Nos ha dejado a los 64 años José Manuel Ochotorena, antiguo portero del Real Madrid, Valencia y la selección española entre otros equipos. Un guardameta formado en La Fábrica que estuvo cuatro temporadas en el primer equipo teniendo lidiar con una enorme competencia en la portería con nombres como Miguel Ángel, Agustín y Buyo.
Nacido en Hernani, Guipúzcoa, el 16 de enero de 1961, Ochotorena tenía como principales cualidades la seguridad y la sobriedad. No era un guardameta espectacular, ni tampoco en su estilo figuraban las florituras, las excentricidades y las acciones de cara a la galería. Destacaba por su eficacia, su colocación bajo palos y su dominio de las salidas por alto.
Ochotorena comenzó jugando en el Hernani, pero pronto se fijó en él Araquistain, ojeador del Real Madrid, que envió unos informes muy positivos del arquero vasco. El club blanco se decidió a incorporarlo y con 15 años ingresó en la cantera madridista. En las categorías inferiores tuvo como compañeros a Michel, Butragueño, Chendo, Pineda, Gallego y también a Agustín, con el que hizo una carrera paralela en el marco merengue. En una entrevista a la revista oficial del club en su última etapa como juvenil declaró que “espero seguirle interesando al Real Madrid. Al año que viene me gustaría jugar con el equipo aficionado o en el Castilla. La ilusión de todos es poder llegar algún día al primer equipo del Real Madrid". Además, confirmó que estaba estudiando banca y anteriormente también comenzó los de delineante. Como ídolos explicó que Gento era uno de ellos y como portero admiraba a Betancort. Su mejor recuerdo en el Castilla fue cuando el filial madridista conquistó la Liga de Segunda división en la temporada 1983-84. Agustín ya formaba parte del primer equipo y Ochotorena fue el titular indiscutible por delante de Elola y Serna.
El debut con el primer equipo blanco se había producido dos años antes en la huelga parcial de jugadores profesionales que obligó a algunos equipos a jugar con futbolistas del filial y juveniles. Se disputaba la jornada 32 de la Liga 1981-82 cuando el Real Madrid se midió al Castellón en Castalia con Ochotorena en la portería en un once también con Francis, Fraile, Casimiro, Salguero, Espinosa, Juanito, Míchel, López Miró, Juliá y Serrano. La crónica de AS de Manuel Manferrer desde Castellón elogió la fantástica actuación del arquero vasco con varias paradas de mérito en la victoria merengue por 1-2.
El ascenso como portero de pleno derecho del primer equipo madridista le llegó de cara al curso 1984-85. El entrenador era Amancio, que le conocía del filial blanco, y fue importante en la decisión de dar una oportunidad al easonense tras la retirada de García Remón. “Casi no me lo creía. Ten en cuenta que, aunque lo esperes, hasta el momento de producirse no te haces a la idea. Significa que todo el trabajo que has hecho hasta ahora ha servido para algo. Es la mayor alegría de mi carrera deportiva". Así se mostraba el vasco en la revista oficial del club respecto a su paso con los mayores. Fue una campaña en la que se apostó por gente joven y, además del vasco, también subió Michel. Solo se fichó de fuera a Jorge Valdano. El cancerbero titular era Miguel Ángel y como segundo estuvo Agustín, por lo que Ochotorena comenzó a vivir la dura competencia que le esperaba. Respecto a la lucha por un hueco reconoció que era “muy difícil" y alabó a sus dos compañeros: "Tanto Miguel Ángel como Agustín son dos grandes porteros, muy completos, y de los cuales me gustaría poseer sus cualidades, parecerme a ellos. Yo por mi parte intentaré seguir trabajando como hasta ahora y nivelarme con ambos, para que de esta manera no haya muchas diferencias y para que exista así una sana competición entre los tres. Espero con el tiempo llegar a lo que han sido ellos". Con los pies en el suelo manifestó que “voy a trabajar y a luchar por el puesto. Estar al lado de personas tan competentes siempre hace que saques provecho de todo, que aprendas. Y ¿qué mejor sitio para hacerlo que en el Real Madrid?”
Acabó disputando siete encuentros por varios problemas físicos del orensano y el pontevedrés y pudo debutar en el Santiago Bernabéu en Liga contra el Elche el 20 de febrero de 1985. Tras el partido declaró ante los medios que “no me lo esperaba, la verdad. Y no lo supe hasta dos horas antes, cuando hablamos sobre el partido. Estoy muy contento y creo que he cumplido, aunque, la verdad, no he tenido mucho trabajo. Además, el resultado ha ayudado. La defensa me dio una gran seguridad”. La revista del Real Madrid lo volvió a entrevistar unos días después en los que se seguía mostrando feliz de ayudar al equipo blanco: “He conseguido algo muy difícil, llegar a jugar en el Real Madrid, soy consciente de ello, pero más es aún mantenerse”. Luego, a final de curso, ya con Molowny en el banquillo, fue el portero titular en la Copa de Liga que conquistaron los blancos. Disputó los dos encuentros de semifinales ante el Sporting y la final contra el Atlético de Madrid. En la ida, los colchoneros vencieron por 3-2 y en la vuelta los madridistas dieron la vuelta a la final venciendo por 2-0. Belarmo en Marca juzgó la labor de Ochotorena como “acreditada y responsable”. Esa temporada fue la primera en la que se logró la Copa de la UEFA, y aunque el vasco no tuvo minutos a lo largo de la competición, se emocionó al levantar el trofeo: “Es una alegría tremenda, ya que al ser mi primer año con el equipo era difícil suponer que iba a quedar campeón de una competición europea. Al tener la copa en mis manos he pensado en todos los que hemos estado juntos cuando las cosas han ido mal; por ellos y por mi familia me he alegrado enormemente. Me siento muy satisfecho".
Los buenos mimbres que dejó al final del curso le valieron para comenzar la temporada 1985-86 como titular del cuadro dirigido por Molowny. Llegó a la pretemporada con “gran ilusión y esperanzas a nivel de equipo y personal” y con Miguel Ángel lesionado fue el portero en 23 jornadas de Liga en una competición doméstica que se llevaron los blancos con gran superioridad por delante del Barça. Ochotorena cumplió con nota hasta que se cebó con él la mala fortuna. En la visita a Valencia, la noche de Reyes de 1986, tuvo un fuerte choque con Cabrera al salir para despejar de puños y tras recibir un cabezazo del uruguayo sufrió una fractura del tabique nasal. Ochotorena se lamentó de su suerte manifestando que “da mucha más rabia dejar de jugar que el percance en sí. Había jugado hasta entonces todos los encuentros y la lesión vino a romper un poco todos los planteamientos que tenía”. Más de dos meses tardó en recuperarse y cuando volvió Agustín había cumplido bien y perdió el puesto. Disputó algún encuentro liguero más y los cuartos de final de la Copa de la UEFA ante el Neuchatel y la ida de semifinales contra el Inter. En Milán los blancos cayeron por 3-1 y el vasco se vio “demasiado influenciado por el ambiente pareciendo nervioso e inseguro”, en palabras de la crónica de Ángel Retamar para Marca. No jugó la vuelta ni la final, pero además de esos tres duelos jugó las eliminatorias completas de 1/32 ante el AEK, de 1/16 frente al Chornomorets y la histórica de 1/8 contra el Gladbach en la remontada por 4-0 en el Bernabéu tras caer 5-1 en Alemania. Aquel curso los madridistas culminaron una temporada sobresaliente con el doblete de Liga y Copa de la UEFA.
La llegada de Buyo como uno de los fichajes importantes del club blanco de cara a la temporada 1986-87 le relegó a un segundo plano. Leo Beenhakker confió plenamente en el de Betanzos y Ochotorena se pasó inédito todo el curso en partido oficial. Solo pudo colocarse bajo palos en algún duelo amistoso como ante la Cultural Leonesa y el Atlético Marbella. Al principio del curso habló en una entrevista declarando que “personalmente, voy a salir como todos mis compañeros a luchar al máximo”, pero sabía que la entidad era complicada con el de Betanzos en liza. Aquel año el Real Madrid ganó la primera Liga de las cinco seguidas. Su última temporada en la casa blanca fue en 1987-88 y el panorama para el donostiarra no cambió demasiado. Buyo era el dueño del marco y Ochotorena y Agustín los porteros en caso de alguna emergencia o lesión del gallego. En este caso, el guipuzcoano sí tuvo presencia en dos partidos oficiales de Liga en las últimas jornadas de la campaña. Primero jugó en Vigo contra el Celta y posteriormente contra la Real en Atocha en la jornada 37. Terminaba contrato el 30 de junio y no renovó. Su periplo madridista concluía así marchándose con buen sabor de boca con otro título de Liga para su palmarés. En una de sus últimas entrevistas explicó que aunque “han sido pocos los encuentros que he disputado, en concreto dos, estoy muy satisfecho de mi actuación”. En total jugó 46 partidos y ganó tres Ligas, dos Copas de la UEFA y una Copa de la Liga.
Su carrera continuó en Valencia en el que tuvo mucha rivalidad deportiva en el marco con Sempere. En el equipo che tuvo momentos excelentes y logró un trofeo Zamora al portero menos goleador en la temporada 1988-89. Con los valencianistas también permaneció cuatro temporadas hasta que fichó por el Tenerife en el que se encontró a su antiguo compañero Agustín. En sus últimos años de carrera también defendería los marcos del Logroñés y el Racing de Santander. Con la selección española fue internacional en una ocasión. Su debut se produjo en un amistoso contra Polonia en 1989 en Riazor disputando los últimos diez minutos del encuentro. Unos meses después acudió al Mundial de Italia’90 en la convocatoria de Luis Suárez como uno de los suplentes de Zubizarreta.
Tras colgar los guantes comenzó su etapa como preparador de porteros. Primero en el Valencia y luego en el Liverpool hasta que llamó a su puerta la Federación Española de Fútbol. En la selección española hizo un excelente papel durante más de tres lustros y sus pupilos hablaban bien de sus métodos y enseñanzas no solo en el apartado técnico. Por sus manos pasaron porteros como Cañizares, Casillas, Reina, Valdés o De Gea y estuvo en el staff técnico de la época de oro de la selección que conquistó las Eurocopas de 2008 y 2012 y el Mundial de 2010. Luis Aragonés, Vicente del Bosque, Lopetegui o Luis Enrique confiaron en su sapiencia en la preparación de los guardametas hasta que en 2021 y de manera amistosa con la Federación cerró su ciclo en el equipo nacional. Al mismo tiempo lo hizo también en el equipo valencianista en el compatibilizaba funciones con la selección.
El 27 de octubre falleció en Valencia debido a una enfermedad que le fue diagnosticada el año anterior.
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“Espera, espera. Nada de 290, yo he metido 352 goles. Esto es una cosa que no acabo de entender. Para mí, todos los goles con el Real Madrid cuentan igual, sea en la Copa de Europa o en el Teresa Herrera. Siempre que uno luce ese escudo vale lo mismo, no hay oficiales y amistosos. En el trofeo Bernabéu jugabas delante de tu afición contra el Milán, el Ajax o el Bayern. Ese partido era tan serio como cualquiera. Mi resumen es que he jugado 778 partidos y he metido 352 goles. Punto. Ponerse la camiseta del Madrid es sagrado, ¡qué coño va a haber amistosos!”. El que corta al periodista nada más iniciar la entrevista —publicada en El Mundo hace tres años— es Carlos Alonso Santillana, mito, ejemplo y cabeza de Chamartín durante 17 temporadas.
Una actitud que ¡por fin! se le vio al equipo de Xabi Alonso en la temporada. Tuvieron que pasar muchas cosas para que el compromiso, el orgullo y, si quieren, la rabia inyectaran a los jugadores ese plus que hace superar disputas, ganar partidos, pero, sobre todo, ser fiel al ADN madridista. El desbarre en el Metropolitano, ver el peligro de igualar la mala racha de cinco partidos contra el Barça en la lona, las bravatas de Lamine. Cojan lo que quieran, seguramente todo, agítenlo y ahí tienen a un Madrid que de sostener el espíritu del partido contra los azulgranas será muy, pero que muy difícil de batir.
“Solíamos hacer la pretemporada en Orense” continúa el socio inmortal de Juanito “y, para el primer partido, bajábamos del monte a jugar en León con la Cultural. Ese era el partido más difícil y más importante del año, porque eres el Madrid y no puedes permitirte el desprestigio de perder con la Leonesa. Para ellos era el día de su vida y nosotros estábamos aún lentos, así que las pasábamos canutas todas las veces. Pero ganábamos. Eso es para mí el Real Madrid”.
Y es que la primera enseñanza de la victoria del domingo no es la genialidad táctica de colocar a Camavinga en la derecha para dar pista a Bellingham y Güler, sino el evitar el déficit de los que ganan: no bajar la guardia. Es innegable que el Madrid necesita ajustarse y cumplir con la presión prometida, pero mientras debe saber que el escudo se honra con sudor y no con perfume de vedette, como alguno ha confundido y necesita que el club, los capitanes y el entrenador le recuerden. Y ya saben por dónde voy.
Leo que Valverde, de nuevo inmenso en el lateral, jugó con fiebre el partido hasta que, agotado, su cuerpo dijo basta. Cuando Santillana descubrió que sólo tenía un riñón (cosa que por cierto leyó en el diario Pueblo) decidió seguir el consejo del doctor Puigvert —“Tienes sólo una cabeza y si te cae una maceta, te mata. Tienes sólo un hígado, un mal golpe, te lo revientan y al otro barrio. Y no por ello dejas de hacer cosas. Pues con el riñón, lo mismo. Juega sin miedo”—, apretar los dientes y seguir.
Así que ese el camino. Olvidar los egos y las posiciones preferidas y recordar, como apunta el cántabro en la charla que “esta camiseta la han vestido Di Stéfano, Gento y Puskas”, lo que obliga a luchar por lo imposible. Sólo así gana el Madrid.
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Huele que tumba a euforia blanca. Craso error, muy natural. Victoria sin discusión sobre el mejor equipo del mundo al que le salió barata la excursión. Pudo irse multi goleado y no. Me pareció el clásico partido de un Madrid dominador ante un rival menor que acaba celebrando una derrota mínima y abrazando a su portero. Esto no pasó porque al final ciertos protagonistas decidieron probar de mantear a Yamal. Pero sí, no es lo mismo palmar 2-1 que 5-1. Para el Barça y para el Oviedo. Y la cosa estuvo para la manita. En fin...
Un abrazo para el portero polaco-marbellí, el llamado Tec, alegre fumador que fue el mejor de su equipo. Vamos, como si el visitante del Bernabéu fuera el Kairat de Almati. Por cierto Kylian y me vas a perdonar: a un portero mayorcito se le chuta fuerte y abajo. Un tirito de medio cuerpo para arriba es darle ventaja a no ser que lo ajustes mucho al palo. A los 35 tacos a nadie le va bien irse al suelo. Arda, otro que tal: no se puede dar esa ventaja, por favor. Lo del Madrid y los penaltis, lo del Madrid y los despistes. Un día será terrible.
Pues nada, que jugaron los muchachos un magnífico primer tiempo y así, en global, un partido para la ilusión, máxime si son capaces por fin de no dar ventajas al adversario defendiendo y atacando. Admitíamos que en la puntería influye la suerte, esa chispa que te permite meter la pelota dentro, pero hubo otros detalles que confirman lo sabido: esto no está del todo cerrado.
Hay momentos en que el Madrid no debe perdonar y lo hizo. Pudo golear en un Clásico y no supo. Un buen Madrid en muchas cosas y un Madrid desesperante en otras. Quedan cosillas por mejorar, una el colmillo. Ah, valiente Alonso cuando quitó a M'Bappé y Bellingham faltando diez minutos por Gonzalo y Ceballos. Valiente y temerario.
Lo del Madrid y los penaltis, lo del Madrid y los despistes. Un día será terrible
Al final pasó lo que pasó, que fue poco para lo que pudo pasar, y cambió el discurso: el que no le gana este año a un rival serio es el Barça: recuerden PSG.
Pero, pero, pero. Ojito con los tres próximos partidos, ¡mucho ojito! Guarden trompetas y fanfarrias y síganme: el año pasado la cosa por arriba estuvo más o menos así. El Madrid tomó diría que seis puntos de ventaja, no me voy a poner a mirarlo. Que se escapaba, vamos. Pero en tres partidos el entonces equipo de Ancelotti sufrió tres errores humanos del primer árbitro, el cuarto, los línieres, el VAR y el VOR y la distancia se redujo. Bueno, tres partidos sí, tres errores humanos, es un decir: interviene tanta gente que como poco fueron 33.
Fue un inolvidable y maravilloso ejercicio de perfecto trilerismo: sabes que te lo van a hacer... y te lo hacen. Solemnemente digo que si yo fuera el Madrid firmaría acabar esta primera vuelta empatado a puntos con el rival de ayer. Con uno de ventaja iría a Cibeles.
La cosa es recibir al Valencia y viajar a Vallecas y Elche. Un calendario extraño, Dos partidos de local y dos de visitante así, consecutivamente. Alerta máxima, mucho cuidado. En Elche, por cierto, recibió Kroos la amonestación más delirante de su vida. La tienen en Youtube. Un rival se desmayó a su vera y al rubio le enseñaron la amarilla. A punto estuvo Alemania de retirarnos su embajador. Tres partidos, mala espina.
sabes que te lo van a hacer... y te lo hacen. Solemnemente digo que si yo fuera el Madrid firmaría acabar esta primera vuelta empatado a puntos con el rival de ayer. Con uno de ventaja iría a Cibeles
De Lamine, ni mú. Bastante tuvo el muchacho. Tiene un problema, varios tiene, me cansa insistir sobre ello. Lleva contando Sostres en ABC sobre sus noches en hoteles de lujo en Barcelona. Además. Pues todos ellos sabrán. Son la tira y por lo visto les hace gracia. OK. Y termino con otro asunto. No me gusta repetirme cual cebolla, pero insisto en lo que escribí ayer en mi colaboración en El Debate: el Madrid roba muy raro.
Las dos primeras jugadas susceptibles de barrerlas a su favor acabaron... a favor del Barça. Las de Vinicius y Mbappé. Lo de Vini y Lamine fue una acción dulce para pasaportarla como penalti. El señor 'Frame' tiene algo contra Kylian: siempre elige el que es posición adelantada por el pelo de una gamba o menos, diría Luis Aragonés. Ese señor es el del año pasado, el de costumbre.
Las dos acciones son que ni pintadas para favorecer a tu favorito. Es como si el banco se deja abierta la puerta de la calle y la de la caja fuerte: el robo es sencillísimo, hágase. No habría juez que te condenara por ello. Es más: multaría al banco por tolili.
Por eso digo que el Madrid roba muy raro, ¿verdad? Y bueno, lo dicho: ojito con lo que viene. Ah. Y en baloncesto, el equipo consiguió su 34 victoria seguida en casa y batió la marca del Barça, 33. Hay días que ya, ya... El día que ese Madrid gane fuera será la monda. Otro que está por rematar, sí señor.
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Buenos días, amigos. El título del portanálisis de hoy lo vamos a tomar prestado de la primera plana de L’Equipe, mítico diario deportivo francés que curiosamente respeta al Real Madrid infinitamente más que cualquier rotativo de ese rubro en España, tierra propia donde el Madrid es demasiado grande para ser profeta por mor de la envidia nacional.
“La furia madrileña”, titulan los franceses, aunque a nosotros nos sabría mucho mejor “La furia madridista”, que es como hemos adaptado su idea para nuestro análisis de hoy. Ya sabéis que el Madrid ganó 2-1 el mal llamado clásico, y lo hizo en efecto a lomos de una furia casi inusitada en los últimos tiempos, un furor vengativo propio del Dios del Antiguo Testamento que es consustancial al Madrid de todos los tiempos y que fue rescatado merced a unas torpes declaraciones de Lamine Yamal en las vísperas.
Podéis leer la crónica de Gutiérrez de Panga y las calificaciones de Genaro Desailly, pero este portanalista está aún salivando ante el vendaval del Madrid en el primer tiempo, con un Bellingham excelso, un Camavinga imponente, un Tchouaméni implacable, un Valverde superlativo y un Militao imperial, todo ello aderezado por una mala leche especial y especialmente notoria. Ayer no jugó, pero el encuentro nos recordó aquellas palabras de Mastantuono en su presentación: “Seré un hincha dentro de la cancha”.
Todos nuestros jugadores, ayer, fueron hinchas dentro de la cancha. Se hicieron cargo (y este mimetismo hacía siglos que no tenía lugar) de la cólera de la afición contra el club que se ha comprado impunemente el sistema arbitral durante décadas, hicieron suya esa cólera y la capitalizaron. Hicieron fútbol de la ira. Bravo.
En los andurriales cataculés la derrota ha sentado fatal, e irrisoriamente hablan del arbitraje como si presuntamente les hubiera perjudicado. Hablan de un ilusorio penalti de Carvajal, se quejan de un dolor de muelas hilarante de Cubarsí en el tanto de Bellingham y omiten cómo el VAR “despitó” una pena máxima de libro del propio Lamine Yamal sobre Vini y anuló un gol de Mbappé por supuesto y milimétrico fuera de juego cuando el balón viene de Fermín, lo que invalida la posibilidad de offside.
¿Cómo se puede ir por la vida con semejante cara dura?, os preguntaréis. Nos formulamos la misma cuestión, para la cual no tenemos respuesta, pero gracias al gran partido de los nuestros lo hacemos con una sonrisa malévola en los labios. El negreirismo, en cambio, llora por las esquinas, y ello nos satisface hasta extremos notables.
La prensa supuestamente afín al Real Madrid cree hallarse ante una buena oportunidad de congraciarse con la afición blanca, pero la afición blanca ya no olvida las afrentas. Incluso en una ocasión dichosa como la de hoy la vuelve a cagar la llamada Central Lechera (rían con nosotros) dando al enfado de Vini en su sustitución categoría de portada. ¿A alguien en su sano juicio le puede parecer que el cabreo (indefendible) de Vini cuando Xabi Alonso lo mandó al banquillo merece estar codo con codo junto a la información del partido? Pues lo cuelan, a la par con el salseo de la tangana final acerca de la cual, por cierto, el culerío está mostrando su proverbial hipocresía teñida de ribetes psicosociales de lucha contra el abuso.
Ya especificarán los amables amigos de Mundo Deportivo por debajo de qué edad exacta es lícito indicar a Lamine Yamal que se abstenga de proferir gilipolleces faltonas que ponen en duda la historia del Real Madrid, máxime cuando llevas la camiseta del club que se compró durante un mínimo de 17 años al estamento arbitral. Esta es una verdad que se puede decir a los chavales de 18 años sin caer en el bullying, creednos, y a los niños de teta, si se nos apura. Es una verdad universal que resplandecerá hasta el fin de los tiempos, como lo hará la derrota del Mal a manos del Bien, combate eterno del cual vivimos ayer un nuevo episodio triunfante. La ira divina se desató sobre las cabezas de los tramposos, los simuladores, los niñatos, los sepulcros blanqueados, y tiene visos de señalar el camino de su derrota deportiva definitiva.
Pero cuidado. La auténtica derrota, la que de verdad merecen, está en manos de la jueza del caso Negreira y de la FIFA. Ojalá ellos, algún día, culminen la modesta aplicación de justicia que atestiguamos ayer.
En lo relativo a la polémica por la sustitución de Vini, con la cual os darán el coñazo inveteradamente en los próximos días, como buena cortina de humo que puede ser, nos remitimos a lo señalado en Twitter por nuestro editor.
Pasad un buen día.
De entre todas las buenas noticias que deja la victoria sobre el club cliente de Negreira, quizá la mejor sea el excelente marcaje de Carreras a Lamine Yamal, que se recordará durante mucho tiempo. Lamine acabó el encuentro con las estadísticas que comenta Albert Ortega, y que despertarán en el seguidor culé un entusiasmo perfectamente descriptible, como diría aquel.
Conviene razonar estas cifras con arreglo a tres factores. El primero: puede que, aun siendo muy bueno, tanto el entorno como el propio Lamine se hayan precipitado ligeramente al coronarlo/se como el mejor jugador del mundo. El segundo: aun en el generoso supuesto de que por talento fuese el mejor del mundo, debería cuidarse (en genérico) y cuidarse de (en particular) el engreimiento epicúreo que le rodea. Y por último: Álvaro Carreras estuvo absolutamente espectacular en la tarea de atarlo en corto. Se lo merendó, y aún se guardó unos fideos de yatekomo para la cena.
Esta mañana, Álvaro Carreras se ha levantado y, hastiado de fideos asiáticos, ha desayunado huevos revueltos en tostada mientras leía todo lo que la prensa ha ido publicando sobre el mal llamado clásico. Ha ido haciendo scroll (en los desayunos ociosos de la era analógica tenía más encanto pasar lánguidamente las páginas del diario) para encontrase con atribulados culés que lloran su infortunio: Toni Freixa poco menos que retando a una pelea a Carvajal (no sabemos si el directivo que cuadruplicó el sueldo de Negreira ha visto alguna foto del torso desnudo del capitán del Madrid), o David Sánchez quejándose de que se recrimine a Lamine sus insultos al Madrid en la previa, de donde se deduce que Lamine puede decir lo que le dé la gana, pero a Lamine nadie puede rechistarle. Están acostumbrados a que no les pase nada ni comprándose el sistema arbitral durante 17 años, de manera que piensan que los excesos verbales de su gente quedarán también impunes. Esta vez no. Donde las dan las toman y hablar es barato, como recordaba Bellingham en Instagram al final del partido.
Álvaro Carreras sonríe ante el post de su compañero y se ventila media tostada de un mordisco. El yatekomo puede llegar a ser indigesto. “Cómo estuvo Jude”, piensa, y qué razón tiene. El inglés vuelve a ser el que era, mandando, templando, presionando, asintiendo y marcando. La fotografía que deja el gol del de Birmingham tiene más clase que George Sanders en la película que me ha recomendado Athos Dumas y que no logro terminar. La empuja a gol, tras la asistencia de cabeza de Militao, y sale andando de allí como quien acaba de ejecutar un trámite en cuya mediación no se considera importante, pues estaba escrito en las estrellas. El estadio estalla en un vocerío extasiado y él camina a lo largo de la línea de fondo como un dominguero resacoso a la orilla del Serpentine.
Álvaro sonríe también ante el recuerdo, cuyo repaso fugaz remata con un trago de zumo. Es uno de los mejores desayunos de su vida. Suelta una carcajada ante el tuit de Camavinga, en el que celebra haber jugado algunos minutos como carrilero derecho, cubriendo así una nueva posición. Jugará donde le pongan, piensa Álvaro, y si sigue en esta forma será el jugador clave de la temporada, o uno de ellos. “Yo también espero serlo”, musita con sencillez, y con la confianza que le brinda su partidazo.
Lee ahora sobre la tangana. Sobre el partidazo de Tchoaméni, a quien Genaro Desailly pone un SOBRESALIENTE en La Galerna (“A mí también me lo pone”, se ufana). Sobre el extraordinario primer tiempo de los de Xabi, que mientras aprenden a jugar casi a otra cosa encandilan a ratos a la afición. Y sobre la sustitución de Vini, claro, que la prensa se ocupa y ocupará en resaltar para que se hable menos de la victoria blanca. “Vini se pasó, ya le conocemos, pero Xabi lleva el tema con gran mano izquierda. Hoy será uno más, que es lo que él se siente, ni más ni menos. Es un grande Vini”.
Se siente como un niño que avanza dentro de otro estrato de un sueño, como hacían los protagonistas de Inception. Es el mejor desayuno de su vida. Con otro imponente mordisco liquida la tostada, deja la servilleta sobre la mesa, recoge el plato, lo deja en la pila junto a los cubiertos y el vaso, agarra las llaves del coche, se pone la cazadora y sale a la mañana fresca de Madrid con una sonrisa imbatible. La puerta se cierra a sus espaldas. Es un chico demasiado normal como para que su silueta se recorte en el horizonte con el marco de la puerta abierta.
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Arbitró César Soto Grado del comité riojano. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Partido electrizante y con bastante polémica que no puede faltar en un Real Madrid-Barça. El riojano tuvo muchas sombras en su actuación y acertó poco.
En el 2' pitó penalti de Lamine a Vinícius por un derribo pero le corrigieron desde el VAR. Es una de las acciones más complicadas de arbitrar cuando un jugador se dispone a disparar y el defensa mete la pierna. En la opinión de un servidor es Vini el que golpea a Lamine y no al revés, por lo que bien hecha la rectificación del VAR.
Luego se anularon dos goles a Mbappé. El segundo, sin duda. El primero deja muchos interrogantes. El primero es si toca Fermín o Arda, algo clave en la jugada. No hubo muchas repeticiones para comprobarlo. El segundo, el famoso frame. Según la aplicación, el francés está ligeramente adelantado, pero una décima de frame cambia todo.
La segunda mitad comenzó con otro penalti para los blancos. Una mano punible de las que figuran como indiscutible de pitar en el nuevo testamento de las manos. Eric la tiene abierta y estirada. Soto Grado la peritó como que iba abajo y de nuevo el VAR le rectificó.
También se reclamó falta de Huijsen a Cubarsí en el segundo tanto merengue, pero fue una disputa de fútbol. Por último, hubo otro gol anulado a los locales por fuera de juego previo de Brahim en la diana posterior de Bellingham.
En el apartado disciplinario, al final sacó más tarjetas por las tanganas de última hora. Valverde por derribo a Rashford y Pedri por una falta táctica las vieron en la primera parte. En la segunda se unieron Huijsen por una entrada dura abajo y en la tangana de la zona técnica Militao, Lunin y Fermín. Los dos primeros, sobre todo el ucraniano, fueron más a separar y poner paz que otra cosa.
En la penúltima jugada del choque fue expulsado Pedri por llegar tarde y con fuerza ante Tchouaméni. Unos segundos antes Soto Grado se la había perdonado por una patada a Camavinga sin opción de jugar el balón y por detrás.
Soto Grado, DEFICIENTE.
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-Courtois: APROBADO. Un mero espectador, excepto en el gol culé, en el que no pudo hacer nada.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Partidazo imperial hasta que no pudo más.
-Carreras: SOBRESALIENTE. Se merendó a Lamine Yamal, y aún le queda un fideo de Yatekomo para la cena.
-Militao: SOBRESALIENTE. Ejerció en el presunto mejor partido del mundo como el mejor defensa del mundo. O sea, lo que es.
-Huijsen: APROBADO. Bien situado y con temple ante el inoperante ataque culé.
-Tchouaméni: SOBRESALIENTE. Este hombre se multiplica. Imaginaos lo que es una bestia así multiplicada. Omnipresente y jugón.
-Camavinga: SOBRESALIENTE. El cyborg con rastas ha vuelto, y en qué momento.
-Bellingham: SOBRESALIENTE. Antológico primer tiempo y, aunque bajó algo en el segundo, su aportación fue tremenda, gol incluido.
-Güler: SUSPENSO. Imperdonable su error en el gol culé, que emborrona cualquier otro mérito.
-Mbappé: APROBADO. Sublime primer tiempo y gran bajón en el segundo.
-Vinícius: SOBRESALIENTE. El mejor Vini hasta su incomprensible sustitución.
-Brahim: APROBADO. Se fajó en los minutos más complicados, pero no estuvo muy lúcido.
-Rodrygo: SUSPENSO. Con las piernas frescas, no mejoró en nada a un Vinícius cansado.
-Carvajal: APROBADO. Aportó experiencia y aplomo cuando apretaban los culés.
-Gonzalo, Ceballos: sin calificar.
-Xabi Alonso: APROBADO. La exhibición del primer tiempo lleva su firma como entrenador de autor. Luego parapetó al equipo con acierto, aunque nadie entendió el cambio de Vinícius.
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Llegábamos al partido contra el club cliente de Negreira con presidentes, expresidentes, jugadores, exjugadores, padres, expadres, pertos y expertos relacionados con esa entidad corrupta diciendo sandeces con la impunidad que les otorga saber que nunca les ha sucedido nada por más desmanes e irregularidades que hayan cometido. Al final, el Madrid se impuso a todo el sistema, incluso a los errores propios, y dejó la boquita cerrada a los culés.
En lo deportivo, el Madrid afrontaba el encuentro con Fede, Militao, Huijsen y Carreras en la zaga. Tchouaméni, más adelante. Arriba, Vinícius y Mbappé y, entre medias, Camavinga, Güler y Bellingham sin saber a priori las posiciones de cada uno de ellos. Los aficionados encarábamos el partido con una mezcla de hastío y asco por tener que compartir competición, deporte, país y planeta con algo como el Barça y, a la vez, con ganas de destrozarlos, deportivamente hablando y con total limpieza.
Al poco de empezar, le pareció a Soto Grado, al cronista y a todo el mundo en su sano juicio que Lamine Yamal zancadilleó en el área a Vinícius. Fijaos que hasta se lo pareció a los comentaristas de DAZN. Sin embargo, Iglesias Villanueva dijo desde el VAR que nones.
Los amigos del chat de La Galerna se han vuelto (casi) todos locos y dicen que el VAR y Soto Grado tenían razón. Pues nada, conste su opinión.
A los doce minutos, Mbappé chutó desde su casa y marcó un gol descomunal tras robar Güler cerca del área rival, pero el VAR decretó que era fuera de juego. La repetición la cocinaron durante horas para que las líneas dieran como resultado lo que el negreirismo quería. Esta vez, ni siquiera los amigos del chat de La Galerna estuvieron de acuerdo con la decisión ni con la realización. Nos miccionan en la cara. Al principio nos daba igual. Ahora parece que nos gusta.
A los 23 minutos, Bellingham metió un balón prodigioso ante el desmarque de Mbappé, que marcó al más puro estilo Kylian. Este cronista no se atrevió a celebrar hasta que se sacó del centro del campo, llegó el jueves santo y Pedro Sánchez perdió las elecciones. Pero fue gol.
El Madrid se vino arriba ante la inopinada sorpresa de que Soto Grado concediera un gol válido en su favor, y siguieron un par de tiros de Bellingham y Valverde que sembraron inquietud en las filas del equipo cliente de Negreira. A los 28, Valverde metió un gran balón a Mbappé, que volvió a obligar a intervenir al portero polaco, que tuvo que actuar de nuevo, con mucho más mérito aún, ante Huijsen. El Madrid estaba poseído por un zafarrancho que nos hacía, aunque no estuviera sobre el campo, pensar en aquella declaración de Mastantuono: “Quiero ser un hincha sobre el campo”. El Madrid dominaba de manera furiosa.
Bien es cierto que los azulgrana generaron una ocasión de Eric García, pero los blancos, llevados del magisterio de Bellingham y Valverde, por poco amplían la ventaja en un intento de vaselina de Vini que atajó Szczęsny, el héroe de los visitantes (con permiso de Negreira), quien también hubo de intervenir a renglón seguido para parar un remate de Bellingham.
Pero sucedió lo inesperado. Güler cometió un fallo garrafal y Fermín empató. Se le vino encima el Bernabéu al turco. Se le debió caer Maracaná también, por el mismo precio, aunque nuestro deseo es que hubiera salido ileso, claro. Parece imposible tirar por tierra de manera más lamentable el enorme partido de tu equipo hasta el momento. Pudo ser peor: Huijsen la sacó sobre la línea en un córner.
Pero la justicia se hizo valer enseguida, en el ritmo frenético del partido. Un balón bombeado lo tocó Militao en el segundo poste para que, tras peinar Huijsen y sobre la línea, marcara Jude. Soto Grado trató de anularlo alegando una cita en el dentista de Cubarsí, pero a su equipo se le olvidó pagar al endodoncista durante 17 años. 2-1, con el que se llegó al descanso. Aunque, antes del mismo, no subió el tercero al marcador porque Kylian lo anotó en fuera de juego. La última jugada del primer tiempo, buena acción de Vini que sin embargo definió mal.
La segunda mitad comenzó con una ocasión para cada equipo. Después, mano clara de Eric García. Soto Grado dijo que no. No había duda posible, porque García estiró la mano para ir hacia el balón, pero desde el VAR tardaban en decidir y, mientras tanto, los comentaristas de DAZN justificaban la acción con una memez propia de quien sabe quién le da de comer.
Ni Soto Grado, ni Iglesias Villanueva, ni el resto de actores de la Mugrienta Liga Negreira consiguieron evitar la victoria del Real Madrid
Szczęsny despejó el penalti lanzado por Mbappé. Otra ocasión inmejorable marrada por los blancos. Si hubiese sido gol, ya sabéis, a pesar de tratarse de un penalti claro, habrían hablado de robo del Madrid porque el Barça se compró la cúpula arbitral durante décadas.
El partido seguía intenso y la siguiente fue para Fermín, pero su disparo, muy centrado y sin excesiva fuerza, lo detuvo Thibaut.
Antes del minuto 60, Militao se hizo con un balón en banda derecha, recorrió todo el campo, se plantó en la portería rival, y se le apagó la luz completamente. Otro probable gol al limbo. Sabemos que al revés el Barça no habría perdonado. El Madrid, en cambio, se estaba echando atrás, lo contrario que hay que hacer contra este rival.
Fede al suelo con problemas. Carvajal se quitaba la camiseta para entrar, pero Valverde pudo continuar. El cambio fue Brahim por Güler, aplaudido por el Bernabéu. El 21 ocuparía la zona derecha del ataque blanco y Camavinga se colocaría en posiciones más centradas.
En el minuto 68, otro gol, ahora de Jude, anulado por fuera de juego de Brahim. Parecía perentorio anotar más goles no ya legales, sino que no nos los anulasen.
No tardó mucho en abandonar el campo Fede. Minutos después fue sustituido por Carvajal. Rodrygo entró en lugar de Vinícius, que se marchó del terreno de juego notoriamente enfadado directo al vestuario. No parecían lo más acertado ni el cambio ni la acción del 7, si bien es cierto que poco después volvió al banquillo.
Diez minutos antes del final, doble ocasión, primero para Mbappé —desbaratada por Araújo— y, tras el rechace, para Tchouaméni. Acabó en córner. En el 88, otra de Kylian. Cruzó en exceso. Si hubiese acabado en gol, habría sido anulado por apendicitis psicológica de un familiar lejano de Raymond Kopa.
Bellingham y Kylian —muy ovacionado— dejaron su lugar a Ceballos y Gonzalo para disputar los 9 minutos de prolongación. Necesitaban darle tiempo al Barça para, al menos, empatar.
Rodrygo pudo sentenciar en el 94, pero disparó de manera muy inocente, sobre todo para un jugador fresco que llevaba pocos minutos sobre el campo.
En el 97, Soto Grado perdonó la segunda amarilla a Pedri, que zancadilleó a Camavinga cuando el francés se marchaba solo de cara a portería. Este colegiado es un buen profesional para el CTA. Szczęsny evitó el gol de Rodrygo en la falta lanzada por Goes.
Un minuto después, ni siquiera a Soto Grado le quedó más remedio que expulsar a Pedri, pues cometió otra falta de amarilla nítida, en este caso sobre Tchouaméni, e iba a resultar demasiado cantoso, incluso para él. A la decisión le siguió un enfrentamiento entre jugadores de ambos banquillos.
Final. 2-1. Menudo partidazo de Lamine Yamal (?). Ni Soto Grado, ni Iglesias Villanueva, ni el resto de actores de la Mugrienta Liga Negreira consiguieron evitar la victoria del Real Madrid.
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Se acabó el partido contra el Atleti y daban ganas de dejarlo todo. Nos habían metido 5, lo nunca visto, y era evidente cómo iba a reaccionar el rival: si se han pasado medio año hablando de un penalti mal tirado, el recuerdo de una goleada tan abultada puede durar por lo menos medio siglo. Muy bien, que les aproveche, no tiene remedio ya. Ahora bien... ¿cómo rehacerse desde el lado madridista?
La primera reacción fue, claro, el abandono. Menuda estafa de equipo sin alma ni garra, yo a estos sinvergüenzas no vuelvo a verlos. Perder siempre es una calamidad cósmica en el Madrid, pero lo imperdonable de verdad es la falta de ganas. En especial cuando te enfrentas a equipos para los que doblegar al Madrid es su objetivo más satisfactorio, que ya son casi todos. Algún día habrá que hacer un recuento humorístico de cuántos clubes creen tener una rivalidad con el Real Madrid.
Desde la óptica blanca, sin embargo, sólo se admite la pugna con lo imposible —o sea, con el Madrid mismo— y, si acaso, unos pocos ogros a veces monstruosos y a veces domesticados: Bayern, Liverpool y aún esperamos la resurrección del Milan... ¿y el Barça? Sí, claro, el Barça, cómo no. El primero de la lista de quienes sueñan con ser califa en lugar del califa, con todas las pulsiones freudianas a flor de piel y esa cosa tan española —mal que les pese a algunos— de menospreciar los méritos del mejor.
Para ser sinceros, tengo que decir que durante años vi a un Barcelona tan pujante y con el viento de la historia tan a favor que daba visos de ser el rival de talla colosal definitivo, más allá de la conveniencia de una némesis a la que combatir. Pero ese tiempo pasó y, ahora que sabemos de dónde salía el fuelle de ese viento, es oprobioso concederles semejante categoría. El Barça ya debería haber sido castigado y, mientras eso no suceda, lo mínimo es castigarlos en el campo. Sin embargo, ha sucedido lo contrario demasiadas veces: dar una paliza al Madrid se ha hecho para los blaugranas una costumbre balsámica, un remedio legitimador de sus tropelías, el espejismo de ser el mejor club del mundo, més que un club, el centro del universo y lo que haga falta. Este domingo vuelven al Bernabéu y el partido resuena como una historia conocida, aunque con matices.
El Barça ya debería haber sido castigado y, mientras eso no suceda, lo mínimo es castigarlos en el campo
Esta vez, ni los aficionados ni el incipiente proyecto de Xabi Alonso pueden tolerar otra derrota humillante. La desconexión del equipo con la grada (o con quienes fueron la grada antes de que esta se llenase de turistas accidentales) es el único verdadero temor que cabe en este partido. Y al pensar en esa posibilidad regresa la misma sensación que quedó tras lo del Metropolitano, con el inevitable ciclo marcado por J. B. Toshack hace casi tres décadas como un metrónomo del desencanto que también puede parafrasearse desde el punto de vista del espectador: el primer día no quería saber nada de ninguno, el segundo empecé a pensar que la cosa no estaba tan mal y, al tercer día, como mandan las Escrituras y el delirante calendario del fútbol, ya se había resucitado en mí toda la fe del universo. Cada vez que me dan un rato vuelvo a vivir, como siempre, deseando volver a ver sobre el césped a los once cabrones vestidos de blanco.
Y hay que decir que el equipo respondió y se rehízo bien después de la primera derrota de la temporada. Colaboraron a ello el propio Atleti y el Barça con sus respectivas impotencias, incapaces de sostener un ritmo de victorias constante. Pero entonces vino el infame parón de selecciones, que hace del fútbol de clubes un gatillazo permanente, un campeonatus interruptus, con el agravante de servirnos a la vuelta dos partidos odiosísimos de jugar y de ver. Getafe y Juve han establecido en el peor momento posible una distancia enorme con la promesa fundacional de Xabi: que el madridista se encienda. A cambio se han brindado dos victorias que dan sosiego para construir y crecer, pero como en un eterno retorno volvemos a estar al principio del ciclo. Lejos de encender nada, de momento nos conformamos con no apagar la tele.
Así nos llega el Barça y este será el partido que determine si el equipo va en serio o no. Para los jugadores quizás no tenga esta dimensión, pero desde afuera esperamos con ansiedad que quienes se vistan la camiseta —a la que Gareth Bale llamó hace poco con respeto reverencial that clean, crisp white shirt of Real Madrid— cumplan con lo esperado: que sean, antes que nada, nuestros once cabrones en el campo.
La desconexión del equipo con la grada es el único verdadero temor que cabe en este partido. Y al pensar en esa posibilidad regresa la misma sensación que quedó tras lo del Metropolitano, con el inevitable ciclo marcado por J.B. Toshack hace casi tres décadas
¿Es eso posible a estas alturas y con estos mimbres? Courtois ha presentado esta semana credenciales a rajador y, además, lo ha complementado con una actuación memorable que nos retrotrae a sus mejores días. Ejercer de cabrón no le ha sentado nada mal, pero necesitamos uno fuera del área. Mi opción favorita, claro está, es Bellingham. En su fulgurante primer año se le comparó mucho con Zidane, y es cierto que a veces uno tiene la sensación de ver en él su zancada, su ocupación del espacio, su plasticidad corporal, su pie fino y su potencia hacia el gol. Sin embargo, hay otro aspecto de Zizou que también tiene y no es menor: Jude es de mecha corta. Los árbitros ya han tratado de afeitárnoslo, como los cuernos de los toros —y tal como se ha hecho con Vinícius hasta sacarlo de rosca demasiadas veces—, enviándolo a la ducha por un fuck off o un it’s a fucking goal (...when in fact, it was), pero sigue siendo el candidato más sólido para coger en volandas al equipo cuando toca y empujarlo hasta meter al rival dentro de su portería.
Para el futuro guardo la elocuente promesa de Mastantuono, ser un hincha en la cancha, que es justo de lo que estamos hablando, pero aún es hipotético el día de su jerarquía, por simple cuestión de estatus. Y en los demás veo fogonazos, gotitas de mala leche, pero la gran esperanza debe ser, precisamente, quien los comanda desde el banquillo. Xabi Alonso tenía la ventaja de no parecer un cabrón, pero repartía más que un cartero en Navidad. Era exquisito y leñero, tenía nervio y corazón, como predica el himno. Con él en el centro del campo tuvimos batacazos y gloria, pero siempre dejó el aroma de lo legítimo.
Ahora tiene un equipo en construcción y aún debe demostrar si ha sido capaz de insuflarle algo de ese espíritu. Hay millones de madridistas que los veremos llegar hasta donde alcancen, sea el cielo o el infierno, y que regresaremos de cada pedrada con nuestras esperanzas siempre renacidas e invencibles. A cambio sólo le pedimos que el domingo vuelva a poner en el césped a once jugadores y todos consigamos reconocer en ellos a los mismos que están en nuestros recuerdos y nuestros sueños: los once cabrones de blanco impoluto, dispuestos a enmierdarse hasta quedar cubiertos de gloria.
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Buenos días, queridos vertebrados. La orden ayer fue clara en las principales cuatro cabeceras deportivas publicadas en Madrid y Barcelona: «poned la palabra "clásico" en el titular como sea, que es lo que se lleva ahora» (años ha fue el tractor amarillo). Y así lo han hecho. Probablemente tras haber consultado antes si le parecía bien a Tebas, no vaya a sentar algo mal al nosferático sátrapa del fútbol español y los deje a todos sin comer.
Los cuatro frontispicios, con sus encabezados correspondientes, apenas tienen interés para el lobotomizado medio, principal consumidor de este tipo de periódicos y de los principales programas audiovisuales españoles. Sin embargo, entre la mediocridad destaca, cómo no, el diario Sport.
Todo lo que deyecta este medio conviene interpretarlo —por higiene intelectual y moral— en sentido contrario. Hoy titulan: «El clásico de la verdad». Es decir, lo adecuado es: «El clásico de la mentira».
Los motivos no son pocos: además de cursi, emplear el término «clásico» para referirse a un Real Madrid-FC Barcelona es una tendencia de los últimos tiempos que de hecho no se corresponde en puridad con la historia, pero cuando esta no se conoce se puede imponer mediante el relato, por más que este sea contradictorio con la verdad. Pero ¿a quién le importa la verdad pudiendo elegir la opción lucrativa? El otro principal motivo, ya lo sabéis, es que no se puede emplear ese término que denominar a un partido entre un club de fútbol y una organización ya condenada por la justicia por otros delitos y sin embargo no castigada por el mayor escándalo del deporte mundial: nadie se había comprado a los árbitros durante décadas sin sufrir consecuencia alguna. De hecho, simplemente nadie se había comprado a los árbitros durante décadas.
Añade Sport que Lamine llega motivado al duelo y siendo el centro de las críticas de los aficionados madridistas por sus declaraciones. Sobre Yamal y sus declaraciones, nada extraño. Lamine es el estandarte perfecto de la entidad más corrupta del deporte. Una persona con una educación, unas maneras, una elegancia, una cultura, una estética que casan a la perfección con los valors del club azulgrana y con los hábitos de su presidente actual.
Lo cortés no quita lo valiente, y como hemos repetido en diferentes ocasiones, hay que agradecer al club cliente de Negreira la labor social que realiza: sustenta y ha sustentado a no pocos seres vivos —desde Luis Suárez hasta Gavi, pasando por Lamine— que probablemente sin la manutención del Barça habrían resultados onerosos para el erario.
El diario de Godó elige el adjetivo «apasionante» para acompañar a «clásico». Qué original, ¿verdad? Y apasionante, ¿a que sí? Mundo Deportivo representa de maravilla también esos valors culés, esa «virtud» tan valiente de poner la tirita antes de la herida, de jugar a dos bandas, de decir una cosa y la otra, de nadar y guardar la ropa por si acaso: «Un Barça con siete bajas y sin Flick en el banquillo sale a por el triunfo en el Bernabéu para tomar el liderato». Lo llevan en el ADN, lo de hacérselo encima de manera preventiva.
Marca, que para destacar que es la hoja parroquial del capo de la Liga lleva el logo de esta organización incrustado en las propias letras de su nombre, opta por «Superclásico» como titular. Es de agradecer que lo hayan escrito bien, la mayoría habría puesto: «Súper Clásico», separado y con «clásico» en mayúsculas.
La pleitesía es tal, que este humildísimo portanalista ha tenido una pesadilla en la cual aparecía Gallardo ataviado con una cofia sirviendo un café aliñado al señor Tebas, que se carcajeaba y le arrojaba unas monedillas al suelo para verle agacharse a recogerlas. Imagen para desterrar de la memoria inmediatamente y que por suerte no puede estar más alejada de la realidad.
«Clásico por el liderato» es el destacado de As. Añade: «El Barça aspira a igualar el récord de cinco victorias seguidas ante el Madrid». A esta racha se une una batería de declaraciones de presidente, jugadores y exjugadores del club que ha pagado a quien manda en el arbitraje español desde los años noventa del siglo pasado —según se han vanagloriado ellos mismos— en las que acusan al Madrid de «robar» y de condicionar a los árbitros por emitir en su televisión resúmenes de las actuaciones de los colegiados. Si no tuviera ni puta gracia, con perdón, el chiste se cuenta solo. Son sus costumbres. Siempre han sido así de hipócritas.
Es complicado ceñirse a la vertiente deportiva de un enfrentamiento entre un club de fútbol y una suerte de cártel corrupto, pero conviene canalizar toda esa ira que provoca la injusticia, la (presunta) comisión continua de delitos sin recibir castigo alguno por tratarse el Barça de un asunto de Estado, para salir esta tarde a la hora de la siesta a acogotarlos, a no dejarlos respirar, a darles una lección de fútbol, de honradez y de arrojo.
Alberto Cosín ha desmenuzado el juego del club cliente de Negreira, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, en el ámbito futbolístico, en esta pieza.
Pasad un buen día y ¡hala Madrid!