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El amigo de la casa

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

El amigo de la casa

Escrito por: La Galerna7 mayo, 2016
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"Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", llora la famosa sevillana, y este fin de semana hay sobrado motivo para que suene el citado verso en la megafonía del Bernabéu while my guitar gently weeps. Se despide Álvaro Arbeloa de su casa, y esa casa quedará un tanto desangelada tras el partido, cuando todos nos hayamos ido ya y haya sido Arbeloa el que ya no regrese como jugador del Real Madrid.

Las casas saben cosas. Por supuesto que las paredes hablan, y respiran, y suspiran, pero también guardan secretos, propósitos y lecciones. Las casas -y el Bernabéu es una mansión acogedora para los suyos- no se terminan de contruir jamás, sino que van forjándose según las vidas que allí lleven sus huéspedes, se agrietan o crujen por obra y desgracia de una prolongada desdicha o lucen impolutas, fragantes y lustrosas por un vivir pleno a su cobijo. Las casas avisan de lo que en ellas está a punto de seguir sucediendo (hablamos aquí del famoso miedo escénico), pero también saben y necesitan quedarse a oscuras para descansar y echar una lagrimita cuando nadie las ve; la lagrimita justa para poner en orden, para asimilar, lo visto, lo andado y lo propiciado, y así volver a mostrarse regias para recibir la siguiente visita. Sin silencio no hay furor, sin sosiego reflexivo no hay vértigo, sin quietud no puede volver a romperse el aire ni acelerarse el tiempo con la enésima jugada súbita que acaba en gol.

Marca Portada Arbeloa 07.05.16Gritar gol mantiene el secreto del silencio previo al grito, de ese desapercibido instante de contención que es plena expectativa y aún no logro. El gol solo vive por sí mismo, solo se basta y nos basta una vez que se da, pero necesita de muchas cosas previas para tener lugar y reinar, tal y como una casa -el Bernabéu- necesita de constante labor para poder ser llamada hogar. Sin hacerlo explícito, Álvaro Arbeloa conoce de sobra estos secretos, estas relaciones, estos misterios que él ha sabido inculcar y encarnar como pocos.

Si de fútbol hablamos, ¿no necesita el desenfreno de pongamos Cristiano de un defensa a la antigua? Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y pareciera que todos los laterales del mundo ya deben ser de todo menos laterales. Esa cosa peculiar y por lo demás formidable de los carrileros todo lo ocupa y a veces lo anega, restándole mérito a tipos perfectamente disciplinados a la hora de tapar su banda, de "secar" al extremo rival, de hacer coberturas y de seguir con orden las instrucciones del central a la hora de subir o bajar la línea. En todas estas artes, Arbeloa se doctoró hace ya mucho tiempo, cosa que le ha valido para conseguir todos los títulos que copan su envidiable palmarés. Ya decíamos que al gol se llega, que el gol no está ahí de antemano, que el gol necesita de muchas mediaciones, algunas de ellas tan poco lucidas y desapercibidas como un buen partido de Álvaro Arbeloa. Gritemos gol mientras el lateral ya vuelve a tensar el gesto y regresa a tomar las riendas de su banda.

¿Y si no hablamos ya solo de fútbol? ¿Si hablamos de limpiar la casa, de mantenerla a salvo de los intrusos y de enseñarla con orgullo? ¿Si hablamos -digámoslo sin remilgos- de amor? Sí, amor, queridos galernautas, ¿de qué otra cosa vamos a hablar hablando de fútbol, hablando del Madrid? Arbeloa ha sabido -ha querido- como pocos mostrar las virtudes de su casa y encarnar el compromiso diario que exige estar a la altura de su historia. Se apolillan las casas que no se cuidan, se agrietan las paredes que no se apuntalan, se vicia el aire si no se abren visillos y ventanas, se llena de polvo el discurso propio si no es capaz de confrontarse con buenas razones a las amenazas de lo ajeno, a los tópicos revanchistas, a los refritos, a las medias verdades y las maledicencias de los vecinos envidiosos. Vengan de todos los lugares, incluso de los más inhóspitos, que les voy a contar lo que es el Real Madrid.

De todo esto sabe mucho el que mañana se despide de su casa, y por eso su casa sabrá despedirle como merece, entre vítores de agradecimiento primero y también en el silencio postpartido; ese silencio sabio en plena coherencia con la callada labor de un defensa con mayúsculas dentro y fuera del terreno de juego.

Dice Arbeloa en la portada de Marca -la única que hoy muestra nuestro especial portanálisis- que si llora en su despedida será de felicidad. Conoce bien nuestro defensa aquella máxima de la maravillosa Tierras de penumbra: "El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces". Sigamos siendo felices. Esa es la enseñanza de Álvaro Arbeloa.