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Sí. Soy del Atleti y eternamente antimadridista

Sí. Soy del Atleti y eternamente antimadridista

Escrito por: José Luis Heras29 mayo, 2015
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Y así me moriré.

Sé que mucha gente no lo puede llegar a entender, pero realmente es algo genético. Del Atleti se nace. Eso nos hace gozar de una impronta especial y de un sentimiento anti-madridista original, como el pecado.

A medida que vas creciendo, relacionándote con tus primos, con tus compañeros del colegio, con los otros chicos de tu barrio, con los hijos de los amigos de tus padres, ese sentimiento latente que estaba dormido brota espontáneamente y ya te acompaña a lo largo de toda tu vida.

Mi padre nunca fue un “ser superior” con un billetera bien repleta como otro que ya conocemos, sino una persona normal como tantas otras que me enseñó que las cosas en la vida sólo se consiguen con dedicación, esfuerzo, perseverancia y, por supuesto, con coraje y corazón.

Me enseñó a amar al Atleti. Por encima de las victorias. Mucho más en las derrotas.

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Me llevaba con él cada domingo al vetusto Metropolitano y después al moderno Manzanares, pero nunca me dijo que debíamos ser anti-madridistas. Ese un sentimiento innato que nace desde dentro pero que necesita de un clic inicial que lo active, y cuando eso ocurre ya es para siempre y me explicaré.

Yo he estudiado en un colegio colindante con el coliseo madridista. En mi clase éramos cuarenta y ocho chicos. Apenas se podían contar con los dedos de dos manos los que éramos del Atleti o simpatizantes de otros equipos que no fueran el Real Madrid. Y sí, ahí es donde ese clic, ese sentimiento anti-madridista, se activó para toda mi eternidad.

Fue en el año setenta y cuatro. Yo tenía trece años y nunca lo olvidaré. Fueron sus risas malvadas en el Colegio el día después de que la mala suerte y el Bayern de Munich nos privaran de una Copa de Europa que fue nuestra hasta ese fatídico minuto 119 y 30 segundos. Ese día me di cuenta de que el sentimiento anti-madridista que brotaba desde mi interior nunca podría parar de crecer.

Mis compañeros alardeaban de que su equipo ya tenía 6 Copas de Europa, pero muchos de ellos jamás habían pisado el Santiago Bernabéu ni se sabían una alineación completa del Real Madrid de carrerilla como yo la del Atleti. Eran del Real Madrid porque había que ser de algo y ¿qué mejor que ser del que más ganaba y fardar de ello? ¡¡Qué poca personalidad!!

En los recreos jugábamos al fútbol los que eran del Real Madrid contra los que no lo éramos. Ellos lo definieron como “el Real Madrid contra todos”. Otro signo más de su innata prepotencia madridista que te empujaba a querer ganarles sí o sí, o a desear que perdieran hasta en los entrenamientos. Ni qué decir tiene que los que eran del Real Madrid eran una tropa. Los “contra todos” apenas llegábamos a diez u once, pero teníamos algo especial, teníamos “coraje y corazón” ,y además éramos mejores.

Eran partidos en los que la famosa frase de Churchill “sangre, sudor y lágrimas” alcanzaba su máxima expresión deportiva. Durante años siempre les estuvimos ganando y todavía hoy, cuando nos reunimos a comer o cenar después de tantos años, y recordamos esas batallas futbolísticas, siguen haciendo gala de su prepotencia y les cuesta reconocer muy a su pesar que nosotros, “los contra todos”, los del Atleti, éramos mejores.

Con el paso del tiempo, los compañeros del colegio cambian por los de la carrera y luego por los del trabajo. Más tarde aterriza en tu vida la familia de tu mujer, pero si bien los escenarios son diferentes, los madridistas, ahora legión debido a los éxitos cosechados a golpe de talonario, no cambian.

Su prepotencia se ha acentuado hasta el infinito y más allá. Durante años los del Atleti hemos tenido que sufrir sus risas, mofas y chanzas porque no conseguíamos derrotarlos, pero como no hay mal que cien años dure, no pudo haber mejor venganza que nuestra décima Copa del Rey conseguida en el Bernabéu contra todo pronóstico, cuando esos madridistas pensaban que sería de nuevo un mero trámite para Mou y sus chicos.

Ahora todos estos madridistas, para devolvernos la pelota, se agarran a ese cruel y fatídico minuto noventa y tres, donde la suerte, asidua compañera de viaje del Real Madrid, y un arbitro sin personalidad que no se atrevió a expulsar a Sergio Ramos minutos antes por una merecida segunda tarjeta amarilla al cortar un balón con la mano, hicieron el resto.

Pero el fútbol es tan maravilloso que siempre te brinda la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla, y para muestra todos estos botones: la Súper Copa de España, el 1-2 en Liga, la eliminación en Copa y el inolvidable 4-0 en el Calderón de la segunda vuelta.

Yo soy de los que espero que el tiempo nos vuelva a cruzar en una final de la Champions, pero mientras eso llega, desde esta humilde tribuna seguiré haciendo gala de mi anti-madridismo y disfrutando con todas sus derrotas, y si son contra el Barsa mucho mejor, porque les duele más.

Porque sí. Porque soy del Atleti y eternamente anti-madridista. Hasta que me muera.