Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Las bolas calientes del cholismo

Las bolas calientes del cholismo

Escrito por: Antonio Hualde6 mayo, 2016
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Una de las mejores anécdotas de la guerra fría la protagonizó el líder soviético, Nikita Kruschev, que en cierta ocasión explicó por qué se refería a Berlín como “los cojones de Occidente”: “Cada vez que quiero que (Occidente) grite, aprieto a Berlín”. La frase en cuestión tiene plena vigencia hoy en día, extrapolable al Madrid: cada vez que aprieta, el resto berrea.

Si alguien hubiera dicho a principios de año que íbamos a llegar a la final de la Champions y que a dos jornadas del final de Liga estaríamos a un punto de la cabeza, le habrían tomado por loco. Y sin embargo, así están las cosas, para zozobra de muchos. Me refiero a todos esos que aprovechan el más mínimo resquicio para enmierdar todo lo que suene a madridismo y, consecuentemente, elevar a los altares al resto. Hasta han llegado a acuñar un término, cholismo, bandera de aquella vieja máxima según la cual el fin justifica los medios.

Sería absurdo negar mérito a lo que ha hecho Simeone con el Atleti. El cómo lo ha hecho sí que resulta cuestionable. Sobre gustos no hay nada escrito, aunque es patente lo feo que juega el Atleti. Tremendamente feo, añadiría. ¿Efectivo? Sin duda, pero de una estética horrorosa. El Atleti es al fútbol lo que Belén Esteban a la literatura: no vale con vender libros, hace falta “algo” más. En cambio, hace mucho tiempo que la prensa se ha rendido a ellos. Hasta Sport sacaba ayer en portada su declaración de intenciones para la final de Milán, esa a la que el Barça no llegó: “seremos cholistas por un día”.

Bolas Cholo

De la prensa deportiva catalana poco se puede esperar. La política, las subvenciones de la Generalidad y la producción de veneno contra el Madrid le ocupan demasiado como para informar con un mínimo de objetividad. Hasta la prensa generalista se ha contagiado. La Vanguardia, hace pocos días, sacaba en su portada de deportes unas declaraciones del tal Roncero, en las que le arrogaban la representación del madridismo. ¿Recuerdan la alusión a Belén Esteban del párrafo anterior? Vale también para el “literato” del As.

En Barcelona fue donde surgió la teoría de las bolas calientes, según la cual al Madrid le tocaban siempre los rivales más asequibles por un caliéntame allá estas bolas. Esa teoría la hizo suya el Cholo, quien ya había vaticinado que la Liga estaba “peligrosamente preparada para el Madrid”. Y tras el Cholo, el cholismo. Poco importa el medio; todos alaban las virtudes del Atleti -su capitán es el único de la primera división imputado por amaño de partidos, conviene recordarlo- en detrimento de un Madrid cuyos rivales han sido una banda y cuyo actual estado se debe sólo a la casualidad y a los millones.

El cholismo, pues, todo lo justifica en pos de lo suyo. ¿Alguien imagina a Zidane tirando un balón al campo para que el equipo contrario no culmine una jugada de ataque? Inconcebible, ¿verdad? Pero no, como lo hace el Cholo, todo el mundo le ríe la gracia y apelan a “las armas de cada uno”. Eso sí, llega a hacer algo así Mourinho y fusilarle sería poco. También se le atizaba al de Setúbal por su antipatía en las ruedas de prensa, pero nada -o muy poco- se dice del tipo más avinagrado del fútbol español, Luis Enrique. Lo mismo es cuestión de bolas calientes: al míster del Barça le queman y eso le hace irritable, y al del Atleti le pasa lo propio con las de cerca del banquillo, al punto de tener que arrojarlas al terreno de juego. Con o sin bolas calientes, unos ladran y otros cabalgamos.

Abogado,historiador en ciernes,investigador en Fund.Ortega y Gasset.Escribo en Diplomat in Spain,El Imparcial,Actuall,La Galerna. Radio Internacional.Scout