Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos.

Un ecosistema es un sistema natural constituido por un conjunto de seres vivos —biocenosis— que interactúan entre sí y con el entorno en el que habitan —biotopo—. Estas interacciones generan un flujo de energía y un ciclo de materia que mantienen el equilibrio del sistema.

El peculiar ecosistema del fútbol español cuenta con una biocenosis interesante, no solo desde el punto de vista zoológico, sino también psicológico. Debido a que tanto la biocenosis como el biotopo del fútbol español están formados en su mayoría por elementos culés, bien sea por adscripción o por interés, desde un punto de vista taxonómico es más acertado denominar al conjunto como Ecosistema Barça.

Vamos a comentar algunos ejemplos.

El espécimen denominado Javier Alberola Rojas, caracterizado por contar con abundante masa muscular y un cerebro adaptado evolutivamente al entorno arbitral, ha sido elegido mejor árbitro de Primera División de la pasada temporada.

Comenzó su carrera apareciendo en un programa de ligoteos para acéfalos llamado Next, de esos en los que la mercancía es uno mismo. Como el matiz intelectual del espacio era demasiado elevado, optó por algo que requiriese menor esfuerzo mental: el arbitraje.

Alberola y CTA. Biocenosis y biotopo. Aquí sí surgió el amor a primera vista.

Transferencia Alberola Rojas Enríquez

Amor lubricado, dirán algunos, pero amor al fin y al cabo. ¿Acaso no lubrican también su amor algunos próceres que manejan los designios del país? Esta lubricación facilita las interacciones, genera flujos de energía, de intereses y un ciclo de la materia —aunque esta sea marrón— que mantiene en equilibrio el sistema.

Alberola pagó a Javier Enríquez, hijo de Enríquez Negreira, quien a su vez fue regado con millones del Barça durante décadas para mantener el ecosistema Barça en perfecto funcionamientos. Años después, Alberola Rojas, ser vivo con la misma pericia para el arbitraje que la mosca del estiércol (Scathophaga stercoraria) para resolver sudokus, es elegido mejor colegiado de la temporada. Simbiosis en el ecosistema Barça.

Hay más ejemplos de seres vivos que forman parte de la biocenosis del ecosistema Barça y saben que ciertas cualidades, dones, aptitudes no son necesarias para medrar. Como en el caso de Alberola, la inteligencia no es indispensable. Incluso puede lastrar para lograr el objetivo.

🎙️🇪🇸⚽️ Le preguntan a Aitana Bonmatí, doble Balón de Oro y estrella de la @SEFutbolFem, si está siguiendo el Mundial de Clubes

🗣️ "Nada. Sé que se está jugando, pero no he visto nada. Encima no juega el Barça; entonces, ¿pa' qué mirarlo?" pic.twitter.com/kGuvXjU0Wv

— Eurosport.es (@Eurosport_ES) June 24, 2025

Aitana Bonmatí es libre para ver o no ver el Mundial de Clubes, faltaría más. Del mismo modo que lo es para mostrar con estas declaraciones de manera tan clara al mundo cómo funciona su brújula moral. Probablemente no a mucho tardar reclamará atención para competiciones en las que participe ella y su Barça.

Al igual que ocurre en las sectas, en el Ecosistema Barça, todo lo que no huela a Barça sobra. Las palabras de Bonmatí así lo demuestran. Y esta exclusión del resto de sensibilidades no influye a la hora de prosperar, ahí están sus Balones de Oro. Porque el Ecosistema Barça es un hábitat protegido.

Además, las reglas del ecosistema Barça no se caracterizan por la equidad ni la igualdad de todos ante la norma. Fuera del FC Barcelona, las reglas son claras, y quien no las cumple va fuera. Si el Extremadura adeuda 2 millones, desaparece. Si el Reus uno, también. Otro ejemplo, en este caso francés: el Lyon ha sido descendido por una deuda de 100 millones de euros.

En el ecosistema Barça no existe problema alguno en deber varias veces esa cantidad, seguir fichando sin límite a pesar de ello, inscribir después a todas las contrataciones aun vulnerando el fair play y, de postre, lubricar con millones de euros el CTA vía su vicepresidente. ¿Es o no es rentable pertenecer a la biocenosis del ecosistema Barça?

El biotopo, el entorno: La Liga, la RFEF, el CTA, la selección española no son sino el escenario idóneo donde los actores representan esta obra teatral de tonos azul y grana.

Quien ha formado parte de la biocenosis culé nunca la abandona, aunque se emplee en otros biotopos. Y las reglas para él siguen siendo diferentes que para el resto. Es el caso de Messi, que en junio de 2025 es portada del As.

La prensa del ecosistema Barça siempre está buscando nuevos especímenes para engrosar su biocenosis. A tal labor se entregan Mundo Deportivo y Sport día sí, día también.

El diario de Gallardo, para despistar, hoy se desmarca —nunca mejor dicho— de su cometido y dedica palabras amables al entorno del Madrid. Sobre Huijsen podéis leer hoy en La Galerna este estupendo artículo de Alberto Espinosa.

En clave blanca, por cierto, os recordamos que esta noche el Real Madrid de baloncesto puede proclamarse campeón de la ACB si derrota a domicilio al Valencia.

Pasad un buen día.

Cantaba el singular Julio Iglesias que en lo más alto de su vida profesional se olvidó de vivir. Algo así les ha pasado a muchos aficionados del Real Madrid. En la cresta de la ola, en la segunda época más laureada del club, el aficionado se olvidó de vivir. Cuando más apretaba el viento a favor, el madridista medio dejó de ser feliz. Por una cosa u otra, muchos madridistas han dejado de vivir auténticamente su amor por el club. Incomprensiblemente, muchos perdieron la ilusión mientras su equipo no paraba de levantar títulos. Paradójico, pero es así.

Es digno de análisis cómo se puede renunciar a la felicidad siendo aficionados al equipo más espectacular de la historia del deporte. Pero ya saben ese chiste de Woody Allen en Annie Hall, muchas personas jamás formarían parte de un club privado que los tuviera a ellos mismos como socios. De la psique humana se ha escrito mucho, pero nadie la ha explicado de forma más brillante que Woody Allen. De hecho, el hilarante genio de New York haría una parodia majestuosa con los madridistas derrotistas. Nos haría reír a mandíbula batiente.

Es digno de análisis cómo se puede renunciar a la felicidad siendo aficionados al equipo más espectacular de la historia del deporte

Quisiera volver por un momento al gran Julio Iglesias. En el cénit de su éxito, Julio necesitaba imperiosamente confesarnos algo muy íntimo. En 1978, nuestro cantante más madridista publicó el álbum Emociones. En su estilo confesional, el excanterano descubrió una canción francesa llamada J'ai oublié de vivre y en seguida supo que su alma sensible debía adaptarla a nuestro idioma. Grabada en 1977 por el mítico Johnny Hallyday, héroe de la canción francesa, este retrato de la soledad del cantante famoso que los autores franceses Pierre Billon y Jacques Revaux compusieron para el Miguel Ríos francés, tuvo eco rápidamente en el corazón de Julio Iglesias.

El cantante madrileño decidió abordar el cover con su equipo habitual para su siguiente álbum y consiguió lo imposible: desde mi punto de vista, la adaptación de Julio Iglesias tiene una emoción más honda que la grabación original de Hallyday. Iglesias, junto a los compositores Manuel de la Calva, Ramón Arcusa, M. Díaz, M. Korman y J. Flores, supo captar el espíritu de la canción y hacerlo suyo de forma magistral. Al fin y al cabo, el cantante conocía perfectamente ese sentimiento húmedo del que habla la canción: el campeón en mil batallas es incapaz de paladear las mieles del éxito, pues vive sumergido en la soledad más absoluta.

La canción nos cuenta en último término cómo, preocupado por las metas inalcanzables, nuestro héroe olvida las pequeñas grandes cosas de la vida. Muchos grandes hombres del mundo del deporte se han visto apelados por lo que narra la canción. Sin ir más lejos, Carlos Bilardo, seleccionador campeón del Mundial de 1986, admite entre lágrimas que cuando escuchó por primera vez esta canción se descompuso. Para el entrenador argentino este tema es la canción de su vida.

Yo creo que muchos madridistas tendrían que seguir el saludable ejemplo de Julio Iglesias y confesarnos a todos que se han olvidado de vivir, que la felicidad que a todos nos ha insuflado el Madrid jamás llegó a llenar sus arbitrarios corazones. Les animo a dar ese paso, sentirán un gran alivio y entre todos podremos ayudarles a retomar la senda de la dicha. Lo que les sucedió fue un drama inoportuno y ellos más que nadie merecen nuestra comprensión.

Recuerda, eres aficionado del club más ganador de la historia del fútbol. Sonríe un poco, anda

Es más, por el bien de nuestra comunidad, animo a todos los madridistas a abrazar a todos aquellos vinagres que en su pesimismo viven ahogados. No exagero un ápice cuando digo que muchos madridistas parecen ser hinchas del Numancia. Al parecer su equipo está en lo más hondo del fútbol español y llevan décadas sin celebrar una alegría futbolística. Sinceramente, y con todos mis respetos, no es serio destacar todo lo negativo que rodea al Madrid y hacer una evaluación de su estado de forma tan categórica.

Otro ejemplo, el del Real Oviedo. Me gustaría ver a muchos de estos sujetos en la piel de un aficionado del Real Oviedo. 25 años sin pisar la máxima categoría de nuestro fútbol, llegando a lo más hondo y con problemas de propietarios. En los últimos años el Real Oviedo ha vuelto al fútbol profesional y lleva varias temporadas tocando con los dedos el ansiado ascenso a Primera División. Pues ahí tenemos a los hinchas ilusionados y llenando el Carlos Tartiere. En este amor a los colores encuentro más mérito que en muchos madridistas que únicamente ven ruina en el club más ganador de todos los tiempos.

Tras el primer partido de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA me quedé pensando sobre el descontento del aficionado. Saqué algunas conclusiones, muchas de ellas las comparto encantado con todos los lectores de La Galerna. En cambio, en buena lid, otras me las reservo. Por ello, y con la vista puesta en la concordia madridista, animo a darle una oportunidad a la felicidad a todos los pesimistas. Sé que ayer criticaste a Rodrygo o a Vini como hace un tiempo lo hiciste con Benzema o Toni Kroos. Entiendo que tu personalidad te lleve a ponerle pegas a Cristiano Ronaldo o a Florentino Pérez. De veras, lo entiendo. Pero te animo a cambiar de actitud porque no mereces rechazar el privilegio de ser feliz. Recuerda, eres aficionado del club más ganador de la historia del fútbol. Sonríe un poco, anda.

 

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¿Qué es lo que más te gusta en este mundo?

 

En el guion de La gran belleza, Sorrentino escribió algo como esto para presentar a Jep Gambardella: “Mis amigos dijeron los coños, yo dije el olor de las casas de los viejos. La pregunta era ¿qué olor te gusta más? Yo estaba destinado a la sensibilidad”. Si el director italiano no hubiera alcanzado entonces la cumbre del cine europeo con esa hiperbólica oda a la nada, hoy escribiría otro arranque. Sin duda, habría sabido que el aroma del hogar de los abuelos no es la única llave de la nostalgia y de la sensibilidad.

Tengo muchos defectos pero hoy sólo me enorgulleceré de dos. Uno: soy tan pesimista que no me basta con intuir la derrota, voy más allá y atisbo la vergüenza, la goleada, el ridículo. Dos: me sigo rindiendo al efecto Robinho. No aprendo. El brasileño presagió lo que luego fueron Ronaldinho, Neymar y Vinicius Jr., pero con su fracaso consiguió traumatizarnos a una generación entera. Aquella tarde creímos en Dios y pensamos que era brasileño, igual que seguramente nuestros padres y nuestros abuelos lo pensaron cuando vieron a Pelé. Nos creímos parte de la historia y nos hizo sentir orgullosos por ello. Y sin embargo, trauma.

A Dean Huijsen le han sobrado dos partidos para demostrar que va sobrado de condiciones para ser un central de épico recuerdo para nosotros y quizá para nuestros hijos

Así que no quiero ilusionarme pero no puedo evitarlo. Qué jugador es Huijsen. Ya lo vimos en el Bournemouth y en la selección española, pero es que nada de lo que uno hace fuera del Real Madrid puede ser tenido en cuenta de la misma forma que cuando se viste de blanco. Es ahí, con el escudo palpitando sobre el pectoral izquierdo, donde se fraguan las leyendas. A Dean Huijsen le han sobrado dos partidos con este soso Real Madrid en construcción, en medio del descafeinado, raro y confuso Mundial de Clubes 2025, para demostrar que va sobrado de condiciones para ser un central de épico recuerdo para nosotros y quizá para nuestros hijos.

Hay que tener muy atrofiada la sensibilidad para no emocionarse viendo a Huijsen buscar el pase de su portero corriendo hacia atrás, darse la vuelta orbitando sobre el balón en una enseñanza cósmica, como una roca que aspira a ser un planeta alrededor de una estrella nueva, y avanzar dibujando lo que jamás pensamos que existiría, esto es, un camino entre la maleza, en medio del bosque, un carril delante y detrás del central zurdo. Hay que tener el corazón envuelto en piedra para no sentir cierta euforia al ver cómo conduce este niño con las dos piernas, mirando al frente como nos decían nuestros entrenadores y como nunca fuimos capaces los mortales, y luego adivinar el desmarque de un tipo que viste como él, y como todos, de inmaculado blanco madridista, para ofrecerle un pase que es un bocado exquisito.

En este preciso y precioso instante, Sorrentino comenzaría de forma parecida, pero diferente, La gran belleza. Hoy ya habría visto a Dean Huijsen comenzar el juego del Madrid por el carril del central izquierdo, un carril desconocido hasta este mes de junio y que ha inventado esta especie de resurrección de Fernando Hierro con pinta de tiktoker. Hoy La gran belleza comenzaría evocando a ese defensa aniñado, cadavérico. Alguien miraría los tejados de Madrid desde una terraza del nuevo Bernabéu y declamaría: “Mis amigos dijeron los coños, yo dije que ver a Huijsen iniciar una jugada desde muy atrás. La pregunta era ¿qué es lo que más te gusta en este mundo? Yo estaba destinado a la sensibilidad”.

 

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Llegué puntual al Alústiza. A las 7:30 en punto de la tarde, como habíamos quedado. Me gusta llegar a la hora acordada, me incomoda que me esperen. Más aún en una ocasión como esta, en que yo era el nuevo del grupo. Tampoco es que me agrade ser el primero y esperar a los demás mientras jugueteas con la cerveza recién servida y finges interés en el móvil. Pero cuando uno llega de nuevas a un sitio, aunque ese sitio sea un grupo de amigos, hacerlo tarde me parece una falta de respeto.

Así que ahí estaba, entrando en el Alústiza con la puntualidad de un reloj suizo. Me había invitado mi amigo Jacobo. Gran tipo, Jacobo. A Jacobo lo conocí hace muchos años, por su condición de marido de una de las amigas de la infancia de mi mujer. Madrileño de raíces gallegas, al principio me pareció más bien seco. Reservado. Trabajador. Serio. Un poco como yo: de palabras justas y algo tenso con desconocidos. Pero uno de esos tipos cuya coraza esconde un alma generosa y buena, y cuya amistad, una vez franqueada la muralla con que protege su intimidad, forja lazos de hierro: sin efusiones, sin alharacas, pero irrompibles.

Oye, mi cuñada no puede venir el sábado al Bernabéu, así que tengo una entrada libre. ¿Te apetece? Esa fue la primera vez. Desde entonces, cada vez que me invita a acompañarle al Bernabéu me pregunta si me apetece. Como si no conociera de antemano mi respuesta. Es un poco su sentido del humor, sutil, disfrazado de seriedad, y otro poco su forma de ser: consustancialmente respetuosa, sin dar por sentado que no tendré nada mejor que hacer que pasar la tarde con él, aunque sea para ver al Madrid. Fenomenal, pues si te parece pásate a eso de las 7:30 por el Alústiza, ¿sabes dónde está? Suelo quedar ahí con unos amigos para la previa, tomamos algo y de ahí vamos al Bernabéu. Así te los presento.

Jacobo es del Atleti. Y socio del Madrid. Semejante contradicción, como no podía ser de otra manera, da lugar a constantes bromas por mi parte. Que no es que seas madridista y aún no lo sepas, es que eres madridista y lo sabes. Que mucho hacérsete la boca agua con el Atleti, pero cuando toca pagar por ver fútbol, tienes claro dónde pones el dinero. Que el Atleti debería hacerte un monumento por ser el primer colchonero habituado a vivir la gloria de la Champions. En fin, las típicas chanzas. Él sonríe divertido y devuelve las pullas con ingenio y sin animosidad, como si no estuviese cansado de oír una y otra vez las mismas burlas de sus amigos madridistas.

Jacobo y sus amigos han llegado incluso antes que yo, y les encuentro sentados a una mesa alta, charlando animadamente entre cervezas, tapas, bufandas del Madrid y el bullicio del Alústiza en días de partido. Jacobo me presenta. Buena gente, se ve desde el primer momento. La conversación gira desordenadamente desde la actualidad madridista a la operación de pie a que se someterá próximamente uno de los tertulianos; del desencanto de la política narrado por uno que fue concejal en un pequeño pueblo de Asturias donde veranea, a las jugosas anécdotas de insider traídas a la mesa por el hermano de un periodista deportivo de Onda Cero. Y de ahí vuelta al Madrid y a esquemas de juego, y filias y fobias madridistas, y prueba la ensaladilla rusa, que aquí la hacen de cine y la sirven en un mollete, y de qué conoces a Jacobo, y ya veo que eres mourinhista, yo también, pero cuidado con este que es delbosquista.

Se acerca la hora del partido y nos encaminamos al Bernabéu. Apenas cinco o siete minutos. Nos despedimos al llegar, hasta la próxima, encantado de conocerte, lo mismo digo, un placer, abrazos, hala Madrid, y cada uno hacia su puerta del estadio. Nos quedamos Jacobo y yo solos. Aún quedan algunos minutos hasta el comienzo del partido. Al franquear la puerta del estadio pienso que hacerlo sigue siendo un rito, que sigo sintiendo el mismo cosquilleo de emoción anticipada que me inundó cuando lo hice por primera vez, todavía un niño. Y que a pesar de que, con la vida, he desarrollado otros muchos intereses y aficiones, sólo el Madrid me retrotrae de forma tan directa, tan inmediata a las emociones puras, a la felicidad luminosa, sin sombra, de la infancia.

No recuerdo quién era el rival aquel día, sí que no era un equipo puntero. El Valladolid, tal vez, o acaso el Almería. Qué más da. El Madrid ganó fácil, por dos o tres goles de diferencia. Me llamó la atención que Jacobo no veía el partido con indiferencia: se frustraba cuando el Madrid malograba un ataque antes de abrir el marcador, y celebraba los goles blancos. No con el entusiasmo desbordado con que lo hacía yo, pero sí se levantaba, aplaudía, ensalzaba la jugada y me daba la enhorabuena con una sonrisa. Extraño proceder de un seguidor del Atleti. De Jacobo nunca habría esperado otra cosa que buenos modales incluso en un lugar tan dado a la falta de urbanidad como un estadio de fútbol. Pero lo suyo iba más allá: había una cierta alegría, una felicidad quizá tranquila y amortiguada, pero genuina, por la victoria del Madrid.

Dime la verdad: si te ofrecieran cambiar tu carnet del Madrid por uno del Atleti, ¿lo harías? Salíamos del estadio, ya era noche cerrada y el frío de final de otoño comenzaba a echarse como una manta sobre la Castellana. Lo pregunté en tono de broma, como si hiciera parodia de un inquisidor; quería que él entendiera que era un juego para provocarle, aunque yo tenía curiosidad verdadera por la respuesta. Me miró muy serio y me contestó sin dudar.

No me desharé de este carnet mientras viva. Jamás lo cambiaría por uno del Atleti, ni por ningún otro. Primero, porque cualquiera que disfrute con el fútbol sabe que no hay mejor sitio para vivir la emoción de los grandes partidos que el Bernabéu. Pero, sobre todo, porque este carnet lo heredé de mi suegro. Él siempre fue socio del Madrid y madridista hasta la médula, pero ninguna de sus dos hijas era aficionada. Así que cuando me casé con su hija, comenzó a invitarme al fútbol, y aquello se convirtió en una tradición sagrada. Nunca le incomodó que yo fuera del Atleti, ni pensó que hubiera contradicción alguna en convertir a un colchonero en su pareja de emociones madridistas. Jamás habló de mi condición de atlético, como no se habla de algo sin importancia, como no se para uno a pensar si preferiría que a su yerno le gustara más el cine o la literatura. Simplemente, pasaba por casa, me recogía en coche e íbamos juntos a los partidos. Eso era todo. Siempre me trató como a un hijo, y yo aprendí a disfrutar esos ratos juntos con el Madrid como excusa, hasta que llegó a convertirse en un segundo padre para mí. Llegué a quererle mucho, y cuando murió y heredé su condición de socio, supe que seguiría usando ese carnet hasta el día en que me muera. Porque se lo debo a él y porque en este estadio he sido muy feliz. Y porque sigo siéndolo.

Por eso yo nunca podré ser antimadridista. Le debo al Madrid algunos de los mejores recuerdos de mi vida. Ya te habrás dado cuenta, me alegran las victorias del Madrid, salvo cuando jugáis contra nosotros. Os prefiero mil veces a los tramposos del Barcelona. Además, por lo general los madridistas sois buena gente, aunque a menudo os pongáis inaguantables con vuestra prepotencia y vuestra arrogancia.

El frío se había enseñoreado de la noche ya definitivamente, y caía una niebla húmeda y borrosa, que convertía las luces de las farolas y de las semáforos en globos de contornos difusos, amarillos, verdes y rojos. Oye, Jacobo, hace un frío del carajo, pero se ha quedado una noche preciosa. No me apetece irme a casa. ¿Por qué no llamamos a tus amigos, que aún estarán cerca, y vamos a tomarnos unas cañas?

 

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Lunes 23 de junio de 2025. 23:45. El Atlético de Madrid acaba de ser eliminado del Mundial de Clubes.

 

—Juancho, buenas noches. ¿Estás ya con la portada?

—Buenas noches, Miguel Ángel. Sí, aquí tengo a los muchachos a pico y pala. ¿Qué se ofrece?

—Bueno, no hace falta que te diga nada, ya lo has visto, otra vez nos han robado los árbitros estos del Madrid. Como contra el PSG, que perdimos cuatro a cero por su culpa.

—Eso lo ponemos en la portada: «Los rojiblancos, otra vez perjudicados por el árbitro, que no pitó un claro penalti». ¿Así va bien, Miguel Ángel?

[Ruido de chisporroteo eléctrico en la línea telefónica.]

—Estupendo, Juancho. Hay interferencias, se ve que aquí en el chalet no llega bien la microonda, pero más o menos te he escuchado.

—Ok. Otra cosa: sabes que tenemos que meter algo para disimular, para que no se note tanto. A ver qué te parece: «Inquietó poco a un Botafogo que se defendió con orden».

[Más interferencias.]

—¡¿Cómo dices, Juancho?!

—¡Que «Inquietó poco a un Botafogo que se defendió con orden»!

—Si no hay más remedio… Pero luego pon algún tuit bueno. Ya tú sabes.

—Espera, espera, hemos publicado uno hace un momento que es el recopetín. Te mando captura por WhatsApp.

[Miguel Ángel está sin cobertura de datos.]

—Espera, espera, que estoy en la zona de la barbacoa y aquí no hay wifi ni datos. Voy a subirme a la azotea.

A few moments later…

—¡Fantástico, Juancho, fantástico tuit!

—Este Cholo es el mejor, por eso le pagamos ese sueldo. Y tú, querido Juancho, siempre estás ahí. Gracias.

—Nada, nada, Miguel Ángel, no se merecen. Porque es que tiene razón Simeone, habéis logrado los mismos puntos que el ganador de la Champions y que el vencedor de la Libertadores ¡y estáis fuera del Mundial de Clubes! Primero, el doble toque. Y ahora, el triple empate. Mira, eso del triple empate lo voy a poner también en la portada...

—Siempre nos pasa igual, Juancho, tú lo sabes bien. Somos los mejores, pero los títulos se los llevan los demás. Ya nos pasó en las finales de Lisboa y Milán, que no perdimos en el tiempo reglamentario y le regalaron las dos Champions al Madrid.

—Así es, Miguel Ángel. Siempre el Madrid por medio en todo lo malo. Luego me dicen que si esto que si lo otro. Demasiado bien les trato. Por cierto, tenemos que ver cómo titulamos el periódico de mañana. ¿Alguna propuesta?

[Más chisporroteos e interferencias.]

De repente, Henry Cherry sube a la azotea cantando un éxito de Seguridad Social:

—Que las palabras se quedan cortas para decir todo lo que siento, pues mi chiquilla es la más bonita del firmamento.

Los gritos del presidente atlético se cuelan en la línea telefónica y le llegan a Juancho tamizados y esquilmados por las interferencias.

—¿Cómo dices, Miguel Ángel? ¿Qué se queda corto? ¿Que se queda corto el qué? ¿Miguel Ángel? ¿Hola? ¿Estás ahí? Vaya, se ha cortado. Y le llamo y nada, apagado o fuera de cobertura. Se habrá quedado sin batería. Y Enrique tampoco me lo coge. Bueno, si ha dicho que se queda corto, pues se queda corto.

Buenos días, amigos. Cualquier parecido con la realidad de esta surrealista apertura de portanálisis es producto de vuestra imaginación. Sugerir cualquier tendencia de Marca proclive al Atlético de Madrid no es sino una invención más de nuestro cerebro madridista.

Los medios, en general, jamás se muestran comprensivos con el equipo del Cholo y en cambió sí lo critican ferozmente cuando no cumple sus ¿objetivos? Mirad As lo duro que es con el Atleti. Durísimo.

Las noches radiofónicas también criticaron con saña, en ocasiones muy cruel, al Atlético de Madrid. Os mostramos lo dicho en el Partidazo de COPE. Queremos avisaros de que las palabras que vais a oír a continuación pueden herir vuestra sensibilidad por la crudeza de las mismas.

🎙️ El #TertulionPartidazo opina de la eliminación del @Atleti del Mundial de Clubes

😬 "No se puede calificar como un desastre el papel del Atleti"

🤔 "Era el grupo de la muerte. Ha hecho lo que todos pensábamos que iba a hacer"

📻 #PartidazoCOPE pic.twitter.com/efzDAyciOn

— El Partidazo de COPE (@partidazocope) June 23, 2025

Ha llegado el momento de ponernos serios. Hasta ahora hemos asistido a juicios muy severos contra el club del Frente, a pullas inmisericordes, palos fortísimos. Pero lo que no tiene cabida son las palabras de Gonzalo Miró. Sentimos tener que compartirlas, pero es necesario que las escuchéis:

🎙️ Gonzalo Miró, crítico con el @Atleti, en @partidazocope

🤷🏻‍♂️ "El PSG te metió un 4-0 sin despeinarse"

⏰ "Hoy, en lugar de salir a morir, has dejado pasar el tiempo"

📻 #PartidazoCOPE pic.twitter.com/blw4mfKF58

— El Partidazo de COPE (@partidazocope) June 23, 2025

Intolerapla. Se atreve, sin pudor alguno, a responsabilizar al Club Atlético de Madrid de su propia eliminación en el Mundial de Clubes. Pero, ojo, no se queda ahí, sino que osa criticar a don Diego Pablo Simeone, uno y trino rojiblanco. Hasta aquí podíamos llegar.

Se nos ha quedado tan mal el cuerpo, que no tenemos presencia de ánimo ni para comentar las portadas de los periódicos del Fútbol Club Barcelona.

Pasad un buen día.

Esto de cambiar de entrenador siempre es un lío. No porque el que venga sea mejor o peor, sino porque contratas un entrenador nuevo cuando consideras que se ha terminado un ciclo. De modo que cambiar a un entrenador es, en realidad, cambiarlo todo. En eso estamos. Xabi Alonso era uno de mis favoritos y su llegada me ha llenado de confianza. He visto a madridistas impacientes las primeras horas de un campeonato oficial bajo su batuta, y me recuerda un poco a cuando de niños en los viajes preguntábamos a papá cada treinta segundos: “¿Cuándo llegamos?”.

El entrenador está siendo muy sincero en sus declaraciones. Y ha dado una clave interesante, aunque creo que no lo ha dicho con estas palabras: que no hay tiempo material en el Mundial de Clubes como para trabajar y exhibir nuevos sistemas y recursos tácticos. Se trata de salvar partidos, probar nuevas combinaciones —y nuevos futbolistas— y ganarlo, porque ya sabemos que el Real Madrid no se presenta a ninguna competición si no tiene la seguridad de que ganará.

Aunque, sin perder de vista todo lo anterior, hay algunas luces que me han puesto de muy buen humor. No sé si Gonzalo es la gran apuesta ofensiva que a menudo echamos en falta durante la temporada, pero la confianza que el entrenador le está dando es una gran noticia tanto para él como para todo el talento joven que tenemos en la plantilla.

Otro apunte esperanzador: se han terminado los jugadores intocables. Quizá sea pronto para afirmarlo categóricamente pero, por lo que estamos viendo, en el once solo estarán, de entre los más talentosos, aquellos que estén en un buen momento. Me he pasado un año predicando en el desierto algo que no convence a muchos: que el Real Madrid no puede esperar meses y meses a que jugadores teóricamente brillantes decidan volver al nivel top que un día tuvieron.

He visto a madridistas impacientes las primeras horas de un campeonato oficial bajo la batuta de Xabi, y me recuerda un poco a cuando de niños en los viajes preguntábamos a papá cada treinta segundos: “¿Cuándo llegamos?”

Y algo más que me ha hecho brindar con todo el bar mientras veía el partido este domingo: los cambios se hacen cuando el equipo los necesita, no cuando se llega al minuto suficiente como para no ofender al sustituido. Ya he glosado muchas veces las mil virtudes de Carletto, pero el hecho de que cualquier madridista pudiera adivinar los cambios y la hora a la que se producirían antes de comenzar el partido resultaba exasperante.

Esta competición no es técnicamente una pretemporada, pero sí lo es. Quiero decir que tanto el cuerpo de los futbolistas como la mente de los espectadores está en ese extraño limbo. Nadie espera un despliegue físico y técnico de mediados de abril a las puertas del mes de julio. Pero, en fin, el ADN no puede perderse y la obligación de los nuestros es morder, incluso contra esos equipos de cuya existencia nos estamos enterando a lo largo del partido y que, todo hay que decirlo, parecen estar todos en mucha mejor forma física que los grandes clubes europeos.

Recuperar al mejor Güler sería una bendición para la próxima temporada. Los nuevos fichajes nos están alegrando cada partido, de menos a más. Hay ganas de ver de nuevo a Mbappé, cuando pueda salir del cuarto de baño. Y los holgados minutos que Xabi Alonso le está dando a Brahim, aun saliendo de suplente, refuerzan mi confianza plena en que la crisis de finales de la temporada pasada desemboque en un nuevo comienzo de gloria.

Nunca hay que perder de vista la cita falsamente atribuida a Churchill, es un poco estúpida pero certera: “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el coraje para continuar”. A propósito, cuando la International Churchill Society se propuso confirmar que la cita era del viejo inglés, concluyó que no podían encontrar en la obra y discursos atribuibles a Churchill nada parecido, pero, sin embargo, descubrieron que idéntico número —infinito— de fuentes atribuían la misma cita a Abraham Lincoln, igualmente sin posibilidad de documentar la atribución.

Así que, sea de quien sea la cita, tampoco hay constancia de Churchill o Lincoln fueran madridistas, la idea es lo importante para el Real Madrid en este reinicio, pruebas, aciertos, errores, y dudas: es el momento de apretar los dientes, del coraje, el mismo que mañana nos traerá el éxito.

 

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El Mundial de Clubes no empezó, como pasa con el resto de competiciones, hasta que debutó el Madrid: lo de antes siempre son prolegómenos y tanteamientos más o menos divertidos, casi siempre poco más que entretenidos. Tiene muy mala pinta este torneo, para los madridistas y para todos los demás aficionados al soccer. Hace un calor insoportable en Norteamérica y los estadios están vacíos, apenas pobladas sus gradas de árabes horteras que sólo tienen dinero y de ególatras adictos al Instagram y a los directos de TikTok. Se ven unos primeros planos dignos del Dante, gente agarrándose las camisetas, que parecen gitanos en una boda, a punto de partírselas, y chillándoles a las cámaras, enardecidos, como si fueran presa de algún delirio psicotrópico…

Eso, sin embargo, no es lo peor, sino el fútbol, que brilla, precisamente, por su ausencia. Todos los defectos clásicos de los torneos importantes de las selecciones nacionales se agravan aquí, pues las plantillas, que casi no se han ido de vacaciones todavía, están compuestas a medias de gente que acaba de llegar y de quienes van a durar en ellas dos telediarios.

Al espectáculo infumable se le suma la cultura del país anfitrión. El fútbol es ontológicamente incompatible con los Estados Unidos de América, con su histriónico sentido del entretenimiento y del show, tan antisolemne y concebido únicamente para la masa espectadora que se hace fotos y grita cual quinceañera en un concierto.

Del debut del Madrid, propiamente dicho, se extrae la conclusión de que al equipo, esencialmente, le falta soccer por un tubo. Y eso que en el segundo partido, contra el Pachuca, la cosa mejoró algo, se vio cierta velocidad, buenos contragolpes, juego al primer toque. El problema de fondo, sin embargo, es el mismo que lastró la última temporada, de la que esta Copa del Mundo es una extraña coda. Por lo que naturalmente no se puede decir nada de Xabi Alonso, que lleva aquí diez minutos y al que le quedan muy bien los polos de manga corta.

El Mundial de Clubes no empezó, como pasa con el resto de competiciones, hasta que debutó el Madrid: lo de antes siempre son prolegómenos y tanteamientos más o menos divertidos

El Madrid sigue pésimamente diseñado y sin uno, o varios, guías de juego es probable que vuelva a despeñarse. Con lo que Alonso, como antes de él Benítez y Lopetegui, será invitado a coger las de Villadiego por la misma dirigencia del club que, a tenor de lo que se lee en la prensa, le dice que no es necesario ningún playmaker porque con lo que hay, sobra.

De momento, son sólo especulaciones. Pero se adivinan cosas. El mejor metrónomo que tiene el equipo es, por ahora, Huijsen, un chaval con una pinta estupenda, notable planta y un primer pase hacia adelante muy interesante. El centro del campo, con Tchouaméni, Valverde y Bellingham, tiene la agilidad y el dinamismo de la cúpula de Génova 13, y el mejor defensa de la cantera con el que cuenta el entrenador, Asencio, hace pensar por momentos en que La Fábrica es tan productiva como la energía fotovoltaica.

Menos mal que Gonzalo está redimiendo, en parte, el fútbol base del Madrid: de una estirpe de cantaores, bailaores, toreros y hebraístas sevillanos, hacía tiempo que no se veía un chico con tanto fútbol en la cabeza y que lo muestra, además, con plena y sencilla naturalidad. Sus movimientos son de nueve modernísimo y, al mismo tiempo, de delantero canónico, puro y antiguo. Si afila el cuchillo y logra definir de cara a gol con la misma facilidad con la que combina al toque y se desmarca, estaremos ante un jugador de futuro.

De los nuevos, ninguno tiene hechuras de creador de juego propiamente dicho. Lo cual es un quilombo puesto que, según dicen, Franco, Mastantuono, juega donde Rodrygo; quien, de tan abstracto como se está volviendo, se parece cada vez más a los paisajes submarinos de Cadaqués que pintó Dalí y que ustedes pueden contemplar en el Reina Sofía. Lo más esperanzador en este asunto sigue siendo Güler, pero es tan delicado y tan poca cosa que imaginarlo fijándose noventa minutos en la media cuesta tanto como pensar en el duque de Alba cavando zanjas en un olivar.

Si Gonzalo afila el cuchillo y logra definir de cara a gol con la misma facilidad con la que combina al toque y se desmarca, estaremos ante un jugador de futuro

La papeleta es difícil de solventar y de las que comprometen la viabilidad de un proyecto. Ya hay quien propone, incluso, usar a Trent Alexander Arnold como pivote. A imitación, supongo, del experimento aquel de Guardiola en su Bayern con Kimmich. Trent, desde luego, tiene un toque de balón exquisito, pero me temo que, simplemente, sea sólo un lateral, un carrilero con proyección en todo caso, a pesar de que en la sobrevaloradísima Premier League se haya llevado toda la vida escuchando que es el mejor del mundo. El propio Xabi debería abominar de esta clase de inventos. Recuerdo que él mismo, en su etapa de futbolista en el Madrid, tuvo que compartir centro del campo con un lateral izquierdo, Coentrao, y un defensa central, Pepe. Aquellas fueron ocasiones contadas, sin embargo, en las que Mourinho tuvo que recurrir a trucos de emergencia.

Ahora, en cambio, de lo que se trata es de que el Madrid halle alguien capaz de llevar el compás del equipo, nada menos. Es decir, de un cinco sobre el que levantar una estructura permanente. Pero la pregunta es, sobre todo, si hay dinero en la caja para comprarlo. Quizá la casilla del Excel destinada a esa inversión lleve el nombre de Tchouaméni, en quien algún iluminado de la dirección técnica vio en su día un nuevo Patrick Vieira. Quiera Dios que ese no sea el caso, pues de otro modo se podría decir que el proyecto Xabi Alonso ha nacido muerto.

 

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Hay victorias que se celebran, y otras que se entienden. La del Real Madrid contra Pachuca, en Charlotte, pertenece a esa segunda categoría: la de los triunfos que explican un equipo. Porque lo de ayer no fue un simple 3-1. Fue una lección de madurez, compromiso y jerarquía, impartida con diez jugadores durante más de 80 minutos.

Sí: el Madrid jugó casi todo el partido en inferioridad numérica. Y no lo sufrió. Lo gobernó. Lo ganó. Lo impuso. En un Mundial de Clubes al que otros —no miro a nadie que se vista de azulgrana— ni siquiera han sido invitados, el Rey de Europa hizo de la adversidad una rutina y de la rutina, victoria.

Lo de ayer no fue un simple 3-1. Fue una lección de madurez, compromiso y jerarquía, impartida con diez jugadores durante más de 80 minutos

Minuto 8. Raúl Asencio, central joven, potente, bien formado en lo físico y (como estamos viendo) mal acompañado por las circunstancias, ve la roja directa. Una acción desmedida, impropia, que no solo deja al equipo con uno menos, sino que lo deja sin central izquierdo, sin referencia táctica en la línea de cuatro.

Pero no es solo fútbol. Asencio arrastra un problema judicial serio: está siendo procesado y las acusaciones pide para él cuatro años de cárcel. Ya en el partido anterior, contra Al-Hilal, cometió un penalti absurdo. Y ahora, esto. ¿Cómo no va a estar afectado? ¿Quién puede pedir concentración a un chaval que tiene el banquillo en una banda y el juzgado en la otra?

Así pito Ramón Abatti

No se justifica la expulsión. Se comprende. Y comprender, en tiempos de análisis sin alma, es un acto de madridismo. A Asencio le pasa lo que a muchos que tropiezan en público: piensa más en el lunes en los tribunales que en el minuto 7 en Charlotte. Y eso, tarde o temprano, se nota. Lo malo es que esto es el Real Madrid jugándose un Mundial, es el mejor equipo del mundo jugándose su prestigio internacional y pretendiendo ser el primer campeón (como tantas veces) de una competición en un formato determinado. Entiendo que, tanto Raúl, como Xabi Alonso, como el propio club, deberían tomar consciencia de la situación y, dentro de la lógica comprensión del que pienso firmemente que es inocente de los delitos que se le imputan, hablar y tomar medidas, aunque también creo que el partido de sanción que le va a caer le vendrá de maravilla para ordenar sus ideas.

No se justifica la expulsión de Asencio. Se comprende. Y comprender, en tiempos de análisis sin alma, es un acto de madridismo

Con uno menos, el Madrid no se escondió ni reculó. Al contrario. Se multiplicó. Mostró esa versión de equipo coral, comprometido y solidario que tantos llevaban tiempo esperando. Y marcó tres goles con el sello de un equipo que ya no depende solo del talento individual, sino de algo más profundo: una idea. En el Minuto 35, Fran García, que está creciendo en cada partido, arranca por la izquierda, la sirve rasa y tensa, y Bellingham, que cumplió 100 partidos totales (amistosos incluidos) de blanco, la manda a guardar con un disparo cruzado. Todo en él es símbolo: su liderazgo, su carisma… y su hombro maltrecho, que necesita quirófano urgente de una vez. Es mejor estar sin el crack británico unos meses a que siga con esa deriva de rendimiento inverso que ya está siendo preocupante. Pero hasta que eso ocurra, sigue marcando. En el 43, contra vertiginosa. Gonzalo García, esa especie de infiltrado del Castilla con alma de delantero viejo, le mete un pase a Arda Güler, que define como si llevara diez años en Chamartín. Dispara y sentencia. Juventud y clase. La mezcla ganadora. Y en el 70, Brahim, cada vez más dueño de sí mismo, filtra un balón en profundidad. Fede Valverde aparece como un tren sin frenos, rompe la línea y define con frialdad. El tercero. El cierre. La rúbrica de un equipo que no perdona, ni siquiera con uno menos.

Un Xabi flexible y sin hipotecas

Se empieza a notar, y mucho. Xabi Alonso no hace aspavientos. No monta espectáculos en la banda. Pero lee el juego como quien lleva toda la vida dentro. Los cambios no son estéticos, sino quirúrgicos. Las reacciones, instantáneas. El sistema, maleable. Contra Pachuca, reordenó el equipo con diez y mantuvo el control, la estructura y el hambre. Y eso no es suerte. Es método.

Mientras esto ocurría en Charlotte, en la ciudad de los Panthers, del Bank of America y de los milagros discretos, el equipo cliente de Negreira veía el partido desde el sofá. Literalmente. Porque no se clasificó para el Mundial de Clubes. No fue error del VAR, ni complot de FIFA, ni alineación indebida. Simplemente, no llegaron. Y ahora lo siguen por televisión, quizá con algo de sorna, quizá con bastante resignación.

Se empieza a notar, y mucho. Xabi Alonso no hace aspavientos. No monta espectáculos en la banda. Pero lee el juego como quien lleva toda la vida dentro

No obstante, hay que recordar todos los días que ese club del que usted me habla pagó como mínimo 8,4 millones de euros al menos durante más de 17 años al vicepresidente de los árbitros para comprarse literalmente el sistema arbitral español Y AÚN NO HA PASADO NADA. Hay que recodar también que, hasta que no les quiten todos los títulos ilegítimamente obtenidos, sean expulsados del fútbol profesional y pidan perdón a todos los aficionados del mundo, no viviremos tranquilos las personas de bien, que no se olvide. Pero lo cierto es que el Real Madrid sigue compitiendo, sigue llegando estadios allá donde va, sigue creando la mayor expectación del fútbol mundial y sigue ganando. Con uno menos. Con uno más. Con lo que haga falta.

Lo que viene no es sencillo. Red Bull Salzburgo es de esos equipos que corren hasta cuando no tienen motivo. Jóvenes, verticales, peligrosos. Pero este Madrid (el de los diez, el del orden, el de Xabi) tiene con qué. Porque si con uno menos ya vuela, imagínense con once.

Me despido con la frase favorita de mi amigo Javi, que sigue con sus cosas. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

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102-96, 3-1… Domingos que parecen sábados sabadetes

 

Sí, sí. Hay domingos que parecen sábados sabadetes y el de ayer fue uno. Días completitos. Sin pagar un duro, a media tarde te ponen el Madrid de baloncesto y después el de fútbol masculino. Y encima, todo acaba bien.

Debería ser siempre así para el Madrid. Baloncesto a las seis, fútbol a las nueve. O al revés. Los monos de los horarios verán. Faltó el fútbol femenino, que está de vacaciones, lo que requeteconfirma que las mujeres son seres superiores. Llega San Juan y ellas, eso, librando. Siempre pienso que Florentino es una tía.

Me recordó la de ayer aquella tarde de cine de barrio, las sesiones dobles. A las tres y media empezó El Álamo y después una de romanos, no recuerdo cual. Pipas, altramuces, gritos a favor de los buenos…

Sobre las nueve de la noche se presentaron mi madre y tres más a ver si mis amigotes y yo nos habíamos dormido, pirado clandestinamente Ramblas abajo buscando el peligro más divertido. A aquellas madres no había taquillera que les impidiera la entrada al grito, ¡llevan más de cinco horas fuera de casa y sin merienda! Taquillera, guardia civil: nadie.

Hay domingos que parecen sábados sabadetes y el de ayer fue uno. A media tarde te ponen el Madrid de baloncesto y después el de fútbol masculino. Y encima, todo acaba bien

Pues eso, que primero baloncesto y luego, fútbol. Otras cinco horas largas la mar de entretenidas en tarde muy veraniega. Primero sol de justicia, después tormentón. Por dos veces se fue la luz, además. Miré a mi mujer y me pareció Beatriz Corredor. Falsa alarma doble: la luz volvió en nada y ella seguía siendo la Montserrat de siempre: bien.

Lo del baloncesto tuvo prórroga, pues parecía que el Madrid iba a palmar y se resistió. Los del Valencia tiran triples que parecen lituanos todos. En Lituania, la selección, los tira hasta el chófer del autocar. En el Valencia, también.

Está siendo una bonita final con dos dominicanos en plan estelar: Feliz y Montero. País hermano el suyo para muchos de los nuestros, por cierto. Me han dicho que nuestro Falcon tiene pista privada en su aeropuerto. No he estado nunca allí, llevo tiempo pensando en acercarme a ver si se me pega algo.

Ganó el Madrid, domina 2-0 la final y acaricia el título. Queda tela por cortar, pues los de naranja son un gran equipo, sin duda el más capacitado para hacer feliz al anti y dejar a los blancos sin título, nobilísima tarea que anima las tardes/noches de esas extrañas gentes.

Es gracioso ver en la grada a Causeur, Yabusele, Poirier con sus familias. Los ex son muy madridistas, ya vimos que cuando vuelven como rivales ponen cara de circunstancias si encestan: bien también.

Ganó el Madrid, domina 2-0 la final y acaricia el título. Queda tela por cortar, pues los de naranja son un gran equipo

Tras el intenso ‘match’ llegó el fútbol y confirmamos que el gusto del Madrid por el número no se fue con Ancelotti: en el segundo partido de Xabi, a los 7 minutos se quedó con uno menos. Asencio ha empezado despistado, nada que no pueda arreglarse.

Fue una remontada extraña, pues por debajo en el marcador no estuvo. Debió remontar la inferioridad numérica, en lenguaje del Poli Rincón, inferioridad supérica. 83 minutos más los alargues, un partido enterito a más de 30 grados. Los tipos que inventan estas cosas viven con aire acondicionado y cuando el refresquito toman caipirinha.

El caso es que el equipo estuvo hasta bien mucho rato. Se había metido en un lío y ganaba o corría el riesgo de volverse en el avión del Atleti, que golea hoy al Botafogo o ‘pa’ casa. Muchísima suerte tenga.

Me apetece un derbi en el Mundial en plan revancha del penalti aquel de la Champions. Estoy seguro de que pasaría algo parecido para regocijo de yanquis, yonquis y similares. Ojalá.

Olió el Madrid el peligro, se afanó y tuvo momentos que animan a pensar que acabará jugando razonablemente bien. Dudo que con el 4-3-3, será una manía. Y sigo pensando lo bien que le iría un volante especialista en lo de tener y mandar. Pues eso: el mando dirá.

Olió el Madrid el peligro, se afanó y tuvo momentos que animan a pensar que acabará jugando razonablemente bien. Dudo que con el 4-3-3

Una cosa es la ilusión por ganar el torneo y otra, lo consiga o no, que el Madrid que estamos viendo tenga mucho que ver con el que veremos de agosto en adelante, plantilla cerrada, lesionados recuperados la mayoría. La cosa fue resultona y punto. Después, el Al-Hilal empató con el Salzburgo, lo que le mantiene invicto ante europeos, y el Madrid con empatar ante los austriacos pasará la ronda.

Huijsen es una cosa seria y más que lo va a ser, y Gonzalo grita quedarse. Tiene algo fundamental y poco visto: sabe jugar al fútbol. Ver toquecito pase-gol a Arda en el 2-0. Y ve puerta, lo cual es interesante tratándose de un delantero. El Madrid, resumiendo, problema arriba no tiene y los que tenía atrás los va resolviendo. Incluso volvió Rüdiger.

Total, que la tarde empezó con sufrimiento en el Palacio, continuó con soponcio en Charlotte y terminó con ilusión a base de triples y golazos. Ilusión, que no es poco.

 

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A estas alturas de las eliminatorias por la liga Endesa una verdad cierta se impone sobre el resto. Cuando el Real Madrid pone en juego todo su potencial es el mejor equipo. Lo vimos ante el Unicaja y lo volvimos a ver ayer ante el Valencia, cuando el conjunto de la ciudad del Turia tuvo el partido en su mano tras una racha de juego extraordinario.

También queda claro que a estas alturas de curso Chus Mateo ha tomado el pulso a su equipo y viceversa. Su figura se está reforzando en este final de temporada, con planteamientos muy ajustados a las virtudes de los rivales.

Se da la circunstancia de que algunos de los jugadores madridistas claves han retomado su mejor forma en este final de temporada. Uno es Tavares, tan rápido y resistente como en sus mejores días. Su consistencia permite al equipo defender de muchas maneras y el dominio de su zona defensiva da opción a sus compañeros a presionar en la línea de tres. Así, la única opción viable para los rivales es intentar el tiro de tres puntos, pues cuando se internan en la zona se topan con la muralla blanca. Aun así, el juego del Valencia es tan rápido e imprevisible y les gusta jugar tanto en transición que, cuando están en racha, son imparables.

El otro jugador que está rayando a su mejor altura es Campazzo, rápido, imaginativo en ataque y rocoso en defensa.

Su forma y la de Andrés Feliz son tan determinantes que Mateo se ha decidido a disputar los momentos cruciales del partido con dos bases. De esta forma, el Real Madrid puede jugar rápido, de forma imprevisible, al tanto que su defensa se mantiene sólida. A pesar de ser jugadores “bajitos“, ambos son grandes defensores y pueden lidiar con oponentes de talla mayor.

A estas alturas de las eliminatorias por la liga Endesa una verdad cierta se impone sobre el resto. Cuando el Real Madrid pone en juego todo su potencial es el mejor equipo

Muy destacable también es el asentamiento de Usman Garuba, versátil en defensa, capaz de defender a jugadores más altos y más pequeños que él. Esta versatilidad le otorga al Real Madrid más opciones de quintetos diferentes, porque puede acompañar tanto a Tavares como convertirse él en el cinco del equipo. Además, se muestra más confiado en ataque, y ayer transformó un triple providencial en la prórroga. Por último, y por más veces que suceda, no deja de sorprendernos, Sergio Llull. En sus primeras apariciones en el partido no estuvo demasiado afortunado, volvió a la cancha para jugar los últimos segundos de los 40 minutos primeros. Muchos de los que estábamos presenciando el partido pensábamos que el balón terminaría en manos del escolta madridista, como así fue. Y, aunque no había conseguido anotar hasta ese instante, logró la canasta del empate que permitió al Real Madrid continuar con la opción de la prórroga.

Esta eliminatoria se está pareciendo mucho a la previa contra el Unicaja, tanto por la cierta similitud entre el estilo de juego de ambos rivales, como por el transcurrir de los partidos. El primero, claro para los blancos; el segundo, con una clara mejoría de los aspirantes. Y también sabe sobreponerse cuando las cosas parecen más difíciles. Vamos ahora a un tercer partido en una cancha caliente como la de Valencia contra un equipo que habrá ganado confianza por el buen juego desarrollado en Madrid, a pesar de la derrota, y porque ha sabido encontrar las grietas en el actual campeón. No se presentan fáciles los próximos encuentros, pero en vista de los antecedentes y de lo sucedido, el Real Madrid se presenta como claro favorito para revalidar el título.

 

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