en la jugada del gol de Jude; la pujanza de Brahim, que presentó una clara candidatura de titularidad para el partido ante el club cliente de Negreira; la seguridad defensiva de Militao y Asencio; el gran partido de Valverde como lateral…
El CM de Mundo Deportivo, no obstante, insistía anoche en lo mismo: les “salvó” Courtois, con gol de Bellingham. Y punto.
Hubo muchas cosas buenas -aparte por supuesto de la victoria-, pero nadie parece dispuesto a resaltarlas. Mirad la portada de Marca, presunto epítome de la Central Lechera y a la hora de la verdad hoja parroquial de un Javier Tebas que aún se retuerce de dolor ante el varapalo de la no-celebración del partido de Miami.
De nuevo se nos ofrece una lectura reduccionista del encuentro, en virtud de la cual se vuelve a destacar a Courtois, además de un “un gol” de Bellingham (sin mencionar el excelente partido del inglés en el segundo tiempo).
La letra pequeña es peor todavía, resaltando que Mbappé “se quedó seco” solo porque esta vez no marcó (alguna vez tendrá que pasar) y sin mención alguna de todos los elementos positivos que hemos resaltado hace algunos párrafos. Y todo enfocado al puñetero mal llamado “clásico”, como si todo girara en torno a los enfrentamientos directos con el club cliente de Negreira y la Champions League fuera un torneo de verano de poca monta, diseñado para preparar ese otro partido.
Ese otro partido que por cierto ya está ahí, a la vuelta de la esquina, lo queramos o no. No apetece jugar contra un equipo que debería estar en Segunda División, o que al menos debió pasar por ella. Hace tanto tiempo que se descubrió el escándalo Negreira sin que haya habido justicia que a su beneficiario le habría dado tiempo a descender a Segunda, jugar allí y estar de vuelta. Le habríamos recibido con los brazos abiertos después de saldar sus cuentas con la justicia, tal como hicimos ayer con la Juventus, que también fue un club corrupto pero al menos pagó por ello.
La Juve, sí, protagonizó el nefando MoggiGate, que fue muy poca cosa en comparación con el escándalo Negreira, pero suficiente para dar con los huesos de la entidad en las divisiones inferiores del fútbol italiano. Fue castigado, y a a partir de ahí borrón y cuenta nueva, que es lo que ofrece la sociedad a los criminales que pasan por la cárcel.
A aquellos criminales que gozan de impunidad, en cambio, ni agua. Aquellas personas y entidades criminales que no pagaron por lo que hicieron no merecen el honor de jugar contra el Real Madrid.
Os dejamos con el resto de portadas de la jornada.
Pasad un buen día.