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Blitzkrieg Bop

Blitzkrieg Bop

Escrito por: Mario De Las Heras8 diciembre, 2016
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Raúl al micrófono no parece Raúl. Es como Raúl hablando desde las alturas como tantos, donde no debe de estar permitido hacer callar con el dedo en la boca. Yo creo que una cosa es hacerse mayor y otra modoso. A veces pasa esto. Estas diferencias entre pisos y épocas. Indurain vestido de contrarreloj parecía un anuncio de Rolex, y luego se quitaba el terno y uno se lo podía imaginar con boina. Zidane, en cambio, no es eso. Zizú sobre el césped era una fotografía restaurada de un futbolista de los cincuenta, y hoy en el banquillo es el perfil estilizado de un halcón que sonríe. Nunca se había visto a un halcón sonreír. Los zoólogos están como locos. Los zoólogos van a entrevistar a Zidane con miedo de esa sonrisa. Los zoólogos van con sus instrumentos de zoólogos y Zidane les sonríe y se les caen todos al suelo y casi salen huyendo despavoridos.

A mí me encanta ver a Zidane sonreír. Es una sonrisa curativa. La sonrisa de Zidane es la evolución del futbolista con hechuras de mediados de siglo a entrenador ultramoderno y sin embargo clásico como su traje azul. Ya digo que el gremio de la zoología se debate ahora mismo en sus principios. El Real Madrid de finales de 2016 es una cosa excepcional. Un campeón humano, un Rocky al que le descubre las costuras un púgil de probeta, un Iván Drago como el Borussia. No es antipático como el ruso el equipo de Dortmund. Es alemán, pero un alemán donde han quitado el cartel de verboten y en su lugar han puesto a tocar los bongos y las maracas a Dembele y Aubameyang. Yo veía, por ejemplo, a Schmelzer o Schürrle poniendo sellos enérgicamente. Eso lo tienen. Eso es como el Gluwein o la cerveza a los que han añadido exotismos coloniales que se encargan de juntar futbolistas híbridos como Reus.

Todo parece diseñado por la cabeza princetoniana de Thomas Tuchel, al que no imagino entrenando equipos de fútbol en un futuro sino planificando OPAS desde la torre Agbar. Para entonces el Madrid, ojalá fuera con Zidane al frente, podría ir camino de la veintena de Copas de Europa y el gremio zoológico podría ya haber encontrado el camino correcto, ese por el que siempre guía Zizú-Fagin a sus pupilos, como a James, al que yo vi ayer sentirse de nuevo importante robando carteras. Esa aparente patosidad del colombiano me recuerda a la carrera de Larry Bird, que iba de un lado a otro de la pista a sus anchas mientras uno se preguntaba cómo era posible. O el sentido y la sensibilidad de Casemiro (Cashmere), que rota sobre sí mismo, se planta y se interpone en el medio campo provocando grietas con una sencillez arrebatadora.

Blitzkrieg Bop Ramones

El Bernabéu era ayer un barrio peligroso. No se podía caminar tranquilo por ninguna calle. Había que salvar coches desvalijados, bidones ardiendo y ventanas tapiadas. Lucas Quinto lo hacía a cada momento como Conrad Schumann, el primer desertor de la RDA, cuyo salto de la valla captó el fotógrafo Peter Leibing. Lucas era Conrad cruzando el muro alemán sin descanso y alejándose después en coche a toda velocidad. Y Benzema le esperaba en el que era uno de esos días suyos en los que sale al terreno de juego con la paleta en las botas. Al francés le puso una pelota Carvajal como un arpón para marcar el primero en plena barriga del ballenero de Dortmund. La atención del Borussia al corte aumentaba el valor de la profundidad madridista. Había de todo. Modric continuando las jugadas de cabeza. El bondadoso Keylor parando al malvado Schürrle. Cristiano organizando y participando. Marcelo haciendo malabares con tres pelotas.

La blitzkrieg alemana era lo peor para el Madrid. Una blitzkrieg sujeta por la defensa pero no amarrada. Estaban sobre la yerba todas las virtudes y todos los defectos de ambos equipos. Era una batalla como las de antes: corriendo entre gritos al encuentro del otro. Hubo una ráfaga del Borussia inconclusa, y luego Carvajal se adentró entre líneas a puro huevo y rebote. Un minuto después James dio tres altos de gacela con sus patas de hipopótamo y Benzema marcó el segundo con su cabeza adornada de hojas de laurel. El Madrid tiene en sí mismo a la Bella y la Bestia. Hay rabia española y tecnología y arte. No pasó mucho hasta que anotó el primero de los visitantes Aubameyang. La blitzkrieg. Eran contras ejecutadas con asombrosa sencillez. Se vio un control de Marcelo de los de verónica de Curro. Un recorte y posterior caño de Carvajal en modo caballería. Lucas Quinto pisaba y aguantaba a los mostrencos alemanes con una fibrosidad y una hidalguía admirables. A Benze le sacaron un remate en la línea de gol. Marcelo disparó alto tras una jugada fulgurante. Brillaba el Madrid. Brillaba el Borussia. Pudieron matar los blancos pero no lo hicieron.

La cabeza de Tuchel comenzó a imaginar jeroglíficos dibujados por el diablo Emre Mor, el bandido Emre Mor como el bandido caucásico del que habló Tolstoi: Hadji Murat. Benzema hizo su último boceto a costa de Bartra. La coge, la para, la saca, la esconde y la envía al carboncillo. Todo en blanco. Cris recorta como un jinete. Cris al palo. Cinco, seis a uno en las nubes pero en la tierra fueron dos a dos. Otra vez la blitzkrieg, la Blitzkrieg Bop de los Ramones (Hey! Ho! Let's go!), otra vez Aubameyang, y Reus. Y Mor, el rotulador de reserva de Tuchel que no alteró la sonrisa de Zidane.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.