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Cartografía del madridismo

Cartografía del madridismo

Escrito por: Pepe Kollins1 agosto, 2016
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Antaño, cuando uno se topaba con otro seguidor del Real Madrid no cabía otra reacción que la de la jovialidad debida entre quienes comparten simpatías por el mejor club de la historia. En la actualidad, la escena se ha tornado bastante más complicada. Conocer a un madridista hoy obliga a hacer un esfuerzo para calibrar, a posteriori, qué clase de aficionado blanco es tu interlocutor. No hay un madridismo sino muchos, y algunos de ellos enfrentados entre sí.

Es algo habitual que en la masa social de un club se produzca una disensión a colación de un aspecto trascendente, alrededor de una figura emblemática, o de dos contrapuestas. La conformación de diferentes maneras de entender el Real Madrid también fue el origen de la actual diversidad, aunque la tesitura de la entidad blanca supera con mucho la de una simple dualidad.

Hasta tres planos diferentes con sus posturas contrapuestas y sus consiguientes combinaciones determinan la actual perspectiva del madridismo. Algunos de estos debates forman parte de dinámicas latentes en la institución desde tiempos remotos, reavivadas recientemente por algún personaje mediático. En otros casos, ha sido una circunstancia inédita y más contemporánea la que ha propiciado la segregación. Sea como fuere, la hostilidad entre las diferentes visiones del club y del equipo no ha dejado de agravarse hasta el punto que estas rivalidades en algunos casos se priorizan sobre la de los tradicionales adversarios deportivos.

Las tres coordenadas que configuran la cartografía madridista son las siguientes:

A) INSTITUCIONAL

El debate sobre el modo de  dirigir la institución no es un hecho novedoso. Supone la vieja polémica entre progresistas y conservadores desarrollada en la serie Reivindicación de Santiago Bernabéu por Manuel Matamoros, y que ha condicionado al Real Madrid desde sus etapas iniciales. Los términos, obviamente, no refieren a una significación política, sino a una apuesta de unos por anticiparse al futuro frente a la de otros que prefieren inspirarse en la tradición.

La profesionalización de la plantilla que propició Pedro Parages, o la construcción de un nuevo estadio, en un momento muy crítico deportivamente, por parte de Santiago Bernabéu acarrearon la misma oposición y argumentos en contra que el “modelo empresarial” de Florentino Pérez. De este modo se plantean dos ópticas diferenciadas: la de quienes consideran que la estrategia del club se tiene que simplificar hacia lo más práctico y cortoplacista, así como reafirmarse sobre las señas de identidad locales; y la de quienes opinan que la única forma de liderar futbolísticamente es anticiparse al futuro con decisiones arriesgadas que amplíen la estructura de la entidad, como base de lo deportivo y siempre con un eminente carácter expansivo, esto es, universal.

Su traslación al momento presente ha derivado en dos facciones: florentinistas y opositores.

Florentinistas: Sostienen que el club jamás dispuso de una dimensión económica e institucional como la actual y consideran que esa es la mejor garantía para permanecer en la primera línea deportiva continuadamente. Son partidarios de adelantarse al futuro ensanchando el músculo financiero y comercial, así como a través de la inversión en nuevas infraestructuras. El Real Madrid ha de ser una marca universal lo más atractiva posible para alcanzar estos objetivos. Solo de esta forma se podrá aspirar a los jugadores más destacados y se podrá competir contra los mejores clubes. Los partidarios de Florentino Pérez resaltan la inestabilidad social y la carestía económica que amenazaron la viabilidad del club en épocas anteriores, así como recuerdan la escasa competitividad en el ámbito europeo tras el periodo Bernabéu, lo cual contrasta notablemente con la regularidad y los éxitos alcanzados en los últimos años.

Opositores: Afirman que hay que priorizar lo deportivo sobre lo empresarial y que haber hecho lo contrario durante los últimos años ha mermado el potencial del equipo. Según este análisis, las plantillas han carecido de un mínimo equilibrio al haberse supeditado a los intereses económicos que se han convertido en el verdadero modelo deportivo. Estos factores han sido fundamentales en el escaso bagaje liguero de los últimos ocho años.  En su opinión es preferible disponer de un menor crecimiento global pero con mayor criterio futbolístico. Los opositores evocan la historia como ejemplo de que no es necesario liderar los ingresos para ganar campeonatos. Y en esa línea muestran una idealización del pasado y de la tradición: reniegan de cualquier himno que no sea el de “las mocitas”,  no reciben de buen grado los diseños innovadores de los uniformes, muestran su predilección por no alterar en demasía el Bernabéu o, incluso, algunos apuestan por la antigua fórmula de animación.

B) ACTITUD ANTE LOS JUGADORES

El vínculo de la afición madridista con los jugadores condiciona desde hace décadas el rumbo del club. Tal y como se explica en la teoría del Ciclo kármico publicada en La Galerna, los futbolistas de mayor peso en el vestuario, los medios de comunicación y la afición se retroalimentan unos a otros en una espiral sin fin que condena a la institución a permanecer atrapada en dicha secuencia.

Desde siempre, el madridismo ha festejado al héroe individual por encima del mérito colectivo. Esta devoción es estimulada por una prensa que obtiene rédito de los propios protagonistas a los que encumbra, lo que se traduce en la adquisición de una cuota de poder estimable por su parte, pero también, a la larga, en un estadio de acomodamiento por parte de los jugadores que, tras el inevitable fracaso, sufren la ira de los mismos hinchas que anteriormente les habían adorado. Es entonces cuando se consuma el advenimiento de un caudillo (entrenador) implacable que encauza otra vez a los futbolistas en la senda de la competitividad. Pero el ciclo es inexorable, y la prensa y el vestuario (y por tanto también un segmento del público) terminan posicionándose en contra de la mano dura, así como en favor de un técnico más amable con el cual los jugadores, al menos de inicio, vuelven a rendir.

De esta sucesión de acontecimientos que describen la historia del club desde hace décadas han surgido, en los últimos tiempos, dos frentes claramente diferenciados: piperos y mourinhistas.

Piperos: Aficionados más permeables a la prensa y por tanto con mayor tendencia a la idolatría. Sienten predilección por el jugador español, por el canterano y por los que ostentan la capitanía. Su apoyo al futbolista está en consonancia con su trayectoria global y no necesariamente con su rendimiento presente. El aplauso supone un estadio conquistado por méritos propios que ya no se puede revocar. Algunos de sus referentes serían Iker Casillas como jugador y Vicente del Bosque en el banquillo. Son fieles seguidores de la selección española de fútbol y partidarios del señorío como forma de encarar las afrentas.

Mourinhistas: Priman el esfuerzo y el rendimiento presente sin valorar la memoria histórica. Un jugador es lo que es y no lo que fue. No aceptan favoritismos en arreglo a nacionalidad o procedencia. La meritocracia es el único baremo para juzgar a un miembro de la plantilla. Admiran a José Mourinho como depositario de la virtud adecuada para superar los vicios enquistados. Consideran a parte de la prensa como un adversario que predispone a la afición y al entorno en contra del equipo y reclaman una respuesta contundente por parte del club frente a los ataques. Sienten desafección hacia la selección española, que interpretan como un factor que ha servido para desestabilizar al vestuario del Real Madrid en repetidas ocasiones.

C) ACTITUD ANTE LA DERROTA

Es un nuevo paradigma como consecuencia del periodo de victorias encadenadas por el F.C Barcelona durante la última década. Aunque no resultaba novedoso que el Madrid padeciera una sequía de títulos, sí que era la primera vez que las derrotas blancas iban en favor de un mismo beneficiario, que era, para mayor escarnio, su histórico rival. Esta circunstancia convulsionó a los madridistas, una afición que interioriza como seña de identidad su resistencia a aceptar la derrota.

La divergencia en el modo de encarar la frustración originó dos posturas opuestas que fueron reseñadas con dos anglicismos: happys y haters.

Happys: Inductores de una óptica positiva y constructiva. Entienden que, salvo situación catastrófica, lo ideal ante la derrota es redoblar la confianza en los activos deportivos, reafirmando el plan trazado y puliendo los defectos localizados. Es imposible consolidar un proyecto sin paciencia. Para el sector happy ensañarse contra algún miembro de la plantilla es estéril hasta que no haya posibilidad de recambio al término de la temporada. El apoyo es mucho más productivo que la crítica feroz. Pitar a uno de tus jugadores es tirar piedras contra tu propio tejado. Si en cualquier deporte el estado anímico tiene un peso determinante, no es conveniente dinamitar el de tu propio equipo. Además, se considera que la esencia del Real Madrid se contradice con una perspectiva negativa, puesto que, en síntesis, es lo contrario: una fe ilimitada en la victoria.

Haters: Más proclives a la crítica. Estiman que renunciar a la misma significa caer en la autocomplacencia. Se defienden de quienes les reprueban por su negatividad afirmando que simplemente son realistas. Si el Real Madrid se ha hecho grande ha sido precisamente por exigir el máximo a sus integrantes. Un jugador que no da la talla ha de ser reprendido por la grada y solo será apto si sabe sobreponerse a ello. Aceptar la debilidad o la misma derrota es alejarse de los fundamentos que han elevado a la institución a la cúspide del fútbol mundial. Las derrotas tienen culpables y la mejor forma de revertirlas es localizarlos y sustituirlos, ininterrumpidamente si es necesario, hasta dar con la pieza adecuada.  En el Real Madrid no hay tiempo para que un jugador o un equipo maduren, se ha de rendir desde el primer minuto, ya que el margen de error hoy en día es mínimo.

Bernabeu afición

La predilección por una u otra opción en cualquiera de las controversias no implica la total asunción de la misma y, por consiguiente, la oposición de pleno de su contraria. Se puede ser simplemente más partidario de una postura, pero no de una forma radical tanto en la aceptación como en el rechazo. No obstante, el actual nivel de frentismo se ha recrudecido a tal extremo que la tendencia generalizada es la de acentuar los posicionamientos.

Puesto que los tres debates se proyectan en planos independientes, la combinación de sus pares deriva en ocho categorías diferentes. Hay calificaciones que pueden resultar más próximas a otras de distinto nivel (un florentinista puede inclinarse a ser happy o un opositor cuadrar más con el perfil de hater) pero no hay mezclas incompatibles y por tanto, aunque unas fórmulas sean más abundantes que otras, ninguna es imposible.

Los subtipos de madridismo son:

1-Florentinista / Mourinhista / Happy

2-Florentinista / Pipero / Happy

3-Florentinista / Mourinhista / Hater

4-Florentinista / Pipero/ Hater

5-Opositor / Mourinhista / Happy

6-Opositor / Pipero / Happy

7-Opositor / Mourinhista / Hater

8-Opositor / Pipero / Hater

Una clasificación que esperemos tenga un carácter meramente eventual y que termine diluyéndose en la única categoría que debería representar al madridismo sin despertar recelo alguno por parte de ninguno de sus miembros: la de desear y disfrutar de las victorias del equipo blanco por encima de cualquier otro aspecto. Y nada más.

Pepe Kollins
Redactor jefe de La Galerna @pepekollins

13 comentarios en: Cartografía del madridismo

  1. No sé si seré yo el raro, pero me encuentro entre medias de ambas posturas en todos los casos. Tirando más a una o a otra, pero entre medias.

    1. La prioridad del texto es descifrar los debates sobre los que gira (y divide) el madridismo y que he desglosado en esos tres. Luego he expuesto las dos posturas confrontadas que se da en cada caso, pero obviamente entre un blanco y un negro hay una infinidad de grises.

      Saludos

  2. Creo que falta en la reseña el madridismo del extranjero. Tan importante como el nacional y de aquí a unos años más extenso, presumo. Ese madridismo sólo se dedica a disfrutar de su Madrid en las buenas y a penar en las malas, pero pasa de políticas, politiquillas y politiqueos.

  3. Creo que las posiciones happy/haters y mourinhista/pipero dependen de la situación, de los jugadores concretos, del tamaño del batacazo. Vamos, que yo no me sabría definir.

    Más clara y concreta es la posición Florentinista/Opositor. Se juegan 2 Champions: la financiera y la deportiva, y para tener opciones sostenibles y continuadas de ganar la segunda hay que ganar la primera. Si no, no se puede, como va a experimentar en breve el adversario del Manzanares (o si no, al tiempo). Y el primero que lo vio fue Bernabéu cuando decidió no sólo construir un estadio nuevo, sino que éste fuese el mayor del mundo y poder tener ingresos con los que contratar a los mejores.

    Hay que decir, aunque suene a sacrilegio, que toda ventaja competitiva es necesariamente temporal y cuando los adversarios se pusieron financieramente a la altura del Madrid, Bernabéu ya era un hombre mayor y no tenía un plan B. Hasta que llegó Florentino, realmente, no lo ha habido. Aunque haya que reconocer también a los opositores que, al final, lo importante es tener un buen equipo, y que fichar a Owen o a Beckam simplemente porque se puede sin atender a las necesidades reales del equipo, y cosas así es tirar piedras contra tu propio tejado.

    Saludos.

  4. Veo la virtud en el término medio de todos los frentes menos en uno, no veo bondad alguna al piperismo, mas alla de evitarse uno mismo un soberano cabreo cada vez que se lee o escucha cualquier referencia al Madrid en los medios mainstream..

  5. Yo me identifico con algo que no está aquí expuesto: el rival está en el campo, el enemigo en los medios de comunicación. Por eso no voy contra el club, voy contra los medios que sí está lleno de odiadores, "hater" decís ahora, a muchas cosas del Real Madrid. Y con su verborrea impregnada en veneno que destilan hacia el RM, intoxican y esparcen su mierda falaz desde el poderoso altavoz que le confiere el medio de comunicación que cotiza en el EGM. Eso e slo grave.

    Que haya "piperos", "florentinistas", pesimistas, malos agoreros, incluso idealistas entusiastas que nunca ven nada malo, entre los aficionados, me parece normal y no pasa nada, pero sí es grave cuando eso mismo reside en los medios, que con su potente altavoz elevan a solemne auténticas tontadas como si fuera el apocalipsis... algo que por otra parte no importaría si lo hicieran con todos, pero no es así. Ese doble rasero es la vergüenza del periodismo y explica cuál es el nivel d enuestro periodismo deportivo. Éstos a fuerza de repetir sus mantras falaces influye en esas distintas corrientes que los periodistas usan en su definición de forma torticera para llevar el ascua a su sardina e insultar, vituperar, desprestigiar de forma insidiosa a aquél del RM que le cae mal.

    Insisto, el mal no está en la afición, sino en los medios de comunicación. No hace mucho, Antón Meana que ya se ha estrenado en la SER afirmaba que "por higiene del vestuario deben salir James o Isco" y se queda tan pancho. al día siguiente lanza otra perla, adjetiva siempre de forma peyorativa para darle pompa, relevancia, solemnidad a cualquier memez que cuente. Tremendo. Pero no pasa nada. Más tremendo que ese sea el modus operandi de estos canallas. 😉

    1. Pues te aconsejo leer otra vez el texto porque lo que reclamas y echas en falta sí que está expuesto en el mismo. Con otro tono obviamente, pero está.

  6. Cachondo ejercicio de distribución por categorías del madridismo, me he reído un buen rato. El articulista ha clavado un buen número de situaciones.

    Gracias.

  7. Me ha gustado.... y mucho..... el artículo. Felicidades al autor. No obstante no soy partidario de sectorizar.
    Además hago la presente reflexión que choca con las distintas facciones en las que el artículo se complace en dividir el madridismo: Yo como madridista quiero que mi equipo gane siempre, juegue bien siempre y enamore siempre. Si además transmite sentimiento y humanidad, mucho mejor. ¿En que facción encaja esto?
    Por otro lado no podemos perder la perspectiva de lo que somos y hay ciertas líneas que nunca se deben pasar.
    Digo esto por ese señor al que llaman "el número one" de los entrenadores (el de los tops) y refiriéndome a ciertas actitudes que nunca por nunca se pueden justificar. ¡NO QUIERO SER MADRIDISTA FUNDAMENTALISTA!
    Quiero ser madridista crítico porque partiendo de la crítica siempre se mejora.
    Lo dicho, enhorabuena por el gran artículo.
    Saludos madridistas.

    1. Jugar bien, ¿que és?, jugar como a uno le gusta?, como si hubiese un gusto universal?, en que manual de futbol viene que dar cientos de pases horizontales es jugar bien?, porque para mi eso no es jugar bien... Idem con lo de enamorar, hay me enamoraba el futbol de Mourinho y no el de Ancelotti por ejemplo.. Todos esos criterios son subjetivos, el error es la utilizacion que hace la prensa de ellos pretendiendo convertirlos en objetivos para poder censurar a placer las victorias de quien no les conviene..

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